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Neurofemme

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Primer post: 20 mar 2010Último post: 27 dic 2010
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Las “Nuevas” Aventuras de Tom Sawyer.
Ciencia EducacionporAnónimo12/25/2010

“ Diablo de chico! ¡Cuándo acabaré de aprender sus mañas! ¡Cuántas jugarretas como ésta no me habrá hecho, y aún le hago caso. Parece que adivina hasta dónde puede atormentarme antes de que llegue a montar en cólera, y sabe, el muy pillo, que si logra desconcertarme o hacerme reír ya todo se ha acabado y no soy capaz de pegarle. Cada vez que le dejo sin castigo me remuerde la conciencia, y cada vez que le pego se me parte el corazón. “ Este monólogo podría ser uno de los tantos de hoy dia, que provoca la conducta disruptiva de algún niño o adolescente de esos, inquietos, traviesos, que se hamacan en las sillas, que no hacen caso, que hacen papelones en las reuniones familiares, que no paran de hablar y discutir, que van tirando todo a su paso, en escenas a veces tragi-comicas, sacando a sus mayores de las casillas y que cuando escuchamos sus quejas, hacen que los compadezcamos. Sin embargo, estas quejas son de la tia Poly, personaje de Las aventuras de Tom Sawyer novela escrita por el estadounidense Mark Twain en 1876. Tom Sawyer, el niño terrible de esa novela que ha sido disfrutada por varias generaciones, bien podríamos diagnosticarlo como un niño con Síndrome de Déficit atencional con hiperactividad. Twain, nos revive en este relato de historia antigua, las mismas que se viven en la actualidad, porque niños asi, obviamente siempre han estado y están presentes en muchos hogares de todo el mundo. Viejos problemas en nuevos niños. “La mañana del lunes encontró a Tom Sawyer afligido. Las mañanas de los lunes le hallaban siempre así, porque eran el comienzo de otra semana de lento sufrir en la escuela.” Una de sus áreas conflictivas que tratan de evitar: la escuela, o quedarse en casa y asumir responsabilidades. Para ello despliegan toda clase de estratagemas, el dolor de panza, el dolor de cabeza, que se olvido de copiar la tarea y la maestra lo va a rezongar, que para que va a la escuela?, el clásico, “ya va…” y aparece, con suerte a la media hora…que es un niño y quiere jugar, entre otras. Actitudes que “agotan” a los adultos, y los hacen ir acumulando sensaciones de impotencia, de frustración, de rabia. Hay una serie de conductas que llevan el sello distintivo del TDAH, y que se complican cada vez más en la medida que se asocian síntomas de ansiedad en el niño. La ansiedad se puede ver, en la forma desmedida que actúan respecto a cosas banales, y que se expresan: A nivel cognitivo, en forma de fobias, ideas obsesivas, oposicionismo, terquedad.(realizan travesuras peligrosas por un lado, y por otro tal vez no pueden dormir sin la luz prendida). A nivel somático, en hipertermia, algias, migrañas, diarreas.; a nivel inmunológico en alergias respiratorias, dérmicas, intolerancias alimentarias e incluso algunos autores señalan desequilibrios neurohormonales. Las “malas compañías” “Huckleberry era cordialmente aborrecido y temido por todas las madres, porque era holgazán, y desobediente, y ordinario, y malo..., y porque los hijos de todas ellas lo admiraban tanto y se deleitaban en su velada compañía y sentían no atreverse a ser como él. Tom se parecía a todos los muchachos decentes en que envidiaba a Huckleberry su no disimulada condición de abandonado y en que había recibido órdenes terminantes de no jugar con él. Por eso jugaba con él en cuanto tenía ocasión.” Debido a sutiles anomalías anatomo-funcionales especialmente en la corteza orbito-frontal, que determina la presencia de inestabilidad en todas las dimensiones del temperamento, son muy vulnerables a dejarse llevar por otros chicos, que los provocan, o los proponen desafíos, y los “hacen meterse en líos” donde la cara visible “siempre son ellos”, y donde después reaccionan ante la decepción con desbordes emocionales, que van desde arranques de cólera, insultos, pegar a otros, hasta oposicionismo, o ataques de llanto. Pero también, niños con este trastorno, tienen cierta habilidad para seducir y manipular a otros, esto lo podemos ejemplificar en la novela de Twain, cuando relata que la tia Poly mando a Tom a pintar la cerca de madera de su casa, y cómo Tom se las ingenió, para evitar la tarea, convenciendo a otros niños, que era un honor hacer ese trabajo, y hasta logro que le pagaran por hacerlo: "Para cuando llegó la tarde, de ser literalmente un niño fastidiado por la mañana Tom había pasado a nadar en la abundancia. tenía doce canicas, un cristal azul para mirar a través de él, un trozo de tiza, un soldadito de plomo, seis cohetes sorpresa, un gato con un solo ojo, un collar de perro, el mango de un cuchillo.... Encima lo había pasado estupendamente, con mucha compañía, y la valla tenía tres capas de pintura primorosamente puesta! Si no se hubiera quedado sin pintura, podría haber llevado a la bancarrota a cada niño del pueblo. Atención. “Cuando sus compañeros se calmaron, Tom hizo un honrado intento de estudiar; pero el tumulto de su cerebro no se lo permitía. Ocupó después su sitio en la clase de lectura, y fue aquello un desastre; después en la clase de geografía, convirtió lagos en montañas, montañas en ríos y ríos en continentes, hasta rehacer el caos; después, en la de escritura, donde fue «rebajado» por sus infinitas faltas y colocado el último, y tuvo que entregar la medalla de peltre que había lucido con ostentación durante algunos meses.” “Esta en las nubes”.. “es un despistado”, “pierde cosas”… “se olvida de decirme que hay reunión en el colegio”.. “Hace zapping con todo ..” son algunas de las quejas frecuentes en los padres que acuden a la consulta buscando orientación y ayuda. Focalizar su atención y mantenerla es uno de los problemas más acuciantes de los chicos con TDAH. “Cuanto más ahínco ponía Tom en fijar toda su atención en el libro, más se dispersaban sus ideas. Así es que al fin, con un suspiro y un bostezo, abandonó el empeño. Le parecía que la salida de mediodía no iba a llegar nunca.” Aproximación a la dimensión cognitivo emocional del TDAH. “ -, no era lo que se llama malo, sino enredador y travieso. Nada más que tarambana y atolondrado, sí, señor. No tenía más reflexión que pudiera tener un potro. Nunca lo hacía con mala idea, y no había otro de mejor corazón... -y la Tia Poly empezó a llorar ruidosamente “ La autoestima es un factor nuclear de la autoimagen, y se construye sobre la base de dos sentimientos: el sentimiento del propio valer, cualidades y talentos que los demás ver en el, y el del propio poder, construido sobre la percepción de ser capaz de generar cambios positivos en si mismo, y en los demás. La autoestima del niño, se construye a través del “verse” en las actitudes y comentarios de los otros: “es tan solidario”… “es tan inteligente” …”es insoportable”… “ya no sabemos que hacer con él”, pero especialmente sobre la base de la comunicación no verbal, de los gestos que hacemos, de las actitudes hacia él y toda la variedad de dinámicas comunicacionales no verbales. Los niños con TDAH, tienden a tener muy baja su autoestima, porque provocan tantas situaciones conflictivas en la casa, en la escuela, en su entorno en general, que podemos entender que no provoquen juicio positivo y alentador ni de su entorno social ni familiar u sean objeto de multiples reproches y golpes: “por que me haces esto a mi ¿??”… “ te voy a matar , mira lo que hiciste, no servís para nada!”. Permaneció sentado largo rato meditando, con los codos en las rodillas y la barbilla en las manos. Le parecía que la vida era no más que una carga, y casi envidiaba a Jimmy Hodges, que hacía poco se había librado de ella. Qué apacible debía de ser, pensó, yacer y dormir y sonar por siempre jamás, con el viento murmurando por entre los árboles y meciendo las flores y las hierbas de la tumba, y no tener ya nunca molestias ni dolores que sufrir. El “locus de control externo” del TDAH. Entre los 7 y los 10 años la familia, la escuela y la comunidad entregan a los niños un corpus de normas, valores y principios que gradualmente internalizarán como propios, asi como los limites que apuntan a protegerlos y/o favorecer su socialización adecuada . Pero, para que todo esto funcione, no alcanza con la parte de los adultos, sino que depende también de la madurez socio-emocional del niño. Un niño que no reflexiona, que es impulsivo y que no lo logra aprender de sus errores y sacar conclusiones, ( “ayer lo puse en penitencia por lo que hizo, y hoy vuelve a hacerlo, no le importa nada, ya no hay con que entrarle…”), es un chico que tardara enormemente en adquirir un corpus valórico firme y consistente. Permanece si, sujeto al “principio de la obediencia impuesta”, solo se someterá a las normas y principios éticos por temor a las sanciones, pero va a trasgredirlos cada vez que crea que no hay riesgo de ser sancionado. Hay un abanico de conductas que sacan de quicio a los adultos, como el “no” permanente a cada cosa que le pedimos, el excesivo egocentrismo, las conductas desafiantes, transgresoras, e incluso a aquellas que pueden poner en riesgo su integridad física o la de otros. En los niños con TDAH, decimos que su locus de control es externo, pues no ha internalizado los valores y normas y de este modo no puede regular socialmente su conducta. Y en general, la conducta altanera y desafiante, es una forma de enmascarar su autodesvalorización. “…el terror que le llevaba cada noche a arrepentirse de sus travesuras y a disponerse a actuar con rectitud.... disposición que se diluía al amanecer, cuando las sombras dejaban de parecer amenazadoras.” También hay un desarrollo insuficiente a nivel del cíngulo anterior, corteza temporal, dorsolateral y orbito-frontal del cerebro, que conduce a una pobre capacidad para utilizar la memoria de trabajo, y la noción de temporalidad , necesaria para la construcción de la memoria biográfica que consolida nuestra identidad y nuestro autoconocimiento; permitiendo conceptualizar nuestras emociones, llevando a los chicos a experimentar sensaciones viscerales molestas, autorreproches, insatisfacción crónica, apatía, (todos les aburre, parecen indiferentes al esfuerzo y dedicación de sus padres y maestros), tienen fases de humor depresivo. Las grietas de la relación del niño con su familia llevan a un mal pronóstico del niño con TDAH que no es tratado a tiempo. La mayoría de los papas de estos chicos, llegan a la clínica, relatando episodios de trastornos en alguna esfera de la conducta, ya desde el primer año de vida: “no nos dejaba dormir”, “no paraba de llorar “, “nadie sabia que le pasaba, lo tenia que hacer santiguar por el mal de ojo o la pata de cabra”. Luego, se suman las quejas de los educadores, en la etapa preescolar y escolar, todos reconocen que es inteligente, que dice y hace cosas que parecen de niños superiores a su edad, pero que no logra cumplir con los requerimientos académicos que se esperan de él según el grado, que se “hace el payaso” en la clase, que contesta precipitadamente, que cumple con las tareas con el mínimo esfuerzo. No faltando por supuesto, el vecino que nos llama para decirnos que le abrió la jaula a su pájaro, que le tiro una piedra y le rompió un vidrio, que no deja de molestar a su perro. Todos estos procesos de quiebre de la relación del niño con su familia y el entorno familiar llegan a un punto critico a medida que el chico va llegando a la pubertad y la adolescencia. Esta etapa, provoca en los chicos un desequilibrio mayor de su autorregulación emocional, aumentando la ansiedad que los chicos canalizaran a través de la TV, los videojuegos, el hablar eternamente por teléfono o chatear, el mal talante, el desafío, el consumo de drogas o alcohol. Desde el conocimiento científico del tema, y mi experiencia profesional, siempre recomiendo a los padres, atender al chico con estas características antes de llegar a esta etapa, que por cierto tiene ya sus complicaciones normales y propias, que hacen mas difícil aun revertir la problemática del niño y su entorno y lograr una mejora de la calidad de vida. “La tía estaba preocupada; empezó a probar toda clase de medicinas en el muchacho.” Las preocupaciones de la tía Poly y su “matadolores”, nos brinda un panorama muy real del angustiante peregrinar de los padres entre maestros, escuelas, psicólogos, psicopedagogos, medicaciones, sintiéndose frustrados porque no ven buenos resultados a la brevedad, porque aspectos áridos y reiterativos de la personalidad de su hijos no cambian sustancialmente. No hay soluciones mágicas, hay que tener calma, comprensión y sobre todo mucho conocimiento sobre el tema, para poder ayudar a estas personitas y su grupo familiar. Hay que trabajar en equipo, profesionales de diferentes disciplinas, la familia y las instituciones sociales y educativas, interactuando y consolidando los vínculos necesarios para entender la problemática del sujeto, e ir logrando modificaciones de su “mundo interno” que repercutan en el externo y nos permitan ir encontrando que ese niño, niña, adolescente o adulto con TDAH, puede recomponer su caleidoscopio y mostrarnos también , las mejores facetas de si mismo. No encuentro mejores palabras para dar cierre al artículo que las del propio Mark Twain, palabras con las que hacen referencia al entramado social, a nuestros hijos, y a los que cada uno de ellos tiene de nosotros mismos y de nuestros ancestros: "La mayoría de las aventuras que refiero en este libro son reflejo de la realidad; una o dos me han ocurrido a mi mismo; el resto son anécdotas de otros niños, compañeros míos de la escuela. Huck Finn ha existido; Tom Sawyer también, si bien no se trata de un solo individuo; es una combinación de las características de tres chiquillos amigos. Es pues un trabajo arquitectónico de orden compuesto. Las raras supersticiones de las que doy fe prevalecían entre los niños y los esclavos del Oeste en la época de este relato. A pesar de que destino este libro a pasatiempo de muchachos, espero que no lo despreciarán los hombres ni las mujeres, ya que en parte está compuesto con la idea de despertar recuerdos del pasado en los adultos y exponer cómo sentían, pensaban y hablaban, y en qué raras empresas se embarcaban." MARK TWAIN Prof. Neuropsic. Ing. Silvia Pérez Fonticiella Consultora en Neurociencias. IINNUAR. www.iinnuar.wordpress.com

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El canto de los pájaros, pistas para el cerebro humano.
Salud BienestarporAnónimo3/20/2010

Si tratáramos de definir la función del cerebro en forma sintética podríamos decir que es la de recibir, procesar, almacenar y enviar información al medio ambiente. Es decir, concebido como órgano mental, el cerebro percibe, memoriza, decide y actúa por medio de la conducta. Unas preguntas básicas serían: ¿cómo están codificados y dónde están los recuerdos?, ¿de qué manera se organiza la conducta en el cerebro? Debe existir una huella, alguna forma en la que la experiencia deje su marca en el tejido nervioso. A esa huella se le ha llamado engrama, pero aun hay muchas preguntas por responder acerca de cómo funcionan esas huellas. Con el aprendizaje aumenta en el cerebro la síntesis de proteínas; se activan y con ello se favorecen nuevas rutas de comunicación entre ciertas neuronas; se hacen circuitos de retroalimentación. Cientos de experimentos se han realizado para esclarecer esto, pero una de las evidencias recientes de mayor interés ha surgido del estudio de una de las conductas naturales más hermosas y llamativas: el canto de los pájaros. El canto de un pájaro lleva mucha información a distancia: atrae consortes potenciales, previene a otros machos, ahuyenta a predadores. El canto está constituido en canciones funcionales, es decir, melodías para situaciones conductuales específicas. Algunas son proclamaciones que utilizan para delimitar territorios. Otras son cantos agresivos y otras más son de cortejo. Se han identificado, además, canciones de cuidado paternal, de alarma y de defensa. En los extensos tiempos que dedican algunos pájaros a cantar se mezclan diversos tipos de canciones y, con ello, se logran funciones diversas de comunicación. Sin embargo aún desconocemos el significado de los fraseos completos. Probablemente una misma canción tenga tantos significados cuantos escuchas existan, según su especie, sexo y aun su estado fisiológico. Además de que los cantos son particulares de la especie, hay también dialectos: tipos de modulación característicos de una región geográfica determinada que difiere de miembros de la misma especie en otras áreas. Más aún, hay individualidad en el canto. En varias especies la canción se compone de una serie de frases comunes a todos los machos y, sin embargo, hay fraseos individuales que permiten reconocer al pájaro que los emite. En experimentos de aislamiento y producción de híbridos se ha descubierto una característica del canto que es común prácticamente a todos los comportamientos: el hecho de que tenga un componente genético y otro aprendido. A diferencia de los insectos, cuyos cantos casi no se pueden moldear o modificar por el aprendizaje, los pájaros pasan por estadios de maduración durante los cuales la estructura y la tonalidad se refinan de acuerdo con el dialecto y la individualidad de quienes los rodean. Los pájaros aislados desde el nacimiento o los que son sordos producen cantos elementales y, aunque maduran durante el desarrollo, nunca alcanzan la riqueza de expresión de los criados en su ambiente. Esto demuestra que existe un patrón codificado en el sistema nervioso por ciertos genes que llevan la información del canto de padres a hijos, pero que ese patrón debe de ser modificado y enriquecido por la experiencia para que ocurra el producto acabado. Pero, además de la codificación del canto, existe un patrón de reconocimiento. O sea que no sólo hay un mecanismo para emitir el canto, sino que existe otro para reconocerlo. Esto se asemeja mucho a lo propuesto por Noam Chomsky, el conocido lingüista del Instituto Tecnológico de Massachusetts, que formula que hay patrones para el lenguaje humano, el cual tendría un componente genético para la estructura fundamental y otro adquirido durante etapas cruciales de maduración. Ahora bien, ¿cómo se codifica el canto en el cerebro? Fernando Nottebohm, investigador argentino que trabaja en la Universidad Rockefeller, sorprendió a los científicos del cerebro con un hallazgo sensacional: la evidencia de que un área muy restringida del cerebro de los canarios aumentaba al doble de su tamaño durante la primavera, la época del apareamiento anual y del inicio del canto, para reducirse al final de ella a su talla previa. Esta zona es un núcleo que controla las neuronas motoras de los órganos vocales, en particular la siringe, con la que el ave emite la voz; se trata del núcleo cerebral donde se halla codificado el canto. En experimentos posteriores encontró que la aplicación de testosterona, la hormona masculina producida por el testículo y que aumenta en los machos durante la época del apareamiento, produce un incremento en la talla del núcleo y desencadena el canto en los machos, incluso fuera de la estación. Más aún, las hembras adultas que normalmente no cantan, si se les aplican inyecciones de testosterona desarrollan el mismo cambio que los machos, es decir, expansión del núcleo y producción de canto. Estas evidencias vinieron a echar por tierra la noción de que el cerebro adulto era inmutable, y de que las neuronas, por su extrema especialización, ya no se producían en el animal adulto. Hoy sabemos que las estimulaciones ambientales reiteradas, actuando sobre el ADN, pueden determinar cambios relativamente estables de la expresión del mismo, y la actualización de la información que allí se genera, propicia la formación de nuevas rutas de comunicación sinápticas entre las neuronas. Esto nos da una visón mas optimista de las posibilidades que las intervenciones terapéuticas y pedagógicas adecuadas y a tiempo pueden promover en las personas, resignificando lo que alguna vez nos enseño el poeta Antonio Machado, …. “Hoy, es siempre todavía..” Dra. Silvia Pérez FonticiellaCONSULTORA EN NEUROCIENCIAS Información en Internet sobre Neurociencias: www.iinnuar.wordpress.com

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Los abuelos tenían razón...
Salud BienestarporAnónimo12/27/2010

Con frecuencia, llegan al consultorio padres preocupados porque observan que a sus hijos, les cuesta o les toma mucho tiempo hacer la tareas escolares. Ante esta situación, ellos plantean que quisieran ayudarlos pero que les resulta difícil, ya sea porque han cambiado los métodos y el propio hijo le cuestiona que así no es como le enseñó su Seño, o porque los padres no tienen tiempo para dedicarle, porque hay otros hijos mas pequeños que atender, entre otras razones expuestas. De pronto, siempre buscando entre mis libros palabras inspiradoras, apareció la de un compatriota que tiene una larga trayectoria docente y que considera imprescindible que cada familia sea protagonista en la construcción de la inteligencia de sus hijos. De ese libro, del Maestro uruguayo Alfredo Gadino quiero compartir con uds. algunas reflexiones… ¿Los Abuelos tenían razón? Cuando tengo un ratito libre y miro los cuadernos de mi hijo, pienso en cuanto ha cambiado lo que se aprende en la escuela. Si me quedo con él cuando hace los deberes y lo veo tropezar, quisiera ayudarlo, pero entre lo que me olvidé y lo que a mi me enseñaron de una manera distinta, yo mismo no sé por dónde empezar. Aunque no lo diga, resuelvo que estos temas de conocimientos queden para la escuela, mientras en casa nos ocupamos de otros aspectos: la salud del hijo, sus afectos, sus costumbres, los valores morales que va formando. “En eso, que es tan importante, si, que la familia educa” me afirmo. Si por casualidad el abuelo llega a oír esta reflexión seguramente protestará: “En otros tiempos si, que la familia educaba a los jóvenes. Ahora, en cambio, los padres nunca están…” ¿La familia actual, educa o no a los hijos? ¿Los padres de hoy no podemos ayudar a nuestros hijos a saber más, a conocer mejor? Los abuelos dicen que antes se educaba mejor. Para llegar a una conclusión sobre este tema, lo mejor es que busquemos las características que tenían antes las familias, digamos por ejemplo un grupo familiar de sesenta o setenta años atrás, cuando los abuelos eran niños, para compararlo con la vida familiar tal como se desarrolla hoy y así, encontrar las diferencias, los cambios que hubo. Es una buena ocasión para rebuscar en uno de esos cajones del armario que rara vez se abre, hasta encontrar alguna antigua fotografía de aquella época que por fin encontramos; nos llamó la atención una foto, fechada en …1920.!! Allí se celebraba un acontecimiento especial: la llegada de un nuevo año. Pero la familia grande no esperaba el comienzo del año para reunirse: en cada cumpleaños, en los bautismos, en los casamientos, las navidades, en circunstancias de enfermedad o muerte, esa ocasión se repetía. Y si no totalmente, una gran parte de la familia se reunía cada domingo. Mientras se degustaba en la mesa la pasta amasada pacientemente por las señoras, mientras en la sobremesa se jugaba a la lotería o más tarde, en la rueda del mate, se comentaban las novedades de la familia, de la ciudad, del mundo, también se compartían las preocupaciones, se analizaban conductas y se buscaban salidas, - entre todos- a los problemas de cada uno. La familia entera creaba un modelo de conducta para los jóvenes: una actitud basada en la obediencia, en el respeto absoluto a la autoridad de los mayores, en la distancia entre las generaciones, en la autoridad de los mayores, en la distancia entre las generaciones, en el acento religioso de los conceptos morales que se inculcaban. En esa época la educación infantil estaba regida por normas muy precisas, durante toda la primera infancia los niños permanecían en el hogar, ya que los Jardines de Infantes eran todavía un sueño de algunas educadoras. Después, los niños debían recibir en la escuela, la instrucción que les posibilitara mantenerse o ascender en la escala social. Ya adolescentes, a los varones les correspondía su formación profesional como aprendices en el taller, el comercio o el escritorio de un pariente; mientras que las niñas, luego de la escuela primaria, debían ser preparadas para cumplir su futuro papel de amas de casa. Nos interesa destacar que todos los parientes influían en el comportamiento de los niños. La familia grande era algo así como el conjunto de piezas de un mismo color del juego de ajedrez, que se mueven en direcciones diversas, que actúan unas y otras con leyes propias, pero dispuestas a enfrentar, apoyándose entre si, el conflicto con el mundo exterior. Pero la vida, ni antes ni ahora, queda inmóvil como una imagen fija del pasado. El fotógrafo pudo detener por un instante el tiempo para esa familia, pero no más que por un instante, mientras esperaban el fogonazo que producía aquella máquina enorme, cubierta por un paño negro. Pero después del “Ya está”, todo el movimiento se reinició. Los hombres volvieron a sus trabajos en una ciudad en pleno desarrollo industrial y comercial, con permanente actividad portuaria. Los jóvenes se iniciaron en la nueva realidad política que había sustituido las luchas armadas por las discusiones en los clubes partidarios. Las mujeres soñaron con la participación más activa en la sociedad, que estaba posibilitada por el liceo femenino y el empleo en los comercios. El país crecía con nuevas oleadas de inmigrantes, con la formación de sindicatos, la instalación de bancos, creación de facultades en una Universidad cada vez más concurrida. El centro de la capital multiplicó su actividad comercial, los barrios se llenaron de altas chimeneas industriales, el tranvía eléctrico los recorrió a todos, el carbón tuvo que dejar paso al petróleo, se empezaron a necesitar dactilógrafos, linotipistas, maquinistas de todo tipo; fueron necesarios más agrónomos, contadores, maestros… La sociedad en su conjunto fue cambiando. Y todos esos cambios repercutieron inevitablemente en la organización de lo que conformaba el tejido de la sociedad, su célula básica: la familia. Esos cambios, ¿fueron para bien? No podríamos decirlo. Pero lo que sí sabemos, es que los padres de los niños de hoy no pueden reinstaurar las costumbres del pasado, reproducir las formas de educación que ellos recibieron. Deben crear nuevos modos porque los propios hijos les están pidiendo que los ayuden, ahora, en esta realidad: les están reclamando apoyo para comprender este entorno tan complejo de hoy, para poder construirse como jóvenes mientras construyen un mundo distinto. Silvia Pérez Fonticiella Consultora

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