P

Pelopincho

Usuario

Primer post: 15 oct 2007
3
Posts
70
Puntos totales
1
Comentarios
P
Panfleto Anarquista
InfoporAnónimoFecha desconocida

Todo lo que siempre quiso saber sobre Anarquismo y nunca se atrevió a preguntar Traducido del inglés por Mayte (Ateneo Libertario de Zaragoza) Original Credits: First printed and published by: The Anarchist Media Group, Cardiff (UK) Later published in l988 jointly by: Black Sheep Publications, Dark Star, and Rebel Press Typeset and printed by: Aldgate Press, 84h Whitechapel High Street, London El Distribute Freely: It's not copyrighted... (As if that'd make a difference!) Introducción El anarquismo es probablemente la corriente política sobre la que se han dicho mayor cantidad de estupideces. En realidad, no tiene nada que ver con creer en el caos, la muerte y la destrucción. Los anarquistas no van por ahí cargados de bombas ni les parece ninguna virtud ir avasallando viejecitas. No es accidental que la siniestra imagen del anarquista loco haya cobrado tanta aceptación. El Estado, la prensa y todo tipo de instituciones autoritarias utilizan todos los medios a su disposición para presentar la anarquía como un estado impensable de caos y asesinato. Poco podemos esperar de los "traficantes" de poder que, por otra parte, poco poder tendrían en sus manos si nos saliéramos con la nuestra. Necesitan creer en lo esencial de su autoridad y su obediencia para autojustificar sus crímenes. La TV, la prensa y la industria cinematográfica predican la obediencia, y si la anarquía es mencionada, aparece como destrucción descerebrada. La mencionada necesidad de autoridad está tan arraigada en la mente del ciudadano medio, que la anarquía, que simplemente significa "falta de gobierno", resulta impensable para la mayoría de la gente. La misma gente, por otra parte, admite que los reglamentos, regulaciones, impuestos, intromisiones y abusos de poder (por nombrar algunos) son como mínimo irritantes. Por lo general se piensa que no hay más remedio que aguantar en silencio porque la alternativa de "falta de poder, de autoridad y todo el mundo haciendo su propia voluntad" sería horrible. Sería la anarquía. Sin embargo existe una variedad ilimitada de sociedades posibles sin Estado, y no todas ellas serían desagradables. ¡Todo lo contrario! Cualquier tipo de sociedad anarquista nos ahorraría las terribles distorsiones que produce el estado. La "parte negativa" del anarquismo, es decir, la abolición del Estado, se verá equilibrada por lo que la sustituya? una sociedad libre y de libre cooperación. Hay varios tipos de anarquismo, y sus ideas difieren respecto a la organización de una nueva sociedad. Todos tienen en común que el estado deber ser sustituido por una sociedad sin clases y sin violencia (fuerza restrictiva, represión). Es precisamente debido a nuestra creencia en la libertad que nos negamos a establecer pautas muy cerradas. Sólo ofrecemos modelos posibles que se apoyan en la evidencia del día a día. De hecho la sociedad anarquista ya ha existido históricamente e hizo falta nada menos que un asesinato en masa para detenerla. Otro error típico de aquéllos que saben algo más sobre el tema, es pensar que el anarquismo es una bella utopía, una idea hermosa pero impracticable. De hecho, el movimiento anarquista tiene un largo recorrido histórico y no surgió de teóricos encerrados en sus torres de marfil sino directamente de la lucha por la supervivencia de masas de gente corriente y oprimida. La anarquía siempre ha sido intensamente práctica en sus pretensiones y en su forma de hacer las cosas. El movimiento ha estado muy cerca de abrazar el éxito en varias ocasiones. Si realmente es tan de todo punto inviable, ¿por qué se empeña el Estado en exterminar la anarquía? Anarquismo elemental Muy poca gente parece entender el anarquismo pese a que es una idea muy sencilla y clara. Básicamente quiere decir "dirigir nuestras vidas en lugar de que nos manipulen". No hay nada especialmente complicado en el anarquismo, excepto las terribles discusiones que conlleva, como por ejemplo, "imagínate el caos que habría si todo el mundo hiciera lo que quisiera". Sin embargo, ahora mismo vivimos en el caos. Millones de personas están en el paro, mientras otras están sobrecargadas de trabajo, de un trabajo por demás repetitivo y rutinario. Hay gente que se muere de hambre a la vez que se está arrojando comida al mar para mantener los precios. El aire se encuentra contaminado a causa del humo que desprenden coches muchas veces ocupados por una sola persona. La lista de locuras y situaciones caóticas en la sociedad actual es interminable. Incluso los "beneficios" del Estado son en realidad perjudiciales. La Seguridad Social, por ejemplo, se dedica a poner parches como un taller de reparación industrial, y en el fondo es algo parecido. Estos servicios nos hacen dependientes del Estado y lo peor de todo, nos compran por muy poco. Frenan nuestra propia iniciativa de crear una Seguridad Social autogestionada y enfocada hacia nuestras necesidades, no hacia las suyas. La autoridad, por su propia naturaleza, sólo puede interferir e imponer cosas. Seguro que la gente corriente puede imaginarse alguna forma de organización que impida al Estado la destrucción de sus hogares para construir bloques vacíos de oficinas. Es un principio básico del anarquismo que sólo aquellas personas que viven en una determinada zona tienen derecho a decidir sobre su organización, y sobre los asuntos que conciernen a esa zona. Todo el casos, a nuestro parecer, deriva de la autoridad y del Estado. Sin clases dirigentes y su necesidad de mantenernos esclavizados no habría Estado. Sin Estado nos encontraríamos en situación de organizarnos libremente según nuestros propios fines. No creemos que pudiéramos dar pie a una sociedad tan caótica como ésta en la que nos ha tocado vivir. La libre organización resultaría en una sociedad mucho más tranquila y equilibrada que la actual, cuyo mayor interés es el del robo sistemático y el exterminio de la mayoría de sus miembros. Típicos argumentos contra el anarquismo A menudo nos preguntan cómo una sociedad anarquista trataría a los asesinos. ¿Quién los pararía sin policía? La mayor parte de los asesinatos son crímenes pasionales y por tanto ni la policía ni nadie los puede prevenir. Esperamos, sin embargo, que en una sociedad más cuerda y menos frustrante no habrá tanta criminalidad. Nuestros gobernantes dicen protegernos a los unos de los otros. En realidad sólo quieren protegerse a sí mismos y a su propiedad. Si nosotros, como miembros de una comunidad local, fuéramos dueños de todos los recursos y los colectivizáramos, sería absurdo robar. Un importante motivo delictivo desaparecería. Estas comunidades necesitarían organizar algún medio con que tratar a aquellos individuos que perjudicaran a los demás. En lugar de varios miles de policías profesionales, todos nos protegeríamos mutuamente. Las cárceles son un fracaso a la hora de mejorar o reformar a los presos. Los vecinos de una comunidad, conociendo mejor las circunstancias personales de cada cual, aportarían soluciones mejores y más adecuadas tanto para la víctima como para el acusado. Por otra parte, el actual sistema penal es el responsable de la creación de un comportamiento delictivo. Los presos que cumplen una condena larga a menudo se convierten en seres incapaces de sobrevivir fuera de una institución que tome todas las decisiones por ellos. ¿Cómo puede llegarse a la conclusión de que encerrar a unas personas con otras de carácter antisocial (los peores don los carceleros) va a desarrollar en el individuo un modelo de comportamiento responsable y razonable? Naturalmente, lo que ocurre es todo lo contrario? la mayoría de los presos reinciden. Otra de las preguntas con las que se ha tenido enfrentar el anarquismo durante años es? "Pero quién haría todo el trabajo sucio? Imaginamos que toda comunidad diseñaría un sistema rotativo. ¿Qué tiene de imposible? Otra pregunta: ¿y qué pasaría con aquél que se negara a trabajar? Se puede aplicar presión social, por ejemplo, condenar al individuo en cuestión al ostracismo. En casos drásticos la comunidad podría verse obligada a expulsar a alguien. Sin embargo, la gente necesita trabajar. La gente tiene una verdadera necesidad creativa. Fijaos en la cantidad de gente que pasa horas arreglando su coche, o su moto, o cuidando su jardín, haciendo prendas de vestir, creando música. Todas están actividades creativas pueden ser muy entretenidas. A menudos se las considera aficiones más que trabajo, pero es que se nos ha enseñado a considerar el trabajo un tormento que no hay más remedio que aguantar. En esta sociedad el trabajo es efectivamente un tormento, y naturalmente lo odiamos. Eso no quiere decir que seamos vagos por naturaleza sino que no nos gusta que nos traten como si fuéramos máquinas, obligados a hacer un trabajo en su mayor parte desprovisto de significado, para beneficio de otro. El trabajo no tiene porqué ser así, y si estuviera controlado por la gente que lo desempeña, desde luego no lo sería. Por supuesto hay trabajos que es necesario hacer, y hay pocas formas de hacer que la recolección de basura sea una ocupación divertida. Todo el mundo debería ocuparse de ello cuando te tocara el turno y sería labor de todos controlar que nadie se escaqueara. Otro punto importante es señalar que el desempleo es sólo un problema creado por el capitalismo. En un mundo más razonable no habría paro. Todo el mundo tendría menos horas de trabajo porque sólo se producirían los artículos necesarios. Si nos deshiciéramos de la parásita clase dirigente, nos liberaríamos de gran parte de la presión económica que nos obliga a trabajar. Si todavía no estás convencido de que una sociedad anarquista podría resolver el problema de la gente que se escaquea de sus responsabilidades, imagínate a ti mismo obligado a enfrentarte a una asamblea de tu comunidad, donde se discutiera que tú representas un problema. ¿Qué te parece? Otra objeción típica es? "Bueno, eso a lo mejor funcionaba a pequeña escala, en un pueblo campesino, pero ¿cómo puedes dirigir una sociedad altamente industrializada sin necesidad de dirigentes?" En primer lugar creemos que la sociedad necesita ser dividida en núcleos menores siempre que sea posible, para que puedan ser dirigidos por grupos pequeños de gente corriente. Es un rasgo notable en cuanto a teoría de la organización, así como un principio básico del anarquismo, que los grupos pequeños trabajan juntos de forma eficaz y son capaces de coordinarse con otros grupos parecidos, mientras que los grupos informes y a gran escala son fácilmente manipulables. Dentro de este mismo punto es interesante señalar que recientemente, las famosas "economías de escala" que justifican por ejemplo las fundiciones que cubren kilómetros cuadrados, están siendo altamente cuestionadas. Llega un cierto punto en que las fábricas, granjas, los sistemas administrativos y demás, pierden eficacia a medida que se hacen más grandes. Se debe producir y consumir a escala local mientras sea posible. Sin embargo, algunos servicios tendrían que tratarse a nivel regional o incluso a mayor escala. Esto no es un problema irresoluble, de hecho la clase trabajadora del Estado Español encontró soluciones en los años 30. La Compañía de Autobuses de Barcelona dobló sus servicios, hizo generosas contribuciones al colectivo de "Entretenimiento" Ciudadano (actividades lúdicas) y produjo armas para el frente en los talleres de autobuses. Todo esto se consiguió con un número de trabajadores bastante reducido, ya que muchos se habían ido al frente para combatir el fascismo. Este increíble aumento de la eficacia, a pesar de la guerra y de la escasez de materiales, no es tan sorprendente después de todo, porque ¿quién puede dirigir una compañía de autobuses de la forma más idónea? Obviamente sus trabajadores. Todos los trabajadores de Barcelona estaban organizados por sindicatos -grupos de trabajadores del mismo gremio, subdivididos en grupos de trabajo. Cada grupo tomaba sus propias decisiones en lo referente al trabajo día a día y nombraba a un delegado que representaba sus puntos de vista en temas más generales concernientes a toda la fábrica o incluso a toda la región. Los delegados eran portavoces de las decisiones tomadas en asamblea por todos los compañeros y el cargo de delegado se rotaba con frecuencia. Los delegados podían ser revocados inmediatamente en caso de que no cumplieran con el cometido de ser meros portavoces de la asamblea (principio de revocabilidad). Esta es una buena muestra de los principios anarquistas de la libre federación llevada a la práctica. Añadiendo más niveles de delegación es posible alcanzar una actividad a gran escala sin abandonar la libertad de trabajar en la línea que cada individuo elija. Esta idea de "federalismo" volverá a ser ilustrada en una sección posterior llamada "Acción y organización local". Sigamos con más objeciones. ¿Una sociedad sin Estado no estaría indefensa ante ataques exteriores? El hecho de vivir en una sociedad estatal no nos ha salvado del imperialismo. De hecho, nuestro ejército y fuerza armadas son utilizadas en nuestra contra como un ejército de ocupación. El Estado no nos defiende. Nos utiliza como carne de cañón para defender a nuestros dirigentes que, puestos a revelar la verdad, son nuestros verdaderos enemigos. Volviendo a la pregunta, una respuesta anarquista clásica es la de armar al pueblo. Las milicias anarquistas españolas estuvieron cerca de ganar la guerra civil a pesar de la escasez de armamento, de la traición estalinista y de la intervención Alemania e Italia. El error fue dejarse integrar en el ejército regular de la República. Una población armada sería difícil de subyugar. Pero sí, es cierto, nos podrían destruir. Creemos que nosotros constituimos la verdadera "amenaza nuclear". Los dirigentes norteamericanos probablemente nos exterminarían antes que permitirnos vivir en libertad. Contra la amenaza de destrucción nuestra mejor defensa es el movimiento revolucionario en otros países. Dicho de otra manera, nuestra mejor defensa contra la bomba atómica rusa es el movimiento de los trabajadores polacos. (NOTA de la tradutora: este análisis fue escrito antes de la caída de la URSS, por lo que ha quedado trasnochado) En el caso del Estado, su mayor esperanza de no ser exterminados se basa en que nosotros destruyamos nuestra propia "bomba" (La CND todavía no se ha dado cuenta de que prohibir las armas "megadeath" significa abolir el Estado). Hay que tener en cuenta que la Revolución Rusa se salvó de una intervención británica masiva gracias a una serie de motines y boicots de los obreros británicos. Podríamos garantizarnos un verdadero sistema de seguridad si nuestros contactos internacionales evolucionaran hasta tal punto que los trabajadores de cada "país enemigo" fueran capaces de impedir que sus dirigentes nos atacaran. Las páginas anteriores han sido una breve introducción al pensamiento anarquista. Hay muchas más ideas y detalles en libros que tratan el tema, pero básicamente se entiende el anarquismo viviéndolo, y trabajando en proyectos comunes con otros anarquistas. Este es el tema que trata la mayor parte de este libro: acción anarquista. EL ANARQUISMO EN ACCIÓN Si has leído este panfleto hasta aquí te habrás hecho ya una idea razonable de lo que es una sociedad anarquista. El problema es cómo llegar a ella. Dentro del anarquismo hay muchas ideas diferentes pero todas ellas están relacionadas. Hay sistemas completos de teoría política anarquista denominados federalismo, mutualismo, individualismo, sindicalismo, comunismo libertario, feminismo anarquista, situacionismo, etc. Los debates entre las distintas ramas del anarquismo se han sucedido durante mucho tiempo y son demasiado complejos para exponerlos en un panfleto introductorio. Sin embargo, si pensamos en términos de lo que el anarquismo dice que hay de hacerse ahora, resulta que hay muchos puntos en común entre todas las ramas. Cada corriente enfatiza la importancia de la acción en un área determinada de la vida. Si empiezas a poner práctica las ideas expuestas en las siguientes páginas, empezarás a crear tu propia versión de anarquismo. Al hacerlo estará añadiendo un nuevo miembro a u movimiento que siempre necesita nuevos miembros, especialmente gente que se cuestiona ideas y reflexiona sobre ellas. ¡Discute tus ideas con tus amigos, lee más sobre el anarquismo, habla con otros anarquistas! Piensa de forma independiente. Es la única manera. Organizarse en el trabajo Tradicionalmente, los anarquistas siempre han pensado que el problema fundamental es que el mundo está dividido en "esclavos asalariados" y jefes. Si pudiéramos librarnos de los jefes y dirigir nuestras industrias nosotros mismos, en beneficio de nuestras necesidades y no de las suyas, mejoraríamos y transformaríamos claramente cada área de nuestra vida. Sin embargo, hay anarquistas que piensan que la clase obrera está tan acostumbrada a estar esclavizada que habrá que buscar algún camino alternativo a la revolución. En cualquier caso, una anarquista siempre intentará que sus compañeros cuando menos, se organicen en el trabajo. Intentamos difundir la idea de que si nos unimos evitaremos que nos mangoneen. Lo mejor es hablar con los compañeros de trabajo, que nos acepten y confíen en nosotros en lugar de presionar a la gente con sermones. La mejor forma de aprender la solidaridad es a través de la acción. Los anarquistas deben ir a la huelga si ésta tiene lugar. Por lo general, tarea más importante en estos casos suele ser tratar de menguar el poder del sindicato mayoritario y propagar la acción directa en lugar de delegar todo el poder en el sindicato oficial. el fin del anarquismo es controlar nuestras propias vidas, no entregarlas al "representante oficial" para que nos traicione. La acción directa, sin intermediarios, es la forma más eficaz de ganar batallas laborales. La unidad es la fuerza. Para el anarquista, las huelgas encaminadas a conseguir pequeñas reformas, las peleas entre distintos grupos de trabajadores, etc., no son especialmente revolucionarias. Para nosotros, el fin principal de estas acciones es que a raíz de ellas la gente empiece a aprender a organizarse y gane confianza en la fuerza colectiva. Esta experiencia podría ser útil a la hora de capacitar a los trabajadores para desafiar con eficacia la estructura del poder industrial y edificar un control de la producción por parte de los obreros. Tenemos una larga historia de la que sacar provecho y muchas técnicas útiles que han funcionado en otros sitios. Ideas como ir disminuyendo progresivamente el ritmo de trabajo hasta que se equipare con lo equivalente a nuestro salario. O "huelgas del buen trabajo", es decir, hacer un buen trabajo sin reparar en el tiempo que cueste hacerlo (aunque baje el ritmo de producción). Estas acciones sólo tienen sentido si se realizan en grupo y con unidad. Son ejemplos de acción directa. No les preguntamos a los jefes lo que hay que hacer, se lo decimos nosotros. El método indirecto (el llamado democrático), por el contrario, significa esperar cuatro años y señalar con una cruz el nombre de un "candidato de izquierda", para que luego resulte que pertenece a la misma logia masónica que le candidato de la oposición. Esperamos que la auto-organización obrera vuelva (como en otros momentos de la historia reciente) a alcanzar el punto de unidad en la acción que le permita enfrentarse definitivamente al Estado. Si en la próxima ocasión se dispone de la experiencia, organización, preparación y conciencia adecuadas será posible destruir e Estado y a sus dirigentes, y avanzar hacia una sociedad anarquista y un mundo anarquista. Hay varios análisis anarquistas que exponen cómo podría llegarse a esta situación. Hay quienes apoyan la idea de construir sindicatos dirigidos por las bases y no por la cúspide dirigente, como es lo habitual. Este tipo de sindicalismo es una clara estrategia revolucionaria que ha probado su eficacia en el pasado. El sindicato incluye a todos los trabajadores de cualquier lugar con el fin de desarrollar la auto-organización hasta el punto en que los obreros puedan tomar las fábricas. Allá donde sea necesario, las huelgas pueden recibir el apoyo de obreros de otros gremios o lugares que se solidaricen con ellos. Finalmente, se habrán unido suficientes obreros para poner en marcha una huelga general. El Estado quedará paralizado y uno podrá hacer nada a menos que confíe en el ejército, que no se levantará contra sus familiares. La huelga general será un levantamiento general, o desembocará en uno. A partir de aquí se puede comenzar la construcción de una Utopía real. Algunos anarquistas rechazan aspectos de este plan. Desconfían del alcance de los sindicatos, aunque sean sindicatos descentralizados. Les preocupa la posible aparición de líderes profesionales. También existe el peligro de perderse en la maraña de los pequeños logros cotidianos. En cualquier caso, esta diferencia no nos impide trabajar juntos. Las condiciones para crear sindicatos anarquistas a nivel mundial, especialmente en algunos países donde el sindicalismo se ha neutralizado completamente, no son muy alentadoras. En estas circunstancias, lo mejor es promover lazos entre los trabajadores que se enfrentan a los sindicatos mayoritarios que monopolizan la información para mantener el poder. Debe promoverse toda acción que ponga el control en manos de los trabajadores, como por ejemplo los piquetes. Sería de utilidad que los anarquistas que trabajen en la misma fábrica se pusieran en contacto. Si no existen contactos, una conferencia sería un buen punto de partida. Cuestiones a nivel nacional Campañas a gran escala. Los anarquistas no suelen tener mucha influencia en campañas a gran escala, en parte porque suelen están copados por cristianos, liberales, diversos grupos de izquierda, etc. y a menudo las convierten en algo tan descafeinado que ningún anarquista que se precie se acercaría a semejante cuento. De hecho, vemos el sistema de liderazgo de estos grupos como una parte importante del sistema, cuya función es la de controlar el movimiento de protesta y canalizarlo hacia niveles inocuos. Un ejemplo práctico de este confusionismo fue el creado por la organización "Amigos de la Tierra" al cuestionar la investigación pública que se estaba llevando a cabo acerca de la planta de reciclaje nuclear de Windscale. El resultado fue que un montón de energía y dinero se malgastó en la discusión entre dos expertos rivales. El gobierno creó la ilusión de que debía ser justo y razonable, y de que tenía derecho a emitir su propio juicio. El veredicto, por supuesto, ya se sabía de antemano, y se dio luz verde al proyecto. El "efecto real" era el de confundir la protesta contra el programa de energía nuclear y hacerla difusa. Por otra parte, muchos anarquistas creen que es positivo involucrarse en campañas como CND (Campaña por el Desarme Nuclear), la Liga AntiFascista, el Frente de Liberación Animal, etc. El argumento es que, gracias a esto, algunas personas podrían llegar a conocer el anarquismo. Una presencia anarquista podría favorecer este proceso. Además, las campañas que aportan temas esenciales a la atención pública generan oportunidades de mostrar que los males particulares están relacionados con represión general y la necesidad de una revolución. En algunos casos es recomendable que haya una presencia anarquista en estas organizaciones para evitar la manipulación por parte de ciertos grupos políticos bastante nocivos. A veces es incluso posible introducir formas de funcionamiento anarquistas. Por ejemplo, un anarquista involucrado en un grupo anti-nuclear intentará señalar la relación entre el armamento nuclear, la energía nuclear, el militarismo, el Estado y la sociedad de clases. Señalaríamos la futilidad de ir rogando contínuamente al Estado y recomendaríamos a los obreros que construyen armamento que hagan algo más útil en lugar de eso. Haríamos todo lo posible para que los partidos parlamentarios de izquierda no se dedicaran a domesticar todos los movimientos de protesta populares. También hemos de intentar difundir más métodos organizativos descentralizados y basados en grupos pequeños federados entre sí. Esto tendría la ventaja de conseguir una mayor flexibilidad y de dar a cada miembro mayor oportunidad de autodesarrollo, así como de impedir que se generara un elite dirigente. Pocos anarquistas afirmarían que movimientos como los antinucleares, etc. sean revolucionarios; probablemente ni siquiera consigan el desarme nuclear. Sin embargo, podemos esperar que gracias a ellos se vaya despertando la conciencia pública y muchos se den cuenta de cómo funciona esta sociedad realmente. Relaciones interpersonales Como hemos dicho anteriormente, el anarquismo conlleva una preocupación por los derechos de individuo. No tiene sentido estar teorizando ni programando actividades si finalmente no va a servir para mejorar la vida de individuos como tú y yo. A diferencia de los marxistas y otros pseudo-socialistas, creemos que al menso debemos intentar poner en práctica nuestros principios en el día a día. Si crees en la igualdad, trata a los demás como iguales siempre que puedas. Puede que a un marxista le resulte más fácil que a un anarquista olvidar el maltrato al que Marx sometía a sus criados y a su mujer. La forma en que nos tratamos unos a otros refleja la totalidad de la sociedad. En una sociedad desequilibrada la gente se trata mal. Por desgracia, los hippies estaban equivocados. No es cierto que "todo esté en tu cabeza". Soluciones individuales como el ácido lisérgico y la vida campestre resultan no ser soluciones en absoluto, sino simplemente escapismo. Antes de la revolución no es posible decidir irse a vivir como si fueras libre; esta sociedad no te lo permitirá. Antes de la revolución es responsabilidad de cada cual creer, como si fuéramos seres humanos razonables, en u mundo razonable. Es difícil, pero no imposible, con la ayuda de tus amigos, evolucionar a un estado más avanzado que el simple estado de dependencia en que esta sociedad intenta mantenernos. La familia autoritaria Un mito común, tanto en el fascismo como en el antihumanismo cotidiano, es la "santidad" de la familia y la "santa" institución de la maternidad. Muchas mujeres hoy en día luchan contra el papel que les han impuesto de ser madres y nada más, y contra la dominación diaria de mujeres y niños por parte de los hombres, que es en lo que consiste la familia. La realidad de la vida familiar difiere bastante de la idea sentimental. Malos tratos a mujeres, violaciones y abusos infantiles no son sucesos accidentales ni aislados; son el resultado de un condicionamiento dentro de la familia y por parte de los medios de comunicación. Hasta que no tengamos libertad e igualdad en nuestras vidas diarias, no tendremos libertad ni igualdad en absoluto. No tienes más que mirar los patrones de "señor y esclavo" de cualquier revista pornográfica para comprobar que la represión sexual lleva a la dominación y a la sumisión. Si el poder es más importante que la realización en tu vida sexual, también lo será en los demás aspectos de tu vida. Apoya el amor libre. Si no es libre, no es amor. La derecha habla mucho sobre el tema sexual y lo que ellos llaman "moralidad" y "pureza" sexual. Incluso la "pureza racial" es una idea en gran medida relacionada con el sexo. Está basada en el temor a la sexualidad de las "razas inferiores", temida por que amenaza su propio poder y control sexual. Los racistas preguntan: "¿Dejarías que tu hija se casara con uno de ellos?" ¿Quién eres tú para decidir lo que "tu" hija deber hace con su vida sexual? Generalmente , los anarquistas nos están de acuerdo con el matrimonio convencional. No aceptan que las relaciones sexuales se conviertan en un negocio del estado o de la Iglesia. La verdadera seguridad emocional tanto para los hijos como para los adultos no se encuentra tanto en una unión artificialmente mantenida y legalmente vigente, como en una red más extensa de relaciones que pueden tener un componente sexual o no. Muchos anarquistas consideran que vivir en una comuna es una forma de cambiar la sociedad, pero vivir en la misma casa que otros nueve individuos no es la clave del futuro ideal. Lo importante es cambiar nuestras actitudes: abrirse más, ser más generosos y menos competitivos y temerosos de los demás. La mayoría de los anarquistas se limita a ser un poco más sociable que la mayor parte de la gente. Hacemos lo que podemos conscientes de que la perfección es imposible en una sociedad represiva. No hay santos anarquistas. (NOTA de la traductora: Sí, San Buenaventura) Cambiando el día a día A menos que podamos ayudar a la gente, incluídos nosotros mismos, a perder el miedo, la ansiedad y la inseguridad, no tiene mucho sentido esperar que nos comportemos con sensatez y empecemos a construir una sociedad libre y creativa. Las ideas autoritarias y el odio irracional a chivos expiatorios como los negros o los homosexuales son parte de la locura colectiva. Afortunadamente, hay personal que ya está trabajando en aras de conseguir una mayor salud mental, y los anarquistas deberían hacer todo lo posible por apoyar estos movimientos. De éstos, el ejemplo más claro es el movimiento de psicoterapia radical. A grandes rasgos, los grupos de este movimiento intentan rechazar la vieja idea del psiquiatra experto que resuelve los problemas de sus pacientes, en favor de un método en que la gente se autoayude. Por desgracia, son las clases medias neuróticas las que se han beneficiado de esto. Las tarifas de estos grupos de encuentro son demasiado altas para gente como nosotros, y grupos de encuentro centrados en los problemas organizativos de la industria no son la mejor vía para edificar una sociedad nueva. Existen grupos de terapia de auto-ayuda, sin embargo, que prometen, y podrían servir. Los de mayor éxito parecen ser aquellos con un tipo específico de miembros, tales como depresivos, grupos de mujeres, etc. La gente no tiene porqué ajustarse a situaciones imposibles y deben aprender a autoafirmarse y a expresarse por sí mismos. Gran parte del caos psicológico que sufren los seres humanos tiene mucho que ver con las relaciones injustas entre ambos sexos; los anarquistas esperan mucho del movimiento de liberación de la mujer. Y no es que todas las feministas sean revolucionarias. La Organización Nacional de las Mujeres, por ejemplo, estaba emocionada ante la perspectiva de que las mujeres tuvieran por fin acceso a los espacios de control de misiles nucleares. Sin embargo, hay una gran corriente anarquista dentro del movimiento feminista, que enfatiza la asamblea, la auto-ayuda y la importancia de que las mujeres acepten y comprendan sus sentimientos hacia los demás. Desafiar la dominación masculina debería conducirnos a desafiar todo tipo de dominación. El movimiento de liberación de la mujer también ilustra otra evolución prometedora: la tendencia a organizarse en grupos pequeños y colectivos. Si trabajan bien pueden ser de gran ayuda y crear autoestima e los individuos que lo forman. Otros movimientos, como el movimiento gay, asociaciones de demandantes, squatters, grupos de auto-ayuda sanitaria, etc. son positivos por la misma razón. Esta forma de organizarse tiende al desarrollo de la salud mental. Todo lo que anime a la gente a adquirir responsabilidades y a examinar sus relaciones con el resto del mundo debe apoyarse. Finalmente, esperamos que las actitudes cambiarán lo suficiente para permitir a la gente que vuelva a tomar las riendas de su propia vida. Acción y organización local La acción directa puede utilizarse para cambiar las condiciones de casas, calles, colegios, hospitales y otras instalaciones. Las reformas, en sí mismas, no representan una gran contribución ala construcción de la sociedad anarquista, pero es importante que la gente se conciencie de la importancia del potencial de la acción directa. Estas acciones pueden llegar a promover sentimientos de espíritu colectivo y de auto-organización. Despiertan la conciencia política. Si salen mal, pueden llevar a la desesperación y a una desilusión total respecto a la raza humana. Estos sentimientos pueden conducirte al suicidio político. Hay ejemplares de estos desencantados en los mítines de los partidos mayoritarios. ¿De qué tipo de acciones estamos hablando? Si te hace falta un vivienda, ocupa una. Así desafías a las autoridades y a la propiedad privada. La ocupación demuestra con eficacia el sinsentido de que existan casas vacías a la vez que hay gente sin hogar. Por desgracia, el prejuicio popular impide que la ocupación obtenga el apoyo generalizado necesario para un cambio real. La vida comunitaria de la calle puede mejorarse mediante festivales, teatros callejeros, etc. Por supuesto, a menos que seas el tipo de anarquista que tiene contactos por las alturas, este tipo de acción puede tener sus inconvenientes. Los anarquistas han participado y a menudo han soñado también todo tipo de esquemas de auto-ayuda, incluyendo un mejor aprovechamiento de la tierra, esquemas rotativos de trabajo, esquemas de colectivización de los productos... Estos esquemas son una muestra de independencia y de la viabilidad de formas alternativas de intercambio económico. Desconfiad de los liberados que intentan profesionalizar la idea y destruir sus beneficios reales haciéndola parte del sistema. Otra área principal de la actividad anarquista es la de involucrarse en campañas locales. Estas pueden resultar útiles a la hora de desarrollar la conciencia publica y su capacidad organizativa, y pueden tener la virtud de invitar a la gente a pensar sobre cuestiones políticas. Una campaña contra el cierre de un hospital local, por ejemplo, hace surgir cuestiones como quién controla los hospitales y para quien es el beneficio. Por desgracia, la gente a menudo se deja confundir por sus ilusiones de "democracia" y política parlamentaria, y acaban desvinculándose de la campaña o engañados por las promesas. Esto puede llevar a la desilusión y a la apatía. el papel del anarquista es intentar asegurarse de que el resultado de una acción es el rechazo a las autoridades y la promoción de la acción directa. Es difícil encontrar el equilibrio entre involucrarse para conseguir reformas inmediatas ( así promover una creencia falsa en el Estado como fuerza benevolente) y examinar las implicaciones a largo plazo de tus acciones. Si dejas que tus sentimientos de desmanden acabarás creyendo en el reformismo, desesperado por arrancar la corrupción de la sociedad. Esto es comprensible, pero es contraproducente a la hora de arrancarla de raíz. Hacer mejoras en el sistema significa reforzarlo, y a la larga, aumentar la miseria humana. Cuando las condiciones locales se vuelven insostenibles, se generan tumultos. Los tumultos esporádicos, nacidos de la frustración y no de la organización, no son particularmente revolucionarios. Si hubieran estado organizados, habría sido una insurrección, que es otra cosa. Entonces, ¿cómo se organizan los anarquistas? Los individuos se unen a grupos anarquistas para coordinar sus acciones con otros, no para que les digan lo que tienen que hacer. El grupo al completo discute una acción particular, pero sólo aquellos que estén a favor la llevarán a cabo. Esto contrasta por completo con los grupos trostkistas en los que el individuo tiene que aceptar la línea de su partido. La discusión en un tema importante, o en una acción común, simplemente significa la aparición probable de un nuevo colectivo. En cada país existen federaciones de colectivos libertarios, que de esta forma permanecen coordinados (por supuesto, de forma no-autoritaria). Este modelo de organización ya se ha generalizado en otras corrientes de la actividad política, como por ejemplo, en grupos de mujeres y en algunas asociaciones de vecinos. Si el anarquismo crece, esperamos que aumente esta forma de organización. Grupos de personas en una calle o en un lugar de trabajo pueden organizarse así para tomar decisiones que les incumben. Pueden mandar delegados a encuentros a mayor escala, pero siempre instruyéndoles en lo que tienen que decir, haciendo el cargo rotatorio y revocándolos si alguno intentaba autoinstituirse en líder. ¿Una idea utópica? Ya funciona en muchos grupos, a pequeña escala. ¿Qué es lo que parece tan difícil? Todo lo que necesitamos es una revolución total en la conciencia cotidiana. De esta forma, un sistema anti-autoritario de organizar todos los aspectos de nuestra vida desde la cuna a la tumba podría surgir. Sería un tipo federalista de sociedad anarquista. El anarquismo encuentra vital educar a la gente para una nueva sociedad. Algunos incluso dirían que es todo lo que razonablemente podemos hacer. Intentar hacerla revolución con una minoría muy pequeña no tiene sentido, e incluso con las mejores intenciones sólo podría conducir a una nueva esclavitud. Una verdadera revolución sólo puede hacerse si una gran mayoría la quiere y participa activamente en la creación de un mundo nuevo. Por supuesto, tendríamos muchas más oportunidades si la ente se hubiera organizado previamente, y hubiera reflexionado sobre los consiguientes problemas y cuestiones. Lo cual significa que una de nuestras prioridades es la difusión de nuestras ideas. Sin embargo, es mejor evitar presionar a la gente con sermones. No queremos meros seguidores. Otro peligro incluso peor es que hagamos de nuestras vidas un dogma. Finalmente, no queremos predicar, sino hablar con la gente. Este último punto es importante. Probablemente, el síntoma más claro de la degeneración de la sociedad moderna es que la comunicación cada vez se hace más impersonal, más estandarizada y más subjetiva. La comunicación se ha convertido en un artículo adquirible, "sonidos" que se compran en cintas de plástico. Todos los medios de comunicación modernos tienen 2 cosas en común: tienes que pagar por ellos y no hay forma de participar en ellos, o miras, o escuchas, no se te pide nada más. Nuestra creencia en la libertad nos lleva a exigir libertad de expresión y libertad de prensa. Esto podrá sonar raro, como si se tratara de una manifestación de los liberales del s. XIX. Ahora los liberales parecen bastante satisfechos de haber conseguido estas preciadas libertades. Lo que quieren decir es que ellos tienen esas libertades, los comunes mortales, y menos los "extremistas peligrosos" como nosotros, no las tenemos. Podemos decir (casi) todo lo que queramos, pero no en horas de máxima audiencia; podemos escribir lo que queramos, pero ¿se publicará en la prensa oficial? A menos que tengamos una verdadera oportunidad de que nos escuchen, la libertad de expresión poco significa, y no les preocupa concedérnosla. Hay quien dice que el golpe de estado de Tejero fracasó porque los guardias civiles tenían un concepto trasnochado del poder político y, por consiguiente, tomaron el parlamento. Para la próxima vez ya lo saben: lo que hay que tomar son las emisoras de radio. Los periodistas, los impresores, los escritores, técnicos y actores quizá deban jugar un papel muy importante en la lucha por una nueva sociedad. Está en sus manos decir la verdad. Deberían estar tan avergonzados de la bazofia que, obedientemente, siguen produciendo, que a estas alturas ya tendrían que haber dimitido. Es urgente que la industria de la comunicación se ponga al servicio de la agitación política, y que los trabajadores controlen los contenidos de la emisión. Debido a que los medios de comunicación están tan controlados por una oligarquía que sabe muy bien de la importancia de su poder, hay pocas probabilidades d que podamos difundir nuestras ideas a través de los medios establecidos. Necesitamos encontrar alguna otra forma de difundir nuestras ideas hasta que llegue el momento de que podamos apoderarnos de los medios de comunicación. Nos han empujado a los límites de lo social. Nos vemos obligados a crear nuestros propios medios para expresarnos. Naturalmente, todo ello a pequeña escala, por eso alcanzamos a un grupo reducido de gente con cada panfleto, revista, etc. Esperamos que cada pequeña acción se vaya sumando. Después de todo, mil panfletos no son un desperdicio si logran convencer a un sólo nuevo anarquista. Difundir la idea es importante, se ha intentado en muchas ocasiones y de muchas formas distintas. He aquí varios métodos utilizados por los anarquistas para comunicar sus ideas: La palabra impresa El movimiento anarquista ha producido una gran cantidad de artículos, revistas, periódicos, libros y panfletos a lo largo de su historia, algunos con una tirada excepcional. Muchos fueron leídos sólo por unos pocos y han caído en el olvido para siempre. El esfuerzo ha sido una pérdida de tiempo. Cada vez necesitamos material anarquista en mayor cantidad y mejor escrito. Aquellos que están receptivos deben poder tener posibilidades de información a su alcance. Las octavillas, a menudo pasadas rápidamente a multicopista para una acción concreta, son la posibilidad más barata y la más sencilla. El estilo debe ser sencillo y directo. Ilustraciones, incluídas las fotografías pueden hacerse a cliché con un coste ligeramente superior. Los panfletos baratos sobre temas concretos siempre pueden tenerse a mano cuando surja una conversación sobre el tema. Este, por ejemplo, esta diseñado para todos aquellos que insisten en las típicas preguntas sobre la viabilidad de la sociedad anarquista como "¿y qué pasaría con los asesinos?" Las revistas y periódicos pueden ser de dos tipos: aquellos dirigidos o de interés sólo para los anarquistas, y aquellos que apuntan a una multitud no comprometida. Parece que ha muchas publicaciones para anarquistas convencidos, pero muy pocas con el fin de agitar a las conciencias dormidas. Hay unas cuantas publicaciones anarquistas de gran calidad: además, muchos anarquistas trabajan en publicaciones locales sobre temas que conciernen a la comunidad. La publicación de libros y su distribución son también una parte importante del movimiento. Puedes encargar libros anarquistas en tu biblioteca local. También quedan muchos libros por escribir. Necesitamos más trabajos sobre teoría anarquista, más análisis de la sociedad actual y de las estrategias adecuadas, para variar. La ficción o la poesía también entran en la esfera de acción. Escribir un libro no es algo tan imposible como parece al principio. Muchos escritores son perfectos idiotas, de hecho. Teatro callejero. Este medio de comunicación no ha sido lo suficientemente explotado por los anarquistas. Escribir y ensayar obras puede llevar ala formación de un colectivo. El procedimiento legal es solicitar un "permiso de planificación" (Aseguraos de poneros un nombre inofensivo). Por otra parte, el "Ejército de Santa Claus" que invadía los departamentos de juguetes en los grandes almacenes de Amsterdam y repartía juguetes a los niños también estaban haciendo teatro callejero, aunque de una forma menos legal. Algún tipo de actuación semi-teatral que lleve a la gente a reflexionar es una buena alternativa a las manifas de siempre. Encuentros públicos Hubo una época en que los encuentros anarquistas llamaban a 30 o 40mil personas. Los encuentros públicos han declinado a favor de los entretenimientos de masas. Cincuenta personas es un buen número hoy día. Elegid un tema, seleccionad portavoces, alquilad un local y haced publicidad. Puede suponer mucho esfuerzo pero a veces aparecen nuevos miembros o al menos suscita interés. La gente os tomará más en serio. Medios de comunicación alternativos Este título tan vago quiere cubrir medios de comunicación heterodoxos desde las chapas y las pintadas a spray hasta los vídeos. Pequeños mensajes dirigidos a la difusión pueden escribirse en puertas de wáteres o escribirse a spray en las paredes de la autopista. El vídeo no es muy caro, ni es muy difícil conseguir cámaras alquiladas. También cabe la posibilidad de las emisoras de radio piratas, y no hay porqué prescindir de la danza o el mimo u otras ideas para transmitir un mensaje. Usa tu imaginación. Aunque estamos excluídos del mercado de medios de comunicación para las masas, hay otras formas de transmitir nuestras ideas. Finalmente, la forma en que una idea se comunica es casi tan importante como la idea en sí. Si permite o promueve la participación de la gente para que ésta deje de ser una simple audiencia y pueda expresarse por sí misma, es un desafío directo al sistema de poder que necesita mantenernos dóciles. Música La música rebelde o revolucionaria tiene una historia mucho más antigua que la que los modernos jóvenes de hoy o los caducos hippies de ayer puedan imaginar. Créase o no, muchas óperas giran en torno a temas revolucionarios. En el s. XVIII, en la década de los 30, la posesión de un instrumento musical en Inglaterra estaba prohibida para los estamentos sociales más bajos, ya que los músicos errantes eran verdaderos agitadores del descontento social. Muchos anarquistas eligen la música como medio de comunicación con la gente. Es una forma de actividad útil para los anarquistas, y además es divertida. Por desgracia, mucha de la actual música anarquista, ni es anarquista ni es música, pero hay alguna buena, y alguna incluso muy buena. Cuestión de gustos. La música tiene la fuerza de apelar a las emociones directamente. Es posible comunicarse de una forma más básica. También se puede utilizar para hipnotizar y manipular a la gente, cosa que espero que evitemos hacer. Por tanto, lo que necesitamos hacer es que la música llegue a la gente, animarles a intentarlo y a sacar a relucir su creatividad. Las posibilidades de la grabación casera son muy interesantes. Necesitamos crear una música alternativa que desafíe a la industria musical Que aúllen cuando se enteren de que sus cintas se están grabando ilegalmente. Les hemos puesto las cosas fáciles demasiado tiempo. El arte Los cuadros expuestos en las pinacotecas han sido descritos como arte de museo; eso quiere decir que son objetos para ser admirados, comprados y vendidos. Separan el arte de la vida y de la gente. El arte como un artículo en venta es lo mejor que este sistema puede ofrecer. El arte como actividad no podría ni entenderse ni permitirse. Hay una necesidad imperiosa de que la gente corriente libere sus capacidades creativas. Al menos esto se puede intentar poner en práctica cuando hablamos con la gente. Se pueden encontrar formas de trabajar para el movimiento y divertirse al mismo tiempo. A través de la creatividad podemos llegar a partes ocultas de la gente que otras ideas no alcanzarían. Difundir la idea, es decir, hacer "propaganda", ha de ser uno de los objetivos primordiales de la estrategia anarquista. Por encima de todo, una revolución anarquista requiere que la gente sepa lo que hace y porqué lo hace. Nadie puede ser obligado a ser libre: o se elige y se toma, o no es verdadera libertad. Nuestra labor es más dura que la de los testigos de Jehová que van de puerta en puerta. No basta con que digamos a la gente lo que tiene que pensar: o piensan por sí mismos, o no son verdaderos anarquistas. La escuela y la educación Aunque desconfiamos en principio de la institución escolar, los anarquistas tiene gran fe en el poder de la educación. Una de las mayores fuentes de esperanza para u mundo mejor es que la próxima generación, con la ayuda necesaria, crezca menos neurótica que la anterior. Algunos dicen incluso que educar a los niños para la libertad es la única esperanza real de crear una sociedad anarquista. Las escuelas se ocupan principalmente de seleccionar y dividir a los niños en niveles para su futuro papel en una sociedad jerarquizada, y asegurarse de que internalizan la competitividad, la jerarquía y el respeto a la autoridad. Este sistema exige que la mayoría de los niños, y de los adultos, se sientan inferiores. Los anarquistas pensamos que las pruebas académicas son una medida insignificante respecto al potencial de una persona para jugar un papel importante en la sociedad. El culto al experto profesional está diseñado para destruir nuestra auto-estima en nuestras posibilidades y en nuestra capacidad de juicio. Los anarquistas nos oponemos al castigo corporal y a todas las formas de obligación en la educación. La asistencia a clase debería ser voluntaria. La obligatoriedad destruye el entusiasmo natural por saber y comprender. La verdadera educación es lo contrario a la escuela obligatoria, donde se aprende principalmente a temer y respetar la autoridad. Necesitamos, en cambio, que nuestros hijos desarrollen una capacidad crítica para entender el mundo, para ver los cambios que es necesario hacer para crear un lugar mejor para todos, y ser capaces de llevar a cabo estos cambios. Los anarquistas nos oponemos al adoctrinamiento religioso en los colegios. El miedo y la superstición no tienen lugar en una educación ética. La educación religiosa debería abolirse y sustitiurse por una clase enfocada a discutir cuestiones morales y filosóficas basadas en la preocupación y el respeto a los demás. Es una locura pensar que la educación actual sólo consiste en pasar 1 años o más de nuestras vidas en colegios que nada tienen que ver con el mundo exterior. Sería mucho más saludable para nuestra educación que ésta integrara aspectos del trabajo cotidiano y la vida social. Así, las habilidades de cada uno podrían ser reconocidas por la sociedad y utilizadas para la educación de otros. Necesitamos destruir las líneas divisorias entre trabajo, juego y educación. La educación debería estar disponible en cualquier momento de nuestras vidas, en lugar de estar confinada arbitrariamente a esa parte de la vida que pasamos en la escuela. Todos somos alumnos y profesores potenciales, todos tenemos habilidades que desarrollar y que enseñar durante toda nuestra vida. Los anarquistas estamos generalmente de acuerdo en que la completa liberación de la educación depende de la creación de una sociedad anarquista. Sin embargo, esto no ha sido impedimento para intentar crear entornos más libres donde los niños puedan crecer y aprender, aquí y ahora. Algunos anarquistas han educado a sus hijos en casa. Otros los han educado conjuntamente con otros padres e hijos. Han trabajado juntos en lugar de permanecer en núcleos familiares aislados. En las últimas 3 décadas varias escuelas libres se han establecido basándose en principios libertarios, y han desempeñado un servicio muy valioso demostrando de forma práctica que hay alternativas posibles. Sin embargo, han tenido que enfrentarse a constantes problemas económicos y a todos los otros problemas que supone vivir en una sociedad como la nuestra intentando crear una sociedad libre. Algunos anarquistas y otros que comparten sus puntos de vista sobre la educación han llegado a la conclusión de que en un futuro predecible, la mayoría de los niños asistirán a escuelas estatales y, por tanto, han intentado cambiar estas escuelas desde dentro, así como a los padres y profesores. Aunque hacia los años 60 la institución escolar había aceptado los métodos libertarios en la escuela británica de A. S. Neill's Summerhill, se trataba de una escuela privada a la que sólo tenían acceso niños de padres ricos, que se horrorizaron al ver que métodos similares se estaban adoptando en escuelas públicas para niños de clase obrera. Los intentos más fructíferos se dieron en la Risinghill School y en William Tyndale School de Londres, pero fueron abortados por la autoridad educativa local y los profesores fueron expulsados. La lección a extraer para aquellos que vuelvan a intentarlo en el futuro es que es esencial romper el aislamiento al que se somete alas escuelas respecto a la comunidad, para que los padres entiendan y apoyen activamente la implantación de la pedagogía libertaria en los colegios Conclusión Para una consideración más detallada de la teoría anarquista, hemos incluído una bibliografía, hemos hecho listas de áreas de actividades y subrayado la corriente anarquista. No hemos intentado indicar que tipo de actividad conducirá más probablemente a un futuro antiautoritario. Este tipo de juicio requiere una consideración más detallada de la naturaleza de la sociedad en cuestión y de una estrategia revolucionaria. Esperamos que tú sacarás tus propias conclusiones. Los anarquistas siempre crean su propia opinión. Si estás interesado, lee más, habla con los anarquistas de tu localidad, reflexiona sobre las ideas. Hay mucho que hacer. ¿Se te ocurre alguna buena excusa para no ser anarquista? Bueno, pues entonces, ¡adelante! Further Reading Introductions To Anarchism ABC OF ANARCHISM, Alexander Berkman, Freedom Press, L2.00 ANARCHISM AND ANARCHIST-COMMUNISM, Peter Kropotkin, Freedom Press, L 1.25 ANAKCHIST READER, THE, George Woodcock, Fontana, L2.95 ANARCHY, Malatesta, Freedom Press, Ll.00 ANARCHY IN ACTION, Colin Ward, Freedom Press, L2.50 FLOODGATES OF ANARCHY, Stuart Christie and Albert Meltzer, Kahn & Averill, L3.25 Classics Of Anarchism Bakunin: CRITIQUE OF STATE SOCIALISM, A, B Books, L1.50 (comic strip version) GOD AND THE STATE, B Books, 80p PARIS COMMUNE AND THE IDEA OF THE STATE, THE, B Books, 30p Godwin: ANARCHIST WRITINGS OF WILLIAM GODWIN, Freedom Press, L3.50 ENQUIRY CONCERNING POLITICAL JUSTICE, AN, Penguin Kropotkin: CONQUEST OF BREAD, THE, Elephant Editions, L3.60 FIELDS, FACTORIES AND WORKSHOPS TOMORROW, Freedom Press, L3.50 GREAT FRENCH REVOLUTION, THE, VOLS I & 2, Elephant Editions, each L3.95 MUTUAL AID, Freedom Press, L3.50 STATE, THE, Freedom Press, Ll .75 See also books by Proudhon, Malatesta, Goldman and Berkman Anarchist `-isms' Anarcha-feminism: QUIET RUMOURS, various authors, Dark Star/Rebel Press, Ll.80 UNTYING THE KNOT, Freeman and Levine, Dark Star/Rebel Press, 60p WOMEN IN THE SPANISH REVOLUTION, Solidarity, 60p Anarcho-syndicalism: ANARCHO-SYNDICALISM, Rudolf Rocker, Phoenix Press, L2.50 Anti-militarism/self-defence: PROTEST WITHOUT ILLUSIONS, Vernon Richards, Freedom Press, L2.50 STRANGE VICTORIES, Elephant Editions, L 1.95 TOWARDS A CITIZENS' MILITIA, Cienfuegos Press, L 1.50 Federalism: KROPOTKIN'S FEDERALIST IDEAS, B Books, 25p Individualism: EGO AND ITS OWN, THE, Max Stirner, Rebel Press, L4.50 Mutualism: See the writings of P-J Proud hon Situationism: AND YET IT MOVES, Boy Igor, Zamisdat, L3.00 (critique of science) BOOK OF PLEASURES, Raoul Vaneigem, Pending Press, L4.95 ON THE POVERTY OF STUDENT LIFE, Rebel Press, 75p PARIS: MAY `68, Dark Star/Rebel Press, L1.50 REVOLUTION OF EVERYDAY LIFE, Raoul Vaneigem, to be reprinted in 1988 SOCIETY OF THE SPECTACLE, THE, Guy Debord, L3.50 See also the SpectacularTimes pocketbooks (six titles in print priced 50p to L1.00) Anarchist Issues Animal Liberation: AGAINST ALL ODDS, Arc Print, L 1.95 KILL OR CURE?, Arc Print, L2.25 UP AGAINST THE LAW, Arc Print, L 1.50 Ecology: POST-SCARCITY ANARCHISM, Murray Bookchin EARTH FIRST READER, THE, ed. Dave Foreman Education: LIB ED, quarterly magazine, 50p RAVEN, THE, VOL 2, L2.50 (article on Walden School) SUMMERHILL, AS Neill, Pelican, L4.95 Housing: HOUSING: AN ANARCHIST APPROACH, Colin Ward, Freedom Press, L2.25 IDEAL HOME, Hooligan Press, L2.40 SQUATTING IN WEST BERLIN, Hooligan Press, L2.00 Abuses of the Media: MANUFACTURING CONSENT, Noam Chomsky `Illegal' actions: RADIO IS MY BOMB, Hooligan Press, L2.40 (DIY guide to pirate radio) WITHOUT A TRACE, L2.00 (about `getting away with it') ECODEFENSE (a field guide to monkeywrenching), ed. Dave Foreman Riots/insurrection: FROM RIOTS TO INSURRECTION, Alfredo M Bonnano, Elephant Editions, L 1.00 LIKE A SUMMER WITH A THOUSAND JULYS, BM Blob, Ll.50 Anarchist History Britain: SLOW BURNING FUSE, THE, John Quail Russian Revolution: GUILLOTINE AT WORK, Maximoff, Cienfuegos Press, L6.00 INTRO TO MY DISILLUSIONMENT IN RUSSIA, Emma Goldman, Phoenix Press, 20p RUSSIAN TRAGEDY, THE, Alexander Berkman, Phoenix Press, L2.50 Spanish Revolution: BARCELONA MAY DAYS 1937, various authors, Freedom Press, L2.50 COLLECTIVES IN THE SPANISH REVOLUTION, Gaston Leval, Freedom Press, L6.00 LESSONS OF THE SPANISH REVOLUTION, Vernon Richards, Freedom Press, L2.95 Revolutionaries/Rebels: ANARCHISM AND VIOLENCE, Osvaldo Bayer, Elephant Editions (about Severino de Giovanni) ANGRY BRIGADE 1967484, THE, Elephant Editions,Ll.20 BONNOT GANG, THE, Richard Parry, Rebel Press, L4.95 BLACK FLAG, THE, Jackson, RKP, L3.00 (h/b)(about Sacco and Vanzetti) HAYMARKET SPEECHES, THE, Voltairine de Cleyre, Cienfuegos Press, L2.40 (as above) MALATESTA: HIS LIFE AND IDEAS, Vernon Richards, Freedom Press, L3.00 RED VIRGIN, THE, University of Alabama Press, L6.00 (memoirs of Louise Michel) SABATE: GUERILLA EXTRAORDINARY, Tellez, Elephant Editions, L2.95 Anarchist Fiction FREE, THE, M Gilliland, Hooligan Press, L 1.80 FROM BENEATH THE KEYBOARD, Hooligan Press, L2.00 (short stories/poetry) MONKEY WRENCH GANG, THE, Edward Abbey HAYDUKE LIVES, Edward Abbey See also writings of the mysterious B Traven (author of THE TREASURE OF THE SIERRA MADRE) Anarchist Fiction: Sci-Fi DISPOSSESSED, THE, Ursula K leGuin, Granada LaNAGUE CHRONICLES, THE, F. Paul Wilson UNGOVERNED, THE, (appears in _True Names and Other Dangers_), Vernor Vinge CONQUEST BY DEFAULT, (appears in _Threats and Other Promises_), Vernor Vinge ILLUMINATUS TRILOGY, THE, Robert Shea and Robert Anton Wilson, Sphere, L2.95 See also other libertarian influenced SF writers, e.g. Michael Moorcock, Doris Lessing, Marge Piercy, Kate Wilhelm, The books listed are available from alternative bookshops. Most can also be obtained from A Distribution, 84b Whitechapel High Street, London E1 7QX or from Housmans, 5 Caledonian Road, London N1 9DX.

60
0
B
Borges y el tango
InfoporAnónimoFecha desconocida

De Borges y el tango (Ensayo sobre dos que bailan la realidad y la irrealidad). Por: José Guillermo Anjel R. Dedico esta conferencia Benjamín Schneid, hombre de Belgrano que lee señales invisibles. Para vos, ché. Intróito. No sé qué tenga el tango. Quizás sea una mujer que baila en las venas del hombre que la piensa y, mientras danza, lo tienta hasta la locura o el odio. Esta mujer, que se hace con las notas del bandoneón, para asombro de golondrinas y aves que llegan por ese mar amplio que se involucra en el río y se hace costanera delante de Buenos Aires, sonríe y llora al mismo tiempo. En términos de Borges, sería una mujer que se mira en el espejo dominado por el tigre. O que son los ojos del tigre. El tango y Borges nacen por el mismo tiempo. Y se hacen de Buenos aires. Y cuando el bandoneón deja de asistir difuntos y mejor se integra a historias de hombres y mujeres vivos, de acción en ciudad y laberintos, Borges también inicia su baile de las letras. Los dos, música de tango y literatura de Borges, tienen el encanto del sonido y las palabras. Y el de la memoria y la imaginación. Van juntos los dos, como dos que se quieren y se desquieren, todo depende de la hora. Y de los inmigrantes que entren en esas músicas del bandoneón y de las palabras escritas. Del tango se ha dicho que es canción de cuchillos y de lupanar. Que nació en el crimen y en el sexo que se compra. De Borges yo diría lo mismo, su literatura nació cuchillera y lujanera. Luego se vistió de inmigración decente. Y al final, el tango acabó haciendo lo mismo. Uno en el otro, los dos siguiéndose, amparándose, Borges habitando el no tiempo y el tango habitado en ese mismo lugar. Que el tango es eso, un no lugar, un no tiempo, esto que en física llaman reposo o intervalo, para justificar el movimiento. Evaristo Carriego y Palermo. En un texto sobre los espíritus del tango y los suburbios, que luego se hizo un arrepentimiento para Borges, eso fue lo que dijo (o le inventaron) y a lo mejor fue una burla, le gustaba la burla al Borges, el escritor asimila una ciudad iniciada que se canta en los versos de Carriego, que habla de la formación de las sombras y de la construcción de los silencios. También de los desaciertos, los odios y las palabras que no alcanzan para otra cosa que delirios y desmesuras. Y para sentir al Buenos Aires que crece y se hace en la inmigración. Carriego le canta a los compadritos y a los bulines, a los boliches y a la calle. Y a un Palermo quilombero, lugar de agravios y de inicios de batalla. En ese Palermo, que hoy es un espacio verde que se toca con el mar, Borges sueña y legitima al abuelo guerrero. Palermo en Borges no es una extensión de la pampa sino un campo inglés, sincrético, donde las historias del criollo y el gringo se funden. Y donde habitan sus tigres, que por esos pagos estaban las fieras. Los espacios de Palermo, cantados por Carriego e imaginados por Borges para hacer de esos campos un lugar de lo mítico y lo cuchillero, se hacen posibles en la milonga, el malevaje y la putada. Allí, en ese Palermo, los criollos se matan a punta de versos de guitarra y olor a mujer dispuesta. Y los gringos, casi todos calabreses, mantienen vivo el rencor y la cuchillada tardía y traicionera. Letras milongueras las que escribe Borges rememorando a Palermo, y viviéndolo en la imaginación y la memoria cuajada de nativos y extranjeros que se relegan la cuchillada como en una carrera de postas. Y que cuando no hay quilombo, se funden en sus amplitudes y estrecheces. Caserones amplios y frescos, para los criollos: casas estrechas y sucias las de los gringos. Los primeros con la poesía limpia en la boca, los segundos con los versos sucios de la pobreza. Y en los dos, la tristeza y los rencores, los amores a medias y las visiones de lo imposible. Palermo es campo mítico, donde lo bueno y lo malo no existen, como en las tesis de Spinoza, sino que se vive por lo que venga, sin que D-s medie para nada. Es la guitarra y el facón, la voz que se alarga y el puñal fino. Y las mujeres que esperan la danza y el crimen por amor. Danza entre hombres, danza de machos que cortejan como gallos, que se lucen en las fintas y los firuletes, en el taconeo y el brillo de las espuelas. Se baila el sentimiento, el deseo, la muerte que se cuaja en el aire y en las miradas. Es como si de esas guitarras salieran diablos para revolver las sangres. Es que los días de ese Palermo de Borges y Carriego son los del caos inicial, los de la formación del mundo donde los opuestos se enfrentan y de dos verdades brota la tercera, que es como se crea el camino de la esperanza y el de las palomas al cielo. Y el del brillo de los cuchillos, capaces de desollar un toro o a quien se cree el toro. Con Carriego y los versos de lo acontecido en la realidad y la irrealidad, afloran los sentimientos cuchilleros de Borges, las penumbras apenas iluminadas por la hoja de metal puntudo, las manos que a más de domar potros y enfrentar vientos duros, buscan también la sangre del otro. Es que en la sangre se fundan las ciudades y la primera piedra, antes que el inicio de una casa, es una lápida o un mojón con una bendición encima. En ese Palermo de Carriego y los asombros de Borges, Buenos Aires se hace desde el Norte dejando el Maldonado que se ha hecho en las fronteras de las peleas y las guitarras. Ese Maldonado milonguero, de mataderos y gente de cuchillos cortos (que los largos eran de gente sin clase), que se extendió por manzanas enteras haciendo correr historias prostibularias y de guapos que morían sin soltar prenda, de malevos a caballo y luciendo chambergos propicios para lucir en el lance y en caso de ser difuntos, también es barrio decente, donde la moral apenas tocada se convierte en deshonra. De todo sucede allí en esos inicios de Buenos Aires. Y los opuestos, como pasa con la letra álef, son la creación que ya no se detiene. De una muerte barrial nace la ciudad. De un barrio que se olvida y del que no queda más que una memoria fabularia, aparece la Buenos Aires de un Borges que trajina por el no- tiempo, única medida de la eternidad y lo borgiano. "Porque Buenos Aires es hondo, y nunca, en la desilusión o el penar, me abandoné a sus calles sin recibir el inesperado consuelo, ya de sentir irrealidad, ya de guitarras desde el fondo de un patio, ya de roce de vidas", escribe cuando concluye su capítulo sobre Palermo, que a mi me parece que es el alma del tango y de la milonga, la del amor y de la muerte, la de la nostalgia y el honor partido en dos por un cuchillo o la traición de una mujer. También por la cobardía de uno que mató desde la sombra y así se hinchó de miedo hasta reventar. En ese Palermo, donde los tangos y las milongas hacen parte de los ambientes de luz y de sombra, de cuchillos y de percales, de dones y de don nadies, de guapos que vienen a acuchillarse y de mujeres que se juegan las ilusiones y los pesares, Borges escribe sus relatos más tangueros. El hombre de la Esquina Rosada y El Sur. Y la prosa El Puñal. En el primero, donde el crimen pasional es la línea, y todo por una mina de todos, por una jermú del más guapo, ganada con baile y billetes, el tango y la milonga están presentes en un segundo espacio. Sin esa presencia musical, el relato se habría quedado sin ambiente propicio y Francisco Real hubiera sido una sombra: " y luego la abrazó como para siempre y le gritó a los musicantes que le metieran tango y milonga, y a los demás de la diversión, que bailáramos. La milonga corrió como un incendio de punta a punta. Real bailaba muy grave, pero sin ninguna luz, ya pudiéndola. Llegaron a la puerta y gritó: -¡Vayan abriendo cancha, señores, que la llevo dormida!-. Dijo, y salieron sien con sien, como en la marejada del tango, como si los perdiera el tango". Luego, ya se sabe, al Francisco Real, le llega la muerte y de la boca le sale: "tápenme la cara". Y acota el Borges: "Sólo le quedaba el orgullo y no iba a consentir que le curiosearan los visajes de la agonía". Y del asesino anota su reflexión: "en cuanto lo supe muerto y sin habla, le perdí el odio". Y concluye diciendo del arma homicida: "Borges, volví a sacar el cuchillo corto y filoso, que yo sabía cargar aquí, en el chaleco, junto al sobaco izquierdo, y le pegué otra revisada despacio, y estaba como nuevo, inocente, y no quedaba ni un rastrito de sangre". En este punto, leo en Borges la síntesis del tango duro, del apache, de ese que refiere las historias de los malevos y los desamparados. De ese tango y esa milonga donde todo se asume con honores y de frente, para que se sepa que hay dignidad. Y que el cuchillo nada tiene que ver cuando no se está a amando con la mano. Esta historia ha sido musicalizada por Piazzolla, para que la música asuma la calidad de testigo y de memoria, para que se baile el cuento, para que se sienta y se maldiga o se bendiga, no lo sé muy bien, que en la historia imaginada de Buenos Aires todo es posible. Igual que en la Lujanera y Rosendo Juárez. Lo mismo que en el tango y la milonga, en el candombe y el valsesito criollo, músicas a las que hay que perderles el temor porque habitan en nosotros desde el séptimo día, horas en que se criaron los miedos. En El Sur, la historia es la de un miedo y una fascinación. Y un alter ego de Borges que asume una historia de tango y de los inicios en la locura y el aburrimiento. En este cuento donde el gringo y el criollo son uno y por eso aman los libros y los cuchillos, las realidades y las irrealidades, los delirios y los terrores, Juan Dahlmann va en busca de la sensación de muerte. "-Vamos saliendo-, dijo el otro. Salieron y, si en Dahlmann no había esperanza, tampoco había temor. Sintió que al atravesar el umbral, que morir en una pelea a cuchillo, a cielo abierto y acometiendo, hubiera sido una liberación para él, una felicidad y una fiesta...". Luego es Dahlmann que empuña el puñal que no sabe manejar, la daga que misteriosamente apareció a sus pies, que alguno tiró para que no hubieran injusticias, y sale para que la llanura le vea la muerte, para que el Sur lo inicie en la memoria y alguien le cante el lance. Lo demás, más allá, es Buenos Aires que se lee la suerte en las líneas de la mano de una grela que no admite que se está quedando sin carnes. En el Puñal, todo lo tanguero bravo y lo milonguero, está definido en dos renglones que concluyen una historia corta sobre un cuchillo que habita un cajón: "A veces me da lástima. Tanta dureza, tanta fe, tan impasible o inocente soberbia, y los años pasan, inútiles". Así ve a ese cuchillo creado para matar, como un agazapado en el olvido, pero con memoria para cuando lo aferren con los dedos. Un cuchillo que es el de Palermo y la guitarra, que lleva a sueños atroces y a horizontes brillosos de amores rojos, ya de pasión, ya de sangre, como pasa en La Intrusa y en la muerte de los dos hermanos, como pasa en las milongas que escribió Borges haciendo la lectura de Evaristo Carriego y del Buenos Aires pulpero y de calles empedradas, cuajado de sueños y de dolores, de inmigrantes y de criollos listos a sacarse la vida de las venas. Esa ciudad inicial, es de tango y de milonga, es de burla y de miedo, es una emboscada, una tocaia grande como diría Jorge Amado, que es hombre de candombes. Y de delirios propicios a la escritura. Borges y el tango que no vemos. El tango es de lupanar, pero también de gran salón. Es de cuento entre putas, pero igual lo comentan matemáticos y filósofos con la carne viva. El tango es la ciudad que registra en las voces de la calle sus peores memorias. Y las más bellas, para que los sueños sigan vivos. Es la bella Emma Zuns, mujer que acciona la pistola para vengar a su padre y la deshonra a la que la han sometido los ojos de un cerdo con gafas. El tango son los días duros de la Historia Universal de la Infamia y de las Ficciones, donde se lucen los cadáveres al viento y a los peatones, ya los de Billy the Kid y la viuda China, ya los de esos desconocidos que habitan bibliotecas circulares y ecuaciones infinitas. El tango, decía, es danza de lugares contrarios, es caminos que se bifurcan, que el uno se baila con furia en Boedo y el otro con champán en Paris. E igual es Borges, que en su literatura asumió lo de arriba y lo de abajo, asumiendo en ambos espacios la similitud, como los cabalistas, que es lo mismo lo que está arriba que lo que está bajo. Y del jardín que se mira, se ven las estrellas, como defendía Giordano Bruno, el hereje. Para algunos intelectuales, Borges se desacredita en el tango. Y lo alejan de este lugar de bandoneón y cantor, para situarlo en el laberinto de lo nórdico y lo ginebrino, de lo arcaico en el cielo y lo miliunanochezco. Esta ubicación (o desubicación), nace del desprecio por el pecado cometido con dignidad, por el miedo al placer comprado y la ira sangrienta que se cuece en los traicionados. Entonces, desde el eurocentrismo, Borges carece de tango y de milonga y más que un conocedor de la ciudad en sus inicios es un cadáver momificado y acético a toda desmesura. Pero, para ira de los que defienden esto, Borges se mantiene inmerso en el tango. Y desde él construye la eternidad apoyado en sus tigres y sus espejos, que el tigre es el guapo elegante y ágil que mantiene la muerte a mano. Y los espejos, esto que somos aunque lo disfracemos. En ese tango que no vemos, que suena y se toma las azoteas de Buenos Aires, que lee las estaciones desde el bandoneón de Piazzolla y las desgracias desde la pésima orquesta de Malingo, veo al Borges de la Memoria. Y al de la imaginación, que es como la danza, donde todo depende de los firuletes y los quiebres de mirada. Colángelo habita Borges y lo habita la orquesta de Daniel Baremboin. Y lo habitó Yehudi Menuhin con su violín tanguero, más agresivo que el de Gidon Kramer porque asumió esta música desde el fondo. No tuvo Menuhin ascos para que las cuerdas de su violín interpretaran una milonga y un tango apache, canciones que le rememoraron sus tiempos de inmigración. Y en el trabajo que realiza con Piazzolla, se nota al Borges de los compadritos y las putas de las pulperías, y también al de la ciudad que se desarrolla entre memorias de lenguas olvidadas y por eso sagradas y demoniacas, como las claves lunfardas de los marinos y las grelas que estiran la noche para que la evidencia no las atrape y las disuelva con la luz del sol. Bajo esta posición herética, la de un Borges en el tango que no vemos pero que leemos, asumo al Borges aventurero y policiaco, al traidor de las memorias de museo y amante de escribir sobre mujeres con tintes criminales, perversas y macabras, meras grelas, que son las de la memoria y esas que representan todas las expulsiones del Paraíso. Personajes como Isidro Parodi, el detective preso que todo lo resuelve desde su celda a través de intuiciones, ya son un tango en sí mismos, que en el tango se magnifica el criminal y en esta magnificación lo convierte en un antihéroe que termina representando la intligencia práctica (la frónesis, según Aristóteles) de un colectivo que delinque y en este acto, el delito, demuestra que está vivo y en movimiento. En la biografía que Borges hace de Evaristo Carriego, ese poeta que descendía de un abuelo que escribió unos papeles olvidados y que murió de tuberculosis o de tisis, hablo de Carriego, el mundo es de tango y de curiosidad. Carriego, habitado por Borges, es el territorio de los compadritos y las milongas que hablan de putas y dagas, de guitarras y casas donde hay una nostalgia de guerra. Y, a la par, de un deseo irredento de tener Buenos Aires de frente pero sin entrarle, esperando a ver quién sale primero al baile. Y, en todos estos poemas que se convierten en Misas Herejes, en el lápiz de Carriego, Borges pone a reinar el cuchillo, ese tango interno que no lo deja, que convierte en espada de saga o en cálamo de sabio musulmán que se niega a terminar la historia. O en la letra álef, que es filuda e indica todos los silencios y todas las aperturas. Borges, en Carriego, asume el tango y la milonga, los amores turbios y las muertes difusas, las incertidumbres y el canto que habla de historias, propicias para el bailongo y para que los negros del Abasto hagan sangrar los dedos que le danzan a las cuerdas de la guitarra. Es que Carriego lo marca, que el tango es baile que no se olvida, que es amplio como la pampa y extenso como el cuerpo de la mujer que se ama con pasión desmedida y notas de bandoneón. Y con los pasos de dos que se cruzan los cuerpos. Borges en el nuevo tango. El tango de Piazzola y el que canta el polaco Goyeneche, el de Colángelo y el que tirita en la voz de la Varela, nombrada Adriana, el que suena bajo las manos maestras de Daniel Barenmboim y el que se entreje en el violín de Menuhin y en el Kremer, conducen inevitablemente a Borges, a lo prostibulario y al mundo de las ideas, a la milonga de Jacinto Chiclana y a la soledad de sus mujeres. Y que el tango es Buenos Aires con sus inmigrantes criollos y gringos, que al inicio fueron italianos y después fueron rusos y polacos, árabes y judíos, todos aportándole letras e instrumentos al tango. Y a la literatura de Borges, que se nutrió del asombro de estas inmigraciones y de las de él mismo por los pagos de Europa. El nuevo tango es música que narra la ciudad y sus fantasmas, sus delirios e ilusiones. Y en esta narración de estaciones y milongas (la milonga es el sitio donde se baila el tango) al son de los violines y el bandoneón, el piano y el contrabajo, asumimos a Borges. Y lo asumimos porque Borges, al igual que el tango, es Buenos Aires. Y sólo desde Buenos Aires puede entenderse ese tango que está en Borges, que gravita en él y sus escritos, en la poesía que describe a Spinoza y la cábala, en el humor y la memoria. En ese tango nuevo que se baila en la plaza Dorrego en San Telmo o que dos muchachos ensayan en la Boca (en la república del riachuelo), en el que silba un judío ortodoxo sin que lo oigan los vecinos mientras se hace el que lee el Talmud, está Borges con sus laberintos, sus tigres y sus espejos. Y con sus burlas, que hacen firuletes y se lucen de esquina a esquina en lo de Hansen, como en los viejos tiempos, en los del farol y el chambergo, en los de la dama de todos y el cuchillo, llámese facón, puñal o rebenque. O Chaira, si está en manos de alguno que corte carnes para el asado. El nuevo tango, ese que se exiló de San Juan y Boedo, dejando atrás a Pugliese y a Canaro, sin la traición del olvido, es el Borges del libro de arena y el informe Brodie, el de Funes el memorioso y la Fundación Mítica de Buenos Aires. Tangos de bibliotecario ciego y de imaginador que navega por las letras de lenguas tan perdidas como las diez tribus de Israel, que se presume que están al otro lado del Sambatión, río misterioso que suena igual a la tecla 36 del fuelle. A Borges lo entiendo en el tango y oyendo tangos lo leo y lo sueño en esa eternidad que carece de tiempo y por eso permite que el baile sin inicio no termine nunca. Y ambos, tango y Borges, me sitúan en el Buenos Aires que no se me va de la memoria y a la que imagino como una mujer bien vestida que toca el timbre de una puerta mientras se pasa una mano por el pelo rubio. A su lado, un babilónico que la mira pecando. A Borges lo asumo dejándose maravillar por la voz de gramófono de Gardel y deseando bailar una milonga, bailándola con el corazón y los dedos sobre la mesa. Era un tímido el Borges y, por eso, un ansiador de tangos y de cuchillos, de guapos y de milongas (milonga también es puta) trenzados al compás del dos por cuatro. De no ser así, no habitó Buenos Aires ni sus noches, tampoco las madrugadas cuando los rezongos de un bandoneón levantan negros montivedeanos y gringos que todavía no están seguros de haber atravesado el mar, tanto es el asombro que brota de la ciudad donde se pierden y añoran. Antes que ciego y delirante, Borges era un sentidor. Y esto pudre a muchos que lo miran desde París y Ginebra, Londres y Madrid. Y que les duelen los tigres y los espejos, espacios donde sólo es posible ver a dos que bailan el tango. Y que se acuchillan para sentirse la sangre y la vida. También en esos espacios del tigre y el espejo, está la dama que mira sin ser tocada y por eso se desvanece mientras bebe un té. Y el sabio perdido que se multiplica y en esta multiplicación se quiere devorar porque sabe que no pierde más que una proyección. No hay que temer a Borges ni al tango. Los dos comenzaron al mismo tiempo y los dos siguen en el tiempo. Y en el tango de la vieja guardia vemos al Borges del abuelo que luchó en Junín y hundió el puñal en el tigre. Y en el nuevo, al Borges que habita el laberinto y la biblioteca eterna de Babel. No hay que temer a Borges ni al tango, los dos están el uno en el otro, amándose y odiándose, bailando entrepiernados, asimilando al fin los caminos que se bifurcan. Escrito en Medellín, oyendo tangos y a María José que llora. ----------------------------------------------------------- El arte literario se desarrolla normalmente en el ámbito bidimensional del papel y solo los verdaderos literatos consiguen trascender a una tercera dimensión tal y como el mensaje oculto, la visualización de la escena, etc. Jorge Luis Borges, nuestro entrañable Borges, es uno de esos elegidos sobre los que se derramó el talento al que él agregó toda su capacidad de trabajo en sus siempre arduos escritos logrando, en cada uno de ellos una particularísima polidimensionalidad que va desde su recreación del idioma hasta el manejo de la ironía para evitar una respuesta enojosa a su modestia. Sírvanos como ejemplo de lo dicho recordar su tan mentada aversión al tango del que solo se permitía rescatar los alegres y retozones de la guardia vieja (Villoldo, Ponzio, Greco, por más que él no los nombrara) y los versos de esa inefable poesía "Fundación mítica de Buenos Aires", en que describe su amor por Buenos Aires. ¿Quién puede amar tanto a esta ciudad si no la conoce a fondo? ¿Y quién puede conocerla a fondo sin advertir que sus adoquines, sus plazas, sus gentes y sus monumentos están empapados de los tangos que la describieron desde los finales del siglo XIX hasta nuestros días? Tratemos entonces de desentrañar ese diáfano misterio que es el Borges que siempre se presta a tantas lecturas como lectores tenga. Y hagámoslo desde uno de sus más perfectos cuentos, aquel del que usurpamos el título para encabezar estas líneas: "Hombre de la esquina rosada". Desde la perspectiva del género policial es todo un alarde literario dejarnos entrever al homicida desde el tercer párrafo "... Arriba de tres veces no lo traté, y esas en una misma noche..." pero ese detalle no nos alcanza para marcar la estatura del escritor: es simple muestra de "oficio". Adrede hemos usado el vocablo "homicida" ya que el autor de la muerte no puede ser considerado "asesino": no tiene rencor, no lo motiva la pasión, simplemente cumple con su deber como verdugo, mata a quien mató a su ídolo. Mata a quién mató sus ilusiones, sus míseras esperanzas de ascenso social y, aunque simultáneamente demostró que podía ocupar el sitial de "guapo" que junto con la vida perdiera su referente, nos enseña que tampoco esa era su intención. Vagamente nos recuerda aquel pasaje de "Silbando" donde se dice que casi anónimamente surge "un quejido y un grito mortal / y brillando entre la sombra / el relumbrón con que un facón / da su tajo fatal". En orden a sus cualidades descriptivas, el escenario en que se desarrolla la acción merece párrafo aparte: una solitaria planicie que merced a la oscuridad nocturna alcanza ribetes espaciales, se extiende a partir del Arroyo Maldonado (hoy Avenida Juan B. Justo) en su cruce con Gaona. Una solitaria y ominosa luz colorada denuncia la verdadera naturaleza del galpón donde se reunieron a milonguear los malandras de las proximidades y las chinas cuarteleras que descansaban los gajes de su oficio en los ranchos circundantes. Acodado en el mostrador Rosendo Juárez, el señor del lugar, el resumen de todos los ideales y esperanzas que son capaces de imaginar aquellas almas, el modelo a imitar, bebe su caña con gesto taciturno; no es el presagio de una muerte que no imagina, es sencillamente el aura que les impide a los otros pedir detalles de sus mentas, y a él lo exime de darlas. No hay alegría en la escena, no puede haberla; hay desesperanza, hay rutina, cualquier risa es grotesca cosa de "puro italianaje mirón", y hasta el baile es ensimismado aunque alerta porque la actitud es competitiva. ¿Dónde está, entonces, la alegría de ese tango picaresco que suena en nuestros oídos mientras leemos? ¿Qué nos sugiere al Borges que nos dice que el buen tango, era el tango sencillo, alegre y querendón y travieso de los inicios? Por la inconmensurable noche-pampa se acerca un coche placero de altas ruedas coloradas. En él, otro conjunto de marionetas que responden a otro titiritero, se acercan al galpón en medio de risotadas alcohólicas y milongas punteadas en las cuerdas de alguna guitarra criolla. Tampoco los trae la perspectiva de una noche de juerga: saben que es una misión letal, si se lo preguntaran dudarían de estar vivos rato después; pero se arraciman detrás de su jefe, único consciente del porqué de la expedición. Ranas, perros y grillos completan la escena en que deberá desenvolverse la tragedia y esta da comienzo cuando Real, el otro, lanza el desafío sin nombrar al destinatario; sabe que el espíritu de cuerpo de los locales se encolumnará detrás del desafiado en cuanto éste se dé por aludido, pero también sabe que esa misma aceptación será la voz de alto que convertirá la sospechable batalla campal en un tango a dos cuchillos que cumplirán su ritual hasta la fatalidad. Y ese es el tango amado por el irónico Borges: no es travieso, no es alegre, es trágico, es letal. ¿Cuantas veces el socarrón maestro nos mostró su admiración por el duelo a cuchillo, con todo el coraje que implica saber la muerte al alcance de la mano? ¿Cuantas veces Nicanor Paredes o Jacinto Chiclana? ¿No es esta una vez más? El cuadro siguiente pareciera demostrar que no: Rosendo Juárez, El Pegador, declina el convite y decide perder todo su patrimonio de una sola vez: su fama, esa que ganó trabajosa o mentirosamente pero que le facilitaba todo, hasta la posesión de esa mujer que ya no es más suya desde que, por orgullo propio, le saca el cuchillo de entre las ropas y lo pone en sus manos, dispuesta a ser una cosa para su hombre siempre que éste sea el mejor ("Vayan abriendo cancha, señores, que la llevo dormida!..." dirá Real en su momento de triunfo, pero antes la Lujanera lo habrá convencido de su sumisión: "Dejalo a ése, que nos hizo creer que era un hombre" ) . El cuchillo, siempre el simbólico cuchillo, vuela a través de una ventana y uno espera la caída del telón pero tres actores continuarán una trama de tono dramático que concluye con Real muerto y profanado en el galpón que, a poco, recuperará el baile para que los picados compases del tango lleven a la autoridad a aceptar la inocencia de la escena. ¿En que tangos acunó Borges este relato? Irrespetuosamente me permito suponer que algunos de estos que imaginaron mis oídos mientras leía "Tres amigos", cuyo relator añora a sus amigos que conformaban el "trío más mentado que pudo haber caminado" y nos agrede desde su añoranza diciéndonos que es imposible reeditar aquellos tiempos. Hay en todo el relato de Borges un trasfondo de ámbito de pertenencia que, extrapolado a sus límites, parece murmurar la palabra "amistad". Y, además, se presiente en el relator la nostalgia por aquel otro tiempo. "Culpas ajenas" donde Ponzio hiciera su descargo, recuerda ese mandato de amistad desde el cual se asumen recatadamente el rol que el amigo dejó vacante, ya sea con cuchillo o con silencio. "El Tigre Millán", en la descripción de Francisco Real, el Corralero, morocho, alto, fornido, seguro de sí mismo. "Como abrazado a un rencor": Real, al pedir que le ahorren la vergüenza de expirar ante la vista de los demás, está repitiendo el verso "...no ando en busca de un consuelo ni ando en busca de un perdón, no pretendo sacramentos ni palabras funebreras, me le entrego mansamente como me entregué al botón...". Pero en ninguno de ellos puedo advertir visos de alegría que diferencien en esencia a los melódicamente humildes "Tangos de Saborido" mencionados en el relato, de los románticos compases de Cobián, los chopinianos arrebatos de Maderna, los querendones susurros de Troilo y las eruditas "fugas" tangueras de Piazzolla o Rovira. Todo eso es el tango y su efecto en cada uno de nosotros está descripto a la perfección cuando Borges nos dice "El tango hacía su voluntá con nosotros y nos arriaba y nos perdía y nos ordenaba y nos volvía a encontrar". Ante tamaña definición convengamos, señores, que Borges es Tango y no solo tango. ------------------------------------------------------------- Borges y el tango Por Eduardo Berti Magazine Littéraire, París, mayo de 1999 Jorge Luis Borges amaba el cine, no se consideraba un entendido en artes plásticas (a pesar de que su hermana Norah era pintora), despreciaba la ópera y distaba de ser un melómano, a diferencia --por ejemplo-- de Julio Cortázar. Se dice que, aparte de Brahms --gusto inculcado por Bioy Casares y Silvina Ocampo--, sus preferencias eran la milonga y el blues norteamericano. Muchos historiadores han definido a la milonga como la "hermana mayor" del tango, del mismo modo que el blues ha ejercido una tutela indiscutible sobre el jazz y, más adelante, sobre el rock. Y a nadie debería extrañar que Borges se inclinara hacia dos músicas donde la guitarra es eminente porque, si se revisan sus primeros poemas, se advierte enseguida que, después de vereda, patio y luna, una de las palabras más repetidas es guitarra: "Mi patria es un latido de guitarra" (Jactancia de quietud), "Pampa: yo te oigo en tus tenaces guitarras sentenciosas" (Al horizonte de un suburbio) "Los muchachos de guitarra y baraja del almacén" (Barrio Norte). A tal punto que cuando, cuatro décadas más tarde, Borges concluye su poema "1964" con "...y te puede matar una guitarra", resulta difícil no pensar en aquellos bluesmen pioneros que en la madera de su instrumento grababan (como esos carros con inscripciones que tanto atraían al joven Borges): "Esta guitarra puede matar". Desde temprano Borges mantuvo una relación de franco conflicto con el tango: en sus poemas lo laudó algunas veces pero en los reportajes solía formularle toda clase de reparos o explicar que allí donde sus versos decían "tango", debía leerse en realidad "milonga". Los tangos de cabecera de Borges eran pocos y antiguos: "La morocha", "La tablada", "El choclo", "El Marne"; vale decir que amaba lo que hoy se denomina "guardia vieja" , período intermedio entre las milongas de campo de fines del siglo XIX y la irrupción en 1917 del tango-canción con el cantor y melodista Carlos Gardel como figura emblemática. "Posiblemente un hombre que ha nacido en 1899 no puede gustar de Gardel, porque está en otra tradición", sostenía. (1) La milonga y el primitivo tango "criollo", expresiones musicales hijas del mestizaje entre lo español y lo indígena (y lo negro, según el estudioso Vicente Rossi a quien Borges elogiaba), eran para el Georgie de los años veinte muy superiores al "italianizante" tango sentimental surgido a partir de "Mi noche triste", donde el letrista Pascual Contursi fijó sin proponérselo el tópico del hombre abandonado por la mujer. Diversos investigadores indican que este tema recurrente en los tangos se debe a que, después del aluvión inmigratorio (la segunda gran oleada, coincidente con la Primera Guerra), en Buenos Aires había una mujer por cada siete u ocho hombres. Entendía Borges, sin embargo, que el tono de "lamento" que atravesaba estas letras --cosa nueva en un género que, salvo raras excepciones, hasta entonces había sido instrumental-- resultaba una flagrante traición a ese universo de guapos y malevos que aparece aun en sus libros pretendidamente más cosmopolitas. Buenos Aires será una ciudad diferente tras la segunda gran oleada de inmigrantes. Los primeros poemas de Borges dan cuenta de esto ("cómo has cambiado", le reprocha a su calle). Con la música de la ciudad sucederá algo similar, ya que pronto la nostalgia y la tristeza del desarraigo ocuparán el centro de la sensibilidad tanguera, así como del floreciente teatro argentino. Un famoso letrista y autor, Enrique Santos Discépolo, acuñaría un divulgado apotegma sobre el tango ("un pensamiento triste que se baila" ) que Borges siempre aborreció. Para Borges, que en un poema temprano había escrito la frase "un alegrón de tangos", el tango no era ni debía ser necesariamente triste. "Cuando yo digo que el tango es alegre y que suele ser valeroso y compadre, lo cual no se aviene con la tristeza, con esto no quiero afirmar que lo compadres no sintieran tristeza: quiero decir que se hubieran avergonzado de confesarlo; quiero decir que ningún compadre se habría quejado de que una mujer no lo quisiera, por ejemplo, porque eso hubiera pasado por una mariconería". (2) A fines de los años veinte, Borges desdeñaba el tango "afeminado" y el "bandoneón cobarde", para elogiar el "alma masculina" de la milonga (3). Cincuenta años más tarde, su visión era algo parecida pero más aplacada: la milonga era vista como "épica", el tango como "sentimental" (4), ¿melodramático y trágico? Borges no emplea estas últimas palabras pero uno las siente implícitas. Dicho de otra manera: Borges lamentaba que el clima "valeroso" y "peleador" de la milonga hubiese sido reemplazado por una lírica heredera de Petrarca que idealizaba la memoria de la amante perdida. El viejo tango encarnaba para él --lector apasionado de Ariosto y del Quijote-- uno de los medios que mejor expresan la idea de que "el combate puede ser una fiesta". (5) Durante esos años de juventud en que entiende su poesía como "canción de último criollo", Borges persistirá en su idea de enfrentar a la milonga y a lo autóctono con lo "gringo", con lo italiano. En su magnífica edición de La Pleiade, Jean Pierre Bernès arriesga la teoría de que el "anti-italianismo" de Borges, "ideología de rechazo" heredada del poeta Evaristo Carriego (a quien Borges le dedicó un libro en 1930), pervive incluso en relatos como "El Aleph" o "La espera", donde puede advertirse "el exotismo que representaban los italianos de la Argentina para un Borges que aún vivía bajo los esquemas moralizantes de una edad de oro criolla, anterior a la fuerte inmigración". Es muy sintomático que Borges descubriese ya de grande la existencia de los "ravioles", ese plato de pasta rellena tan popular en la Argentina y de obvio origen italiano . En 1979, yendo más lejos que nunca, Borges bromearía que "a veces me siento extranjero porque no tengo, que yo sepa, sangre italiana; entonces me siento un poco intruso en Buenos Aires". (6) Así y todo, Borges alcanzó a revisar sus opiniones sobre los supuestos perjuicios de la "italianización" del tango en un escrito de 1955. Admitía allí haber acusado a los italianos (y más precisamente a los genoveses del barrio de la Boca) de la "degeneración" del tango. "En aquel mito, o fantasía, de un tango 'criollo' maleado por los 'gringos', veo un claro síntoma, ahora, de ciertas herejías nacionalistas que han asolado el mundo después --a impulso de los gringos, naturalmente. No el bandoneón que yo apodé cobarde algún día, no lo aplicados compositores de un suburbio fluvial, han hecho que el tango sea lo que es, sino la República entera. Además, los criollos viejos que engendraron el tango se llamaban Bevilacqua, Greco o de Bassi" *** Según Horacio Salas, biógrafo de Borges e historiador del tango , "para Borges el tango es uno de los elementos de la mitología ciudadana, no de la historia" (10), uno de los "soportes de la leyenda" de los guapos y los malevos del faubourg. A grandes rasgos, el guapo y el malevo fueron al gaucho lo que la milonga fue al folklore guitarrero de la pampa: el fruto de su choque con la ciudad y de su establecilmiento y desarrollo en los arrabales, en las orillas. Transfigurado en el sustantivo "orilleros" (como otro apodo para los guapos y cuchilleros) o en el verbo "orillar" que tantos problemas causa entre sus traductores (el tango, ha escrito Borges, siempre estará "orillando nuestras vidas" ) , el concepto de "orilla" es una de las llaves cruciales para ingresar al universo borgeano. En tiempos de su infancia, Borges vivió con sus padres en un barrio de Buenos Aires (Palermo) que por entonces conformaba la periferia, el suburbio. Será ese mismo barrio al que dedicará su poema sobre la "fundación mítica" de la ciudad, ocurrida --según él sostiene-- en la misma manzana donde estaba su casa, circunscripta por las calles Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga. La casa de los Borges quedaba en Serrano 2135, calle que hace poco fue rebautizada Borges y que --vaya detalle-- conduce a la pequeña plazoleta Cortázar. La orilla del barrio de Borges era un límite doble y real: margen de la ciudad pero también ribera de las aguas, porque tanto Palermo como la Boca (los dos principales barrios de milongas y malevos) lindaban con cauces derivados del Río de la Plata: el Arroyo Maldonado (hoy entubado) y el Riachuelo, respectivamente. Borges tomó el término "orilla" de Carriego, a quien veía como "el primer espectador del arrabal". Nacido en 1883, muerto en 1912, Evaristo Carriego --vecino y frecuentador de aquella casa de la familia Borges en Palermo-- había escrito un poemario, publicado póstumamente en 1913 y una de las obras literarias argentinas que más influyeron en el joven Borges junto con el "Martín Fierro" de José Hernández y "El payador" de Leopoldo Lugones, entre otros libros. Del mismo modo que Rubén Darío fue uno de los modelos para los primeros letristas de tango (Enrique Cadícamo, entre ellos), Evaristo Carriego fue quizás el modelo más poderoso para la generación de los años '40, encabezada por Homero Manzi, Cátulo Castillo y Homero Expósito, quienes consiguieron que las letras de tango retratasen los barrios pero también sus habitantes, no ya como puro paisaje ("un arrabal con casas/ que reflejan su dolor de lata" ) (7). Estos años constituyen, para muchos, el mejor momento literario del tango; son las letras que Paul Verdevoye (con Roger Caillois, el primer traductor de Borges al francés) elogiará admirado, años más tarde, ante el letrista y "tangólogo" Horacio Ferrer. Muchas letras de aquellos años hunden sus raíces en Carriego o lo nombran a manera de homenaje: "Farol" de Expósito, "Viejo ciego" y "El último organito" de Manzi son probablemente los mejores ejemplos. Una de las imágenes más celebradas de Manzi, la del organito que "muele" tangos, se encuentra anticipada por Borges en su libro "Luna de enfrente", de 1925. No sera el único caso en que Borges prefigura letras de tango. La fantástica imagen de la luna que rueda por la avenida Callao ("Balada para un loco", 1969, de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer) está más o menos esbozada cuarenta y cuatro años antes, en el poema "A la calle Serrano". Apasionado exégeta de Carriego, Borges permanece al margen de los cambios que hacia fines de los años '40 afectan a las letras de tango. Hoy es fácil preguntarse si no habría sido aquel el momento propicio para que volviese a interesarse en el tango. Las razones que impidieron el reencuentro son vastas. Una es que Borges, para entonces, había tomado distancia del Carriego "inventado" y esquematizado en su libro; aunque seguía reivindicando su costado "épico", deploraba todo aquello que --como "La costurerita que dio el mal paso"-- lo vinculaba con "lo más llorón del tango". Otra razón es que, en verdad, Borges por aquel tiempo se encontraba acaso en su momento más cosmopolita. Entre "Evaristo Carriego" (1930) e "Historia universal de la infamia" (1935) hay tal hiato que un lector no demasiado atento podría pensar que uno y otro libro son el fruto de dos hombres distintos. Claro que entre ambos libros está "Discusión" (1932), obra que de algún modo sirve de transición con textos como "El escritor argentino y la tradición", donde Borges parece despedirse de todo criollismo cuando instiga a creer en la posibilidad de ser argentinos sin por eso aferrarse al llamado "color local". Además de estas dos razones, hay una tercera, inocultable: la política. El esplendor del tango está ligado íntimamente al peronismo. Esto no impide la existencia de directores de orquesta comunistas (Osvaldo Pugliese) o radicales (Carlos Di Sarli), pero el fervor que rodea al tango, los bailes multitudinarios, los programas de radio, las hinchadas que --tal como en el fútbol-- reivindican barrios u orquestas, son intrinsecamente inseparables del fenómeno de masas que el peronismo encarna en el poder, entre junio de 1946 y septiembre de 1955. Removido por Perón de su cargo como bibliotecario para ser designado "inspector de aves", Borges será un declarado y acérrimo antiperonista. *** Es tres años después de la caída del peronismo, en 1958, cuando Borges publica en una revista su poema "El Tango", luego recogido en el libro "El otro, el mismo" (1964). Gira en el hueco la amarilla rueda de caballos y leones, y oigo el eco de esos tangos de Arolas y de Greco que yo he visto bailar en la vereda La "rueda" con caballos y leones se refiere a una calesita (un carrousel) que quedaba en la calle Independencia, en Buenos Aires, y adonde Borges iba de niño. Arolas y Greco son dos compositores de los años '10, cuando Borges llevaba todavía pantalón corto. Una vez más, el viejo tango se equipara a la infancia perdida. Un mayor acercamiento ocurrirá en 1965. Tras la publicación de "Para las seis cuerdas" -- una delgada colección de versos octosílábos--, Borges se reúne con Astor Piazzolla, el genial bandoneonista y compositor que venía revolucionando el tango desde mediados de los años cincuenta, para grabar un disco con el agregado del actor Luis Medina Castro como recitante, y del excelente cantor Edmundo Rivero, ídolo entre los tangueros pero también especialista en folklore y milonga. Rodea al disco de Borges y Piazzolla --durante décadas descatalogado e inconseguible en las disquerías de Argentina, aunque parezca mentira-- un anecdotario profuso y revelador. Mientras Piazzolla musicalizaba los versos, le iba mostrando los resultados a Borges en periódicas reuniones celebradas en un departamento de la calle Entre Ríos, en Buenos Aires, que el músico compartía por entonces con su primera esposa Dedé Wolf y con sus dos hijos. Excepcionalmente, a pedido de Piazzolla, su mujer había accedido en aquellas reuniones a entonar algunas milongas, con el único propósito de que Borges fuera escuchando las melodías compuestas para sus versos. Cuando, meses más tarde, ya concluída la grabación del disco con el cantor Rivero, Piazzolla invitó a Borges al estudio y la exigió una opinión, el escritor, tartamudeando un poco, dijo que estaba bien pero que en el fondo él prefería "cómo cantaba la chica". El guitarrista Oscar López Ruíz aún recuerda, entre carcajadas, la cara que pusieron Piazzolla y Rivero ante el insólito veredicto de Borges. En su autobiografía (8), Rivero cuenta que en su primer encuentro Borges le preguntó "con qué autoridad y conocimiento" cantaba él las milongas. "Las canto porque las entiendo, y las entiendo por las ha vivido. Lo mismo que usted", respondió el cantor con su voz grave, a lo que Borges dijo: "No, yo no tuve esa suerte. Mi madre no quería que saliera a la calle; yo siempre estaba detrás de las rejas". A su manera, tanto Borges como Piazzolla mantuvieron siempre un lazo distante con el tango y con la idea de tradición. En el que es uno de los mejores ensayos hasta hoy escritos sobre Piazzolla (9), Carlos Kuri sostiene que en el disco de las milongas de Borges es Rivero quien aporta la mayor cuota de autenticidad, "cantando entre dos impostores" cuyas composiciones son de "un sospechoso aliento anti-tango". Claro que mientras Borges enarbolaba la vieja guardia contra el tango oficial, Piazzolla proponía un tango progresivo. El vínculo entre Piazzolla y Borges nunca llegó a convertirse en amistad. Poco ayudaban, es verdad, ciertas declaraciones periodísticas de este último: "No quiero saber nada con ese señor (...), no siente lo criollo; Rivero sí, pero él no", decía en marzo de 1966 (10); "Una noche me llevaron a escuchar un concierto de este señor... Piazzolla. Y yo le dije a mi cicerone: 'Bueno, yo quería escuchar unos tangos, pero como no han tocado uno solo, vuelvo al hotel", sostenía dieciocho años más tarde. (11). Un reparo frecuente que Borges le hacía a Piazzolla era acerca de los títulos de sus composiciones. "Sus títulos no son títulos de tango. 'Lunfardo', por ejemplo" (12). Lo que Borges parecía estar señalando era que el tango deja de serlo en cuanto recurre a un uso autoconciente de su propia simbología. Es el mismo argumento que aparece en "El escritor argentino y la tradición", cuando observa que en El Corán no hay camellos; es el mismo argumento que emplea para objetar que en "Don Segundo Sombra" de Ricardo Güiraldes se hable de "gauchos" y de "pampa" cuando debería hablarse de "paisanos" y de "campo", ya que sólo alguien extraño al medio en que se desarrolla la novela podría usar ese primer par de términos. En tal sentido, Borges sigue pensando lo mismo que escribió en "El idioma de los argentinos" (1928): que los viejos tangos nunca estvieron repletos de palabras en lunfardo. Borges habrá aplacado con el tiempo su "italofobia" pero continúa reprochándole al tango su "internacionalismo esnob" y su "vocabulario fuera de la ley". Otras composiciones de Borges y Piazzolla fueron grabadas por Amelita Baltar y por el brasileño Ney Matogrosso, otras milongas de Borges fueron musicalizadas por Sebastián Piana (legendario compositor de "milongas sentimentales" ), pero el disco que compartió con Piazzolla marcó un hecho hasta entonces inédito en la cultura argentina: por vez primera una figura de la "alta literatura" conseguía plasmar letras de tango exitosas y convincentes. En realidad, antes de Borges el escritor Héctor Pedro Blomberg había logrado parcialmente esto, con "La pulpera de Santa Lucía" y otros temas de caracter histórico-didáctico. Pero que Borges ofreciera letras tan perfectas como "Jacinto Chiclana" o "Alguien le dice al tango" es otra muestra de su excepcional talento. Poetas argentinos de raigambre netamente popular jamás se atrevieron a cruzar la frontera entre literatura y tango. El propio Ernesto Sábato le confesó al pianista Héctor Stamponi (autor del tango "El último café" ) que hubiese dado varias páginas de sus libros a cambio de haber escrito un tango como "Sur" (Homero Manzi-Aníbal Troilo). Las milongas de "Para las seis cuerdas" provienen de la "memoria detenida del ciego", tal como dice un viejo poema de Borges ( "Barrio Norte" ). El escenario es el barrio que ya no existe, el "Palermo perdido". "Venga un rasgeo y ahora...", comienza "A Don Nicanor Paredes" porque, de nuevo, es la guitarra el instrumento imaginario que preside estos versos escritos --según Borges -- "a pesar de mí", "casi contra mi voluntad".(13) Los guapos y malevos que enumeran estas milongas son en gran número personajes reales que Borges conoció en su juventud, a través de "las rejas". El caso de Nicanor Paredes es particularmente interesante. Se llamaba en realidad Nicolás Paredes y era un caudillo y caïd del barrio de Palermo a quien Borges recurrió como fuente de información para escribir su vida de Carriego. "Por Nicolás Paredes conoció Evaristo Carriego la gente cuchillera de la sección", indicó en el libro dedicado al poeta. El mismo Paredes reaparecerá en el celebrado cuento "Hombre de la esquina rosada", donde Rosendo Juárez es presentado, en el primer párrafo, como "uno de los hombres de D. Nicolás Paredes". "Cuando escribí esta historia, yo pensaba en Nicolás Paredes; él acababa de morir. Escribía cada frase y luego la leía en voz alta, imitando su entonación"(14) En sus desenfadadas charlas con Antonio Carrizo, Borges recuerda que Paredes siempre la ganaba al truco (ese juego de cartas tan argentino) y que la última vez que se vieron le obsequió una naranja a pesar de que "estaba muriéndose de hambre". También cuenta allí que, a la hora de rendirle homenaje con una milonga, decidió cambiar su nombre por el de Nicanor "para no ofender a la familia, ya que hablo de las muerte que él debia (...) y me vino mejor para el verso, ademas". (15) Una obsesión de Borges preside las letras de sus milongas: los duelos entre malevos que empuñan "esa víbora, el cuchillo". Cabe recordar que en un cuento llamado "El Congreso" Borges se autodefinía como "un literato que se ha consagrado al estudio de las lenguas antiguas, como si las actuales no fueran suficientemente rudimentarias, y a la exaltación demagógica de un imaginario Buenos Aires de cuchilleros". En su biografía sobre Borges (16), María Esther Vázquez cuenta una anécdota muy ilustrativa. Estaba él dando una charla en la Universidad de Columbia, en los Estados Unidos, cuando un estudiante de Puerto Rico a los gritos lo tildó de "reaccionario" y "recordó malamente a la madre de la manera más tradicional y menos universitaria". Borges, que por entonces tenía 72 años, se levantó furioso y "golpeando el puño del bastón contra la mesa le exigió que, si se consideraba tan guapo y con tantas agallas, salieran a la calle a arreglar el asunto como hombres". Las autoridades expulsaron al joven del recinto y consiguieron calmar al escritor que, acaso por un momento, con la sangre retrepada a la cabeza, se había olvidado de sí mismo, se había olvidado del "otro" Borges --el hombre público, el de las conferencias-- y había supuesto por un fugaz error que era Muraña, que era Chiclana, que era Paredes. _______________________________ (1) "Borges el memorioso", entrevistas con Antonio Carrizo (Fondo de Cultura Económica, Mexico, 1983) (2) "Siete conversaciones con Borges", entrevistas con Fernando Sorrentino (Buenos Aires, 1974). (3) "Revista Martín Fierro", 1927 (4) "Borges el memorioso", página 27 (5) "Borges el memorioso", página 309 (6) "Borges, una biografía", página 266 (Editorial Planeta, Buenos Aires, 1994) (7) "Farol", tango de 1940; música y letra de Virgilio y Homero Expósito (8) "Una luz de almacén", E. Rivero (Emecé, Bs. As., 1982) (9) "Piazzolla, la música límite", C. Kuri (Corregidor, Bs. As., 1997) (10) Reportaje de Eduardo Stilman, revista "Información Literaria". (11) y (12) Entrevistas de Osvaldo Ferrari a Jorge Luis Borges (13) "Borges, el memorioso", página 63. (14) "Entretiens avec Jorge Luis Borges" de Jean de Milleret, página 189. (15) "Borges el memorioso", page 185. (16) "Borges: esplendor y derrota". (Tusquets, España, 1996), página 274. El tango Jorge Luis Borges ¿Dónde estarán?, pregunta la elegía de quienes ya no son, como si hubiera una región en que el Ayer pudiera ser el Hoy, el Aún y el Todavía. ¿Dónde estará (repito) el malevaje que fundó, en polvorientos callejones de tierra o en perdidas poblaciones, la secta del cuchillo y del coraje? ¿Dónde estarán aquellos que pasaron, dejando a la epopeya un episodio, una fábula al tiempo, y que sin odio, lucro o pasión de amor se acuchillaron? Los busco en su leyenda, en la postrera brasa que, a modo de una vaga rosa, guarda algo de esa chusma valerosa de los Corrales y de Balvanera. ¿Qué oscuros callejones o qué yermo del otro mundo habitará la dura sombra de aquel que era una sombra oscura, Muraña, ese cuchillo de Palermo? ¿Y ese Iberra fatal (de quien los santos se apiaden) que en un puente de la vía, mató a su hermano el Ñato, que debía más muertes que él, y así igualó los tantos? Una mitología de puñales lentamente se anula en el olvido; una canción de gesta se ha perdido en sórdidas noticias policiales. Hay otra brasa, otra candente rosa de la ceniza que los guarda enteros; ahí están los soberbios cuchilleros y el peso de la daga silenciosa. Aunque la daga hostil o esa otra daga, el tiempo, los perdieron en el fango, hoy, más allá del tiempo y de la aciaga muerte, esos muertos viven en el tango. En la música están, en el cordaje de la terca guitarra trabajosa, que trama en la milonga venturosa la fiesta y la inocencia del coraje. Gira en el hueco la amarilla rueda de caballos y leones, y oigo el eco de esos tangos de Arolas y de Greco que yo he visto bailar en la vereda, en un instante que hoy emerge aislado, sin antes ni después, contra el olvido, y que tiene el sabor de lo perdido, de lo perdido y lo recuperado. En los acordes hay antiguas cosas: el otro patio y la entrevista parra. (Detrás de las paredes recelosas el Sur guarda un puñal y una guitarra.) Esa ráfaga, el tango, esa diablura, los atareados años desafía; hecho de polvo y tiempo, el hombre dura menos que la liviana melodía, que sólo es tiempo. El tango crea un turbio pasado irreal que de algún modo es cierto, un recuerdo imposible de haber muerto peleando, en una esquina del suburbio Alguien le dice al tango Jorge Luis Borges Tango que he visto bailar contra un ocaso amarillo por quienes eran capaces de otro baile, el del cuchillo. Tango de aquel Maldonado con menos agua que barro, tango silbado al pasar desde el pescante del carro. Despreocupado y zafado, siempre mirabas de frente. Tango que fuiste la dicha de ser hombre y ser valiente. Tango que fuiste feliz, como yo también lo he sido, según me cuenta el recuerdo; el recuerdo fue el olvido. Desde ese ayer, ¡cuántas cosas a los dos nos han pasado! Las partidas y el pesar de amar y no ser amado. Yo habré muerto y seguirás orillando nuestra vida. Buenos Aires no te olvida, tango que fuiste y serás. DIJO BORGES SOBRE EL TANGO "...el tango no es la música natural de los barrios de Buenos Aires, sino la de los burdeles. Yo he sostenido siempre que lo representativo es la milonga. La milonga es un infinito saludos que narra, sin apuro, duelos y cosas de sangre; muerte y provocaciones; nunca gritona, entre conversadora y tranquila. Yo creo que la milonga es una de las grandes conversaciones de Buenos Aires, como lo es también el truco, ese juego de naipes dialogado y lleno de picardías.” “ termina adquiriendo un tono sentimental, sin duda el tono nostálgico del inmigrante europeo. A partir de ahí comienza a ser materia poética de los arrabales. Las zozobras del amor clandestino invaden las plumas de los autores populares y bueno, el tango se transforma en burla, en rencor, en recriminación hacia la mujer infiel. Pasa entonces a ser tango de desdicha y de lamento. Todo el trajín de la ciudad, todo lo que mueve a los hombres – la ira, el temor, el deseo, el goce carnal- es materia que motiva a los autores de tango. Yo creo que no sería disparatado afirmar que el tango es una vasta expresión de la inconexa comédie humaine de la vida de Buenos Aires.” de “Conversaciones con Borges” Roberto Alifano Música: -“Lo que más le gustaban eran las milongas y los blues, más que el tango. Para él, la milonga es alegre y valerosa, y el tango, melancólico y quejoso. Criticaba a Gardel, pero estando en el extranjero, decía que sin darse cuenta, cuando lo escuchaba, lloraba.” Borges con Ferrari, Dialogos

0
0
"
"Walden, la vida en los bosques" Henry David Tho
ArteporAnónimo10/15/2007

Walden, la vida en los bosques Henry David Thoreau INTRODUCCIÓN Estaba dotado de un sentido riguroso de la probidad. Era muy exigente consigo mismo en lo tocante a su propia independencia de criterio, y consideraba que todos los demás seres humanos debían cumplir en igual medida con esa obligación. No tuvo una profesión fija, aunque practicó varias; se rehusaba a renunciar a su gran ambición de conocimiento y de acción a cambio de un oficio estrecho o limitado; su vocación era mucho más amplia: pretendía ejercer el arte de saber vivir. “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente —escribe—, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si no podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido.” No se casó, vivió solo, nunca fue a la iglesia, no votó, se negó a pagarle al Estado un tributo que a su juicio era injusto, por más que le costara la cárcel. Aunque era un naturalista, jamás recurrió a las armas ni a las trampas del cazador. La buena ropa, los modales gentiles, la decoración de la casa, las charlas intelectuales y galantes de los salones, no le incumbían; creía que todas esas sofisticaciones eran obstáculos para una buena, humana conversación; le gustaba hablar con los indios, que en materia de Naturaleza eran los únicos que podían tratar con él de igual a igual. Tenía una aversión rayana con el desdén por los gustos, maneras y aficiones europeos, y en especial por los ingleses. Era auténticamente un habitante del Nuevo Mundo, al que creía superior. Por eso dijo Ralph Waldo Emerson: “No existió ningún norteamericano más auténtico que Thoreau”. Los hombres se imitaban unos a otros, estaban hechos sobre la base de un molde minúsculo. ¿Por qué no podía cada uno apartarse lo suficiente de la sociedad hasta ser un individuo realmente autónomo? “Si un hombre no marcha a igual paso que sus compañeros, puede que eso se deba a que escucha un tambor diferente. Que camine al ritmo de la música que oye, aunque sea lenta y remota.” Pero no trató de vivir fuera del mundo, sino de toda atadura inconveniente del mundo. Quizás haya sido ese hombre raro y envidiable que ha logrado ser completa y absolutamente él mismo. Prefería ser rico por frugalidad, por escasez de apetencias: “La riqueza de un hombre se mide por la cantidad de cosas de las que puede privarse”. Y quiso abastecerse a sí mismo. En sus viajes, sólo iba por la carretera principal para sortear un territorio que no le interesaba recorrer en esos momentos; evitaba escrupulosamente las tabernas y prefería caminar decenas de kilómetros a subirse a algún carruaje; le gustaba alojarse en las casas de los granjeros y los pescadores, que eran más baratas y rústicas pero también más afines a él, pues allí encontraba los hombres con quienes simpatizaba y los datos que él buscaba sobre el entorno natural. Quería ahorrar “tiempo”: tiempo para leer, tiempo para los lenguajes no escritos (los ruidos del campo y del bosque), tiempo para caminar solo, tiempo para la amistosa conversación, tiempo para conocer el cosmos. “Jamás ningún hombre ha valorado tanto el ocio como Thoreau”, afirma el crítico Oscar Cargill. Lo impacientaban las limitaciones de nuestro trillado pensamiento consuetudinario y tenía un instinto polémico y beligerante. De un vistazo comprendía la esencia de cualquier asunto que se tratase y veía las deficiencias e indigencias intelectuales de sus interlocutores; nada parecía ocultarse a su mirada penetrante. Esta condición de su carácter lo volvía poco sociable y lo privó de tener muchos amigos; pero quienes aceptaban sus intransigentes desplantes tenían en él al compañero más puro, el amigo más honesto, ajeno a toda hipocresía. Era la sinceridad misma. La convicción con que los profetas defendían las normas éticas se habría robustecido al ver a un ejemplar humano de vida tan santa. Ermitaño y estoico, estaba empero hambriento de cordialidad humana y se entregaba apasionado a entretener a los jóvenes con interminables anécdotas sobre sus viajes por tierras y ríos poco explorados. Fue, en forma innata, el vocero y el actor de la verdad en todos los terrenos, sin que le importara, cuando correspondía declararla, la oposición de los demás. Tampoco le importaba hacer el ridículo, como de hecho ocurría con los que lo enfrentaban en cuestiones en las que él tenía un parecer discrepante, que a la larga demostraba ser el correcto. “En cada página de Walden —dice su biógrafo Henry Seidel Canby— se percibe la presencia inconfundible de una personalidad, de un hombre semejante a una roca por la solidez granítica de sus principios, a un roble por su reciedumbre inconmovible, a una flor silvestre por su sensibilidad y a un halcón por los vuelos de su imaginación.” Quienes lo conocieron admiraron la maravillosa armonía existente entre su mente y su cuerpo. Sabía encontrar su camino en la oscuridad nocturna del bosque, guiándose más por los pies que por los ojos. Sabía calcular con precisión de comerciante, con sólo verlo, el tamaño de un árbol, el peso de un ternero o el de un cerdo. De una caja en la que había decenas de lápices podía tomar sin mirar y sin equivocarse, rápidamente, una docena por vez. Era buen corredor, nadador, patinador, botero, y probablemente muy pocos de sus conciudadanos podían caminar más que él, y con más provecho, durante una jornada a campo traviesa. “Caminar con él era un placer y un privilegio”, dijo Emerson. Su poder de observación era tal que parecía insinuar la existencia de sentidos parapsíquicos. Veía como si a través de un microscopio, oía como si a través de altoparlantes, y su memoria era el registro fotográfico de todo lo que había visto y oído. Pero a la vez sabía mejor que nadie que no es el hecho lo que importa, el dato empírico, sino la impresión o el efecto que ejerce ese hecho en la mente. Y todos los hechos naturales le interesaban por igual. Su profunda percepción intuía las semejanzas existentes en la Naturaleza, que vistas por el científico dan origen a sus leyes. “No conozco otro genio que tan rápidamente sepa inferir una ley universal de un hecho único”, agregó Emerson. En nada se parecía a algunos pedantes eruditos de los departamentos académicos. Su ojo estaba abierto a la belleza, su oído a la música, y su mente acogía todos los hechos como acontecimientos gloriosos que mostraban el orden musical y la plástica belleza de la Totalidad. Su espíritu agudamente sensible se había rendido a la Naturaleza, de dos maneras: a las múltiples impresiones que su belleza causa en los sentidos y a las conjeturas trascendentes que la comunión con ella sugiere. Esta convivencia religiosa con el mundo natural fue lo que más lo aproximó a Emerson y lo que lo convierte en un antecesor y un par de Whitman. La otra herramienta con la que conquistaba los obstáculos del mundo natural era la paciencia. Sabía sentarse inmóvil por horas, como parte de la roca a la que estaba subido, para esperar el regreso del ave, el reptil, el pez al que su presencia había espantado temporariamente; y cuando ellos volvían, no sólo reanudaban sin suspicacias sus hábitos corrientes sino que, movidos por la curiosidad, se acercaban a observarlo a él, fijo en su contemplación extática. Las víboras se le enroscaban en la pierna, los peces saltaban a sus manos para que los sacara del agua, tiraba de la cola de la marmota escondida en su cueva y protegía a los zorros de los cazadores. Emerson lo llamaba “el dios Pan”. En él se aunaban la valoración de lo espiritual con un concepto de la animalidad que la moderna civilización degradó luego. “Encontré entonces en mí —y aun ahora lo hallo— un instinto que me llevaba hacia una vida más alta o espiritual, según suele decirse, como lo tiene la mayoría de los hombres, y otro instinto que me llevaba hacia un nivel primitivo y salvaje; y guardo respeto por ambos.” Amó tanto a la Naturaleza, se sentía tan feliz en su solitaria comunión con ella, que recelaba de las ciudades y de la triste e implacable destrucción que sus refinamientos y artificiosidades operaban con la morada del hombre. Sospechaba ¡ya a mediados del siglo pasado! que el hacha y la dinamita terminarían con los bosques. Concord era apenas una aldea de menos de cinco mil habitantes, en Massachusetts, Nueva Inglaterra, cuando Henry David Thoreau (1817-1862) decidió establecerse en el bosque, junto a la laguna llamada Walden, construir su pequeña cabaña y vivir apartado del trato social durante un tiempo. La experiencia le llevó algo más de dos años, entre 1845 y 1847. De sus apuntes surgió esta obra que es mezcla de diario íntimo de aventurero, apunte de naturalista y borrador de filósofo. Rústica, rugosa y heterogénea como los troncos que usó para su vivienda, Walden, o la vida en los bosques, publicada en 1854, fue una de las dos grandes obras de Thoreau (la otra fue Desobediencia civil) y bastó para cimentarle un lugar fundador en la literatura norteamericana del siglo XIX. El bosque en el que se instaló junto a la laguna no distaba más de un par de kilómetros de la aldea, y aunque no todos podríamos vivir solos y hacer nuestra cabaña en un lugar así, lo cierto es que el gesto de Thoreau no puede considerarse épico ni heroico. Sin embargo, su breve apartamiento de la sociedad “normal” lo sobrevivió, y hoy sigue comentándose, traduciéndose e influyendo en hombres de talla más heroica, como sucedió en su momento con Gandhi y con Luther King. Haciendo honor al nombre del único grupo de intelectuales con el que Thoreau mantuvo contacto prolongado —el del trascendentalismo norteamericano de la primera mitad del siglo XIX—, el acto que llevó a cabo fue, por su perduración y sus repercusiones, el más trascendental de esa escuela. ¿Cómo se explica esta eficacia de un individuo aislado y de su decisión, en apariencia trivial, de vivir un tiempo separado de los demás? Thoreau tuvo a su lado un genio que lo comprendió, estimuló y patrocinó (Emerson), el grupo de sus amigos trascendentalistas que eran sus interlocutores válidos y los receptores directos de su mensaje, y una nación en sazón para escucharlo, reproducirlo y potenciarlo: los pujantes Estados Unidos de entonces, no imperialistas todavía, símbolo de la independencia y la creatividad del Nuevo Mundo y de un nuevo experimento social auspicioso para la humanidad. Un lenguaje íntimo —el del corazón del solitario—, un lenguaje privado —el del grupo que lo rodea y lo apoya— y un lenguaje público —el de una sociedad atenta al cambio, esperándolo— confluyen para hacer de Walden, o la vida en los bosques mucho más que la crónica minuciosa de un naturalista sobre su entorno vegetal y animal, o el registro por momentos fastidioso del acontecer cotidiano (gastos, actividades, vecinos) propio de un libro de memorias. Thoreau sabía que él era un ser único y que contar su vida diaria no era un menester doméstico. Sabía también que los demás hombres y mujeres no eran menos únicos, y su obra es un manifiesto entusiasta para instarlos a que se dieran cuenta de ello. “Mírame —parece decirnos—, esto que yo hice no lo hice por ser Henry David Thoreau, sino por ser un miembro de la especie humana. Tú puedes. Este es el cuaderno de bitácora de mi experimento. Tómalo corno una guía útil.” Lo definitivo, lo inigualable de Thoreau es que con él nace en el mundo un nuevo tipo de hombre culto, a punto tal que la propia palabra “cultura” cambia con él de sentido. ¡Fuera las hipocresías y mojigaterías de la vida ¡Fuera las frases de moda, la etiqueta, la elegancia, la falsa cortesía! ¡Fuera todo aquello que en nombre del qué dirán nos tergiversa y distorsiona! ‘Visto desde la cumbre de nuestra decadencia —dijo de él Henry Miller—, casi nos parece un antiguo romano. La palabra virtud recobra su significado cuando se la asocia a su nombre... Abriendo los ojos, descubrió que la vida proporciona todo lo necesario para la paz y la felicidad del hombre; solamente hace falta usar lo que tenemos al alcance de la mano. El poema de la creación es perenne, había dicho Thoreau, pero pocos son los oídos que lo escuchan. —Leandro Wolfson La Vida en los Bosques Cuando escribí las páginas que siguen, o más bien la mayoría de ellas, vivía solo en los bosques, a una milla de distancia de cualquier vecino, en una casa que yo mismo había construido, a orillas de la laguna de Walden en Concord (Massachusetts), y me ganaba la vida únicamente con el trabajo de mis manos. En ella viví dos años y dos meses. Ahora soy de nuevo un morador en la vida civilizada. No habría impuesto tanto mis cosas a la cortesía de mis lectores si no hubiera sido por las muy concretas preguntas que muchos conciudadanos me hicieron con relación a mi modo de vivir. Me han preguntado qué tenía yo como alimento, si no me sentía solo, si no tenía miedo, y cosas parecidas. Pediré perdón a aquellos lectores no particularmente interesados en mí si en este libro me propongo contestar algunas de estas preguntas. En la mayoría de los libros, el yo o primera persona es omitido; en este será conservado; esa es la principal diferencia con respecto al egotismo. General mente no recordamos que, después de todo, es siempre la primera persona la que habla. No hablaría tanto sobre mí mismo si hubiera alguien a quien conociera tan bien como a mi persona. Desgraciadamente, estoy 1 imitado a este tema por la estrechez de mi experiencia. (...) He viajado bastante por Concord; y en todas partes, en tiendas, oficinas y campos, los habitantes me han parecido estar haciendo penitencia en mil formas extraordinarias. Los doce trabajos de Hércules eran insignificantes comparados con los que mis vecinos se han empeñado en realizar; porque aquellos eran solamente doce y tenían un fin, pero yo nunca he podido ver que estos hombres hayan matado o capturado algún monstruo o terminado una labor. No tienen un amigo como Yolas que queme la raíz de la cabeza de la hidra con un hierro candente, sino que tan pronto como una cabeza es aplastada, dos más surgen. Pero los hombres trabajan bajo la influencia de un error. La parte mejor del hombre muy pronto es arada para abono de la tierra. Por un aparente destino comúnmente llamado necesidad, los hombres se dedican, según cuenta un viejo libro, a acumular tesoros que la polilla y la herrumbre echarán a perder y que los ladrones entrarán a robar. Esta es la vida de un tonto, como comprenderán los hombres cuando lleguen al final de ella, si no lo hacen antes. Hasta en este país relativamente libre, la mayoría de los hombres, por mera ignorancia y error, están tan preocupados con los artificiales cuidados e innecesarios trabajos rudos de la vida, que no pueden cobrar sus mejores frutos. Sus dedos, de tanto trabajar, son demasiado torpes, y tiemblan demasiado. Realmente el jornalero no tiene tiempo libre para vivir con verdadera integridad todos los días; no le es permitido mantener las relaciones más viriles con los hombres, porque su trabajo sería despreciado en el mercado. No tiene tiempo de ser otra cosa que una máquina. ¿Cómo va a recordar bien su ignorancia —según requiere su crecimiento— quien tiene que usar sus conocimientos tan a menudo? Algunas veces, deberíamos alimentarlo y vestirlo gratuitamente y abastecerlo con nuestros licores antes de juzgarlo. Las mejores cualidades de nuestra naturaleza, al igual que la lozanía de las frutas, solamente pueden ser conservadas por las manipulaciones más delicadas. Sin embargo, ni unos a otros, ni a nosotros mismos, nos tratamos con esa dulzura. (...) La mayoría de los hombres viven una vida de tranquila desesperación. Lo que llamamos resignación no es más que una confirmación de la desesperación. De la ciudad desesperada pasamos al campo desesperado, y tenemos que consolarnos con la magnificencia de los visones y ratas almizcleras. Hasta detrás de los llamados juegos y diversiones de la humanidad se encuentra una desesperación estereotípica, aunque inconsciente. No hay diversión en ellos, porque esta viene sólo después del trabajo. Pero no hacer cosas desesperadas es una característica de la sabiduría. Cuando consideramos cuál es la principal finalidad de los hombres —para hacer uso de las palabras del catecismo— y sus principales necesidades y medios de vida, pareciera que hubieran elegido deliberadamente esta forma de vivir porque la prefieren a cualquier otra; sin embargo, ellos piensan honradamente que no es posible elección alguna. Pero las naturalezas activas y saludables recuerdan que el sol ascendió con claridad. Nunca es demasiado tarde para renunciar a nuestros prejuicios. No se puede creer firmemente, sin pruebas, en alguna forma de pensar o de hacer, por antigua que sea. Lo que hoy todo el mundo repite y acepta como verdadero, puede convertirse en mentira mañana, una mera opinión de humo que algunos creyeron fuera nube que daría agua fertilizadora para los campos. Tratad de hacer aquello que la gente antigua afirma ser imposible de realizar, y demostrad que sí podéis. Los hechos antiguos pertenecen a las generaciones antiguas, y los nuevos, a la nueva generación. (...) Hace unos treinta años que vivo en este planeta y todavía estoy por oír la primera sílaba de los serios o valiosos consejos de mis mayores, pues no me han dicho nada, o quizá no puedan decirme nada, de utilidad. Aquí está la vida, un experimento, la mayor parte del cual no ha sido realizado todavía por mí; pero no me beneficia en absoluto que otros lo hayan realizado. Si poseo alguna experiencia que considero de valor, puedo asegurar que mis mentores no me dijeron una palabra acerca de ella. (...) Sin duda alguna, el tedio y el fastidio que presumiblemente han agotado la variedad y las alegrías de la vida son tan viejos como Adán. Pero las capacidades del hombre no han sido medidas todavía, y se ha ensayado tan poco, que no podemos juzgarlas por algunos precedentes. (...) ¡Las estrellas son los vértices de maravillosos triángulos! ¡Qué seres tan diferentes y distantes contemplan simultáneamente desde las numerosas mansiones del universo la misma estrella! La naturaleza y la vida humana son tan distintas como nuestras variadas constituciones. ¿Quién dirá cuál es la perspectiva que la vida ofrece a otros? ¿Podría ocurrirnos un milagro mayor que el de que podamos mirar a través de ¡os ojos de otros? Deberíamos vivir por una hora en todas las edades del mundo; no: en todos los mundos de las edades. ¡Historia, Poesía, Mitología! La lectura de las experiencias de otra persona no sería jamás tan asombrosa ni didáctica como esta. (...) Estamos obligados a vivir concienzuda y sinceramente, reverenciando nuestra vida y negando la posibilidad de un cambio. Decimos que este es el único camino; pero hay tantos caminos como radios pueden trazarse desde un centro. Cualquier cambio es un milagro digno de ser contemplado; pero es también un milagro que ocurre a cada instante. Confucio dijo: Saber que sabemos lo que sabemos y que ignoramos lo que no sabemos es el mejor conocimiento. Preveo que cuando un hombre haya convertido un hecho de la imaginación en un hecho de su entendimiento, todos los hombres a la larga establecerán sus vidas sobre esa base. Por lo necesario para la vida, me refiero a todo aquello que obtiene el hombre por su propio esfuerzo y que desde el principio o después de largo uso se ha convertido en algo tan importante para la vida humana, que muy pocos, si algunos, por salvajismo, pobreza o filosofía, se atreven a vivir sin ello. Para muchas personas lo necesario para la vida se reduce al alimento. Para el bisonte en la llanura consiste en unas pocas pulgadas de apetitoso pasto con agua para beber, siempre que no busque el refugio de la selva o la sombra de la montaña. Ningún animal de la creación necesita más que alimento y refugio. Lo necesario para la vida del hombre que vive en este clima puede ser clasificado con exactitud bajo estos títulos: alimento, refugio, ropa y combustible. Porque hasta que no nos hayamos provisto de estos, no podremos considerar con libertad y posibilidad de éxito los problemas de la vida. El hombre no sólo ha inventado casas, sino también ropa y ha cocinado el alimento; y desde el descubrimiento casual del fuego, y su uso consecuente, un lujo al principio, surgió la necesidad actual de sentarse cerca de él. Nos es dado observar a perros y gatos que adquieren esa misma segunda naturaleza. Con casa y alimento apropiados, conservamos legítimamente nuestro calor interno, pero cuando estos o el combustible están en exceso, es decir, cuando el calor externo es mayor que el interno, ¿acaso no se puede afirmar que ha empezado la cocción? El naturalista Darwin dice, refiriéndose a los habitantes de la Tierra del Fuego, que mientras su cuadrilla de hombres bien vestidos estaba sentada cerca del fuego, sin sentir ningún calor, estos salvajes desnudos, situados algo más lejos, le causaron sorpresa, pues goteaban de sudor mientras soportaban semejante calcinación. También nos han dicho que mientras que el aborigen de Australia anda desnudo sin consecuencia alguna, el europeo tiembla de frío entre sus ropas. ¿No sería posible combinar la robustez de estos salvajes con la intelectualidad del hombre civilizado? (...) La mayor parte de los lujos, o las llamadas comodidades de la vida, no son solamente innecesarios, sino también impedimentos para la elevación de la humanidad. En lo que se refiere a los lujos y comodidades de la vida, diré que los más sabios siempre han vivido vidas más simples y pobres que las vidas de los mismos pobres. Nadie puede ser un observador sabio e imparcial de la raza humana si no se encuentra en la ventajosa posición de lo que deberíamos llamar pobreza voluntaria. El fruto de una vida lujosa es el lujo, ya sea en agricultura, comercio, literatura o arte. Hoy en día tenemos profesores de filosofía, pero no filósofos. Sin embargo, enseñarla es admirable porque en un tiempo también lo fue vivirla. Ser un filósofo no consiste en tener pensamientos sutiles meramente, ni en fundar una escuela, sino en amar la sabiduría tanto como para vivirla de acuerdo con sus dictados, para llevar una vida de simplicidad, independencia, magnanimidad y confianza. Consiste en resolver no sólo teóricamente algunos problemas de la vida, sino también prácticamente. (...) ¿Cuál es la naturaleza del lujo que anula y destruye a las naciones? ¿Acaso tenemos la seguridad de que no exista en nuestra propia vida? El filósofo está por delante de su época aun en la forma externa de su vida. No es alimentado, albergado, vestido o calentado como sus contemporáneos. ¿Cómo puede un hombre ser un filósofo sin mantener su calor vital por métodos mejores que los del resto de los hombres? Una vez que el hombre es calentado ¿qué más desea? Seguramente no quiere más de ese entibiamiento, sino alimento mejor y más rico, mayores y más espléndidas casas, ropas abundantes y de mejor calidad, fuegos más continuos y de más rendimiento en calor; y otras cosas parecidas. Cuando un hombre ha obtenido todo lo nombrado anteriormente, existe otra alternativa aparte de la de adquirir cosas superfluas, la de arriesgarse en la vida, ahora que han comenzado sus vacaciones del trabajo humilde. Pareciera que la tierra es apropiada para la semilla, porque esta ha mandado su radícula hacia abajo y ahora puede mandar el tallo hacia arriba con entera confianza. ¿Cuál es la razón por la cual el hombre se ha arraigado a la tierra, sino para poder elevarse hacia los cielos en la misma proporción? Porque las plantas más nobles son valoradas por el fruto que llevan al fin al aire y a la luz lejos del suelo, y estas no son tratadas como las plantas comestibles más humildes, que a pesar de ser bienales, son cultivadas solamente hasta que han perfeccionado su raíz, y a menudo son cortadas en la punta con esta intención, en forma tal que la mayoría de la gente no las reconocería en su época floreciente. Mi intención no es prescribir reglas a los hombres de naturaleza fuerte y valiente, que cuidarán de sus propios asuntos tanto en el cielo como en el infierno, y quizá edificarán con más magnificencia y gastarán el dinero más profusamente que los más ricos, sin llegar jamás a empobrecerse, ignorando cómo viven (si en realidad hay personas así, como se las ha soñado); ni a aquellos que encuentran coraje e inspiración precisamente en el estado presente de las cosas y lo acarician con la afición y el entusiasmo de los enamorados (y en cierto modo me incluyo entre estos), tampoco les hablo a aquellos que tienen un buen empleo en cualquier circunstancia y que saben si este empleo es bueno o no. Les hablo principalmente a la gran cantidad de hombres que están disconformes, y que se quejan ociosamente de la dureza de sus destinos, o de los tiempos en que viven, siendo que tienen la posibilidad de mejorarlos. Algunas personas se quejan de otras, porque (según dicen enérgica e inconsolablemente) estas cumplen con su deber. También tengo presentes a los ricos en apariencia, pero que en realidad pertenecen a una clase terriblemente empobrecida, que han acumulado basura y no saben cómo usarla o deshacerse de ella; en esta forma han fraguado sus propias prisiones de plata u oro. Si me atreviera a contar de qué manera deseaba pasar mi vida años atrás, sorprendería mucho a los lectores que la ignoran. Sólo voy a indicar algunas de las empresas que he acariciado. En cualquier época y en cualquier hora del día o de la noche, siempre he estado ansioso por mejorar la oportunidad que se me presentara y también por documentarla; por pararme sobre el encuentro de dos eternidades, el pasado y el futuro, que es precisamente el momento presente: por acatar esa regla. Me perdonarán sin duda algunos pasajes no muy claros, porque en mi oficio hay más secretos que en los de la mayoría de los hombres; pero estos secretos no son guardados intencionalmente por mí, sino que son inseparables de su naturaleza. Sería un placer para mí contar todo lo que sé acerca de ellos y no yerme obligado a escribir en mi puerta PROHIBIDA LA ENTRADA. Poder anticiparse no sólo a la salida del sol y la aurora, sino también, si fuera posible, ¡a la misma naturaleza! ¡Cuántas mañanas, en verano y en invierno, antes de que ningún vecino hubiera comenzado a preocuparse por sus tareas, yo ya estaba trabajando! Sin duda, muchos de mis conciudadanos me han encontrado a la vuelta de esta actividad: los chacareros que se encaminaban hacia Boston, en el alba, o los leñadores que se dirigían al trabajo. Es verdad que nunca ayudé materialmente a la salida del sol, pero el solo hecho de estar presente era de suma importancia para mí. ¡Ah! ¡Cuántos días de otoño y de invierno pasé en las afueras de la villa, tratando de oír lo que había en el viento, de escucharlo y manifestarlo prontamente! Casi naufragó en ello todo mi capital y perdí mi propia respiración en la empresa. Si hubiera ello concernido a alguno de los partidos políticos, pueden estar seguros de que habría aparecido en el periódico entre las noticias más importantes. Otras veces miraba desde el observatorio de algún árbol o roca, para poder telegrafiar la noticia de la llegada de alguien, o esperaba al atardecer sobre la cima de una colina que el cielo se cayera y yo pudiera apoderarme de algo, aunque nunca me apoderé de mucho, y eso, al igual que el maná, se disolvía en el sol. Durante un largo tiempo fui cronista de un diario cuya circulación no era muy grande, y el editor hasta ahora no ha encontrado propicias para ser publicadas la mayoría de mis colaboraciones, y como ocurre generalmente a los escritores, sólo obtuve dolores a cambio de mis esfuerzos. De todas formas, en este caso mis esfuerzos fueron su propia recompensa. Durante muchos años fui inspector (nombrado por mí mismo) de tormentas de lluvia y nieve, y cumplí fielmente con mi deber; inspector, no de los caminos reales, sino de los senderos del bosque y de los que cruzaban los terrenos, a los que mantenía abiertos y viables en todas las épocas del año; las pisadas del público han dejado en ellos un testimonio de su utilidad. He cuidado el ganado salvaje de la villa que, saltando los cercos, da mucho trabajo al pastor fiel; y he vigilado los pocos frecuentados escondrijos y rincones de las granjas, a pesar de no saber siempre si Jonás o Salomón trabajaban ese día en un campo determinado; esa no era mi tarea. He regado la roja gayuba, la cereza de los arenales y el almez, el pino colorado y el fresno negro, la vid blanca y la violeta amarilla, que en caso contrario podrían haberse marchitado en épocas de sequía. Para abreviar, diré que así seguí durante un largo tiempo ocupándome de mi trabajo escrupulosamente, y no lo digo con jactancia, hasta que fue evidente que mis conciudadanos no me admitirían en la lista de los funcionarios del pueblo, ni me ofrecerían un puesto con un sueldo moderado. La vida que los hombres elogian y consideran venturosa no es más que de una clase. ¿Por qué debemos exagerar el valor de una clase en perjuicio de otras? Viendo que mis conciudadanos no iban a ofrecerme ninguna sala en el juzgado, ni ningún curato o modo de ganarme la vida, sino que tendría que valerme por mí mismo, me volví más exclusivamente que nunca hacia los bosques, donde era mejor conocido. Decidí entrar en actividad enseguida, sin esperar a adquirir el capital que debe reunirse, sino haciendo uso de los reducidos medios de que yo disponía. Al dirigirme a la laguna Walden, no era mi intención vivir allí baratamente ni con lujos, sino despachar algunos negocios privados, con el menor número de obstáculos; el yerme impedido de llevarlos cabo, por falta de un poco de sentido común, de espíritu emprendedor y de talento comercial, me parecía no sólo triste sino tonto. (...) Todas las mañanas eran una cariñosa invitación para hacer mi vida con igual sencillez, y puedo decir con igual inocencia, que la misma Naturaleza. He sido un adorador de la aurora, tan sincero como los griegos. Me levantaba temprano y me bañaba en la laguna: era un ejercicio religioso y una de las mejores cosas que hacía. Dicen que en la bañera del rey Tching-Thang estaban esculpidos caracteres que decían: “Renuévate completamente todos los días; hazlo de nuevo y de nuevo y siempre de nuevo.” Puedo comprenderlo. La mañana nos trae otra vez las épocas heroicas. Me afectaba tanto el desmayado zumbido de un mosquito dando su vuelta invisible e inimaginable por mi habitación en la temprana aurora, cuando yo estaba sentado con la puerta y ventanas abiertas, como pudiera hacerlo por cualquier trompeta que alguna vez cantó la fama. Era el réquiem de Homero; eran la Ilíada y la Odisea en el aire, cantando sus propias iras y deambulaciones. Había algo de cósmico en ello; un anuncio permanente del eterno vigor y fertilidad del mundo. El hombre que no cree que cada día contiene una hora más temprana, más sagrada y rosada que la que él ya ha profanado, ha desesperado de la vida, y está avanzando por un camino descendente y oscuro. Luego de un paro parcial de su vida sensitiva, el alma de un hombre, o más bien sus órganos, se refortalecen cada día, y su Genio de nuevo ensaya si puede hacer otra vida noble. Debiera decir que todos los sucesos memorables ocurren durante la mañana y en una atmósfera matutina. Debemos aprender a volvernos a despertar, y a mantenernos despiertos, no con ayuda mecánica, sino por medio de una infinita espera de la aurora, que no nos abandone en nuestro sueño más profundo. No sé de un hecho que anime más que la incuestionable capacidad del hombre para elevar su vida gracias a un esfuerzo consciente. Es algo poder pintar un cuadro, o esculpir una estatua, y de esa forma hacer bellos unos pocos objetos, pero mucho más glorioso es esculpir y pintar la atmósfera a través de la cual miramos, cosa que podemos realizar moralmente. La más elevada de las artes consiste en alterar la calidad del día. Todo hombre tiene como tarea hacer su vida digna, hasta en sus menores detalles, de la contemplación de su hora más elevada y crítica. Si rechazáramos o agotáramos una información tan mezquina como la que recibimos, los oráculos nos informarían claramente acerca de cómo podría hacerse esto. (...) Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido. No quería vivir lo que no fuera la vida; ¡es tan hermoso el vivir!; tampoco quise practicar la resignación, a no ser que fuera absolutamente necesaria. Quise vivir profundamente y extraer toda la médula de la vida, vivir en forma tan dura y espartana como para derrotar todo lo que no fuera vida, cortar una amplia ringlera al ras del suelo, llevar la vida a un rincón y reducirla a sus menores elementos, y si fuera mezquina, obtener toda su genuina mezquindad y dar a conocer su mezquindad al mundo, o si fuera sublime, saberlo por propia experiencia y poder dar un verdadero resumen de ello en mi próxima salida. Porque me parece que la mayoría de los hombres se hallan en una extraña incertidumbre acerca de si la vida es del diablo o de Dios, y han deducido apresuradamente que la principal finalidad del hombre aquí es “glorificar a Dios” y gozar de él en la eternidad. Sin embargo, vivimos mezquinamente, como las hormigas, aunque la fábula nos cuenta que hace mucho fuimos transformados en hombres; luchamos con grullas como los pigmeos; es un error sobre otro error, remiendo sobre remiendo, y nuestra mejor virtud tiene, para esta ocasión, una miseria superflua y evitable. Nuestra vida está desmenuzada por los detalles. Un hombre honrado pocas veces necesita contar más que sus diez dedos, o, en casos extremos, puede añadir los otros diez de los pies y comprar a bulto el resto. ¡Sencillez, sencillez, sencillez! Que tus asuntos sean dos o tres y no cien o mil; en lugar de un millón, cuenta media docena y lleva sus cuentas sobre la uña de tu pulgar. En medio de este mar picado de la vida civilizada, son tales las nubes y tormentas y arenas movedizas y mil otras cosas a las que hay que atender, que un hombre tiene que vivir haciendo cálculos si no quiere naufragar e ir al fondo y no llegar a puerto alguno, y sin duda ha de ser un gran calculador el que triunfe. ¡Simplificar, simplificar! En lugar de tres comidas por día, no comas más que una si es preciso; cinco platos en lugar de cien; y reduce todas las demás cosas en esa proporción. Nuestra vida es como una Confederación Germánica, compuesta de pequeños estados, con sus límites siempre fluctuantes, en forma tal que ni un alemán puede decirnos cuáles son sus propios límites en un momento dado. La misma nación, con todas sus llamadas mejoras internas —que, por otro lado, son todas externas y superficiales— es como un establecimiento pesado e hipertrofiado, colmado de muebles y atrapado por sus propias trampas, arruinado por el lujo y los gastos sin cuidado, por falta de cálculo y de un objetivo digno como el millón de hogares que hay en el país; la única cura para ello es una economía estricta, una vida sencilla, más que espartana, y la elevación de los designios. La nación vive demasiado rápidamente. Los hombres piensan que es esencial que su nación tenga comercio y exporte hielo y hable por telégrafo y viaje a treinta millas por hora, aunque ellos mismos no lo hagan; pero nadie sabe si debemos vivir como babuinos o como hombres. Si no obtenemos los durmientes, ni forjamos los carriles, ni dedicamos a la obra días y noches, sino que vamos chafallando nuestras vidas para mejorarlos, ¿quién construirá los ferrocarriles? Y si no se construyen los ferrocarriles, ¿cómo llegaremos a tiempo al cielo? Pero si nos quedamos en casa y atendemos nuestros negocios, ¿quién querrá ferrocarriles? No montamos en el ferrocarril; él se monta sobre nosotros. ¿Has pensado alguna vez qué son esos durmientes sobre los que descansa el ferrocarril? Cada uno de ellos es un hombre, un irlandés o un yanqui. Los rieles se asientan sobre ellos y están cubiertos de arena y los vagones se les deslizan encima. Te aseguro: son sólidos durmientes. Y cada tantos años un nuevo lote de durmientes es colocado y se pasa por encima de ellos; de tal forma que si algunos tienen el placer de montar sobre rieles, otros tienen la desgracia de ser montados. Y cuando los trenes corren sobre un hombre que está paseando en su sueño, un durmiente supernumerario en posición errónea, y lo despiertan, de repente detienen los vagones y gritan como si se tratara de algo excepcional. Estoy contento de saber que cada cinco millas se emplea una cuadrilla de hombres para mantener a la misma altura los durmientes en sus lechos, porque es un signo de que pueden levantarse de nuevo alguna vez. ¿Por qué debemos vivir con semejante apresuramiento y desperdicio de la vida? Estamos decididos a morir de hambre antes de tener hambre. Los hombres dicen que una puntada a tiempo evita nueve, y así dan hoy mil puntadas para evitar nueve en el futuro. En cuanto al trabajo, no tenemos ninguno de importancia. Padecemos el baile de San Vito, y nos es imposible tener quietas nuestras cabezas. Llegaría yo a decir que si diera unos tirones a la cuerda de la campana de la parroquia, como si se tratara de un incendio, dudo que hubiera un hombre en su chacra de Concord, que a pesar del peso de sus asuntos, que le sirvió de excusa tantas veces esta mañana, ni un chico, ni una mujer, me atrevo a decir, que no abandonara todo y siguiera ese tañido, no solamente por salvar la propiedad de las llamas, sino, confesemos la verdad, mucho más por verla arder (ya que tenía que quemarse, y ya que nosotros, sabedlo bien, no la incendiamos), o para ver cómo se apaga el incendio y dar una mano, y si ello se puede hacer con facilidad, aunque se tratara de la misma parroquia. Es raro el hombre que habiendo dormido una siesta de media hora luego de la comida, no pregunte al levantarse: “ ¿Qué hay de nuevo?”, como si el resto de la humanidad se hubiera convertido en su guardián. Algunos indican que se les despierte cada media hora, sin otro fin, a no dudar; y luego, como recompensa, cuentan lo que han soñado. Después del sueño de una noche, las noticias son tan indispensables como el desayuno. “Por favor, decidme de algo nuevo que le haya ocurrido a algún hombre, en cualquier parte del globo”, y lee y se agita mientras toma el café, pues en el río Wachito le sacaron los ojos a un hombre; sin soñar que él mismo vive en la impenetrable oscuridad de la cueva de este mundo, y no tiene más que el rudimento de un solo ojo. (...) Vergüenzas y desilusiones son tomadas como las verdades más sólidas, siendo que lo fabuloso es la realidad. Si los hombres observaran sola y firmemente las realidades, y no permitieran que se los engañen, la vida, comparándola con las cosas que conocemos, sería semejante a un cuento de hadas y a Las mil y una noches. Si respetáramos sólo lo que es inevitable y tiene derecho a existir, la música y la poesía resonarían por las calles. Cuando estamos sin prisa y somos prudentes, percibimos que sólo las cosas grandes y dignas tienen una existencia permanente y absoluta; que los temorcillos y los placeres despreciables no son sino la sombra de la realidad. Esto es siempre regocijante y sublime. Los hombres cierran los ojos, dormitan y consienten en ser engañados por las apariencias; así establecen y confirman su vida diaria de rutina y costumbre en cualquier parte, la que, además, está edificada sobre bases puramente ilusorias. Los niños, que juegan a la vida, discriminan mejor su verdadera ley y sus relaciones, con más claridad que los hombres que no logran vivirla dignamente pero que se creen más sabios por su experiencia, es decir, por sus fracasos. (...) En la eternidad hay realmente algo verdadero y sublime, pero todos esos tiempos y lugares y ocasiones existen ahora y aquí. El mismo Dios culmina en el momento presente, y nunca, en el lapso de todas las edades, será más divino. Y podemos percibir todo lo que es sublime y noble tan sólo por la perpetua inspiración e instilación de la realidad que nos rodea. El universo responde a nuestras concepciones, constante y obedientemente; ya sea que viajemos con rapidez o lentitud, el camino está abierto para nosotros. Por lo tanto, dediquemos nuestra vida a concebirlo. El poeta o el artista no han tenido nunca un designio tan bello y noble que al menos alguien de su posteridad no pudiera cumplirlo. Empleemos un día tan premeditadamente como lo hace la naturaleza, y no seamos arrojados del camino por todas las cáscaras de nuez y alas de mosquito que caigan en los carriles. Levantémonos temprano, desayunemos gentilmente y sin perturbaciones; que la compañía venga y vaya, que las campanas tañan, que los niños alboroten, sigamos determinados a hacer de ello un día. ¿Por qué habríamos de someternos y seguir con la corriente? (...) Si uno se enfrenta cara a cara con un hecho verá brillar el sol en sus dos superficies, como si fuera un alfanje, y sentirá su suave filo dividiéndole por el corazón y la médula, y así usted concluirá felizmente su mortal carrera. Sea ella vida o muerte, sólo anhelamos la realidad. Si estamos muriéndonos realmente, que oigamos el estertor en nuestra garganta y sintamos frío en las extremidades. Si estamos vivos, ocupémonos de nuestros asuntos. El tiempo sólo es el río en el que voy a pescar. Bebo en él; pero mientras bebo, veo el lecho arenoso y descubro cuán superficial es. Su fina corriente se desliza a lo lejos, pero la eternidad permanece. Yo bebería más profundamente; pescaría en el cielo, cuyo suelo está tachonado de estrellas. No puedo contar una sola. No sé siquiera la primera letra del alfabeto. Siempre he deplorado no ser tan sabio como lo era el día en que nací. La inteligencia es un hendedor; discierne y se abre su camino, en el secreto de las cosas. No deseo estar con mis manos más ocupadas de ¡o necesario. Mi cabeza es manos y pies. Siento concentradas en ella mis mejores facultades. Mi instinto me dice que mi cabeza es un órgano cavador, como los hocicos y garras anteriores de algunos animales, y con ella yo minaría y horadaría mi camino a través de estas colinas. Creo que la vena más rica se halla por algún sitio en estos alrededores; así lo juzgo por mi varita de zahorí y los finos vapores que se elevan, y aquí comenzaré a cavar. Con un poco más de meditación en la elección de sus fines, todos los hombres serían quizá esencialmente observadores y estudiosos, porque, sin lugar a dudas, su naturaleza y destino son igualmente interesantes para todos ellos. Acumulando propiedad para nosotros o nuestra posteridad, fundando una familia o una hacienda, o hasta adquiriendo fama, somos mortales; pero cuando tratamos con la verdad, somos inmortales y no debemos temer ningún cambio o accidente. Mi residencia era más adecuada que una universidad, no sólo para la reflexión, sino para la lectura seria, y aunque me hallaba más allá del alcance de la biblioteca ambulante, estaba más que nunca dentro de la influencia de esos libros que circulan por el mundo, cuyas frases fueron primeramente escritas en cortezas de árboles, y que ahora no son sino copiadas, de tiempo en tiempo, en papel de hilo. Los libros son la riqueza atesorada del mundo y la adecuada herencia de generaciones y naciones. Los libros más viejos y mejores están natural y debidamente en los estantes de cada casa de campo. Ellos no tienen una causa propia por la cual abogar, pero mientras iluminen y sustenten al lector, el sentido común de este no los rechazará. Sus autores son la aristocracia natural e irresistible de cualquier sociedad y ejercen en la humanidad una influencia mayor que las de los reyes o emperadores. Cuando un ignorante y quizás despreciativo comerciante ha obtenido con riesgo y trabajo su anhelada independencia y tiempo libre, y es admitido en los círculos de la riqueza y la moda, al final se vuelve invariablemente hacia aquellos aun más elevados pero inaccesibles círculos de la inteligencia y el genio, y se torna sensible a las imperfecciones de su cultura y a la vanidad e insuficiencia de sus riquezas; pero más adelante prueba su sensatez por los esfuerzos que realiza asegurando para sus hijos esa cultura intelectual cuya falta siente él tan agudamente; y de esa forma se convierte en el fundador de una familia. Las obras de los grandes poetas nunca han sido leídas por el género humano, porque sólo los grandes poetas pueden leerlas. Han sido leídas únicamente como la multitud lee las estrellas, no en forma astronómica, sino a lo sumo astrológica. La mayoría de los hombres han aprendido a leer para su mezquina conveniencia, como han aprendido a escribir números para llevar cuentas y no ser engañados en el comercio; pero de la lectura, como un ejercicio noble e intelectual, poco o nada conocen. Sin embargo, solamente eso es leer en un alto sentido, no aquel canturrear lujoso que adormece las más nobles facultades. Para leer, tenemos que estar en plena agudeza mental y debemos dedicarle nuestras horas más alertas y despiertas. Pero mientras estemos confinados a los libros, aun los más selectos y clásicos, y leamos solamente las lenguas escritas locales (que no son por su parte sino dialectos provinciales), correremos peligro de olvidar el lenguaje que hablan sin metáfora todas las cosas y sucesos y que es el único abundante y el echado. Se publica mucho, pero se graba poco en la memoria. Los rayos que se difunden a través de la persiana no se recordarán largo tiempo cuando la persiana desaparezca. Ningún método ni disciplina puede reemplazar la necesidad de estar siempre alerta. ¿Qué son un curso de historia o filosofía o poesía, por muy selecto que fueren, o la mejor sociedad o el hábito más admirable, comparados con la disciplina de mirar siempre lo que ha de ser visto? ¿Serás tú un lector, un estudioso meramente, o un profeta? Lee tu destino, mira lo que ante ti se halla y camina hacia el futuro. El primer verano no leí libros; escardé las alubias. No, a menudo hice algo mejor que eso. Hubo épocas en las que no pude permitirme sacrificar la flor del momento presente por ningún trabajo, sea mental o manual. Me gusta contar con un amplio margen para mi vida. A veces, en una mañana de verano, habiendo tomado mi acostumbrado baño, me sentaba en mi soleado umbral, desde que salía el sol hasta el mediodía, transportado a un sueño en medio de los pinos y nogales americanos y zumaques, en soledad y tranquilidad no alteradas, mientras las aves cantaban alrededor o revoloteaban sin ruido a través de la casa, hasta que recordaba la marcha del tiempo por el sol que daba sobre mi ventana occidental, o el ruido del carro de algún viajero en la distante carretera. En esos lapsos, yo crecía como el maíz en la noche y eran mucho mejores que cualquier obra manual. No eran tiempos sustraídos de mi vida, sino ratos muy superiores a los que me permitía corrientemente. Comprendí lo que los orientales entienden por contemplación y abandono del trabajo. En su mayor parte no me daba cuenta de que pasaban las horas. El día avanzaba como para alumbrar alguna tarea mía; era la mañana, y he aquí que ahora es el atardecer y nada memorable he hecho. En lugar de cantar como las aves, sonreía silenciosamente a mi incesante buena fortuna. Como el gorrión tiene su gorjeo, asentado en el nogal sobre mi puerta, así tenía yo mi risa o trino sofocado que podía aquel oír y que procedía de mi nido. Mis días no eran días de la semana, que llevaran la estampa de paganas deidades, ni estaban divididos en horas, o agitados por el tictac de un reloj; yo vivía como los indios Puri, de quienes se dice que tenían solamente una palabra para ayer, hoy y mañana, y expresaban el particular significado de ayer señalando hacia atrás, de mañana apuntando hacia adelante y de hoy indicando lo que tenían sobre la cabeza. Esto sería para mis conciudadanos una pereza extraña, no hay duda; pero si las aves y flores me han refinado con su ejemplo, no seré hallado en falta. Un hombre debe encontrar sus ocasiones en sí mismo, es verdad. El día natural es muy tranquilo y difícilmente le reprochará su indolencia. Tuve al menos esta ventaja en mi modo de vivir sobre aquellos que para divertirse están obligados a mirar afuera, hacia la sociedad y el teatro, pues mi vida misma llegó a ser mi diversión y nunca cesó de ser novedosa. Era un drama de muchas escenas y sin ninguna conclusión. Si estuviéramos siempre ganándonos la vida y regulando nuestra vida de acuerdo con la última y mejor forma de vivir que hemos aprendido, nunca nos acosaría el tedio. Sigue a tu genio bien de cerca y no dejará este de mostrarte un panorama nuevo cada hora. La tarea doméstica era un agradable pasatiempo. (...) Mi casa se halla en la falda de una colina, contigua al borde del gran bosque, en medio de un soto de pinoteas y nogales americanos, y a media docena de varas de la laguna, a la que conduce, colina abajo, un estrecho sendero. Mientras me siento en la ventana esta tarde estival, los gavilanes giran alrededor de mi descampado; la velocidad de las palomas salvajes volando de a dos o de a tres frente a mí, o paseándose inquietas sobre las ramas del pino blanco que está detrás de mi casa, confiere su voz al aire; un halcón marino se sumerge en la brillante superficie del lago y saca un pez; un visón se desliza ante mi puerta y se apodera de una nana junto a la costa; el junco está inclinándose bajo el peso de los pajaritos que revolotean de aquí para allá; y durante la última media hora, he oído el traqueteo del tren, muriendo por momentos para dejarse oír de nuevo, al igual que el redoble de la perdiz, llevando viajeros de Boston hacia el campo. El ferrocarril de Fitchburg toca la laguna en un punto situado a unas cien varas al sur de donde vivo. Suelo ir al pueblo a lo largo de su terraplén, y estoy como unido a la sociedad por este eslabón. El silbido de la locomotora penetra en mi bosque en invierno y verano, sonando como el grito de un halcón que se dirigiera hacia el patio de algún chacarero, informándome de que muchos inquietos comerciantes de la ciudad han entrado en el perímetro del pueblo, o emprendedores hacendados lo han hecho por la parte opuesta. Al llegar bajo un mismo horizonte, gritan sus avisos al otro para que le deje libre el camino, que algunas veces se escuchan a través de los círculos de dos villas. ¡Campo, aquí vienen tus comestibles! ¡He aquí vuestras raciones, campesinos! No existe un hombre con la suficiente independencia en su chacra como para poder decir que no. ¡Si todo fuera como parece y los hombres hicieran a los elementos servidores suyos, pero con nobles fines! ¡Si la nube de vapor que cuelga sobre la locomotora fuer a la respiración de hechos heroicos, o tan benéfica como la que flota sobre ¡os campos del labrador, entonces los elementos y la naturaleza entera acompañarían alegremente a los hombres en sus andanzas y serían su escolta! Observo el paso de los vagones a la mañana con el mismo sentimiento con que observo levantarse al sol, que es apenas más regular. Su huella de nubes extendiéndose mucho hacia atrás y elevándose más y más hacia el cielo, mientras los vagones van a Boston, oculta al sol durante un minuto y deja en sombras mi campo distante; este es un tren celestial junto al cual el pequeño tren de vagones que abraza la tierra no es más que la púa de una lanza. (...) Este es un atardecer delicioso, cuando todo el cuerpo es un solo sentido y absorbe deleite por todos los poros. Voy y vengo con una extraña libertad por la Naturaleza, siendo parte de ella misma. Mientras camino a lo largo de la costa pedregosa de la laguna, en mangas de camisa (a pesar de que el día es frío, nublado y ventoso), no veo nada especial que me atraiga: todos los elementos me son extraordinariamente afines. Las ranas simulan anunciar la noche y las notas de los chotacabras son transportadas sobre la superficie del agua con el viento ondulante. Mi empatía con las agitadas hojas de los alisos y de los álamos casi me corta la respiración, pero al igual que la laguna, mi serenidad se riza pero no se perturba. Estas pequeñas olas, levantadas por el viento crepuscular, están tan lejos de la tormenta como la tersa superficie reflectora. Aunque ahora está oscuro, el viento sopla y ruge aún en el bosque, las olas siguen chocando y algunos animales arrullan al resto con sus cantos. Generalmente existe espacio suficiente a nuestro derredor. Nuestro horizonte no se halla nunca junto a la mano. El espeso bosque no está frente a nuestra puerta, tampoco la laguna, sino que siempre hay un espacio libre, familiar y gastado por nosotros, apropiado y cercado en alguna forma y reclamado a la Naturaleza. ¿Cuál es la razón por la que tengo este vasto espacio habilitado para mi albedrío, este circuito de algunas millas cuadradas de bosque no transitadas, que ha sido dejado para mi privacidad por el resto de los hombres? Mi vecino más cerca no se halla a una milla de aquí y ninguna casa es visible desde lugar alguno, como no fuera desde la cima de la colina a media milla de distancia de mi hogar. Mi horizonte está limitado por bosques que son sólo para mí: de un lado, veo a lo lejos el ferrocarril en el sitio que toca la laguna, y del otro lado el cerco que bordea el camino del bosque. Pero en su mayor parte, el lugar donde vivo es tan solitario como las praderas. Es tan Asia o Africa como Nueva Inglaterra. Es como si tuviera mi propio sol, mis propias luna y estrellas, y un pequeño mundo entero para mí. De noche, nunca un viajero pasó por mi casa o golpeó mi puerta, como si yo fuera el primero o el último de los hombres, excepto en la primavera, cuando con largos intervalos solían venir algunos pobladores de la aldea a pescar fanecas. Creo que los hombres están aún un poco temerosos de la oscuridad, aunque todas las brujas fueron colgadas y se las sustituyó por la cristiandad y las velas. Sin embargo, experimenté algunas veces que la sociedad más dulce y tierna, la más inocente y alentadora, puede hallarse en cualquier objeto natural, y esto es válido hasta para el pobre misántropo y para el hombre más melancólico. (...) Nunca me he sentido solo, ni tampoco deprimido por forma alguna de soledad, salvo una vez, y esto fue unas pocas semanas después de haber venido a los bosques, cuando por una hora dudé de si la próxima vecindad del hombre no sería esencial para una vida serena y saludable. El estar solo era entonces poco placentero para mí, pero al mismo tiempo me daba cuenta de que estaba pasando por una ligera dolencia en mi modo de pensar y parecía prever que había de mejorarme. En medio de una lluvia suave, mientras prevalecían estos pensamientos, noté de pronto la existencia de una sociedad dulce y benéfica en la Naturaleza, en el golpear acompasado de las gotas y en cada sonido y vista alrededor de mi casa; una amistad infinita e indescriptible, como si se tratara de toda una atmósfera que me mantenía, una amistad que convirtió en insignificantes todas las ventajas imaginarias de la vecindad humana; y no he pensado en ella desde entonces. Cada pequeña aguja de los pinos se dilataba, henchida de simpatía, y me ofrecía su amistad. Me di cuenta muy claramente de la presencia de algo relacionado conmigo hasta en los parajes y escenas que solemos llamar salvajes y tristes, y también de que mi pariente más próximo y el más humano no era una persona, ni un habitante de la villa; y pensé que a partir de entonces ningún lugar me sería extraño. (...) Con frecuencia solían decirme: “Me atrevo a pensar que usted se siente solo por allí y que desea estar más cerca de la gente, especialmente en los días y noches de lluvia y nieve.” Suelo tener deseos de contestar a esas gentes: “Este planeta entero donde vivimos no es más que un punto en el espacio. ¿A qué distancia creen ustedes que viven los dos habitantes más lejanos de aquella estrella, el ancho de cuyo disco no puede ser apreciado por nuestros instrumentos? ¿Por qué habría de sentirme solo? ¿No está nuestro planeta en la Vía Láctea?”. No me parece que esa pregunta que me han formulado sea la más importante. ¿Qué clase de espacio es el que separa a un hombre de sus semejantes y le hace sentirse solitario? He descubierto que ningún movimiento de las piernas puede aproximar a dos mentes. ¿Cerca de qué queremos vivir nosotros, principalmente? Seguro que no ha de ser de muchos hombres, de la estación de tren, del depósito, la oficina de correos, el bar, la capilla, el edificio de la escuela, el almacén, los barrios residenciales o los del bajo fondo, donde los hombres se congregan en su mayor parte, sino de la fuente perenne de nuestra vida, donde según nuestra experiencia hemos comprobado que emana aquella, como el sauce quiere estar cerca del agua y envía sus ramas en esa dirección. Este sitio variará de acuerdo con las distintas naturalezas, pero allí el hombre sabio cavará su sótano. (...) Somos la materia de un experimento que no deja de tener interés para mí. ¿Acaso no nos podemos arreglar por un corto lapso sin la sociedad de nuestras chismografías, teniendo a nuestros propios pensamientos para que nos alegren? Confucio dice en verdad: “La virtud no queda como un huérfano abandonado; debe necesariamente tener vecinos.” Con el pensamiento podemos estar junto a nosotros mismos, en un sentido sano. Por un esfuerzo consciente de la mente, podemos estar separados de las acciones y de sus consecuencias; y todas las cosas, tanto las buenas como las malas, pasan por nosotros como un torrente. No estamos completamente involucrados en la Naturaleza. Puedo ser el madero arrastrado por la corriente o Indra mirándolo desde el cielo. Puedo ser afectado por una función de teatro, o, por el contrario, puedo no ser afectado por un suceso real que parece estar mucho más relacionado conmigo. Me conozco sólo como una entidad humana; como la escena, por así decirlo, de mis pensamientos y afectos, y me hago cargo de una cierta duplicación, por la cual puedo situarme tan lejos de mí mismo como de cualquier otra persona. A pesar de mi intensa experiencia, soy consciente de la presencia y crítica de una parte mía, que es como si no fuera una parte de mí, sino un espectador que no comparte experiencia alguna, sino que toma nota de todas; y eso no es más mi persona de lo que lo eres tú. Cuando la comedia, quizá la tragedia, de la vida se ha acabado, el espectador sigue su camino. En lo que a él respecta fue una especie de ficción, tan sólo un trabajo de la imaginación. Esta duplicidad puede convertirnos fácilmente algunas veces en malos vecinos y amigos. Encuentro saludable el hallarme solo la mayor parte del tiempo. Estar en compañía, aunque sea la mejor, se convierte pronto en fuente de cansancio y disipación. Me encanta estar solo. Nunca encontré una compañía tan compañera como la soledad. Casi siempre solemos estar más solos cuando estamos entre los hombres que cuando nos quedamos en nuestras habitaciones. Un hombre que piensa o trabaja está siempre solo, encuéntrese donde se encuentre. La soledad no se mide por las millas espaciales que separan a un hombre de sus semejantes. Generalmente, la sociedad es demasiado barata. Nos encontramos a intervalos demasiado cortos, sin haber tenido tiempo de adquirir ningún valor nuevo el uno para el otro. Nos encontramos tres veces al día en las comidas y nos damos unos a otros un nuevo bocado de ese queso rancio que somos. Hemos tenido que ponernos de acuerdo sobre una cierta cantidad de reglas llamadas de etiqueta y cortesía para hacer tolerable esta frecuente reunión y que no necesitemos llegar a una guerra declarada. Nos reunimos en el correo o en el mercado o junto al fuego todas las noches; vivimos muy apretados y cada uno se interpone en el camino de los demás y tropezamos los unos con los otros; pienso que así perdemos algo de respeto mutuo. Ciertamente, una menor frecuencia bastaría para todas las comunicaciones importantes y cordiales. Pensemos en las muchachas que trabajan en un taller: nunca están solas, difícilmente en sus ensueños. Sería mejor si no hubiera más que un habitante por milla cuadrada, como donde yo vivo. El valor de un hombre no está en su piel, para que nosotros se la toquemos. He oído de un hombre perdido en los bosques y muriendo de hambre y fatiga al pie de un árbol, cuya soledad se aliviaba gracias a las grotescas visiones con las que, debido a su debilidad corporal, lo rodeaba su enferma imaginación y que él creía reales. También dotados de salud y de todas nuestras fuerzas físicas y mentales podemos ser estimulados continuamente por una sociedad semejante, pero más normal y natural, y llegar a saber que nunca estamos solos. (...) La indescriptible inocencia y beneficencia de la naturaleza del sol, del viento y la lluvia, del verano y el invierno, ¡qué salud, qué alegría proporcionan siempre! Y tal simpatía tienen ellos siempre por nuestra raza, que toda la Naturaleza se dolería y disminuiría el brillo del sol y los vientos suspirarían humanamente y las nubes lloverían lágrimas y los bosques se despojarían de sus hojas y se pondrían de luto en medio del estío, si algún hombre se quejara alguna vez por una causa Justa. ¿No tendré inteligencia con la Tierra? ¿Acaso no soy en parte hojas y vegetal? ¿Cuál es la píldora que nos conservará serenos y contentos? No la de mi bisabuelo ni la del tuyo, sino las vegetales y botánicas medicinas universales de la Naturaleza, nuestra bisabuela, con las cuales esta se ha conservado siempre joven, ha sobrevivido en su día a tanto longevos y alimentado su salud con su marchita fertilidad. En lugar de esas redomas de curanderos, con sus mixturas extraídas del río Aqueronte y del Mar Muerto, que salen de sus largas carretas semejantes a goletas negras que a veces nos parecen fabricadas para

10
4
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.