N

NicknameMasLargo

Usuario (Argentina)

Primer post: 24 mar 2012Último post: 24 mar 2012
1
Posts
3
Puntos totales
0
Comentarios
La Posta sobre de las Fuerza Aerea en la Guerra de Malvinas
La Posta sobre de las Fuerza Aerea en la Guerra de Malvinas
Ciencia EducacionporAnónimo3/24/2012

Poder Aereo Argentino en las Guerras de las Malvinas Un analisis operacional, por Dr. James S. Corum Traduccion al Español: @NicknameMasLargo Resumen editorial: Los guerreros del aire pueden aprender importantes lecciones de las Guerras de las Malvinas. Por ejemplo, la experiencia británica demostró la importancia de tener sistemas de deteccion tempranas de largo alcance, mientras que los exitosos ataques argentinos con misiles Exocets revelaron los peligros de los misiles antibuques. La Fuerza Aérea Argentina estaba en una situación desventajosa pero actuaron sorprendentemente bien. Aunque la mayor parte del gobierno argentino y altos jefes militares nos demostraron cómo no se debe hacer la guerra, los aviadores argentinos exhibieron impresionantes competencias y valentía en los niveles operacionales y tácticos de la guerra. LAS GUERRA DE LAS MALVINAS de 1982 es especialmente notable para los pilotos. La batalla decisiva que determinó el destino de las islas fue luchado en el aire. De hecho, la guerra en tierra fue en su mayoría un evento secundario. Si la marina real (Royal Navy) no hubiera podido repeler los ataques aéreos argentinos protegiendo sus flotas, los británicos no hubieran podido desembarcar en las islas en primer lugar. Sin el soporte aéreo de largo alcance desde tierra firme argentina para soportar a la gran guarnición emplazadas en las islas, esas fuerzas en tierra hubieran sido cortadas y forzadas a rendirse a pesar de cualquier éxito que hubieran podido tener en el campo de batalla. La Guerra de las Malvinas enfrentó a dos fuerzas aéreas y navales modernas. De hecho, la Fuerza Aérea Argentina era clasificada como el mejor de toda Sudamérica. La guerra, la primera guerra en más de un siglo, representó una gran oportunidad como para acaparar la atencón como una potencia militar seria. Es de destacar que las unidades aéreas argentinas fueron las más afectados durante la guerra de seis semanas, causando graves daños y pérdidas a las fuerzas del Reino Unido (UK), la cual contrasta con las pérdidas insignificantes que tuvieron las unidades británicas ante el gran ejército argentino desplegado en tierra. Este artículo examina la efectividad táctica y operacional de las unidades aéreas argentinos en la Guerra de las Malvinas. Varios asuntos serán tratados, incluso el efecto que la tuvo las decisiones estratégicas de la junta militar en las operaciones aéreas; los problemas del comando militar en el nivel operacional; y el efecto que tuvo el entrenamiento, equipamiento y organizacion pre-guerra en las operaciones de combate. FASE UNO: Argentina Ocupa las Malvinas, y su Fuerza Aérea Se prepara para la Guerra, Abril 2–30 El acto de enviar una fuerza militar para ocupar las islas Malvinas el 1ero de Abril de 1982 fue aparentemente una decisión impulsiva del fragor del momento tomada por la junta militar gobernante de la argentina. The Malvinas had been a festering problem ever since Britain had illegally seized the islands in the 1830s. Las Malvinas habían sido un problema supurante desde que Gran Bretaña se había apoderado ilegalmente de las islas en la década de 1830. Negociaciones entre Argentina y Gran Bretaña estaban en progreso. Sin embargo, la Junta temía que Gran Bretaña enviaría una guarnición militar a las islas después de un incidente con un barco pesquero argentino en el también disputadas islas de Georgia del Sur. Al ver una oportunidad para actuar antes que los británicos, una fuerza considerable fue enviada hacia las Malvinas. La Junta ordenó la ocupación en marzo de 1982. El viernes 2 de abril de 1982, 500 soldados argentinos aterrizaron y rápidamente capturaron la guarnición de 84 hombres de la Infantería de Marina Real (Royal Marines) en Puerto Stanley, que de inmediato llamarse Puerto Argentino. Con esto la Junta esperó la apertura de las negociaciones que permitiría a Gran Bretaña la oportunidad de ceder la soberanía de las islas. Las Malvinas eran una pequeña colonia con una población de apenas 2000 recios pastores. Era, francamente, una desventaja estratégica y soportar la colonia sería una carga impositiva para los contribuyentes británicos. Para la sorpresa de la Junta, el Reino Unido respondió con un ultimátum para un retiro inmediato de las fuerzas argentinas de las islas, y esto fue acompañado con una clara amenaza de guerra. Cuando la Argentina rechazó las demandas de la Primera Ministra Margaret Thatcher, el gobierno británico simplemente anunció que las islas serías retomadas por la fuerza y comenzó una movilización de gran escala para organizar las fuerzas navales y las fuerzas de tierra para invadir las Malvinas. Figura 1. Sitios de actividades operacionales durante la Guerra de las Malvinas. El gobierno argentino, aunque liderado por soldados profesionales, había planeado la ocupación como un acto político para obtener más poder de negociacion diplomática -no como un acto de guerra. De hecho, la Junta estaba tan segura que Gran Bretaña aceptaría esta acción dándolo como un hecho, que no habían hecho planes, ni preparaciones especiales para repeler una fuerza especial británica y defender las islas. Ahora que el poderosa fuerzas de ataque británicas estaban siendo reunidas y las cuales se anticipaba su arribo en tres o cuatro semanas, las fuerzas armadas argentinas tuvieron que improvisar una fuerza y un plan de defensa para las Malvinas. Era verdaderamente una guerra "sin querer queriendo". Estructura del Mando Frente a la guerra, la Junta estableció un complicado arreglo de comando para dirigir las operaciones de combate. Un teatro de comando, el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS) fue creado bajo el Vicealmirante Juan Lombardo para comandar las unidades navales argentinas y las guarniciones de Malvinas. Subordinado al almirante Lombardo, el General de Brigada Mario Benjamín Menéndez comandaría todo el ejército, fuerza aérea y unidades de la Armada desplegados en las Islas Malvinas (que ascendieron a más de 10.000 hombres a finales de abril). El 5 de abril el cuartel general de operaciones de la fuera aérea (Comando Aéreo Estretégico -TOAS) estableció una fuerza especial llamado Fuerza Aérea del Sur bajo el comando del Brigadier General Ernesto Horacio Crespo. El General Crespo, jefe de la 4ta Brigada Aérea, era un piloto y comandante de vasta experiencia y se le fue encargado la selección de las fuerzas de ataques aéreas con la misión principal de atacar las flotas británicas La fuerza aérea estaba fuera de la autoridad del teatro de comando y reportaba directamente a la Junta, aunque se suponía que tenía que coordinar sus esfuerzos con los otros comandos. No era una organización efectiva para desarrollar estrategias o conducir operaciones. Fuerza Aérea Argentina/Brazo Aéreo de la Armada La Fuerza Aerea Argentina (FAA) era grande, relativamente moderna y capaz, sobre todo si se lo compara con los ejércitos de la mayoría de las potencias medianas. La FAA poseía algunos aviones de primera línea a la altura que cualquier otro en el mundo, incluyendo los interceptores Mirage III. Durante la década anterior, habían adquirido los Mirage 5 israelíes (llamados Daggers), las cuales pueden operar a Mach 2 y son efectivos tanto en combates aire-aire y de ataque. La rama aérea de la Armada estaba en proceso de adquirir un escuadrón de cazas Super Etendard desde Francia. El principal avión de ataque de ambos FAA y la Armada eran varias docenas de A-4 Skyhawks que habían sido comprados como excedentes de la Fuerza Naval de Estados Unidos en 1972. Los A-4 eran viejos (construidos en los 60s) pero aún muy capaces. En 1982 eran todavía usados por varias fuerzas aéereas (incluyendo los Infantes de Marina de los Estados Unidos) y eran apreciados por su agilidad, resistencia, y precisión como avión de bombardeos en picada, esto último fue importante. A diferencia de sus oponentes británicos, los argentinos no tenían bombas guiadas de precisión ("Bombas Inteligentes" y requerían de pilotos hábiles y aviones precisos para dar en el blanco con sus "bombas tontas" . Las FAA también poseía ocho bombarderos Canberra, una pequeña fuerza de transporte, y varios escuadrones de IA-58 Pucarás. El Pucará era el orgullo de la industria aeronáutica argentina —diseñado y manufacturado en la Argentina. Era un avión de ataque de dos motores turboprop construído para trabajos de contrainsurgencia. Se le podía montar un cañón de 30mm y cargar una variedad de bombas. Era lento pero robusto y tenía la ventaja de poder operar en pequeños y ásperas pistas de aterrizaje. La rama aérea de la Armada tenía también algunos jets de entrenamiento Aermacchi 339 ––pequeñas aeronaves que pueden ser configurados como cazas ligeros. Los pilotos de ambas FAA y la Armada estaban bien entrenados, y los dos servicios tenían una buena infraestructura en la base y las capacidades de mantenimiento podían efectivamente reparar y mantener las aeronaves. En papel, las FAA se lucía formidable. Sin embargo, una fuerza aérea moderna es una propuesta costosa, y las naciones medianas y chicas que son financieramente restringuidas necesitan enfocar sus recursos para hacer frente hacia ataques probables. Chile era el enemigo más probable de Argentina, y también poseía una fuerza aérea moderna y formidable. Chile había sido un rival por mucho tiempo y repetidas veces estuvo a punto de iniciar una guerra por la larga disputa sobre la soberanía sobre el canal de Beagle en la punta del cono sur. En 1978 las tensiones con Chile llevaron a un alerta militar máxima en la Argentina. Por décadas, las FAA había desarrollado la estructura de sus fuerzas y entrenamientos en anticipación a una guerra con Chile. En dicha guerra, las FAA habían volado en misiones de corto alcance desde bases cercanas a la frontera Argentina-Chilena. Las tripulaciones de las aeronaves de ataque de las FAA estaban bien entrenados para la guerra y eran competentes en el Apoyo Aéreo Cercano (CAS, Close Air Support). La FAA jamás había considerado la posibilidad de emprender una campaña de largo alcance aeronaval contra una gran potencia de la OTAN, quienes empelarían tecnología superior. La FAA sólo poseía dos aviones tanqueros (KC-130, Hércules) para servir a toda la fuerza aérea y a la armada. Mientras que los A-4 Skyhawks de la FAA y la armada estaban equipados para reabastecimiento aéreo, los Mirage IIIs y Daggers no lo estaban, lo cual dramáticamente reducía sus habilidades como aviones de ataque de largo alcance y sus tiempos en estación para proveer cobetura aérea. Otro problema es que el único avión capaz de reconocimiento de largo alcance eran dos viejos P-2 Neptune a hélice de la Armada. La FAA también se estaba quedando atrás en aviónica y sistemas de navegación: en abril de 1982, sólo un tercio de los A-4 habían sido actualizados con el sistema de navegación de larga distancia Omega 8. El armamento de las FAA era la deficiencia más grave de todas. Su principal Misil de Interceptación Aérea (AIM, Air Intercept Missile) era una versión temprana del misil francés aire-aire Matra 530 infrarrojo. Sufría de tener sólo seis millas de rango, un campo de visión muy estrecho (30-40 grados), y un sensor infrarrojos que sólo podía fijarse al blanco enemigo si estaba directamente detrás de ella. La fuerza aérea británica El brazo de aire de la flota británica y la Royal Air Force (RAF Harrier) podía cargar cada uno cuatro AIM-9L Sidewinder de calor en busca de misiles, de fabricación estadounidense. El AIM-9LS eran una generación por delante de la Matras, tenía un campo de visión muy amplio (90-120 grados), y tenía un buscador infrarrojo mucho más sensible que podía fijar el blanco siguiendo el flujo de aire caliente hasta el avión enemigo. En resumen, el AIM-9LS les dio a los pilotos Harrier una flexibilidad mucho mayor y les permitía atacar objetivos directamente mano a mano. El General Crespo rápidamente comenzó a organizar y preparar su fuerza de ataque. Con sólo unas pocas semanas para preparar, él entrenó a sus fuerzas implacablemente. La Armada Argentina proveyó un moderno destructor Tipo 42 para simular naves británicas para los ejercicios de entrenamiento con Daggers FAS y A-4. Tenía misiles antiaéreos modernos y un sistema de radar similares a los que los buques de la Royal Navy tenían montados. Los Skyhawks y los Daggers hicieron simulacros de ataques en contra del destructor mientras hacía maniobras evasivas y simulaban defensas con misiles. Los resultados no eran alentadores. La Armada llegó a la conclusión de que si los pilotos de la FAS le hacen frente a los sistemas de defensas anti-aéreas en barcos, sería probable que sufran pérdidas de un 50 por ciento. Mientras aún entrenaban, las FAS desplegaron hacia cuatro bases aéreas dentro del rango de las Malvinas: (desde el sur al norte) Rio Grande (380 millas náuticas desde Puerto Stanley) era el hogar de 10 Daggers del Grupo 6 de Caza, cuatro Super Etendards del 2do escuadrón de ataque de la Armada, y ocho A-4Q Skyhawks del 3er escuadrón de ataque; Río Gallegos (435 MN) era la base de operación de 24 A-4Bs del Grupo 5 de Caza y 10 Mirage IIIs del grupo 8 de Caza; San Julián (425 MN) alojaba 10 Daggers del Grupo 6 y 15 A-4Cs del Grupo 4 de Caza; y Comodoro Rivadavia (480 MN) fue el hogar en los tiempos de guerra de un destacamento de los Mirage IIIS del Grupo 8 y 20 Pucarás del Grupo 4 de Ataque. Además, la base aérea naval de Trelew (580 NM), fue el hogar de ocho bombarderos Canberra del Grupo 2 de Bombardeo, que también tenía el rango necesario para llegar a las Islas Malvinas. Los argentinos tuvieron 122 aviones disponibles, que incluyó a 110 aviones de combate FAS basado en el territorio continental argentino y 12 aviones adicionales de ataque naval. La Junta tomó decisiones estratégicas y operativas en toda la campaña sin consultar a sus jefes de servicio de alto rango o sin siquiera realizar cualquier estudio serio de la situación. Pocos días después de la invasión era claro que los británicos iban a pelear, y la junta comenzó a reforzar la guarnición de las Malvinas. El 9 de abril de 1982, el presidente y comandante del Ejército, teniente general Leopoldo Galtieri, sin consultar con el personal de servicio o los funcionarios encargados de la defensa de las Malvinas, ordenó a toda la 10ma Brigada Mecanizada hacia las islas. El 22 de abril, después de visitar las Malvinas, el general Galtieri ordenó a la 3ª Brigada del Ejército hacia las islas. A finales de abril, más de 10.000 los defensores de los argentinos se extendieron por las Islas Malvinas, con la mayor fuerza de 7.000 hombres situados en el este de las Islas Malvinas (que los argentinos llaman Soledad) en las cercanías de Port Stanley. Reabastecimiento y el refuerzo de sus fuerzas en las islas se vieron complicados por un bloqueo naval británica de las Malvinas reforzado por tres submarinos de ataque de la Marina Real nucleares. Argentina no se atrevió a usar el mar para enviar los refuerzos o suministros. Por lo tanto, desde el principio, las fuerzas argentinas en las Malvinas dependían de la FAA de transporte aéreo. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------ Pocos días después de la invasión argentina era claro que los británicos iban a luchar. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------ El aeródromo en Puerto Stanley (Puerto Argentino) fue el único con pista de aterrizaje con superficie dura en las Malvinas. Su pista fue bastante corta de sólo 4.500 metros de largo, y por lo tanto aptos sólo para aviones turbohélice de transporte civiles y militares. La corta pista de aterrizaje no podía soportar operaciones de los grandes aviones a reacción o cualquier otro avión de alto rendimiento. Toda la logística argentina y todos los esfuerzos de reforzamientos dependían de este pequeño aeródromo. La FAA tenía una fuerza pequeña de transporte disponible de los siete Hercules C-130 y algunos más pequeños transportes bimotores Fokker F-27. Todas las aeronaves de la aerolínea nacional que era capaz de aterrizar en Puerto Stanley fue puesto en servicio para transportar a las tropas y el equipo que el general Galtieri había ordenado tan alegremente hacia las islas. Los transportes de la FAA se desempeñaron extremadamente bien, considerando sus limitaciones. De hecho, el esfuerzo de transporte aéreo de la FAA para apoyar a las fuerzas en las Malvinas se prolongó hasta casi el último día de la campaña. Sin embargo, la pequeña fuerza de transporte y la corta pista de aterrizaje restringieron el equipamiento que se podía enviar haca las tropas en las islas. La 10ma Brigada Mecanizada fue enviada hacia las Malvinas sin su batallón de artillería o sus vehículos. Virtualmente toda las unidades de la armada fueron desplegadas por aire y sólo podían traer armas ligeras, la mayoría de sus equipos fueron dejados atrás en sus bases de origen en el continente. Una considerable fuerza aérea se desplegó también a las Malvinas para servir bajo el mando del general Menéndez, y no bajo el mando de la FAS. Para servir sobre todo en el reconocimiento y transporte de tropas, el 19 helicópteros del Ejército, Armada, Fuerza Aérea fueron enviados a las Malvinas. En abril, 24 Pucará del 3er Grupo de Ataque recibieron la orden hacia las islas. El brazo aéreo de la Armada envió seis Aermacchi 339 aviones de ataque ligero y seis Mentors T-34B. Debido a que el avión a reacción Aermacchi necesita una pista de superficie dura, sentaron base en Puerto Stanley. El Pucará, sin embargo, fue construido para operar en condiciones extremas, por lo que la mayoría de ellos fueron enviados a una pequeña pista de hierba en Goose Green, un campo miserable que se convertiría en un lodazal después de cada lluvia. Algunos Pucará, transportes ligeros, y los seis T-34s fueron enviados a una pequeña pista de tierra en Pebble Island. FASE DOS: La Batalla Inaugural, Mayo 1–20 Para la Próxima

3
2
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.