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PedroMun

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Primer post: 22 may 2010Último post: 22 may 2010
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¿A Dónde Va La Basura Electrónica?
EcologiaporAnónimo5/22/2010

¿A Dónde Va La Basura Electrónica? Se calcula que se generan 100.000 toneladas por año en el país, o sea 2,5 kg por habitante. El fenómeno es mundial y preocupa. En la película animada Wall-E, un simpático robot es diseñado para limpiar la chatarra que cubre la Tierra después de haber sido destruida y abandonada por el ser humano. Una vez más, el celuloide vaticina posibles realidades. Hoy, los países desarrollados y en vías de desarrollo se enfrentan con graves problemas medioambientales a causa de la acumulación de enormes cantidades de basura electrónica. “Somos 40 millones de argentinos y hay 50 millones de líneas de telefonía celular. Todos esos equipos, en algún momento, cumplen su ciclo de vida, por roturas, daños u obsolescencia, y pasan a ser Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE). Estos incluyen a los residuos de informática y telecomunicaciones, a la línea blanca (heladeras y diversos electrodomésticos), y las líneas gris y marrón (audio, video y televisores). Pero no sólo eso, también incluye a las pilas, baterías, lamparitas, así como piezas de instrumentales médicos, militares, autopartes y juguetes. Hoy, la modernidad está basada en los aparatos eléctricos y electrónicos, desde las comunicaciones, la producción industrial, la banca o las empresas de servicios y hasta nuestra vida”, afirma Gustavo Fernández Protomastro, biólogo y director de Silkers. La fabricación de productos electrónicos creció en los últimos años debido a los nuevos diseños que reducen la vida útil de los artículos. Este recambio genera grandes cantidades de desperdicios que exigen un tratamiento diferenciado de la basura tradicional, porque contienen sustancias peligrosas para la salud y el ambiente. Lorena Pujó, integrante de la Campaña de Tóxicos de Greenpeace Argentina, sostiene: “Se calcula que se producen 100.000 toneladas por año en el país, 2,5 kg por habitante. No hay datos sobre la generación por provincia, pero se puede calcular, por la alta concentración de población en la AMBA, que es un porcentaje importante”. En la producción, se utilizan compuestos como el cromo, que forma parte de las cubiertas de metal y es cancerígeno; el cadmio, que se encuentra en las baterías recargables, contactos y conexiones de monitores de tubo de rayo catódico y afecta a los riñones y los huesos; el mercurio, que se usa en el sistema de iluminación de los monitores de pantalla plana y daña al cerebro y el sistema nervioso; el plomo, que está en los monitores de tubo de rayo catódico y en las soldaduras y provoca deterioro intelectual, daños en el sistema nervioso, el circulatorio y el reproductivo; y los retardantes de flama que se utilizan en tarjetas de circuito y cubiertas de plástico y son neurotóxicos y deterioran el aprendizaje y la memoria. En el mundo y en la Argentina Los desechos se están acumulando en todo el Planeta a un ritmo de 40 / 50 millones de toneladas por año. El mayor crecimiento en los últimos años fue el de celulares y aparatos similares. Entre el 50% y el 80% de esta chatarra tecnológica acaba en ciudades-vertedero de la China o de países en vía de desarrollo como la India, Pakistán y Nigeria. “Cada año –sostiene Lorena Pujó–, cientos de miles de viejas computadoras y teléfonos móviles son arrojados a basurales, rellenos sanitarios, o son incinerados. Miles de estos aparatos se exportan, muchas veces de manera ilegal, desde la Unión Europea, los Estados Unidos, el Japón y otros países industrializados, hacia países en desarrollo, especialmente de Asia. En estos países, los trabajadores, muchas veces niños en precarias condiciones, realizan el desmantelamiento y fundido de partes de estos aparatos y quedan expuestos a una combinación de venenos y químicos tóxicos”. Guiyu, por ejemplo, una ciudad situada en la provincia de Guangdong (sur de China), se ha convertido en el mayor vertedero de basura electrónica de la Tierra. En esta urbe, acaba buena parte de los residuos tecnológicos que se generan cada año en todo el mundo. De los 150.000 habitantes de Guiyu, el 95% se gana la vida abriendo y desmontando ordenadores y otros aparatos electrónicos, exponiéndose, sin ningún tipo de medida de seguridad, a numerosos componentes tóxicos, como plomo, cadmio o mercurio. Sólo en los Estados Unidos, el tráfico de basura electrónica genera cada año más de 500 millones de euros. “Se calcula que cada norteamericano desecha, aproximadamente, 17 kg al año. Comienza a ser un problema muy grave” expresa Gustavo Fernández Protomastro. Según un informe de Prince & Cooke, entre 700.000 y 800.000 computadoras quedaron en desuso. Los datos de Camoca agregan que, en los últimos dos años, el volumen de impresoras láser que quedaron fuera de circulación trepó de 90.000 a 200.000 unidades. En lo que respecta a impresoras de chorro a tinta, se incrementaron de un millón a un millón y medio. Pero las estrellas que acumulan baterías y chips son los celulares: el año pasado, terminaron en la basura unos diez millones de celulares. Sin embargo, existen alternativas. Protomastro explica: “Hay dos tipos de empresas u ONG que trabajan con la basura electrónica. Por un lado, están los servicios técnicos u ONG que se dedican a reparar y extender el ciclo de vida útil de los equipos para donarlos o venderlos a un menor precio, sobre todo en la informática. En la Argentina, no todo aparato se desecha de buenas a primeras, sino que se busca su reparación o se lo despieza para obtener repuestos. Por otro lodo, están las empresas, coopera-tivas y cartoneros que obtienen materias pri- mas con valor de venta, como ser plásticos, cables de cobre, chatarra ferrosa y chatarra no ferrosa. Y al menos hay tres empresas que recuperan las plaquetas electrónicas para su exportación a plantas de refinado de metales (una plaqueta de un celular o una computadora, según un informe de Greenpeace, puede tener más de 500 sustancias diferentes), y en la Argentina no hay tecnología para su recupero como insumo de nuevo proceso industrial. Sí hay plastiqueros que compran el plástico industrial, PC-ABS o HIPS, así como Acindar y Siderar compran el hierro, Aluar el aluminio y diversas empresas, el cobre de los cables”. Reciclar es la clave La solución, dicen los expertos, es reciclar estos materiales y evitar que lleguen a la naturaleza. Según un reciente análisis, un monitor informático o un televisor pueden contener más de tres kilogramos de plomo. Si tenemos en cuenta que sólo desde los Estados Unidos se van a enviar, pronto, más de doce millones de toneladas de desechos electrónicos a los vertederos, el problema ambiental se vuelve muy grave. Mientras las autoridades revisan su legislación para evitar que ello suceda, científicos del Georgia Institute of Technology han realizado un estudio que sugiere que la "producción inversa", es decir, la extracción de materiales útiles a partir de los desechos electrónicos, será la solución para adoptar en los próximos años. De esta forma, materiales como el plomo, el cobre, el aluminio y el oro, así como varios tipos de plásticos, cristal y cables, podrían ser recuperados y reciclados en futuros productos. El proceso debe ser económicamente viable, y aquí reside uno de los grandes retos de la propuesta. Jane Ammons y Matthew Realff, del GIT, han ideado maneras de separar los diferentes metales, así como las diversas calidades de plásticos, a partir de componentes triturados y desechados. Protomastro considera que: “Más del 95% de los componentes de una computadora o un celular se pueden reciclar. Además, algunos de los componentes de los aparatos electrónicos tienen metales raros o escasos, y no queda otra alternativa que recuperarlos de los desechos, por caso, el Paladio, Iridio o el Tantalio. Una vez que el aparato electrónico cumplió su ciclo de vida, en lugar de desecho debemos considerarlo como insumo de un nuevo proceso industrial. Tanto el plástico (que es petróleo transformado) como gran parte de los metales y cerámicas de los aparatos electrónicos son recursos que están en franco agotamiento. Por eso, tanto el gobierno como las empresas deben apuntar a recuperar esos constituyentes, para permitir que las futuras generaciones puedan tener opciones de desarrollo sustentable”. Así es como, en la Argentina, se pueden encontrar empresas, como Silkers, que ofrecen servicios de recolección, separación, valorización y reciclado de la basura electrónica, para recuperar importan-tes recursos naturales y minimizar el impacto ambiental. También, existe una Red de Operadores del Mercado de Metales y Residuos, llamada Escrap, que tiene por misión promover el uso sustentable de los aparatos eléctricos y electrónicos a lo largo de su propio ciclo de vida. Funciona como una Bolsa o Tablón para vincular la oferta de generadores de RAEE con los Operadores de Residuos Peligrosos o Recicladores de Scrap o subproductos. El cliente puede cargar su oferta o demanda: tipo de Aparato, constituyentes, cantidad, volumen mensual, lugar de retiro, precio de referencia, licitaciones, entre otros servicios. También Greenpeace Argentina inició la Campaña de Basura Electrónica para concientizar a la población sobre este problema, en la que se incluye la promoción del proyecto de Ley de Gestión de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos. Pujó expresa que la ley debe basarse “en el principio REP, con tres aspectos clave: Ecodiseño; Responsabilidad del productor sobre el ciclo de vida del producto; El que contamina paga. Es importante el apoyo y la presión pública para que la ley sea sancionada. Estamos convencidos de que se pueden hacer productos limpios, durables, que sean actualizables, reciclables y fáciles de manejar al final de su vida útil y que no terminen como residuos peligrosos en basurales y rellenos contaminando el ambiente”. Las soluciones posibles Los desafíos que se deben enfrentar son variados, aunque principalmente, son tres las cuestiones que hoy ocupan la atención de los expertos en el tema: El reciclaje de los aparatos en desuso, que consiste en la separación de los residuos tóxicos y el aprovechamiento de los materiales que pueden ser reutilizados; la creación de una legislación adecuada que haga hincapié en la llamada responsabilidad extendida del productor y la producción de bienes electrónicos cuyos componentes sean menos contaminantes. La velocidad a la cual esta montaña de productos electrónicos obsoletos está creciendo generará una crisis de enormes proporciones, al menos que las corporaciones de la industria electrónica, que obtienen ganancias por fabricar y vender estos aparatos, asuman la responsabilidad. Es posible hacer productos limpios, durables, que se puedan actualizar, reciclar y que sean fáciles de manejar al final de su vida útil, para no terminar como residuos peligrosos en basurales y rellenos sanitarios contaminando el ambiente.

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