NicolasBocaJrs
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Batalla de Montecassino La Batalla de Montecassino (también conocida como la Batalla por Roma y la Batalla por Cassino) fue una serie de cuatro duras batallas durante la Segunda Guerra Mundial, peleadas por los Aliados con la intención de atravesar la línea Gustav, y tomar Roma. A comienzos de 1944 la parte oeste de la Línea Gustav, cuyo pivote principal se situaba en las escarpadas pendientes de Monte Cassino, estaba sostenida por los alemanes que tenían posiciones en los valles de el Rápido, Liri y Garigliano y algunos picos y peñascos cercanos, aunque no en la histórica abadía de Montecassino, fundada en el año 524 por San Benito, aunque sí contaban con posiciones de defensa en las escarpadas pendientes por debajo de las paredes de la abadía. El 15 de febrero el monasterio, que estaba emplazado sobre un morro sobre el pueblo de Cassino, fue destruido por bombardeos de aviones americanos B-17, B-25, y B-26. Dos días después del bombardeo, paracaidistas alemanes se atrincheran entre las ruinas para defenderlas. Entre el 17 de enero al 18 de mayo, la colina fue atacada cuatro veces por las tropas aliadas, estas acciones ocasionaron la muerte de 54.000 soldados aliados y 20.000 soldados alemanes. El Comienzo El primer ataque se inició el 4 de enero de 1944, con resultados adversos para las tropas aliadas. El 15 de febrero los bombarderos aliados destruyeron el monasterio e iniciaron el segundo ataque con el mismo resultado. Después de bombardear de nuevo lo que quedaba del edificio religioso, la infantería aliada reinició el ataque el 15 de marzo. El 25 de marzo los aliados reconocieron su momentánea derrota y desistieron. Las bajas aliadas totales fueron de 54.000 hombres, sin resultados positivos. La decisión de bombardear el monasterio fue tomada por el Comandante neozelandés Bernard Freyberg, sin embargo, antes pidió permiso al Papa Pío XII, que aceptó. El mismo día los B-17 arrojaron 2.500 toneladas de bombas sobre el monasterio, inmediatamente los alemanes utilizaron los escombros para fortificar su línea defensiva. Antes de la contienda, la irreemplazable biblioteca de la abadía fue enviada a Roma y sobrevivió a la batalla. Impacientes por alcanzar Roma, los aliados organizaron un desembarco en Anzio y Nettuno, al sur de la capital, intentando dejar a sus espaldas a Montecassino, sin embargo la resistencia que encontraron fue mayor de la esperada, y las tropas aliadas quedaron atrapadas en un bolsillo, resistiendo la presión alemana en un episodio que luego se conoció como la Batalla de Anzio. Cuarto ataque El último ataque contra Montecassino fue llevado a cabo por el Segundo Cuerpo Polaco y la Cuarta División India. Un miembro de esta última división recibió la «Victoria Cross», por su ayuda en capturar la artillería enemiga. El primer asalto (11 de mayo al 12 de mayo) causó enormes bajas aliadas, pero el Octavo Ejército Británico logró atravesar las líneas enemigas, logrando alcanzar el valle del Liri, justo debajo del monasterio. El segundo asalto (17 de mayo - 19 de mayo) causó enormes bajas en las filas polacas, pero la Cuarta División de Marruecos logró empujar a la Primera División de Paracaidistas alemanes fuera de sus posiciones en las colinas, que rindieron las ruinas del monasterio. En la mañana del 18 de mayo, la vanguardia polaca ocupó el monasterio, que ya había sido abandonado. La captura de Montecassino permitió el avance aliado a Roma y liberó a las tropas atrapadas en Anzio, la capital italiana cayó el 4 de junio de 1944. El gobierno polaco en exilio creó una condecoración llamada Cruz de Montecassino para premiar a los soldados que participaron en esta campaña, además un cementerio polaco fue construido al noreste del monasterio. En 1943 cuando el Mando Aliado decidió atacar la Línea Gustav alemana para abrirse camino hacia el norte de la Península Italiana, hacia Roma. Para obligar a los defensores de la línea a abandonar sus posiciones, se planeó un desembarco detrás de dichas posiciones, en Anzio. Los generales aliados Alexander y Clark se enfrentaban a Kesselring, quien estaba haciendo un extraordinario trabajo en la defensa de Italia, conteniendo y retrasando el avance enemigo en inferioridad numérica y bajo total superioridad aérea y naval enemiga. La idea era desembarcar varias divisiones en Anzio a espaldas de la Línea Gustav de forma que obligara a levantar la línea y retroceder hacia Roma. El desembarco se haría en forma simultanea con un masivo ataque frontal a la Línea intentando la Commonwealth, los franceses, los polacos y los norteamericanos abrirse camino hacia el valle del Liri, y una vez en el Liri, hasta Roma. Cassino era un pequeño pueblo italiano a orillas del Río Rápido en el centro de la Línea Gustavo, en una zona montañosa, coronado por un monte en donde se erguía una abadía y monasterio benedictino, del siglo VI. Curiosamente, el monasterio no estaba ocupado por tropas alemanas. Las únicas unidades alemanas que cerraban el paso al Liri en Cassino se hallaban desplegadas en el pueblo, al haberse acordado por el mando germano que el monasterio era un monumento histórico y no debía ser convertido en fortaleza. Fue un error de apreciación aliado el que convirtió Monte Cassino en una fortaleza. Convencidos de que los alemanes habían fortificado el monasterio, lanzaron un terrorífico ataque aéreo sobre el mismo el 15 de febrero de 1944. En sus edificios, los únicos ocupantes eran monjes y civiles de Cassino que habían acudido a refugiarse en aquel santo lugar. (Esto no fue reconocido como un tremendo error por Estados Unidos hasta 1969). El ataque consistió de ocho oleadas sucesivas, con 240 bombarderos lanzando casi 600 toneladas de alto explosivo sobre la abadía. Todos los edificios quedaron destruidos, y el lugar lleno de hoyos y cráteres. Hasta el 11 de febrero, las tropas que defendían Cassino no eran paracaidistas, sino panzergranaderos de la 15ª división de la Wehrmacht. Ocupaban esas posiciones desde diciembre de 1943, y no tenían intención de entregarlas a sus enemigos. Cuando se habla de Cassino todo el mundo recuerda la defensa llevada a cabo por los paracaidistas, pero sólo algunos saben que la primera fase de la defensa del área fue llevada a cabo por panzergrenadiers con notable éxito. El 20 de enero de 1944, Clark ordenó que la 36ª División de infantería norteamericana junto a elementos de la Guardia Nacional de Texas, intentaran cruzar el Río Rápido. Clark había asumido que habría pérdidas elevadas, pero nadie imaginaba la carnicería que se produjo. Durante horas, la artillería estadounidense y su aviación táctica castigaron las posiciones de la 15ª Panzergrenadier (que además estaba incompleta porque algunos de sus elementos habían sido llamados como refuerzos en otros sectores del frente). Confiados en que el castigo habría sido terrible para los defensores, los infantes dejaron sus posiciones y comenzaron a preparar el cruce del Río con lanchas de asalto. Cuando buena parte de las tropas norteamericanas estaban en esta tarea, los panzergrenadiers, que habían sabido cobijarse durante los bombardeos, abrieron fuego con armas automáticas y morteros. En pocos minutos, en la orilla sur del Rápido se amontonaban los muertos y heridos norteamericanos. Fue una carnicería tal, que sin ni siquiera haber alcanzado los puntos de cruce y abordado sus botes, los asaltantes ya sufrían un 25% de bajas. (mas de 500 muertos) Sólo unos pocos pelotones y compañías incompletas alcanzaron la orilla norte, pero una vez allí, quedaron aisladas buscando cobijo desesperadamente ante el aluvión de fuego que se les venía encima y no pudieron consolidar la cabeza de puente. A pesar de las terribles pérdidas, el General Clark ordenó volver a intentar el cruce, asumiendo que los defensores alemanes también habrían sufrido pérdidas difíciles de reponer y ordenó un segundo intento de cruce la noche del día 21 al 22 de enero. Amparados por la oscuridad, a pesar de las terribles bajas, un batallón completo consiguió alcanzar la orilla enemiga y tender dos puentes, pero los alemanes, dándose cuenta de que con los puentes operativos llegarían rápidamente refuerzos y perderían sus posiciones contraatacaron en mitad de la noche. Apoyados por cañones bien atrincherados que disparaban directamente contra las posiciones estimadas enemigas, los granaderos pulverizaron a los estadounidenses. Fue tal la matanza que del batallón, sólo sobrevivieron algunas compañías incompletas que para salvar la vida tuvieron que retroceder nuevamente hasta la orilla sur abandonando los puentes y el material. La 15ª Panzergrenadier fue interrogada por el general Frido von Senger en relación a cuál era la situación y si podrían resistir el ataque enemigo. La respuesta fue: "Los destacamentos de asalto del enemigo que cruzaron el río han sido aniquilados". El Congreso de los Estados Unidos ordenó una investigación de lo sucedido creándose una Comisión de Investigación poco después de terminar la guerra. Nuevo ataque de las tropas aliadas Para que vean la tozudez de Clark, nada más producirse el desastre de la 36ª División, el 24 de enero, el General Clark ordenó que el Rápido fuera cruzado de nuevo esta vez por la 34ª División, permitiendo reorganizarse a la 36ª. Se eligió una zona del río donde la poca profundidad facilitaría el cruce de los infantes y el material, al norte del pueblo de Cassino. La idea era tras cruzar el Rápido, dividirse la fuerza en dos grupos, uno que atacaría Cassino y otro que intentaría alcanzar las colinas que dan paso al valle del Liri. Para apoyar a los atacantes, los norteamericanos decidieron emplear carros de combate con la 34ª Div. Los alemanes, conocedores de que el enemigo intentaría cruzar el río, volaron una presa provocando un desbordamiento del río y convirtiendo ambas orillas en un lodazal. Cuando los carros junto con la infantería avanzaron hacia el río, veinte carros quedaron atrapados completamente en el barro y tuvieron que ser abandonados. A pesar de que esta vez se consiguió dominar parte de la orilla alemana, los grenadiers habían minado las laderas de las montañas que seguían al río, y construido varios puestos fortificados que se cobraron un fuerte peaje en vidas enemigas. Gracias al apoyo de los carros, los hombres de la 34ª Div. consiguieron alcanzar los arrabales de Cassino, pero allí fueron finalmente detenidos de nuevo por fuego concentrado de cañones anticarro y de ametralladoras. Esta situación duró casi una semana. A principios de febrero, un batallón americano alcanzó la colina 445, a sólo 360m de la abadía de Monte Cassino, pero nuevamente, los panzergrenadiers contraatacaron y les obligaron a abandonar la cima y replegarse. Los estadounidenses estaban exhaustos y habían perdido su empuje. Las pérdidas se acumulaban. Se decidió entonces que tropas coloniales francesas (excelentes soldados de montaña) que se encontraban a 3km al norte de la 34ª Div. intentaran unirse a ésta para presionar sobre los alemanes. Los franceses conquistaron Monte Belvedere, pero cuando les quedaba poco trecho para enlazar con los norteamericanos los grenadiers consiguieron detener su avance definitivamente. Las tropas alemanas estaban agotadas, y hay informes de que escaseaban los víveres y las municiones. En enero y febrero, hizo mucho frío y llovió abundantemente, y los soldados de ambos bandos estaban agotados. Reordenamiento El 11 de febrero se decidió finalmente cancelar la fracasada ofensiva, pero para entonces, las bajas aliadas alcanzaban la cifra de 4.200 estadounidenses y 2.500 franceses caídos en acción. A cambio, se había tomado Monte Belvedere y se había cruzado el Rápido pero sin haber conseguido avanzar más allá, ni alcanzar Cassino ni la abadía y mucho menos el valle del Liri. Es en este momento cuando los alemanes, orgullosos de su 15ª Pzgr.Div. decidieron reforzarlos con otra unidad de la que esperaban mucho: la 1ª Div. Fallschirmjäger. Los aliados, decidieron retirar la 34ª y 36ª Div. y la Guardia Nacional de Texas que estaban en un estado bastante precario y sustituirlas por unidades frescas de la Commonwealth, la 4ª Div. India y la 2ª Neozelandesa. Nos encontramos ahora en Cassino el 13-14 de febrero. Los veteranos paracaidistas alemanes se han desplegado en el pueblo y las laderas próximas pero tienen órdenes expresas de no ocupar la abadía y el monasterio para evitar que sean objetivos militares. Primer bombardeo aliado Los aliados, desconfiados, decidieron bombardear Monte Cassino el 15, lanzándose 600 toneladas de explosivo. En el lugar sólo se encontraban los monjes y civiles refugiados y heridos. Muchos de ellos murieron en el bombardeo. El día 15, tras el ataque, el General Senger dio por fin permiso a los paracaidistas para ocupar las ruinas de Monte Cassino y convertirlo en un segundo baluarte defensivo detrás del pueblo. Ahora era el turno de las tropas británicas y de la Commonwealth de demostrar si eran más capaces que sus aliados estadounidenses y conseguirían finalmente atravesar la Línea Gustav. Durante los días 16 y 17 de febrero, la 4ª Div. India lanzó varios valientes asaltos sobre Cassino y las colinas próximas. Las bajas fueron terribles. Si los panzergrenadiers habían demostrado no estar dispuestos a ceder ni un palmo de terreno y a contraatacar cuando fuera necesario, los fallschirmjäger eran todavía peores enemigos. Por poner un ejemplo, en el ataque a una de las colinas próximas al pueblo (cota 593), el batallón de los Royal Sussex perdió el 50% de sus hombres, lo cual es una auténtica barbaridad. Enviadas las mejores tropas de la Commonwealth, los fusileros de Rajputana y dos batallones de los temibles Gurkhas, tampoco consiguieron avanzar y las bajas fueron nuevamente escalofriantes. Sólo los maoríes consiguieron alcanzar el pueblo y tomar la estación de ferrocarril, pero por poco tiempo. El 18 de febrero, la ya fogueada 15ª Pz.Gr. lanzó un contraataque a cargo del 211ª Pz Gr Rg (Regimiento de Granaderos Panzer) junto con algunos cañones de asalto y expulsó a los maoríes del pueblo otra vez. A partir del 18, comenzó a nevar copiosamente y se detuvo el ataque británico, que además de no conseguir ningún avance, había supuesto ya centenares de muertos y heridos para sus unidades. Era evidente que los alemanes no estaban dispuestos a ceder y que contraatacarían cualquiera que fueran las circunstancias donde hiciera falta. Hasta el 15 de marzo no se reanudó el asalto aliado sobre Cassino, nuevamente encabezado por los británicos. Para aniquilar a los defensores del pueblo, se preparó la ofensiva con un bombardeo previo de 500 aviones que lanzaron sobre el pequeño casco urbano e inmediaciones, 1000 toneladas de explosivos. Por si esto fuera poco, la artillería lanzó otras 2.500 toneladas más de proyectiles. El suelo tembló en 10km a la redonda como si se tratase de un terremoto. No podía haber supervivientes. No quedó ni un solo edificio en pie y los cráteres se superponían unos a otros en un espectáculo dantesco, semejante al paisaje lunar. A estas alturas de la batalla, la 15ª PzGrDiv había sido relevada por los paracaidistas (y bien ganado se lo tenía esta fabulosa unidad). En Cassino, los defensores soportaron horas de bombardeo escondidos en sótanos y cloacas. Algunos quedaron enterrados en vida y desde luego, muchos otros murieron. El ataque que siguió al bombardeo lo llevaron a cabo neozelandeses, que incrédulos ante lo que veían sus ojos, comprobaron como los fallschirmjäger volvían a ocupar sus posiciones abriendo fuego con fusiles, ametralladoras y morteros contra ellos. El Hotel Excelsior fue uno de los lugares elegidos por los paracaidistas para resistir. Y finalmente, los neozelandeses, como antes norteamericanos, franceses, británicos e indios, tuvieron que retirarse y abandonar el pueblo. Durante nueve días y nueve noches, los paracaidistas diezmaron sies batallones neozelandeses, uno tras otro cada vez que pretendieron tomar la población. El batallón de Gurkhas de la división, consiguió trepar hasta una colina detrás del pueblo y ya cerca de la abadía, la Colina del Verdugo y otro batallón indio alcanzó la Colina del Castillo, también próxima. Pero los fallschirmjäger consiguieron aislarles allí y causarles bajas poco a poco, haciendo la situación insostenible. El día 23 de marzo, más de un mes después del inicio del asalto, el General Alexander ordenó abortar la ofensiva. Los Gurkhas y los indios aislados consiguieron retirarse de las colinas donde habían quedado aislados pero dejando un rastro de cadáveres en el camino. En esta ofensiva, la artillería aliada empleó 600.000 proyectiles, para no conseguir absolutamente nada. Sólo entre la Colina del Castillo y la estación de Cassino, se contabilizaron 2000 muertos propios. El General Alexander reconoció la talla de los paracaidistas alemanes enemigos con las siguientes palabras: "Es extraordinaria la tenacidad de estos paracaidistas alemanes. Estuvieron sometidos a toda la fuerza aérea del Mediterráneo bajo la mayor concentración de potencia de fuego que se ha visto jamás. Dudo que haya otras tropas en el mundo que hubiesen podido levantarse y seguir luchando con aquella ferocidad". Esto, con toda seguridad, incluía a sus propias tropas. El siguiente capítulo en esta sangrienta historia lo escribirían los polacos del II Cuerpo de Ejército, acérrimos y rencorosos rivales de los alemanes. Ni americanos, ni franceses, ni británicos, ni indios, ni neozelandeses, ni gurkhas, habían conseguido someter Cassino. El 11 de mayo, los polacos tras la habitual barrera artillera se lanzaron al ataque. Ocuparon una cresta a 1500 metros de la abadía (hacia el este) llamada Cresta Fantasma (cota 593). A pesar de las bajas acumuladas y del volumen de fuego, los paracaidistas organizaron un nuevo contraataque obligando al enemigo a (por enésima vez) abandonar su conquista, retrocediendo los polacos con gran número de bajas. Pero Cassino formaba parte de una línea defensiva, la Línea Gustav, y a pesar de la resistencia de la 1ª Div. Paracaidista, otras unidades de la Wehrmacht en otros sectores no pudieron resistir lo suficiente. Las 94ª y 71ª Divisiones de la Wehrmacht acabaron cediendo y los subsiguientes avances aliados pusieron en grave peligro de quedar cercados a los defensores de Cassino y del monasterio. El 17 de mayo, Kesselring ordenó, satisfecho y orgulloso, que la 1ª Div. abandonara sus posiciones. La evacuación se hizo de noche y en orden, aunque no pudieron cargar con los heridos. La mañana del día 18 de mayo, tropas polacas tomaron el pueblo y coronaron Monte Cassino sin oposición. Sólo encontraron cadáveres, heridos y dos médicos militares alemanes. Las bajas de los defensores alemanes fueron serias, pero recordad que resistieron asaltos sucesivos desde el 20 de enero hasta el 17 de mayo, casi cuatro meses. Que sobre ellos se lanzaron centenares de miles de toneladas de explosivos y que fueron atacados sucesivamente por dos divisiones estadounidenses, una francesa, una india, una neozelandesa y otra polaca consiguiendo imponerse en todos los casos. Conclusion: Habrá quien dirá que el terreno ayudaba enormemente a los defensores, y esto es cierto. Pero recordad que tanto los granaderos como los paracaidistas se distinguieron por sus exitosos contraataques a varias colinas y cimas desalojando a los defensores, cuando la naturaleza del terreno jugaba en su contra como atacantes. Y recordad que los aliados contaron en todo momento con superioridad aérea y un abrumador apoyo artillero cada vez que lo necesitaron. Por lo que debe destacarse el valor y coraje de soldados alemanes como aliados. El post es muy largo asique lo dividi en 4 , bueno es mi primer post y porfavor no insultar ahi pongo la porx parte

El Alamein Ubicacion El Alamein (o Al Alamayn) (en árabe: العلمين) es una ciudad al norte de Egipto en la costa del Mar Mediterráneo, situada a 106 km al oeste de Alejandría y 240 km al noroeste de El Cairo. Segunda Guerra Mundial En la Segunda Guerra Mundial se desarrollaron dos batallas entre esta ciudad egipcia y la Depresión de Quattara. Los británicos habían concentrado un gran número de tropas a lo largo de los 60 km desde la costa hasta la depresión, con lo que se formó un excelente cuello de botella que evitaba que el Afrika Korps ejerciera su maniobra envolvente favorita. El general británico Bernard Montgomery se lanzó con la luna llena de octubre de 1942 contra las tropas de Erwin Rommel, que no estaban bien abastecidas. Las líneas de abastecimiento italo-germanas se basaban en una única pista que recorría la costa de Libia y estaba sometida continuamente a bombardeos y sabotajes por los Aliados. Los convoyes italianos, que eran responsables del suministro, debían atravesar el Mediterráneo entre Tarento y la costa de Libia, donde los ingleses los atacaban desde la isla de Malta con escuadras aéreas. A esta isla no se le dio la suficiente importancia estratégica por parte del alto mando alemán, por lo que aunque se intentó capturar repetidas veces (y apunto estuvieron de conseguirlo), no se siguió en el empeño priorizando otros frentes. Esto tuvo como resultado un muy deficiente abastecimiento humano y material para los alemanes, ya que el dominio quedó en manos aliadas. Los alemanes contaban como espina dorsal de su ejército con 2 divisiones panzer, una entera y otra diezmada, y 2 divisiones acorazadas italianas, todas ellas mal abastecidas y con serios problemas de suministro. Los británicos, por su parte, recibían continuos refuerzos de tropas desde Australia y las colonias en Asia. Rommel intuyó, de forma certera, que el tiempo corría en su contra y decidió atacar primero, siendo detenido por las minas terrestres y la artillería inglesa. Pocos días después los británicos, aprovechando su superioridad numérica y viendo los escasos resultados del ataque de Rommel, lanzaron a sus mejores tropas, curiosamente las tropas del Imperio Británico (australianos y neozelandeses), empezando con un ataque desequilibrador al norte de la línea germana. Rommel intentó con sus reservas detener el impulso inglés, que estaba apoyado por la fuerza aérea del desierto y por un mayor número de blindados. Sin embargo, los regimientos panzer y las unidades de infantería alemanas fueron derrotados por la rapidez y superioridad del ataque de Montgomery. Los alemanes tuvieron que retirarse hacia el oeste para evitar ser aniquilados, dando esta orden Rommel a pesar de no obtener permiso de Hitler. De haber mantenido la posición, todas las unidades del Eje habrían sido destruidas. El encuentro decisivo fue el 4 de noviembre, cuando los blindados británicos abrieron huecos en las líneas alemanas. Los británicos interceptaron la pista de Rahman y tomaron el cuartel general alemán. Las tropas del Afrika Korps se encontraban desfallecidas por los escasos abastecimientos. Fue la batalla por la que el general Montgomery (Monty) fue ascendido, condecorado y ennoblecido a Primer Vizconde de El-Alamein. Mi segundo Post! Ahi pongo la parte 3

Batalla De Anzio Intro: La Batalla de Anzio fue parte de las operaciones militares de la Segunda Guerra Mundial y duró desde el 22 de enero de 1944 hasta el 24 de mayo del mismo año. La batalla se libró en los alrededores de las antiguas ciudades de Anzio y Nettuno, al desembarcar unos 40.000 soldados aliados como parte de la Operación Shingle. Comienzos... Cuando los aliados desembarcaron en Salerno, Italia en 1943, se creyó que los alemanes se replegarían al norte del país y se fortalecerían allí. La verdad fue que los alemanes se aferraron fuertemente a sus posiciones e hicieron muy lento el avance por la península. Desanimado, el general Eisenhower declaró que muchas vidas se perderían antes de poder llegar a Roma. No obstante, en octubre de 1943, se ideó un plan para llevar a cabo una operación anfibia a sólo 53 km al sur de Roma. Se planificó que, una semana antes del asalto, el Quinto Ejército lanzaría una ofensiva sobre la Línea Gustav en el área de Montecassino, derrotaría al Décimo Ejército Alemán y se encontraría con las tropas que habían desembarcado en Anzio para dirigirse a Roma. Al mismo tiempo, el Octavo Ejército Aliado atacarían el frente en el Adriático para evitar la movilización de otras fuerzas alemanas al lugar del desembarco. El 16 de enero de 1944, el Quinto Ejército atacó Montecassino, mas no pudo quebrar la línea; antes bien, el general Heinrich von Vietinghoff solicitó refuerzos y el Generalfeldmarschall Albert Kesselring envió varias divisiones Panzer desde Roma. El desembarco y primeros avances El 22 de enero de 1944, los aliados desembarcaron en las costas de Anzio y Nettuno en horas de la mañana. La invasión estaba bajo el mando del Major General John P. Lucas y se realizó de la siguiente manera: * La Primera División del Ejército Británico y el 46º Regimiento de Tanques Reales desembarcaron a 10 km al norte de Anzio. * La Tercera División del Ejército Americano desembarcó a 6 km al este de Anzio. * Los Batallones Primero, Tercero y Cuarto de los Rangers y el 509º Batallón de Paracaidistas norteamericanos asaltaron el puerto de Anzio. En el inicio se encontró poca resistencia y en el primer día se capturó a 200 alemanes, sufriendo los aliados tan sólo 13 muertos y 97 heridos. Los Rangers conquistaron Anzio y los paracaidistas Nettuno, mientras que en el norte y el sur se avanzó 4 y 5 km, respectivamente. Cuando Kesselring y el General de Brigada Siegfried Westphal se enteraron del exitoso desembarco, se prepararon para el inevitable avance hacia Roma, ya que no tenían suficientes fuerzas para detener al general Lucas. Sorprendentemente, éste no se aprovechó de la situación y detuvo su avance. Kesselring envió a miembros de la Cuarta División de Paracaidistas y la División Hermann Göring para defender el terreno entre Roma y Anzio. Por su parte, Hitler trajo tropas desde Yugoslavia, Francia y Alemania, además de las Divisiones Tercera de Panzers y la 71ª de Infantería. Al finalizar el cuarto día desde el desembarco se estaba cerrando un cerco alrededor de las tropas en Anzio. El cerco El contraataque alemán se dirigió primero contra la Primera División Británica en el norte entre el 3 y el 4 de febrero. Ésta estaba esperándolos y se retiró de manera ordenada, no sin oponer primero una férrea resistencia. Si bien perdieron mucho de lo que habían ganado, la retirada aliada no fue desorganizada y el general Lucas estableció como línea de resistencia el río Moletta en el norte y el Canal Mussolini en el sur, ordenando que a partir de allí ninguna tropa debía retroceder. El 16 de febrero, los alemanes continuaron su contraofensiva en el norte, en el camino a Albano, logrando hacer retroceder la línea 5 km. Sin embargo, los aliados la restauraron rápidamente, a costa de grandes pérdidas, ya que aproximadamente 5.133 soldados murieron o quedaron inhabilitados para combatir. Los alemanes también sufrieron muchas bajas, perdieron unos 5.389 hombres en cinco días. La imposibilidad de reemplazar las tropas obligó a los comandantes aliados a mantener ocupados a los 96.401 soldados aliados para repeler a los 120.000 alemanes que los rodeaban. El 29 de febrero, los alemanes intentaron reducir el cerco de nuevo, y esta vez se dirigieron contra la Tercera División norteamericana, en el sector Cisterna. El LXXVI Cuerpo Panzer, junto con varias Divisiones, atacó las defensas de la línea con la intención de llegar hasta Nettuno; sin embargo, los aliados ya habían anticipado esta maniobra, y el general Truscott, que acababa de reemplazar a Lucas, había reforzado la línea en aquel punto. La medianoche del 28 de febrero los alemanes iniciaron su ofensiva, pero el fuerte fuego de artillería aliado les limitó su avance. Durante los siguientes días, los aliados recibieron apoyo aéreo y la línea aliada no se movió, observando impotente el ejército alemán que, después de sufrir cuantiosas bajas en ambos bandos, los americanos conservaban sus posiciones. El 4 de marzo, el comandante alemán Mackensen comprendió que el asalto era extremadamente costoso e inútil. El último ataque alemán costó 3.500 vidas y 30 tanques, y sin embargo, el territorio ganado fue rápidamente recuperado por la Tercera División Americana. Desde entonces, los alemanes lucharon a la defensiva, lo mismo que los aliados. Durante tres meses ningún bando realizó otra acción más que defender sus respectivas posiciones. La ruptura del cerco (un bajon) El 28 de marzo, la 34ª División de Infantería reemplazó a una exhausta Tercera División en el frente de Cisterna; además unos 14.000 soldados de reemplazo llegaron a Anzio, y una División Armada norteamericana arribó también. Por último, el 22 de mayo la 36ª División de Infantería desembarcó, aumentando considerablemente el número de efectivos aliados. Finalmente, en la noche del 11 de mayo, el Quinto y el Octavo ejército lanzaron un ataque sobre la Línea Gustav. El ejército alemán, que había resistido tanto tiempo en Montecassino, se replegó tras una semana de duros combates con fuerzas polacas, francesas y americanas el 15 de mayo. Estas tropas se dirigieron velozmente a la zona de Anzio, arrollando todas las fuerzas enemigas que encontraban a su paso. El 5 de mayo se le dio la orden al general Truscott de romper el cerco en las zonas de Cisterna y de Velletri y de dirigirse a la autopista 6, para atrapar a los alemanes que estaban huyendo. Sin embargo, el general norteamericano Mark Wayne Clark le dijo a Truscott que al romper el cerco debía dirigirse rápidamente a Roma. Éste así lo hizo, ya que deseaba que fuera un ejército americano el primero que entrase en la capital de Italia, y no un ejército británico. El 23 de mayo, apoyada por fuerte artillería aliada, la infantería rompió el cerco entre Velletri y Cisterna. Este último pueblo fue cercado y los alemanes lo defendieron desesperadamente. La captura del pueblo dos días después costó a los norteamericanos 476 vidas, 2.321 heridos y 75 desaparecidos en combate. Finalmente, el 25 de mayo de 1944, a las 7:30 de la mañana, las tropas que habían roto el cerco se encontraron con las tropas del Quinto Ejército, casi cuatro meses después de lo planeado originalmente. El general Clark en persona felicitó a los combatientes. Se estima que en la última ofensiva aliada, hubo 4.000 bajas y se perdieron 100 vehículos armados, si bien por otro lado se capturaron 4.838 enemigos y se destruyeron 2.700 vehículos. El general Clark tomó algunas de las divisiones de Anzio y junto con el Quinto Ejército persiguió a los alemanes hasta Roma. Los norteamericanos llegaron a la capital italiana antes que los británicos, el 4 de junio de 1944. El 5 de mayo se le dio la orden al general Truscott de romper el cerco en las zonas de Cisterna y de Velletri y de dirigirse a la autopista 6, para atrapar a los alemanes que estaban huyendo. Sin embargo, el general norteamericano Mark Wayne Clark le dijo a Truscott que al romper el cerco debía dirigirse rápidamente a Roma. Éste así lo hizo, ya que deseaba que fuera un ejército americano el primero que entrase en la capital de Italia, y no un ejército británico.

Batalla de Salerno (Italia) Salerno, 8 de septiembre de 1943. Italia está en guerra desde hace 1.184 días; Italia cayó hace cuarenta y cinco días y hace cinco días fue conquistada la isla de Sicilia. Las Fuerzas Armadas aliadas han puesto el pie en el continente a través de Calabria. En Salerno, aquel día se produjo el enésimo bombardeo. Desde hacía varias semanas la ciudad se había convertido en un objetivo importante para la formación de bombarderos aliados. Las incursiones se sucedían a un ritmo infernal de día en día, de hora en hora, hasta el punto de que Salerno ya se había convertido en un montón de ruinas y la gente buscaba refugio en las galerías y en los refugios, llena de hambre y sin esperanza.Sin embargo, de repente, a las 19:45 horas de aquella tarde de septiembre, también en Salerno, entre las ruinas y en los refugios, se escuchó la voz del mariscal Badoglio que anunciaba el armisticio entre Italia y los aliados. ¿Había terminado la guerra? Muchos lo creyeron así y, como sucedió en otras provincias del país, la gente corría por las calles como loca. Pero la manifestación popular duró poco: una flota naval enorme apareció por el horizonte apuntando de forma amenazadora hacia el golfo de Salerno. A la alegría le sucedió el temor y el miedo, por lo que la gente volvió a esconderse en los refugios en espera de ver cómo se desarrollaban las siguientes horas.Las naves avistadas transportaban un fuerte contingente de tropas de desembarco que tenían como objetivo Salerno. Esta acción militar, llevada a cabo en coincidencia con la proclamación del armisticio, apenas fue advertida por los italianos, demasiado trastornados por los acontecimientos de aquel dramático día; y sin embargo, fue una acción muy importante que si hubiera estado mejor coordinada habría podido hacer que terminara la guerra mucho antes. Las cosas no fueron así: los alemanes, aunque cogidos por sorpresa, tuvieron suficiente tiempo para reaccionar y les faltó poco para conseguir devolver al mar a los aliados. ¿Por qué sucedió esto?Para responder a esta pregunta es necesario remontarse hacia atrás algunos meses, cuando Mussolini aún no había sido destituido. El 9 de julio de 1943, las fuerzas aliadas desembarcaron en Sicilia prácticamente sin sufrir pérdidas (en esta fecha, el 9 de julio, es cuando los historiadores marcan el comienzo de la campaña de Italia).En realidad, mientras las fuerzas de desembarco abrían con inesperada facilidad la cabeza de puente de la isla, el Alto Mando aliado aún no tenía un plan preciso sobre el futuro de la guerra. El desembarco de Sicilia fue el fruto de un fatigoso compromiso alcanzado con los aliados en la conferencia de Casablanca. Churchill quería que Sicilia fuera la base de operaciones de ataque a la fortaleza europea; sin embargo, Roosevelt, apremiado por Stalin, decidió terminar, con la ocupación de la isla, las operaciones militares en el Mediterráneo y movilizar el grueso de las fuerzas de desembarco hacia Manica, para preparar el desembarco de Normandía. Estas decisiones eran definitivas cuando el comandante supremo aliado, el general Eisenhower, viendo una rápida victoria en Sicilia, estudió por su propia cuenta el desembarco de Salerno.Hay que añadir que este desembarco fue preparado a comienzos de julio de 1943, cuando Italia aún se encontraba en guerra y ni siquiera contemplaba la eventualidad de una caída del fascismo, así como la solicitud por parte de Roma de una tregua.El Mando supremo aliado decidió proclamar la rendición italiana aquel mismo día, aunque en Roma se seguía tratando de convencer a los aliados para suspender las operaciones. Ninguno se preocupaba de dar órdenes precisas a las tropas ni de proponer un plan eficaz para hacer frente a los alemanes. De repente, a las 18:00 horas, el rey convocó el Consejo de la corona para notificar la proclamación del armisticio: en la discusión que siguió, el general Carboni manifestó su deseo de retrasar el armisticio con la intención de ganar el tiempo necesario para preparar la defensa de Roma. El Ministro de Exteriores, Guariglia, y el coronel Marchesi, subrayaron que en el mismo momento en el que radio Argelia dió la noticia, cualquier duda debilitaría la confianza de los aliados. Incluso el rey Vittorio Emanuelle III estaba de acuerdo con ellos. Una hora más tarde, a las 19:45, Badoglio leyó el mensaje por la radio. Esa misma tarde, los medios de desembarco aliados entraron en el golfo de Salerno.La orden de operación preveía desembarcos al norte y al sur del río Sele. Los comandos británicos tenían que conquistar la zona norte, ocupar el aeropuerto de Montecorvino, Battipaglia y las poblaciones que conducen a Nápoles. Los rangers americanos tenían que desembarcar al sur del Sele y apoderarse de las carreteras principales para establecer el contacto con las tropas de Montgomery, que se dirigían hacia Calabria. En el momento del desembarco, los primeros soldados aliados tomaron tierra con relativa facilidad, aunque, poco más tarde, la reacción alemana se desencadenó violentamente. Mientras las bengalas con paracaídas iluminaban la zona de desembarco, todas las posiciones costeras de defensa abrían fuego contra las fuerzas de desembarco que se aproximaban hacia la playa. Pocas horas antes del desembarco, a las 14:00 horas, el Cuartel General del mariscal Kesselring, en Frascati, había sido completamente destruido por una incursión aérea. Dicho bombardeo, que formaba parte de los planes de la operación aliada, quitó durante un tiempo el mando a las tropas alemanas que se encontraban en el sur de Italia. El mismo Kesselring se quedó completamente aislado durante algunas horas. Sólo más tarde, cuando consiguió ponerse en contacto con Berlín, apareció la noticia de la capitulación de ltalia.Los alemanes, y entre ellos sobre todo el general Rommel, se habían resignado a perder una parte de Italia, la parte meridional, más expuesta a posibles desembarcos y a concentraciones en la línea de defensa que la organización Todt comenzó a construir entre La Spezia y Rimini. Kesselring, que operaba en el frente sur, no se rindió. La noche entre el 8 y el 9 de septiembre, jugó todas sus cartas para demostrar a Hitler que sus ejércitos todavía eran capaces de controlar la situación y mantener el control de aquella parte de la península que Rommel ya había dado por perdida. Sostuvo esta decisión manteniendo que era indispensable impedir a los aliados conquistar los aeropuertos del sur de Italia para evitar que la Alemania meridional entrara en el radio de acción de las formaciones aéreas aliadas. Kesselring ordenó a las tropas que se concentraran en los alrededores de Roma. Deseaba eliminar lo más rápidamente posible cualquier resistencia italiana para verse libre y descargar todas sus fuerzas contra las tropas de desembarco aliadas que habían entrado en el golfo de Salerno. Sin embargo, las tropas italianas, a pesar de la confusión y de la falta de órdenes precisas, reaccionaron al ataque alemán.La noche entre el 8 y el 9 de septiembre se combatió en los alrededores de Roma, sobre todo en la vía Magliana y a ocho kilómetros de la vía Ostiense. Muchos de los encuentros se produjeron durante el día 9 de septiembre. La división Ariete, formada en Cassia, resistió un duro ataque en la zona de Monterosi. La división Piave combatió en Monterotondo y en Mentana, obligando a la rendición a un batallón de paracaidistas alemanes. Sin embargo, la resistencia esporádica de los italianos, ni bien coordinada ni apoyada ante la llegada de las tropas aliadas, estaba destinada a enfrentarse contra el avance de los panzer alemanes. El día 10, la acción alemana se hizo más violenta. Porta San Paolo se hizo el centro de la última resistencia encarnizada. En los combates participaron también los civiles, a los cuales se les repartieron armas. Al finalizar el día, los últimos baluartes fueron destruidos.En Salerno, mientras tanto, durante las primeras 48 horas que siguieron al desembarco, los aliados consiguieron cambiar la situación de las defensas alemanas y orientarse hacia el interior. La resistencia alemana era débil, por lo que el general Clark pudo sentirse satisfecho: las naves lograron descargar carros armados y vehículos motorizados permitiendo que los refuerzos afluyeran regularmente en la playa. La artillería alemana se quedó muda y la Luftwaffe parecía que había desaparecido. Prosiguiendo con el avance, los aliados ocuparon el aeropuerto de Montecorvino y reactivaron las pistas. La batalla parecía ya vencida ya que los alemanes se retiraban o se rendían. Tres días después del desembarco, los aliados controlaban una cabeza de puente de cien kilómetros de longitud y diez de profundidad. Sin embargo, de repente, la situación sufrió un dramático cambió: los alemanes desencadenaron el contraataque. Tropas frescas y bien armadas atacaron por sorpresa el sector norte derribando las defensas de los comandos británicos. Pocas horas después, el contraataque se extendió a todo el arco del frente. Las tropas alemanas que llegaron como refuerzo eran las divisiones de Kesselring que se encontraban retenidas en Roma: una vez asegurado el control de la capital italiana, pudo lanzarse contra las tropas aliadas. En contraste con Rommel y con el Mando Supremo que seguían negándole refuerzos ya que consideraban perdida la situación en Italia, intentó dar la vuelta a la situación. El plan era el siguiente: empujar a los aliados hacia el mar antes de que éstos pudieran unirse a las tropas de Montgomery, que empezaba a marchar desde Calabria. Ante las fuerzas alemanes, la formación anglo-americana vaciló. La retirada fue general. Los alemanes reconquistaron posiciones estratégicas importantes, como Battipaglia y Altavilla, y avanzaron hacia el centro de la cabeza de puente aliada en donde se abría la peligrosa brecha trazada por el río Sele, que dividía el cuerpo británico del americano. En campo aliado se registraron tremendas desbandadas. La situación se hizo desesperada para los aliados. El general Clark, que había perdido su optimismo, pidió insistentemente que le enviaran refuerzos. Para contrastar el avance alemán se decidió utilizar la división de paracaidistas Airbone: eran los paracaidistas americanos que habrían tenido que lanzarse sobre Roma el 8 de septiembre, pero que se quedaron retenidos en el aeropuerto de Licata; ahora se lanzaban sobre la retaguardia con la intención de golpear y desorganizar los movimientos del enemigo. Sin embargo, ni siquiera su intervención modificó la situación. Los alemanes siguieron victoriosos su marcha. Para conseguir el éxito total era necesario que intervinieran las dos divisiones acorazadas que se encontraban al norte con Rommel. Kesselring lo pidió insistentemente, pero le fue denegado. En el aire se presentía la sensación de que se iba a repetir lo ocurrido en Dunkerque, a pesar de que en sus Memorias, el general Clark niega haber pensado en aquel momento en reembarcar sus tropas.El mariscal Alexander, comandante en jefe de las fuerzas británicas, decidió resolver la situación solicitando la intervención directa en la batalla de la escuadra naval; ésta, el 14 de septiembre abandonó la isla de Malta y se dirigió hacia Salerno. Al mismo tiempo, algunos bombarderos pesados se lanzaron sobre la costa de Salerno creando ruinas y destrucción en la retaguardia alemana. Para los fines de la batalla era decisivo el bombardeo naval. Acercándose al límite de la costa, los barcos realizaron la misión que normalmente desempeña la artillería. Sus bombas destruyeron las posiciones alemanas junto con zonas enteras de población civil.El 16 de septiembre, la carretera de Nápoles estaba prácticamente abierta para los anglo-americanos. Hay que decir, sin embargo, que si el desembarco de Salerno fue un éxito desde el punto de vista militar, políticamente y estratégicamente no alcanzó los objetivos que se había prefijado: la inmediata liberación de Nápoles y el rápido avance sobre Roma. Para liberar Roma se necesitaron todavía nueve meses y para recorrer los 54 kilómetros que separan Salerno de Nápoles, 22 días: los días de la insurrección popular de los napolitanos.