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Usuario (Argentina)

Primer post: 3 oct 2013Último post: 3 oct 2013
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La macabra unidad 731
InfoporAnónimo10/3/2013

El Escuadrón 731 fue un programa encubierto de investigación y desarrollo de armas biológicas del Ejército Imperial Japonés, que llevó a cabo letales experimentos sobre humanos durante la Segunda Guerra Chino-japonesa (1937-1945) y la Segunda Guerra Mundial. Fue responsable de algunos de los más horribles crímenes de guerra cometidos por militares nipones. Oficialmente conocido por el Ejército Imperial Japonés como el Laboratorio de Investigación y Prevención Epidémica del Ministerio Político Kempeitai En la primera fase, esta sección actuó en contra de la propaganda comunista, pero extendió sus responsabilidades en otras direcciones, tanto en Japón como en el extranjero. Se convirtió en un equivalente aproximado del Schutzstaffel nazi (organización militar, policial, política, penitenciaria y de seguridad de la Alemania nazi. El acrónimo significa "compañías (o escuadras) de defensa" Pocos japoneses reconocen la magnitud de las atrocidades cometidas mediante el uso de armas biológicas en la escalofriante Unidad 731, y por las cuales nadie fue castigado nunca. Bajo su égida, miles de hombres, mujeres y niños murieron en terribles experimentos diseñados para probar los límites del cuerpo humano. Los experimentos de inenarrable crueldad cometidos allí superan fácilmente los que los nazis realizaran con los judíos durante la II Guerra Mundial, e incluso y su máximo responsable, el siniestro y oscuro Shiro Ishi, comparado con Josef Mengele, "El Ángel de la Muerte" nazi, hace aparecer a éste como un torpe principiante. Sin embargo, mientras Mengele fue condenado por sus atrocidades y buscado por todo el mundo para ser castigado, Shiro Ishi terminó tranquilamente su vida en la comodidad de su hogar, como un honorable y respetado ciudadano japonés. Shiro Ishi Ishi, un hombre belicoso, arrogante y bebedor, doctorado en Micro biología e interesado en el uso bélico de gérmenes, se hizo muy popular en el ejército al inventar un filtro para purificar el agua que fue muy apreciado por los militares, lo que le significó ser nombrado Profesor de Inmunología en la Facultad de Medicina del Ejército en Tokio, donde instauró oficialmente su investigación biológica con fines militares. La invasión de Manchuria en 1931, significó para Ishi una oportunidad única de poder experimentar sus armas biológicas, y pidió expresamente al Alto Mando del Ejército ser enviado a "Machukuo" para utilizar todos esos "infrahombres destinados a morir de todos modos", utilizando sus "vidas indignas" para que pudieran proporcionarle conocimientos médicos que ayudarían a desarrollar armas químicas. En Ping Fan, se ampliaron y perfeccionaron los sistemáticos, denigrantes y macabros experimentos cometidos por humanos contra otros seres de su misma especie, que ya se habían iniciado en Bayinhe, con una crueldad y alevosía indescriptible, siempre bajo la supervisión de Shiro Ishi, secundado por un grupo de colaboradores que no le iban en saga en crueldad. En algunos de los terribles experimentos, se sometía a los prisioneros a gases tóxicos como el gas mostaza, se los inoculaba con sustancias venenosas como el cianuro potásico o elfosgeno, o con gérmenes cultivados en laboratorio para analizar sus síntomas "en vivo", su capacidad letal, su dósis mínima infectante, la efectividad de las vacunas que allí se desarrollaban, y los mejores medios para transmitirlos entre la población civil, para lo cual en lugar de inyectar sus cuerpos, se los hacía comer chocolates o galletas, o beber cerveza, agua,leche, café, té y licores contaminados con bacilos de la peste, ántrax, muermo, viruela, hepatitis infecciosa, meningitis epidémica, gangrena gaseosa, tétanos, cólera, fiebre amarilla, tifus, difteria, sífilis, tuberculosis o salmonelosis entre otros, aunque ha resultado imposible catalogar totalmente la terrible cantidad de gérmenes utilizados. Generalmente eran diseccionados cuando todavía respiraban y sin ningún tipo de anestesia, para comprobar los efectos de la infección en los diferentes órganos antes del cese de las funciones vitales y eran en su mayoría hombres, mujeres y niños chinos, pero también había mongoles, soviéticos y coreanos, que eran detenidos por el Kempeitai, la policía secreta japonesa ( similar a la Gestapo alemana ) y enviados en trenes o camiones negros ( conocidos como "los Voronki"(cuervos) ) a las manos de Ishi y sus secuaces. Los cirujanos se entrenaban amputando y reinsertando miembros, o experimentando por mera curiosidad, como colocar a los cobayos humanos boca abajo y dejarlos morir de hambre y sed sólo para constatar cuánto tiempo tardaban en hacerlo, colocándoles inyecciones intravenosas de aire, realizándoles transfusiones de sangre de animales, vivisecciones para investigar el funcionamiento de los órganos internos en vivo, extracciones de grandes cantidades de sangre cada tres o cuatro días, o instilaciones de orina de caballo en los riñones. Quienes aún seguían vivos eran sacrificados y sus cadáveres incinerados. Sin embargo, estos atroces crímenes de lesa humanidad no fueron la peor ignominia, sinó la absoluta impunidad que sus mentores lograron negociar al finalizar la guerra, ofreciendo al alto mando del Ejército Norteamericano la entrega de los resultados de todas sus investigaciones, lo cual significaba transferir a los EE.UU. el liderazgo mundial en materia de guerra bactereológica, a cambio de una garantía de inmunidad total, la cual fue concedida expresamente por el general Dougleas MacArthur, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas en el Pacífico, y ninguno de los integrantes de la Unidad 731 se sentó frente a un tribunal, al menos por parte de los norteamericanos. Los soviéticos en cambio , sí enviaron a prisión a 12 de sus miembros, después de juzgarlos en Khabarovsk, Siberia, y fue en gran parte merced a estos testimonios que pudieron conocerse los infames archivos de Ping Fan. Hipócritamente, un portavoz del general MacArthur desautorizó las declaraciones de los acusados, tildándolas de propaganda comunista, mientras afirmaba que ellos, después de una exhaustiva investigación, no habían encontrado ninguna prueba de la existencia de ningún programa de armas biológicas. De hecho, todos los presidentes menos uno y una gran parte del personal del Instituto Nacional de Salud japonés, fundado en 1947 por iniciativa de los EE.UU., participaron en el programa de armas biológicas. Ishi vivió tranquilamente en Tokio hasta morir de cáncer de garganta en 1959, y muchos de sus colaboradores alcanzaron destacados puestos en la comunidad científica de su país, siendo nombrados decanos de facultades de medicina, gobernadores o presidentes de asociaciones médicas.

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