Psycholoraptor
Usuario (Argentina)
Hola, linces de las estepas vírgenes del Himalaya. Hoy les vengo a contar una triste historia, donde me encontraba cómodamente en proceso de galanteo conmigo mismo inmerso en mi virgocueva cuando, de repente, percibo que me escribe a mi facebook personal una lincesa de origen desconocido. Como no pude con mi genio, hurgué en su perfil cual hábil stalkeador y me encontré con un perfil dudoso, a lo que mi primera hipótesis (y única) fue que era terrible Roberto, probablemente con un termo entre las piernas. Por obvias razones, las imágenes se encuentran censuradas. Sin ánimos de seguirlos aburriendo, comparto las capturas. Salu2 Eso es todo, amigos. Quería destacar que, más allá del chiste, estos Robertos que se ocultan detrás del perfil falso de una adorable lincesa, son gran motivo del cyberacoso. Así que ojo, no caigamos en estas boludeces. Ninguna mujer te pide nudes (menos tan abruptamente) a no ser que seas un precioso ario con billetera abultada.
Hoy 2 de abril, que sin dudas es un día para recordar, un día para la memoria, quiero compartir con ustedes un poema escrito por Jorge Luis Borges en 1985. Se que muchos lo pasarán por alto y no leerán ni dos renglones, les pido que hagan un esfuerzo y lo lean con suma atención. Es un relato exquisito, fantástico. En el lapso del 2 de abril y el 10 de junio del 82, el director del diario La Nación le pidió a Borges un relato sobre el conflicto, un relato que se publicaría en la portada de la sección Cultura y que después, en 1985, también iba a aparecer en el último libro de Borges. Este cuento que en realidad es un poema en prosa, habla de la guerra de las Malvinas. El poema se llama "Juan López y John Ward", Juan López es un chico argentino al que le tocó ir a la guerra; John Ward es un jóven inglés que también fue a las Malvinas. JUAN LÓPEZ Y JOHN WARD Les tocó en suerte una época extraña. El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los catógrafos, auspiciaba las guerras. López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote. El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte. Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel. Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen. El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender. Jorge Luis Borges, 1985