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Nirvanero89

Usuario (Argentina)

Primer post: 19 may 2009Último post: 31 mar 2012
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Leyendas urbanas de la ciudad de Buenos Aires
InfoporAnónimo3/16/2010

La media Estacion de Subte En Capital Federal, mas precisamente en Congreso, en la línea “A” del Subterráneo, se corre una leyenda urbana conocida como “La Media Estación”… Entre las estaciones Pasco y Alberti, corre un rumor que habla de que cuando se apagan las luces del subte, muchas personas han visto una misteriosa estación más. Pero, no es cualquier estación, esta tiene compañía, dos obreros que formaron parte de los trabajadores empleados en la Construcción de esa línea. Sentados en el andén, miran pasar a los viajantes. Pero, hay un detalle, ellos están muertos, fallecieron a causa de un desprendimiento del terreno. Según dicen las autoridades del Subte, el terreno no daba y tuvieron que realizar las estaciones de esa manera. Las obras de creación de las estaciones en su mayoría habrían estado realizadas por trabajadores inmigrantes, se dice que los que fallecieron durante el derrumbe eran inmigrantes Italianos, no extrañaría por eso que no haya datos de los mismos y que nadie halla reclamado nada… El arquitecto que estuvo a cargo de la obra, se dice que oculto bien todo, como para que no halla sospechas… Según las personas que dicen haber visto la “media estación”, todas coinciden en lo mismo… Estaban atravesando un pésimo momento sentimental… Será que la carga negativa de las personas atraerá a las entidades del lugar ¿? Cada vez que uno pregunta por el tema, las autoridades se hacen las desentendidas… En fin… Será que no pueden hablar sobre el tema ¿? Si tienen la posibilidad de pasar por el lugar, no duden en tener los ojos bien abiertos, y si por las dudas están mal y no quieren pasar un mal rato… Tomen un Taxi… La dama de blanco de la Recoleta. Bueno, esta leyenda es casi conocida por todo el mundo… y no es broma, ya que este espectro se aparece en todos lados y en cada lugar tiene su historia diferente… Aunque la leyenda mundial es la que dice que las Damas de Blanco son mujeres que fueron engañadas por sus esposos y en un ataque de locura, asesinan a sus hijos y luego se suicidan… es por eso que están condenadas a vagar con ese sufrimiento por toda la eternidad… Hay diversos mitos sobre “La Dama de Blanco” pero voy a focalizarme en dos, que fueron los que la gente del lugar más comento… La clásica leyenda de la zona dice que: un joven se encuentra con una bella chica, la lleva a bailar o a tomar algo, ella siente frío, él le presta su saco, ella lo mancha de café. Al día siguiente, cuando el joven quiere recuperar su saco en casa de la chica, la madre le comunica que está muerta, enterrada en la Recoleta. El joven va al cementerio y encuentra su saco sobre la bóveda. Enloquece. O se suicida… La otra historia que me llamo la atención, cuenta que: Rufinita Cambaceres, era una joven aristócrata hija de Eugenio Cambaceres un escritor de la década del 1800 y Luisa Baccini, al morir su padre de Tuberculosis, su madre paso a ser la “favorita” de Hipólito Yrigoyen (nuestro único Presidente soltero). Para ese entonces Rufina ya había cumplido catorce años, era muy agraciada y cantidad de mozos rondaban la antigua casona de Montes de Oca, sin obtener no obstante sus favores. Ella sabía a quien amaba, con ese silencio que la caracterizaba. Corría el año 1902, algunos hablan de 1903…, pero fue el día 31 de mayo en que Rufina cumplía sus diecinueve años, y Luisa había dispuesto una importante celebración para terminar luego la noche en el Teatro Colón disfrutando de una función lírica. Tales eran los planes. Sin embargo, el destino movió los hilos en un sentido diferente. Según cuentan, ese día del cumpleaños diecinueve de Rufina, recibió de labios de su amiga íntima una revelación que desencadenaría los hechos subsiguientes. Pues que el mismísimo novio de la niña mantenía relaciones con su bella madre, que eran amantes. El impacto que le produjo esta confidencia ocasionó a Rufina tal lacerante dolor, que su corazón literalmente se destrozó y le provocó la muerte en el acto. Uno de los médicos presentes diagnosticó un síncope. Tres médicos certificaron que Rufina había muerto. Hipólito Yrigoyen se cuidó de acompañar a Luisa e inhumar sus restos en la Recoleta. Sin embargo, esta funesta historia no había acabado aún; el espanto recién comenzaba. Un par de días más tarde, el cuidador de la bóveda de los Cambaceres debió comunicar a Luisa que descubrió abierto y con la tapa quebrada el féretro de Rufina. El cajón se había movido; y cuando lo abrieron, encontraron a la joven con el rostro y las manos arañados y amoratados. Se cuenta que Rufina habría sido víctima de un ataque de catalepsia y despertó en la oscuridad del sepulcro para rendirse y volver a morir después de una desconsolada y estéril pelea. Oficialmente se manifestó que se había tratado de un hurto, dado que la niña había sido enterrada con sus joyas más lucidas; no obstante, a Luisa le tocó vivir el resto de su vida remordida por el conocimiento y certidumbre de que su hija había padecido un ataque de catalepsia por lo que fue sepultada viva. Se dice que la joven Rufina, vaga entre las bóvedas por las noches, llorando por amor con su corazón destrozado… La puerta 12 - Nuñez En el 23 de Junio de 1968, en el estadio de River Plate hubo un partido entre ese equipo y Boca (para que se den una idea son LOS rivales dentro del fútbol local), un superclásico. El partido iba bastante aburrido y la gente comenzó a retirarse antes de que terminara...por la puerta 12, del sector popular. Las puertas no estaban abiertas, o los molinetes impedían el paso, y al terminar el partido, y con el resto de la gente del sector queriendo retirarse, hubo un amontonamiento que terminó siendo una avalancha de hinchas que terminó aplastando a unas 70 personas. Hasta después de retirados los muertos, durante mucho tiempo, habían esparcidos por la zona algunos objetos personales. Desde ese momento, hasta hoy, se dice que en River pasan cosas raras cada vez que se acerca el aniversario. Tanto que llamaron un par de veces a curas para que exsorcizaran la cancha. Una de las ocurrencias más conocidas es la aparición de un gorrito más bien antiguo con el nombre "Benedictino", no bordado, sinó escrito en algún líquido en él. Una vez que se lo guardó, desapareció al tiempo....y, casualmente, hubo un Benidictino G entre los muertos de ese día. Otro elemento que aparece (y desaparece pasado un tiempo) todos los años en el estadio, perdido, es un sólo zapato embarrado. Se contaba que, en la zona había un restaurant que, por los años 70 no servía ni té ni café los 23 de Junio. Se cuenta que ese día, las infusiones salían rojo oscuro, y que en el fondo de más de una taza, los clientes encontraban barro.... Y, finalmente, se dice que todos los años, en esa fecha, viene un sacerdote y hace una ceremonia junto a los chicos de las divisiones inferiores, ya que serían los que más energías tienen para aportar en un rito de exsorsismo de ese tipo... Nueva Pompeya - Sexo, Muertes y Video - Hay un mito muy difundido en ese barrio, sobre la existencia de una película siniestra en el cuarto 22 de un telo de ese barrio Quien llamó a los entrevistadores, fue una mujer, que contó una historia, de años atrás, cuando su esposo era todavía su novio.... Una noche pasaron por el lugar, y llegado un momento, vieron la tele....al principio, pasaban series reconocibles, pero, sin notarse mucho la transición, la escena cambió...se veía una caverna y una pareja desnuda teniendo sexo: un muchacho rubio y una chica morocha se revolcaban sobre un colchón de cadáveres...y el video terminando en el momento en que el chico mira fijo a quienes están del otro lado de la televisión y les habla... Buscando el lugar, llegaron a él. El hotel existía, y el propio dueño cuenta que, es casi un lugar de culto, ya que mucha gente va y pide lugar allí por esa leyenda del barrio...él nunca vió nada, pero recuerda perfectamente que, hará unos 15 años, una parejita entró una noche. El muchacho era rubio y la chica morocha, llevando un estuche de guitarra. Como no salían del cuarto, habiendo cumplido el turno, el dueño tuvo que forzar la puerta....y terminó encontrando, sobre la cama a la pareja, desnuda, y atravesada por una espada que habían escondido en el estuche de guitarra que habían entrado al hotel.... Se dice que, a la única persona a la que el muchacho le llegó a hablar, tras haber escuchado que decía su nombre, murió en un accidente a los 3 días... El Enano Vampiro - Bajo Flores En el lugar donde está el Nuevo Gasómetro (el estadio de un equipo de fútbol, San Lorenzo) en la década de los 70' había un descampado donde se instaló el Circo de los Zares. Este era un circo ruso itinerante que llevaba existiendo como 200 años, que retuvo el nombre cuando las autoridades rusas vieron que de zares sólo tenían el nombre. Entre los payasos y demás miembros del circo, había un enano rumano, de nombre Belek. No lo quería nadie, y cuando los animales empezaron a morir, desangrados, se sospechó de él. La sospecha se confirmó cuando lo descubrieron comiéndose un mono tití del payaso estrella del circo. Belek tuvo que huir para evitar el linchamiento. Esa historia se cita, además de este libro, en The wonderful World of the Circus, de Dick Stevenson, 1987, publicado por la Oxford University Press Belek se tuvo que refugiar en una casa abandonada del Bajo Flores, después de eso. Al principio, los vecinos que lo vieron lo tomaron como alguien tranquilo, si bien incomprensible, aunque con el tiempo la cosa se dio vuelta. Buscando testigos del hecho, los entrevistadores llegaron a una casa, donde un anciano guardaba unas botas - agujereadas por los dientes de Belek -. Contó que, al principio, como aparecían muertos los gatos vagabundos, a nadie le molestó mucho, pero que después llegó a atacar a la gente, y para las 8:30 de la noche nadie se animaba a salir de las casas. El narrador dice que, se salvó porque llegó a escapar del enano (que ya lo había mordisqueado un poco) y a meterse a un almacén, mientras el enano se peleaba (y le mataba) el perro. Tras eso, lo buscaron, entraron a la casa de día y no lo encontraron, sólo a sus libros. El barrio empezó a usar botas reforzadas en esas noches, ya que eso de prenderse a las piernas de la víctima era algo común de Belek. Tras eso, y con una referencia de alguien que les podía contar algo más de la historia, se reunieron con otro de los testigos en un bar. Su historia es parecida, se salvó por milagro de ese ataque, también...pero no del trauma. Se dice que una vez, aunque se llegó a escapar, unos vecinos lo agarraron y le dieron unos cuantos palos. Y que, en una época, se enfermó y sus ataques eran menos frecuentes... Al tiempo desapareció....algunos dicen que vive en el Cementerio de Flores, otros, que lo limpiaron los milicos de la época... El último taxi - Chacarita Entre la gente de Chacarita, circula el mito sobre cierto taxi que, tomado a las puertas del Cementerio, tras un viaje, lo devuelve al pasajero, en forma de cadaver... Generalmente, el muerto es encontrado acostado sobre una de las tumbas, las causas del deceso: paro cardiorrespiratorio...generalmente atribuído a la angustia por la pérdida del ser querido (aunque, dando a entender que no fue tan así la cosa) Buscando entre los taxistas, estos contaron que, en efecto, hay un taxi que nunca para, aunque siempre se lo ve pasando por ahí...desconfían mucho de él, es esquivo y nunca para junto a los demás conductores de la zona.Buscando más testimonios, llegaron a saber sobre un hombre llamado Sandoval, que podía hablarles del tema. Se concerta una entrevista en un bar. Sandoval llega, tiene dos cicatrices profundas: una en la frente y la otra le va desde un pómulo hasta la oreja...comienza a contar su historia: Un día, saliendo del cementerio, después de visitar la tumba de su padre, Sandoval tomó un taxi. Aunque conocía la leyenda, le parecía un cuento. Durante el viaje, entró en un ensueño de recuerdos de su padre...hasta que, escuchó que alguien, de afuera del auto, lo llamaba... Sandoval miró, y vió a su padre, en bicicleta, pedaleando afuera del auto....su rostro parecía aliviado por ver a su hijo prestarle atención. El hombre, asombrado, mira al taxista para decirle que acababa de ver al espíritu de su padre...sólo para darse cuenta de que el conductor tenía las manos huesudas y blancas y el rostro como el de un muerto...y en eso recordó la leyenda, el taxi en el que el viajero entra en un ensueño del que no vuelve....el taxista no parecía felíz de la ocurrencia. Sandoval, tras mucho esfuerzo, logró saltar del taxi, salvado por la intervención de su padre muerto...y con los cortes que marcaban su cara. Desde ese momento, algunas noches lo veía pasar cerca suyo...parece que este taxi ronda a todo aquel que consigue escapar de él, hasta que un día muere. Citó el caso de una florista que se mudó del barrio porque se sentía perseguida por las noches por ese auto...sólo para morir en un tiroteo poco tiempo después. Sandoval murió al mes de la entrevista de un paro cardíaco, y fué enterrado en La Chacarita. El gigante de Once que salva vidas Según cuenta una historia de larga data, por las calles de Once vaga un personaje de casi tres metros de altura que cuida a los habitantes del barrio. Este gigante "bonachón" ha salvado a víctimas de choques y ha espantado a más de un malhechor, o al menos esto es lo que narran los vecinos de Balvanera que confían en su presencia protectora. Algunos afirman que este ser es el mismísimo Golem, un hombre artificial creado en el siglo XVI por un rabino de Praga, llamado Judah Loew ben Bezabel. Si bien la historia oficial habla de un solo Golem, otros afirman que Bezabel creó trece de estos humanoides de arcilla y que uno de ellos llegó a Buenos Aires, de la mano de un rabino, con los inmigrantes judíos. De allí en más, la historia se bifurca en varias versiones: algunos cuentan que antes de morir el rabino encerró al gigante en una habitación a la que nadie puede entrar, que estaría en el anexo de un hospital, en Caballito. Otros creen que vive en un callejón oculto, que podría ser el pasaje Colombo o el Victoria. De una u otra forma, hay vecinos que aseguran que el gigante le salvó la vida a más de uno. Dulce venganza arquitectónica Esta es la historia de dos familias enfrentadas que dejó sus huellas en Retiro. Los Anchorena, que vivían en el actual Palacio San Martín con 150 sirvientes. Y los Kavanagh, adinerados, aunque no patricios. Hacia 1920 los Anchorena construyen la iglesia del Santísimo Sacramento como futuro sepulcro familiar. Cuenta la leyenda que uno de los Anchorena se enamoró perdidamente de una Kavanagh, aunque el romance no fue aprobado por su familia. Corina Kavanagh decidió una venganza arquitectónica: en Florida y San Martín, ordenó la construcción de un edificio cuyo único requisito era que impidiera la vista desde el palacio Anchorena a la iglesia, objetivo que aún cumple el edificio Kavanagh. "Incluso, si alguien quiere mirar de frente la actual basílica del Santísimo Sacramento, debe pararse en el pasaje "Corina Kavanagh", relata Eduardo Lazzari, presidente de la Junta de Estudios Históricos del Buen Ayre. El castillo de los amantes trágicos En Campana al 3200, cerca de las vías, se alza el enigmático “Castillo de los Bichos”, llamado así por las molduras con formas de animales. A principios del siglo XX perteneció a la familia italiana Giordano. Lucía, la única hija, conoció a un violinista, Angel Lemos y el romance no tardó en surgir. Se casaron el 1° de abril de 1911 y cientos de invitados disfrutaron del banquete. Hacia la madrugada, la pareja advirtió que el auto que los debía trasladar no estaba en la puerta, sino unos pasos más allá de la casona, cruzando las vías: un detalle que se convirtió en tragedia, ya que un tren los arrolló. Isabelino Espinosa, de la Junta de Estudios Históricos de Villa del Parque, cuenta que los ocasionales ocupantes de la casona salían despavoridos, asustados por los gritos desgarradores de una joven mujer y un violinista. Se buscan los ojos de un hombre Por los vagones de la línea Mitre deambulaba un hombre sin párpados. Según dicen, siempre subía o bajaba del tren en la Estación Coghlan y murió en circunstancias de lo más raras. Para algunos, contrajo una terrible infección en los ojos. Para otros fue víctima de un accidente o, peor aún, se suicidó arrojándose a las vías. Barrantes y Coviello cuentan que, cuando investigaron este mito, les llamó la atención encontrar que de las ocho personas que estaban en el andén, seis de ellas miraban los rieles, como si estuvieran buscando los ojos del hombre sin párpados, a los que algunos les atribuyen poderes. Felicitas, la iglesia y su fantasma Joven y bella, Felicitas se casó en 1862 con Martín de Alzaga, un hombre mayor y acaudalado. Al año siguiente, y después de perder a su único hijo, Felicitas quedó viuda. Tenía apenas 26 años, una de las fortunas más grandes de la Ciudad y muchos pretendientes. Uno de ellos, Enrique Ocampo, supo que un rival, el estanciero Samuel Sáenz Valiente, era el verdadero amor de la dama. Enfermo de celos, Ocampo le disparó a Felicitas un tiro por la espalda y al instante se suicidó. Los Guerrero mandaron construir en homenaje a su hija una capilla. Está en Isabel La Católica, entre Pinzón y Brandsen. “Es una historia trágica de amor que dio lugar a muchos mitos”, cuenta Diego Ziggioto, a cargo de la empresa Horizontes que realiza circuitos turísticos no convencionales. Los vecinos dicen que cada 30 de enero, fecha de su muerte, aparece el fantasma de Felicitas, que vaga ensangrentado. “Muchas mujeres cuelgan cintitas de la reja, porque si uno se agarra fuerte conseguirá el amor de su vida, y si ya lo tiene, lo conservará. Es una de las historias preferidas por las chicas, que corren a agarrarse de las rejas apenas la escuchan”, dice el guía. Cuando el Borda se llenaba de luz Solaris, el ser de otro planeta que llegó al Hospital José T. Borda e iluminó a los internos con sus fiestas energéticas” también alimenta los mitos porteños. Durante su estadía en el neuropsiquiátrico, Solaris –a quien describen como alguien delgado, de ojos grandes, muy blanco y completamente lampiño– se reunía con alrededor de 50 internos para recitar un mantra. Durante el rito, los testigos afirman que parecía iluminarse. Si bien los médicos tienen argumentos para explicar este caso, hay hechos oscuros. Aparentemente, Solaris –quién desapareció un 25 de diciembre– dejó escritos indescifrables que, a pesar de ello, tienen coherencia interna. Además, cuentan que el grupo sanguíneo de este hombre que decía ser un alien no encaja con ningún patrón conocido. En la Costanera vive el Reservito Así como el Lago Ness de Escocia tiene su propio monstruo y el Nahuel Huapi esconde al suyo, algunos aseguran que en la Reserva Ecológica Costanera Sur también habita un animal misterioso, mitad rata, mitad perro, apodado “Reservito”. Una de las hipótesis que se barajan afirma que los reiterados incendios que azotan a la Reserva son producidos intencionalmente con el objetivo de liquidar a Reservito, que en más de una ocasión atacó a algún desprevenido. “Si la gente cree, el mito existe. A veces son historias inverosímiles, pero las creemos igual, yo incluido –dice Víctor Coviello–. Cuando paso por la Reserva Ecológica no puedo evitar pensar a ver si mi ataca el bicho ése”. Fuentes o más información: Página 12: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-1595-2004-08-15.html Clarín(ete): http://www.clarin.com/diario/2005/03/27/laciudad/h-05001.htm Amor Inmortal: http://www.amorinmortal.com.ar/foro/20-cafe-antiguo/45850-leyendas-urbanas-de-la-ciudad-de-buenos-aires?limit=10&start=10 Saludos

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Humor Gráfico de mano del Gran Podeti.
Humor Gráfico de mano del Gran Podeti.
HumorporAnónimo5/19/2009

¡Top Ranking 61 de por qué se enojan los comentaristas! 1) Porque hablás mal de la guitarra eléctrica. 2) Porque hablás mal de los perros. 3) Porque hablás mal de los perros, especialmente de los Rottweilers. 4) Porque decís que ver “Resistiré” era cosa de mujeres. 5) Porque decís que los miembros de la NASA son medio nabos. 6) Porque hablás contra el avión más grande del mundo. 7) Porque hablás contra los boludos que se ponen vidrio polarizado. 8) Porque ponés en duda la identidad de La Momia. 9) Porque escribís una nota sobre el origen del Universo, llegaron buscando datos para escribir una Tesis –para recibirse de Físicos Nucleares, supongo- y luego de leerlo cuatro o cinco veces con mucho detenimiento entendieron que no les serviría para nada. 10) Porque el “Test de Personalidad Cortito” no les dio los resultados correctos (“Nada que ver, no peso 120 kg. ni me dedico a pasear perros”). 11) Porque hablás contra los lechuzones del cine. 12) Porque putiás a los niñofóbicos. 13) Porque hablás a favor de Cuba y a favor de Venezuela. 14) Porque te parece medio medio medio raro el rescate de Ingrid Betancourt. 15) Porque hacés chistes con Hitler. 16) Porque hacés chistes con enfermedades mortales. 17) Porque hablás contra la baja de la edad de la imputabilidad. 18) Porque publicás el mail de un tipo que dice que la Tonada Cuyana es para pegarse un tiro. 19) Porque sos un porteñito que cómo se nota que nunca cruzaste la Gral. Paz,Buenos Aires tiene un país pegado que se llama Argentina, enterate, porteñito. 20) Porque escribís 51 razones para no ir a la Costa, a Cuyo, al Sur, al NOA, al Litoral, a las Sierras, a la Pcia. de Bs. As., a Brasil, a Uruguay, a Chile, a USA, a Europa y a Finlandia. 21) Porque no te gustan U2, Nirvana, Bersuit Vergarabat, los Cadillacas, Björk, Star Wars, Blade Runner, South Park, Family Guy y todas esas gansadas. 22) Porque defendés a Alejandro Sanz, Adam Sandler, Pablo & Pachu y la película “Dodgeball”. 23) Porque insultás a Macri, al macrismo, a los macristas y a Dios y la Virgen Santísima. 24) Porque decís que el aborto no es un asesinato. 25) Porque hablás contra los del Campo. 26) Porque defendés el mensaje “cuasi mafioso” de Sábat, evidentemente pagado por los del Campo. 27) Porque sos un esclavo a sueldo del Imperio Klarín de la Oscuridad, defensor de los intereses del kirchnerismo y de la Patria Sojera, todo al mismo tiempo y al unísono. 28) Porque no entienden cómo un diario serio como Clarín le da espacio a un imbécil como vos, flaco, ¿en serio te pagan por esto? 29) Porque sos un facho títere pequeño burgués del Sistema. 30) Porque sos un zurdito comunista tirabombas que defiende los Estados Totalitarios y ataca a la Iglesia Católica. 31) Porque sos un tibio, jugate, loco, una de dos, no podés jugar a dos puntas. 32) Porque sos un progre hipócrita políticamente correcto corazón sangrante defensor de pobres, de delincuentes y de delincuentes pobres. 33) Porque sí. 34) Porque no. 35) Porque racatacataca racatacataca, racatacataca racatacataca. 36) Porque te volviste re solemne, ya no me hacés reir, haceme reir, dale, payasito, la política me chupa un huevo, quién te crées que sos, parecés Pinti, bonga bonga bonga. 37) Porque siempre haciéndoste el graciosillo, mucho jajajá, mucho jajajá pero hay temas con los que no se jode. 38) Porque sos un tibio, loco, o hacés chistes o no, jugate, no podés jugar a dos puntas, al final sos un gris. 39) Porque sí. 40) Porque no. 41) Porque racatacataca racatacataca, racatacataca racatacataca. 42) Porque no les publicás una colaboración. 43) Porque le publicás una colaboración a otro (que no son ellos). 44) Porque les borrás cuatro o cinco comentarios pelotudos. 45) Porque no dejás que se peleen entre ellos. 46) Porque no te copaste en que un vivaracho venga y te diga “uh, malísimo, me dormí a los dos renglones”. 47) Porque tardás más de cinco segundos en publicarle sus comentarios pelotudos. 48) Porque ese día desayunaron mal, no entendieron una goma lo que está escrito y eso lo pone más estúpidos que de costumbre. 49) Porque les contestás. 50) Porque no les contestás. 51) Porque decidite, o les contestás o no les contestás, dale, loco, jugate, sos un tibio, no podés jugar a dos puntas. 52) Porque sí. 53) Poque no. 54) Porque racatacataca racatacataca, racatacataca racatacataca. 55) Porque nunca le reconocés nada a los comentaristas, sos un ingrato, ya vas a venir llorando con la cabeza gacha, el rabo cansado y el caballo entre las piernas a pedirnos perdón de rodillas. 56) Porque sos un demagogo, siempre con el tema de los comentarios, cómo le chupás las medias a los lectores, qué patético. 57) Porque decidite, loco, o le das bola a los comentarios o no, jugate de una buena vez, no se puede caminar toda la vida en el filo de la navaja, al final sos como la Gata Flora, sos un ni fu ni fa, un ni muy muy ni tan tan, un leche con vainillas, a los tibios los vomita Dios. 58) Porque sí. 59) Porque no. 60) Porque racatacataca racatacataca, racatacataca racatacataca. 61) Racatacataca racatacataca, racatacataca racatacataca, racatacataca racatacataca, racatacataca racatacataca (Repite). Si a alguien le interesa seguir indagando sobre este gran humorista: http://weblogs.clarin.com/podeti/

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Cuentos - Hermann Hesse
ArteporAnónimo3/29/2012

Cuentos cortos de Hermann Hesse La fábula de los ciegos Durante los primeros años del hospital de ciegos, como se sabe, todos los internos detentaban los mismos derechos y sus pequeñas cuestiones se resolvían por mayoría simple, sacándolas a votación. Con el sentido del tacto sabían distinguir las monedas de cobre y las de plata, y nunca se dio el caso de que ninguno de ellos confundiese el vino de Mosela con el de Borgoña. Tenían el olfato mucho más sensible que el de sus vecinos videntes. Acerca de los cuatro sentidos consiguieron establecer brillantes razonamientos, es decir que sabían de ellos cuanto hay que saber, y de esta manera vivían tranquilos y felices en la medida en que tal cosa sea posible para unos ciegos. Por desgracia sucedió entonces que uno de sus maestros manifestó la pretensión de saber algo concreto acerca del sentido de la vista. Pronunció discursos, agitó cuanto pudo, ganó seguidores y por último consiguió hacerse nombrar principal del gremio de los ciegos. Sentaba cátedra sobre el mundo de los colores, y desde entonces todo empezó a salir mal. Este primer dictador de los ciegos empezó por crear un círculo restringido de consejeros, mediante lo cual se adueñó de todas las limosnas. A partir de entonces nadie pudo oponérsele, y sentenció que la indumentaria de todos los ciegos era blanca. Ellos lo creyeron y hablaban mucho de sus hermosas ropas blancas, aunque ninguno de ellos las llevaba de tal color. De modo que el mundo se burlaba de ellos, por lo que se quejaron al dictador. Éste los recibió de muy mal talante, los trató de innovadores, de libertinos y de rebeldes que adoptaban las necias opiniones de las gentes que tenían vista. Eran rebeldes porque, caso inaudito, se atrevían a dudar de la infalibilidad de su jefe. Esta cuestión suscitó la aparición de dos partidos. Para sosegar los ánimos, el sumo príncipe de los ciegos lanzó un nuevo edicto, que declaraba que la vestimenta de los ciegos era roja. Pero esto tampoco resultó cierto; ningún ciego llevaba prendas de color rojo. Las mofas arreciaron y la comunidad de los ciegos estaba cada vez más quejosa. El jefe montó en cólera, y los demás también. La batalla duró largo tiempo y no hubo paz hasta que los ciegos tomaron la decisión de suspender provisionalmente todo juicio acerca de los colores. Un sordo que leyó este cuento admitió que el error de los ciegos había consistido en atreverse a opinar sobre colores. Por su parte, sin embargo, siguió firmemente convencido de que los sordos eran las únicas personas autorizadas a opinar en materia de música. La ejecución En su peregrinación, el maestro y algunos de sus discípulos bajaron de la montaña al llano y se encaminaron hacia las murallas de la gran ciudad. Ante la puerta se había congregado una gran muchedumbre. Cuando se hallaron más cerca vieron un cadalso levantado y los verdugos ocupados en llevar a rastras hacia el tajo a un individuo ya muy debilitado por el calabozo y los tormentos. La plebe se agolpaba alrededor del espectáculo. Hacían mofa del reo y le escupían, movían bulla y esperaban con impaciencia la decapitación. -¿Quién será y qué delitos habrá perpetrado -se preguntaban unos a otros los discípulos- para que la multitud desee su muerte con tanto afán? Aquí no se ve a nadie que manifieste compasión ni que llore. -Supongo que será un hereje -dijo el maestro con tristeza. Siguieron acercándose, y cuando se vieron confundidos con el gentío los discípulos preguntaron a izquierda y derecha quién era y qué crímenes había cometido el que en aquellos momentos se arrodillaba frente al tajo. -Es un hereje -decía la gente muy indignada-. ¡Hola! ¡Ahora inclina su cabeza condenada! ¡Acabemos de una vez! En verdad ese perro quiso enseñarnos que la ciudad del Paraíso tiene sólo dos puertas, ¡cuando a todos nosotros nos consta perfectamente que las puertas son doce! Asombrados, los discípulos se reunieron alrededor del maestro y le preguntaron: -¿Cómo lo adivinaste, maestro? Él sonrió y, mientras echaba de nuevo a andar, dijo en voz baja: -No ha sido difícil. Si fuese un asesino, o un bandolero o cualquier otra especie de criminal, habríamos visto entre las gentes del pueblo pena y compasión. Muchos llorarían y algunos hasta pondrían el grito en el cielo proclamando su inocencia. Al que tiene una creencia diferente, en cambio, se le puede sacrificar y echar su cadáver a los perros sin que el pueblo se inmute. La leyenda del rey indio En la antigua India de los dioses, muchos siglos antes del advenimiento de Gotama Buda el excelso, sucedió que los brahmanes ungieron a un nuevo rey. Este joven monarca gozó de la confianza y las enseñanzas de dos sabios varones que le enseñaron a purificarse mediante el ayuno, a someter a la voluntad los impulsos tormentosos de su sangre y a preparar su mente para el entendimiento del Todo y Uno. En efecto, por esta época habían estallado entre los brahmanes ardorosas polémicas sobre los atributos de los dioses, sobre las relaciones de unas divinidades con otras y sobre las de éstas con el Todo y Uno. Algunos pensadores empezaban a negar la existencia de múltiples divinidades, y postulaban que los nombres de éstas no eran más que denominaciones de los aspectos sensibles del Uno invisible. Otros negaban con apasionamiento estas doctrinas y se aferraban a las viejas divinidades, sus nombres y sus imágenes; ellos precisamente no creían que el Todo y Uno fuese un ser concreto, sino sólo un nombre aplicado al conjunto de todas las divinidades. De manera similar, para unos las palabras sagradas de los himnos eran creaciones temporales, y por consiguiente mudables, mientras otros las tenían por primigenias y la única cosa auténticamente inmutable. En estos aspectos del conocimiento de lo sagrado, lo mismo que en los de... se manifestaba el afán de llegar a conocer las verdades últimas, y por eso dudaban y discutían sin descanso de qué fuese el Espíritu mismo, o sólo su nombre, otros rechazaban esta distinción entre el Espíritu y la palabra, considerando que el ser y su imagen eran entidades inseparables. Casi dos mil años más tarde los mejores ingenios de la Edad Media occidental discutirían casi exactamente los mismos puntos. Y aquende como allende hubo pensadores serios y luchadores desinteresados, pero también hubo prebendados desprovistos de espíritu y de caridad a quienes preocupaba únicamente que tales discusiones no redundasen en el desprestigio del culto o del templo, ni que la libertad de pensamiento o de discusión sobre la naturaleza de las divinidades fuese a mermar, por ventura, el poderío ni las rentas de la casta sacerdotal. Lo que ellos querían era seguir viviendo como parásitos del pueblo; cuando el hijo o la vaca de alguno caían enfermos, los sacerdotes se le metían en casa durante semanas y le chupaban toda la hacienda en forma de ofrendas y de sacrificios. Y también aquellos dos brahmanes de cuyas enseñanzas disfrutaba el rey, siempre ávido de saber, estaban reñidos en cuanto a las verdades últimas. Pero como ambos tenían fama de gran sabiduría, el rey, entristecido por tal desavenencia, solía decirse: «Si ni siquiera estos dos sabios consiguen ponerse de acuerdo en cuando a la verdad, ¿cómo podré conocerla nunca yo, con mi flaco entendimiento? No dudo de que debe existir una verdad única e indivisible, pero me temo que ni siquiera los brahmanes puedan llegar a conocerla con seguridad». Cuando los interrogaba al respecto, sus dos preceptores contestaban: -Muchos son los caminos, pero el destino es único. Ayuna, mortifica las pasiones de tu corazón, recita las estrofas sagradas y medita acerca de ellas. El rey hizo de buena gana lo que le aconsejaban, y realizó grandes progresos en la sabiduría, pero sin alcanzar nunca su meta de poder contemplar la verdad última. Cierto que logró superar las pasiones de la sangre, así como aborrecer los deseos y los placeres animales. E incluso para comer y beber tomaba solamente lo indispensable (un plátano al día y unos granos de arroz). Así se purificaba de cuerpo y espíritu, y enfocaba al objetivo definitivo todas sus fuerzas e impulsos de su alma. Las palabras sagradas, cuyas sílabas antes le parecían monótonas y vacías, desplegaban ahora para él todos los encantos de su magia y le dispensaban consuelo íntimo. En estos torneos y ejercicios de la razón iba conquistando premio tras premio. Pero siguió sin hallar la clave del secreto final y de todos los misterios del ser, y eso lo tenía triste y cariacontecido. Entonces decidió disciplinarse por medio de una gran penitencia. Para lo cual se encerró durante cuarenta días en la más apartada de sus estancias sin probar bocado y durmiendo en el suelo, sin manta ni almohada. Su cuerpo enflaquecido exhalaba un aroma de pureza, su rostro delgado relucía de un brillo interior y su mirada avergonzaba a los brahmanes por la ecuanimidad purísima que traslucía. Superada esta prueba de cuarenta días, convocó a todos los brahmanes en el atrio del templo para que ejercitasen su ingenio en la resolución de las cuestiones más difíciles. Y mandó traer vacas blancas con las frentes adornadas de cadenas de oro, como premio para los vencedores del concurso. Los sacerdotes y los sabios acudieron, tomaron asiento y se enzarzaron sin demora en la batalla de las ideas y de las palabras. Paso a paso demostraron la exacta correspondencia entre los dos mundos, el sensible y el del espíritu, afilaron sus inteligencias en la interpretación de los versículos sagrados y disertaron sobre el Brahma y el Atman. El ser elemental de cien brazos fue comparado con el viento, con el fuego, con el agua, con la sal disuelta en el agua, con la unión del hombre y la mujer. También idearon parábolas e imágenes para describir el Brahma creador de dioses que son más grandes que el mismo Brahma, y distinguieron entre el Brahma creador y el que encierra en sí lo creado, de manera que procuraban compararlo consigo mismo. Y argumentaron brillantemente sobre si el Atman es anterior a su nombre, o si su nombre es idéntico a su esencia o sólo una creación de ésta. Una y otra vez intervino el rey proponiendo temas para nuevos interrogantes. Sin embargo, cuanto más prodigaban los brahmanes sus respuestas y sus explicaciones, más solo y abandonado se hallaba entre ellos el rey. Cuando más preguntaba y asentía al escuchar las respuestas, y mandaban que fuesen premiadas las más ingeniosas, más ardía en su anterior el anhelo de la verdad misma. Pues bien se daba cuenta de que todos aquellos discursos y análisis no servían sino para dar vueltas alrededor de ella, pero sin tocarla nunca. Nadie lograba entrar en el círculo interior. De manera que, conforme iba proponiendo preguntas y repartía honores, se veía a sí mismo como un niño dedicado junto con otros niños a una especie de juego. Hermoso, sí, pero de los que provocan sonrisas indulgentes por parte de los hombres adultos. Por eso el rey fue ensimismándose cada vez más, pese a hallarse en medio de la gran asamblea. Cerró todos los sentidos y dirigió su voluntad ardiente a ese foco, la verdad, pues sabía que todos los seres participan de ella y duerme en el interior de cada uno, también en el de los reyes. Y como era un ser puro, en cuyo interior no subsistía ninguna escoria, fue encontrando suficiencia y claridad dentro de sí mismo. Cuanto más se sumía en sí, mayor era la luz que percibía, como el que camina dentro de una caverna y cada paso le lleva más y más cerca del resplandor de la salida. Mientras tanto, los brahmanes continuaron largo rato hablando y discutiendo, sin darse cuenta de que el rey estaba como sordo y mudo. Se exaltaban, alzaban las voces cada vez más, y no pocos manifestaban así la envidia por las vacas que habían correspondido a otros. Hasta que, por fin, uno de ellos reparó en la distracción del monarca. Interrumpiendo su discurso, levantó la mano y lo señaló con el dedo, y su interlocutor calló e hizo lo mismo, y el vecino de éste también. Al fondo del atrio algunos grupos alborotaban y charlaban todavía, pero la mayoría guardaba un silencio sepulcral. Hasta que callaron todos, sentados sin decir nada y mirando al rey, que se mantenía erguido, el semblante impasible, la vista dirigida al infinito. Y su rostro irradiaba una luz fría y clara como la de una estrella. Entonces todos los brahmanes se inclinaron ante su éxtasis y comprendieron que cuanto estaban haciendo era sólo un juego de niños, mientras que el personaje real estaba habitado por Dios mismo, el epítome de todos los dioses. Pero el rey, cuyos sentidos estaban fundidos en la unidad y vueltos hacia lo interior, seguía contemplando la verdad misma, indivisible, en forma de luz pura que infundía en su interior una certeza dulcísima, a la manera en que un rayo de sol cuando atraviesa una piedra preciosa la convierte en luz y sol, con lo que criatura y creador se hacen uno. Luego volvió en sí, y cuando miró a su alrededor, sus ojos reían y su frente brillaba como un lucero. Despojándose de sus ropas, salió del templo, salió de la ciudad y del reino, y se adentró desnudo en la selva, donde desapareció para siempre. Leyenda china Esto se cuenta acerca de Meng Hsie. Cuando supo que últimamente los artistas jóvenes se ejercitaban en colocarse cabeza abajo, decían que para ensayar una nueva visión, inmediatamente Meng Hsie practicó también este ejercicio. Y después de probarlo un rato declaró a sus discípulos: -Cuando me coloco cabeza abajo se me presenta el mundo bajo un aspecto nuevo y más hermoso. Esto se comentó, y los jóvenes artistas se ufanaban no poco de que el anciano maestro hubiese respaldado así sus experimentos. Se sabía que apenas hablaba, y que enseñaba a sus discípulos no mediante doctrinas sino con su simple presencia y su ejemplo. Por eso sus manifestaciones llamaban mucho la atención y se difundían por todas partes. Poco después de que aquellas palabras suyas hubiesen hecho las delicias de los innovadores y sorprendido e incluso indignado a muchos de los antiguos, se supo que había hablado otra vez. Contaban que había dicho: -Es bueno que el hombre tenga dos piernas, porque ponerse cabeza abajo no favorece la salud. Además, cuando se incorpora el que estuvo cabeza abajo el mundo se le representa doblemente más hermoso que antes. Estas palabras del maestro escandalizaron a los jóvenes antipodistas, que se sintieron traicionados o burlados, y también a los mandarines. -Tal día dice Meng Hsie tal cosa, y al día siguiente dice lo contrario -comentaban los mandarines-. Es imposible que ambas sean verdaderas. ¿Quién hace caso del anciano cuando le flaquea el entendimiento? Algunos fueron a contarle al maestro lo que decían de él tanto los innovadores como los mandarines. Él se limitó a reír. Y como sus seguidores le demandaran una explicación, dijo: -La realidad existe, pequeños míos, y ésa es incontrovertible. Verdades, en cambio, es decir, opiniones acerca de la realidad expresadas mediante palabras, hay muchas, y todas ellas son tan verdaderas como falsas. Y por mucho que insistieron, los discípulos no consiguieron sacarle una palabra más. Parábola china Un anciano llamado Chunglang, que quiere decir «Maese La Roca», tenía una pequeña propiedad en la montaña. Sucedió cierto día que se le escapó uno de sus caballos y los vecinos se acercaron a manifestarle su condolencia. Sin embargo el anciano replicó: -¡Quién sabe si eso ha sido una desgracia! Y hete aquí que varios días después el caballo regresó, y traía consigo toda una manada de caballos cimarrones. De nuevo se presentaron los vecinos y lo felicitaron por su buena suerte. Pero el viejo de la montaña les dijo: -¡Quién sabe si eso ha sido un suceso afortunado! Como tenían tantos caballos, el hijo del anciano se aficionó a montarlos, pero un día se cayó y se rompió una pierna. Otra vez los vecinos fueron a darle el pésame, y nuevamente les replicó el viejo: -¡Quién sabe si eso ha sido una desgracia! Al año siguiente se presentaron en la montaña los comisionados de «los Varas Largas». Reclutaban jóvenes fuertes para mensajeros del emperador y para llevar su litera. Al hijo del anciano, que todavía estaba impedido de la pierna, no se lo llevaron. Chunglang sonreía.

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Cinco cuentos cortos - Franz Kafka
ArteporAnónimo3/27/2012

Un Mensaje Imperial El Emperador, tal va una parábola, os ha mandado, humilde sujeto, quien sóis la insignificante sombra arrinconándose en la más recóndita distancia del sol imperial, un mensaje; el Emperador desde su lecho de muerte os ha mandado un mensaje para vos únicamente. Ha comandado al mensajero a arrodillarse junto a la cama, y ha susurrado el mensaje; ha puesto tanta importancia al mensaje, que ha ordenado al mensajero se lo repita en el oído. Luego, con un movimiento de cabeza, ha confirmado estar correcto. Sí, ante los congregados espectadores de su muerte -toda pared obstructora ha sido tumbada, y en las espaciosas y colosalmente altas escaleras están en un círculo los grandes príncipes del Imperio- ante todos ellos, él ha mandado su mensaje. El mensajero inmediatamente embarca su viaje; un poderoso, infatigable hombre; ahora empujando con su brazo diestro, ahora con el siniestro, taja un camino al través de la multitud; si encuentra resistencia, apunta a su pecho, donde el símbolo del sol repica de luz; al contrario de otro hombre cualquiera, su camino así se le facilita. Mas las multitudes son tan vastas; sus números no tienen fin. Si tan sólo pudiera alcanzar los amplios campos, cuán rápido él volaría, y pronto, sin duda alguna, escucharías el bienvenido martilleo de sus puños en tu puerta. Pero, en vez, cómo vanamente gasta sus fuerzas; aún todavía traza su camino tras las cámaras del profundo interior del palacio; nunca llegará al final de ellas; y si lo lograra, nada se lograría en ello; él debe, tras aquello, luchar durante su camino hacia abajo por las escaleras; y si lo lograra, nada se lograría en ello; todavía tiene que cruzar las cortes; y tras las cortes, el segundo palacio externo; y una vez más, más escaleras y cortes; y de nuevo otro palacio; y así por miles de años; y por si al fin llegara a lanzarse afuera, tras la última puerta del último palacio -pero nunca, nunca podría llegar eso a suceder-, la capital imperial, centro del mundo, caería ante él, apretada a explotar con sus propios sedimientos. Nadie podría luchar y salir de ahí, ni siquiera con el mensaje de un hombre muerto. Mas os sentáis tras la ventana, al caer la noche, y os lo imagináis, en sueños. El Zopilote Un zopilote estaba mordizqueándome los pies. Ya había despedazado mis botas y calcetas, y ahora ya estaba mordiendo mis propios pies. Una y otra vez les daba un mordizco, luego me rondaba varias veces, sin cesar, para después volver a continuar con su trabajo. Un caballero, de repente, pasó, echó un vistazo, y luego me preguntó por qué sufría al zopilote. "Estoy perdido", le dije. Cuando vino y comenzó a atacarme, yo por supuesto traté de hacer que se fuera, hasta traté de estrangularlo, pero estos animales son muy fuertes... estuvo a punto de echarse a mi cara, mas preferí sacrificar mis pies. Ahora estan casi deshechos". "¡Véte tú a saber, dejándote torturar de esta manera!", me dijo el caballero. "Un tiro, y te echas al zopilote." "¿En serio?", dije. "¿Y usted me haría el favor?" "Con gusto," dijo el caballero, " sólo tengo que ir a casa e ir por mi pistola. ¿Se podría usted esperar otra media hora?" "Quién sabe", le dije, y me estuve por un momento, tieso de dolor. Entonces le dije: "Sin embargo, vaya a ver si puede... por favor". "Muy bien", dijo el caballero, "trataré de hacerlo lo más pronto que pueda". Durante la conversación, el zopilote había estado tranquilamente escuchando, girando su ojo lentamente entre mí y el caballero. Ahora me había dado cuenta que había estado entendiéndolo todo; alzó ala, se hizo hacia atrás, para agarrar vuelo, y luego, como un jabalinista, lanzó su pico por mi boca, muy dentro de mí. Cayendo hacia atrás, me alivió el sentirle ahogarse irretrocediblemente en mi sangre, la cual estaba llenando cada uno de mis huecos, inundando cada una de mis costas. Una Pequeña Fábula "Ay", dijo el ratón, "el mundo se está haciendo más chiquito cada día. Al principio era tan grande que yo tenía miedo, corría y corría, y me alegraba cuando al fin veía paredes a lo lejos a diestra y siniestra, pero estas largas paredes se han achicado tanto que ya estoy en la última cámara, y ahí en la esquina está la trampa a la cual yo debo caer". "Sólamente tienes que cambiar tu dirección", dijo el gato, y se lo comió. La Partida Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fuí al establo yo mismo, le puse silla a mi caballo, y lo monté. A la distancia escuché el sonido de una trompeta, y le pregunté al sirviente qué significaba. El no sabía nada, y escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó: "¿A dónde va el patrón?" "No lo sé", le dije, "simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta". "¿Así que usted conoce su meta?", preguntó. "Sí", repliqué, "te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta". El Paseo Repentino Cuando por la noche uno parece haberse decidido terminantemente a quedarse en casa; se ha puesto una bata; después de la cena se ha sentado a la mesa iluminada, dispuesto a hacer aquel trabajo o a jugar aquel juego luego de terminado el cual habitualmente uno se va a dormir; cuando afuera el tiempo es tan malo que lo más natural es quedarse en casa; cuando uno ya ha pasado tan largo rato sentado tranquilo a la mesa que irse provocaría el asombro de todos; cuando ya la escalera está oscura y la puerta de calle trancada; y cuando entonces uno, a pesar de todo esto, presa de una repentina desazón, se cambia la bata; aparece en seguida vestido de calle; explica que tiene que salir, y además lo hace después de despedirse rápidamente; cuando uno cree haber dado a entender mayor o menor disgusto de acuerdo con la celeridad con que ha cerrado la casa dando un portazo; cuando en la calle uno se reencuentra, dueño de miembros que responden con una especial movilidad a esta libertad ya inesperada que uno les ha conseguido; cuando mediante esta sola decisión uno siente concentrada en sí toda la capacidad determinativa; cuando uno, otorgando al hecho una mayor importancia que la habitual, se da cuenta de que tiene más fuerza para provocar y soportar el más rápido cambio que necesidad de hacerlo, y cuando uno va así corriendo por las largas calles, entonces uno, por esa noche, se ha separado completamente de su familia, que se va escurriendo hacia la insustancialidad, mientras uno, completamente denso, negro de tan preciso, golpeándose los muslos por detrás, se yergue en su verdadera estatura. Todo esto se intensifica aún más si a estas altas horas de la noche uno se dirige a casa de un amigo para saber cómo le va.

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Cientos de citas y frases de grandes genios! Parte 1 [A-F]
ArteporAnónimo4/20/2011

Bueno acá les dejo muchas pero muchas frases. Disculpen que no estén separadas pero asi ocupa menos espacio. Las frases están ordenadas alfabéticamente de acuerdo a como empiezan no a su autor. Aún asi al principio de cada letra dejo una ilustración con alguien cuyo apellido si empieze con esa letra (Falta la B larga, que en la selección la borré entera sin darme cuenta). Saludos! A "Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo." Salvador Allende. A algunos hombres los disfraces no los disfrazan, sino los revelan. Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro. Chesterton A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd. A. de la Martine A veces de noche, enciendo la luz para no ver mi propia oscuridad. Antonio Porchia Abandonarse al dolor sin resistir, suicidarse para sustraerse de él, es abandonar el campo de batalla sin haber luchado. Napoleón Anunciad con cien lenguas el mensaje agradable; pero dejad que las malas noticias se revelen por sí solas. Shakespeare Arriesgarse es perderse un poco, no arriesgarse es perderlo todo. Mayacowsky Aunque mañana fuera el día del fin del mundo, yo plantaría manzanos en el día de hoy. Martín Lutero Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad. José Marti C "¡Qué pobre memoria es aquella que sólo funciona hacia atrás!" Lewis Carroll Cada hombre que haya amado verdaderamente podrá pensar que no ha vivido en vano. Andrés Holguín Cada nueva esperanza que sentimos nos hace ver de manera distinta el pasado. Luis Rosales Cada quien sabe lo que trae en su morral. Juvenal Cada uno de nosotros está en la tierra para descubrir su propio camino, y jamás seremos felices si seguimos el de otro. James van Praagh Cada uno muestra lo que es en los amigos que tiene. Cada virtud solo necesita un hombre; pero la amistad necesita dos. Montaigne Cállate o di algo mejor que el silencio. Pitágoras Cambiad de placeres, pero no cambies de amigos. Voltaire Carecer de libros propios es el colmo de la miseria. Benjamin Franklin Cásate: si por casualidad das con una buena mujer, serás feliz; si no; te volverás filósofo, lo que siempre es útil para el hombre. Socrates Casi todas las personas viven la vida en una silenciosa desesperación. Henry David Thoreau Cierra los ojos y verás. Joseph Joubert Ciertos hombres tienen el talento de ver mucho en todo. Pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay. Jaime Balmes Cometer un error y no corregirlo es otro error. Confucio Comienza tu obra: comenzar es haber hecho la mitad; comienza de nuevo, y la obra quedará terminada. Anónimo Comienza tu obra; comenzar es haber hecho la mitad; comienza de nuevo, y la obra quedará terminada. Anónimo Como amo la libertad tengo sentimientos nobles y liberales; y si suelo ser severo, es solamente con aquellos que pretenden destruirnos. Bolívar Como fuerza social, un individuo con una idea vale por noventa y nueve con un solo interés. John Stuart Mill Como pretendes que otro guarde tu secreto si tú mismo, al confiárselo, no los has sabido guardar. La Rochefoucauld Con el dinero se puede fundar una casa espléndida, pero no una familia dichosa. Tamayo y B. Con la primera copa el hombre bebe vino; con la segunda el vino bebe vino, y con la tercera, el vino bebe al hombre. Proverbio Japones Con las piedras que con duro intento los críticos te lanzan, bien puedes erigirte un monumento. Kant Con los nuevos descubrimientos de cada día, el hombre tendrá el futuro más brillante que haya soñado jamás. Frederick L. Schuman Conciencia es mil testigos. Richard Taveres Conciencia: voz interior que nos avisa que alguien puede estar mirando. H.L. Mencken Confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es neurótica torpeza. Juvenal Con frecuencia cerramos los ojos para ver bellas cosas. Emile Pontich Conocer las cosas que lo hacen a uno desgraciado, ya es una especia de felicidad. La Rochefoucauld Converso con el hombre que siempre va conmigo. Quien hablo solo, espera hablar con Dios un día. Machado Conviene matar el error, pero salvar a los que van errados . San Agustín Cosa buena es arrepentirse, pero mejor cosa aún no exponerse a ello. Proverbio Danes Creer que un enemigo débil no puede dañarnos es como creer que una chispa no puede incendiar un bosque. Saadi Creo en el espíritu, pero no me parece que el hambre y las privaciones puedan hacer mejor al hombre. Erico Verissimo Creo en el individualismo... pero solo hasta cuando el individualista empieza a medrar a expensas de la sociedad. Roosevelt Creo en los que sacrificaron la gloria por la bondad, en los que cambiaron el poder por el honor y en los que dejaron la riqueza por la justicia. Eladio Jara Cuál es el gobierno mejor? El que enseña a gobernarnos a nosotros mismos. Goethe Cual es el mejor gobierno? El que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos. Johann W. Goethe Cuál es el modo de gobernar colonias?. Darles funcionarios, aunque no los quieran; darles leyes que no han concurrido a formar; quitarles toda representación y exigirles ciega obediencia. Santander Cualesquiera sean nuestros afanes nada puede ayudarnos tanto como la verdad solo ésta perdura. Henry D. Thoreau Cualquier hombre que tenga más razón que sus prójimos ya constituye una mayoría de uno. Thoreau Cualquiera puede hacer historia; pero sólo un gran hombre puede escribirla. Wilde Cuán feliz era yo cuando era una infeliz. Marquesa de Sevigne Cuando alguien asume un cargo público, debe considerarse a sí mismo como propiedad pública. Tomáas Jefferson Cuando alguien hace una tremenda necedad, dice siempre que las hace por los más nobles motivos. Wile Cuando desaparecerán los chismosos y murmuradores.? Cuando no haya quien les preste atención alguna. August W. Hare Cuando Dios creó al Mundo, vio que era bueno. Qué dirá ahora? George Bernard Shaw Cuando el amor ha sido una comedia, forzosamente el matrimonio tiene que derivar en drama. Alfonso de Lamartine Cuando el delito se multiplica, nadie quiere verlo. Bertold Brecht Cuando hay cariño de por medio la razón de nada sirve. Manuel Mejía Vallejo Cuando he estado trabajando todo el día, un buen atardecer me sale al encuentro. Goete Cuando la necesidad nos arranca palabras sinceras, cae la máscara y aparece el hombre. Lucrecio Cuando la situación es adversa y la esperanza poca, las determinaciones drásticas son las más seguras. Tito Livio Cuando las mujeres se besa, siempre recuerdan a los boxeadores profesionales cuando se estrechan las manos. Henry Louis Mencken Cuando las personas son fuertes generalmente no son justas y cuando desean ser justas por lo común ya no son fuertes. Cuando llegamos a viejos los pequeños hábitos se vuelven grandes tiranías. Flaubert Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen, pierden el respeto. Lichtenberg Cuando más grande es vuestra gloria, más cerca estáis de vuestra declinación. Daniel Defoe Cuando no sabemos a que puerto nos dirigimos, todos los vientos son desfavorables. Séneca Cuando no se ha sabido vivir, menos aún puede saberse morir. Sanial Dubay Cuando nuestro odio es demasiado profundo, nos coloca por debajo de aquellos a quienes odiamos. La Rochefoucauld Cuando pensamos que el día de mañana nunca llegará, ya se ha convertido en el ayer. Henry Ford Cuando se ve una cosa bella, se quiere poseerla. Es una inclinación natural que las leyes han previsto. Anatole France Cuando un hombre quiere matar un tigre, se llama deporte; cuando un tigre quiere matar a un hombre se llama ferocidad. George Bernard Shaw Cuando un hombre se cae y los otros no ríen, mala señal para el que ha caído. Santiago Ruiseñol Cuando un pueblo se exalta es difícil calmarlo; pero cuando está tranquilo es difícil saber cuándo va a exaltarse. La Bruyere Cuando una puerta se cierra, otra se abre. Miguel de Cervantes Cuanta más gente conozco, mejor me caen los Corleone. Maruja Torres Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee. Miguel de Unamuno Cuantos hombres se precipitan hacia la luz, no para ver mejor sino para brillar. Federico Nietzsche Cuenta los días de tu vida, y verás cuán pocos y desechados han sido los que has tenido para ti. Séneca Cumplid vuestro deber y dejad obrar a los dioses. Pierre Corneille D "El que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos."Salvador Dalí Da mucha fuerza cumplir con el deber entre otros que no lo cumplen, aun cuando se trate de un deber establecido de mutuo acuerdo. Jacobo Wassermann Da un poco de amor a un niño y ganarás un corazón. John Ruskin Dad al hombre salud y metas a alcanzar y no se detendrá a pensar sobre si es o no feliz. B. Shaw Damocles vio sobre su cabeza una pesada espada que pendía de una crin. Recordándolo, los tiranos no pueden gozar en sus festines José Maria Vargas Vila Daría con gusto una mitad de la ciencia que me sobra por adquirir una pequeña parte de la experiencia que me falta. P Flores De acuerdo con tu fe así te irá en la vida. Si tienes fe..., nada te será imposible. De entre las espinas se saca la rosa. San Jerónimo De la unión y cordialidad recíproca depende el próspero destino de las Américas, y la división sólo puede producirnos miserias y lágrimas. Berrnardo O'Higgins De los recuerdos del pasado se forman las vidas nuevas. Antonio José Restrepo. De nada sirve correr; lo que conviene es partir a tiempo. La Fontain De nada sirven los triunfos si la paz no los corona. Antonio Nariño De noventa enfermedades, cincuenta las produce la culpa y cuarenta la ignorancia. Syro De querer ser a creer que se es ya va la distancia de lo trágico o lo cómico. José Ortega y Gasset De que sirve dar leyes, si han de eludirlas los mismos que las dan. ? Turgot De todos los animales de la creación, el hombre es el único que bebe sin tener sed, come sin tener hambre y habla sin tener nada que decir. John Steinbeck De todos los caminos que conducen a la fortuna, los mas seguros son la concentración, la constancia y el trabajo. Debe necesariamente temer mucho quien es temido de muchos. Séneca Debemos conformar nuestras acciones a los intereses de nuestros semejantes, o a los de la felicidad pública, de la cual resulta nuestra felicidad particular. Juan Garcia del Rio Debemos obrar, no para ir contra el destino, sino para ir delante de él. Hebbel Debemos tener buenos amigos, que nos enseñen lo bueno, y perversos y crueles enemigos, que nos impidan obrar mal. Diógenes Deberíamos utilizar el pasado como trampolín y no como sofá. Harold Masmillan Decir amistad es decir entendimiento cabal, confianza rápida y larga memoria; es decir, fidelidad. Gabriela Mistral Definitivamente habrá que rendirse a la evidencia de que este mundo esta loco. Sacha Guitryl. Deja ya de engañarte. Eres la causa de ti mismo, de tu tristeza, de tu necesidad, de tu dolor, de tu fracaso o de tus éxitos, alegría y paz. Jorge V. Santamaría Dejemos a los envidiosos la tarea de proferir injurias y a los necios la de contestarlas. Luis Dupaty Del mismo modo que no sería un esclavo, tampoco sería un amo. Esto expresa mi idea de la democracia. Abraham Lincoln Del que manda, el proceder nunca a nadie satisface, pues por rabia o por placer se le critica lo que hace y lo que deja de hacer. Antonio Nariño De que te vale ser más fuerte, si no sabes ser mejor. Federico Balart Desde los tiempos de Adán, los necios están en mayoría. Casimir Delavigne Desdichado el hombre en quien nada perdura del niño. A. Graft Desdichado el que duerme en la mañana. Hesiodo Desgraciadamente, la opinión tiene más fuerza que la verdad. Estobeo Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien, importa mas que el hacerlas. A. Machado Desprecia la literatura en la que los autores delatan todas sus intimidades y las de sus amigos. La persona que pierde su intimidad, lo pierde todo. Milan Kundera Después de escalar una montaña muy alta, descubrimos que hay muchas otras montañas por escalar. Nelson Mándela Después de que el barco se ha hundido, todo el mundo dice que sabía cómo se hubiera podido salvar. Proverbio Italiano Después de saber cuándo debemos aprovechar una oportunidad, lo más importante es saber cuándo debemos renunciar a una ventaja. Disraeli Desterrada la justicia que es vínculo de las sociedades humanas, muere también la libertad que está unida a ella y vive por ella. Juan Luis Vives Destine quince minutos de su día para que usted mismo, recordando situaciones agradables y convirtiendo en positivas las que usted a considerado negativas. Destruir o desperdiciar bienes que son indispensables a los seres humanos, es herir a la justicia y faltar a los deberes con la humanidad. León XXIII Di la verdad aunque sea amarga. Di la verdad aún contra ti mismo. Mahoma Dicen que el hábito es una segunda naturaleza. Quien sabe, empero, si la naturaleza no es primero un habito. Pascal Dicen que el silencio lo vuelve a uno loco. Lo que vuelve a uno loco es el ruido. Manuel Mejia Vallejo Dichosísimo aquel que corriendo por entre los escollos de la guerra, de la política y de las desgracias públicas, preserva su honor intacto. Bolivar Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos. Sagrada Biblia Dime lo que quieras que se lo estás diciendo a mi esqueleto. Gustavo Urrego Dios es el gran silencio del infinito. El mundo todo habla de El y para El nada de lo que se diga lo representa tan bien como su silencio y su calma eterna. Eliphas Levi Dios habló y fue la luz. La palabra es la luz de la humanidad, como la luz es la palabra de la naturaleza. Manuel Antonio Bonilla Dios lleva a los hombres a las aguas más profundas, no para ahogarlos sino para limpiarlos. Aughey Dios no te hubiera dado la capacidad de soñar sin darte también la posibilidad de convertir tus sueños en realidad. Hector Tassinari Dios nos da las nueces, pero nos las da cerradas... Las tenemos que abrir. Proverbio Ruso Donde con toda seguridad encontrarás una mano que te ayude será en el extremo de tu propio brazo. Napoleón Donde la ley acaba comienza la tiranía. W. Pitt Donde me halle, soy un pedazo del paisaje de mi patria. Fatos Arapi Donde no hay caridad no puede haber justicia. San Agustín Donde no hay justicia, no hay libertad y donde no hay libertad no hay justicia. Seume Donde no se cuenta con el pueblo, no hay política, ni orden social, ni sistema razonable de gobierno, ni nada justiciero ni respetable. Angel Osorio Donde quiera que veáis la moderación sin tristeza, la concordia sin esclavitud, la abundancia sin profusión, decid confiadamente; es un ser venturoso el que aquí manda. Rousseau Dos cosas definen a un hombre: su mirada y su corazón. P. Willot Dos cosas me admiran; la inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres. T. Bermard Durante la juventud creemos amar; pero solo cuando hemos envejecido en compañía de otro, conocemos la fuerza del amor. Henry Bordeaux E "El problema del hombre no está en la bomba atómica, sino en su corazón" Albert Einstein Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres. Pitágoras Educar a los hijos es, en esencia, enseñarles a valerse sin nosotros. Mario Sarmiento V. Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida. Pitágoras Economizad las lágrimas de vuestro hijos, para que puedan regar con ellas vuestra tumba. Pitagoras El abrazo del equipo vencido al vencedor; el grácil salto de la malla para abrazar al contrario, es el símbolo del nuevo espíritu Agustín Nieto Caballero El aburrimiento es lo que queda de los pensamientos cuando las pasiones son eliminadas de ellos. Alain El adolescente vive en un estado permanente de embriaguez espiritual. Platón El afán de los reformadores es transformar a los pueblos con leyes, cuando las leyes deben ser transformadas por las costumbres, si se quiere que tengan eficacia. Arthur Youg El ajedrez es un juego útil y honesto, indispensable en la educación de la juventud. Bolivar El alma necesita pocas cosas; el cuerpo muchas. George Herbert El alma tiene ilusiones, como el pájaro alas; eso es lo que la sostiene. Hugo El americano no quiere ser gobernado por nadie, a menos que sea un jefe de su país; no obedece a ningún europeo, sobre todo si es español. Pablo Morillo El amor como principio, el orden como base, el progreso como fin. Auguste Comte El amor es como el vino, y como el vino también, a unos reconforta y a otros destroza. Stefan Zweig El amor es intensidad y por esto es una distensión del tiempo: estira los minutos y los alarga como siglos. Octavio Paz El amor es la primera pasión y necesidad del ser humano. Anónimo El amor es siempre tímido ante la belleza, al paso que la belleza anda siempre detrás del amor. Khalil Gibrán El amor es un sacramento que debería recibirse de rodillas. Oscar Wilde El amor es una maravillosa flor, pero es necesario tener el valor de ir a buscarla al borde de un horrible precipicio. Stendhal El amor sin erotismo no existe. El erotismo sin amor es frecuente. Octavio Paz El animal moribundo, mira con pena al cazador. Narosky El arrepentimiento es el remordimiento aceptado. Séneca El arte de persuadir consiste tanto en el de agradar como en el de convencer; ya que los hombres se gobiernan mas por el capricho que por la razón. Blas pascal . El arte de vencer se aprende en las derrotas. Simón Bolivar El avaro experimenta simultáneamente las preocupaciones del rico y las penalidades del pobre. Remarques El ave canta aunque la rama cruja porque conoce lo que son sus alas. Santos Chocana El bien que hicimos la víspera es el que nos trae la felicidad por la mañana. Proverbio Chino El buen humor resuelve dificultades y prolonga la vida. Mario Sarmiento El bueno será siempre libre aunque sea esclavo; y el malo será esclavo aunque sea rey. Marcial El celoso pasa la vida buscando un secreto cuyo descubrimiento ha de causar su desdicha. Oxenstiern El centro germinal de cualquier cultura consiste en el concepto que el hombre de esa cultura tenga de sí mismo. Luis López de Mesa El cerebro es un órgano sexual extraordinario. José Luis Sampedro El conocerse demasiado o demasiado poco, constituye un estorbo para el acercamiento de dos personas. Leon Tolstoi El conocimiento es poder. Francis Bacon El contratar requiere maña porque el que contrata engaña. Refrán español El control sobre sí mismo es la facultad de seleccionar los pensamientos para convertir en actos solo convenientes. Manero El corazón del loco está en la boca; pero la boca del sabio está en el corazón. Benjamin Franklin El cristianismo es la revolución del mundo a través de la caridad. Raoul Follerau El daño que hacemos no nos trae tantas persecuciones y odios como nuestras buenas cualidades. La Rochefoucauld El derecho del obrero no puede ser nunca el odio al capital; es la armonía, la conciliación, el acercamiento común de uno y del otro. José Marti El derecho enseñado utilitariamente no es ciencia sino arte, y arte la más vulgar. M. A. Caro El derecho es el arte de lo bueno y de lo justo El derecho, por mínimo que sea, debe prevalecer sobre la conveniencia, por grande que parezca. Rafael Uribe Uribe El deseo intenso crea no sólo sus propias oportunidades sino además sus propios talentos. Eric Hoffer El deseo muere automáticamente cuando se logra; fenece al satisfacerse. El amor, en cambio, es un eterno deseo insatisfecho. José Ortega y Gasset El destino baraja las cartas, nosotros las jugamos. José Stalin El destino de quienes han delinquido es inexorable. Ya no podrán nunca ocultar su pasado: Toda la tierra les es de vidrio. Emerson El desvanecimiento de los ideales es triste prueba de la derrota del esfuerzo humano. Whitehead El dinero a veces resulta demasiado caro. Ralph Waldo Emerson El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia. Oscar Wilde El dinero no puede hacer que seamos felices, pero es lo único que nos compensa de no serlo. Benavente El dinero nunca va a la cárcel. Anónimo inglés El enemigo más temible de la democracia es la demagogia. Alfred Croiset El error del anciano es que pretende enjuiciar el hoy con el criterio del ayer. Epícteto El error es inherente al ser humano. Lo importante es no sobrepasar la cuota diaria. John Nigro El espíritu de grupo es lo que da a muchas empresas una ventaja sobre sus competidores. George L. Clements El espíritu no sólo da de sí según lo que tenga, sino también según lo que de él se demande. Luis López de Mesa El éxito es lo que nos da confianza para poner en práctica lo que el fracaso nos ha enseñado P. Carrasco El éxito ha hecho fracasar a muchos hombres. C.Adams El éxito lo obtienen aquellos que están seguros del él. El fin de la creación literaria es iluminar el corazón de todos los hombres, en los que tienen de meramente humano. Alfonso Reyes El fracaso fortifica a los fuertes. Saint Exupery El fuerte determina los acontecimientos; el débil sufre lo que el destino le impone. Vigny El futuro nos tortura, y el pasado nos encadena. He ahí por qué se nos escapa el presente. G. Flaubert El gorrión siente lástima del pavo real, cargado así con su cola. Rabindranat Tagore El gran clásico es un hombre del que se puede hacer el elogio sin haberlo leído. Chesterton El gran estilo nace cuando lo bello obtiene la victoria sobre lo enorme. Nietzche El gran libro de donde deben tomarse con mayor cuidado y afecto las divinas lecciones de alta sabiduría, es el crucifijo. Juan XXII El Hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma. Marcel Prevost El hambre espía en la casa de los pobres, pero si la habitan personas trabajadoras, no se atreve a entrar. Franklin El hombre debe considerar cuán rico es el reino que pierde al hacerse conformista. Henry Kaiser El hombre debería decir siempre mucho más de lo que pretende y pretender mucho más de lo que dice. Wilde El hombre dotado de sentido moral vivirá tranquilo, ya que no conocerá la duda o, mejor dicho, la conocerá al tener la satisfacción de vencerla. Yoritomo Tashi El hombre es el más misterioso y el más desconcertante de los objetos descubiertos por la ciencia. Ganivet El hombre es el único que envejece; todo lo demás rejuvenece con torno suyo cada día. Alfredo De Musset El hombre es el verdadero creador de su destino. Cuando no está convencido de ello, no es nada en la vida. Gustavo Le Bon El hombre es la criatura que Dios hizo al final de una semana de trabajo, cuando ya estaba cansado. Mark Twain El hombre es libre, tiene que ser libre. Su primera virtud, su gran hermosura, su gran amor es la libertad. Juan Ramón Jiménez El hombre es mortal por sus temores e inmortal por sus deseos. Pitágoras El hombre es mucho más complicado que su pensamiento. Paúl Valery El hombre es rico desde que ha familiarizado con la escasez. Epicuro El hombre es un animal que se alimenta de adulaciones. William Hazlitt El hombre es un experimento; el tiempo demostrará si valía la pena. Mark Twain El hombre es un mensaje; el individuo un mensaje social; la nación un mensaje de cultura; la humanidad un mensaje de Dios. Luis Lopera de Mesa El hombre es un producto social y la sociedad debe impedir que se pierda para ella. Unamuno El hombre es una caña que piensa. Pascal El hombre es una lámpara apagada; toda su luz se la dará la muerte. José Eusebio Caro El hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas. Rousseau El hombre más peligroso es aquel que tiene miedo. Ludwing Borne El hombre más poderoso es aquel que es totalmente dueño de sí mismo. Aristóteles El hombre no puede hacerse sin sufrimiento, pues es a la vez el mármol y el escultor. Alexis Carre El hombre no puede vivir sin tratar de describir y explicar el universo. Isaiah Berlin El hombre poco claro no puede hacerse ilusiones; o se engaña a sí mismo o trata de engañar a otros. Stendhal El hombre, por naturaleza, es crédulo, incrédulo, tímido y temerario. Blaise Pascal El hombre que ha perdido la aptitud de borrar sus odios esta viejo, irreparablemente. José Ingenieros El hombre que hace que todo lo que lleve a la felicidad dependa de él mismo, ya no de los demás ha adoptado el mejor plan para vivir feliz. Platón El hombre que ha empezado a vivir más seriamente por dentro, empieza a vivir más sencillamente por fuera. Hemingway El hombre que no sabe sonreír no debe abrir la tienda. Provervio Chino El hombre que no teme a las verdades, nada debe temer a las mentiras. Thomas Jefferson El hombre que se levanta es más grande que el que no ha caído. El hombre sabio no debe abstenerse de participar en el gobierno del estado, pues es un delito renunciar a ser útil a sus compatriotas y una cobardía cederles el paso a los indignos. Epíteto El hombre sabio no lo es en todas las cosas. Montaigne El hombre sabio querrá estar siempre con quien sea mejor que él. Platon El hombre sabio, incluso cuando calla, dice más que el necio cuando habla. Thomas Fuller El hombre sapiens, la única criatura dotada de razón, es también el único ser que aferra su existencia a cosas irracionales. Henri Bergson El hombre se cree siempre ser más de lo que es, y se estima en menos de lo que vale. Goethe El hombre se precipita en el error con más rapidez que los ríos corren hacia el mar. Voltaire El hombre superior es el que siempre es fiel a la esperanza; no perseverar es de cobardes. Eurípides El hombre tarda dos años en aprender a hablar. y el resto de su vida para aprender a callar. Z.P. El horizonte es negro, la tempestad amenaza; trabajemos. Este es el único remedio para el mal del siglo. Andre Maurois El Humorismo que me gusta es el que me hace reír cinco segundos y pensar diez minutos. William Davis El ideal es que nuestra obra contribuya a que se desarraigue de entre las gentes la apelación cotidiana a la violencia física. Manuel Azana El insensato que reconoce su insensatez es un sabio. Pero un insensato que se cree sabio es, un verdad, un insensato. Buda El intercambio de misiones culturales, de profesores y de alumnos harán más por la solidaridad eficiente que no los condicionados arbitrios de las cancillerías. Guillermo Valencia El liberalismo es la suprema generosidad: Es el derecho que la mayoría otorga a la minoría aunque ese enemigo sea débil. José Ortega y Gasset El mal genio es lo que nos mete en líos. El orgullo es lo que nos mantienen en ellos. Neil Simón El mar, por su naturaleza, estaría tranquilo y quieto si los vientos no lo revolvieran y turbaran. De la misma manera el pueblo estaría quieto y sería dócil si oradores y sediciosos no lo removiesen y agitasen. Bacon El más difícil no es el primer beso, sino el último....para quien sigue enamorado. Paul Geraldy El más elevado honor que la historia puede conceder a un hombre es el título de pacificador. Richard Nixon El más feliz es aquel de quien el mundo habla lo menos posible, sea en bien o sea en mal. Jefferson El más pequeño cabello proyecta sombra. Johann W. Goethe El más terrible de todos los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta. Federico García Lorca El mayor descubrimiento de mi generación es que un ser humano puede cambiar su vida cambiando su actitud mental. William James El mayor fastidio proviene de demasiadas congratulaciones. Hood El mayor peligro de engañar a los demás está en que uno acaba inevitablemente, por engañarse a sí mismo. Eleonora Dose El mayor peligro de los gobiernos es gobernar demasiado. Marques De Mirabeau El medio más fácil para ser engañado es creerse más listo que los demás. La Rochefoucauld El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices. Wilde El mejor automovilista es aquel que conduce con imaginación... Imagina que su familia va con él en el auto. Henry Ford El mejor profeta del futuro es el pasado. Byron El mejor sistema filosófico es el de Jesucristo; el sistema de la benevolencia. Carlo Dosis El mentiroso tiene dos males: que ni cree ni es creído. Baltasar Gracian El mérito que acepta el silencio como la cosa más natural del mundo es el más alto aplauso. Emerson El miedo puede llevar a los hombres a cualquier extremo. Bernard Shaw El modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura. Miguel de Unamuno El mundo es para el hombre una tienda de campaña levantada un instante para albergar un día. Castelar El mundo es un rompecabezas cuyas piezas cada uno de nosotros arma de diferente manera. David Viscott El mundo es una comedia para los que reflexionan y una tragedia para los que sienten. H. Walpole El mundo está lleno de buenas máximas; solo falta aplicarlas. Blas Pascal El mundo exige resultados. No le cuentes a otros tus dolores del parto. Muéstrales al niño. Indira Gandhi El mundo siempre determinará tu valía por lo que realizas El nacimiento no es un acto, es un proceso. Erich Fromm El noble, en el trato hacia arriba, no es adulador, en el trato hacia abajo no es arrogante. Confucio El nuestro es un mundo en el que la gente no sabe lo que quiere... Pero esta dispuesta a todo para conseguirlo. El odio es la demencia del corazón. Lord Byron El odio es la venganza del cobarde. Bernard Shaw El odio es la violencia interior que no atiende sino a su propia voz. Bernardo Neustadl El odio es una incapacidad en los pueblos para ser grandes y una falta de merecimientos en los hombres para ser libres. Santiago Perez El orden es el placer de la razón pero el desorden es la delicia de la imaginación. Paul Claudel El orgullo divide a los hombres, la humildad los une. Sócrates El orgullo es el primero de los tiranos, pero también el primero de los consuelos. Charles Ducios El partido liberar es bastante poderoso para tener una derecha, un centro y una izquierda. Rafael Uribe Uribe El patriotismo es el sentido generoso de la responsabilidad colectiva. El nacionalismo es el gallo jactancioso en su propio corral. Richard Aldington El pensamiento es más que un derecho, es el aliento mismo del hombre. Hugo El perezoso considera suerte el éxito del trabajador. Proverbio Inglés El perfecto valor consiste en hacer uno sin testigos lo que sería capaz de hacer ante todo el mundo. La Rochefoucauld El periodismo debe ser la verdad de cada día. Calibán El pesar y la pobreza purifican el corazón del hombre, aunque nuestras mentes débiles no ven nada de valor en el universo, salvo la comodidad y la felicidad. G. Gibran El pesimismo conduce a la debilidad; el optimismo al poder. William James El pesimismo es una pérdida de tiempo. Norman Cousins El placer que acompaña al trabajo pone en olvido a la fatiga. Horacio El poder adquirido por malos medios, no tiene, de ordinario, buenos fines. P. Mariana El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente. John E. Acton El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana; el mes próximo y el año que viene, y de explicar después por qué fué que no ocurrió lo que el predijo Churchill El político debe tener: amor apasionado por su causa; ética de su responsabilidad; mesura en sus actuaciones. Max Weber El porvenir pertenece a aquellos que no están desilusionados. Georges Sorel El primer castigo del culpable es que su conciencia lo juzga y no lo absuelve nunca. Juvenal El primer deber del hombre es desarrollar todo lo que posee, todo aquello en que él mismo pueda convertirse. Andre Maurois El principal maestro de las acciones de la vida de los hombres es el infortunio. Licurgo El principal objeto de la educación no es el de enseñarnos a ganar el pan, sino en capacitarnos para hacer agradable cada bocado. El principio más profundo del carácter humano es el anhelo de ser apreciado. William James El progreso debe ser un movimiento ordenado y racional hacia una meta fija... y no un torbellino de direcciones falsas y encontradas. Marco Fidel Suarez El pueblo no es verdaderamente libre mientras que la libertad no esté arraigada en sus costumbres e identificada con ellas. Larra El que anda con sabios, sabio será. El que aprende y aprende y no practica lo que sabe, es como el que ara y ara y no siembra. Platón El que confió sus secretos a otro, hízose esclavo de él. Baltasar Gracián El que domina su cólera domina a su peor enemigo. Confucio El que no encuentra alegría dentro de su propia casa, donde la ira a buscar?. Tamayo y Baus El que es bueno en la familia, es también buen ciudadano. Sófocles El que es temido por muchos, debe temer a muchos. Publio Siro El que está abajo no debe temer a las caídas. John Bunyan El que estudia diez años en la oscuridad será universalmente conocido cuando quiera. Proverbio Chino El que habla a un necio, aunque sea prudente parecerá también necio. Euripides El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho. Miguel de Cervantes El que no está conmigo está en contra mía. San Mateo El que no ha sufrido no sabe nada; no conoce ni el bien ni el mal; ni conoce a los hombres ni se conoce así mismo. Fenelón El que no trabaja debe ser juzgado por los tribunales. Solon El que pide con timidez se expone a que le nieguen lo que pide sin convicción. Robespierre El que pregunta con mala intención no merece conocer la verdad. San Ambrosio El que pretende enriquecerse en un día, sé vera apremiado todo el año. Leonardo da Vinci. El que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos. Quevedo El que se alaba a sí mismo siempre encuentra quien se ría de él, lo cual no es cómico sino trágico. Publio Ciro El que se está ahogando no repara en lo que tiene a mano para agarrarse. San Martín El que se ruboriza ya es culpable; la verdadera inocencia no siente vergüenza por nada. Rouseau El que seduce a un juez con el prestigio de su elocuencia, me parece más culpable que el que lo corrompe con dinero. Ciceron El que sentencia una causa sin oír la parte opuesta, aunque sentencie lo justo es injusta la sentencia. J.E.Gaitan El que sepa dominarse así mismo, sabrá dominar a sus semejantes. El que tiene un derecho no obtiene el de violar el ajeno para mantener el suyo. José Marti El que tiene una nariz muy larga cree que todo el mundo habla de ella. T. Fuller El recordar debe tener un objetivo: comprensión sobre el presente y aprendizaje para el futuro El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados. J.P.Richter El reino de la justicia es el dominio del orden moral. Marco Fidel Suárez El respeto al derecho ajeno, es la paz. Benito Juarez El retirarse no es huir, ni el esperar es cordura, cuando el peligro sobrepuja a la esperanza. Miguel de Cervantes El ruiseñor se niega anidar en la jaula, para que la esclavitud no sea el destino de su cría. Khalill Gibran El saber es la parte más considerable de la felicidad. Sofocles El sabio cuida principalmente de la raíz. Confucio El sabio no carece de nada, y sin embargo necesita de muchas cosas; por el contrario, el necio no necesita nada, porque nada sabe usar, pero carece de todo. Crisipo El secreto de la existencia humana no solo está en vivir, sino también en saber para qué se vive. Fedor Dostoievski El secreto de la genialidad es el de conservar el espíritu del niño hasta la vejez, lo cual quiere decir nunca perder el entusiasmo. Aldous Huxley El secreto del hombre interesante..... es que él mismo se interesa por todos. Peguy El sentido común es el arte de resolver los problemas, no de plantearlos. Yoritomo Tashi El sentido moral es de gran importancia. Cuando desaparece de una nación, toda la estructura social va hacia el derrumbe. Alexis Carrel El sentido moral nos indica hasta dónde llegan las concepciones permitidas y dónde empieza la licencia prohibida. Yoritomo Tashi El señor nos dio dos extremos opuestos, uno col el cual nos sentamos y el otro para pensar. El éxito dependerá de cuál de los dos utilicemos/ Ann Landers El ser capaz de vivir en paz y tranquilidad durante algún tiempo es testimonio de madurez. Irvine Page El silencio es el partido más seguro para el que desconfía de sí mismo. F. De la Rochefoucauld El silencio es el ruido más fuerte, quizá el mas fuerte de todos los ruidos. Miles Davis El silencio es la réplica más aguda. Cheteston El sindicalismo es fórmula esencial para que los trabajadores puedan defender eficazmente, asociándose por libre voluntad sus intereses materiales y espirituales y los del país. E. Santos El soberano proclama, él mismo, las buenas noticias y ordena a sus sirvientes anunciar las malas. Servio Tulio El soldado bisoño lo cree todo perdido desde que es derrotado una vez. Simón Bolívar El sol no se ha puesto aún por última vez. Tito Livio El sueño de los hombres buenos de todas las generaciones es el de la libertad y la justicia. Santiago Perez El sueño de los que están despiertos es la esperanza. Carlomagno El sueño y la esperanza son los dos calmantes que concede la naturaleza al hombre. Federico El tacto en audacia política es saber hasta dónde se puede ir sin que se arriesgue a ir muy lejos. Clemenceau El talento solo no basta para hacer un escritor. Detrás del libro debe haber un hombre. Ralph Waldo Emerson El trabajo pesado es por lo general la acumulación de tareas livianas que no se hicieron a tiempo. Henry Cooke El universo con todas sus pompas y con toda su hermosura es un caos para el hombre sin fe. Juan Valera El valor consiste en buscar la verdad y decirla. Juárez El valor perfecto consiste en hacer, sin testigos, lo que seríamos capaces de hacer delante de todo el mundo. La Rochefoucauld El verdadero amor consanguíneo es el de la madre. "Lo quise antes de conocerlo" Eduardo Velarde El verdadero escritor no se concibe sin la conciencia de una responsabilidad insobornable; la responsabilidad de su libertad. Jaime Torres Bodet El verdadero dolor es el que se sufre sin testigos. Marcial El verdadero huérfano es el que no ha recibido educación. Proverbio Turco El verdadero instrumento del progreso radica en el factor moral. Giuseppe Mazzini El vicio rara vez se insinuó oponiéndose a la honradez; casi siempre toma el disfraz de ésta. Rousseau El vino siembra poesía en los corazones. Dante Ella por volverlo a ver corrió a verlo al mirador. El volvió... con su mujer. Ella se murió de amor. José Marti Emplea el lenguaje que quieras y nunca podrás expresar sino lo que eres. Ralph W. Emerson En boca del mentiroso. hasta lo cierto se hace dudoso. Gracián En cada uno de nosotros hay un artista, un amante y un guerrero. M. Velandia En el conflicto entre las opiniones políticas y las creencias religiosas no hay mas solución que la libertad. Justo Arosemena En el desprecio de la ambición se encuentra uno de los principios esenciales de la felicidad sobre la tierra. Voltaire En el matrimonio lo principal no es amarse, sino conocerse. En el orden de las vicisitudes humanas no es siempre la mayoría de la masa física la que decide, sino que es la superioridad de la fuerza moral la que inclina hacia sí la balanza política. Bolivar En esta era de comunicaciones por satélite, y de postales con mensajes impresos, una buena carta es como una colcha, tejida a mano, o una mermelada hecha en casa. Swansson En este mundo, cuando alguien tiene algo que decir, la dificultad no está en conseguir que lo diga, sino que lo repita a menudo. George Bernard Shaw En estos tiempos tremendos ya no está permitido ser mediocre ni lavarse las manos como Pilatos. Debemos actuar. Asumir las responsabilidades que nos corresponden. Pieter Van Der Meer En filosofía no hay en el fondo nada nuevo; y entre una verdad Engarza en oro las alas del pájaro y nunca más volará al cielo. Rabindranat Tagore En la infancia se juega siempre el destino de la humanidad. Uriel Ospina En la lucha con un adversario superior, la retirada no es ninguna vergüenza. I. Ching En la lucha entre uno y el mundo, hay que estar de parte del mundo. Franz Kafka En la naturaleza de la mujer, los cambios más trascendentales los produce el amor, en el hombre, la ambición. En la pronunciación de las voces, el instinto popular acaba a menudo por vencer al uso erudito. Rufino j. Cuervo En la venganza el más débil es siempre más feroz. Balzac En la vida cada minuto es un milagro que no se repite. En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada. Franklin D. Roosvelt En las horas de peligro es cuando la patria conoce el quilate de sus hijos. Miguel Maura En las mujeres, el instinto equivale a la perspicacia de los grandes hombres. Balzac En la soledad se halla lo que muchas veces se pierde en la conversación. Sabuco En las religiones es preciso ser sinceros; verdaderos paganos, verdaderos judíos, verdaderos cristianos. Blas Pascal En lo profundo del alma nuestra, poco a poco se ha ido gestando la noción de que hacer bien las cosas o respetar las normas equivale a una muestra de debilidad. S.Grillo En los momentos difíciles cuando puede medirse y conocerse el verdadero valor del sentimiento patrio y su capacidad de reacción ante los peligros. Carlos E. Restrepo En los negocios de la vida no es la fe lo que salva, sino la desconfianza. Napoleón En mar calmado todos somos capitanes. John Ray En materia de negocios, nada hay efectivo mientras no estén terminados. Maurice Talleyran En mi opinión, si usted quiere disfrutar el arco iris, tendrá que soportar la lluvia. Dolly Parton En nuestros locos intentos, renunciamos a lo que somos por lo que esperamos ser. Shakespeare. En paz, la hostilidad de los hombres entre sí se muestra a través de creaciones en vez de mostrarse a través de destrucciones, como sucede en la guerra. Valery En política lo importante no es tener razón sino que se la den a uno. Konrad Adenauer En política lo que no es posible es falso. Canovas del Castillo En política solo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela. Antonio Machado. Enseñemos a perdonar; pero enseñemos también a no ofender. Sería más eficiente. José Ingenieros En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto. Seneca En un momento dado de la vida, morimos sin que nos entierren. Se ha cumplido nuestro destino. El mundo está lleno de gente muerta, aunque ella lo ignore. Goethe En una discusión lo difícil no es defender la propia opinión sino conocerla. Andre Maurois. En una discusión, el primero que se incomoda es el que menos razón tiene. Anónimo Encuentra la felicidad en tu trabajo o nunca serás feliz. Colón Engrandecerás a tu pueblo no elevando los tejados de sus viviendas, sino las almas de sus habitantes. Epicteto Enorgullecerse de saber es como cegarse con la luz. Benjamin Franklyn Entiende que en el dolor se te prueba, para que no te abatas; entiende que se te prueba en la prosperidad, para que no te exaltes. Isidoro de Sevilla Entre dos hombres iguales en fuerza, el más fuerte es que tiene razón. Pitágoras Entre la avaricia y la prodigalidad está la economía; y esta es una virtud que debe practicar el hombre probo. Mantegazza Entre los demás males, el peor es andar variando los vicios. Séneca Es amigo mío aquél que me socorre, no el que me compadece. Fuller Es bueno acostumbrarse a la fatiga y a la carrera, pero no hay que forzar la marcha. Ciceron Es de las calamidades y no de la vida corriente de cada día que aprendemos impresiones y útiles lecciones. Thackeray Es difícil hacer justicia a quien nos ha ofendido. Bolivar Es en el aspecto religioso donde hay que ir a buscar lo más típico y lo más radical de un pueblo. Miguel de Unamuno Es fácil hablar claro cuando no va a decirse toda la verdad. Tagore Es hermoso que los padres lleguen a ser amigos de sus hijos, desvaneciéndoles todo temor, pero inspirándoles un gran respeto. José Ingenieros Es intentando lo imposible como se realiza lo posible. Henri Barbusse Es la fiebre de la juventud lo que mantiene al resto del mundo a la temperatura normal. Georges Bernanos Es locura manifestar vivir precariamente para poder morir rico. Juvenal Es más difícil hacer durar la admiración que provocarla. Sanial Dubay Es más fácil combatir por un principio que practicarlo. Alfred Adler Es más fácil juzgar el genio del hombre por sus preguntas que por sus respuestas. D. De Levis Es más fácil saber como se hace una cosa que hacerla. Proverbio Chino Es más hermoso saber algo de todo que saber todo de una cosa; esta universalidad es más bella. Si se pudiera tener las dos, mucho mejor; pero es preciso elegir. Pascal Es mejor consultar las cosas con la almohada a tiempo que perder el sueño por su causa después. Baltasar Gracián Es mejor encender una luz que maldecir la oscuridad. Proverbio Arabe Es mejor ser loado por unos pocos sabios, que por muchos necios. Miguel de Cervantes Es mejor volverse atrás que perderse en el camino. Proverbio chino Es menester estar convencido de lo que enseña para transmitirlo con probidad. B. Sanin Cano Es menester que los jóvenes amen la gloria. Es un bello motivo de obrar el deseo de poseerla. B. Sanin Cano Es mi opinión, y yo también la comparto. Henri B. Monnier Es mucho más importante que te conozcas a ti mismo que darte a conocer a los demás. Séneca Es muy difícil pensar noblemente cuando no se piensa más que para vivir. Rousseau Es necesario proceder moderadamente con prudencia y humanidad, de modo que la confianza desmedida no lo convierta en incauto y la desconfianza exagerada no le haga intolerable. Es necesario regresar al optimismo, es necesario creer en la patria, en su potencialidad, en su porvenir y en la alteza de sus destinos. Carlos Arturo Torres Es necesario tomar el trabajo en serio, sin tomarse a si mismo en serio. Stanley Kramer Es permitido tener mala opinión de aquel que no la tiene buena de nadie. Charles Duclos Es placentero ser alabado por alguien a quien muchos alaban. T. Wowe Es posible tener que librar una batalla más de una vez para ganarla. Margaret Thatcher Es preciso creer en la posibilidad de la dicha para ser feliz. Leon Tolstoi Es preciso prestarse a los otros, pero no darse sino a uno mismo. Miguel de Montaigne Es preferible la injusticia al desorden. Goethe Es sin duda un mal, estar lleno de defectos; pero es todavía un mal mayor estar lleno de ellos y no quererlo reconocer, porque es añadir todavía el de una ilusión voluntaria. Pascal Esta guerra, como la que venga después, es para poner término a la guerra. David Lloyd George Estamos todos tan juntos y, si embargo, todos estamos muriendo de soledad. Leo Buscaglia Es terrible hablar bien cuando se está errado. Sófocles Es un verdadero privilegio haber sobrellevado una vida difícil. Indira Gandhi Es una desgracia cuando nos faltan, el ingenio para hablar y el tacto para callar. La Bruyere Es una gran felicidad ver a nuestros hijos alrededor de nosotros; pero de esta buena fortuna nacen las mayores amarguras del hombre. Esquilo Es una gran miseria no tener suficiente espíritu para hablar con propiedad, pero es mayor miseria todavía no poseer suficiente juicio para saber callar a tiempo. La Bruyere Escribir bien es poseer al mismo tiempo inteligencia, alma y gusto. Buffon Escucha aun a los pequeños, porque nada es despreciable en ellos. Seneca. Está a salvo de cualquier peligro aquel que, aún estando seguro, se mantiene en guardia. Syro Estamos todos tan juntos y, sin embargo, todos estamos muriendo de soledad. Leo Buscaglia Estar contentos con lo que poseemos es la más segura y mejor de las riquezas. Cicerón Estar en ocio muy prolongado, no es reposo, sino pereza. Séneca Este es el castigo más importante del culpable; nunca ser absuelto en el tribunal de su propia conciencia. Juvenal Es una enorme desgracia no tener talento para hablar bien, ni la sabiduría necesaria para cerrar la boca. Jean de la Bruyere Estoy convencido de que sirviéndole a mi pueblito natal, le sirvo a la provincia, al departamento y a la patria misma. Porque si cada abeja pone una gota de miel en su celdilla, ya tendremos listo el panal. Luis Tablanca No estoy de acuerdo con tus ideas, pero defiendo tu sagrado derecho a expresarlas. Voltaire Estoy de acuerdo en que las sociedades decreten abolir la pena de muerte; pero que empiecen por abolirla los asesinos. Alfonso Karr Estupidez humana. Humana sobra, los únicos estúpidos son los hombres. George Bernard Shaw Excelente cosa es una buena ley, lo mismo que una buena máquina administrativa; pero ambas resultarán sin valor si no hay hombres de grandes capacidades encargadas de ejecutarlas. E.W. Kemmerer Excelente cosa es tener la fuerza de un gigante; pero usar de ella como un gigante es propio de un enano. William Shakespeare Existe una opinión más discreta que la del hombre de mayor talento, y es la del público. Madame de Stael Éxito es la realización progresiva de un propósito digno. F "No voy a demostrar nada, voy a mostrarlo" Federico Fellini Feliz el enano que con una silla resuelve todos sus problemas Feliz quien pudo conocer las causas de las cosas. Virgilio Formémonos una patria a toda costa y todo lo demás será tolerable. Bolívar Fracasan los planes donde no se pide consejo. Triunfan las decisiones cuando se pide el consejo a los prudentes. Zalomón Fuertes razones, hacen fuertes acciones. Shakespeare Generalmente se dice que el primer deber del soldado es morir por su patria. No es así. Su primer deber es procurar que el soldado enemigo muera por la suya. David Goldber

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Poemas de William Blake
Poemas de William Blake
ArteporAnónimo3/31/2012

Poesía de William Blake A la estrella nocturna ¡Tú, ángel rubio de la noche, ahora, mientras el sol descansa en las montañas, enciende tu brillante tea de amor! ¡Ponte la radiante corona y sonríe a nuestro lecho nocturno! Sonríe a nuestros amores y, mientras corres los azules cortinajes del cielo, siembra tu rocío plateado sobre todas las flores que cierran sus dulces ojos al oportuno sueño. Que tu viento occidental duerma en el lago. Di el silencio con el fulgor de tus ojos y lava el polvo con plata. Presto, prestísimo, te retiras; y entonces ladra, rabioso, por doquier el lobo y el león echa fuego por los ojos en la oscura selva. La lana de nuestras majadas se cubre con tu sacro rocío; protégelas con tu favor. Alegría "No poseo nombre: pero nací hace dos días." ¿Cómo te llamaré? "Soy feliz. Me llamo alegría." ¡Que el dulce júbilo sea contigo! ¡Bonita alegría! Dulce alegría, de apenas dos días, te llamo dulce alegría: así tú sonríes, mientras yo canto. ¡Que el dulce júbilo sea contigo! Canto del Reír Cuando los verdes bosques ríen con la voz del júbilo, y el arroyo encrespado se desplaza riendo; cuando ríe el aire con nuestras divertidas ocurrencias, y la verde colina ríe del estrépito que hacemos; cuando los prados ríen con vívidos verdes, y ríe la langosta ante la escena gozosa; cuando Mary y Susan y Emily cantan "¡ja, ja, ji!" con sus dulces bocas redondas. Cuando los pájaros pintados ríen en la sombra donde nuestra mesa desborda de cerezas y nueces, acercaos y alegraos, y uníos a mí, para cantar en dulce coro el "¡ja, ja, ji!" Canto para acunar Dulces sueños, formad una pantalla Sobre la linda cabeza de mi niño; dulces sueños de agradables corrientes bajo rayos de luna felices y silenciosos. Dulce sueño, que tus cejas tejan con suave felpa una corona infantil; dulce sueño, Ángel terso, fluctúa sobre mi niño dichoso. Dulces sonrisas, durante la noche meceos sobre mi encanto; dulces sonrisas, sonrisas de Madre, cautivad la noche interminable. Dulces lamentos, suspiros de paloma, no alejéis el letargo de tus ojos, dulces lamentos, sonrisas aún más dulces, cautivad todos los lamentos de paloma. Duerme, duerme, niño afortunado, que toda la creación duerme y sonríe; duerme, duerme felices sueños, mientras tu madre llora sobre ti. Dulce bebé, en tu rostro puedo discernir la santa imagen; dulce bebé, otrora como tú yacía tu hacedor y lloraba por mí. Lloró por mí, por ti, por todos cuando era apenas un pequeñito. Su imagen siempre verás, rostro celestial que sobre ti sonríe, A ti, a mí, a todos les sonríe; quien se volvió un pequeñito. Las sonrisas infantiles son sus mismas sonrisas; y cautivan con paz el cielo y la tierra. El pastor ¡Qué dulce es la dulce fortuna del Pastor! Deambula desde el alba hasta el atardecer; debe seguir a su rebaño el día entero, y su lengua se embeberá con alabanzas. Pues oye el inocente llamado del borrego, y escucha la tierna respuesta de l a oveja; vigila mientras permanecen en calma pues saben cuándo está próximo su Pastor. El Tigre Tigre, tigre, que te enciendes en luz por los bosques de la noche ¿qué mano inmortal, qué ojo pudo idear tu terrible simetría? ¿En qué profundidades distantes, en qué cielos ardió el fuego de tus ojos? ¿Con qué alas osó elevarse? ¿Qué mano osó tomar ese fuego? ¿Y qué hombro, y qué arte pudo tejer la nervadura de tu corazón? Y al comenzar los latidos de tu corazón, ¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies? ¿Qué martillo? ¿Qué cadena? ¿En qué horno se templó tu cerebro? ¿En qué yunque? ¿Qué tremendas garras osaron sus mortales terrores dominar? Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas y bañaron los cielos con sus lágrimas ¿sonrió al ver su obra? ¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo? Tigre, tigre, que te enciendes en luz, por los bosques de la noche ¿qué mano inmortal, qué ojo osó idear tu terrible simetría? El Viajero Mental He viajado a través de un país de hombres, un país de hombres y también de mujeres, y he oído y visto tan horrendas cosas como nunca los caminantes de la fría Tierra han conocido. Porque allí nace en la alegría el niño que en el atroz dolor fue concebido, tal como en la alegría cosechamos el fruto que fue sembrado en lágrimas amargas. Y si el recién nacido es un varón, es entregado a una mujer anciana que lo clava tendido en una roca y en copas de oro coge sus lamentos. Con espinas de hierro cierne su cabeza, y agujerea sus pies y sus manos, corta su corazón y lo desprende para hacerle sentir calor y frío. Sus dedos enumeran cada nervio como un avaro contando su oro, y de lamentos y gritos se nutre, y él envejece, y ella se hace joven. Hasta que convertido en un joven sangriento, y ella mudada en espléndida virgen, destroza sus cadenas, y la amarra a ella a la Tierra para su placer. Se planta él mismo en lo nervios de ella como un labriego planta en su terreno, y ella se convierte en su morada y en jardín que le rinde setenta veces frutos. Pronto se torna envejecida sombra vagando alrededor de una cabaña terrestre, llena de pedrerías y de oro que ganó su trabajo. Y éstas son las pedrerías del alma humana, los rubíes y las perlas de un ojo enfermo de amor, el oro innumerable del corazón que sufre, el gemido del mártir y el suspiro del enamorado. Son su alimento y su bebida, mantiene a los mendigos y a lo pobres, y para el caminante en viaje siempre su puerta permanece abierta. Su pena es alegría eterna en ellos; hacen resonar los techos y los muros hasta que de la lumbre del hogar una pequeñuela emerge de pronto. De fuego sólido ella es, y pedrerías y oro, en tal manera que nadie osa tocar su infantil forma o envolverla en pañales. Pero ella llega donde el que ama, joven o viejo o rico o pobre; muy pronto expulsan al anciano huésped que se va mendigando por puertas ajenas. Va llorando errante, muy lejos, hasta que alguien admita hospedarle, a menudo ciego por la edad, desesperado, hasta que puede ganar una doncella. Y para consolar su edad helada en sus brazos la toma el pobre hombre. La cabaña desaparece de su vista y también el jardín con sus dulces encantos. Los huéspedes están esparcidos por toda la región, porque el ojo alterado altera todo. Los sentidos se enrollan en sí mismos, con miedo, y la Tierra plana se convierte en una pelota. Las estrellas, el Sol, la Luna, todo huye. Un vasto desierto sin límites, y no queda nada de comer o beber, y alrededor sólo el desierto oscuro. La miel de sus labios de niña, el pan y el vino de su dulce sonrisa, el juego desordenado de su ojo vagabundo a una ilusoria infancia le conducen. Porque a medida que come y bebe se transforma haciéndose más joven cada día, y ambos, en el salvaje desierto van errantes llenos de terror y congoja. Ella huye como cierva salvaje, su temor planta muchos matorrales salvajes, mientras él la persigue de noche y de día, por artificios de amor conducido. Por artificios de amor y de odio hasta que el salvaje desierto entero está plantado con laberintos de díscolo amor donde vagan el león, el lobo y el oso, hasta que él se convierte en un díscolo niño y ella en una llorosa mujer envejecida. Van a vagar allí, entonces, muchos enamorados. El Sol y las estrellas aproximan su curso. Dulce éxtasis los árboles producen para todos los que vagan en el desierto, hasta que más de una ciudad allí es alzada y más de una agradable cabaña de pastor. Pero cuando hallan al colérico niño el terror cunde en la extensa región: gritan ¡El niño, el niño ha nacido! y huyen en todas direcciones. Porque hasta la raíz se seca el brazo de aquel que osó tocar la colérica forma: osos, leones, lobos, todos huyen aullando, y todo árbol arroja sus frutos. Y nadie puede tocar esa forma colérica a menos que lo haga una mujer anciana. Ella al niño tendido clava sobre la Tierra y todo pasa como ya lo he dicho. Eternidad Quien a sí encadenare una alegría malogrará la vida alada. Pero quien la alegría besare en su aleteo vive en el alba de la eternidad. La Noche Desciende el sol por el oeste, brilla el lucero vespertino; los pájaros están callados en sus nidos, y yo debo buscar el mío. La luna, como una flor en el alto arco del cielo, con deleite silencioso, se instala y sonríe en la noche. Adiós, campos verdes y arboledas dichosas donde los rebaños hallaron su deleite. Donde los corderos pastaron, andan en silencio los pies de los ángeles luminosos; sin ser vistos vierten bendiciones y júbilos incesantes, sobre cada pimpollo y cada capullo, y sobre cada corazón dormido. Miran hasta en nidos impensados donde las aves se abrigan; visitan las cuevas de todas las fieras, para protegerlas de todo mal. Si ven que alguien llora en vez de estar durmiendo, derraman sueño sobre su cabeza y se sientan junto a su cama. Cuando lobos y tigres aúllan por su presa, se detienen y lloran apenados; tratan de desviar su sed en otro sentido, y los alejan de las ovejas. Pero si embisten enfurecidos, los ángeles con gran cautela amparan a cada espíritu manso para que hereden mundos nuevos. Y allí, el león de ojos enrojecidos vertirá lágrimas doradas, y compadecido por los tiernos llantos, andará en torno de la manada, y dirá: "La ira, por su mansedumbre, y la enfermedad, por su salud, es expulsada de nuestro día inmortal. Y ahora junto a ti, cordero que balas, puedo recostarme y dormir; o pensar en quien llevaba tu nombre, pastar después de ti y llorar. Pues lavada en el río de la vida mi reluciente melena brillará para siempre como el oro, mientras yo vigilo el redil. La Primavera ¡Que resuene el flautín que ahora está callado! Delicia de las aves de día y de noche; el ruiseñor en la quebrada, la alondra en el cielo, festivamente, festivamente, festivamente, para darle la bienvenida al año. El muchachito, repleto de gozo; la muchachita, dulce y diminuta; el gallo canta como tú lo haces; voz alborozada, barullo infantil, jubilosamente, jubilosamente, para darle la bienvenida al año. Corderito, aquí estoy; acércate y lame mi blanco cuello; deja que tironee tu lanilla suave; déjame besar tu suave rostro: jubilosamente, jubilosamente, para darle la bienvenida al año. Nueva Jerusalén ¿Y hollaron esos pies, antaño, los verdes montes de Inglaterra? ¿Y viose el sacro Cordero de Dios por los pastos ingleses, placenteros? Resplandeció el divino rostro sobre nuestras colinas nubladas? ¿Y edificose una Jerusalén en medio de esos negros, satánicos molinos? ¡Dadme mi arco de oro ardiente! ¡Dadme mis flechas de deseo! ¡Traed mi lanza! ¡Abríos, oh nubes! ¡Traedme mi carro de llama! No cejará en mi espíritu la lucha ni ha de dormirse en mi mano la espada, hasta que levantemos otra Jerusalén en el solar verdeante y dulce de Inglaterra. Un Sueño Cierta vez un sueño tejió una sombra sobre mi cama que un ángel protegía: era una hormiga que se había perdido por la hierba donde yo creía que estaba. Confundida, perpleja y desesperada, oscura, cercada por tinieblas, exhausta, tropezaba entre la extendida maraña, toda desconsolada, y le escuché decir: "¡Oh, hijos míos! ¿Acaso lloran? ¿Oirán cómo suspira su padre? ¿Acaso rondan por ahí para buscarme? ¿Acaso regresan y sollozan por mí?" Compadecido, solté una lágrima; pero cerca vi una luciérnaga, que respondió: "¿Qué quejido humano convoca al guardián de la noche? Me corresponde iluminar la arboleda mientras el escarabajo hace su ronda: sigue ahora el zumbido del escarabajo; pequeña vagabunda, vuelve pronto a casa." Una Imagen Divina La crueldad tiene corazón humano y la envidia humano rostro; el terror reviste divina forma humana y el secreto lleva ropas humanas. Las ropas humanas son de hierro forjado, la forma humana es fragua llameante, el rostro humano es caldera sellada y el corazón humano, su gola hambrienta.

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Fiódor Dostoyevski - El Gran Inquisidor
ArteporAnónimo3/25/2012

Fiódor Dostoyevski - El Gran Inquisidor Han pasado ya quince siglos desde que Cristo dijo: "No tardaré en volver. El día y la hora, nadie, ni el propio Hijo, las sabe". Tales fueron sus palabras al desparecer, y la Humanidad le espera siempre con la misma fe, o acaso con fe más ardiente aún que hace quince siglos. Pero el Diablo no duerme; la duda comienza a corromper a la Humanidad, a deslizarse en la tradición de los milagros. En el Norte de Germania ha nacido una herejía terrible, que, precisamente, niega los milagros. Los fieles, sin embargo, creen con más fe en ellos. Se espera a Cristo, se quiere sufrir y morir como Él... Y he aquí que la Humanidad ha rogado tanto por espacio de tantos siglos, ha gritado tanto "¡Señor, dignáos, aparecérosnos!", que Él ha querido, en su misericordia inagotable, bajar a la tierra. Y he aquí que ha querido mostrarse, al menos un instante, a la multitud desgraciada, al pueblo sumido en el pecado, pero que le ama con amor de niño. El lugar de la acción es Sevilla; la época, la de la Inquisición, la de los cotidianos soberbios autos de fe, de terribles heresiarcas, ad majorem Dei gloriam. No se trata de la venida prometida para la consumación de los siglos, de la aparición súbita de Cristo en todo el brillo de su gloria y su divinidad, "como un relámpago que brilla del Ocaso al Oriente". No, hoy sólo ha querido hacerles a sus hijos una visita, y ha escogido el lugar y la hora en que llamean las hogueras. Ha vuelto a tomar la forma humana que revistió, hace quince siglos, por espacio de treinta años. Aparece entre las cenizas de las hogueras, donde la víspera, el cardenal gran inquisidor, en presencia del rey, los magnates, los caballeros, los altos dignatarios de la Iglesia, las más encantadoras damas de la corte, el pueblo en masa, quemó a cien herejes. Cristo avanza hacia la multitud, callado, modesto, sin tratar de llamar la atención, pero todos le reconocen. El pueblo, impelido por un irresistible impulso, se agolpa a su paso y le sigue. Él, lento, una sonrisa de piedad en los labios, continúa avanzando. El amor abrasa su alma; de sus ojos fluyen la Luz, la Ciencia, la Fuerza, en rayos ardientes, que inflaman de amor a los hombres. Él les tiende los brazos, les bendice. De Él, de sus ropas, emana una virtud curativa. Un viejo, ciego de nacimiento, sale a su encuentro y grita: "¡Señor, cúrame para que pueda verte!" Una escama se desprende de sus ojos, y ve. El pueblo derrama lágrimas de alegría y besa la tierra que Él pisa. Los niños tiran flores a sus pies y cantan Hosanna, y el pueblo exclama: "¡Es Él! ¡Tiene que ser Él! ¡No puede ser otro que Él!" Cristo se detiene en el atrio de la catedral. Se oyen lamentos; unos jóvenes llevan en hombros a un pequeño ataúd blanco, abierto, en el que reposa, sobre flores, el cuerpo de una niña de diecisiete años, hija de un personaje de la ciudad. –¡Él resucitará a tu hija! –le grita el pueblo a la desconsolada madre. El sacerdote que ha salido a recibir el ataúd mira, con asombro, al desconocido y frunce el ceño. Pero la madre profiere: –¡Si eres Tú, resucita a mi hija! Y se posterna ante Él. Se detiene el cortejo, los jóvenes dejan el ataúd sobre las losas. Él lo contempla, compasivo, y de nuevo pronuncia el Talipha kumi (Levántate, muchacha). La muerta se incorpora, abre los ojos, se sonríe, mira sorprendida en torno suyo, sin soltar el ramo de rosas blancas que su madre había colocado entre sus manos. El pueblo, lleno de estupor, clama, llora. En el mismo momento en que se detiene el cortejo, aparece en la plaza el cardenal gran inquisidor. Es un viejo de noventa años, alto, erguido, de una ascética delgadez. En sus ojos hundidos fulgura una llama que los años no han apagado. Ahora no luce los aparatosos ropajes de la víspera; el magnífico traje con que asistió a la cremación de los enemigos de la Iglesia ha sido reemplazado por un tosco hábito de fraile. Sus siniestros colaboradores y los esbirros del Santo Oficio le siguen a respetuosa distancia. El cortejo fúnebre detenido, la muchedumbre agolpada ante la catedral le inquietan, y espía desde lejos. Lo ve todo: el ataúd a los pies del desconocido, la resurrección de la muerta... Sus espesas cejas blancas se fruncen, se aviva, fatídico, el brillo de sus ojos. –¡Prendedle!– les ordena a sus esbirros, señalando a Cristo. Y es tal su poder, tal la medrosa sumisión del pueblo ante él, que la multitud se aparta, al punto, silenciosa, y los esbirros prenden a Cristo y se lo llevan. Como un solo hombre, el pueblo se inclina al paso del anciano y recibe su bendición. Los esbirros conducen al preso a la cárcel del Santo Oficio y le encierran en una angosta y oscura celda. Muere el día, y una noche de luna una noche española, cálida y olorosa a limoneros y laureles, le sucede. De pronto, en las tinieblas se abre la férrea puerta del calabozo y penetra el gran inquisidor en persona solo, alumbrándose con una linterna. La puerta se cierra tras él. E anciano se detiene a pocos pasos de umbral y, sin hablar palabra, con templa, durante cerca de dos minutos, al preso. Luego, avanza lenta mente, deja la linterna sobre la mesa y pregunta: –¿Eres Tú, en efecto? Pero, sin esperar la respuesta prosigue –No hables, calla. ¿Qué podías decirme? Demasiado lo sé. No tienes derecho a añadir ni una sola palabra a lo que ya dijiste. ¿Porqué has venido a molestarnos?… Bien sabes que tu venida es inoportuna. Mas yo te aseguro que mañana mismo... No quiero saber si eres Él o sólo su apariencia; sea quien seas, mañana te condenaré; perecerás en la hoguera como el peor de los herejes. Verás cómo ese mismo pueblo que esta tarde te besaba los pies, se apresura, a una señal mía, a echar leña al fuego. Quizá nada de esto te sorprenda... Y el anciano, mudo y pensativo sigue mirando al preso, acechando la expresión de su rostro, serena y suave. –El Espíritu terrible e inteligente – añade, tras una larga pausa –, el Espíritu de la negación y de la nada, te habló en el desierto, y la Escrituras atestiguan que te "tentó". No puede concebirse nada más profundo que lo que se te dijo e aquellas tres preguntas o, para emplear el lenguaje de la Escritura, en aquellas tres "tentaciones". ¡Si ha habido algún milagro auténtico, evidente, ha sido el de las tres tentaciones! ¡El hecho de que tales preguntas hayan podido brotar de unos labios, es ya, por sí solo, un milagro! Supongamos que hubieran sido borradas del libro, que hubiera que inventarlas, que forjárselas de nuevo. Supongamos que, con ese objeto, se reuniesen todos los sabios de la tierra, los hombres de Estado, los príncipes de la Iglesia, los filósofos, los poetas, y que se les dijese: "Inventad tres preguntas que no sólo correspondan a la grandeza del momento, sino que contengan, en su triple interrogación, toda la historia de la Humanidad futura", ¿crees que esa asamblea de todas las grandes inteligencias terrestres podría forjarse algo tan alto, tan formidable como las tres preguntas del inteligente y poderoso Espíritu? Esas tres preguntas, por sí solas, demuestran que quien te habló aquel día no era un espíritu humano, contingente, sino el Espíritu Eterno, Absoluto. Toda la historia ulterior de la Humanidad está predicha y condensada en ellas; son las tres formas en que se concretan todas las contradicciones de la historia de nuestra especie. Esto, entonces, aún no era evidente, el porvenir era aún desconocido; pero han pasado quince siglos y vemos que todo estaba previsto en la Triple Interrogación, que es nuestra historia.¿Quién tenía razón, di? ¿Tú o quien te interrogó?... Si no el texto, el sentido de la primera pregunta es el siguiente: "Quieres presentarte al mundo con las manos vacías, anunciándoles a los hombres una libertad que su tontería y su maldad naturales no lo permiten comprender, una liberad espantosa, ¡pues para el hombre y para la sociedad no ha habido nunca nada tan espantoso como la libertad!, cuando, si convirtieses en panes todas esas piedras peladas esparcidas ante tu vista, verías a la Humanidad correr, en pos de ti, como un rebaño, agradecida, sumisa, temerosa tan sólo de que tu mano depusiera su ademán taumatúrgico y los panes se tornasen piedras." Pero tú no quisiste privar al hombre de su libertad y repeliste la tentación; te horrorizaba la idea de comprar con panes la obediencia de la Humanidad, y contestaste que "no so1o de pan vive el hombre", sin saber que el espíritu de la tierra, reclamando el pan de la tierra, había de alzarse contra ti, combatirte y vencerte, y que todos le seguirían, gritando: "¡Nos ha dado el fuego del cielo!" Pasarán siglos y la Humanidad proclamará, por boca de sus sabios, que no hay crímenes y, por consiguiente, no hay pecado; que so1o hay hambrientos. "Dales pan si quieres que sean virtuosos." Esa será la divisa de los que se alzarán contra ti, el lema que inscribirán en su bandera; y tu templo será derribado y, en su lugar, se erigirá una nueva Torre de Babel, no más firme que la primera, el esfuerzo de cuya erección y mil años de sufrimientos podías haberles ahorrado a los hombres. Pues volverán a nosotros, al cabo de mil años de trabajo y dolor, y nos buscarán en los subterráneos, en las catacumbas donde estaremos escondidos – huyendo aún de la persecución, del martirio –, para gritarnos: "¡Pan! ¡Los que nos habían prometido el fuego del cielo no nos lo han dado!" Y nosotros acabaremos su Babel, dándoles pan, lo único de que tendrán necesidad. Y se lo daremos en tu nombre. Sabemos mentir. Sin nosotros, se morirían de hambre. Su ciencia no les mantendría. Mientras gocen de libertad les faltará el pan; pero acabarán por poner su libertad a nuestros pies, clamando: "¡Cadenas y pan!" Comprenderán que la libertad no es compatible con una justa repartición del pan terrestre entre todos los hombres, dado que nunca – ¡nunca! – sabrán repartírselo. Se convencerán también de que son indignos de la libertad; débiles, viciosos, necios, indómitos. Tú les prometiste el pan del cielo. ¿Crees que puede ofrecerse ese pan, en vez del de la tierra, siendo la raza humana lo vil, lo incorregiblemente vil que es? Con tu pan del cielo podrás atraer y seducir a miles de almas, a docenas de miles, pero ¿y los millones y las decenas de millones no bastante fuertes para preferir el pan del cielo al pan de la tierra? ¿Acaso eres tan sólo el Dios de los grandes? Los demás, esos granos de arena del mar; los demás, que son débiles, pero que te aman, ¿no son a tus ojos sino viles instrumentos en manos de los grandes?... Nosotros amamos a esos pobres seres, que acabarán, a pesar de su condición viciosa y rebelde, por dejarse dominar. Nos admirarán, seremos sus dioses, una vez sobre nuestros hombros la carga de su libertad, una vez que hayamos aceptado el cetro que – ¡tanto será el miedo que la libertad acabará por inspirarles! – nos ofrecerán. Y reinaremos en tu nombre, sin dejarte acercar a nosotros. Esta impostura, esta necesaria mentira, constituirá nuestra cruz. Como ves, la primera de la tres preguntas encerraba el secreto del mundo. ¡Y tú la desdeñaste! Ponías la libertad por encima de todo, cuando, si hubieras consentido en tornar panes las piedras del desierto, hubieras satisfecho el eterno y unánime deseo de la Humanidad; le hubieras dado un amo. El más vivo afán del hombre libre es encontrar un ser ante quien inclinarse. Pero quiere inclinarse ante una fuerza incontestable, que pueda reunir a todos los hombres en una comunión de respeto; quiere que el objeto de su culto lo sea de un culto universal; quiere una religión común. Y esa necesidad de la comunidad en la adoración es, desde el principio de los siglos, el mayor tormento individual y colectivo del género humano. Por realizar esa quimera, los hombres se exterminan. Cada pueblo se ha creado un dios y le ha dicho a su vecino: "¡Adora a mi dios o te mato!" Y así ocurrirá hasta el fin del mundo; los dioses podrán desaparecer de la tierra, mas la Humanidad hará de nuevo por los ídolos lo que ha hecho por los dioses. Tú no ignorabas ese secreto fundamental de la naturaleza humana y, no obstante, rechazaste la única bandera que te hubiera asegurado la sumisión de todos los hombres: la bandera del pan terrestre; la rechazaste en nombre del pan celestial y de la libertad, y en nombre de la libertad seguiste obrando hasta tu muerte. No hay, te repito, un afán más vivo en el hombre que encontrar en quien delegar la libertad de que nace dotada tan miserable criatura. Sin embargo, para obtener la ofrenda de la libertad de los hombres, hay que darles la paz de la conciencia. El hombre se hubiera inclinado ante ti si le hubieras dado pan, porque el pan es una cosa incontestable; pero si, al mismo tiempo, otro se hubiera adueñado de la conciencia humana, el hombre hubiera dejado tu pan para seguirle. En eso, tenías razón; el secreto de la existencia humana consiste en la razón, en el motivo de la vida. Si el hombre no acierta a explicarse por qué debe vivir preferirá morir a continuar esta existencia sin objeto conocido, aunque disponga de una inmensa provisión de pan. Pero ¿de qué te sirvió el conocer esa verdad? En vez de coartar la libertad humana, le quitaste diques, olvidando, sin duda, que a la libertad de elegir entre el bien y el mal el hombre prefiere la paz, aunque sea la de la muerte. Nada tan caro para el hombre como el libre albedrío, y nada, también, que le haga sufrir tanto. Y, en vez de formar tu doctrina de principios sólidos que pudieran pacificar definitivamente la conciencia humana, la formaste de cuanto hay de extraordinario, vago, conjetural, de cuanto traspasa los límites de las fuerzas del hombre, a quien, ¡tú que diste la vida por él!, diríase que no amabas. Al quitarle diques a su libertad, introdujiste en el alma humana nuevos elementos de dolor. Querías ser amado con un libre amor, libremente seguido. Abolida la dura ley antigua, el hombre debía, sin trabas, sin más guía que tu ejemplo, elegir entre el bien y el mal. ¿,No se te alcanzaba que acabarías por desacatar incluso tu ejemplo y tu verdad, abrumado bajo la terrible carga de la libre elección, y que gritaría: "Si Él hubiera poseído la verdad, no hubiera dejado a sus hijos sumidos en una perplejidad tan horrible, envueltos en tales tinieblas?" Tú mismo preparaste tu ruina: no culpes a nadie. Si hubieras escuchado lo que se te proponía... Hay sobre la tierra tres únicas fuerzas capaces de someter para siempre la conciencia de esos seres débiles e indómitos – haciéndoles felices – : el milagro, el misterio y la autoridad. Y tú no quisiste valerte de ninguna. El Espíritu terrible te llevó a la almena del templo y te dijo: "¿Quieres saber si eres el Hijo de Dios? Déjate caer abajo, porque escrito está que los ángeles tomarte han en las manos." Tú rechazaste la proposición, no te dejaste caer. Demostraste con ello el sublime orgullo de un dios; ¡pero los hombres, esos seres débiles, impotentes, no son dioses! Sabías que, sólo con intentar precipitarte, hubieras perdido la fe en tu Padre, y el gran Tentador hubiera visto, regocijadísimo, estrellarse tu cuerpo en la tierra que habías venido a salvar. Mas, dime, ¿hay muchos seres semejantes a ti? ¿Pudiste pensar un solo instante que los hombres serían capaces de comprender tu resistencia a aquella tentación? La naturaleza humana no es bastante fuerte para prescindir del milagro y contentarse con la libre elección del corazón, en esos instantes terribles en que las preguntas vitales exigen una respuesta. Sabías que tu heroico silencio sería perpetuado en los libros y resonaría en lo más remoto de los tiempos, en los más apartados rincones del mundo. Y esperabas que el hombre te imitaría y prescindiría de los milagros, como un dios, siendo así que, en su necesidad de milagros, los inventa y se inclina ante los prodigios de los magos y los encantamientos de los hechiceros, aunque sea hereje o ateo. Cuando te dijeron, por mofa: "¡Baja de la cruz y creeremos en ti!", no bajaste. Entonces, tampoco quisiste someter al hombre con el milagro, porque lo que deseaba de él era una creencia libre, no violentada por el prestigio de lo maravilloso; un amor espontáneo, no los transportes serviles de un esclavo aterrorizado. En esta ocasión, como en todas, obraste inspirándote en una idea del hombre demasiado elevada: ¡es esclavo, aunque haya sido creado rebelde! Han pasado quince siglos: ve y juzga. ¿A quién has elevado hasta ti? El hombre, créeme, es más débil y más vil de lo que tú pensabas. ¿Puede, acaso, hacer lo que tú hiciste? Le estimas demasiado y sientes por él demasiado poca piedad; le has exigido demasiado, tú que le amas más que a ti mismo. Debías estimarle menos y exigirle menos. Es débil y cobarde. El que hoy se subleve en todas partes contra nuestra autoridad y se enorgullezca de ello, no significa nada. Sus bravatas son hijas de una vanidad de escolar. Los hombres son siempre unos chiquillos: se sublevan contra el profesor y le echan del aula; pero la revuelta tendrá un término y les costará cara a los revoltosos. No importa que derriben templos y ensangrienten la tierra: tarde o temprano, comprenderán la inutilidad de una rebelión que no son capaces de sostener. Verterán estúpidas lágrimas; pero, al cabo, comprenderán que el que les ha creado rebeldes les ha hecho objeto de una burla y lo gritarán, desesperados. Y esta blasfemia acrecerá su miseria, pues la naturaleza humana, demasiado mezquina para soportar la blasfemia, se encarga ella misma de castigarla. La inquietud, la duda, la desgracia: he aquí el lote de los hombres por quienes diste tu sangre. Tu profeta dice que, en su visión simbólica, vio a todos los partícipes de la primera resurrección y que eran doce mil por cada generación. Su número no es corto, si se considera que supone una naturaleza más que humana el llevar tu cruz, el vivir largos años en el desierto, alimentándose de raíces y langostas; y puedes, en verdad, enorgullecerte de esos hijos de la libertad, del libre amor, estar satisfechos del voluntario y magnífico sacrificio de sí mismos, hecho en tu nombre. Pero no olvides que se trata só1o de algunos miles y, más que de hombres, de dioses. ¿Y el resto de la Humanidad? ¿Qué culpa tienen los demás, los débiles humanos, de no poseer la fuerza sobrenatural de los fuertes? ¿Qué culpa tiene el alma feble de no poder soportar el peso de algunos dones terribles? ¿Acaso viniste tan sólo por los elegidos? Si es así, lo importante no es la libertad ni el amor, sino el misterio, el impenetrable misterio. Y nosotros tenemos derecho a predicarles a los hombres que deben someterse a él sin razonar, aun contra los dictados de su conciencia. Y eso es lo que hemos hecho. Hemos corregido tu obra; la hemos basado en el "milagro", el "misterio" y la "autoridad". Y los hombres se han congratulado de verse de nuevo conducidos como un rebaño y libres, por fin, del don funesto que tantos sufrimientos les ha causado. Di, ¿hemos hecho bien? ¿Se nos puede acusar de no amar a la Humanidad? ¿No somos nosotros los únicos que tenemos conciencia de su flaqueza; nosotros que, en atención a su fragilidad, la hemos autorizado hasta para pecar, con tal que nos pida permiso? ¿Por qué callas? ¿Por qué te limitas a mirarme con tus dulces y penetrantes ojos? ¡No te amo y no quiero tu amor; prefiero tu cólera! ¿Y para qué ocultarte nada? Sé a quién le hablo. Conoces lo que voy a decirte, lo leo en tus ojos... Quizá quieras oír precisamente de mi boca nuestro secreto. Oye, pues: no estamos contigo, estamos con Él... ; nuestro secreto es ése. Hace mucho tiempo – ¡ocho siglos! – que no estamos contigo, sino con Él. Hace ocho siglos que recibimos de Él el don que tú, cuando te tentó por tercera vez mostrándote todos los reinos de la tierra, rechazaste indignado; nosotros aceptamos y, dueños de Roma y la espada de César, nos declaramos los amos del mundo. Sin embargo, nuestra conquista no ha acabado aún, está todavía en su etapa inicial, falta mucho para verla concluida; la tierra ha de sufrir aún durante mucho tiempo; pero nosotros conseguiremos nuestro objeto, seremos el César y, entonces, nos preocuparemos de la felicidad universal. Tú también pudiste haber tomado la espada de César; ¿por qué rechazaste tal don? Aceptándole, hubieras satisfecho todos los anhelos de los hombres sobre la tierra, les hubieras dado un amo, un depositario de su conciencia y, a la vez, un ser en torno a quien unirse, formando un inmenso hormiguero, ya que la necesidad de la unión universal es otro de los tres supremos tormentos de la Humanidad. La Humanidad siempre ha tendido a la unidad mundial. Cuanto más grandes y gloriosos, más sienten los pueblos ese anhelo. Los grandes conquistadores, los Tamerlan, los Gengis Kan que recorren la tierra como un huracán devastador, obedecen, de un modo inconsciente, a esa necesidad. Tomando la púrpura de César, hubieras fundado el imperio universal, que hubiera sido la paz del mundo. Pues, ¿quién debe reinar sobre los hombres sino el que es dueño de sus conciencias y tiene su pan en las manos? Tomamos la espada de César y, al hacerlo, rompimos contigo y nos unimos a Él. Aún habrá siglos de libertinaje intelectual, de pedantería y de antropofagia –los hombres, luego de erigir, sin nosotros, su Torre de Babel, se entregarán a la antropofagia–; pero la bestia acabará por arrastrarse hasta nuestros pies, los lamerá y los regará con lágrimas de sangre. Y nosotros nos sentaremos sobre la bestia y levantaremos una copa en la que se leerá la palabra "Misterio". Y entonces, sólo entonces, empezará para los hombres el reinado de la paz y de la dicha. Tú te de tus elegidos, pero son una mi noria: nosotros les daremos el re y la calma a todos. Y aun de esa minoría, aun de entre esos "fuertes" llamados a ser de los elegidos, ¡cuántos han acabado y acabarán por cansarse de esperar, cuán tos han empleado y emplearán contra ti las fuerzas de su espíritu y el ardor de su corazón en uso de la libertad de que te son deudores! Nosotros les daremos a todos la felicidad, concluiremos con las re vueltas y matanzas originadas por la libertad. Les convenceremos de que no serán verdaderamente libres, sino cuando nos hayan confiado su libertad. ¿Mentiremos? ¡No! Y bien sabrán ellos que no les engañamos, cansados de las dudas y de los terrores que la libertad lleva consigo. La independencia, el libre pensamiento y la ciencia llegarán a sumirles en tales tinieblas, a espantarlos con tales prodigios, a causar los con tales exigencias, que los menos suaves y dóciles se suicidarán; otros, también indóciles, pero débiles y violentos, se asesinarán, y otros –los más–, rebaño de cobardes y de miserables, gritarán a nuestros pies: "¡Sí, tenéis razón! Sólo vosotros poseéis su secreto y volvemos a vosotros! ¡Salvadnos de nosotros mismos!" No se les ocultará que el pan –obtenido con su propio trabajo, sin milagro alguno– que reciben de nosotros se lo tomamos antes nosotros a ellos para repartírselo, y que no convertimos las piedras en panes. Pero, en verdad, más que el pan en sí, lo que les satisfará es que nosotros se lo demos. Pues verán que, si no convertimos las piedras en partes, tampoco los panes se convierten, vuelto el hombre a nosotros, en piedras. ¡Comprenderán, al cabo, el valor de la sumisión! Y mientras no lo comprendan, padecerán. ¿Quién, dime, quién ha puesto más de su parte para que dejen de padecer? ¿Quién ha dividido el rebaño y le ha dispersado por extraviados andurriales? Las ovejas se reunirán de nuevo, el rebaño volverá a la obediencia y ya nada le dividirá ni lo dispersará. Nosotros, entonces, les daremos a los hombres una felicidad en armonía con su débil naturaleza, una felicidad compuesta de pan y humildad. Sí, les predicaremos la humildad – no, como Tú, el orgullo . Les probaremos que son débiles niños, pero que la felicidad de los niños tiene particulares encantos. Se tornarán tímidos, no nos perderán nunca de vista y se estrecharán contra nosotros como polluelos que buscan el abrigo del ala materna. Nos temerán y nos admirarán. Les enorgullecerá el pensar la energía y el genio que habremos necesitado para domar a tanto rebelde. Les asustará nuestra cólera, y sus ojos, como los de los niños y los de las mujeres, serán fuentes de lágrimas. ¡Pero con que facilidad, a un gesto nuestro, pasarán del llanto a la risa, a la suave alegría de los niños! Les obligaremos, ¿qué duda cabe?, a trabajar; pero los organizaremos, para sus horas de ocio, una vida semejante a los juegos de los niños, mezcla de canciones, coros inocentes y danzas. Hasta les permitiremos pecar – ¡su naturaleza es tan flaca!–. Y, como les permitiremos pecar, nos amarán con un amor sencillo, infantil. Les diremos que todo pecado cometido con nuestro permiso será perdonado, y lo haremos por amor, pues, de sus pecados, el castigo será para nosotros y el placer para ellos. Y nos adorarán como a bienhechores. Nos lo dirán todo y, según su grado de obediencia, les permitiremos o les prohibiremos vivir con sus mujeres o sus amantes y les consentiremos o no les consentiremos tener hijos. Y nos obedecerán, muy contentos. Nos someterán los más penosos secretos de su conciencia, y nosotros decidiremos en todo y por todo; y ellos acatarán, alegres, nuestras sentencias, pues les ahorrarán el cruel trabajo de elegir y de determinarse libremente. Todos los millones de seres humanos serán así, felices, salvo unos cien mil, salvo nosotros, los depositarios del secreto. Porque nosotros seremos desgraciados. Los felices se contarán por miles de millones, y habrá cien mil mártires del conocimiento, exclusivo y maldito, del bien y del mal. Morirán en paz. pronunciando tu nombre, y, más allá de la tumba, sólo verán la oscuridad de la muerte. Sin embargo, nos lo callaremos; embaucaremos a los hombres, por su bien, con la promesa de una eterna recompensa en el cielo, a sabiendas de que, si hay otro mundo, no ha sido, de seguro, creado para ellos. Se vaticina que volverás, rodeado de tus elegidos, y que vencerás; tus héroes sólo podrán envanecerse de haberse salvado a sí mismos, mientras que nosotros habremos salvado al mundo entero. Se dice que la fornicadora, sentada sobre la bestia y con la "copa del misterio" en las manos, será afrentada y que los débiles se sublevarán por vez postrera, desgarrarán su púrpura y desnudarán su cuerpo impuro. Pero yo me levantaré entonces y te mostraré los miles de millones de seres felices que no han conocido el pecado. Y nosotros que, por su bien, habremos asumido el peso de sus culpas, nos alzaremos ante ti, diciendo: "¡Júzganos, si puedes y te atreves!" No te temo. Yo también he estado en el desierto; yo también me he alimentado de langostas y raíces; yo también he bendecido la libertad que les diste a los hombres y he soñado con ser del número de los fuertes. Pero he renunciado a ese sueño, he renunciado a tu locura para sumarme al grupo de los que corrigen tu obra. He dejado a los orgullosos para acudir en socorro de los humildes. Lo que te digo se realizará; nuestro imperio será un hecho. Y te repito que mañana, a una señal mía, verás a un rebaño sumiso echar leña a la hoguera donde te haré morir, por haber venido a perturbarnos. ¿Quién más digno que Tú de la hoguera? Mañana te quemaré. Dixi. El inquisidor calla. Espera unos instantes la respuesta del preso. Aquel silencio le turba. El preso le ha oído, sin dejar de mirarle a los ojos, con una mirada fija y dulce, decidido evidentemente a no contestar nada. El anciano hubiera querido oír de sus labios una palabra, aunque hubiera sido la más amarga, la más terrible. Y he aquí que el preso se le acerca en silencio y da un beso en sus labios exangües de nonagenario. ¡A eso se reduce su respuesta! El anciano se estremece, sus labios tiemblan; se dirige a la puerta, la abre y dice: "¡Vete y no vuelvas nunca... , nunca! Y le deja salir a las tinieblas de la ciudad. El preso se aleja.

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Arthur Rimbaud - Una Temporada en el Infierno
ArteporAnónimo3/27/2012

Una temporada en el infierno Por Arthur Rimbaud Versión: Ramón Buenaventura "Antes, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones, donde todos los vinos corrían. Una noche, me senté a la Belleza en las rodillas. - Y la hallé amarga. - Y la insulté. Me armé contra la justicia. Me escapé. ¡Oh bujas, oh miseria, oh odio! ¡A vosotros se confió mi tesoro! Logré que se desvaneciera en mi espíritu toda la esperanza humana. Contra toda alegría, para estrangularla, di el salto sin ruido del animal feroz. Llamé a los verdugos para, mientras perecía, morder las culatas de sus fusiles. Llamé a las plagas para ahogarme en la arena, la sangre. La desgracia fue mi dios. Me tendí en el lodo. Me sequé al aire del crimen. Y le hice muy malas pasadas a la locura. Y la primavera me trajo la horrorosa risa del idiota. Habiendo estado hace muy poco a punto de soltar el último ¡cuac!, se me ocurrió buscar la clave del festín antiguo, donde había tal vez de recobrar el apetito. La caridad es la clave. - ¡Esta inspiración demuestra que soñé! "Seguirás siendo hiena, etc.", exclama el demonio que me coronó de tan amables adormideras. "Gana la muerte con todos tus apetitos, y tu egoísmo y todos los pecados capitales." ¡Ah! Ya aguanté demasiado - Pero, querido Satán, te lo suplico, ¡menos irritación en la pupila! Y mientras llegan las pequeñas cobardías rezagadas, tú que aprecias en el escritor la carencia de facultades descriptivas o instructivas, te arranco unos cuantos asquerosos pliegos de mi cuaderno de condenado. Mala sangre Tengo de mis antepasados galos el ojo azul pálido, el cerebro estrecho y la torpeza en la lucha. Hallo mi vestimenta tan bárbara como la suya. Pero yo no me unto la cabellera con manteca. Los galos eran los desolladores de animales, los quemadores de hierba más ineptos de su tiempo. De ellos tengo: la idolatría y el amor al sacrilegio; - ¡oh! todos los vicios, cólera, lujuria- magnífica, la lujuria; -en especial, mentira y pereza. Me espantan todos los oficios. Maestros y obreros, todos campesinos, innobles. La mano de pluma vale igual que la mano de arado.- ¡Qué siglo de manos! - Nunca tendré mi mano. Luego, la domesticidad conduce demasiado lejos. La honradez de la mendicidad me desconsuela. Los criminales repugnan como castrados: yo estoy intacto, y me da lo mismo. Pero, ¿quién me hizo tan pérfida la lengua, que hasta aquí haya guiado, salvaguardándola, mi pereza? Sin servirme para vivir ni siquiera del cuerpo, y más ocioso que el sapo, he vivido por todas partes. No hay familia de Europa que yo no conozca. - Me refiero a familias como la mía, que se lo deben todo a la Declaración de Derechos del Hombre. - ¡He conocido a todos los niños bien! ¡Si tuviese yo antecedentes en un punto cualquiera de la historia de Francia! Pero no, nada. Me es evidentísimo que siempre he sido de raza inferior. No logro comprender la rebeldía. Mi raza nunca se levantó más que para el pillaje: así los lobos con el animal que no mataron ellos. Recuerdo la historia de la Francia hija primogénita de la Iglesia. Habría hecho, villano, el viaje a tierra santa; tengo en la cabeza caminos por las llanuras suabas, vistas de Bizancio, murallas de Solima; el culto de María, el enternecimiento por el crucificado, se despiertan en mí entre mil hechicerías profanas. - Estoy sentado, leproso, en los cacharros rotos y las ortigas, al pie de un muro roído por el sol.- Más tarde, reitre, habría vivaqueado bajo las noches de Alemania. ¡Ah! Algo más: bailo el aquelarre en un rojo calvero, con viejas y con niños. No recuerdo más lejos que esta tierra y el cristianismo. Nunca me terminaría de ver en ese pasado. Pero siempre solo, sin familia; incluso ¿qué lengua hablaba? No me veo jamás en los consejos de Cristo; ni en los consejos de los señores, -representantes de Cristo. ¡Oh la ciencia! Lo hemos recuperado todo. Para el cuerpo y para el alma, - el viático, - tenemos la medicina y la filosofía, - los remedios caseros y las canciones populares arregladas. ¡Y las diversiones de los príncipes, y los juegos que éstos prohibían! ¡Geografía, Cosmografía, Mecánica, Química!… ¡La Ciencia, la nueva nobleza! El progreso. ¡El mundo avanza! ¿Por qué no va a dar vueltas? Es la visión de los números. Vamos hacia el Espíritu. Es segurísimo, es oráculo, esto que os digo. Comprendo y, como no sé explicarme sin palabras paganas, querría callarme. ¡Vuelve la sangre pagana! El Espíritu está cerca: ¿por qué no me ayuda Cristo, dando a mi alma nobleza y libertad? ¡Ay! ¡El Evangelio pasó! ¡El Evangelio! Estoy esperando a Dios con glotonería. Soy de raza inferior desde la eternidad. Heme en la playa armoricana. Que las ciudades se enciendan al atardecer. Mi jornada está hecha; dejo Europa. El aire del mar me quemará los pulmones, los climas perdidos me curtirán. Nadar, desmenuzar la hierba, cazar, sobre todo fumar; beber licores fuertes como metal hirviendo, - como hacían los queridos antepasados alrededor de las fogatas. Volveré, con miembros de hierro, con la piel oscura, los ojos enfurecidos: por mi máscara, me juzgarán de una raza fuerte. Tendré oro: seré ocioso y brutal. Las mujeres cuidan de estos feroces enfermos cuando regresan de los países cálidos. Me veré mezclado en asuntos políticos. Salvado. Ahora estoy maldito, tengo horror a la patria. Lo mejor es un sueño muy borracho, en la playa. No hay partida. -Reanudemos los caminos de aquí, cargado de mi vicio, el vicio que ha hundido sus raíces de sufrimiento a mi lado, desde la edad del juicio- que asciende al cielo, me golpea, me tira, me arrastra. La última inocencia y la última timidez. Está dicho. No traer al mundo ni mis repugnancias ni mis traiciones. ¡Adelante! La marcha, la carga, el desierto, el aburrimiento y la cólera. ¿A quién alquilarme? ¿Qué alimaña hay que adorar? ¿Qué santa imagen atacamos? ¿Qué corazones romperé? ¿Qué mentira debo sostener?- ¿Qué sangre pisotear? Mejor, guardarse de la injusticia. - La vida dura, el embrutecimiento simple-, alzar, con el puño descarnado, la tapa del ataúd, incorporarse, asfixiarse. Así, ninguna vejez, ningún peligro: el terror no es francés. ¡Ah! Estoy tan desesperado, que a cualquier imagen divina ofrezco impulsos hacia la perfección. ¡Oh mi abnegación, oh mi caridad maravillosa! ¡Aquí abajo, no obstante! De profundis, Domine, ¡seré tonto! Ya desde muy niño admiraba al forzado irreductible tras el cual se cierran siempre las puertas de la prisión; visitaba los albergues y los alojamientos que el podía haber consagrado con su estancia; veía con su idea el cielo azul y el trabajo florido del campo, olfateaba su fatalidad en las ciudades. Tenía más fuerza que un santo, más sentido común que un viajero -y él ¡él solo! era testigo de su gloria y de su razón. Por los caminos, en noches de invierno, sin cobijo, sin ropa, sin pan, una voz me atenazaba el corazón helado: "Debilidad o fuerza; hete aquí: es la fuerza. No sabes ni adónde ni por qué vas; entra en todas partes, contesta a todo. No te matarán más que si fueras cadáver". Por la mañana, tenía la mirada tan perdida y la compostura tan muerta, que quienes me encontré quizá no me vieran. En las ciudades el fango se me aparecía súbitamente rojo y negro, como un espejo cuando la lámpara deambula por la habitación contigua, ¡como un tesoro en el bosque! Buena suerte, gritaba yo, y veía un mar de llamas y de humo en el cielo; y, a izquierda, a derecha, todas las riquezas, llameando como millones de truenos. Pero la orgía y la camaradería de las mujeres me estaban prohibidas. Ni siquiera un compañero. Me veía ante una multitud exasperada, delante del pelotón de ejecución, llorando la desgracia de que no hubieran podido comprender, y perdonando. - ¡Igual que Juana de Arco! - "Sacerdotes, profesores, maestros, os equivocáis al entregarme a la justicia. Yo nunca formé parte de este pueblo, yo nunca fui cristiano; soy de la raza que cantaba en el suplicio; no comprendo las leyes; no tengo sentido moral, soy un bruto, os equivocáis…" Sí, tengo los ojos cerrados a vuestra luz. Soy una alimaña, un negro. Pero puedo salvarme. Vosotros sois falsos negros, vosotros maniáticos, feroces, avaros. Mercader, tú eres negro; general, tú eres negro; emperador, vieja comezón, tú eres negro: has bebido un licor libre de impuestos, de la fábrica de Satán. - Este pueblo está inspirado por la fiebre y el cáncer. Los tullidos y los viejos son tan respetables, que solicitan ser hervidos. - Lo más astuto es abandonar este continente donde la locura anda al acecho, para proveer de rehenes a estos miserables. Entre en el verdadero reino de los hijos de Cam. ¿Sigo conociendo la naturaleza? ¿Me conozco? - No más palabras. Amortajo a los muertos en mi vientre. Gritos, tambor, danza, danza, danza, ¡danza! Ni siquiera veo la hora en que, al desembarcar los blancos, caeré en la nada. Hambre, sed, gritos, danza, danza, danza, ¡danza! Los blancos desembarcan. ¡El cañón! Hay que someterse al bautismo, vestirse, trabajar. He recibido en el corazón el golpe de gracia. ¡Ah! ¡No lo tenía previsto! No he hecho mal alguno. Los días van a serme leves, se me ahorrará el arrepentimiento. No habré conocido los tormentos del alma casi muerta para el bien, donde se alza la luz tan severa como los cirios funerarios. El destino del niño bien: ataúd prematuro, cubierto de límpidas lágrimas. Sin duda que el desenfreno es tonto, que el vicio es tonto; hay que arrojar la podredumbre aparte. ¡Pero el reloj no habrá llegado a no dar ya sino la hora del puro dolor! ¿Van a secuestrarme, como a un niño, para jugar en el paraíso, olvidado de toda desgracia? ¡Rápido! ¿Hay otras vidas? - Dormir en la riqueza es imposible. La riqueza siempre ha sido bien público. Sólo el amor divino otorga las llaves de la ciencia. Veo que la naturaleza no es sino un espectáculo de bondad. Adiós, quimeras, ideales, errores. El canto razonable de los ángeles se eleva del navío salvador; es al amor divino. - ¡Dos amores! Puedo morir de amor terrenal, morir de entrega. ¡He dejado almas cuyo dolor aumentará con mi partida! Me escogéis entre los náufragos; quienes se quedan, ¿no son acaso amigos míos? ¡Salvadlos! La razón me ha nacido. El mundo es bueno. Bendeciré la vida. Amaré a mis hermanos. Ya no son promesas de niño. Ni la esperanza de eludir la vejez y la muerte. Dios es mi fuerza, y yo alabo a Dios. El aburrimiento ya no es mi amor. Las rabias, los desenfrenos, la locura, cuyos impulsos todos, cuyos desastres conozco, -toda mi carga está depositada. Valoremos sin vértigo el alcance de mi inocencia. Ya no sería capaz de solicitar el consuelo de una paliza. No me creo embarcado hacia una boda con Jesucristo por suegro. No soy prisionero de mi razón. He dicho: Dios. Quiero la libertad dentro de la salvación: ¿cómo perseguirla? Los gustos frívolos me han abandonado. Ya no hay necesidad de entrega ni de amor divino. No añoro el siglo de los corazones sensibles. Cada cual tiene su razón, desprecio y caridad: yo conservo mi puesto en lo alto de la angélica escala del sentido común. En cuanto a la felicidad establecida, doméstica o no… no, no la quiero. Me disipo demasiado, soy demasiado débil. La vida florece por el trabajo, vieja verdad; pero mi vida no pesa lo suficiente, se eleva y flota muy por encima de la acción, ese querido lugar del mundo. ¡Qué solterona me estoy volviendo, por falta de valor para amar a la muerte! Si Dios me concediera la calma celestial, aérea, la plegaria, - como a los antiguos santos. - ¡Los santos! ¡Gente fuerte! ¡Los anacoretas! ¡Unos artistas como ya no hacen falta! ¡Farsa continua! Mi inocencia me haría llorar. La vida es la farsa a sostener entre todos. ¡Basta! Llega el castigo. - ¡Adelante! ¡Ah! ¡Los pulmones arden, las sienes braman! ¡La noche me da vueltas en los ojos, con ese sol! El corazón… Los miembros… ¿A dónde vamos? ¿Al combate? ¡Soy débil! Los demás avanzan. Los aperos, las armas… ¡el tiempo!… ¡Fuego! ¡Fuego contra mí! ¡Aquí! O me rindo. - ¡Cobardes! - ¡Me mato! ¡Me arrojo a los cascos de los caballos! ¡Ah!… - Ya me acostumbraré. ¡Sería la vida francesa, el sendero del honor! Noche del Infierno Me ha tragado una buena buchada de veneno. - ¡Bendito sea tres veces el consejo que me llegó! - Las entrañas me arden. La violencia del veneno me retuerce los nervios, me hace deforme, me arroja al suelo. Me muero de sed, me ahogo, no puedo gritar. ¡Es el infierno, la pena eterna! ¡Ved cómo se reavivan las llamas! ¡Ardo como es debido! ¡Venga, demonio! Había entrevisto la conversión al bien y a la felicidad, la salvación. Podía describir la visión, ¡pero el aire del infierno no soporta los himnos! Eran millones de criaturas encantadoras, un suave concierto espiritual, la fuerza y la paz, las nobles acciones, ¿qué sé yo? ¡Las nobles ambiciones! ¡Y sigue siendo vida! - ¡Si la condenación es eterna! Todo hombre que desee mutilarse está ya condenado, ¿verdad? Me creo en el infierno, luego estoy en el infierno. Es el cumplimiento del catecismo. Soy esclavo de mi bautizo. Padres, habéis hecho mi desgracia y la vuestra. ¡Pobre inocente! - El infierno no puede atacar a los paganos. - ¡Sigue siendo vida! Más tarde, las delicias de la condenación serán más profundas. Un crimen, de prisa, para caer en la nada, por la ley de los hombres. ¡Calla, calla de una vez!… Éste es lugar de vergüenza, de reproche: Satán diciendo que el fuego es innoble, que mi cólera es espantosamente tonta. - ¡Basta!… Errores que alguien me sopla, magia, perfumes falsos, músicas pueriles. - Y decir que poseo la verdad, que veo la justicia: tengo un discernimiento sano y firme, estoy listo para la perfección… Orgullo. - Se me reseca la piel de la cabeza. ¡Piedad! Señor, tengo miedo. Tengo sed, ¡tanta sed! ¡Ah! La niñez, la hierba, la lluvia, el lago sobre las piedras, el claro de luna cuando el campanario daba las doce… El diablo está en el campanario, a tal hora. ¡María! ¡Virgen Santa!… - Horror de mi estupidez. ¿No son aquéllas almas buenas que me desean el bien?… Venid. Tengo una almohada tapándome la boca, no me oyen, son fantasmas. Por otra parte, nadie piensa nunca en los demás. Que nadie se acerque. Huelo a chamusquina, eso es seguro. Las alucinaciones son innumerables. Es eso lo que siempre he tenido: no ya fe en la historia, el olvido de los principios. Me lo callaré: poetas y visionarios se pondrían celosos. Soy mil veces el más rico, seamos avaros como el mar. ¡Qué cosas! El reloj de la vida se acaba de parar. Ya no estoy en el mundo. - La tecnología es seria, el infierno está ciertamente abajo - y el cielo arriba. - Éxtasis, pesadilla, dormir en un nido de llamas. Cuánta maldad de observación hay en el campo… Satán, Ferdinando, corre con las semillas silvestres… Jesús anda sobre las zarzas de purpurina, sin inclinarlas… Jesús andaba sobre las aguas. La linterna nos los mostró de pie, blanco y con trenzas oscuras, flanqueado por una ola esmeralda… Voy a desvelar todos los misterios: misterios religiosos o naturales, muerte, nacimiento, porvenir, pasado, cosmogonía, nada. Soy maestro en fantasmagorías. ¡Escuchad!… ¡Tengo todos los talentos! - No hay nadie aquí, y hay alguien: no querría divulgar mi tesoro. ¿Alguien desea cánticos negros, danzas de huríes? ¿Alguien desea que desaparezca, que me zambulla en busca del anillo? ¿Alguien lo desea? Haré, con el oro, remedios. Confiad, pues, en mí: la fe conforta, guía, cura. Venid todos, -hasta los niños, -que yo os consuele, que os divulguemos su corazón, - ¡el corazón maravilloso! ¡Pobres hombres, trabajadores! No pido oraciones; con vuestra confianza solamente me contentaré. - Y pensemos en mí. Todo esto me hace añorar poco el mundo. Tengo la suerte de no sufrir más. Mi vida no fue más que locuras suaves, qué lamentable. ¡Bah! Hagamos todas las muecas concebibles. Decididamente, estamos fuera del mundo. Ningún sonido ya. Me ha desaparecido el tacto. ¡Ah! Mi castillo, mi Sajonia, mi bosque de sauces. Las tardes, las mañanas, las noches, los días… ¡Qué cansado estoy! Debería tener mi infierno por la cólera, mi infierno por el orgullo, - y el infierno de la caricia; un concierto de infiernos. Me muero de cansancio. Es la tumba, voy hacia los gusanos, ¡horror de los horrores! Satán, farsante, quieres disolverme en tus encantos. ¡Exijo! ¡Exijo un golpe con la horquilla, una gota de fuego! ¡Ah! ¡Ascender de nuevo a la vida! Poner los ojos en nuestras deformidades. Y este veneno, ¡este beso mil veces maldito! ¡Mi debilidad, lo cruel de este mundo! ¡Dios mío, piedad, escondedme, me comporto demasiado mal! - Estoy escondido y no lo estoy. Es el fuego quien se reanima con su condenado. DELIRIOS I VIRGEN NECIA El Esposo Infernal Oigamos la confesión de un compañero de infierno. "Oh divino Esposo, Dueño mío, no rechaces la confesión de la más triste de tus siervas. Estoy perdida. Estoy borracha. Estoy impura. ¡Qué vida! "Perdón, divino Señor, ¡perdón! ¡Ah! ¡Perdón! ¡Qué de lágrimas! ¡Y qué de lágrimas aún, más adelante, espero! "Más adelante ¡conoceré al divino Esposo! Nací sometida a Él. - ¡Ya puede pegarme el otro ahora! ¡Oh amigas mías!… no, no amigas mías… Nunca delirios ni torturas semejantes… ¡Qué tontería! "¡Ah! ¡Estoy sufriendo, grito! Estoy sufriendo de verdad. Todo, no obstante, me está permitido, cargada con el desprecio de los más despreciables corazones. "En fin, hagamos esta confidencia, aun a riesgo de tener que repetirla otras veinte veces, - ¡igual de tétrica, igual de insignificante! "Soy esclava del Esposo infernal, del que perdió a las vírgenes necias. Es ése, y no otro demonio. No es ningún espectro, no es ningún fantasma. Pero a mí, que he perdido la prudencia, que estoy condenada y muerta para el mundo -¡nadie me matará!- ¿Cómo describíroslo? Ya ni siquiera sé hablar. Estoy de luto, lloro, tengo miedo. Un poco de frescor, señor, si no te importa, ¡si te parece bien! "Soy viuda… - Era viuda… - Sí, sí, antes era muy seria, ¡y no nací para acabar en esqueleto!… - Él era casi un niño… Me habían seducido sus misteriosas delicadezas. Olvidé todas mis obligaciones humanas para seguirlo. ¡Qué vida! La auténtica vida está ausente. No estamos en el mundo. Voy adonde él va, así ha de ser. Y a menudo se enfada conmigo, conmigo, pobre almita. ¡El demonio! - Es un demonio, sabéis, no es un hombre. "Dice: "No me gustan las mujeres. Hay que volver a inventar el amor, ya se sabe. Las mujeres ya no alcanzan a desear más que una situación asegurada. Una vez ganada esta situación, el corazón y la belleza se dejan de lado; no queda sino frío desdén, alimento del matrimonio, hoy en día. O bien veo mujeres con las señales de la dicha; de ellas habría podido hacer buenas amigas, si no las hubiera devorado antes algún bruto con sensibilidad de hoguera…" "Y yo lo oigo cómo hace de la infamia gloria, de la crueldad encanto. "Soy de raza lejana: mis antepasados eran escandinavos: se perforaban las costillas, se bebían su propia sangre. - Yo me haré cortaduras por todo el cuerpo, me tatuaré, quedaré más repugnante que un mongol; ya verás, aullaré por las calles. Quiero enloquecer de rabia, por completo. Nunca me enseñes joyas, o me arrastraré y me revolcaré por las alfombras. Mi riqueza la quiero manchada de sangre, por todas partes. Jamás trabajaré…" Muchas noches, habiéndome poseído su demonio, ambos rodábamos por el suelo, ¡yo luchaba con él! - Por las noches suele apostarse, borracho, en las calles o en las casas, para asustarme mortalmente. - "Me cortarán de veras el cuello; será asqueroso." ¡Oh! ¡Esos días en que gusta de andar con un aire de crimen! "A veces habla, en una especie de jerga enternecida, de la muerte que obliga a arrepentirse, de los desdichados que ciertamente hay, de los trabajos fatigosos, de las separaciones que desgarran el corazón. En los tugurios donde nos emborrachábamos, lloraba al considerar a quienes nos rodeaban, rebaño de la miseria. Levantaba del suelo a los borrachos, en las calles negras. Sentía por los niños la compasión de una mala madre. - Se marchaba con ternuras de niña de catequesis. - Fingía estar al corriente de todo: comercio, arte, medicina. - Yo lo seguía, ¡así ha de ser! "Veía todo el decorado de que, en espíritu, se rodeaba: vestiduras, paños, muebles; yo le prestaba armas, otro rostro. Veía todo aquello que lo emocionaba, tal como él habría querido crearlo para sí. Cuando me parecía tener el espíritu inerte, lo seguía, yo, en actos extraños y complicados, lejos, buenos o malos; estaba segura de que jamás penetraría en su mundo. Junto a su amado cuerpo dormido, cuántas horas nocturnas he velado, preguntándome por qué desearía tanto evadirse de la realidad. Nunca hombre alguno formuló un voto semejante. Yo admitía, -sin temer por él, - que podía suponer un serio peligro dentro de la sociedad. - ¿Tiene tal vez secretos para cambiar la vida? No, tan sólo está buscándolos, me replicaba yo. Por último, su caridad está embrujada, y yo soy su prisionera. Ninguna otra alma tendría fuerza bastante - ¡fuerza de la desesperación! - para soportarla - para ser protegida y amada por él. Por otra parte, no me lo figuraba con otra alma: se ve el Ángel propio, nunca el Ángel ajeno, - me parece. Estaba yo en su alma como en un palacio que han vaciado para no ver a alguien tan poco noble como tú: eso es todo. ¡Ay! Dependía en mucho de él. Pero ¿qué quería de mi existencia apagada y cobarde? ¡No me hacía mejor, no haciéndome morir! Tristemente despechada, le dije a veces: "Te comprendo". Y él se encogía de hombros. "Así, renovándose sin cesar mi sufrimiento, y hallándome más perdida a mis ojos, - como a todos los ojos que habrían querido mirarme, si no hubiese estado condenada para siempre al olvido de todos, - tenía cada vez más hambre de su bondad. Con sus besos y sus abrazos amigos, era en verdad el cielo, un cielo lóbrego, en el que entraba, en el que me habría gustado que me abandonase, pobre, sorda, muda, ciega. Me iba ya acostumbrando. Veía en nosotros dos niños buenos, con permiso para pasearse por el Paraíso de la tristeza. Nos concertábamos. Muy conmovidos, trabajábamos juntos. Pero, tras una penetrante caricia, él decía: "¡Qué divertido te parecerá, cuando yo ya no esté, esto por lo que has pasado! Cuando no tengas ya mis brazos bajo el cuello, ni mi corazón para en él descansar, ni esta boca en tus ojos. Pues habré de marcharme, muy lejos, un día. Además, he de ayudar a otros, es mi deber. Aunque no resulte muy deleitable…, alma querida…" De inmediato me representaba a mí misma, habiéndose marchado él, presa del vértigo, precipitada en la más espantable de las sombras: en la muerte. Le hacía prometer que no me abandonaría. Veinte veces la hizo, tal promesa de amante. Era tan frívolo como yo al decirle: "Te comprendo." "¡Ah! Nunca he sentido celos por su causa. No va a abandonarme, me parece. ¿Qué sería de él? No tiene conocimiento alguno, nunca trabajará. Quiere vivir sonámbulo. Su bondad y su caridad, por sí solas, ¿le darán derechos en el mundo real? A ratos, olvido la piedad en que he caído: él me hará fuerte, viajaremos, cazaremos en los desiertos, dormiremos en las calles empedradas de ciudades desconocidas, sin cuidados, sin sufrimientos. O me despertaré, y las leyes y las costumbres habrán cambiado -gracias a su poder mágico, -el mundo, siendo el mismo, me dejará con mis deseos, mis alegrías, mis despreocupaciones. ¡Oh! La vida aventurera existente en los libros infantiles, en recompensa, porque he sufrido tanto, ¿me la regalarás tú? No puede. Ignoro su ideal. Me ha dicho que tiene pesares, esperanzas: cosas que al parecer no me conciernen. ¿Es a Dios a quien habla? Tal vez debería yo dirigirme a Dios. Estoy en lo más profundo del abismo, y ya no sé rezar. " "¿Ves a ese joven elegante que entra en la mansión bella y tranquila? Se llama Duval, Dufour, Armand, Maurice, qué sé yo. Una mujer se ofrendó a la tarea de amar a ese perverso idiota: está muerta, es sin duda una santa del cielo, ahora. Tú me harás morir como él hizo morir a esa mujer. Tal es nuestro destino, el de nosotros, los corazones caritativos…" ¡Ay! Había días en que todos los hombres, al actuar, le parecían juguete de delirios grotescos: reía espantosamente, largo rato. - Luego volvía a sus maneras de madre joven, de hermana amada. Si fuera menos salvaje, ¡estaríamos salvados! Mas también su dulzura es mortal. Le estoy sometida. - ¡Ah! ¡Soy necia! "Un día tal vez desaparezca maravillosamente; pero tengo que saberlo, si ha de subir a un cielo, ¡quiero ver con mis ojos la asunción de mi amiguito!" ¡Qué pareja! DELIRIOS II Alquimia del verbo A mí. La historia de una de mis locuras. Llevaba largo tiempo alardeando de poseer todos los paisajes posibles y encontrando irrisorias todas las celebridades de la pintura y de la poesía moderna. Me gustaban las pinturas idiotas, dinteles, decorados, telones de saltimbancos, emblemas, estampas populares; la literatura pasada de moda, latín de iglesia, libros eróticos sin ortografía, novelas de nuestras abuelas, cuentos de hadas, libritos infantiles, óperas viejas, estribillos bobos, ritmos ingeniosos. Soñaba cruzadas, viajes de exploración cuyo relato no tenemos, repúblicas sin historia, guerras de religión sofocadas, revoluciones de costumbres, desplazamientos de razas y continentes: creía en todos los encantamientos. ¡Inventé el color de las vocales! - A, negra; E, blanca; I, roja; O, azul; U, verde. - Ajusté la forma y el movimiento de cada consonante y, con ritmos instintivos, me precié de inventar un verbo poético accesible, algún día, a todos los sentidos. Me reservaba la traducción. Fue al principio un estudio. Escribía silencios, noches, acotaba lo inexpresable. Fijaba vértigos. Lejos de los pájaros, de los rebaños, de las aldeanas, ¿qué bebía yo, de rodillas en el brezal rodeado de tiernos bosques de avellanos, en una neblina de tarde fría y verde? ¿Qué podía beber, en este joven Oise, - ¡olmos sin voz, césped sin flores, cielo cubierto! -beber de los odres amarillos, lejos de mi choza querida? Algún licor sudorífico. Yo era un equívoco letrero de albergue. - Una tempestad vino a ahuyentar el cielo. Al atardecer el agua de los bosques se perdía en las arenas vírgenes, el viento de Dios arrojaba carámbanos en las charcas; llorando, veía oro - y no pude beber.- A las cuatro de la mañana, en verano, el dormir del amor dura aún. Bajo los sotos se evapora el olor de la noche festejada. Allá, en su vasto taller, al sol de las Hespérides, ya se agitan - en mangas de camisa - los Carpinteros. En sus Desiertos de musgo, tranquilos, preparan los artesonados preciosos donde la ciudad pintará falsos cielos. Para los obreros encantadores vasallos de un rey de Babilonia, ¡Venus, deja un momento a los Amantes con el alma en corona! ¡Oh Reina de los Pastores! Lleva a los trabajadores el aguardiente, que sus fuerzas estén en paz en espera del baño de mar de las doce. La antigualla poética tenía gran importancia en mi alquimia del verbo. Me acostumbré a la alucinación sencilla: veía muy abiertamente una mezquita en lugar de una fábrica, una escolanía de tambores integrada por ángeles, calesas en los caminos del cielo, un salón en el fondo de un lago; los monstruos, los misterios; un título de vaudeville hacía que ante mí se alzaran espantos. ¡Luego expliqué mis sofismas mágicos con la alucinación de las palabras! Acabé por encontrar sagrado el desorden de mi espíritu. Estaba ocioso, presa de pesada fiebre: envidiaba la beatitud de los animales, - las orugas, que representan la inocencia de los limbos, los topos, ¡el sueño de la virginidad! Se me agriaba el carácter. Decía adiós al mundo de una especie de romances: Canción Desde La Torre Más Alta Que venga ya, que venga el tiempo que enamore. Tuve tanta paciencia, que para siempre olvido; miradas y sufrimientos al cielo se marcharon. Y la sed malsana me oscurece las venas. Que venga ya, que venga el tiempo que enamore. Igual la pradera al olvido entregada, agradada y florida de incienso y cizaña, ante el hosco zumbido de las sucias moscas. Que venga ya, que venga el tiempo que enamore. Amé el desierto, los vergeles calcinados, las tiendas mustias, las bebidas entibiadas. Me arrastraba por las callejas malolientes y, con los ojos cerrados, me ofrecía al sol, dios del fuego. "General, si todavía asoma un viejo cañón por tus murallas en ruinas, bombardéanos con bloques de tierra seca. ¡A las vidrieras de los espléndidos almacenes! ¡A los salones! Haz que la ciudad se trague su propio polvo. Oxida las atarjeas. Llena los camarines de arenilla de rubí ardiente…" ¡Oh! ¡El insecto beodo en el meadero del albergue, enamorado de la borraja, y que un rayo disuelve! Hambre Si a algo tengo afición, no será más que a la tierra y a las piedras. Yo siempre almuerzo aire, roca, carbones, hierro. Hambres mías, girad. Pastad, hambres, del prado de los sonidos. Atraed el alegre veneno de las corregüelas. Comeos los guijarros que otros rompen, las viejas piedras de iglesia; los cantos rodados de los viejos diluvios, panes sembrados en los valles grises. El lobo gritaba bajo las hojas escupiendo las bellas plumas de su yantar de corral: como él yo me consumo. Las verduras, las frutas sólo aguardan la cosecha; pero la araña del seto no come más que violetas. ¡Que duerma ya! Que hierva en los altares de Salomón. El caldo fluye sobre la herrumbre, y se mezcla con el Cedrón. Por último, oh felicidad, oh razón, separé del cielo el azul, que es negro, y viví, centella dorada de la luz natural. En mi alegría, adopté las expresiones más bufas y más extraviadas que pude hallar. ¡Ha vuelto a aparecer! - ¿Qué? - ¡La eternidad! Es el mar mezclado con el sol. Eterna alma mía, observo tu voto a pesar de la noche sola y del día en llamas. ¡Así, pues, te desprendes de los humanos sufragios, de los comunes impulsos! Vuelas según… - Nunca la esperanza, ningún orietur. Ciencia y paciencia, el suplicio es seguro. No queda mañana, brasas de satén, vuestro ardor es el deber. ¡Ha vuelto a aparecer! - ¿Qué? - ¡La Eternidad! Es el mar mezclado con el sol. Me convertí en una ópera fabulosa: vi que todos los seres tienen una fatalidad de dicha: la acción no es la vida, sino una manera de echar a perder cierta fuerza: un enervamiento. La moral es la debilidad del cerebro. Pensaba que a cada ser se le debía otras muchas existencias. Ese señor no sabe lo que hace: es un ángel. Esa familia es una camada de perros. Ante muchos hombres, charlé en voz alta con un momento de sus otras vidas. - Así, amé a un cerdo. Ninguno de los sofismas de la locura, -la locura de atar -dejé en el olvido: podría decirlos todos otra vez, porque conservo el método. Mi salud se vio amenazada. El terror se acercaba. Caía en sueños de muchos días y, levantado, continuaba los sueños más tristes. Estaba maduro para el fin, y por un camino de peligros mi debilidad de me conducía a los confines del mundo y de cimeria, patria de la sombra y de los torbellinos. Tuve que viajar, distraer los encantos congregados sobre mi cerebro. Del mar, al que amaba como si le hubiese tocado lavarme de alguna inmundicia, veía elevarse la cruz consoladora. Me había condenado el arco iris. La Felicidad era mi fatalidad, mi remordimiento, mi gusano: mi vida sería siempre demasiado inmensa para consagrarla a la fuerza y a la belleza. ¡La felicidad! Su sabor, en que la muerte se complace, me avisaba al cantar el gallo, - ad matutinum, en el Christus venit, - en las ciudades más sombrías: ¡Oh estaciones, oh castillos! ¿Qué alma no tiene defecto! He hecho el mágico estudio de la felicidad, que nadie elude. Salud a ti, cada vez que canta el gallo galo. ¡Ah! No tendré más deseos: él se ha hecho cargo de mi vida. Este encanto ha tomado alma y cuerpo, dispersando los esfuerzos. ¡Oh estaciones, oh castillos! La hora de su huida, ¡ay! será la de óbito. ¡Oh estaciones, oh castillos! Pasó todo aquello. Hoy sé saludar a la belleza. El imposible ¡Ah! La vida de mi infancia, la carretera general en todo tiempo, sobrenaturalmente sobrio, más desinteresado que el mejor de los mendigos, orgulloso de no tener ni país ni amigos, qué tontería era. - ¡Y hasta ahora no me he dado cuenta! - Tuve razón cuando despreciaba a los individuos que no dejarían escapar la oportunidad de una caricia, parásitos de la limpieza y de la salud de nuestras mujeres, hoy que ellas están tan poco de acuerdo con nosotros. Tuve razón en todos mis desdenes: ¡la prueba es que me evado! ¡Me evado! Me explico. Aún ayer, suspiraba: "¡Cielos! ¡No somos pocos los condenados, aquí abajo! ¡Y cuánto tiempo lleva ya en sus filas! Los conozco a todos. Nos reconocemos siempre; nos damos asco. La claridad nos es desconocida. Pero somos corteses: nuestras relaciones con el mundo son muy correctas." ¿Hay de qué sorprenderse? ¡El mundo, los mercaderes, los ingenuos! - Nosotros no estamos deshonrados. - Pero, ¿cómo nos recibirían los elegidos? Y hay gentes ariscas y alegres, falsos elegidos, puesto que necesitamos audacia o humildad para abordarlos. Son los únicos elegidos. ¡No prodigan sus bendiciones! Habiéndome encontrado dos perras de razón - ¡poco van a durar! - veo que mis desazones provienen de no haberme figurado antes que estamos en Occidente. ¡Las marismas occidentales! No es que considere la luz alterada, la forma agotada, el movimiento extraviado… ¡Bueno! He aquí que mi espíritu desea absolutamente hacerse cargo de todos los desenvolvimientos crueles que ha experimentado el espíritu desde el fin del Oriente… ¡Los quiere para sí, mi espíritu! … ¡Se acabaron mis dos perras de razón! - El espíritu es autoridad, me manda estar en Occidente. Habría que hacerlo callar para concluir como yo querría. Enviaba al diablo las palmas de los mártires, los resplandores del arte, el orgullo de los inventores, el ardor de los saqueadores; regresaba al Oriente y a la sabiduría primordial y eterna. - ¡Lo cual, al parecer, es un sueño de burda pereza! No obstante, apenas si me pasaba por la cabeza el placer de escapar de los modernos sufrimientos. No tenía a la vista la bastarda sabiduría del Corán. - Pero ¿no hay un suplicio real en el hecho de que, a partir de la declaración de la ciencia, del cristianismo, el hombre se interprete, se pruebe las evidencias, se engría con el placer de repetir las pruebas, y sólo viva así? tortura sutil, boba; fuente de mis divagaciones espirituales. ¡La naturaleza podría aburrirse, tal vez! El señor Prudhomme nació con Cristo. ¡Será porque cultivamos la bruma! Comemos fiebre con nuestras legumbres aguadas. ¡Y la embriaguez! ¡Y el tabaco! ¡Y la ignorancia! ¡Y las entregas! - ¿No queda todo ello bastante alejado del pensamiento de la sabiduría del Orienta, la patria primitiva? ¿Por qué un mundo moderno, si tales venenos se inventan? Las gentes de Iglesia dirán: Comprendido. A lo que usted se refiere es al Edén. No hay nada que le concierna en la historia de los pueblos orientales. - Es verdad; ¡en el Edén pensaba! ¡Qué sueño ese, el de la pureza de las razas antiguas! Los filósofos: El mundo no tiene edad. La humanidad se desplaza, simplemente. Está usted en Occidente, pero nada le impide habitar su propio Oriente, tan antiguo como le haga falta, - y habitarlo bien. No sea usted un derrotado. Filósofos, sois de vuestro Occidente. Espíritu mío, ten cuidado. Sin violentas posturas de salvación. ¡Ejercítate! - ¡Ah! ¡La ciencia no va suficientemente de prisa para nosotros! - Pero me doy cuenta de que mi espíritu está durmiendo. Si se mantuviera siempre muy despierto, a partir de este momento, pronto estaríamos en la verdad, ¡que acaso nos rodee con sus ángeles llorando!… - Si se hubiese mantenido despierto hasta ese momento, ¡sería por no haber cedido yo a los instintos deletéreos, en época inmemorial!… Si siempre se hubiera mantenido muy despierto, ¡yo navegaría ahora en la plena sabiduría!… ¡Oh pureza, pureza! ¡Es el minuto de vigilia quien me ha otorgado la contemplación de la pureza! - ¡Por el espíritu se va hacia Dios! ¡Desgarrador infortunio! El relámpago ¡El trabajo humano! Es la explosión que ilumina mi abismo de vez en cuando. "Nada es vanidad; ¡a la ciencia, adelante!", grita el Eclesiastés moderno, es decir Todo el mundo. Y sin embargo los cadáveres de los malvados y de los holgazanes caen sobre el corazón de los demás… ¡Ah! De prisa, un poco de prisa; allí, más allá de la noche, las recompensas futuras, eternas… ¿las escapamos?… - ¿Qué puedo hacer yo? Conozco el trabajo; y la ciencia es demasiado lenta. Que galope la plegaria y que ruja la luz… Lo veo bien. Es demasiado sencillo, y hace demasiado calor; se las compondrán sin mí. Tengo un deber, estaré orgulloso de él como muchos hacen, poniéndolo aparte. Mi vida está gastada. ¡Adelante! Finjamos, holgazaneemos, ¡oh piedad! Y existiremos divirtiéndonos, soñando amores monstruos y universos fantásticos, quejándonos y atacando las apariencias del mundo, saltimbanco, mendigo, artista, bandolero, - ¡sacerdote! En mi cama de hospital, el olor a incienso me volvió con tanta intensidad; guardián de los aromas sagrados, confesor, mártir… Veo en esto mi sucia educación infantil. ¡Y qué!… Andar mis veinte años, si los demás los andan… ¡No! ¡No! ¡Ahora me rebelo contra la muerte! El trabajo le parece demasiado ligero a mi orgullo: mi traición al mundo sería un suplicio demasiado corto. En el último momento, atacaría a diestra y siniestra. Entonces, -¡oh!- pobre alma mía, ¡no tendríamos perdida la eternidad! Mañana ¿No tuve una vez una juventud amable, heroica, fabulosa, digna de escribirse en hojas de oro? - ¡Demasiada suerte! ¿Por qué crimen, por qué error, he merecido mi debilidad actual? Vosotros, quienes pretendéis que los animales sollocen de pena, que los enfermos se desesperen, que los cadáveres tengan malos sueños, tratad de contar mi caída y mi dormir. Yo ya no logro explicarme mejor que el mendigo con sus Pater y Ave Maria. ¡Ya no sé hablar! Sin embargo, hoy, creo haber terminado la crónica de mi infierno. Era, en efecto, el infierno; el antiguo, aquel cuyas puertas abrió el hijo del hombre. Desde el mismo desierto, en la misma noche, siempre se despiertan mis ojos cansados bajo la estrella de plata, siempre, sin que se conmuevan los Reyes de la vida, los tres magos, el corazón, el alma, el espíritu. ¡ Cuándo iremos más allá de las playas y de los montes, a saludar el nacimiento del trabajo nuevo, la sabiduría nueva, la huida de los tiranos y de los demonios, el fin de la superstición, a adorar -¡antes que nadie!-la Natividad en la tierra! ¡El canto de los cielos, la marcha de los pueblos! Esclavos: no maldigamos la vida. Adiós ¡Otoño ya! - Pero ¿por qué añorar un eterno sol, estando comprometidos en el descubrimiento de la claridad divina, -lejos de las gentes que mueren con las estaciones? Otoño. Nuestra barca alzada en las brumas inmóviles gira hacia el puerto de la miseria, la ciudad enorme con el cielo manchado de fuego y de lodo. ¡Ah! ¡Los harapos podridos, el pan empapado de lluvia, la embriaguez, los mil amores que me crucificaron! ¡Nunca, pues, se acabará esta vampira reina de millones de almas y de cuerpos muertos y que han de ser juzgados! Me veo de nuevo con la piel roída por el fango y la peste, llenos de gusanos el pelo y las axilas y con gusanos todavía más gruesos en el corazón, tumbado entre los desconocidos sin edad, sin sentimientos… Habría podido morir allí… ¡Horrorosa evocación! Abomino de la miseria. ¡Y me asusta el invierno, porque es la estación de la comodidad! - A veces veo, en el cielo, playas sin fin, cubiertas de blancas naciones alegres. Un gran bajel de oro, por encima de mí, agita sus banderolas multicolores a las brisas de la mañana. He creado todas las fiestas, todos los triunfos, todos los dramas. He tratado de inventar nuevas flores, nuevos astros, nuevas carnes, nuevas lenguas. He creído adquirir poderes sobrenaturales. Pues bien, ¡tengo que enterrar mi imaginación y mis recuerdos! ¡Una hermosa gloria de artista y narrador, echada a perder! ¡Yo! ¡Yo, que me dije mago o ángel, dispensado de toda moral, he sido devuelto al suelo, con un deber por encontrar y con la rugosa realidad por abrazar. ¡Campesino! ¿Me equivoco? ¿Será la caridad hermana de la muerte, para mí? En fin, pediré perdón por haberme alimentado de mentira. Y adelante. Pero ¡ni una sola mano amiga! Y ¿dónde hallar socorro? Sí, la hora nueva es por lo menos muy severa. Porque puedo decir que la victoria me ha sido otorgada: el crujir de dientes, el chisporroteo del fuego, los suspiros apestados, van moderándose. Todos los recuerdos inmundos se borran. Mis últimas añoranzas levanta el vuelo, - celos de los mendigos, de los bribones, de los amigos de la muerte, de los rezagados de toda índole. - Condenados, ¡si yo me vengara! Hay que ser absolutamente moderno. Sin cánticos: mantener el terreno ganado. ¡Dura noche! La sangre seca me humea en el rostro, y dentro de mí no tengo sino ese horrible arbolillo… El combate espiritual es tan brutal como la batalla de los hombres; pero la contemplación de la justicia es poder exclusivo de Dios. Es, no obstante, la víspera. Acojamos todos los influjos de vigor y de ternura auténtica. Y cuando llegue la aurora, armados de una ardiente paciencia, entremos en las espléndidas ciudades. ¡Qué decía de mano amiga! Una buena ventaja es que puedo reírme de los viejos amores engañosos, y cubrir de bochorno a las parejas embusteras, - he visto, allá abajo, el infierno de las mujeres; - y me será lícito poseer la verdad en un alma y un cuerpo.

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