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PanCasero

Usuario (Argentina)

Primer post: 21 oct 2008Último post: 2 mar 2009
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Una genialidad de Chico Buarque
InfoporAnónimo10/25/2008

Una genialidad de CRISTOVÃO "Chico" BUARQUE, Ex-Ministro de Educación brasileño (no confundirse, no se trata del famoso canta-autor - me parece que le agregron el "Chico" para llamar la atención - pero igual vale la pena leerlo, les va a gustar) No todos los días un brasileño, les da una buena y educadísima patada donde más duele a los estadounidenses. Durante un debate en una universidad de Estados Unidos, le preguntaron al ex gobernador del Distrito Federal y ex-Ministro de Educación de Lula, hoy senador CRISTOVÃO "CHICO" BUARQUE, qué pensaba sobre la internacionalización de la Amazonia. El jóven estadounidense introdujo su pregunta, diciendo que esperaba la respuesta "de un humanista y no de un brasileño", (trampa). ... Ésta fue la respuesta del Sr. Cristovão Buarque: "Realmente, como brasileño, sólo hablaría en contra de la internacionalización de la Amazonia. Por más que nuestros gobiernos no cuiden debidamente ese patrimonio, él es nuestro. Como humanista, sintiendo riesgo de la degradación ambiental que sufre la Amazonia, puedo imaginar su internacionalización, como también de todo lo demás, que es de suma importancia para la humanidad. Si la Amazonia, desde una ética humanista, debe ser internacionalizada?, internacionalicemos también las reservas de petróleo del mundo entero. El petróleo es tan importante para el bien de la humanidad como la Amazonia para nuestro futuro. Pese a eso, los dueños de las Reservas creen tener el derecho de aumentar o disminuir la extracción de petróleo, subir su precio. De igual forma, el capital financiero de los países ricos debería ser internacionalizado. Si Amazonia es una reserva para todos los seres humanos, no se debería quemar solamente por la voluntad de un dueño o un país. Quemar la Amazonia es tan grave como el enorme desempleo provocado por las decisiones arbitrarias de los especuladores globales. Por lo tanto No podemos permitir q' las reservas financieras sirvan para quemar países enteros, con la voluptuosidad de la especulación. También, y antes que la Amazonia, me gustaría ver la internacionalización de los grandes museos del mundo. El Louvre no debe pertenecer solo a Francia. Cada museo del mundo es el guardián de las piezas más bellas producidas del genio humano. No se puede dejar que ese patrimonio cultural, tanto como es el patrimonio natural amazónico... sea manipulado y destruido por el sólo placer de un propietario o de un país. Hace poco tiempo, un millonario japonés decidió enterrar, junto con él, un cuadro de un gran maestro. Muy por el contrario, ese cuadro tendría que haber sido internacionalizado. Durante este encuentro, las Naciones Unidas están realizando el Foro Del Milenio, pero... algunos presidentes de países tuvieron dificultades para participar, debido a situaciones desagradables surgidas en la frontera de los EE.UU. Por eso, creo que N. York, como sede de las Naciones Unidas, debe ser internacionalizada. Por lo menos Manhatan debería pertenecer a toda la humanidad. De la misma forma que París, Venecia, Roma, Londres, Río de Janeiro, Brasilia... cada ciudad, con su belleza especial e historia del mundo debe pertenecer al mundo entero. Si EEUU quiere internacionalizar la Amazonia, para no correr el riesgo de dejarla en manos de los brasileños, internacionalicemos todos los arsenales nucleares norteamericanos. Bastará pensar que ellos ya demostraron que 'son capaces' de usar esas armas, pues YA LO HICIERON, con destrucción miles de veces mayor que las lamentables quemas realizadas en los bosques de Brasil. En sus discursos, los actuales candidatos a la presidencia de los Estados Unidos han defendido la idea de internacionalizar las reservas forestales del mundo,... a cambio de la deuda. Comencemos usando esa deuda, para garantizar que cada niño del mundo tenga la posibilidad de comer, y de ir a la escuela. Internacionalicemos a los niños, tratándolos a todos ellos, sin importar el país donde nacieron, como patrimonio que merecen los cuidados del mundo entero. Con tanto más cuidado del que se merece la Amazonia. Cuando los dirigentes traten a los niños pobres del mundo como "Patrimonio de la Humanidad", no permitirán que trabajen, cuando deberían estudiar; tampoco permitirán que mueran, cuando deberían vivir. Por eso, como humanista, acepto defender la internacionalización del mundo; pero,... mientras el mundo me trate como brasileño, lucharé para que la Amazonia sea nuestra. ¡Solamente nuestra ! "____________ NOTA : Este artículo ya fue publicado por el NEW YORK TIMES, el WASHINGTON POST, el USA TODAY y en los mayores diarios de EUROPA y del JAPÓN. En BRASIL y en Latinoamérica este artículo No fue publicado. Ayúdanos a divulgarlo. "Rescatemos del olvido la sabiduría antigua que comprendía al hombre como un todo orgánico con la Naturaleza" tomado del Acta de Inti Huasi, 21 de junio de 2002

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Carta de Rodolfo Walsh a Roberto Fernández Retamar
Apuntes Y MonografiasporAnónimo10/25/2008

Registrate y eliminá la publicidad! CARTA DE RODOLFO WALSH a ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR Buenos Aires. abril 27 [de 1972] Querido Roberto: Aprovecho el viaje de la Cra. para responder tu carta reciente. Como te habrás enterado por los cables internacionales, la situación aquí se ha vuelto bastante crítica. Quien más quien menos tiene la sensación de andar "regalado", como dice el hampa de los que tienen poca vida en los papeles. La rebeldía tipo "cordobazo" se ha institucionalizado ¬hace poco tuvimos una en Mendoza¬ y probablemente no desaparezca de la escena argentina en esta década. El régimen no ha conseguido tampoco desalojar a la guerrilla, que a pesar de algunos reveses también se prepara para una lucha de muchos años. De la otra vereda, la tortura así como el secuestro y asesinato de militantes, se han consagrado en costumbre semanal o cotidiana. Algunos amigos han muerto, otros están presos, a otros no se los ve tan a menudo como uno quisiera. Uno se acostumbra a tener la casa limpia, a no llevar un diario íntimo ni una libreta de direcciones, a quemar las cartas de La Habana ¬qué se le va a hacer¬, a mirar siempre los dos lados de la calle y presumir que cualquier teléfono está "pinchado", a no salir de noche, a que haya alguien que nos llame periódicamente para ver si seguimos existiendo. Otros se disponen mentalmente a soportar la tortura sin hablar, como lo han hecho la mayoría de los que cayeron presos, otros sueñan raras pesadillas. Por encima de esa preocupaciones la gran ciudad sigue su vida aparentemente normal, con su inmensa bobería industrializada, y cada uno se inserta en ella como puede, temiendo, sufriendo, simulando, gozando a veces con anécdotas como la del difunto general Sánchez, que aseguraba haber extirpado de Rosario el 85 por ciento de la guerrilla, y el 15 por ciento que quedaba lo cortó en dos con una ráfaga de Fal: primer general, desde la guerra de la Independencia, que muere en combate, aunque eso no tuvo oportunidad de pensarlo, distraído como estaba en su monumental imbecilidad. En este clima, comprenderás que las únicas cosas sobre las que uno podría o desearía escribir, son aquellas que precisamente no puede escribir, ni mencionar; los únicos héroes posibles, los revolucionarios, necesitan del silencio; las únicas cosas ingeniosas, son las que el enemigo todavía desconoce; los posibles hallazgos, necesitan un pozo en que esconderse; toda verdad transcurre por abajo, igual que toda esperanza; el que sabe algo, no lo dice; el que dice algo, no lo sabe; el resultado de los mejores esfuerzos intelectuales se quema diariamente, y al día siguiente se reconstruye y se vuelve a quemar. Este cambio doloroso es sin embargo extraordinario. Para algunos, la vida está ahora llena de sentido, aunque la literatura no pueda existir. El silencio de los intelectuales, el desplome del boom literario, el fin de los salones, es el más formidable testimonio de que aun aquellos que no se animan a participar de la revolución popular en marcha ¬lenta marcha¬, no pueden ya ser cómplices de la cultura opresora, ni aceptar sin culpa el privilegio, ni desentenderse del sufrimiento y las luchas del pueblo, que como siempre está revelando ser el principal protagonista de toda historia. [...] ¿Qué otros nombres puedo sugerirte? Haciendo un repaso, veo que Uds. han invitado a todos los intelectuales nuestros que merecían ser invitados (dentro de lo que yo sé); algún día se verá lo importante que ha sido, a pesar de ciertas apariencias, ese contacto con la revolución viva del pueblo cubano. Sólo encuentro una excepción notable: Leónidas Lamborghini, poeta de primera magnitud, que se declaró peronista en las épocas duras, cuando la inmensa mayoría de los intelectuales (yo incluido) no advertíamos la potencialidad revolucionaria que encerraba el peronismo, por el hecho elemental de que su eje era y es la clase obrera. Lamborghini es además delegado sindical en el diario Crónica, en un momento en que algunos periodistas están bajo el fuego de la represión: Casiana Ahumada presa, otros dos cros. (lkonikof y Alsina) presos y salvajemente torturados, otro Jozami, que acaba de salvar milagrosamente la vida tras un secuestro policial. En algún momento creo que te mencioné a Aníbal Ford: es un gran Cro., pero no sé en qué anda. La mujer de Noé, Tununa Mercado, es buena cuentista, trabaja en La Opinión, ha ensenado literatura argentina en Francia y sobre todas las cosas es una compañera excepcional. Mi lista se acaba ahí: puede haber otros, pero como te digo, estoy un poco desvinculado. ¿Nos veremos? Lilia y yo no perdemos la esperanza de que alguna coyuntura favorable lo permita. Entretanto te rogamos transmitir a todos los amigos y compañeros nuestro cariño, nuestra confianza y, por encima de todas las cosas, nuestra inconmovible seguridad en la victoria de los pueblos que profetizaba el Che. Un abrazo, Rodolfo <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&amp;n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

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Dictadura militar en Argentina
Apuntes Y MonografiasporAnónimo10/25/2008

Dictadura militar en Argentina (1976-1983): naturaleza y antecedentes del Estado genocida Por Alejandro Andreassi El propósito de los golpistas de 1976 era fundar una nueva legalidad, una nueva escala de valores y de normas sociales que redujera el exterminio del disidente político a la categoría de procedimiento político rutinario, como método fundamental de ejercicio del poder en un nuevo orden que sustituyera la discusión y la crítica abierta de lo político y lo social por la obediencia ciega, en una nueva pirámide de rígidas jerarquías coronadas por una elite integrada pro los comandantes golpistas y sus socios civiles. La muerte del opositor se transformaba en un objetivo y un horizonte político definido consciente por los jefes militares, ya que eran el fundamento constitutivo de la sociedad en la que se había suprimido el disenso. Basta para ello como prueba las palabras de Videla justificando el secuestro y desaparición, la muerte clandestina de disidentes, para evitar el impacto emocional en la opinión pública de fusilamiento a la luz del día y masivos. Que la muerte era el objetivo, eso no se discutía. Según éste nadie en la cúpula o los escalones subalternos de la dictadura dudaba sobre la decisión de asesinar. La discusión giraba sólo sobre si las ejecuciones de disidentes debían ser públicas o secretas. La necesidad de buscar parámetros con que juzgar históricamente esta catástrofe nos obligan a mirar a los máximos exponentes de la barbarie en el siglo XX: los fascismos europeos de entreguerras y especialmente el fenómeno nazi. Existe un sobrecogedor paralelismo entre estos objetivos y características de la dictadura militar y los regímenes fascistas europeos, especialmente con la dictadura nazi, salvando las obvias distancias de contexto y período histórico (también llama la atención la extensión geográfica del terrorismo de estado en los años setenta en el sur de América Latina, similar a la proliferación de fascismos en la Europa de entreguerras), que es desde ya un calificativo de las cualidades letales del régimen inaugurado en Argentina con el golpe de estado de marzo de 1976. Tanto en el caso del fascismo alemán como de la dictadura militar argentina, regímenes análogos en muchos sentidos, pero especialmente por compartir el mismo objetivo de refundación e ingeniería social basada en la normalización del exterminio como mecanismo de mediación social y de regulación de las relaciones entre sociedad política –el estado- y sociedad civil; pueden rastrearse en su propia historia esos antecedentes que precipitaron a sus respectivos pueblos en un abismo de barbarie, y mediante el genocidio produjeron una fisura irreparable en el concepto del hombre y la humanidad. Para asegurar sus objetivos ambos regímenes recurrieron a la deshumanización y bestialización sistemática de las víctimas, esencial para aislarlos del resto de la sociedad, e impedir no sólo la solidaridad de los que podrían ayudarlos a escapar de su suerte o a resistir, sino, lo que es más contundente y eficaz para lograr el exterminio, quitar a su eliminación el carácter de muerte, de tal modo que el genocidio se transforma en un asesinato sin culpables, sin responsables, y tampoco sin víctimas, ya que estas deben morir por que los son, no por lo que han hecho y por eso no merecen seguir con vida, según lo decidido por los nazis y los militares argentinos. La cosificación de las víctimas permite la absolución de los verdugos (¿es acaso un criminal el carnicero que trocea una res en el matadero?), transformando al primero sólo en un problema logístico burocrático que exige solución, y al segundo en el ejecutor de la solución del problema. En el caso argentino también el exterminio de los opositores constituye una finalidad en sí misma, que mide y comprueba la eficacia del poder desplegado (“lucharemos no hasta la muerte sino hasta la victoria”, dijo el almirante Massera, o el célebre exabrupto del sanguinario general Ibérico Saint Jean: “primero eliminaremos a los subversivos, luego a sus colaboradores, seguiremos con los simpatizantes y acabaremos con los indiferentes”). Y la deshumanización de las víctimas se hace, en lugar de utilizar referentes biológicos seudocientíficos (aunque también existieron manifestaciones antisemitas en la represión desatada por la dictadura), mediante la construcción de un no-hombre, no-ciudadano objeto de eliminación, que carece de existencia política aunque los motivos de su exterminio lo sean, pero igualmente eficaz para promover la indiferencia o la complicidad de gran parte de la población frente al genocidio: el “subversivo”. Para ellos el término designaba una esencia maligna, una amenaza procedente del ejercicio de la democracia, que también se transformaba en sospechosa para los inquisidores uniformados, porque esta, al permitir el intercambio de todo tipo de ideas favorecía su existencia. El subversivo estaba encarnado por todos aquellos que de algún modo se oponían o disentían con la jerarquía social fundacional de la república, o, lo que era aún más inadmisible, proponían alternativas opuestas a la república elitista y desigual. Según la dictadura se trata de individuos agrupados para destruir las esencias prepolíticas de la argentinidad, residentes en la comunidad nacional imaginaria preexistente a cualquier normativa constituyente y depositadas en los estamentos sociales tradicionales, la aristocracia de la tierra y las fuerzas armadas que conquistaron y aseguraron las bases materiales y espirituales del orden social vigente y amenazado por la combinación de “democracia y subversión”. Si bien no hay nada equiparable en la dictadura militar argentina a las leyes de Nuremberg en la delimitación normativa de quienes deben ser expulsados de la comunidad nacional, esta ausencia no anula la existencia de proyectos que tenían por objetivo la consumación de un genocidio, en este caso sobre un colectivo identificado por su posición política disidente. Si bien no hubo una delimitación escrita del grupo de ciudadanos a exterminar, si la hubo fáctica. Es lo que ha quedado meridianamente establecido con una argumentación impecable, si faltaba una última consideración sobre estos crímenes, por la Audiencia Nacional, en su sesión en Madrid, en noviembre de 1998. Existe otra coincidencia entre la dictadura militar argentina y el régimen nazi. Es el carácter público de la degradación del disidente y su expulsión –mediante el secuestro- de la comunidad nacional, y el carácter secreto y clandestino de su exterminio: se produjo un Nacht und Nebel rioplatense similar al que practicó Alemania en su propio territorio y en los países aliados y ocupados por los ejércitos nazis. La desaparición tenía el propósito de ocultar a la opinión pública las formas en que se estaba produciendo la represión para que la población no tuviera reparos en aprobar la represión de disidentes al deshumanizarlos, presentándolos como bestias sin alma dispuestas a la destrucción, anulando la existencia del crimen al ser practicado sobre un no-ser humano: de ahí el carácter demoníaco y bestial con que era reforzado cualquier mensaje desde el poder al hacer referencia a los disidentes como “subversivos” y a su conducta general como “la subversión”. Al mismo tiempo el carácter ostensiblemente irregular de los procedimientos de secuestro, que se producían muchas veces en plena luz del día y en las calles más concurridas de las grandes ciudades, mediante coches sin matrícula y personal armado sin uniformes que les identificaran, tenían como objeto resaltar el carácter aparentemente incontrolado de la represión, cualitativamente distinta a la que podría aplicarse de acuerdo a preceptos legales convencionales, y por lo tanto dirigidos a provocar un sentimiento permanente de inseguridad e indefensión en toda la población induciendo conductas sumisas al poder por ciudadanos que estarían dominados por la percepción de que cualquier desviación podrían lanzarlos más allá de la línea de sombra y expulsarlos a las tinieblas de un destino incierto, y que permanentemente actuarían movidos por el deseo de adivinar cuales conductas serían del agrado de las elites dominantes. Porque las causas de la detención por las fuerzas represivas nunca eran anunciadas públicamente mediante un juicio o procedimientos normales de procesamiento. El poder disuasorio y atemorizador sobre la normalidad del método utilizado actuaba a modo de tribunal kafkiano sobre la base de la duda de las motivaciones de la dictadura para proceder de ese modo. También podría actuar como un mecanismo de sometimiento que consistiría en la regresión infantil de gran parte de la población preocupada en agradar al poder con conductas sumisas para no pisar esa peligrosa zona de sombra donde se perdían otros, al actuar de modo socialmente reprobado por la dictadura, convertida en un padre cruel e inescrutable, similar a los modelos de comportamiento que los nazis pretendían inducir en los prisioneros de los campos de concentración, según las conclusiones elaboradas por Bruno Bettelheim, sobre la base de sus experiencias como preso político en la Alemania nazi en los campos de Dachau y Buchenwald. Otra similitud de este con aquel fascismo es la desnaturalización de los términos empleados, basada en el recurso al eufemismo para describir los procedimientos más atroces: así “chupar” significa secuestrar, “traslado” ejecución mediante los vuelos de la muerte o el tiro en la nuca, etc. La misma tergiversación de las palabras que practicaban los nazis: “solución final” exterminio de los judíos, “instalaciones especiales” las cámaras de gas en Auschwitz, “tratamiento especial” los asesinatos en masa practicados por los grupos SS en los territorios ocupados de la URSS. El secuestro de niños complementa el secuestro y desaparición de sus padres al reafirmar la declaración pública por parte del Estado terrorista de la inexistencia de su víctimas (de su no-existencia) haciendo que los hijos de los desaparecidos dejen de ser huérfanos al procurarle sus verdugos nuevos padres, socialmente aceptables según los valores sostenidos por el fascismo militar. La impunidad de los crímenes perpetrados por la dictadura militar argentina entre 1976 y 1983 no sólo es el efecto de la ausencia de castigo por el crimen cometido, sino también el síntoma de la persistencia de las estructuras y sistemas que han posibilitado y/o exigido la realización del crimen. Esta ha favorecido el desarrollo de una evidente anomia, caracterizada porque la violencia y la corrupción se han transformado en prácticas casi cotidianas en las relaciones sociales, y cuanto más próximo del poder o de los organismos estatales –como la policía- se encuentre el grupo que las practique más seguro se sentirá de estar a salvo de cualquier reclamo de la justicia. La impunidad viene en este caso a prolongar en el tiempo un propósito de la dictadura militar: la normalización del exterminio de la disidencia política, ya que la ausencia de castigo de un delito, no por omisión sino por legislación, automáticamente elimina desde un punto de vista político, y con el transcurso del tiempo, cultural y moralmente (lo que es aún más grave porque entraña la afectación de coordenadas de civilización) el carácter criminal del exterminio de opositores, así como el uso de la violencia para alcanzar cualquier tipo de objetivo por los grupos que disponen de poder para ejercerla. Aquí además se suscita otra cuestión. Las acciones del terrorismo de estado son incompatibles con la vigencia plena de las normas y valores de la sociedad democrática, especialmente la vigencia de los derechos humanos. Si su carácter criminal es anulado por la impunidad, simultáneamente la sociedad democrática se pervierte, ya que no pueden ser “normales” y “permitidas” conductas calificadas como criminales por esa misma sociedad de derecho. La vigencia de estas contra-normas produce una violación en la propia legalidad democrática, por lo que la democracia no puede hacer suyos principios de un régimen que la niega. Pero el arsenal ideológico de la dictadura no sólo es el resultado de la difusión de la doctrina de Seguridad nacional que como subproducto de la Guerra Fría fue inculcado por el Alto mando norteamericano a los ejércitos latinoamericanos, ni de la influencia del militarismo germano en la formación histórica de los oficiales del ejército argentino. Es también el resultado de la acumulación de experiencias, comprobables en la historia argentina, mediante las que se fue construyendo cultural y políticamente la legitimación del exterminio de disidentes y opositores. No contiene esta afirmación ninguna teleología, ni habla de ningún desarrollo “especial” en la historia argentina (no se trata de ningún Sonderweg). Ningún acontecimiento histórico es la consecuencia mecánica y obligada de la cadena de acontecimientos que le precedieron, pero si es concebible la relación inversa, un acontecimiento histórico se debe no sólo al contexto inmediato contemporáneo nacional e internacional, sino también a la genealogía fenomenológica que le antecede, en cuya articulación residen las condiciones y posibilidades de su ocurrencia. No es sólo cuestión de sincronía sino también de diacronía. Por eso es necesario observar la gestación de esa cultura negativa, de esa contracultura que condicionó los reflejos morales de una gran parte de la ciudadanía argentina, la misma que dio aquiescencia al golpe de estado de 1976, como mínimo con su actitud pasiva. Digamos de antemano que esa cultura de la muerte se construyó básicamente alrededor del eje de la impunidad que se creó sobre los numerosos crímenes de estado perpetrados o alentados desde las alturas del poder político, pero también económico. En la impunidad y en la ideología exterminista como medio de realización política se complementan y apoyan mutuamente necesariamente los dos pilares de la Argentina moderna, la gran burguesía agraria y financiera y el ejército, desde la consolidación del estado nación y la incorporación definitiva de la Argentina al mercado mundial hasta nuestros días. En el tercio medio del siglo XIX se produjo una de las mayores apropiaciones de tierras que registran los anales americanos, como resultado de las operaciones militares que liquidaron a los pueblos nómadas que ocupaban las vastas praderas del centro sur pampeano-patagónico integrándolas al sistema de explotación del capitalismo agroexportador disfrazando la campaña de exterminio con el eufemismo “Conquista del Desierto”. Es ya en esta época, mucho antes de la aparición de la doctrina de la Seguridad Nacional, cuando se utiliza la figura del "enemigo interior" para resolver un conflicto económico o social mediante el exterminio al ser presentado como un problema militar, que lo convierte en ajeno a la sociedad donde se produce el conflicto en que participa. Pero su carácter ajeno no es dado por su pertenecía a otra sociedad o comunidad nacional, como tradicionalmente se definía a un enemigo, sino por su "inadaptación" a la sociedad con la que convive. Fue un remedo del avance que EE.UU. realizó durante el mismo siglo, por dos motivos, la última campaña se realizó en muy poco tiempo (1878-1879) y la tierra ocupada pasó a integrar el patrimonio de un puñado de terratenientes, en lugar de permitir el acceso a la propiedad de un gran número de pequeños granjeros, como había sucedido en EE.UU. Si el "nacimiento de una nación" fue un parto sangriento, no podían ser inocuos los primeros y sucesivos pasos de la criatura. Una consecuencia del modelo de desarrollo emprendido por Argentina fue la atracción de numerosos inmigrantes procedentes principalmente del sur y el este europeos, para suplir la demanda creciente de mano de obra que no podía ser cubierta por la población nativa de un país de muy baja densidad demográfica. Esto tuvo como resultado que prácticamente el grueso de los trabajadores asalariados en la Argentina del cambio de siglo fueran inmigrantes europeos. Al producirse las primeras protestas obreras, inevitables como en otras sociedades en las que se producía un rápido desarrollo de la economía capitalista, estas fueron convenientemente mistificadas, por las elites aprovechando el mayoritario carácter extranjero de la fuerza de trabajo, presentándolas como el resultado "artificial" de ideologías extrañas a la cultura y tradición argentinas, procedentes de los países de origen de esos trabajadores. Estos automáticamente quedaban bajo la sospecha de atentar contra las instituciones, y, lo que era aún más grave, contra las esencias prepolíticas que determinaban el ser nacional. Escribe Manuel Gálvez en 1910: “... la mejor medida de policía espiritual será expulsar del país a todos los apóstoles de religiones extranjeras y de doctrinas sociales internacionalistas. La Constitución es sin duda muy respetable, pero la nacionalidad debe primar sobre la Constitución; la salvación de aquélla exige la violación de ésta”. Por lo tanto la construcción ideológica que había guiado la liquidación de los pueblos indígenas, sería pronto utilizada para intentar frenar las luchas que un movimiento obrero de inspiración anarquista y socialista estaba impulsando. El 22 de noviembre de 1902 se aprobaba la Ley de Residencia, inspirada en el proyecto presentado varios años antes por Miguel Cané, un conspicuo representante de la literatura y la elite porteña. El texto, corto y tajante, es la condena a la deportación para todo inmigrante cuya conducta no resulte del completo agrado de las autoridades. La gran burguesía agraria que disfruta del control casi omnímodo del aparato político, con su presidente Julio A. Roca a la cabeza, el “héroe” de la campaña al desierto, está preocupada por las crecientes movilizaciones obreras que desembocarán en la primera huelga general que se convoca en el Río de La Plata. Si bien la huelga no afectaba directamente sus intereses, ya que se trataba de una movilización de obreros porteños, constituía un abierto desafío a una sociedad política que admitía la inmigración como mal necesario para suplir la falta de mano de obra pero que recelaba de la lealtad de esa abigarrada mezcla lingüística y cultural. La ley tenía sólo cinco artículos, y en el segundo establecía que: “El Poder Ejecutivo podrá ordenar la salida de todo extranjero cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público”. Ello demuestra que el concepto de “Seguridad Nacional”, principal eje doctrinario de las dictaduras latinoamericanas de las décadas de 1960 y 1970, ya estaba configurado a comienzos de siglo. Y, por lo menos en Argentina, es válido suponer que deriva de la impronta fuertemente militarista con que se abordaron las cuestiones sociales. Al mismo tiempo la xenofobia encontraba un fundamento legal, y comenzaría a ser moneda corriente la asociación entre conflicto social y presencia de extranjeros, a tal punto que desde las mismas filas del grupo social dirigente comenzaron a elevarse voces pidiendo una limitación de la inmigración y su sustitución por obreros nativos, considerados más sumisos y menos conflictivos que los europeos. Respaldando la aplicación de la ley se instauró el estado de sitio, repetido en otras tres oportunidades hasta 1910 (1902, 1905 y 1909), figura reservada en la constitución para situaciones de grave conmoción interior y pensadas para situaciones de guerra internacional o civil por sus redactores; y la intervención militar en los conflictos laborales, con resultados sangrientos como la masacre de huelguistas en Ingeniero White en 1907, o la producida en Buenos Aires en el 1º de mayo de 1909. La sustitución de conservadores por radicales en el gobierno nacional a partir de 1916 no modificó significativamente esta actitud frente a los problemas sociales que afectaban a la población trabajadora. Incluso en 1919 y en 1920-21 se produjo una exacerbación cualitativa de la violencia represiva. Durante la Semana Trágica de enero de 1919 la represión adquirió, por una parte componentes xenófobos al descargarse principalmente contra inmigrantes judíos, fueran o no miembros del movimiento obrero; y por otra no sólo participó el ejército y la policía sino que se sumaron grupos de civiles pertenecientes a las clases medias y alta, no sólo miembros de organizaciones conservadoras sino también de la UCR, partido en el gobierno, que actuaron como “guardias blancas” durante los acontecimientos. Su intervención estará en el origen de la Liga Patriótica (fundada inmediatamente después de la Semana Trágica, con el apoyo de instituciones militares y representantes de la elite económica y social), un grupo de extrema derecha que hará del antisocialismo y la xenofobia su razón de ser, y que intervendrá durante la segunda gran violación de los derechos humanos mediante una operación militar: la represión de la huelga de los peones patagónicos, en 1921 y 1922. La impunidad fue total ya que nadie fue procesado ni condenado por los crímenes cometidos en Buenos Aires o en la lejana Santa Cruz, e incluso en este último caso el gobierno agradeció la actuación de los militares Varela y Anaya, porque se adujo que los huelguistas habían sido armados por Chile. Estos hechos demuestran como el racismo alcanza a ser la expresión más despiadada del odio de clase desde el momento en que los racistas creen poder “objetivar” mediante rasgos físicos y culturales el carácter “natural” y no social de la miseria, la inadaptación y la protesta. En la objetivación de los problemas sociales en la existencia de un “otro” cuya supresión implica la de los problemas, es también una consecuencia de la ideología militarista que alientan las elites argentinas. En lugar del reconocimiento de la alteridad se apostaba por su supresión. La primera interrupción del orden constitucional, en septiembre de 1930, instauró una dictadura, la del general Félix Uriburu (llamado von Pepe, por su fervorosa admiración hacia el militarismo prusiano) que no dudó en aplicar la pena de muerte contra opositores y disidentes, como fue el caso del fusilamiento de los militantes anarquistas Severino Di Giovanni y Paulino Scarfó. Pero también este período marca el inicio de un salto cualitativo en el accionar represivo. La tortura se vuelve instrumento sistemático para los detenidos, como denunciaría el socialista Alfredo Palacios. Mediada la década de 1930 comenzarán a aplicarse descargas eléctricas en los interrogatorios. También comienzan a utilizarse otras técnicas además de las violentas para controlar la rebeldía social que estimula un sistema que no abandona sus esencias fundacionales. Los medios de comunicación de masas, ahora reforzados por la difusión de técnicas novedosas como al radiofonía y el cinematógrafo contribuirán a establecer un “cordón sanitario” ideológico entre la población y los sectores sociales más conscientes y combativos. Pero no sustituirán ni las técnicas ni la ideología exterminista que constituye la ratio última de estado. Tampoco la tortura desaparecerá incluso durante el mandato constitucional de Perón, y con el funcionamiento normal de las instituciones parlamentarias En 1955 un golpe de estado pone fin a la experiencia populista peronista, cuya naturaleza es todavía hoy motivo de controversia, pero que puso en pie una versión limitada pero eficaz de estado de Bienestar o estado asistencial. En realidad la resistencia popular impidió un rápido derribo de esa estructura redistribuidora que paliaba las grandes desigualdades de la sociedad fundada en el capitalismo agroexportador, y marcó las características del juego político hasta la instauración fascista de 1976. En lo inmediato el golpe mostró claramente que se trataba de un castigo ejemplar a las pretensiones de la clase obrera de participar en la renta nacional de un modo un poco más equitativo de lo que lo había hecho hasta 1946. su carácter clasista se reveló no sólo en las políticas de ajuste de corte ortodoxamente liberal que se adoptaron en lo inmediato y sucesivamente, sino ya en las actitudes de los golpistas que mientras bombardeaban la Plaza de Mayo y masacraban civiles que intentaban defender al gobierno, permitían que Perón marchara al exilio a bordo de una cañonera de la misma marina que estaba dando el golpe de estado. Este golpe de estado ya marcaba un estilo distinto a los anteriores, más parecidos a un paseo militar sin sevicia inmediata. Un año después, en 1956 el levantamiento de un grupo de generales leales al peronismo conduciría a una nueva matanza, denunciada por Rodolfo Walsh en su libro Operación masacre, de civiles y militantes obreros en José León Suárez, mientras era fusilado el general Valle y otros treinta siete participantes entre militares y civiles, era el único militar de alta graduación ejecutado por un delito de sedición desde las guerras civiles del siglo XIX. Se inaugura una época en que la democracia limitada se alterna con el golpismo militar: 1962-63 y 1966-73. En esta última dictadura se manifestará, con la masacre de Trelew, de agosto de 1972, una nueva escalada en la violencia estatal que se manifestaría plenamente a partir de 1976, pero ya a partir de la conmoción que en los medios conservadores produce la revolución cubana, se difundirá una paranoia anitizquierdista que se concretará en proyectos estatales como el Plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado), inspirado en los lineamientos de la doctrina de la Seguridad Nacional, promovida por EE.UU., y que define como objetivo a perseguir la figura del “subversivo” sin mayor fundamento que la vaga sospecha. Tampoco fueron juzgados ni investigados ninguno de los crímenes realizados por los cuerpos represivos, las fuerzas armadas o los parapoliciales, del tipo Triple A (dirigido por López Rega, durante el mandato de Isabel Perón) antes de 1976. La impunidad con que se realizaron esta y otras masacres, y que persiste pese al presunto restablecimiento de la legalidad del statu quo anterior al golpe de 1976, demuestra que sus raíces políticas son más profundas y que su solidez va más allá del dominio circunstancial del monopolio de las armas por los mismos que han actuado como verdugos de su pueblo. El fondo de la impunidad, la razón de su robustez y vitalidad, es que la violencia ejercida desde la alianza de les elites económicas con las político-militares es el mediador fundamental, en “última instancia”, en el ejercicio del poder político, y sin aquella, es impensable un continuado y sistemático ejercicio de esta. Esa exclusividad en el ejercicio del poder político y económico sólo puede mantenerse mediante la violencia, y en ese marco la impunidad cumple una función complementaria, que no consiste sólo en la ausencia de castigo por el crimen cometido sino también en la permanencia de las estructuras o sistemas sociales que la generan. Funcionalmente a cumplido el papel de un principio, como una norma jurídica tácita que garantiza la supervivencia del dominio social y político de la oligarquía conservadora argentina. La descripción de esta auténtica filogenia represiva a lo largo de los ejemplos de la historia argentina contemporánea comentados, no niega el carácter singular y catastrófico de la última dictadura militar, en todo caso revelan el desarrollo de un sistema de acción política desde el poder estatal y compartido por las elites civiles, cuya máxima potencialidad letal fue desplegada entre 1976 y 1983. Lo sucedido también debe servir para hacernos reflexionar sobre los mismos acontecimientos del siglo XX que nos sirven como referencia de la barbarie desplegada por la dictadura militar en Argentina. Me refiero a la Shoah, al exterminio de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Su singularidad incuestionable, ilumina también lo ocurrido a partir de 1976, mostrando no sólo a la magnitud del crimen realizado por los nazis, sino también el carácter de rotura, de herida cualitativamente irreparable en el tejido de la convivencia humana. El exterminio realizado por la dictadura ha mutilado irreversiblemente una parte de nosotros mismos. La única forma de reparar algo lo destruido consiste en primero ser conscientes de esa mutilación ya que es el testimonio y la presencia de los ausentes. La segunda es la reparación que implica el proceso y condena de los culpables, bajo condiciones legales y consideraciones que jamás los asesinos tuvieron para con sus víctimas. . Alejandro Andreassi Cieri Conclusión: "Delinque quien vulnera la Constitución Nacional, delinque quien imparte órdenes inmorales, delinque quien cumple órdenes inmorales, delinque quien, para cumplir un fin que cree justo, emplea medios injustos,inmorales." Luego de esta investigación, llego a una conclusión que, creo, es a la que todo ciudadano argentino con sentido ético llegaría. Creo que el objetivo inicial de aquel Golpe de Estado nunca se cumplió, o, lo que es peor, nunca existió; que los medios utilizados para combatir a los que ellos llamaban SUBVERSIVOS eran peores que el mismo supuesto delito cometido por éstos; poderes para que esto suceda. De todas formas, a pesar de lo negativo de esta conclusión, queiro sacar en limpio que , aunque haya mil y una dictaduras, mil y un asesinatos, los argentinos no olvidan ; esto se demuestra en la continuidad e insistencia del grupo Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, grupo que cumplió 20 años de lucha, y como ellas dicen, sin dar "ni un paso atrás".

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Perfiles - Mariano Moreno - El verdadero revolucionario
Apuntes Y MonografiasporAnónimo3/2/2009

El 4 de marzo se conmemora el 198º aniversario del fallecimiento (lease asesinato) de uno de los ideologos y hombre clave de la Revolución de Mayo. Este abogado, periodista e intelectual tenia 33 años cuando vio truncada su vida por la ambición siempre desmedida de las corporaciones extranjeras y de los cipayos locales, siempre dispuestos a cualquier acto de traición a la patria. 200 años despues poco cambió del panorama político nacional. PC MARIANO MORENO Pocas personalidades de la historia argentina produjeron hechos prácticos y concepciones ideológicas de fuertes contenidos en un tiempo meteórico, como ha sido el segmento de la vida de Mariano Moreno, que se inicia el 25 de mayo de 1810 y culmina con su curiosa muerte en alta mar diez meses más tarde (4 de marzo de 1811). Por Federico Corbière A dos siglos de la cruzada libertadora, los mismos viejos debates siguen actuando como telón de fondo para la aparentemente no terminada organización nacional. A continuación un perfil de Mariano Moreno, denominado de manera justa 'numen' de la Revolución de Mayo. Era un abogado inquieto por las nuevas ideas, pero que vivía apegado a una vida tradicional burguesa. Nadie podría haber imaginado que ese abogado silencioso, para nada grandilocuente al adherirse a la gesta de Mayo y comprometerse como secretario de la Junta de gobierno, iba a desatar todas las pasiones políticas transformado al aceptar su compromiso, en un revolucionario jacobino, caracterizado por un fuerte implante cultural e ideológico. Esto no fue espontáneo, había estudiado junto a otros próceres en la Universidad Real y Pontificial de Chuquisaca (Bolivia), uno de los pocos centros culturales de la época dirigido por jesuitas y profesores laicos, donde se tuvo acceso a los libros prohibidos de la Enciclopedia de Denis Diderot y otros, a las obras de Juan Jacobo Rosseau y Francisco Voltaire, además de los manifiestos, panfletos y declaraciones de derechos de la Revolución francesa de 1789. Los escritos del Abate Sieyés y la obra rebelde de los jesuitas Mariana y Suárez, que habían teorizado, sobre la 'resistencia a la opresión' y el 'tiranicidio' (entendido como la muerte del tirano para evitar males mayores), paralelamente a John Locke. Será en Chuquisaca donde Moreno conocerá a otro hombre procedente de la alta burguesía colonial, Julián Álvarez, el 'prócer desconocido' de la Revolución de Mayo, que sería luego su mano derecha en la fundación y desarrollo del periódico 'La Gaceta de Buenos Ayres'. Proyecciones políticas y económicas Según investigaciones de Dardo Corvalán Villardo y Milciades Peña, el escrito sobre 'La representación de los Hacendados' (1810), de orientación librecambista fue realizado en el estudio de Mariano Moreno, pero no es de su autoría sino de otros abogados que pertenecían a su estudio. La teoría sobre el libre comercio que defendían algunos revolucionarios porteños como Manuel Belgrano, estaba enderezada a combatir el anacrónico monopolio español que ahogaba a los pequeños comerciantes e incipiente burguesía porteña. Sin embargo, las ideas políticas y económicas de Mariano Moreno fueron expuestas a través de sus escritos de la Gaceta, los decretos de la Primera Junta y en el 'Plan de operaciones', en donde defendía al proteccionismo económico, la expropiación compulsiva de los intereses españoles y realistas, y el desarrollo de un proceso incipientemente industrial. La formación cultural de Mariano Moreno, como la de Julián Álvarez, Juan José Castelli y Juan José Paso, entre otros, tenía un fuerte sesgo iluminista e ilustrado, es decir, de estilo francés. En el caso de Moreno, de todas maneras, no era anticatólico ya que cuando tradujo 'Del Contrato Social o principios del Derecho Político' escrito por Juan Jacobo Rosseau, prefirió no incorporar el capítulo contra la religión, por considerarlo equivocado. Pero hay otra explicación, Moreno combinó la acción y la práctica con la ideología y actuó sobre la marcha de los acontecimientos. No quiso enfrentarse con la Iglesia Católica, ya profundamente dividida debido a que la jerarquía española y criolla apoyaba a los realistas y al Imperio español, siguiendo instrucciones del Vaticano. Mientras no pocos curas de campaña defendían la revolución como el Deán Funes, Santa María de Oro y Fray Luis Beltrán, llamado el 'artillero de la Revolución'. El decreto sobre 'Supresión de honores' que lo enfrentó con Cornelio Saavedra, sus escritos sobre libertad de prensa y de conciencia, sobre la libertad de culto, sus directivas apoyadas por todos los miembros de la Junta ordenando el fusilamiento de realistas liderados por el Virrey Liniers, ajusticiados en Córdoba, y sus ideas proteccionistas conmovieron incluso a sectores de la propia revolución, entre ellos al presidente de la Junta, sobre quien existe una mitología de personalidad militar pero que en realidad cubría su afán de comerciante porteño que veía en Moreno complicaciones para sus intereses patrimoniales. En 10 meses Moreno transformó ideas, concepciones y produjo polarización política. No lo hizo sólo, tuvo el respaldo de la Sociedad Patriótica, que era un centro conspirativo, el Club de Marco (café ubicado frente al actual Colegio Nacional Buenos Aires) y fundamentalmente la Logia Independencia, entidad masónica revolucionaria, presidida casualmente por su amigo y venerable maestre Julián Alvarez, quién recibiría en 1812 a los conjurados de la fragata Canning, procedentes de Londres, a donde habían escapado de las garras de la inquisición española continental. Vale recordar que a la sombra de la Logia Independencia y la Sociedad Patriótica se crearon grupos de choque civico-militares paralelos a los Patricios de Cornelio Saavedra. Estos activistas fueron alentados por French y Beruti, que cumplieron diversas tareas revolucionarias, desde fusilar contrarrevolucionarios, actos de acción directa y como el repartir propaganda el 24 y 25 de mayo en la plaza frente al Cabildo. Su labor periodística Moreno como todos los ilustrados tuvo clara visión prospectiva sobre la importancia de la prensa en la difusión de las ideas. Eran tiempos en los que no existía la profesión periodística como actividad rentada, sino que los textos estaban dirigidos generalmente a la difusión de ideas. Por tales motivos muchos de sus redactores eran considerados 'publicistas'. Recién con la Revolución francesa se popularizaron las gacetillas que ya habían hecho su aparición en 1776 durante la independencia norteamericana. El sector más radicalizado de la colonia tenía conocimiento sobre la importancia de las publicaciones de gacetillas y lo que hoy se conoce como diarios. Moreno, inmediatamente con Álvarez y otra personalidad intelectual, Bernardino de Monteagudo comenzó con la difusión de las nuevas doctrinas con la 'Gaceta de Buenos Ayres', que lo sobrevivió varios años. Criollismo y Universalidad en Mariano Moreno Moreno supo conjugar lo nacional latinoamericano con las ideas universales del Iluminismo y la Enciclopedia. El historiador judeo polaco Boleslao Lewin desarrolló en profundidad estas cuestiones en sus trabajos sobre Moreno y Rosseau. De hecho las ideas morenistas en la economía, sobre el proteccionismo y la industrialización fueron llevadas a cabo por José de San Martín en Cuyo, probablemente transmitidas por Julián Álvarez cuando colaboró junto a él. En esa zona San Martín expropió a las familias ricas en animales y bienes para la causa del Ejército libertador y estableció una única aduana, entre otras resoluciones. El mismo plan económico del 'Plan de Operaciones' de Moreno y la estatización cuyana de San Martín, años más tarde tendrán realización concreta en el Paraguay de los López, destruido a sangre y fuego en 1861, cumpliendo instrucciones del Imperio británico, por los ejércitos del Brasil esclavista y de la Argentina mitrista. No obstante, las banderas morenistas fueron levantadas por federales doctrinarios, como Felipe Varela, Manuel Dorrego, Domingo French y su hermano Manuel Moreno, en contra de la ambición centralista propia de los comerciantes porteños del Partido rivadaviano. Resurgirán esas ideas por la unión latinoamericana con el yrigoyenismo, los socialistas, y hasta en el peronismo reivindicaran a Moreno, en contra del nacionalismo católico. El entonces diputado Albrieu, dirá en el Parlamento de la primera época peronista buscando las raíces del justicialismo en la trilogía: Moreno - San Martín - Perón. Por supuesto, la singular historia circular argentina se reserva el derecho de repetir sus errores y elegir los caminos de intereses mezquinos, dejando a la deriva las observaciones y propuestas de figuras como la de Mariano Moreno, que murió en un barco a Londres, en circunstancias poco claras. Bibliografía Bagú, Sergio, Mariano Moreno; pasión y vida del hombre de Mayo, Buenos Aires, 1939 Corbiere, Emilio P., El Terrorismo en la Revolución de Mayo, Buenos Aires, Librería y Editorial 'La Facultad', 1937 Corbiere, Emilio J., La Masonería. Política y Sociedades Secretas, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1998 Corbiere, Emilio J., La Masonería II. Tradición y Revolución, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2001 Lewin, Boleslao, Mariano Moreno su ideología y su pasión, Buenos Aires, ediciones Libera, 1971 Peña, Milcíades, La clase dirigente argentina frente al imperialismo, Bs. As., Fichas, 1973 Scenna, Miguel Angel, Plan de Operaciones de Mayo, en Todo es Historia, Buenos Aires, 1970

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Homenaje a Geno Díaz. (Primera parte)
ArteporAnónimo12/29/2008

Por PanCasero No soy escritor, me encantaría serlo pero no lo soy, me falta talento, preparación y conocimiento. O sea, todo lo que le sobraba a la persona a la que humildemente pretendo homenajear. Por eso sepan disculpar mis errores y mi pésima sintaxis. Puedo decir que tuve la suerte de conocerlo, lo vi solo dos veces, pero tuve esa suerte. La primera vez me llevó mi papá; era la época en que Geno estaba haciendo televisión, trabajaba en canal trece, allá lejos, lejos a principios de 1970, hacia un programa muy popular en aquella época, “Buenas Tardes, Mucho Gusto” (y bue, tenía que comer y pagar cuentas como cualquiera)-allí fue donde conoció a la que sería su pareja, la conductora televisiva Maisabé- aunque como él decía: “mi verdad está en la pintura, todo lo demás es para ganarse el puchero lo mas alegremente posible”. La segunda vez fue en su estudio de la calle French 2930, allí fue donde se sacó y me dedicó la foto que se puede ver más abajo. Él era amigo de la juventud de mi viejo, de cuando los dos militaban en el Partido Comunista y compartían actividades en la Biblioteca Popular José Enrique Rodo del barrio de Mataderos. A Geno siempre le apasionó todo lo que estuviera ligado a la cultura, era un tipo muy preparado; fue artista plástico, periodista, escritor, dibujante de historietas, músico, humorista (fue uno de los libretistas que tuvo Tato Bores para sus monólogos, casi nada…) y mi viejo era un militante más, de esos que creían que un mundo mejor y más justo era posible. Esos ideales los conservó hasta el día en que dejó este mundo, este mismo mundo que se empeñaba en mostrarle que peleaba contra molinos de viento. Siempre le admiré eso, nunca claudicó, jamás se dio por vencido, y eso provocaba que las personas lo quisieran y admiraran, entre ellos Geno. Por supuesto que el sentimiento era recíproco. Foto de Geno con dedicatoria sacada en su estudio, pintando el rostro del Che en su lecho de muerte, por encargo de su gran amigo el periodista Enrique Walker desaparecido durante la última dictadura militar. La foto la sacó el "gordo" Caló. Como les dije antes, no soy escritor ni periodista, pero en estas líneas pretendo homenajear a un artista de verdad, lo más dignamente posible. Por eso a continuación voy a transcribir un artículo periodístico que salió cuando Geno falleció y que mi viejo conservaba junto a una carta que él le había escrito antes de aquel encuentro que les relaté anteriormente. Desgraciadamente en el recorte no figuran ni el diario ni el autor. Pero si no fue en "La Opinión" le pego en el palo. “Falleció en esta ciudad el humorista Geno Díaz Fue pintor, humorista, escritor, periodista, guionista, ceramista, pianista de bailes y de cabaret, showman de café-concert, novelista, y sobre todo esto, un entrañable amigo de sus amigos, una sonrisa perenne y lúcida en su rostro de gallego invitable, un infatigable buceador de la realidad argentina a través de una vasta obra literaria, aplaudida unánimemente por la crítica. Geno Díaz, cuyo fallecimiento ocurrido ayer enluta a la cultura del país, escribia cuatro horas diarias y, en los últimos años acosado por la enfermedad, recluido en su hogar, se dedicó únicamente a la redacción de cuentos y novelas, algunas de ellas llevadas al cine. Se había graduado en la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1946 –recordaba siempre con enorme respeto a Spilimbergo como su mejor maestro- y entre 1948 y 1964 se dedicó a la decoración de porcelanas y cerámicas, a las que imprimía ya dejos de mordaz humor, creando de este modo motivos originales que no escaparon a la atención de los entendidos. Esos trabajos se hallan ahora en poder de curiosos coleccionistas y forman parte de una etapa creativa previa a la inserción de Geno en el mundo del periodismo, del humor gráfico y de la televisión. Precisamente el éxito de esta labor lo llevó a Atlántida, donde comenzó una febril etapa de dibujante, para pasar después por revistas como Adan, Extra, Clarin revista, Juan Mondiola , Hipotenusa, Para Ti, Tia Vicenta, Gente, La Codorniz, de Madrid, y tantas otras, que lo proyectaron a niveles internacionales en su prestigio como humorista. Por eso Editorial Planeta de Barcelona le encomendó la colección El Moscardón, con creadores como Oski, Crist, Broccoli, Limura, Fontanarrosa y Cognigni; realizó seis mapas humorísticos de Buenos Aires, expuso en España sus trabajos de pintura y dibujo, dictó conferencias, actuó en espectáculos. Era un hombre imprevisible. “Si mañana me propusieran ir a Autralia o a Hong Kong aceptaría enseguida sin preguntar que voy a hacer allí”, dijo algún día en su agitada vida, que incluía también trabajos como pianista en cabaret, guiones de películas y de televisión –alguna vez escribió también para Tato Bores-, libros de historietas, novelas y cuentos. “Los desangelados” –llevada al cine por Sergio Renan como “Sentimental” -, “Morire sin conocer Disneylandia”, “La cueva del chancho”, “Genocidio”, “Kermesse”, “50 gatos por 10 pesos”, “El hombre que compró su muerte”, “Bazar de 0,95” son sus últimos títulos como escritor. Apasionado de Buenos Aires, este hombre del barrio de Mataderos se empeñó en dibujar la línea en todas sus obras, con un humor por momentos ácido, pleno de nostalgia divertida y hasta candorosa, habitada por una retahíla de rufianes, prostitutas, madres sacrificadas, romances truncos, barrios humildes, estratos porteños de segundones y buscavidas, que pintó casi amorosamente con un lenguaje coloquial entrañablemente humano y cordial. Geno Díaz había nacido en Buenos Aires en 1926. Sus restos serán sepultados hoy, a las 14.30, en La Chacarita, en el Panteón de los Actores.” Asi era Geno… ese que tuve la suerte de conocer...

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Cuidado con los video games que jueguen
HumorporAnónimo10/21/2008

Registrate y eliminá la publicidad! Algunos video gamen pueden ser peligrososy hasta mortales. Algunos tienen tal realismo que hasta cobran vida propia... link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=y_9gtB6MdHg <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&amp;n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

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Cuidado con las mujeres que manejan!
Cuidado con las mujeres que manejan!
HumorporAnónimo10/21/2008

Las mujeres son bravas al volante este video lo demuestra sin lugar adudas. Muy divertido (un detalle: genial el tipo que pasa con el carrito del super por al lado del auto!) link:

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