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Usuario (Argentina)
Esta es una historia de venganza, una historia que de haberse llevado a cabo hubiera igualado en crueldad al daño que intentaban vengar. Y esa historia es la historia de los Nakam (Dam Yehudi Nakam, “La sangre judía será vengada” En los estertores de la Segunda Guerra Mundial entró en acción la primera brigada judía del ejército británico bajo bandera hebrea, la Jewish Brigade Group. En noviembre fue destinada al frente de batalla de Italia. La mayor parte de sus miembros tenían aún familiares tras las líneas alemanas. En mayo de 1945, tras el fin de la guerra, la brigada permanecía estacionada en la ciudad italiana de Tarvisio, cerca de la frontera con Austria. A muchos de los soldados de la brigada se les dio permiso para buscar a sus familiares y lo que se encontraron fueron lugares como Auschwitz-Birkenau, Mauthausen o Bergen-Belsen. Sin embargo, más allá de poder rescatar a sus familiares, lo que trajeron de vuelta fue un deseo intenso de venganza, necesitaban devolver el daño sufrido por su pueblo. Con ayuda de los servicios de inteligencia estadounidense y británico se diseñaron listas de miembros de las SS. En julio de 1945, un escuadrón de ejecutores cruzó la frontera con Austria. La unidad actuaba siempre en un radio de acción de cien kilómetros alrededor de Tarvisio. La unidad de ejecutores judíos actuaría sólo durante unos meses y jamás se supo el número de nazis muertos. Pasados unos meses, judíos supervivientes de campos de concentración, exguerrilleros y miembros de la unidad judía del ejército británico asisten asombrados a la liberación de miles de prisioneros alemanes por los aliados (y en ocasiones reclutados por los propios americanos y rusos para sus propios fines, pero eso es otra historia). En Lublin, la primera ciudad polaca liberada, En el número 55 de la calle Fisinskigo se comparten ideales y deseos de venganza. La primera decisión es dividir sus operaciones en dos fases: La primera, identificar a los judíos que aún quedan vivos en Europa y ayudarles a llegar hasta Palestina; la segunda, ejecutar la venganza. La venganza judía debía tener la misma magnitud que el asesinato llevado a cabo por los alemanes: seis millones de alemanes muertos por los seis millones de judíos asesinados en los campos de concentración. El líder de la nueva unidad era Abba Kovner, un poeta y antiguo partisano en Vilna. En Bucarest, la capital de Rumania, se deciden dos actos de venganza: el plan A, que consistiría en el envenenamiento del agua de varias ciudades alemanas; y el plan B, que se centraría en los prisioneros de las SS retenidos por los aliados en campos de prisioneros, envenenando el pan que se les proporciona. Abba Kovner Kovner sabe que no disponen de los medios suficientes para hacerlo ellos solos y viaja a Palestina en busca de refuerzos. El grupo necesita una cantidad enorme de veneno para llevar a cabo su plan de envenenar el agua de Berlín, Múnich, Hamburgo, Núremberg y Weimar. El cuartel general del equipo se establece en París. Kovner revela sólo el plan A a tres altos oficiales del Haganah (embrión del ejército israelí), que le niegan el apoyo. Los líderes de Palestina tienen ahora una prioridad distinta, la creación de un Estado judío, y avisan a las autoridades británicas quienes detienen a Kovner. A pesar de todo, se decide llevar a cabo el plan B. En un campo de prisioneros cerca de Núremberg se concentraban cerca de quince mil antiguos miembros de las SS. El pan, que se hacía cada día en una panadería alemana, era el único alimento no suministrado por el ejército estadounidense. Tres de los “vengadores” se hicieron pasar por panaderos y consiguieron trabajo en la panadería que suministraba al campo. En París, un químico judío de Milán se dedica a fabricar el veneno: dos kilos de arsénico sin refinar. El 13 de abril de 1946, Domingo de Pascua, los Nakam ponen en marcha su plan. Durante toda la noche se dedican a untar con brochas el arsénico en los bollos de pan. Al amanecer, el pan se entrega en el campo de prisioneros. El efecto del veneno comienza a extenderse por todo el campo. Los equipos de médicos estadounidenses hicieron todo lo posible para salvar la vida a los oficiales de las SS que habían comido el pan. Miles de ellos enfermaron; el número de muertos se desconoce. Los aliados jamás hicieron público el número de muertos. ¿Qué hubiera ocurrido si hubieran tenido éxito en su monstruoso plan? Es difícil juzgar las acciones de quienes padecieron semejante sufrimiento, pero de haber tenido éxito se hubieran convertido en aquello que les infligió tal dolor, en una especie de espejo retorcido devolviendo una imagen distorsionada pero reconocible de la maldad que había cabalgado libre por Europa. ”:
Volvió más ridícula que nunca Pasaron cuarenta y cinco días, pero al fin volvió. Y lo anunció a través de un irrisorio video que, de no haber salido de su cuenta oficial de Twitter –ese chiche con el que Cristina se siente una quinceañera de sesenta años escribiendo en “spanglish”–, más de uno la hubiera confundido con Fátima Flores, la imitadora de Cristina Kirchner en el programa de Jorge Lanata. “¿Florencia, podemos empezar?”, le pregunta al inicio del video Cristina a su hija, quien no se ve en la filmación –por fortuna– pero quien, presuntamente, como estudiante de cine que es, maneja la cámara filmadora. Esto es: la enciende y la apaga. Nadie puede negar que Florencia, al lado de su hermano, sea un ejemplo de laboriosidad. “¿A esa cámara tengo que mirar o a la tuya?”, pregunta seguidamente Cristina, sentada en un sillón blanco, con aires de diva. Y el video no es editado. No se recortan estas posadas improlijidades iniciales. La intención consiste en que los espectadores nos sintamos viendo el atrás de cámara o, mejor dicho, viendo a Cristina como si la cámara no mediara entre ella y nosotros. En efecto, Cristina quiere ser diva, y las divas se caracterizan por su espontaneidad y frescura; por esa naturalidad que las muestra en todo momento como si estuvieran atrás de cámara, algo que la Presidente, aunque se esfuerce en sus muecas poco agraciadas y su hija omita la fase de edición, jamás podrá lograr. Lo cierto es que a Cristina le fascina el show. Hace de la política, como la mayoría de los populistas latinoamericanos, un espectáculo. Ella cree –o le hacen creer– que hablando como oligofrénica sobre trivialidades sin ningún grado de trascendencia pública se acerca más a la gente, a la que, en el fondo, considera idiota. Y es que su relación con el pueblo no puede ser mediada por instituciones, como ocurre en cualquier país civilizado y republicano. Antes bien, un video casero, filmado por su propia hija –a quien destaca en reiteradas ocasiones en plena grabación–, distribuido por Twitter y YouTube, comunica a los argentinos la situación de una Presidente que se ausentó de sus funciones por cinco semanas y que generó no poca incertidumbre. Pero el objetivo principal no es contarnos que su salud está bien; esa es en todo caso la excusa. Mucho menos es comunicarnos asuntos vinculados a su ejercicio en la presidencia de la Nación; para eso prefiere meterse en todos los hogares a través de la omnipotente Cadena Nacional. El objetivo fundamental de la filmación, al contrario, es difundir la imagen de una Cristina Kirchner rejuvenecida, divertida, renovada, diciendo “nada” a cada rato, más próxima a una vedette de baja estofa que a la diva que quisiera ser y, por supuesto, que a la Presidente que es. En efecto, Cristina ocupa el grueso de la filmación en contarnos y mostrarnos los regalos que recibió tras su operación: desde flores enviadas por la apologista del terrorismo internacional Hebe de Bonafini, pasando por muñequitos, cartas de amor, rosarios y estampitas, hasta un peluche gigante con forma de pingüino y un perro traído directo desde Venezuela por el hermano del difunto dictador Hugo Chávez, al que Cristina bautizó “Simón”, en homenaje a Bolívar. El mismo día en el que el gabinete nacional sufre un cambio que probablemente profundizará el nivel de autoritarismo gubernamental, así nos enteramos del regreso de Cristina: a través de un mensaje de connotaciones tragicómicas que, según desde el ángulo en el que se lo mire, puede causar risa o llanto. Así funciona, pues, el populismo: entre la farsa y la tragedia. En tanto, nos anoticiamos que el año que viene Cristina tendrá una productora televisiva propia que registrará todos sus movimientos y que estará disponible exclusivamente para ella las 24 horas del día. ¿El costo de esta paparruchada? 52 millones de pesos. Mire el video de Cristina y empiece a acostumbrarse a lo que viene. link: http://www.youtube.com/watch?v=X6176iSszGM Agustin Laje @agustinlaje [email protected]

A finales de la primavera del 53 a.C., un enorme ejército romano comandado por Publio Marco Licinio Craso, el hombre más rico y arrogante de Roma, triunviro junto a César y Pompeyo y gobernador de Siria en aquel año, se adentró en territorio parto dispuesto a lograr en los confines de Asia el honor y la gloria que no podía comprar con su inmensa fortuna. Fue el 9 de Junio cuando se encontró con el general parto Surena al frente de un contingente de caballería ligera y catafractos (caballería pesada) Aquel enfrentamiento se produjo en la desolada planicie de Carrhae (hoy Harrán, en Turquía), y se saldó con la más ignominiosa derrota de un ejército romano en Oriente. De los cerca de 40.000 efectivos que movilizó Craso, sólo volvieron a Siria unos 6.000 hombres al mando del cuestor Cayo Casio Longino (uno de los posteriores asesinos de César). Unos 20.000 legionarios dejaron su sangre y vida en el desierto, así como Craso y su hijo, pero… ¿Qué sucedió con el resto? La leyenda de la legión perdida es fascinante; sabemos por Plutarco y Tito Livio que no todos los prisioneros fueron esclavizados en las minas de Bactriana (hoy Afganistán), sino que una parte de ellos pudieron ser utilizados como tropas auxiliares en los confines del Imperio Parto, formando una primera línea de choque cerca del río Oxus (hoy Amu Daria) ante la presión de los nómadas de las estepas, los hunos. Nunca más se supo de ellos; Marco Antonio trató de invadir Partia unos años después dispuesto a vengar a Craso y su expedición contra el rey Fraates acabó en un absoluto desastre, sumando casi 10.000 muertos más a la lista negra que rodeaba la campaña parta. Años después, Augusto, menos beligerante y más diplomático, trató de recuperar las águilas, pero sólo consiguió un intercambio de prisioneros sobre el 19 a.C. Y tras las postreras gestiones del princeps, el olvido se tragó a los cautivos de Carrhae hasta que la tecnología y el conocimiento global de la Historia nos ayudaron a atar cabos; recientes investigaciones nos permiten conjeturar una hipótesis tan insólita como factible: quizá los extraños soldados que mencionó el historiador chino Ban Gu en su relato sobre la defensa de la ciudad de Zhizhi en el 36 a.C. (hoy Dzhambul en el Uzbekistán) pudiesen ser los restos de las legiones de Craso; este cronista describió en su biografía de las gestas en los confines de Xinjiang del general Gan Yanshou como se encontraron con hombres veteranos y muy disciplinados que se fortificaban en campamentos cuadrados de madera y que luchaban siempre «alineados y desplegados en una formación como de escamas de pescado», una descripción muy gráfica del testudo romano… ¡Una legión contra los ejércitos de la dinastía Han! Tras duros combates, la ciudad de Zhizhi cayó y los chinos deportaron cerca de un millar de aquellos bravos soldados, alojándolos sobre el año 5 d.C. en una nueva ciudad en el territorio de Zhelaizhai, ya a las puertas del desierto del Gobi, a la que llamaron Li-jien (adaptación de la palabra legión, que era como los chinos conocían al fastuoso país que se extendía más allá de Alejandría, el Imperio Romano) Este lugar cambió de nombre años después, siguiendo las tendencias de Confuncio, para llamarse Jie-Lu (que significa cautivos) A día de hoy, en Zhelaizhai sigue habiendo personas de ojos azules o verdes, rubias o pelirrojas, o con nariz aguileña y cabello rizado; además, en los habitantes de la zona hay una coincidencia del 46% con el ADN de la población europea… ¿Serán los herederos de la Legión Perdida?
Hoy veremos tres historias de tres soldados españoles de aquella infantería invencible que enseñoreó los campos de Europa en el siglo XVI. Dos vendrán de la mano de las famosas rodomontadas narradas por Pierre de Bourdeille y la última por el propio capitán Contreras en sus memorias. Aunque una de ellas es anterior a la formación oficial de las unidades conocidas como Tercios, bien vale incluirla en nuestra serie dedicada a esta infantería legendaria. El Soldado Lobo Nuestra primera historia tiene lugar en el contexto de la Guerra de Italia de 1521 a 1526, que enfrentó al rey de Francia, Francisco I con el recién entronizado Carlos I de España y V de Alemania por el dominio del Milanesado. En 1521 las tropas imperiales de Próspero Colonna se encontraban sitiando el castillo de Milán, cuando se presentaron de manera inesperada refuerzos franceses al mando del Vizconde de Lautrec (ambos se convertirían en vencedor y vencido un año después en la Batalla de Bicoca), plantando su campamento a retaguardia de los sitiadores y cavando rápidamente un sistema de trincheras. La preocupación se apoderó del campamento imperial, en el que había un fuerte contingente de arcabuceros españoles. En cuestión de una tarde los sitiadores se habían quedado entre dos fuerzas enemigas en una situación bastante comprometida. Por casualidad, llegó a oídos de Colonna la existencia de un soldado español al que llamaban Lobo, que según decían era el más ágil y mejor corredor nunca visto, capaz de competir con los más rápidos cargando él un carnero a la espalda. Inmediatamente Colonna hizo que lo llevaran a su presencia, y le habló de lo que deseaba que hiciera en servicio del emperador. Lobo le prometió hacer maravillas, y tomó consigo a un compañero arcabucero, también español y muy diestro en cargar el arma. Esa noche Lobo se acercó al campamento enemigo y allí dio con un centinela avanzado francés, que gritó “¿Quién va?” Lobo se arrojó de pronto sobre él, lo cargó a hombros como si fuera un carnero, y volvió a su campamento, escoltado por su compañero, el cual efectuó tres disparos antes de llegar los tres sanos y salvos. Lobo había vuelto a ganar y Colonna tenía a un soldado enemigo al que interrogar. Luis de la Seña La siguiente historia también tiene lugar durante las Guerras de Italia en la zona de operaciones de Lombardía, aunque esta vez el Señor de Bramtome no nos da más claves para poder localizar la fecha o el hecho de armas en que tuvo lugar. En una batalla contra el francés fue herido de pelota el soldado español Luis de la Seña, cuando estaba en su puesto formando en su escuadrón de infantería. No siendo suficiente protección el coselete que llevaba en el pecho, el proyectil lo atravesó y penetró en el vientre del español a la altura de la barriga. El animoso soldado, sabiendo que la pelota se le había alojado en las tripas, salió de su puesto con esfuerzo, se quitó la coraza o coselete y sacando un cuchillo, con arrestos, se hizo un corte en la barriga por donde metió sus dedos, hurgó y sacó la bala. Posteriormente se metió otra vez las tripas para adentro, se hizo dos agujeros en los extremos de la raja con la punta del cuchillo y se fue cosiendo con hilo y aguja la herida. Una vez hubo terminado, se levantó se ajustó el coselete y volvió a su puesto de combate en el escuadrón. Poco después Luis de la Seña era herido de nuevo en la ceja y el ojo de otro arcabuzazo, con lo que hubo de ser retirado definitivamente del campo de batalla. El emperador Carlos I, al tener noticias de su hazaña lo recompensó con posterioridad con 100 ducados de renta vitalicia. El capitán Alonso de Contreras Estando el capitán Alonso de Contreras con su compañía de infantería española en uno de los núcleos urbanos de los alrededores de Capua, que recibía el nombre de Casale de Capua, en Italia, descubrió que las familias potentadas del lugar, para evitar tener que alojar a la tropa en sus casas, daban los primeros votos a un hijo y luego se lo donaban todo, porque según preveía la legislación del lugar, un hombre de la iglesia no estaba sometido a la obligación de alojar soldados. Al capitán Contreras aquella triquiñuela le sentó muy mal, y se dedicó a ir casa por casa preguntando donde dormía el religioso, y entonces decía, “ahí nadie toque”. En las demás estancias, sin embargo, dejaba tres o cuatro soldados de su compañía. Los ricachos se quejaron al arzobispo del atropello cometido y éste, forzado a hacer algo por sus feligreses, le envió a decir al capitán que estaba excomulgado por el capítulo Quisquis pariente del diablo. Según reza en sus propias memorias, el capitán Contreras le contestó de vuelta: “Yo le respondí que mirase lo que hacía, que yo no entendía el capítulo Quisquis, ni era pariente del diablo, y que para algo me había dado Dios diez dedos en las dos manos y ciento cincuenta españoles”. Lo que al parecer fue suficiente para que el osado arzobispo se olvidara de los cánones y se la “envainara”.

Otto Skorzeny El mensur era un extraño y sorprendente ritual de esgrima en donde se cortaban la cara. En realidad ese tipo de cicatrices no son exclusivas de los nazis, si bien la popularidad de algunos de sus miembros, como Otto Skorzeny o Ernst Röhm, las hacen más presentes en los libros de Historia. Dichas cicatrices o marcas se conocen como Schmiss y en realidad eran consideradas cicatrices de honor. Todo proviene de unos duelos típicos de algunas sociedades o asociaciones estudiantiles y universitarias germanas. Dentro de las mismas se seguían algunas tradiciones y rituales, entre las que estaban los mensur. Esta palabra, que podríamos traducir por medida, era como se denominaba a un tipo de combate de esgrima, con ciertas normas muy estrictas, que servía para medir el valor y el honor de los combatientes. Uno frente al otro, sin el movimiento habitual de los duelos y la esgrima, como estatuas en las que sólo se mueve el brazo armado en torno a la cabeza del contrario y un mandato: no apartarse nunca. Combatientes de mensur Aunque el origen de este tipo de duelos data de unos siglos antes, tuvieron cierto auge a finales del XIX y en la primera parte del XX. El objetivo principal del duelo era no apartarse, ya que así se mostraba la falta miedo y el valor más allá el dolor. Por lo tanto, acoger las heridas sin inmutarse era toda una prueba de esa resistencia y fortaleza. Una cicatriz en la cara viene a decir que no se apartó la misma a pesar de verla en peligro. No era una lucha a muerte y los daños no solían ser serios, ya que se protegían las partes que podrían conllevar heridas peligrosas. Pero bastaba con apartar la cara un poco con el objeto de evitar el acero del contrario para perder el combate y por lo tanto manchar el honor. Una vez heridos se ponía poco cuidado en la cura, para que la cicatriz fuera grande y bien visible. Otto Skorzeny libró trece duelos y en el décimo de ellos fue cuando recibió el corte en la cara que llevó con orgullo hasta su muerte. Según parece, los estadounidenses lo apodaron Caracortada precisamente por su schmiss. También Ernst Röhm, cofundador de las SA y asesinado en la Noche de los cuchillos largos, lucía algunas heridas en su cara, al igual que Ernst Kaltenbrunner, destacado miembro de las SS y jefe de la Gestapo. Ernst Kaltenbrunner El siguiente vídeo muestra cómo eran este tipo de combates (a partir del minuto 1:44).

Los arqueólogos del Museo de Moravia en Vrbovec han descubierto la tumba de varios soldados alemanes que cayeron en Znojemsku, entre los que se encuentran los restos de Kurt Knispel, el mejor tirador de carro de combate de la II Guerra Mundial. Entre sus restos se encontró su chapa de identificación que ha sobrevivido al saqueo que sufre este tipo de identificaciones. Knispel combatió con el Sch.Pz.Abt.503 en Moravia, no muy lejos de su lugar de nacimiento, Salisov (Checoslovaquia), logrando destruir 168 carros de combate enemigos confirmados (42 de ellos como comandante de carro y 126 como artillero). Según los registros podía hacer blanco sobre un carro de combate enemigo a una distancia de 3.000 metros. Al igual que muchos alemanes no formaba parte del partido y tuvo problemas personales con el equipo y la disciplina, lucía pelo largo y barba. Combatió en Normandia, en Budapest fue herido de gravedad en el abdomen en Vlasatice o cerca de Nová Ves (Stronsdorf). Fue trasladado al hospital de campaña en vrbovecké que se localizaba en un colegio y allí fue donde murió al día siguiente. Knispel fue muerto el 28 de abril de 1945 y enterrado con otros soldados alemanes junto a la tapia del cementerio que hoy día es un huerto con manzanos. Otros soldados alemanes están enterrados en el cementerio de Brno. El lugar se comenzó a explorar en el otoño del 2012 ya que según los historiadores alemanes Knispel estaba enterrado en la zona. Con la ayuda de detectores de metales el primer cuerpo se localizó a una profundidad de 1´5 metros. En la fosa, según los registros alemanes, debía contener unos 12 o 14 soldados aunque el equipo de arqueólogos ha logrado exhumar a tan solo 7 de ellos. Junto a algunos se ha localizado su chapa de identificación que ha ayudado a ponerle nombre y a qué unidad pertenecían. Estos hombres venían del hospital porque no se ha encontrado casi nada con ellos, algunos botones, una cuchara y un par de objetos personales en sus bolsillos. Todos los cuerpos exhumados serán enterrados en el cementerio alemán de Brno. Biografia Knispel nació en Salisfeld, Salisovia, Región de los Sudetes. Al terminar un curso de mecánica en una fábrica de automóviles en 1940, Knispel se ofreció como voluntario en las divisiones blindadas de la Werhmacht. Entrenamiento En la primera fase de entrenamiento, Knispel fue enviado al Batallón de Entrenamiento de Reemplazo de Panzers, en la Baja Silesia. Allí recibió el entrenamiento básico de la infantería antes de adiestrarse en los tanques Panzer I, Panzer II y Panzer IV. El 1 de octubre de 1940 fue transferido a la 3era Compañía del 29º Regimiento Panzer, de la 12º División Panzer. Knispel terminó su entrenamiento como cargador y artillero en un Panzer IV. El entrenamiento duró hasta el 11 de junio de 1941 y consistió de cursos en Sagan y Putlos. En combate Knispel era el artillero de un Panzer IV a las órdenes del teniente Hellman cuando tuvo lugar Operación Barbarroja, en la cual Kurt participó en el primer asalto como parte del Panzergruppe 3, LVII Cuerpo de Ejército, comandado por el general Adolf Kuntzen. Knispel participó en combates desde Yarzevo hasta las puertas de Stalingrado, también en las proximidades de Leningrado y en el Cáucaso. Knispel regresó a Putlos hacia fines de enero de 1943 y se familiarizó con los nuevos tanques Tiger. Para este momento, se le acreditaban 12 blindados destruidos. Desde Putlos, un grupo de hombres fue enviado al 500º Batallón Panzer, en Paderborn. Este grupo estaba dirigido por el oberfeldebel Fedensack, y terminaría convirtiéndose en la 1º Compañía del famoso 503º Batallón de Panzers Pesados, el cual luchó en la Batalla de Kursk. Knispel participó también en la batalla de Korsun-Cherkassy, en Vinnitsa, Jampol y Kamenets-Podolsk. Al transferirse al oeste, la compañía fue reequipada con los tanques Tiger II y luchó en las proximidades de Caen y en la retirada de Normandía. Desde allí la unidad fue nuevamente transferida al Frente del Este y peleó en el área de Mezotúr, Törökszentmiklós, Cegléd, Kecskemét, Gyula y Neutra. En una ocasión el tanque de Knispel fue alcanzado, según el informe, 24 veces por disparos enemigos. Luchó también en Bab, Laa Worstitz; y finalmente su tanque, un King Tiger junto a otro que lo acompañaba fue emboscado en el pueblo de Vrbovec (Urbau en alemán) donde murió de combatiendo contra un masivo asalto blindado soviético no sin antes destruir a 10 tanques enemigos, a la edad de 23 años, el 28 ó 30 de abril de 1945 (hay discrepancias en el informe militar en cuanto al día). Identificación de sus restos A fines de marzo de 2013 sus restos fueron identificados en el cementerio del pueblo de Vrbovec (Urbau) gracias a sus medallas identificatorias de reglamento. Según algunas fuentes no confirmadas, Knispel recibió un disparo en el abdomen mientras intentaba salir de su tanque destruido el 28 de abril en Vrbovec (Znojmo) y que murió en un hospital de campaña el 30 de abril de 1945. Marcas y Condecoraciones La mayoría de las fuentes reconocen 168 blindados enemigos destruidos por Knispel, aunque si se suman los no-confirmados, podría hablarse de unos 195. Se le acredita la destrucción de un T-34 a la increíble distancia de 3000 m. Luchó en muchos tipos de tanques alemanes en sus diferentes puestos: como cargador, artillero y comandante. Fue condecorado con la Cruz de Hierro de Primera Clase tras la destrucción de su quincuagésimo blindado y con la Medalla de Oro de Asalto Blindado luego de sus 100 primeras batallas. Cuando Knispel había destruido 126 blindados (mas 20 no-confirmados) se le entregó la Cruz Alemana de Oro. Como comandante de un Tiger I y luego un Tiger II, Knispel destruyó otros 42 blindados enemigos. Aunque se lo recomendó cuatro veces para la entrega de la Cruz de Caballero, Knispel nunca la recibió. Fuentes no confirmadas indican que Knispel era considerado como un indisciplinado y rebelde, en una ocasión además habría golpeado a un soldado de las SS por golpear brutalmente a un prisionero ruso indefenso. A diferencia de otros comandantes, a Knispel no lo consumía la ambición de condecoraciones; de naturaleza más bien modesta, cuando había disputas sobre la destrucción de unidades enemigas, Knispel siempre se quedaba en silencio, esperando que se le atribuyera a alguien más. Condecoraciones Cruz de Hierro de 1ª y 2ª Clase Medalla de Oro de Asalto Blindado Cruz Alemana de Oro (20 de mayo de 1944) Mencionado en el Wehrmachtbericht (25 de abril de 1944)
El general Gulliermo Díaz del Río relata en su libro de memorias de guerra Los Zapadores de la División Azul las visicitudes de la III Compañía de zapadores del Batallón de Zapadores, de la que fue capitán hasta el verano de 1942. Vivió de primera mano los duros combates de Possad y Otenski y de los blocaos Vérctice y Minas durante el mes de noviembre con temperaturas de 15 y 20 grados bajo cero. Hablando del deficiente equipamiento de abrigo del que disponía el ejército alemán en aquel invierno de 1941, Guillermo Díaz hace algunas observaciones respecto a las normas a seguir para evitar casos de congelación. - Después de un servicio en el exterior con temperaturas bajo cero no se podía uno acercar directamente al fuego, pues había que esperar a que la reacción del cuerpo se fuese logrando con ejercicio o friccionando la parte sensible que más contancto hubiese tenido con el terreno helado o con las bajas temperaturas, habitualmente las manos y los pies. Sólo después se podía uno acercar a la hoguera. ¡Pero quién resistía después de varias horas a 15 grados bajo cero la tentación de acercarse a una hoguera! - Para protegernos del frío disponíamos de un pasamontañas que cubría eficazmente nariz, boca, cabeza y cejas, dejando libres únicamente los ojos. Las pestañas se cubrían con una capa de hielo, lo mismo que el bigote. - Los soldados se ponían el pasamontañas y sobre él el casco de acero, con lo cual tenían la sensación de que se les helaban los sesos. - En los reconocimientos en el bosque el oído jugaba un gran papel, por lo que en los días de viento o ventisca había que ir sin el casco , ya que el ruido que producía el viento contra él no permitía tener ese sentido en máxima alerta. Este soldado del 3º Batallón del 263 parece que lleva la bocamanga desdoblada - Para las manos no disponíamos de guantes, había dos soluciones: desdoblar la bocamanga del capote (estaba prohibido) o ponerse en las manos unos calcetines de lana pues era muy peligroso tocar el armamento con las manos descubiertas. - Si la nariz o las manos tenían un principio de congelación, una solución era frotarse con nieve, más adelante tuvimos una pomada especial. - Al Capitán del Batallón de Zapadores Alonso Cabezas, que caminaba por una aldea sin pasamontañas, se le empezó a helar la nariz sin que él se diese cuenta; de pronto ve cómo una campesina se inclina en el suelo, del que coge un puñado de nieve y con ella empieza a frotarle fuertemente la nariz; la rápida acción de esta campesina le salvó de una segura congelación. - Era preciso proteger el armamento del frío si se quería tenerlo en condiciones de empleo; se decía y era cierto que el armamento ruso era más resistene a las bajas temperaturas. Efectivametne, nuestras metralletas, con ser muy buenas, podían no funcionar en un momento dado por congelarse la grasa de sus piezas; sin embargo, el “naranjero” ruso nunca se atascaba y había algunos que con los “naranjeros” cogidos al enemigo sustituían a las metralletas propias. El Naranjero Comenta también el General Díaz como recibieron ropa de abrigo que los civiles habían mandado desde Alemania para los soldados del frente ruso. Por último, cuenta la anécdota de como Muñoz Grandes consiguió finalmente guantes para la División: “Fue llamado por el mando del Cuerpo de Ejército para que informase de la situación de la División en diferentes aspectos, pues al mando alemán le interesaba saber cómo reaccionaba un europeo meridional ante los intensos fríos. Al preguntarle si teníamos guantes, nuestro General le contestó que en ese aspecto no teníamos problemas. Extrañado el general alemán le preguntó cómo habíamos resulto ese problema y el General, sacando unos calcetines de lana de su bolsillo, se los puso a modo de guantes. Aquello le debió de saber a cuerno quemado al General del Cuerpo de Ejército y dio orden a los Servicios de Inrtendencia alemanes para que suministrasen con urgencia guantes a toda la División”

A mediados de 1941, el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt era un firme partidario de entrar en la Segunda Guerra Mundial. Su aliado natural, Gran Bretaña - con quién había firmado la Ley de Préstamo y Arriendo en marzo de 1941 para el suministro de grandes cantidades de material bélico -, resistía a duras penas los embates de las fuerzas del Eje, mientras que su aliado circunstancial, la URSS, parecía estar al borde del colapso en los primeros compases de la Operación Barbarroja, con las tropas de la Wehrmacht y sus aliados, avanzando rápida e inexorablemente por el interior del territorio soviético. Mientras tanto, en el Pacífico, las ansias imperialistas y expansionistas de Japón amenazaban seriamente la esfera de influencia estadounidense. Roosevelt se encontraba con la dificultad de vencer las reticencias de sus compatriotas a entrar en la contienda. Aún estaba fresco el recuerdo de la intervención estadounidense en la Gran Guerra, y estaba muy presente que aquella acción no había servido para sellar una paz definitiva en el viejo continente. Así pues, los norteamericanos, por regla general, preferían mantener una posición aislacionista. Pero el presidente estaba decidido a que los EE.UU. entrarán en la guerra. Con el fin de ir preparando a la opinión pública, el 27 de octubre de 1941, con motivo del "Día de la Armada", pronunció un discurso en que se pudieron escuchar estas palabras: "Hitler ha dicho en muchas ocasiones que sus planes de conquista no se extienden a través del océano Atlántico. Pero yo tengo en mi poder un mapa secreto, hecho en Alemania, por su gobierno, que muestra sus planes para un nuevo orden mundial. Es un mapa de Sudamérica y parte de América Central y de como Hitler pretende reorganizarlas. El mapa, amigos míos, deja claro no solo el destino que los nazis desean para Sudamérica, sino también para los EE.UU." El mapa en cuestión era el que podéis ver sobre estas líneas. En él se podía observar como los alemanes habían diseñado las nuevas fronteras que tendría America del Sur una vez que hubiera caído en sus manos. Ese mapa, ampliamente difundido por la prensa, mostraba el siguiente título: "Luftverkehrsnetz der Vereinigten Staaten Süd-Amerikas-Hauptlinien", es decir, "Rutas Aéreas en los Estados Unidos de América del Sur - Líneas Principales". En él puede verse como Sudamérica está dividida en sólo 5 países: Argentinien, Brasilien, Chile, Guyana y Neuspanien. El resto de países quedaba repartido entre ellos. Guyana englobaría las 3 guyanas - francesa, británica y holandesa - y estaría tutelada por el gobierno colaboracionista de Vichy. Nueva España estaría integrada por Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá (por tanto, el canal de Panamá, bajo la soberanía de EE.UU. pasaría a encontrarse bajo dominio alemán). Chile, por su parte, se anexionaría Perú y una parte de Bolivia. Un detalle curioso es que Chile quedaba cortado a la altura del puerto de Antofagasta para permitir una salida al océano Pacífico a Argentina, que por su parte, vería ampliado su territorio con Uruguay, Paraguay y las británicas Islas Malvinas. Finalmente, Brasil se anexionaba la parte de Bolivia que no había quedado bajo dominio chileno. Obviamente, este plan suponía una clara amenaza para los intereses norteamericanos, e incluso el nombre elegido por los alemanes - Estados Unidos de América del Sur - suponía en cierto modo una provocación. La existencia de ese mapa, supuestamente arrebatado a un espía alemán en Buenos Aires tras sufrir un accidente de tráfico, demostraba que Hitler albergaba planes de expansión en el continente americano. Según Roosevelt, esos nuevos países - a excepción de Guyana -, no serían más que estados satélites de la Alemania nazi, gobernados por un Gauleiter, tal y como sucedía en Europa, con Polonia o Checoslovaquia. Terminada la Segunda Guerra Mundial, en 1985, dos investigadores, John F. Bratzel y Leslie B. Rout, descubrieron que el célebre mapa no era más que una falsificación confeccionada por los servicios secretos británicos con la intención de arrastrar a los Estados Unidos a la guerra en un momento en que el Reino Unido necesitaba desesperadamente su apoyo, así como para provocar una disminución del apoyo al Tercer Reich en algunos países sudamericanos y un incremento de la colaboración con el poderoso vecino del norte, el único que podía garantizar que los nazis se mantuvieran alejados.

El Escuadrón 201, conocido como las Águilas Aztecas, fue una unidad mexicana de combate aéreo que participó en la Segunda Guerra Mundial. El escuadrón voló como anexo al Grupo 58 de combate de la 5a Fuerza Aérea del Ejército de los EE.UU. en la liberación de la isla madre de Luzón, Filipinas, durante el verano de 1945. El Escuadrón 201 sirvió con distinción en observaciones, bombardeos y ametrallamiento de posiciones japonesas, vehículos en convoy y emplazamientos de artillería en Filipinas y Formosa. La Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana es la única unidad militar mexicana que ha combatido fuera del territorio mexicano. Se trataba de una unidad pequeña, con gran potencia de fuego y casi autosuficiente. Naturalmente, se seleccionó a los mejores pilotos de la Fuerza Aérea para formar el escalón de vuelo de este grupo. La unidad recibió entrenamiento en varias localidades de los Estados Unidos, principalmente en el campo aéreo de Greenville, Texas y en el de Pocatello, Idaho. En el 29 de diciembre de 1944, la Cámara de Senadores autorizó al presidente de la República el envío de tropas para combatir en el extranjero y se decidió que las fuerzas en adiestramiento en los EE.UU. se convirtieran en la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana (FAEM), con lo que el Grupo de Perfeccionamiento Aeronáutico se transformó entonces en el Escuadrón de Pelea 201 de la FAEM. El escuadrón quedó encuadrado en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (de América), aunque con mando y bandera propios. Antes de regresar a México, en el 25 de septiembre, los miembros de la FAEM develaron un monumento a sus compañeros caídos; el monumento fue diseñado por el piloto Miguel Moreno Arreola y fue construido con la ayuda de 10 elementos del escuadrón. El águila que remata el monumento fue realizada por el escultor filipino Tolentino. El 12 de octubre, el Escuadrón entregó sus aviones al “Grupo de Servicios Aéreos 45″ e iniciaron los preparativos para el regreso a México. Los integrantes de la FAEM abordaron el buque Sea Marlin el 23 de octubre, arribando el 13 de noviembre a San Pedro, California, aunque los primeros en llegar a América fueron el General Antonio Cárdenas, el Teniente Amadeo Castro Almanza, el Subteniente Guillermo García Ramos y el Subteniente José Luís Pratt Ramos, quienes viajaron por la vía aérea tras entrevistarse en Tokio con el General MacArthur con el fin de agradecer su cooperación con la FAEM. Los integrantes de la ‘Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana’ fueron ascendidos al grado inmediato superior y les fue otorgada la medalla “Servicio en el Lejano Oriente’, la ‘Legión de Honor de México’, la ‘Medalla de la Liberación de la República Filipina’ con gafete de Recomendación Presidencial, así como las condecoraciones estadounidenses ‘Eficiencia del Ejército’, ‘Eficiencia de la Fuerza Aérea’, ‘Campaña de Americana”‘, ‘Campaña Asia-Pacífico’ y ‘Victoria de la Segunda Guerra Mundial’. Los pilotos recibieron además la ‘Medalla del Aire’ y el coronel Cárdenas y el capitán Gaxiola la ‘Legión al Mérito’. Muchos de los integrantes han pasado con éxito a otras carreras de la vida, algunos como líderes de la aviación civil o del Ejército Mexicano, otros como hombres de negocios, educadores e ingenieros; cinco de los pilotos llegaron a ser generales de la Fuerza Aérea Mexicana. En México se han levantado monumentos y se han nombrado calles, vecindarios y escuelas en honor del Escuadrón 201; incluso una estación del Metro de la Ciudad de México lleva su nombre.
La suspensión de la elección de Consejeros de la Magistratura dispuesta por varios jueces le da una cuota de incertidumbre inédita al actual proceso electoral. Ayer, en la justicia electoral, volvió a comentarse la posibilidad de que aparezca en escena otro factor sorpresa. Se trataría de la intención del gobierno de suspender a último momento las primarias abiertas simultáneas y obligatorias del próximo 11 de agosto. En baja en las encuestas, el kirchnerismo no estaría convencido de poder repetir su éxito en las PASO del 14 de agosto del 2011, cuando CFK impactó con un 51% de los votos, convirtiendo las elecciones del 23 de octubre en un mero trámite. Ahora, si el Frente para la Victoria sale herido de las primarias, podría deslizarse en una tendencia descendente para octubre. Ésta es la primera razón por la cual en Olivos habría interés por cualquier alternativa que permitiera suspender las PASO y, valga la redundancia, pasar así directamente al 27 de octubre. Para entonces, suponen algunos consultores del oficialismo, la situación económica podría mostrar alguna mejora que frene la pérdida de votos. Pero además habría otra razón importante para cambiar las reglas de juego a una semana de que empiece el partido, ya que el próximo 12 vence el plazo para inscribir las alianzas. Con un caudal de votos raleado, el kirchnerismo necesita crear la máxima dispersión posible del voto opositor. Y las PASO exigen, para llegar a la elección general, que los partidos o alianzas obtengan un número de votos equivalentes al 1,5% de los votos válidos del distrito. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, este piso puede superar los 150.000 votos. Este condicionamiento obliga a muchos partidos a tomar precauciones y aliarse para alcanzar ese piso. Es decir que las PASO llevan a la concentración mediante la formación de alianzas. Si las mismas se suspenden, los partidos se presentarían en octubre sin cumplir ningún requisito previo. Podría producirse entonces un verdadero festival de candidaturas, ya que el efecto sería inverso, es decir, la desconcentración y la presentación de numerosas listas. Esto sería altamente conveniente para el gobierno, ya que dispersaría seriamente el voto opositor en tanto que el Frente para la Victoria permanecería monolítico. Cómo se haría Como están hoy las cosas, sólo se advierte una cuestión que podría desencadenar la suspensión de las PASO. Existirían todavía dificultades técnicas para la incorporación a los padrones de parte de los 800.000 jóvenes de entre 16 y 18 años incorporados como votantes por la ley 26.774. Este problema, que debería explicitarse en los próximos días, podría ser usado para instalar la conveniencia de suspender las PASO, sumado esto al tembladeral judicial generado por las cautelares que suspendieron la elección de consejeros. De optar el gobierno por este camino, tendría que impulsar la sanción de una ley suspendiendo las PASO por única vez y, por tratarse de una ley electoral, deberá contar con una mayoría especial de votos. La realidad es que la mayor parte de la oposición respiraría aliviada si se suspenden las primarias. Es que éstas duplican los costos económicos porque prácticamente cuestan lo mismo que una elección general. Salvo al kirchnerismo, que maneja la impresora de billetes, para las demás fuerzas el financiamiento de dos campañas electorales en un lapso de cuatro meses es un problema mayúsculo, Ayer, varias figuras estaban atentas a inminentes novedades sobre este tema. Por ejemplo, el maestro del suspenso Sergio Massa habría postergado varios días más sus definiciones acerca de si se candidateará a diputado nacional, a la espera de que se desate la hipotética crisis de las primarias. Si hay suspensión, Massa postergaría su definición. En este caso, la discusión judicial sobre la elección de los consejeros cambiaría de curso. Es que las cautelares que disponen la suspensión de esta elección se refieren a las primarias. Si éstas se suspenden, aquéllas se volverían abstractas.