Pasolero2016
Usuario (Argentina)
La única opción es el ajuste Si no se corta con la inflación, el déficit fiscal, el cepo y el excesivo gasto público de este populismo industrial, el país se verá en la encerrona de una nueva crisis Gasto publico una de las principales causas del proceso inflacionario argentino El problema con este incremento exorbitante del gasto (además de su escasa productividad) es que no fue precedido de un incremento similar de la recaudación de impuestos y tanto el Gobierno venezolano como el argentino decidieron financiar la diferencia con emisión monetaria. Al enfrentarse con las consecuencias de ese incremento de la emisión, a saber, la inflación, ambos gobiernos buscaron combatirla con controles de precios y controles de cambio en lugar de revertir las políticas que habían emprendido en el pasado. Los resultados están a la vista, el fracaso. Otra vez, como cuatro veces antes en el último medio siglo, nos encontramos con un programa económico agotado y ante la necesidad de hacer ajustes, pero con una gran discusión en la sociedad acerca de si hay que hacerlos o no y cómo y cuánto ajuste hacer si ésa fuera la decisión. Encima de todo esto sobrevuela el fantasma de una nueva crisis, si no se acertara con el remedio y la dosis adecuada. Ya sucedió varias veces: a mediados de los años 70, con el Plan de Inflación 0 de Gelbard que terminó en el Rodrigazo; a principios de los años 80, con la tablita de Martínez de Hoz que terminó con las devaluaciones de Lorenzo Sigaut; a fines de los 80, con el Plan Austral que llevó a la hiperinflación, y se repitió a fines de los 90 con la convertibilidad, que terminó con la crisis de 2001-2002. ]¿Por qué otra vez esta encerrona que nos agobia? Porque vivimos haciendo lo que el economista Mario Teijeiro ha denominado "populismo industrial": cerrar la economía al comercio para dejar la mesa servida a la industria sustitutiva de importaciones, expropiar al campo y al petróleo con retenciones y restricciones para exportar, y hacer todo el déficit fiscal posible para que la demanda (de consumo) sea el ariete, la punta de lanza del crecimiento económico. Se trata de un modelo que se sostiene mientras las circunstancias internacionales extraordinarias lo permiten. El agro aguanta mientras el precio de la soja compense el atraso cambiario. La producción de petróleo y gas aguanta gracias a inversiones anteriores, hasta que se desploma la producción. Las exportaciones industriales desaparecen por falta de competitividad y represalias de otros países. Los depósitos y el crédito se sostienen hasta que la inflación y el atraso cambiario hacen de la compra de dólares el único refugio a la expoliación de las tasas de interés negativas. El aumento del gasto público y la presión impositiva se sostienen hasta que circunstancias internacionales inician una contracción económica y el déficit fiscal se torna inmanejable. El financiamiento monetario y con reservas desde el Banco Central permite una demanda interna pujante hasta que la tasa de inflación comienza a hacer estragos en los bolsillos de los consumidores. Al mismo tiempo, para capear la fuga de capitales, se establecen controles de cambio que generan más incertidumbre, más suba del riesgo país y más fuga de capitales. Así, la crisis se hace difícil de evitar. El déficit fiscal de 2015 fue del orden del 8% del PBI; el atraso cambiario, como realmente hay que medirlo, o sea, como desequilibrio respecto de un tipo real de cambio de equilibrio, es mayor que el de la convertibilidad. Las tarifas de los servicios públicos, en particular, las de energía, están tan atrasadas que las distribuidoras están quebradas. Finalmente, las tasas de interés para los depositantes a plazo fijo, al ser negativas en términos reales, desalientan el ahorro que es la base para el crecimiento sostenido. El ajuste, que deberá consistir en equilibrar las cuentas públicas, corregir las grandes distorsiones de precios relativos que existen y reinsertar al país en el mundo es necesario porque hace cuatro años que la economía no crece, la inflación está entre las más altas del mundo, hay suspensiones y despidos de trabajadores, las distribuidoras de energía están quebradas, las economías regionales sufren una de las peores crisis de su historia y ni la soja es rentable ya. Hay que prescindir de gran parte del empleo público, claramente inoperante (o sea, militancia versus prestación de bienes y servicios públicos para la sociedad), congelar el gasto público remanente, devaluar el peso, eliminar el cepo y anunciar una promesa creíble de que se dejará de emitir pesos para financiar el déficit fiscal residual[/u"]para lo cual será necesario financiarse con dólares que podrían provenir de un acuerdo de préstamo con el FMI, que a su vez permitiría recomponer las reservas internacionales del BCRA. También habrá que ajustar tarifas y poner las tasas de interés en territorio positivo luego de 12 años de tasas reales negativas que han desestimulado el ahorro doméstico y llevado el consumo, base económica del populismo, a niveles insostenibles. La otra cara de la moneda de este plan de ajuste implica un drástico cambio en la orientación de nuestra política exterior. Tenemos que volver a vincularnos con Occidente y cumplir los fallos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), los fallos del Ciadi (Banco Mundial), los de Griesa (la Justicia estadounidense que Néstor Kirchner y la propia Cristina fueron a buscar para hacer los canjes de deuda de 2005 y 2010) y cerrar el tema con los holdouts. Es irresponsable insistir en un modelo agotado. Nuestra historia demuestra que esa estrategia nos llevaría a una crisis. Es igualmente riesgoso incurrir en el endeudamiento externo como atajo para evitar los costos de equilibrar las cuentas públicas (luchando contra la corrupción y el clientelismo político) y de ajustar los precios relativos (tipo de cambio, tarifas y tasas de interés), porque aunque se tenga éxito, sólo se puede lograr en el corto plazo. A la larga, el desequilibrio fiscal y las distorsiones de precios relativos se volverían a hacer sentir, presionando por más y mayores ajustes. Reeditar lo que pasó durante la convertibilidad no parece el mejor camino. El ajuste es inevitable si no conseguimos financiamiento externo, so pena de seguir el camino de Venezuela. El ajuste será necesario aun cuando logremos el financiamiento externo que lo postergue, porque no podemos quebrar la parte más sana de nuestro sistema productivo (agro, industria exportadora, petróleo, turismo). Debido a la irresponsabilidad de Cristina Kirchner, el presidente tendrá que elegir entre un ajuste políticamente incorrecto o una continuidad de los desequilibrios que sería económicamente calamitosa.

"Los precios son fijados por los empresarios y los grandes monopolios”. Ese era un concepto recurrente en la gestión de Cristina Kirchner, pero mientras con una mano se apretaba al sector privado, con la otra se ordenaba al Banco Central acelerar la emisión de peso. Y eso también modificaba el valor, no sólo de los bienes y servicios, sino también del dinero. Esa opción política y económica -la impresión monetaria- generaba inflación. Y si bien, ahora, en la administración de Mauricio Macri, la inflación continúa, también hay algo que antes no había: una solución para combatirla. La impresión de billetes: ¿cómo funciona? Para mantener el elevado gasto del Estado, los gobiernos suelen financiarse mediante la impresión de billetes –y así no se endeudan-, agregan más dinero a la economía y se genera la ilusión de que se puede consumir más en lo inmediato, pero es todo lo contrario. Un ejemplo para verlo claramente: si existen 5 manzanas y 5 pesos, el valor será de un peso cada fruta, pero si decide duplicarse la cantidad de billetes y la cosecha se mantiene igual, entonces las manzanas costarán 2 pesos. Los precios suben entonces porque baja el valor del peso por un exceso en la impresión de billetes y una pérdida del poder de compra, que es el concepto mismo de la inflación. Cuando ven que la inflación se desborda las autoridades buscan soluciones sin controlar el gasto público e intentan encadenarla. De ahí surgen medidas como los controles de precios, cepo cambiario, presiones a comerciantes y productores o prohibiciones a importaciones. En paralelo, la emisión monetaria sigue alimentándose y en medio de un contexto controlado, los productores ven caer su rentabilidad, por lo que disminuyen su rendimiento, hay desabastecimiento de rubros en los mercados y suben más los precios. ¿Y cuál es el rol de los empresarios? Los empresarios y comerciantes siempre buscan maximizar sus ganancias, pero la inflación no sube en todos los países como lo hace en la Argentina o Venezuela aún así ucuando utilizan la emisión de dinero como una herramienta. En esta línea, podría preguntarse por qué los Estados Unidos emite dinero y no genera inflación ya que desde 2008, la Reserva Federal (Banco Central) implementó enormes emisiones de billetes para financiar el exceso de gasto público norteamericano. Sin embargo, nunca hubo una alteración en los precios. Esto ocurre porque el dólar es una moneda internacionalmente aceptada para transacciones comerciales y financieras. Cuando Estados Unidos emite, ese exceso de moneda verde sale del país y es aceptado por habitantes de otra nación. ¿Consecuencia? Si un Banco Central decidiera imprimir billetes se produciría sistemáticamente un proceso inflacionista. Otro ejemplo, mucho más antiguo: en 1921, un periódico costaba en Alemania 0,3 marcos, pero en noviembre de 1922 valía 70.000.000 de marcos. ¿Qué sucedió? En la economía había mucho más dinero. Todos tenían más en sus bolsillos, pero los marcos valían exactamente lo mismo que un año antes, por muchos ceros que tuviera la moneda. La fórmula para bajar la inflación Toda la explicación previa era necesaria para entender la clave del plan de Mauricio Macri para bajar la inflación. Apenas asumió decidió reducir el gasto público: el derroche en los ministerios, por ejemplo, es equivalente a 0,8 puntos del Producto Bruto Interno (PBI), casi un punto de todos los bienes y servicios producidos en el país. Además, el Gobierno redujo los subsidios económicos otorgados a través de la suba de tarifas, con lo que recupera 1,5 puntos del PBI. Todo esto es gasto público que empieza ahorrarse, Con estos cambios, la emisión monetaria destinada a financiar gasto público se redujo del 40% de la era K a 29% en los primeros meses de la gestión macrista. Claro, también hay un instrumento clave que todos los inversores han sabido aprovechar y que el BCRA utilizó para bajar la inflación: se trata de las Lebacs. Mediante estos títulos a corto plazo, el BCRA se endeuda para así absorber los pesos en exceso que circulan en la economía. En otras palabras, el inversor le da dinero a la máxima autoridad monetaria que no lo usa para financiar gasto público, sino para restringir la base monetaria. Con eso en mente desacelera la emisión de pesos y contiene las subas del dólar.