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Primer post: 13 jun 2010Último post: 13 jun 2010
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Comienzos de Anton LaVey y la Iglesia de Satán
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/13/2010

Publico este post no con la intención de armar polémica sino de que conozcamos puntos de vista diferentes, de que no nos baste con lo que llevan dos mil diez años repitiéndonos sino que tengamos una nueva perspectiva de la vida, que sepamos como la ven otros. Yo personalmente no estoy de acuerdo en muchas cosas con los satanistas, ni con otras con la Iglesia, para que no digan que soy un reclutador del satanismo. No me considero satanista ni católico de corazón. "Durante siglos enteros los dioses del sendero de la mano derecha han luchado en la Tierra. Cada una de estas deidades y sus respectivos sacerdotes y ministros han intentado encontrar sabiduría en sus propias mentiras. La edad de hielo del pensamiento religioso puede durar, pero solo durante un período de tiempo limitado... ¡Ave Satanás!" No; no es el texto de la contraportada del manual de ningún juego de rol o de alguna novela de fantasía épica; es el prólogo que inicia la Biblia Satánica, la obra cumbre del satanismo contemporáneo escrita por El " Papa Negro" Anton LaVey, inspirador de la Iglesia de Satán. El libro, editado por primera vez en los años setenta, no tardaría en agotarse rápidamente entre un público sediento por conocer los entresijos de una doctrina de cuño nihilista al que el espíritu comercial de un sagaz LaVey había etiquetado con el sello de "Satanismo". Lejos de pretendidas exclusividades, los planteamientos expuestos a través del satanismo contemporáneo coinciden con el pensamiento de una gran generalidad de nuestra sociedad: "La gente suele estar de acuerdo con lo que digo -Afirma el "Papa Negro"-, pero muchos rehúsan admitirlo porque temen la palabra "Satanismo" (…). El auténtico temor al satanismo es que la gente podría ver algo con lo que está de acuerdo". Para los satanistas, Lucifer es considerado el "Portador de la Luz", equivalente al Prometeo que rescató a la humanidad de la ignorancia al ofrecerle el fuego robado a los dioses. Recogiendo el testigo de esta leyenda, el satanismo ofrece la indulgencia de los "Pecados Capitales" con los que la Iglesia ha martilleado nuestra autoestima. "El satanismo -Explica LaVey- aconseja complacerse en cada uno de estos "pecados", puesto que todos ellos llevan a una gratificación física, mental o emocional". Dado que todos los seres humanos estamos encadenados instintivamente a infringir las normas morales dictadas por la Iglesia, la perspicacia de LaVey nos conduce a pensar en la siguiente conclusión: "Todos los hombres son pecadores; y todos los pecadores van al infierno. Si todo el mundo va al infierno, entonces encontrarás a tus amigos allí". (en mi opinión nada mas cierto ) Bienvenidos al show de Satán Iglesia de Satán de San Francisco (California). 23 de mayo de 1967. Es un bautizo singular. A diferencia de la liturgia que todos conocemos, el altar está presidido por una enorme imagen del macho cabrío, confinado a observar la ceremonia desde el interior de su habitual pentagrama. En la oscuridad, rasgada tan solo por unos cuantos cirios, germinan un sepulcral silencio que se adueña de todos y cada uno de los asistentes. Convertida en una fórmula más del protocolo, una atmósfera lo suficientemente siniestra como para querer apropiarse de cada uno de los rincones del escenario, convierte lo absurdo en trágica comedia. Acompañado por tétricos acordes aparece Anton LaVey, sumo sacerdote de la Iglesia de Satán. Ataviado con una holgada capa de color carmesí y cubriendo su caprichosa calva con un capuchón oscuro que se encarga de coronarle con dos afilados cuernos esculpidos a partir de la osamenta de algún animal, parecía que el mismísimo personaje de Bram Stoker había cobrado vida adueñándose de una excentricidad de carne y hueso. Con el privilegio que le concede su ministerio infernal, desenvaina su espada mientras recita la invocación litúrgica para el "bautizo" de la criatura. Tiene cuatro años y su nombre es Zeena LaVey. -En el nombre de Satanás y de Lucifer, damos la bienvenida a una nueva criatura que nos acompañará en el Sendero de la Oscuridad. No tengas miedo… La profecía Aunque naciera predestinado a convertirse en el embajador del "lado oscuro", Anton Szandor LaVey nació en Chicago el 11 de abril de 1930, y a muy temprana edad su familia se trasladaría hasta San Francisco. Como todo personaje excepcional que se precie, sus seguidores mencionan que nació sentenciado bajo el signo astrológico de Aries, señal profética inequívoca de sus inclinaciones hacia el macho cabrío… por aquello de los cuernos. Cuando todavía ni siquiera había aprendido a leer, el pequeño Tony muestran una precoz curiosidad por todo lo relacionado con el mundo del ocultismo algo que, según él, acabaría convirtiéndose en su principal obsesión. Fue su abuela materna, Luba Kolton, quien le introdujo en el mundo de la superstición y de la magia, narrándole viejas leyendas de la tierra natal de sus ancestros: Transilvania. El tránsito de la niñez a la adolescencia le apartaría paulatinamente de los cuentos de vampiros y brujas de su abuela para orientarle hacia la lectura de los auténticos manuales de magia y ocultismo. Ávido por aprender más que por deleitarse, con apenas doce años no sólo había leído a los clásicos de terror como Drácula o Frankenstein, sino que se ha familiarizado con los rituales de algunos "grimorios". Sin embargo, afirma haber aprendido más con la lectura de aquellos relatos de fantasía que con cualquier obra esotérica. Su experiencia con los textos clásicos del ocultismo sería más que frustrante: "Leía todo cuanto caía en mis manos y a medida que iba leyendo desechaba lo que leía. Trazar un círculo para protegerse, ¡qué tontería! Fue entonces por lo que decidí idear mis propios rituales". Siendo un crío de parvulario que, y a pesar de ser un niño enfermizo que no encontraba hueco en los juegos de equipo de sus compañeros, LaVey poseía un magnetismo especial que lograba atraer a los demás chicos. Es así como comenzó a asumir el liderazgo de una pequeña pandilla, en la que él establecido una serie de normas y contraseñas de juego parodiando a las sociedades secretas de los Templarios. Tótem y Tabú Influenciado quizás por algunos de sus correligionarios anteriores como Aleister Crowley, que se sintieron cautivados por el sendero de lo prohibido, la atracción por el sexo y el ocultismo estuvo íntimamente ligada a las inquietudes de LaVey desde su más tierna infancia. La imagen arquetípica de la mujer, que desde los primeros capítulos del culebrón bíblico se convierte en musa de la insurrección frente al orden beatífico del paraíso celestial, ejerció una especial fascinación en la estética del Satanismo. No es de extrañar que en los ceremoniales de culto satánico, LaVey sustituyese cirios y velones por hermosas mujeres indecorosamente semidesnudas que, convertidas en el mejor anzuelo para atraer clientela entre el gremio masculino, posibilitarían una fuente de ingresos nada despreciable vendiendo sus fotografías entre revistas "para hombres" en los años setenta. Aun hoy se comercializan algunas de estas imágenes en el mercado underground del holding satánico. Como neurosis obsesiva, la fascinación de LaVey por los encantos femeninos encuentra su origen en el jardín de la infancia. "Es muy interesante -escribe Freud en sus Ensayos sobre la teoría sexual - comprobar que bajo la influencia de la seducción puede el niño hacerse polimórficamente perverso, es decir, ser inducido a toda clase de extralimitaciones sexuales". En el diván, LaVey rescata su primer devaneo con el sexo femenino. A la tierna edad de cinco años recuerda haber sido engatusado, con el señuelo de su ropa interior, por una niña de su misma edad hasta el interior de su alcoba. Antes de que el pequeño Tony tuviese oportunidad de renunciar a su inocencia infantil, la madre entró en el dormitorio y reprendió a su hija por tan precoces conductas de insinuación. Desde aquel día, LaVey reconoce su inclinación sexual fetichista. Freud continúa argumentando que bajo la influencia de la seducción, y "tras la represión de estas tendencias, el niño conserva la curiosidad (perversa) de ver los genitales de otras personas como una compulsión martirizadora que, más adelante, desencadenará su neuosis". Apenas cumplidos once años, LaVey acabará rememorando una segunda experiencia traumática. Mientras recogía las botellas de leche vacía en la entrada de un edificio adyacente a un pabellón cubierto de baile, descubrió un pequeño boquete que alguien había perforado de forma tan precisa como para permitir atisbar el interior de los vestuarios femeninos. Ni que decir tiene que la curiosidad de nuestro adolescente -por muy diferente que se sintiera de los demás- no pudo resistirse a tan golosa invitación. Al otro lado del tabique, una mujer que LaVey definiría como "interesante", podía permitirse el lujo de contonear sus sinuosas curvas deleitando, sin saberlo, la indiscreción malsana del fisgón de turno. Y parece que en aquella ocasión consiguió algo más: quebrantar la inocencia de aquel proyecto de hombre, sustituyéndola quizás por el temido complejo de castración. Marginado durante la pubertad, incapaz de encontrar compañeras con las que satisfacer sus deseos, el joven LaVey atravesó una cosecha de desengaños amorosos que acabaron arrastrándole hasta un amargo y doloroso aislamiento. El Señor de las Bestias [http://extraordinaryintelligence.com/files/2009/07/anton_lavey_photo.jpg] Conversando con un forastero que había llegado a la ciudad junto con la compañía circense en la que trabajaba, LaVey se siente cautivada por el estilo de vida bohemio que rodea a la trashumancia del mundo del espectáculo. Ni corto ni perezoso, en la primavera de 1947, Tony abandona su hogar e inicia su periplo de aventuras a bordo de una de las carretas de circo Clyde Beatty. El joven LaVey comenzaría asumiendo su primera faena como cuidador de animales con los que, casi de inmediato, parece "sintonizar" de una manera especial. Afirmaba sentirse más reconfortado compartiendo su espacio vital con estos "gatos", como él los llamaba, que con cualquiera de sus congéneres, hasta tal punto que comía y dormía con ellos compartiendo el estrecho recinto de sus jaulas. "Cuando estás tendido en el suelo junto a los leones -reflexiona LaVey-, notas su respiración en tu rostro, y no puedes dejar de olvidar que tu piel es tierna y que el instinto natural de la bestia es hincar sus dientes para desgarrarte la carne". De su experiencia conviviendo con las bestias del circo, LaVey acabaría adoptando a Tagore, un cachorro de león que se convertiría en su inseparable amigo. Durante la época circense, Tony aprendió a tocar el órgano de oído mientras escuchaba alguna emisora musical de radio. Aprovechando que, minutos antes de comenzar uno de los espectáculos, el organista de la compañía había tenido una indisposición por coma etílico, se ofreció a sustituirle. Su éxito fue tan clamoroso que la compañía circense decidió jubilar al antiguo organista. Durante su etapa como domador del leones en el circo, LaVey tuvo la oportunidad de conocer a Robert B. Johnson, redactor de la revista Weird Tales (Cuentos Extraños) con quien colaboraría asiduamente escribiendo relatos de terror. Su travesía en la caravana circense apenas duró medio año; lo suficiente como para que aquellos meses le reportaran una dilatada experiencia en los ambientes marginales californianos de la época. En octubre de 1947, LaVey decide continuar sus andanzas por los circuitos alternativos de la marginalidad uniéndose a una barraca de feriantes instalados en el Long Beach de California. La contracultura Freak Integrándose en el mundo feriante, el joven LaVey conocería a gente distinta que, excluida del resto de la colectividad social por sus "rarezas", no había tenido más remedio que ganarse la vida sacándole partido a sus defectos físicos, convirtiéndose de este modo en comediantes de su propia realidad. Los personajes más granados de la contracultura freak se daban cita en aquellas casetas de feria: el hombre con cabeza de alfiler, los enanos saltimbanquis, la mujer con cara de mula… Contrariamente al resto de la sociedad, en la que una serie de cánones les excluían de formar parte del sistema; el mundo feriante brindaba una oportunidad a aquel colectivo de "gente rara". Frente al drama que les acompañaba desde el mismo instante de su nacimiento, la exhibición de sí mismos y de ese carácter que les hacía marginalmente diferentes es, precisamente, lo que les permitía ganarse la vida con mejor o peor fortuna. Bautizados de la manera más espectacular y anunciados con la más ostentosa y rimbombante de las presentaciones, circos y barracas de feria constituían en aquella época el arca de estos auténticos desheredados de la naturaleza en su condición, no deseada, de monstruos marginados por el resto de los mortales. LaVey comentaría más tarde que son muchos los que han abrazado el ideario nihilista de la Iglesia de Satán, probablemente "porque sienten que han sido tratados injustamente por un Dios que ha permitido que nacieran con deformidades o taras físicas". Los freaks compartían con el "ángel caído" el sentimiento de haber sido desheredados, en este caso, de los atributos físicos del resto de los mortales, habiendo podido gozar de una vida más fácil si no hubieran carecido de ellos. "Satán -continúa explicando LaVey- es un paria capaz de simpatizar con esta situación". Quizás ese "anti sistema" que LaVey descubre en el mundo feriante, contribuyera alentando ese espíritu de insolencia y rebeldía frente al sistema establecido que profeso a través de su heterodoxia satánica. La inversión de la simbología y liturgia cristiana, que desempeñó un papel primordial en los ceremoniales de la Iglesia de Satán durante su primera época, pudo haber sido tan sólo un pretexto para provocar a la masa social. En el prólogo de la Biblia Satánica, Burton Wolfe recoge una anécdota, en palabras del propio LaVey, que invita especialmente a la reflexión y que resume en gran parte los pilares básicos de su filosofía: "Los sábados por la noche -recuerda de su pasado como organista- podías ver a cantidad de hombres contemplando con lujuria a aquellas muchachas semidesnudas que bailaban en la feria. Cuando al día siguiente, por la mañana, tocaba el órgano en el servicio dominical de los Evangelistas volvía a ver a esos mismos hombres, ahora convertidos en Padres de familia, acompañados junto con sus esposas e hijos, estaban allí para que Dios les perdonara por los malos deseos que habían tenido en la feria. pero al día siguiente volvía a verlos en los mismos lugares en busca de placer. Descubrí entonces que la iglesia cristiana se asienta en la hipocresía". El talento musical de LaVey ganó popularidad entre propietarios de bares y clubes de alterne, lo que le permitió pagarse sus estudios en la universidad. En otoño de 1949, inició la carrera de Criminología en el City College de San Francisco, colaborando como fotógrafo en el departamento de policía. Mujeres maltratadas, jóvenes muertos en accidentes de carretera, niños brutalmente asesinados… Situaron el nuevo contexto para sus reflexiones: "Dios no existe -piensa LaVey tras contemplar el lado más oscuro de la naturaleza humana-. En el cielo no hay nadie que se preocupe por cuidar de las vidas de los seres humanos. El hombre es su único Dios, y debería aprender a responder por sus acciones". Quizá de esta etapa como fotógrafo de homicidios surja en la mente de La Vey uno de los puntos doctrinales más destacados en su filosofía, según el cual debería volver a instaurarse la vieja Ley del Talión, en la que el delincuente debe pagar por sus actos criminales sin considerársele ningún tipo de indulgencia. Black House: Una "Casa de citas" para famosos A mediados de la década de los cincuenta, LaVey entra en contacto con Madame Pleasant, dueña de una casa de citas, y adquiere el local para convertirlo en "Black House" (Casa Negra), el primer templo consagrado a Belcebú. Poco a poco, los conocimientos de magia y oucltismo de LaVey alcanzan cierta notoriedad entre las altas esferas de la burguesía norteamericana y la "Casa Negra" se convierte en un centro de reunión para excéntricos iconoclastas. Es así como en torno a la figura de LaVey, comienza a gestarse una pequeña sociedad sereta, que centra su interés en el estudio del esoterismo, y que sería conocida como "el Círculo Mágico". Más tarde, este grupo de intelectuales, en el que se daban cita escritores, médicos, cineastas o abogados, ansiosos de paladear nuevas experiencias bajo la escrutadora mirada del macho cabrío, abrazan la herética de LaVey integrando una nueva Iglesia. Una muestra del singular secretismo inspirado en la generalidad de LaVey es el prefacio de celebridades a quienes el “Papa Negro” dedica su obra Rituales Satánicos (1972): Carles Chaplin, Boris Karloff, Augusto Comte, Federico Fellini, Kenneth Anger, Marlene Dietricht o Groucho Marx son algunos de los personajes célebres que parecen contar con la admiración del capellán satánico. Comienza el espectáculo… Coincidiendo con la festividad de Walpurgis (Noche del 30 de abril al 1 de mayo, durante la cual, según la superstición alemana, las brujas celebran sus aquelarres en el Blocksberg), la noche del 30 de abril al 1 de mayo de 1966 se inaugura la “Casa Negra” en San Francisco, la primera sede de la Iglesia de Satán. Engalanado para la ocasión, LaVey aparece con el cráneo afeitado, luciendo su eterna perilla y arropado por una voluminosa túnica que, junto con su siniestra mirada, contribuían a insuflar su histriónica habilidad para convertirse en embajador de las profundidades del Averno. “Hemos levantado la primera Iglesia de Satán –Declararía a la prensa Internacional-, algo que va a romper el clásico concepto de lo que se ha tenido hasta ahora como una iglesia. La “Casa Negra” aspira a convertirse en un templo para la indulgencia, algo totalmente distinto a las iglesias que se han construido hasta ahora y que se han levantado con el propósito de convertirlos en templos para la abstinencia”. Su singularidad acapararía la curiosidad de los medios de comunicación de todo el mundo. LaVey no les defraudó: el 1 de febrero de 1967 varios canales de televisión transmitirían las primeras imágenes de una boda oficiada en la “Casa Negra”. El periodista John Raymond y su esposa Judith Case, perteneciente a una familia de la alta burguesía norteamericana, contraían satánico matrimonio tras recibir la ¿bendición? Del primer vicario de Satán. En un principio, la liturgia ceremonial de la Iglesia de Satán fue concebida como una parodia blasfema de la Iglesia Católica, proyectando una satanismo cuya razón de ser principal sería su rechazo visceral al “mensaje para débiles” que se recoge en los Evangelios. “¡Malditos sean los virtuosamente débiles –Exclama LaVey en su particular interpretación de las Bienaventuranzas-, pues ellos serán aplastados bajo las pezuñas del diablo!” De este modo, y caricaturizando a la religión oficial, la parafernalia del satanismo se convierte en una parodia escénica que invierte el significado de los sacramentos que se ofician en la liturgia cristiana. “En el bautizo satánica –Explica LaVey-, en lugar de limpiar al niño del pecado original, nosotros preferimos ensalzar sus instintos naturales, glorificar su futura inclinación hacia la lujuria ( )”. A finales de ese mismo año, se celebraría el primer funeral satánico de la historia. La viuda de Edward Olse, un militar de la marina norteamericana muerto en un accidente de tráfico, acudió a LaVey para que oficiase un funeral en memoria de su esposo. Nada pudo evitar la ceremonia; ni tan siquiera una carta enviada por el arzobispo de la capital al mismísimo presidente Nixon. Y es que la escena debió ser bien curiosa. Mientras los oficiales extendían la bandera estadounidense sobre el ataúd, el Papa Negro pronunciaba una parrafada elogiando al finado militar por haber escogido “El sendero del Diablo”. El sepelio finalizó con la habitual salva castrense de los fusiles y al singular grito de “¡Hail Satán!” Sin embargo, en los siguientes años de la década de los setenta, la Iglesia de Satán se hace más selectiva a la hora de abrir sus puertas a los medios de comunicación y conceder entrevistas. LaVey reduce sus apariciones públicas hasta tal punto que circula el rumor de que ha muerto. Iniciando una segunda etapa, el satanismo no se limitaría tan solo a recrearse parodiando a la litúrgica cristiana: “Ya no había necesidad de hacer espectáculos ultrajando los símbolos de la religión católica –argumentaba LaVey-. El cristianismo se debilitaba día tras día, era como un ave moribunda batiendo sus alas. Así que había que buscar nuevas vacas sagradas contra las que arremeter para que el satanismo se mantuviera próspero”. El satanismo de LaVey evolucionó nutriéndose de nuevos elementos, cuyos ceremoniales configuraron una especie de psicodrama catártico. El altar del macho cabrío se convirtió en bandeja para anhelos y plegarias de los acólitos al “gran cabrón” que encontraron en el satanismo una válvula de escape para sus frustraciones. A mediados de los ochenta, LaVey cose algunos remiendos y sorprende a sus seguidores acotando la parcela del libre albedrío que predicaba su filosofía en sus inicios. Como cualquier otro sistema religioso, el paraíso satánico también tiene sus frutos prohibidos aunque en este caso, y a diferencia del cristianismo en que se condenan inclinaciones humanas que son inevitables; la noción de “pecado” en el satanismo adopta un significado distinto. Se consideran “viciosas” actitudes como dejarse arrastrar por la estupidez cultivada por los medios publicitarios, la falta de perspectivas, el autoengaño o la falta de estética. Un Rebaño sin Cabrón Prediciendo su muerte cercana , debido a una afección coronaria, LaVey pronosticaba un futuro esperanzador para las corrientes satánicas en el reciente siglo inaugurado: “La Iglesia de Satán será la piedra sobre la que se asiente un sistema de creencia del conocimiento en el próximo siglo XXI, incorporando un significativo número de personas a sus filas. Después de que yo me vaya ningún individuo en concreto liderará la organización. Consistirá en un grupo sindicado de líderes que presidirá a la Iglesia y al ejército Satánico”. Mientras guardaba cama como consecuencia de unas fiebres que había contraído durante uno de sus viajes a Europa, la mañana del 29 de octubre de 1997, LaVey nos abandonaba después de sufrir un paro cardiaco . “Solo lamento las veces que he sido demasiado amable” fueron sus últimas palabras, inmortalizadas sobre la lápida de su sepultura. Con la pérdida de un pastor, que no había hecho más que proyectar su idiosincrasia en el marco de un nuevo credo que cimentaría el satanismo del siglo XX, su parroquia comenzó a rezagarse como un rebaño de ovejas huérfanas. Sin la presencia de un líder carismático y sin la consolidación de una estructura económica que le permitiera hacer frente al embargo de sus bienes, parece que la Iglesia de Satán no atravesaba por uno de sus mejores momentos. En el verano de 1998 se difundió una insólita misiva entre miembros y afiliados de la Iglesia de Satán desde su sede central en San Francisco. En ella, Blanche Barton, viuda del desaparecido Anton LaVey, solicitaba ayuda económica para evitar que “Black House”, el edificio que fuera cuna de la organización, fuera derruido para edificar un nuevo complejo inmobiliario. “Nunca pensé que llegaría a escribir una carta como esta pero circunstancias extraordinarias demanda acciones inusuales. Y esta es una acción insólita: una carta de la Iglesia de Satán solicita tu ayuda”. La mansión, que data de finales de la época vitoriana, es algo así como el “Vaticano” de la Iglesia Satánica. La singular historia de esta mansión la ha convertido en leyenda. Edificada en el año 1887, la mansión fue habitada por un capitán marino de origen escocés y su familia. Tras seis años de feliz matrimonio en el hogar, la leyenda afirma que su esposa desapareció en extrañas circunstancias y que el marinero abandonó la vivienda para emigrar lejos de allí. Después del famoso terremoto del año 1906, el edificio sufrió una serie de remodelaciones que convirtieron sus estancias en lugar de sesiones espiritistas. Años después, el inmueble se convirtió en una casa de citas hasta que en 1956 fue adquirida por LaVey, quien pintó su fachada de negro y la convirtió en la primera Embajada de Satán en la Tierra. El interior de sus estancias no deja a nadie indiferente: Una nutrida biblioteca que haría las delicias de cualquier aficionado a la novela gótica, y cuyas estanterías sirven de acceso a un doble vestíbulo oculto. La sala de la Iniquidad; una especie de taberna en la que comparten barra varios maniquíes que adoptan posturas obscenas . El cuarto musical; pequeño habitáculo en el que LaVey pasaba sus ratos libres componiendo siniestros acordes. O la cámara Ritual, donde al grito de “¡Hail Satán!” se celebraban bodas, bautizos… y hasta funerales . El comunicado escrito por la viuda de LaVey finaliza de forma tan dramática en los siguientes términos: “Una vez que la bola comience a derribar el edificio, ninguno de nosotros podrá hacer nada para evitarlo. Desde estas páginas invitamos a los lectores a que, en la medida de sus posibilidades, realicen su pequeña contribución económica para evitar que la Iglesia de Satán acabe siendo derruida por los intereses especulativos terrenales de una inmobiliaria sin escrúpulos”. Todo sea por caridad ¿cristiana? Sitio web oficial de la Iglesia de Satán: http://www.churchofsatan.com Fuente: Cine y Música Malditos. Moyano, Antonio Luis Todo el texto utilizado en este post fue digitalizado por mí.

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