Palol666
Usuario (Argentina)

Antes que nada este post es informativo para saber un poco mas de historia ydel porque de nuestro apodo de estafadores y ladrones en el resto del mundo.. espero que les guste Actualmente cuando se cierra un museo los guardias del mismo lo revisan de pies a cabeza fijandose que no falte nada de nada.. xq este novato de taringa nos dice semejante pavada, si es sentido comun? Hoy es algo normal pero no lo era unos cuantos años atras, mas precisamente en 1910, año en el que esta costumbre de meterse un lienzo abajo del brazo y llevarselo fue propuesta por una persona de una nacionalidad muy peculiar, un argentino(como yo y muchos mas en taringa), que despues de fumarse la herencia de sus viejos quiso seguir viviendo de la misma manera.. Eduardo de Valfierno Valfierno empezó a vender las obras de arte que tenia en el rancho, y cuando se gastó incluso eso, se metió a falsificador: El daba sus contactos con potenciales clientes, y el pintor Yves Chaudron aportaba un talento picante para hacer verdaderas copias falsas. París, 1910. Un día como cualquier otro en esa capital recibía la llegada de uno de los estafadores más grandes de la historia para hacerse de la pieza más codiciada de todos los tiempos: La Gioconda. Le encargó a su amigo para tal plan unas seis copias del mismo cuadro con la intención de vendérselas a precios millonarios a seis magnates que ya habían sido contactados y dado el sí. Cinco de origen americano y uno brasileño. Chaudrón no era un improvisado: para llevar a cabo su falsificación, se consiguió seis tablas de álamo tan añejas como el original de Leonardo Da Vinci (recordemos que la Monna Lisa no fue pintada sobre tela), además de realizar el trabajo con colores y pigmentos como los del renacimiento y técnicas de envejecimiento muy originales. Pero faltaba la segunda parte de este plan. Eduardo de Valfierno no demoró en conectarse con un oscuro empleado del Museo del Louvre, donde está en exhibición esta famosa obra. Vincenzo Peruggia es el nombre de un inmigrante Italiano, solitario y de pocas luces que desde hacía algún tiempo tenía como tarea en el museo trabajos de carpintería, como el enmarcado y vidriado de las obras que allí se exponen. Convencido bajo el argumento romántico que la Gioconda le sería devuelto a Italia a donde originariamente pertenecía y unas pocas monedas, Peruggia aceptó, y el domingo 20 de agosto de 1911, aprovechando el cambio de guardia del museo, se escapó con la obra del gran Leonardo bajo el guardapolvo azul que usaba para sus tareas habituales. Nadie lo vio salir ni mucho menos se sospechó de él. Una vez realizado el robo, la venta de las falsificaciones a los millonarios fue consumada, y desde ese entonces, ninguno de los tres volvieron a verse. La falta de la joya más preciada del Louvre no pasó desapercibida. Los parisinos, tristes e indignados, desfilaban por los corredores del museo como si fuese un cortejo fúnebre, para terminar dejando una corona de flores sobre la pared deshabitada por el cuadro. ¿Y donde estaba el mismo? A unas pocas cuadras del lugar, en una miserable habitación en la que vivía el italiano autor del robo. Vicenzo Peruggua seguía con su vida oscura, hasta que en el otoño de 1913 leyó un aviso en el periódico que lo sacudió. Un anticuario florentino conocido como Alfredo Geri estaba dispuesto a comprar “a buen precio objetos de arte de cualquier tipo”. A los pocos días este ignoto anticuario recibió la carta de un tal Leonardo diciéndole que tenía en su poder a la Gioconda y que deseaba verla nuevamente en su patria de origen, Italia. La entrevista fue concretada para el 22 de noviembre en Florencia, Italia, cuando Vincenzo Peruggia pidió medio millón de dólares como recompensa, y la promesa de que jamás la obra del gran pintor del renacimiento regresaría a ser expuesta en el Louvre. Al día siguiente, Alfredo Geri, acompañado de un especialista en artes, no pudo disimular su sorpresa cuando vio que en el fondo de un baúl envuelto de una tela roja le diera alojamiento a semejante obra. Pero ya era tarde: la policía florentina ya había rodeado el hotel Trípoli donde se alojaba el italiano. En junio de 1913 comenzó el juicio a Vincenzo, el único detenido por el robo de la obra de tan incalculable valor. Era todo un héroe nacional para los italianos. Estaban contentos con él porque fue el hombre que había llevado la epopeya romántica de devolverle la Monna Lisa a su país de orígen. Adujo ante el magistrado que había trabajado solo, y por ser considerado “intelectualmente insano”, solamente se lo condenó a un año y 15 días de prisión, saliendo a los 7 meses cuando la guerra del ´14 ocupó los titulares de los diarios y la opinión pública y pronto el carpintero fue olvidado, hasta su muerte en 1947. ¿Y qué fue de la vida de nuestro compatriota, el “Marqués” Eduardo de Valfierno? Como los millonarios que compraron las falsificaciones no pudieron denunciarlo ante la justicia porque ellos mismos habían adquirido una obra supuestamente “robada”, Valfierno vivió hasta el día de su muerte como un duque, con una fortuna de más de 60 millones de dólares en su cuenta, todo fruto de la estafa. Aunque no podía soportar la idea de morir en el anonimato, y terminó contándole todos los detalles de tan elaborado plan a un periodista norteamericano, Karl Decker, con la condición de que lo publicara una vez fallecido. Eduardo de Valfierno murió en Estados Unidos en 1931. ¿Qué pasó con uno de los tesoros más importantes de la humanidad, la Gioconda? Luego de recuperada del fondo del baúl en manos del carpintero italiano, la obra volvió a posar ante el público en una de las habitaciones del museo de Louvre, en París. Sigue siendo tan admirada como siempre, su valor es incalculable y es la obra de arte más famosa de todos los tiempos. Aunque siempre están las malas lenguas que aseguran que la pintura del genial Leonardo expuesta ante el público no es la original, y la que puede apreciarse es una de las copias que hubiera realizado Yves Chaudrón para la gran estafa puesta en marcha por el argentino Valfierno. ¿Será verdad tal apreciación? Las autoridades del museo dan como versión oficial que el cuadro allí expuesto en el museo es el original, pero las dudas siempre subsisten ya que nunca revelarían ante la opinión común que la joya más preciada de su museo es una falsificación. Hasta ahora, no hay pruebas fehacientes que aseguren lo contrario. Sin lugar a dudas, luego de más de quinientos años de su creación, la Monna Lisa sigue despertando misterios ante la gente que no deja de maravillarse ante una obra de tal magnitud. Ni mucho menos a Eduardo de Valfierno, un argentino que fuera autor de una de las más grandes estafas de la historia, y que le permitiera vivir como un magnate hasta el fin de sus días. fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Eduardo_Valfierno http://www.friki.net/informes/32379-un-argentino-se-robo-la-mona-lisa.html