Peganium
Usuario (Argentina)
El tronco musgoso El valle de Norton no se encontraba muy lejos de la ciudad. El único problema que hacía difícil llegar a este valle es que tenía una gran fila de montañas circulares que lo rodeaba. Aquellas montañas no solo eran altísimas, sino que también hacía mucho frío por aquella zona y albergaba cierta cantidad de animales peligrosos. Los exploradores conocían hasta cierto límite de las montañas, ya que siempre se veían obligados a evacuar por los peligros que asomaban y comenzaban a acechar. A muchos individuos les atraía el misterio sobre el valle, ergo comenzaron a circular rumores e historias que alegaban que era un lugar sagrado y de difícil llegada debido a que era un sitio exclusivo de las divinidades. Otras personas, con menor optimismo, aseguraban que simplemente era un interminable camino de frío insoportable, como si fuera un desierto hecho de nieve, en donde ni siquiera se daba cabida a la vida de plantas. La historia sobre el valle de Norton, que circuló por largas generaciones, comenzaba a perder interés por parte de los habitantes de la ciudad de Chybil, del reino de Yesninv, la cual se encontraba en las afueras de estas montañas. Poco a poco la gente fue comenzando a dejar de pensar que realmente había algo divino detrás de las montañas. La muerte de Yaurus Arcentub provocó que la mayoría de los exploradores dejaran de obsesionarse con el valle de Norton, y muchos le dieron la espalda al valle, aunque siempre quedaba alguien que quería saber más sobre estas historias. La séptima noche en que el cazador y explorador Valerium Zizard (un creyente de las historias divinas del valle de Norton) volvió, dijo que encontró un pasaje sin peligro. Añadió que había utilizado el pasaje por primera vez luego de seguir por tres noches a un venado de cuerno grisáceo oscuro y con las orejas pequeñas como anillos; en su cola, llevaba además unas quince o veinte colas largas con plumas, como búhos, que giraban en círculos pequeños entre sí. -Al ver que en un momento de la noche desaparecían de mi vista en el mismo lugar,- continuaba el relato Valerium Zizard, mientras le daban agua y se quitaba su equipo de caza, sentado en una silla bastante alta- la cuarta noche opté por adentrarme en ese tronco musgoso y tenebrosamente húmedo porque no aguantaba más el apetito. Luego de trapasar el tronco, se reveló ante mis ojos un paisaje largo, en el que hay caminos pavimentados con piedras grises de perlas azuladas, mucho mas iluminado y con menos plantas. Tuve que admitir que sentía mucho frío, pero eso me dio fuerzas para continuar ya que me percaté que había encontrado el punto en que Selías Arblais se vio forzado a dar por terminada su exploración y volver a la ciudad. Los aldeanos más humildes lo escuchaban de cerca, mientras caminaba la gente de mayores privilegios para llegar primera y ser los primeros en saber las noticias. Los adultos del grupo de privilegiados llevaban carteles pidiendo por encontrar de nuevo a Arblais, quien era el hijo del príncipe a punto de ser rey del reino de Yesninv. La historia sobre Arblais era ya bastante conocida entre la gente. El joven Arblais, al verse azotado por un frío insoportable, comenzó a padecer síntomas de hipotermia, de manera que se vio obligado a volver a la ciudad. Una vez allí, pidió ayuda a los aldeanos para que lo abastezcan con lanas pesadas, botas contra el frío y un pantalón de más para luego adentrarse en aquel lugar detrás del tronco, sin revelar la ubicación del tronco musgoso debido a que no quería que nadie más se arriesgase. Luego de su ida, nadie volvió a verlo por tres años. Daban una recompensa por un dinero que se consideraba una fortuna: 173 Dolvas púrpuras, que tenían forma circular y triangular de cinco centímetros de alto cada una. Aquello era considerado una recompensa suficiente para cualquier valiente. Desde entonces, luego de tres años de cazadores y exploradores que no encontraban ni rastro, el cazador Valerium Zizard contaba esta historia. Valerium cerró los ojos y se tocó la frente. Su estatura era baja, pero era increíblemente ágil y poseía excelentes reflejos. Dio un suspiro y prosiguió, mientras que su crecida barba se hacía notar con el movimiento de su boca. -No creo que estaba viendo muy bien, pero aparecieron tres hombres que volaron hacia mí, sentados sobre alfombras cortas y me llevaron a un refugio. Me dijeron que había llegado bastante lejos, y que me daba la bienvenida a la ciudadela, luego de llevarme durante un día entero hasta un refugio mas caliente. Aparentemente me había desmayado, porque no recordaba como llegué allí. Cuando desperté, sentí el cuerpo entumecido. No llevé conmigo ningún abrigo especial para enfrentar al frío, ya que no tenía muchas esperanzas de encontrarme con aquel lugar. No tuve tiempo de dar la vuelta y volver a la ciudad porque el apetito me obligó a seguir al ciervo y moriría de hambre en el tiempo que tardaría en regresar. En fin, una vez recobrada la conciencia, se sentaron justo como están ustedes ahora para que les contara cómo encontré el tronco. En frente de todos ellos estaba Selías Arblais, aunque no le reconocí de inmediato, parecía mas adulto y grande. Luego de mencionarme su nombre, interrumpiéndome en mi relato sobre cómo llegué a ese lugar, Selías me preguntó por ustedes –contaba Valerium mientras señalaba a una familia adinerada- y les dije que lo estaban buscando y se puso muy feliz. Al decir el padre de la familia tosió un poco de susto y dijo con voz temblorosa: -¿Y… qué dijo?- inquirió el padre. -Me ha dicho que no tiene intenciones de volver por el momento, pero cuando sienta que es el momento para volver vendrá en seguida- contestó Valerium, que aparentaba cierta molestia por la pregunta. -¿El momento?– dijo esta vez el padre sin temblar la voz- ¿Cuándo será eso?-. Valerium dio un suspiro, y negó levemente con la cabeza. -Eso no me lo ha querido decir, pero dijo que confiara en él.-contestó Valerium con una leve sonrisa. -Para ser franco, le creí, ya que parece ser un hombre audaz y valiente, puesto que ya conocía de ese refugio hace 7 años, cuando tenía solo 12 años.- El padre pareció feliz con esta respuesta, y sonrió para sí mismo. -Bueno- dijo, sonriendo de oreja a oreja- me parece que la recompensa es suya. Caballeros, entréguenle los tesoros. Ante esta orden, los guardias de la ciudad pasaron a entregarle el oro a Valerium, llevándoselo con un carruaje. Valerium miró al tesoro con cierto descontento. -No busqué a Selías por el oro, lo busqué porque salvar a aquel joven valía la pena. Dénselo a los aldeanos, ellos me proveyeron del equipo de armadura que llevaba, la gran cantidad de flechas y utensilios de gran ayuda para la caza-. Al decir esto, miro con ojos felices a dos chicos jóvenes de no más de 10 años que le sonreían. Valerium les guiñó rápidamente el ojo y vio como los guardias les daban el oro a un grupo de aldeanos. Estos lo miraron sonrientes a Valerium, y le agradecieron haciendo una reverencia. Luego de repartir el tesoro entre los aldeanos de la manera más equitativa posible, el lugar quedó despejado. Sólo quedaba la familia Arblais, acompañados de dos guardias desarmados. - Ha sido muy noble de tu parte entregarle el tesoro a quienes más lo necesitaban. Eres un valiente caballero- le dijo el señor Arblais a Valerium -Gracias, pero no soy ningún caballero. Sólo tuve un poco de suerte y fue el miedo a la muerte lo que me impulsó a seguir a aquel ciervo, por ende no veo el motivo por el cual yo debería apropiarme de ese tesoro, hice lo que cualquier ser humano en mi situación hubiese hecho- le respondió Valerium, con cierta sonrisa apagada- Por cierto, señor, ¿cómo es su nombre?- -Mi nombre es Rítalo Arblais. Mi esposa se llama Narcil Cópencuz.- Rítalo esperó a que Valerium siguiera con otra pregunta, pero al ver que este no parecía muy interesado en hacer alguna, Rítalo tomó la oportunidad para hacer una pregunta suya. - Y dime, mi querido Valerium, ¿qué pasaría si yo decidiera visitar aquel lugar? La pregunta pareció incomodar a Valerium, quien se mostró un poco sorprendido y por unos segundos meditó sobre la respuesta. - Verás, señor Arblais, llegar a ese lugar no es algo que cualquiera puede lograr. No es solamente pasar a través de un tronco musgoso y esperar unas horas bajo el frío a que lo recojan. Personalmente yo tuve suerte, nadie habita por aquellos lugares tétricamente helados.- Valerium dio un suspiro. Parecía muy cansado y agotado por la aventura y le molestaba el hecho de tener que hablar tanto. - Lamento informarle, señor, que no puedo informarle sobre todo lo que descubrí allí. Aquella zona es un lugar increíblemente peligroso, ni siquiera su hijo pudo atravesarla por su cuenta: fuimos los únicos dos que tuvimos la suerte de ser encontrados por los habitantes de Garhant. Según me contaron, los Garhantes han encontrado varios cadáveres, suyos y aparentemente nuestros, en aquel paisaje helado. - Pero si ellos pueden sobrevivir al sendero, ya que fueron quienes le rescataron, ¿por qué no nosotros? – acotó Rítalo. - No conozco a nadie de esta zona que sepa volar en una alfombra. A menos que… - Rítalo abrió los ojos expectante a alguna información de alto valor – Mire. Me han comentado, que aquel tenebroso heladero es más cálido en su altura, por lo que deduzco que si hay alguna forma de volar, esa sería la solución al problema. Pero, que yo sepa, no conozco nadie que pueda hacer semejante acción. Desde detrás de la multitud, se escuchó levemente un tocido pequeño pero que irrumpió en el silencio seguido de la frase de Valerium. Ante otra tocida mas pronunciada, la gente se dio vuelta. Al pasar esto los ciudadanos se sorprendieron, ya que vieron a un hombre pequeño, anciano de una tez verde, que apenas podía mantener los ojos abiertos. La gente se abrió paso para darle lugar al camino del anciano. Sus movimientos eran lentos, pero sabía a dónde se quería dirigir, por lo queno titubeaba y no esperaba hacer nada mas rápido. Una vez cerca de Valerium, el anciano carraspeó y dijo, en una tenue voz: -“Mi placer, Valerium, en esta ocasión se da porque es de mi grato placer introducirle en un objeto que usted probablemente desconozca, al que yo llamo “kr-Peganium”. Este objeto, con la debida destreza, puede usarse para surcar los aires volando, sin necesidad de verse afectado a la fuerza gravitatoria. Esto quiere decir, simplemente, que el objeto puede omitir la fuerza que lo atrae a la Tierra en un gran porcentaje, de manera que el piloto pueda volar por los aires sin inconvenientes.” Ante esto, Valerium cambió su expresión. No era ya de cansancio, fatiga ni asombro. Su expresión pareció demostrar que sus esperanzas habían vuelto y que así también lo hicieron sus energías. La gente, en cambio, se asombró escandalosamente, promoviendo suspiros y diciendo “oh!”. El señor Arblais, atento sobre el respectivo respeto ante el anciano pequeño, ordenó que la gente se retirase, y encomendó que la habitación debía ser liberada para que el ancianillo verde y Valerium pudiesen hablar. -“Bien Kriptok, ¿con qué viene a sorprenderme ahora?” – dijo Valerium, una vez que la sala estuvo vacía. -“Bien Valerium, te seré sincero: el conocimiento sobre abandonar la gravedad es un concepto difícil de obtener. Es probable que se requieran años para una persona como tú pueda aprenderlo, y disculpe mi poca modestia. Le quiero ser franco directamente y sin armar un rompecabezas verbal para luchar por mi deseo: iré con usted al otro lado del tronco musgoso, te ayudaré a volar y con mi ayuda podremos llegar al pueblo de Garhant.”- Hubo una pausa. Valerium lo escuchaba atento, y al ver que no tenía nada mas para decir, irrumpió el leve silencio. -“Si usted lo desea, señor. No puedo oponerme a sus desciciones, pero como respétolo mucho, le daré el más amigable consejo: a esas temperaturas, la mente no funciona como lo hace en temperaturas que nosotros consideramos normales. Y por sobre todas las problemáticas que el frío trae, se necesita mucho abrigo, el cual tiene que ser sostenido por un cuerpo lo suficientemente fuerte como para sostenerlo…” – contestó Valerium, contrarrestando la crítica del sabio. Kriptok sonrió. Parecía feliz de que Valerium le haya dicho eso. -“Pues claro que puedo sostener un abrigo. Puedo sostener nuestros cuerpos fuera de la mayor parte de la fuerza gravitatoria, cómo no voy a poder llevar un abrigo del peso de dos humanos cada uno, y sé que vamos a ser cuatro en nuestra embestida…” “-Cómo? Cuatro? Somos nosotros dos, no pienso llevar a nadie mas conmigo!”- Cortó Valerium. De atrás de la puerta trasera de la habitación, salieron los dos chicos a los que Valerium les había sonreído. Valerium los miró, callado, sorprendido y empezó a mover la cabeza en forma de negación, pero el anciano levantó el dedo y lo interrumpió. “-Los niños, además de tener mucha imaginación y ayudarnos a resolver posbiles problemas, son muy ágiles por lo que pueden ayudarnos a cazar… Excelente, partimos en 70 retrios (48 minutos)” dijo el anciano Viejo forro, pensó Valerium, mirándolo enojado. Si les gustó, voy a postear el 2do capítulo
BUENAS Cálense este video como el nene cae en la psicología inversa! link: http://www.youtube.com/watch?v=wsBon3DTwIY Si van a denunciar, por lo menos miren el video primero