Nhikev
Usuario (Argentina)

Materiales Maderas o conglomerados sacados de armarios viejos Cola blanca para madera Tornillos y clavos Maderas de pino "L" de aluminio Como armarlo paso a paso Paso 1: Cortar los listones y las maderas a la medida deseada Paso 2: Poner tornillos para sujetar los listones a las maderas laterales y a la plancha superior Video explicativo de como armarlo

Esta historia me la contó una chica de unos 16 años, y no le sucedió a ella, sino a su madre, una española que emigró a Alemania para buscarse la vida, teniendo que alquilarse una casa con su joven esposo que apenas tenía comodidades. Eso sí, tenía visitantes misteriosos. Al principio sólo eran sonidos, rasguños en la almohada que mantenía abrazada mientras trataba de descansar después de tantas horas de trabajo. Le asustó, cierto, pero mantuvo la calma y pensó que era su propio agotamiento el que la hacía tener alucinaciones auditivas. Los rasguños en la cama no son tan inhabituales ¿no?. Muchos los hemos oído. Son visitantes que quieren comunicarnos que "están ahí también, que no estamos solos". La joven vivió con esa extraña experiencia unos días y terminó por acostumbrarse, pero una noche ocurrió algo terrible. Estaba tumbada en la cama, descansando, su marido estaba afeitándose en el cuarto de baño, y de pronto unas lucecitas de un tamaño algo mayor que el de las canicas, blancas azuladas y brillantes, comenzaron a salir de debajo de la cama. Subieron, ascendieron hasta ponerse encima de ella, y bailaron. La chica las miró estupefacta, tragó saliva y respiró profundamente. ¿Qué era aquello? ¿De dónde salían? ¿Qué las producía? Y entonces las luces comenzaron a bailar con movimientos más bruscos, y una poderosa fuerza salió de ellas. La chica notó esa fuerza en puñetazos y patadas invisibles que la golpeaban y estampaban contra las paredes... Gritó, y su marido se cortó con la gillette. Cuando él iba a salir la puerta del cuarto de baño se cerró de golpe. La joven española emigrante sufrió una paliza que la dejó destrozada, y no pudo hacer una denuncia, porque en qué comisaría de policía iban a escuchar semejante historia sin echarse a reir. No volvió a ocurrirle porque volvió a España entre lágrimas y terrores. Durante años jamás contó la historia, y cuando lo hizo, fue para contárselo a su hija -mi confidente-, quien me confesó que su madre no podía hablar del tema sin echarse a llorar y a temblar. No es para menos. Su hija también lloró al contármelo.

Recuerdo el verano del año pasado, talvez nunca lo borre de mi memoria pues fue lo que me dejo postrado en esta cama del hospital. Muchos de los doctores que me analizaron me dijeron loco, sin creer en lo que les contaba, mas sin embargo yo se que todo fue real, yo se que todo sucedio realmente y que yo no mate a nadie. Fue un miercoles en la noche, bien recuerdo que estaba con un amigo en mi habitacion y estabamos viendo videos de miedo, el video de la morsa para ser exacto De pronto se detuvo el video y tocaron el timbre de mi casa. nos asustamos porque paso todo en el mismo instante, fernando mi amigo, me dijo -Atiende la puerta. Pero como estabamos solos me dio miedo y le dije: -Acompañame, ven conmigo. En ese momento nos dirigimos a la puerta y la abrí. estaba una ancianala cual me dio mucho miedo, de lo primero que me percate fue de su sonrisa, una sonrisa macabra y su mirada penetrante que me hizo estremecer al momento de verla, la anciana me dijo -Que pasa hijito, porque no estas sonriendo? Yo a esto estaba confundido y no le respondi. Se me quedo viendo con esa mirada fija y me dijo: -Te he dicho que sonrías! con una voz gruesa y macabra. Me asuste y cerre la puerta. fernando y yo estábamos asustados, no sabíamos que pasaba, en ese momento la anciana de su bolso saco una figura de barro negro y empezó a hacer ruidos con su boca. nos asustamos mucho, los dos sabíamos que estaba haciendo un tipo de brujería, cuando tome el telefono y quise llamar a la policia, nadie respondia a lo cual recurrimos correr hacia el ordenador pero no había Internet, la televisión solo tenia estática Sin duda algo estaba sucediendo, las luces comenzaron a apagarse y comenzó a escucharse una risa. No una risa cualquiera, era una risa macabra, sacada de los mas recónditos confines del infierno, en ese momento se prendió una luz y se vio una silueta oscura, con aquella sonrisa macabra, un olor putrefacto emanaba de aquella silueta. se apago la luz y se escucharon pasos al instante, cada vez estaba mas cerca de nosotros, aquel olor era mas fuerte, Fernando comenzó a vomitar sangre y yo asustado y paranoico al no saber que pasaba, corrí de ahí hacia la cocina, fue uno de los peores errores que pude aver cometido, todo se calmo, no habia ruido alguno, fue un sonido de tranquilidad con esperanza alguna, pensé que todo había terminado ya, pero de pronto escuche a Fernando gritar -Ayudameee! Un demonio esta aquii!!!!! En ese momento corri hacia donde estaba el y vi algo que nunca podre borrar de mi mente, estaba el clavado a la pared, de cabeza, como si estuviera crucificado al revés, pero con una sonrisa traumante, una sonrisa llena de odio y temor, en ese momento ya no escuche nada, solo se apago la luz y una mano putrefacta llena de uñas puntiagudas llenas de sangre se puso en mi hombro y escuche una voz macabra pero tranquila que me dijo: -Nunca dejes de sonreír hijito! Me desmalle y abrí los ojos, estaba en el hospital con un policía al lado, acusándome de matar a mi amigo Fernando, nadie me cree, solo se que es verdad... Ahora mientras lees esto, el demonio espera en cualquier lugar de oscuro de tu habitacion con una sonrisa plasmada... Nunca te olvides de sonreir..
Buen día tengan todos ustedes, espero no perturbar lo que queda de su día con este relato. Mi nombre no es de importancia, no soy un hombre de fe ni de creencias extranormales. El siguiente escrito es una experiencia propia que desde hace tiempo no me ha dejado dormir por su inexplicable incógnita que retumba en el abismo de mi conciencia. No espero que me crean, que me ayuden o que se aterren. Sólo busco un desahogo a este recuerdo que dormirá conmigo por siempre, ya que es imposible olvidar esa cara, ese rostro, esos ojos… Era joven en aquel entonces, recuerdo muy bien ese garaje en donde solía pasar el rato con mi banda de rock, el mundo olía a coche nuevo y nosotros hambrientos nos lo comíamos de un sólo bocado; los padres, los maestros, la autoridad no eran más que viejos amargados. Después de desahogar nuestras hormonas interpretando canciones de rock pesado, solíamos ir a un parque cerca de aquel garaje; éramos jóvenes con ideas muy diferentes pero no con malas intenciones, el alcohol y las drogas nunca nos llamaron la atención. El parque siempre estaba muy solo, con pocos árboles y muy descuidado. En el centro de él había un quiosco, una especie de construcción muy extraña que tenía dos niveles. El de arriba estaba techado y no tenía paredes, sino unos soportes y unas rejas para no caerte, mis amigos y yo pasábamos harto tiempo en ese lugar viendo a la gente pasar y charlando sobre chicas o bandas de rock. El otro nivel era subterráneo, como de unos 4 metros de profundidad, nunca entrábamos ahí ya que pasaba inundado por las lluvias y lleno de basura, además de que su oscuridad y fachada de posible albergue de drogadictos nos daba un poco de miedo. Me comentaron que hace unos años era una tienda llamada “El quiosco”. De tanto tiempo que pasábamos en el quiosco que ya sabíamos qué personas pasaban por ahí y a qué hora; pero una de esas personas era algo especial, ya que era todo un espectáculo ver su comportamiento y su acto rutinario. Se trataba de una persona de la tercera edad, era una vieja, lo sabía por sus manos arrugadas y huesudas, pues nunca se dejó ver la cara. Tenía una postura muy inadaptada y caminaba con dificultad —se ladeaba de un costado y su mirada apuntaba al otro costado—, tenía una joroba inmensa que no le permitía alzar la mirada y usaba ropa vieja y desgastada con la que se cubría todo el cuerpo. A pesar de que siempre iba cargando dos bolsas rojas grandes de tela gruesa, una en cada mano para equilibrarse, nunca nos preguntamos qué tenían dentro… Pasaban los días y la vieja seguía rondando ese parque, y a veces se dormía dentro del quiosco. Llegamos a la conclusión de que era una loca sin hogar y en las bolsas cargaba su ropa o pertenencias con las que sobrevivía. Una noche fría nos fuimos a platicar en la planta alta del quiosco, recuerdo aquel tremendo grito que rompió con el silencio de invierno; no dudamos y desde la planta alta nos asomamos abajo para saber qué había ocurrido. Como estampida salían gatos negros de las escaleras subterráneas corriendo aterrados, nunca había visto esa cantidad de gatos juntos. Corrían hacia ningún lado haciendo tremendo alboroto. El olor pestilente y espeso me hizo voltear de nuevo hacia el fondo oscuro de las escaleras, y ahí estaba la vieja loca con una de sus bolsas vacías. Nunca la vi moverse tan rápido, parecía asustada y subía las escaleras con torpeza. Un gato pasó entre sus pies, ella lo trató de agarrar pero era demasiado lenta y el frío le había entumecido el cuerpo. La vieja gritaba con gestos de locura y tristeza, eran chillidos cortos y forzados, como si le doliera algo o estuviese enferma. El último gato desafortunado pasó cerca de ella, lo tomó por la cola y el gato emitió un chillido espantoso; la vieja lo levantó y colgaba como péndulo, lo miró detenidamente y le susurró algo —creo que su nombre—. A pesar del esfuerzo del gato por huir, lo metió en la bolsa y la cerró; el gato brincaba dentro de la bolsa y chillaba. La vieja lentamente se perdió en la oscuridad de las escaleras subterráneas. Pasaron los días y la anécdota la platicábamos constantemente entre nosotros tratando de buscar una explicación. Escribí una canción sobre ello, “Cats in Bags”, que ya no recuerdo. Entramos a la preparatoria, tuvimos novias y la banda se disolvió, pocas veces nos veíamos, duramos años sin vernos. Un día me hablaron invitándome a platicar, nos juntamos esa noche en el quiosco, como en los viejos tiempos, sólo que ahora con una botella de Whisky y algunas cervezas. Después de unos chistes y un par de tragos, quise ir a orinar pero el alumbrado del parque no era favorable, así que fui abajo del quiosco. Estaba bajando las escaleras con una cerveza en mano y bajándome la bragueta, cuando recordé aquella noche que preferiría haber olvidado. Me dije a mí mismo “cobarde” y bajé hasta el fondo. Miré el interior pero no apreciaba nada más que basura y un charco inmenso de agua negra, así que empecé a orinar. Un amigo gritó, riéndose: “¡Escribe mi nombre!”. Me reí con él y contesté: “¡Lo haré pero sin manos!”. Seguí orinando y tomé un gran trago de cerveza, bajé la mirada antes de pasarme el trago y me quedé pálido al ver un gato negro que me miraba fijamente a unos cuantos metros. Me esforcé para dejar de orinar aún sin acabar y me subía la bragueta y me ponía el cinturón rápidamente (por el miedo mis movimientos eran torpes), cuando el gato pasó al lado mío para subir las escaleras. Nunca me dejó de mirar, el gato iba despacio y parpadeaba lento, hipnotizante. Escuché un ruido de movimiento dentro del quiosco, volteé para saber si era uno de mis amigos, pero estaban arriba tomando y platicando. Para mi sorpresa, el gato no estaba en la escalera; seguramente el ruido lo espantó y corrió, yo me quedé impactado por el ruido. Me preguntaba qué era y no veía nada, todo era basura y un charco de agua negra con un retoque de amarillo. En la oscuridad algo se movió, algo que ya estaba ahí y no vi antes, era aparatoso y se movía lento. De inmediato pensé que era la vieja. No te mentiré, compañero lector, en ese momento sentí miedo, miedo como nunca había sentido. Me paralicé y no podía gritar, respiraba lento para no hacer ruido y mis latidos eran fuertes y rápidos. La sombra era cada vez más visible, hasta que alcancé a distinguir esas bolsas rojas que ella siempre cargaba, sólo que ahora las arrastraba con más dificultad, y ambas bolsas se veían completamente llena de bultos. Cada vez que se movía arrastraba la bolsa entre el charco, y pude ver cómo su vestido estaba mojado y, a pesar del frío, no temblaba. De una bolsa colgaba un listón peludo y negro que no alcancé a distinguir muy bien, y estaba preparado para salir de ahí rápidamente sin hacer ruido. El listón negro y peludo se agitó rápidamente, se escuchó un chillido extraño y con él un montón de chillidos de gatos en efecto mariposa provenientes de la bolsa. La bolsa se agitó con tremenda fuerza, lo que provocó que la vieja se detuviera; me dio tanto pavor que me fue imposible moverme. La vieja giró su cabeza y la vi por primera vez al rostro, era muy anciana, con nariz afilada y sus ojos eran completamente negros pero brillantes. Estaba muy sucia y descuidada, pero lo impactante fueron sus ojos, pues a pesar de no tener pupilas, sentía su mirada incrustada en mí; se notaba asustada y triste. La adrenalina en mi sangre fluía y me hizo correr como nunca, haciendo tremendo alboroto. No recuerdo muy bien, pero mis amigos me comentan que estaba llorando, temblando, que me salpiqué un poco en el pantalón —lo que fue motivo de burla por parte de mis compañeros—, pero me veían tan asustado que no se lo tomaron a juego. Me preguntaron qué había pasado y les comenté que la vieja estaba abajo y sus ojos eran completamente negros. Un amigo dio un paso atrás, y me preguntó: “¿La vieja de los gatos?”. Contesté: “Sí, ella, está aquí mismo y sus ojos, ¡sus ojos…!”. Mi amigo me interrumpió, tartamudeando: “No, no es posible, ¿es una broma? ¡Esa vieja murió hace unos días!, un montón de patrullas de policías rodearon el parque. Era muy famosa en la colonia y todos los vecinos se enteraron”. Esa noche no dormí. Mis compañeros y yo decidimos nunca más tocar esa canción, ni hablar de lo ocurrido. Desde entonces nunca hemos regresado al quiosco, y cada vez que veo un gato negro, veo en sus ojos algo brillante, como aquellos ojos negros que nunca olvidaré, esos ojos que se incrustaron en mis sueños de por vida.

Han pasado tres años desde aquella noche. Yo no debí haber estado ahí, ellos lo sabían. Ese día salí muy temprano a la casa de un amigo, sus padres no estarían y tenía un nuevo videojuego de terror; pasaríamos toda la noche jugando. Ellos lo sabían, yo no debí haber estado ahí esa noche, mi amigo debió estar solo. Ellos lo habían observado por días como hacen siempre y sabían que esa noche estaría solo. Desde el momento en que lo eligieron, no había marcha atrás. Pero tal vez quieras saber quiénes son ellos. Bueno, la verdad… aún no estoy seguro, sigo sin asimilar lo que pasó aquella noche; pero te contaré lo que hasta ahora sé, para que tengas cuidado. Ellos se encuentran en todas partes, en ningún lugar estás exento de ser su víctima. Eligen a una persona, no sé bien cómo o en qué características se basan, pero una vez que te eligen no cambiarán de opinión: te vigilan, te estudian y estudian a todas las personas que conoces. Día tras día te observan cuidadosamente sin que tú te percates de su presencia. Y esperan la noche en que su víctima esté sola, es en ese momento cuando todo empieza. Aquel día llegué alrededor de las 8:00 p.m. a su casa. Sus padres habían salido desde temprano y él había preparado todo lo necesario para pasar jugando toda la noche. Al día siguiente no habría clases, así que yo regresaría a mi casa por la mañana. Pasamos un buen rato jugando, el tiempo pasó tan pronto que cuando nos dimos cuenta ya era la una de la madrugada. Nos habíamos llevado algunos sustos con el juego, así que comenzamos a hacer bromas con la situación; ahí fue cuando todo se puso raro. Empezamos a escuchar ruidos extraños afuera de la habitación, que al principio pensábamos que no era nada importante, e hicimos algunos chistes en relación a lo que jugábamos. “Deben ser los zombis”, nosotros sólo reíamos. Pero nos comenzamos a poner tensos cuando el sonido se oía más claro: eran pisadas, se escuchaban pisadas por todo el pasillo de afuera. —¿Crees que tus padres hayan regresado? —le pregunté, a lo que él respondió que sus padres regresarían hasta el día siguiente, por la tarde. Además, el número de pasos que se escuchaban eran demasiados como para ser sólo sus padres. De pronto, luego de oír todos esos pasos acercándose cada vez más a la puerta, hubo un profundo silencio. —¿Hay alguien afuera?… ¿Quién está ahí? —comenzamos a preguntar, nerviosos. Estábamos seguros de que había alguien afuera, pero esos sonidos… ¿quién podría ser? En la habitación en la que estábamos había una computadora que mi amigo había encendido desde que comenzamos a jugar, era una costumbre suya. Se escuchó un sonido que provenía de ella, un sonido familiar, pero que por el miedo que teníamos en ese momento nos provocó una reacción de sobresalto a ambos. Era sólo un correo electrónico que le había llegado, pues también había dejado la ventana de su correo abierta. Ver esto nos dio algo de sosiego, y hasta reímos un poco; sin embargo, la tensión volvió a nosotros al notar que la dirección de quien lo enviaba era irreconocible, una combinación aleatoria de números y letras. Dudamos abrirlo, pero mi amigo decidió hacerlo. Quedamos completamente paralizados tras leer lo que decía el correo: ”Pase lo que pase, no abras la puerta”. Con tan sólo leer esas palabras, una sensación completamente rara invadió mi corazón. En ese momento realmente sentía pánico, pero el mensaje decía más. ”Ellos están afuera. Por favor, hagas lo que hagas, escuches lo que escuches, no abras la puerta. Intentarán convencerte de que lo hagas, tienen muchos métodos; pueden fingir ser alguien que conoces, un familiar, un amigo, y sus voces sonarán igual. Tal vez te pidan ayuda, te dirán que están lastimados, te suplicarán que abras la puerta. Pero escuches lo que escuches esta noche, no abras. Trata de ignorarlos, trata de dormir, mañana todo estará bien. Ellos jugarán con tu mente; no lo permitas. Por favor, créeme, ¡no abras la puerta!”. Cuando terminamos de leer yo no sabía qué pensar. Tal vez era una broma tonta de alguien, tal vez incluso era mi amigo quien me jugaba una broma… pero él tenia esa expresión, estaba tan asustado como yo, lo pude sentir. Ahora sabíamos que había alguien ahí afuera, tras la puerta. De pronto, llegó el momento más aterrador que nos pudimos esperar; en ese instante un escalofrió recorrió todo mi cuerpo y me dejó paralizado. Una voz se escuchó, provenía de atrás de la puerta. Mi amigo estaba seguro y yo lo puedo corroborar: la voz era la de su madre. —Hijo por favor ábreme, tu padre y yo tuvimos un accidente en el auto, estamos muy lastimados… por favor, abre, ayúdanos. —Al escuchar esto mi amigo sólo retrocedió un paso. Aún puedo recordar esa expresión en su rostro, estaba en shock. Estoy seguro de que ninguno de los dos lo creíamos ni sabíamos qué hacer. —Hijo por favor, abre, ¿qué esperas? Necesitamos tu ayuda… —Sin lugar a dudas, ésa era la voz de su padre. Eran las voces moribundas de sus padres tras la puerta, clamando por ayuda. Mi amigo y yo permanecimos sin reacción por algunos segundos, después él se volteó lentamente, y me dijo: —Esos realmente son mis padres. Necesitan ayuda, abriré la puerta. Se propuso dirigirse hacia la puerta, pero lo detuve. —Recuerda el correo, lo que nos dijo que pasaría, ¿no se te hace extraño?, ¿qué tal si es verdad y ellos no son tus padres? —Él lo único que hizo fue hacer que lo soltara. “No digas tonterías”, me dijo. “Tú los escuchaste, ésas eran las voces de mis padres. El correo debe de ser una estúpida coincidencia”. Se dirigió a la puerta sin que pudiera hacer nada. La verdad, no sé qué me hizo hacerlo, pudo ser el miedo que me invadía… pero al verlo dirigirse a la puerta, lo único que pensé fue correr hacia el armario en donde mi amigo guardaba algunas de sus cosas y esconderme ahí. No sabía lo que pasaría, pero en verdad tenía miedo. Lo que escuché a continuación aún no lo olvido, y hasta el día de hoy tengo pesadillas con ello. Él abrió la puerta, y después sólo pude escuchar sus gritos. Eran unos gritos desgarrantes, llenos de dolor y terror; yo no pude hacer nada más que permanecer inmóvil, hasta que después de unas horas me quedé dormido. Al despertar por la mañana, me extrañó ver el lugar en que me encontraba, y luego lo recordé todo. Salí del armario y en la habitación no había nadie. Noté de inmediato que ya era de día y que la puerta estaba abierta, así que decidí salir. Busqué por toda la casa esperando encontrarlo y que me dijera que todo había sido una broma, pero mi amigo no estaba. En la tarde llegaron sus padres y les conté lo sucedido, llamaron a la policía y lo buscaron por días, pero él nunca apareció. El correo que le había llegado esa noche también desapareció, y para ser honesto creo que nadie creyó nada de lo que les había contado. Aunque… no importa que nadie me creyera, yo sé lo que pasó esa noche y sé que ellos estaban ahí afuera. También sé que no debí haber estado ahí, que no debería saber que ellos existen. Aún no sé por qué lo hacen, creo que sólo tratan de divertirse con las personas, con su pánico… alguna especie de juego. Cada día lo analizo y trato de aprender más de ellos; sé que sólo llegan en la noche y que pueden imitar cualquier voz, que si no abres la puerta se irán y también creo que siempre recibirás ese extraño mensaje de advertencia, debe ser parte de su macabro juego. No debí estar ahí ese día, y no debería saber que ellos existen. Sé que algún día regresaran por mí, pero pase lo que pase, no abriré la puerta.
Hace aproximadamente 1 año, recuerdo que estaba en mi cuarto, sentado delante del PC, jugando conquista, me encanta ese juego, pero después de un rato decidí cerrarlo y hacer otra cosa, ya estaba aburrido. No sé porque, pero a pesar de ser demasiado miedoso empecé a buscar videos de fantasmas, historias de fantasmas, todo lo relacionado con fantasmas. Pero, aunque todos los videos de por si me asustaban, había uno en particular que quería ver, pero no sabía si hacerlo o no. Hace un tiempo antes de eso, unos amigos me contaron de un video terriblemente perturbador llamado Obedece a la Morsa, decían que el sonido y el video eran lo peor que han visto y escuchado en toda su vida, así que me despertaron la intriga. Justo ese día, en el que estaba ya solo, porque en un momento dado mi mamá se fue a donde una tía, ya estaba dudando si seguir viendo esos videos o no, si estando acompañado me dan miedo, solo me dan mucho más miedo. Ya era de noche, aproximadamente las 7:30 PM, y no sé porque, pero algo me incitó a seguirlos viendo, y peor aún, a ver aquel video misterioso, obedece a la morsa, un error casi que fatal. Busqué el video, lo dejé cargando, ya de por si la imagen en miniatura del video en YouTube me tenia bien despierto del miedo, pero una vez que cargó completamente, lo empecé a ver. El video dura como 4 minutos, los 3 minutos más traumatizantes de mi vida, recordar ese video es demasiado aterrador y es imposible olvidarlo, la canción, aquella persona anoréxica, me traumó demasiado, yo estaba atónito, y cuando ya pensé que no podía estar más asustado, el video como un minuto antes de que acabara, se puso todo blanco, no sé por qué, y apareció un mensaje: “No mires atrás.” (Maldito mensaje de mierda) entonces pensé que era estúpido, pero estúpidamente no fui capaz de mirar, el miedo no me dejó, aunque la intriga era muy grande, el teléfono sonó en ese momento y salté de la silla del miedo, lo contesté y era mi novia, eso me tranquilizo después, aunque fue muy poco tiempo y le intenté contar lo que había pasado pero ella me decía: “Tranquilízate nene, no entiendo lo que dices”, fue entonces cuando decidí apagar el PC y acostarme a ver tv para pasar el miedo rápidamente, cosa que fue imposible, además, cuando pasara del PC a la cama, lo haría corriendo, extremadamente asustado, y fue entonces cuando no sé por qué demonios, esperé a que se apagara el PC, y en cuanto la torre se apagó, el monitor quedo en pantalla negra, y fue justo en ese momento, cuando el teléfono empezó a sonar como con interferencia, como distorsionada la voz de mi novia y entonces vi, aquella sombra atrás de mi asiento, que me sorprendió demasiado hasta el punto en que el mismo miedo no me dejaba ni hablar ni actuar se me cayó el teléfono pero aun escuchaba su sonido, luego noté que esa silueta se movía, pero no veía su sombra en la mesa del PC, aunque la luz estaba detrás de ella, y para mi mayor sorpresa, vi que movía su brazo derecho, y de pronto sentí que me tocaron el hombro derecho. Y eso fue todo. Entonces me desperté en el suelo, al lado de mi cama, con un pie sobre el asiento del PC, parece que me desmayé, mire la hora en mi reloj de mano y vi el teléfono a un lado y sonaba como cuando la otra persona lo ha colgado, eran las 9 en punto de la noche, y por alguna razón recordé inmediatamente la silueta, el momento en que tocaban mi hombro, el mensaje en el video y que estaba hablando con mi novia, y pasé en 1 segundo de estar confundido a estar demasiado asustado, miré inmediatamente hacia la pared donde está la luz y afortunadamente no vi nada, el ruido del PC me empezaba a inquietar, pero entonces recordé que también había apagado el PC, ¿pero cómo era posible que estuviera encendida? Y entonces vi el video pausado un minuto antes de que acabara, y para mi sorpresa había un mensaje que decía: “La próxima vez mira hacia atrás”, entonces cerré inmediatamente el navegador muerto del miedo y me asusté mil veces más cuando vi aquella imagen de fondo de escritorio, era como si hubieran aumentado muchas veces aquella imagen en miniatura del video de Obedece a la Morsa y la hubieran puesto de fondo de escritorio, y una vez más quedé atónito. Esa noche no pude dormir bien, ni siquiera dormir. Colgué el teléfono y llamé a mi novia y le pregunté porque me había colgado, pero para empeorar las cosas me dijo que no me había llamado, era un domingo y al parecer no habíamos hablado en todo el día, me dijo que recién acababa de llegar pues estaba comprando unas cosas con su mamá, y fue entonces cuando le conté la historia, aunque aún sigue sin creerla. Ahora te pido, por tu bien, que cada vez que apagues el PC, en cuanto apagues el monitor, no lo mires, apágalo sin ver, porque nunca sabes que hay detrás de ti, es más, estoy seguro que no sabes que hay detrás de ti en este momento, pero no mires atrás.
Se trata de Lights Out, del noruego David F. Sandberg, que se viralizó esta semana y que hace furor en la web. Mirá el video En el género de terror, cada tanto, aparece algún realizador que refresca un poco lo que se viene haciendo. Uno ejemplo claro de esto dentro del mainstream fue el argentino Andrés Muschietti, quien con su pequeña historia Mama conmovió a Guillermo del Toro, quien le financió el largometraje. Algo parecido pasó con el uruguayo Fede Álvarez, a quien recomendaron para dirigir la excelente Evil Dead, luego de su brillante pequeña historia Panic Attack!. Esta semana se viralizó un preciso y estremecedor corto de horror dirigido por un cineasta noruego, que está haciendo furor en Internet. Se trata del cortometraje Lights Out (sin luces) en el que en solo dos minutos y cuarenta y dos segundos se relata la lucha que tiene una mujer en su propio departamento con las llaves de luz y una presencia fantasmal (o no) de un espectro. El director noruego David F. Sandberg lo filmó en 2013, año en el que se llevó también el premio a mejor director en el festival de cortos de horror "Who is There" que organiza el sitio Bloody Cuts. -Ya tiene millones de reproducciones en la web. Con un mínimo presupuesto, una muñeca especial para manejar los climas y la iluminación y gran altura para dar la vuelta de tuerca necesaria hacia el final, Sandberg produjo este corto, que, si sos miedoso, no te va a dejar dormir. Poné play y disfrutá.
El Diablo es tan diablo, que hasta los más malvados le temen. Es que nadie se atrevía con el Diablo, hasta que cierta vez, hace mucho, muchísimo tiempo, se encontraba un roto (persona pobre de malas costumbres) chileno. Bartolo era un huaso joven que todo le salía mal en ese año: en otoño se le helaron sus cultivos y en invierno se le inundó el sembrado. De pura flaca se murió su vaca. Así que Bartolo dejó el yugo, el arado, la rastra y el rastrón, y partió en busca de mejor suerte. Tenía familiares en la costa que eran pescadores. «Pero si yo no conozco el mar», se dijo a sí mismo el pobre Bartolo. «Ser minero debe ser más fácil», y se encaminó a los lavaderos de oro, en donde se decía que las pepitas de oro eran abundantes como chicharrones en un plato de porotos. Pero no encontró oro. Volviendo triste a casa, se preguntaba cómo podría resolver sus problemas económicos. Tenía miedo, pero más que miedo, vergüenza de volver a su familia sin dinero, pues se acercaba la fiesta de aniversario de Chile y él quería bailar una buena cueca con La Peta, la chica más linda y hacendosa de la comarca. Entonces recordó una idea que tuvo su abuelo para hacerse rico, pero que nunca intentó por miedo: hacer un pacto con el Diablo. El joven arrogante pensó, «De más que hago pacto con el Diablo», pero apenas se dijo esas palabras, sintió miedo. Ya entrada la noche, fue al bosque, era una de esas noches sin luna. Con toda la fuerza de voluntad, y con lo que sus pulmones le permitieron, gritó «¡Patas de Hilo!» tres veces, uno de los apodos del Diablo en Chile, como también lo son Malo, Malulo, Cachudo y El Cola en Punta. Un relámpago abrió de par en par el cielo, la tierra tembló y el joven sintió un olor a azufre. Entonces lo vio… De barbilla, bigote y rabo; de chispas por los ojos y una risa del demonio. Bartolo no se asustó, sorprendentemente, y luego ambos comenzaron a hablar de negocios. Bartolo quería venderle su alma, ya que nada más tenía. —Cien mil pesos y mi alma es tuya —sentenció Bartolo, y al Diablo le pareció un buen precio por un alma, así que se los dio. —Pero hay que firmar un pacto —dijo el Diablo—. ¿Cuándo queréis que te lleve? —Hoy mismo —respondió Bartolo, haciéndose el tonto. El Demonio se extrañó mucho, pues todos le pedían años y años para gozar la vida. Por fin, ambos acordaron que el Diablo vendría a buscarlo mañana. El Malo le pinchó el dedo corazón al huaso, y con su misma sangre, escribió: «Bartolo Lara, No te llevaré hoy, Pero te llevo mañana». En cuanto el huaso lo firmó, el Diablo lo recibió y desapareció, entre una risa maléfica y una explosión de fuego, humo y olor a azufre. No hay necesidad de decirlo, el huaso Bartolo aprovechó al máximo sus cien mil pesos, con un caballo, ropa de buena calidad, dinero para sus familiares y dinero para La Peta, con la cual bailó un montón de cuecas. Se le hizo corto el día. Apenas anocheció, fue a su cita con el Diablo, el cual lo saludó con su sonrisa endemoniada. —Muy bien —le dijo—. Mucho gozaste, ahora recibo mi premio. —¿Cómo que recibes mi alma? —dijo Bartolo irónico—. Tan Diablo eres, y no sabes leer… De mala gana, el Diablo sacó el pacto, y lo leyó. «Bartolo Lara, No te llevaré hoy, Pero te llevo mañana». —Es verdad —dijo—, la cosa es mañana. —Así es —asintió Bartolo—, pero déjeme otros cien mil pesos por el viaje y la puntualidad. El Malo se los dio. —¡Mañana te espero! —le dijo al pasárselos. —Mañana volveré —aseguró el huaso. Y cuentan que el roto siempre volvía, y el Diablo siempre leía aquel pacto que entraba en una contradicción temporal. «Bartolo Lara, No te llevaré hoy, Pero te llevo mañana». El Diablo, que se dio cuenta de esto en algún momento, le dijo, ya cansado: —¡Me has engañado! Y estalló, ardió; había fuego por doquier. Bartolo no se explicaba cómo era que no le pasó nada. Las historias cuentan que el roto se mudó del campo hacia el gran Santiago para evitar estar solo en los bosques, y que le apareciera el Diablo. También se dice que hizo un pacto con la Tierra, la cual lo ayudó con su granja, que ahora que tenía dinero, la mejoró y comenzó su producción. Pero por los bosques de Chile, cerca de las granjas, cuando los perros se ponen a aullar, los ancianos aseguran que sale el Diablo buscando al huaso roto que lo engañó.

Cuando era chico yo solía dormir en la cama de mi mamá, gracias a las pesadillas sinestras que tenia frecuentemente de niño por las peliculas de terror que siempre me gustaron. Siempre encontré tranquilidad debajo de las frazadas de mi madre, pero ahora me doy cuenta que siempre me sentí cómodo con las luces. Aunque no me acuerde bien, siempre hubieron un par de luces en el techo de la habitación de mi madre; Nunca pensé tanto de esas luces, al menos nada malo. Eran reconfortantes, cálidas y calmantes. Empece a depender de esas luces para poder dormir, tanto que cuando no estaban (En raras ocasiones) No podía evitar sentirme perturbado y no poder dormir bien. Nunca investigue esas luces, quizá, si lo hubiese hecho, no estaría en esta situación ahora. Eventualmente crecí y deje de dormir en la cama de mi mamá. Las pesadillas se habían ido y yo me había olvidado de las luces, hasta anoche.Tropezando en la cama después de una noche de estudios, no pude esperar para acostarme y dormir; pero no pude dormir tanto, después de todo. Atormentado por visiones que hacia mucho tiempo que se habían ido me dejaron paralizado durante la noche y me desperté sudando. Algo aliviado de estar de volver a mi mundo me encontré con un recuerdo traído a través de una sensación familiar. Me tomo un momento darme cuenta de ese par de luces, ya que para ahora mis ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad. La adrenalina recorrió mi cuerdo mientras me agarraba de los bordes de la cama. Mis ojos se centraron en las luces y note algo que no estaba en mis recuerdos. No eran luces, eran ojos rojos brillantes Me empece a preguntar si era otra parte de mi pesadilla. Tenía que ser. Dentro de mí, sabia que no lo era, esto era demasiado real. Aunque perdí la esperanza y temí por lo desconocido me agarre de lo que tenía al alcance, un regalo de mi madre en mi cumpleaños unos años atrás, una bola de cristal de navidad de nuestras vacaciones pasadas. Lo tomé y lo lance con todas mis fuerzas por el cuarto, de repente los ojos se volvieron oscuros, seguido de un ruido en el piso de la habitación, enfrente de mi cama. Prender las luces me dieron una sensación de culpa en mi estomago, por que tan fácil. Viendo a la criatura por primera vez de cerca y sabiendo que habia estado conmigo desde que era un niño me dio una sensación extraña en la garganta. Sus piernas eran la mitad de gruesas que las de las personas comunes, y su piel era una sustancia desconocida por mi, era negra y parecía de cuero, pero parecía que podías atravesar tu mano en esa piel, atravesada por pedazos de cristal. Lo que paso después me hizo creer aquella teoría que había pensado, tan pronto prendí las luces, se hizo realidad. Esta criatura no era mi enemigo; era nada mas un visitante inofensivo. Entonces fue ah cuando empezó, los ruidos extraños en las escaleras, las ventanas golpeando, y la peor parte fueron los grotescos chirridos y aullidos. Sabía que lo que había hecho fue el peor error de mi vida. En alguna parte del pasillo, mi hermana grito. La criatura, la que yo había matado, fue siempre mi protección.
