NerusuunTar
Usuario (Israel)

Los ataques sionistas aumentan al mismo ritmo de la catástrofe palestina. Civiles, niños y ancianos siguen siendo los más afectados. El conflicto no muestra una salida cercana. Socorristas anunciaron este sábado que ya aumentó a mil el número de palestinos asesinados en Gaza en el marco de la ofensiva que inició Israel hace menos de tres semanas y que se mantiene pese a la condena de la mayor parte de la Comunidad Internacional. La agencia AFP reseñó que más de un centenar de cuerpos se descubrieron este sábado, durante la tregua humanitaria de 12 horas entre Israel y el movimiento islamista palestino Hamas, la cual expira a las 20H00 locales (17H00 GMT). En este contexto, este sábado, los ministros de Relaciones Exteriores de Estados Unidos, Turquía, Catar y varios países europeos exhortaron este sábado, en París (capital francesa) a "prolongar el alto el fuego humanitario en vigencia en Gaza" pero ninguna de las dos partes dio respuesta a la petición. Masacre descarada Desde que inició la ofensiva, el mundo ha visto con horror como cientos de civiles, mujeres y niños han sido masacrados; y mientras la Organización de Naciones UNidas (ONU), el Consejo de Seguridad y varios países de la Comunidad Internacional califican la acción como un "genocidio", Israel no ha mostrado el mínimo interés en detenerse. Este viernes, la misión permanente de observador del estado de Palestina condenó en una carta remitida al Consejo de Seguridad de la ONU el bombardeo israelí contra una escuela en la que se han asentado varios refugiados. "Una vez más, las fuerzas de la ocupación israelí han alcanzado una escuela de la UNRWA (Naciones Unidas para la protección de los Derechos Humanos) causando más muerte y heridas entre los ya de por sí traumatizados civiles, desplazados de sus viviendas y cobijados en la escuela, incluidos muchos a los que la potencia ocupante había exigido previamente abandonar su residencia", señaló la misiva. Más de 148 mil palestinos están refugiados en escuelas de la UNRWA en Gaza, a donde han escapado de los continuos bombardeos del Ejército israelí sobre el enclave mediterráneo. Tierra ensangrentada Además de los ataques aéreos, las Fuerzas Armadas israelíes llevan nueve días de operación militar por tierra en Gaza. El ministro de Asuntos Exteriores de Palestina, Riyad al Maliki, denunció "la destrucción del sistema de agua, electricidad, y carreteras, "lo que sólo lleva a más sufrimiento de Palestino". El ministro de Asuntos Exteriores de Palestina, Riyad al Maliki, definió este miércoles la situación en Gaza de "catástrofe humanitaria" e hizo un llamamiento a la comunidad internacional para que obligue a Israel a cesar la "indiscriminada agresión israelí".
Los palestinos exigimos que se nos reconozca como seres humanos Vivo en la Franja de Gaza desde hace 60 años, y nunca he sido testigo de nada parecido al horror de estas últimas semanas. Hasta ahora, el Centro Palestino de Derechos Humanos (CPDH) ha confirmado la muerte de 1.994 palestinos. De ellos, las primeras investigaciones indican que 1.657 son civiles, entre los que hay 468 niños. El grado de destrucción que han sufrido las viviendas tampoco se había visto nunca. Hay ya casi medio millón de desplazados en el interior de la Franja. Casi un tercio de la población. ¿Dónde se supone que va a ir esa gente? A refugios, hospitales, instalaciones de la ONU: todos ellos han sufrido ataques. Los servicios en Gaza ya no dan más de sí. Se calcula que alrededor de un millón de personas no tiene acceso a agua potable. Miles de civiles se han quedado sin hogar. Los suministros médicos escasean. Nos encontramos ante un sufrimiento humano sin precedentes. Esta realidad nos empuja a la conclusión de que Israel está aplicando la doctrina Gaza —una versión refinada de la doctrina Dahiya, observada por primera vez en Líbano en 2006—, que consiste en causar muertes y destrucción desproporcionadas entre la población civil para presionar a las autoridades de Hamás. Porque, si no, ¿cómo se explican las estadísticas? El 85% de los fallecidos son civiles. Se han borrado del mapa zonas enteras. Queremos desesperadamente que acabe este conflicto. Queremos que terminen los ataques y las muertes. Los datos sobre heridos y fallecidos ocultan la verdadera tragedia: el desgarro de las familias, las vidas malogradas. Pero, aunque deseamos que terminen los ataques, sabemos que cualquier alto el fuego debe construirse sobre la base del respeto a los derechos humanos. Esa es la lección que nos ha enseñado el proceso de Oslo, un proceso que ha dejado muy claras las consecuencias de sacrificar los derechos humanos por el bien de los avances políticos. La vida actual en la Palestina ocupada es considerablemente peor que hace 20 años. En lugar de ver la autodeterminación y la independencia, nuestra labor consiste en documentar crímenes de guerra y asegurar la provisión de alimentos, agua y asistencia médica. En la Franja de Gaza estamos sometidos a cierres y ataques constantes. Un niño de seis años ha vivido ya tres guerras. Los datos sobre heridos y fallecidos ocultan la verdadera tragedia: el desgarro de las familias, las vidas malogradas Los crímenes de guerra se cometen con impunidad total. Tras la Operación Plomo Fundido —la ofensiva del 27 de diciembre de 2008 al 18 de enero de 2009—, el CPDH presentó 490 querellas criminales en nombre de 1.046 víctimas. En los cinco años posteriores, no recibimos más que 44 respuestas. Las autoridades decidieron que los otros 446 casos no merecían ni una reacción. ¿Con qué resultados? — Un soldado fue sentenciado por el robo de una tarjeta de crédito a siete meses de condena. — Dos soldados fueron condenados por utilizar a un niño de nueve años como escudo humano. El castigo fue una sentencia suspendida de tres meses. — Un soldado fue declarado culpable de “mal uso de arma de fuego” por haber disparado contra un grupo de civiles que llevaban banderas blancas y haber matado a dos mujeres. Fue condenado a 45 días de prisión. Eso no es justicia; es la ley de la selva. Los constantes crímenes de guerra y la impunidad con que se cometen niegan nuestra dignidad, nuestra valía como seres humanos. Están diciéndonos que nuestras vidas no son sagradas, que nosotros no importamos. Pedimos que se investiguen todos los presuntos crímenes de guerra y se juzgue a los responsables. ¿No es razonable? Debemos aprender de la experiencia de Oslo. Hay que aplicar la ley. Hasta el Comité Internacional de la Cruz Roja ha dicho expresamente que el cierre de la Franja de Gaza constituye un castigo colectivo e ilegal según el Derecho Internacional. No podemos regresar a esa realidad. Hay que acabar con el cierre. No es una demanda política, y creo que es una demanda razonable. Queremos que la ley se aplique por igual para todos. Queremos que se respeten nuestros derechos. Exigimos que se nos reconozca como seres humanos. En última instancia, nuestro mensaje es sencillo. Los habitantes de la Franja de Gaza somos personas como cualesquiera otras. Tenemos los mismos sueños, las mismas esperanzas y las mismas ambiciones. Sangramos igual y lloramos igual. Solo pedimos que se nos trate como a iguales. No somos peones en un ajedrez político; nuestro sufrimiento es muy real. Queremos que se respeten nuestros derechos humanos, que se pidan responsabilidades a quienes infringen la ley y que ese respeto a los derechos humanos sea la base de cualquier acuerdo futuro, incluido el alto el fuego que tanto se necesita.
En su continuo silencio la Alemania oficial está colaborando con Israel en su empresa de destrucción y muerte librada contra el pueblo palestino en Gaza. Alemania no está sola, el silencio de Austria también es ensordecedor. En realidad, ¿por qué escoger estos dos países? En el segundo o tercer día de la guerra la canciller Angela Merkel no fue la única en declarar que apoya a Israel. Toda la Unión Europea apoyó a Israel y su derecho “a defenderse”. Sí, Francia y Gran Bretaña se retorcieron un poco la semana pasada, haciendo algunos débiles sonidos de protesta. Pero todavía resuena la posición original de la UE declarada el 22 de junio. Acusó al lado bajo el prolongado sitio israelí de causar la escalada. Es el lado que, a pesar de todas las declaraciones europeas sobre su derecho a la autodeterminación y a un Estado independiente en Cisjordania y Gaza, sigue estando bajo ocupación israelí después de 47 años. Los Estados miembros de la UE y, obviamente, EE.UU., dieron a Israel la luz verde para matar, destruir y pulverizar. Culparon sobre todo a los que lanzaron los cohetes, a los palestinos. Los cohetes estaban haciendo estragos en el “orden” y la “tranquilidad”, poniendo en peligro la seguridad de Israel, que es tan débil y vulnerable, y siempre se le ataca sin razón alguna. Básicamente, EE.UU. y Europa están apoyando el status quo bajo el cual se separa la Franja de Gaza de Cisjordana. El sitio israelí de Gaza y la opresión de la población palestina en Cisjordania son la tranquilidad, el orden y la seguridad de Israel. Quienquiera se atreva a violar esta situación debe ser castigado. En sus apasionadas declaraciones sobre el derecho de Israel a defenderse los funcionarios de la UE no mencionan el derecho de los palestinos a la seguridad o protección del ejército israelí. Europa y EE.UU. no dieron a Israel luz verde para intensificar el ataque (destruir, matar e infligir sufrimientos en una escala sin precedentes) al estallar las actuales hostilidades. Ya la dieron en 2006, cuando encabezaron el boicot del gobierno de Hamás elegido democráticamente. Incluso entonces prefirieron castigar colectivamente a toda la población palestina ocupada mientras ignoraban el motivo principal por el cual esa organización había logrado una mayoría: el régimen palestino preferido que Europa había apadrinado, la Autoridad Palestina. Ese régimen sigue estando manchado por dos males, la corrupción y el hecho que sus tácticas diplomáticas no han logrado conseguir la independencia. La conducta de la AP ha llevado a una situación en la cual las negociaciones, una disposición favorable a llegar a un acuerdo de paz con Israel e incluso la oposición a una lucha armada por razones morales y prácticas, se han convertido en sinónimos del enriquecimiento de un pequeño grupo, además de su desprecio de los derechos y condiciones de la mayoría de la población. Ni tranquilidad ni orden Se puede comprender que expertos en seguridad israelíes malinterpretaran repetidamente las corrientes tanto abiertas como subterráneas que existían en la sociedad palestina, que una y otra vez alteran la “tranquilidad”. Los cerebros de esos expertos no están programados para comprender que la tranquilidad y el orden que supuestamente deben preservar no son ni tranquilidad ni orden. Hace dos semanas Jacob Perry, el favorito del público y personaje clave en el documental The Gatekeepers, dijo que esperaba que el establishment de la seguridad lograra contener la última ola de manifestaciones en Cisjordania. “Esas manifestaciones son malas para ellos y para nosotros”, dijo el antiguo jefe del servicio de seguridad Shin Bet de una manera típicamente paternalista. Por cierto, el ejército, que no esperó su consejo, sigue matando manifestantes que no ponen en peligro las vidas de soldados. Lo hacen cada semana y hieren a docenas (dos más fueron asesinados este fin de semana). Incluso después de 47 años los funcionarios de la seguridad no comprenden que la opresión no lleva a la sumisión. En el mejor de los casos, solo posterga un enfrentamiento mucho más sangriento, como sucede ahora en Gaza. ¿Pero qué pasa con los expertos, trabajadores de la ayuda, diplomáticos y consejeros civiles y militares de Europa, y las lecciones acumuladas durante muchos años de colonialismo? Sería de esperar que toda esa gente y eventos hubieran impedido que Europa cometiera un error tan eminente en 2006, del cual surgieron todas las escaladas empapadas en sangre palestina. El boicot de Hamás, que en efecto fue un boicot político del pueblo palestino en los territorios ocupados, alentó a Fatah y al presidente de la AP Mahmud Abas para que invalidaran los resultados de la elección por medios no democráticos. El boicot y el desdén occidental por el resultado de las elecciones solo incitaron a Hamás hacia canales extremos y desesperados, convirtiéndolo en un mártir y una alternativa respetable en la mente del público. De hecho, esto no fue un “error” sino más bien una decisión consciente. Los países europeos y EE.UU. están dispuestos a invertir miles de millones de dólares en los territorios palestinos para la reconstrucción de los escombros creados mediante el uso de armas estadounidenses y probablemente europeas. Esos dólares tienen que ver con desastres humanitarios causados por la ocupación israelí. Europa y EE.UU. están dispuestos a financiar carpas, alimentos y agua a fin de domesticar a una dirigencia a las que esas donaciones mantienen cautiva. Por ello esos dirigentes prometen no perturbar la tranquilidad y el orden. Occidente no se preocupa de la justicia y de los derechos de los palestinos, sino de mantener la “estabilidad”. Alemania y Austria destacan particularmente. Debido a ellos existe la impresión de que la Unión Europea apoya tanto a Israel debido al sentimiento de culpabilidad por el asesinato de judíos europeos bajo la ocupación alemana y debido a un compromiso moral con el heredero directo de ese capítulo en la historia, el Estado de Israel. Amparados por el Holocausto, no es necesario discutir los intereses occidentales, sean estadounidenses o europeos. Estos incluyen el control continuo, mediante agentes de confianza, de recursos de petróleo y gas, la protección de mercados y la salvaguardia de la “seguridad” de Israel como potencia occidental, considerada una entidad estable que puede contener y contrarrestar los cambios en la región. Si los países europeos, especialmente Alemania y Austria, les interesara verdaderamente la seguridad de los judíos en Medio Oriente no seguirían subvencionando la ocupación israelí. No darían a Israel una luz verde permanente para matar y destruir.

En dos ocasiones el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha desconocido la soberanía de Palestina al rechazar su ingreso como Estado de pleno derecho. Solo la Unesco la reconoció como Estado observador en el 2011 pese a la oposición de Estados Unidos y sus aliados. Durante años el pueblo palestino ha luchado por su derecho a ser reconocido como un país libre, soberano e independiente. Su ingreso a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sería un acto de justicia histórico tras años de sufrimiento por la ocupación israelí en su territorio, que ha dejado miles de muertes. En varias ocasiones, la mayoría de los países miembros de la ONU se han pronunciado y han votado a favor del ingreso de Palestina como Estado de pleno derecho, pero el Consejo de Seguridad se ha opuesto, en especial Estados Unidos, que por ser uno de los cinco miembros permanentes tiene derecho a veto. El Consejo de Seguridad de la ONU está compuesto por cinco miembros permanentes (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, la Federación Rusa y China), y diez miembros no permanentes, que son electos por períodos de dos años. Según cifras de la Organización para la Liberación de Palestina, más de 130 países reconocen a Palestina como un Estado independiente. Los intentos de ingreso a la ONU El 23 de septiembre de 2011, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbás, hizo una petición ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para unirse como Estado de pleno derecho. Sin embargo, el intento fracasó pues solo se consiguieron ocho de los nueve votos que se necesitaban de los 15 miembros del Consejo de Seguridad. Como era de esperar, Estados Unidos amenazó con usar su derecho a veto. El 31 de octubre de ese mismo año, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia, la Educación y la Cultura (Unesco) aprobó la admisión de Palestina como Estado Miembro tras la votación de los 194 países miembros, donde 107 votaron a favor, 14 en contra y 52 se abstuvieron. Entre las naciones que se opusieron estaban Israel y Estados Unidos, este último dejó de contribuir con el financiamiento de la Unesco. Abbás entrega petición al Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon en 2011 El 29 de noviembre de 2012 Palestina hizo un segundo intento por ingresar a la ONU. En esta ocasión el organismo internacional reconoció a Palestina como “Estado observador no miembro” mediante una resolución adoptada con 138 votos a favor, 9 en contra y 41 abstenciones. Nuevamente Estados Unidos votó en contra junto a sus aliados de Canadá, Israel, República Checa, Panamá, Palaos, Estados Federados de Micronesia, Nauru y las islas Marshall. Antes de la votación, el mandatario palestino, Mahmoud Abbás, recordó que 65 años atrás la Asamblea General de la ONU había reconocido el Estado de Israel, por cual era su deber moral e histórico reconocer el Estado de Palestina. La resolución de Palestina como Estado observador fue patrocinado por unos 60 países que reclamaban los derechos inalienables del pueblo palestino de convertirse en un Estado independiente, soberano, democrático y contiguo y las fronteras definidas antes de 1967, que incluyen a Cisjordania, Jerusalén y Gaza. En la resolución de 2012 también se expresó que no se abandonaba la esperanza de que el Consejo de Seguridad aprobara la solicitud presentada en 2011 para la admisión de Palestina a la ONU como Estado de pleno derecho. Suecia reconoce a Palestina El primer ministro de Suecia, Stefan Lofven, informó este viernes que su país reconocerá al Estado palestino, de manera que se convertirá en el primer país europeo de peso en tomar esta decisión. "El conflicto con Israel solo puede ser resuelto con una solución de dos Estados negociada en conformidad con el derecho internacional", dijo Lofven. Agregó que "una solución de dos Estados requiere el reconocimiento mutuo y la voluntad de convivencia pacífica. Por lo tanto, Suecia reconocerá el Estado de Palestina".
El cirujano plástico pamplonés Higinio Ayala narra su experiencia como voluntario de Médicos del Mundo en la franja de Gaza. Este especialista en la mano ha realizado una veintena de operaciones en la zona, la mayoría a niños de entre 5 y 6 años por daños causados por bombas, metralla y caída de escombros. Higinio Ayala Gutiérrez, pamplonés de 43 años, volvió recientemente de colaborar con la ONG Médicos del Mundo en la franja de Gaza. Ahora, cuando parece que quedan atrás los 50 días de ataques, es cuando ha comenzado una nueva fase del conflicto: la reconstrucción. En el caso de Ayala, de forma casi literal. Como cirujano plástico, ha realizado en algo más de dos semanas una veintena de operaciones para recuperar la funcionalidad de piernas y manos de sus pacientes. La mayoría, a niños de entre 5 y 6 años, que resultaron más vulnerables durante la guerra porque “a diferencia de los adultos, muchas veces no saben qué hacer o dónde resguardarse” y resultan heridos. La mayoría, por heridas causadas por explosiones de bomba, metralla o caídas de escombros. Esta parte es escalofriante. Ayala, sin embargo, lo narra con voz firme. En su caso, ya tenía experiencia en trabajar como voluntario para otras ONG: desde su época de estudiante, ha pasado por Perú, Ecuador, Chad (donde intervino a niños con secuelas de la polio) y, ahora, Gaza. Médicos del Mundo buscaba a un cirujano plástico para tratar a los heridos de la guerra, para abordar aquellas lesiones más complejas que resultan complicadas para el personal sanitario de la zona, y Ayala, médico en la Unidad de Cirugía de la Mano del servicio de Traumatología del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (Santander), quiso dar un paso adelante. Recuerda que, para él, era clave que su mujer, enfermera, le respaldara en esta decisión: “Sin su apoyo, no habría ido”. Y, el 17 de septiembre, tomó el vuelo a Tel Aviv. Ahora, destaca que para experiencias así resulta clave estar preparado y “tener voluntad de ayudar en lo que se pueda”. Pero, también, estar dispuesto a no cerrar los ojos ante un paisaje complicado. Y más al colaborar con organizaciones como Médicos del Mundo, que intentan no solo ayudar sino también “reflejar las injusticias que se han generado”. En este caso, recuerda que la primera imagen que le impactó fue el paso fronterizo de Erez, una terminal aérea vacía, prácticamente fantasma, custodiada por una empresa de seguridad armada con subfusiles automáticos. “Allí podías ver el bloqueo que hay al paso de personas”, destaca. Porque, poco después, la vista choca con un muro de hormigón con garitas cada 200 o 300 metros, un bloque que convierte a Gaza prácticamente “en una cárcel”. Ayala acudió a la zona para operar, e intervino a 20 personas en el hospital Al Shifa, considerado el mejor de toda la zona (donde hay diez, y este centro dispone de unas 350 camas). Sus quirófanos no son último modelo, sino más bien de segunda categoría, pero “tampoco tienen nada que envidiar a alguno de aquí”. La mayoría de sus intervenciones duraron entre tres y cuatro horas y se centraron en reconstrucciones de heridas, sobre todo, por aplastamiento de piernas y brazos, que resultan complejas (Ayala es especialista en cirugía de mano) porque necesitan una reconstrucción de huesos, tendones y nervios. Ser un cirujano plástico no tiene nada que ver con una cuestión meramente estética, sino que se trata de reconstruir estas zonas para que sean funcionales. Sin estas intervenciones, a los pacientes solo les quedaría una cojera para toda la vida, perder la función de la mano o, en algunos casos, la amputación. La utilidad del voluntario Este voluntario pamplonés reconoce que una experiencia como esta le demuestra de forma muy directa que, con su trabajo, puede ser útil a otras personas porque “te das cuenta de que, sin tu participación, nadie podría haberlo hecho”. Por eso, también impartió charlas a los doctores del hospital para que conocieran nuevas técnicas y, además, colaboró con un segundo proyecto, esta vez de Médicos Sin Fronteras, para operar malformaciones congénitas de la mano. En este caso, en un hospital de campaña. Ayala ha visto de cerca los horrores que puede causar el ser humano, en una guerra que, además, parece más latente que solucionada. “Es un conflicto que lleva muchas décadas, y ninguna de las partes le ponen solución, pero esta no llegará hasta que se trate de algo justo y real”, confía. Hace algo más de una semana, regresó a España, a un entorno familiar que le ha ayudado a adaptarse a la vuelta. Sin embargo, insiste en que es importante “contar lo que he visto, transmitirlo, porque desde los medios de comunicación llega mucha información ambigua, y Gaza ya ha dejado de ser noticia. Ahora todo se centra en el ébola”. Sin embargo, las secuelas de la guerra, entre heridas, familias rotas y edificios destruidos, siguen ahí, en un lento proceso de recuperación.
Político palestino cree que Israel obstaculiza suministros de ayuda a Gaza Israel no cumple con los compromisos del Cairo y obstaculiza los suministros de ayuda humanitaria a Palestina, declaró el adjunto al secretario general del Frente Democrático por la Liberación de Palestina, Abdel Karim. “En las negociaciones del 26 de agosto se acordó una tregua y un cese de operaciones militares para poner fin a la agresión. Además se acordó abrir el puesto de control entre Israel y Palestina para recuperar y facilitar suministros a la Franja de Gaza. Israel no cumple completamente con estos compromisos y sigue obstaculizando la reconstrucción de Gaza”, dijo a esta agencia. Agregó que Israel demora el cumplimiento del acuerdo a pesar de que este fue alcanzado con la mediación de la ONU. Además existe una serie de asuntos que siguen sin consenso bilateral que “se plantearán en la siguiente vuelta de las negociaciones”, entre ellos la construcción de un puerto y un aeropuerto, así como la liberación de los presos capturados por Israel a partir del 12 de abril en Gaza y Cisjordania. El pasado 26 de agosto, los palestinos y los israelíes pactaron con la mediación de Egipto una tregua que puso fin a la ofensiva de Israel contra la Franja de Gaza. La operación israelí Margen Protector, que se prolongó por 50 días, se saldó con unos 2.200 muertos y más de 11.000 heridos. Los palestinos exigen, en el marco del proceso pacífico, actualmente suspendido, restablecer las fronteras que estaban vigentes antes de 1967, cuando tuvo lugar la Guerra de los Seis Días, y pretenden crear un Estado y hacer Jerusalén del Este su capital, lo que provoca fuerte oposición de Israel. El registro de prisioneros y desaparecidos en el conflicto de Donbás que lleva el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) incluye a unas 2.800 personas, informó ayer la emisaria del presidente ucraniano para el arreglo del conflicto en el este, Irina Gueráschenko. “A día de hoy, según datos del SBU, 2.800 personas están en la lista de rehenes y desaparecidos”, dijo Gueráschenko, citada por el canal Espreso.TV. Kiev negocia la liberación de muchos de los prisioneros, agregó la emisaria presidencial, pero estas negociaciones “no avanzan todo lo rápido que se quisiera”, lamentó. El pasado martes, Gueráschenko anunció que las milicias pusieron en libertad a 822 prisioneros que figuraban en el registro del SBU. El asesor del director del servicio, Markián Lubkivski, dijo la semana pasada que unos 450 ucranianos seguían retenidos por las milicias del este tras la liberación de un total de 1.400 militares. La crisis ucraniana, que se intensificó en abril con el inicio de la operación especial de Kiev contra las milicias independentistas en las regiones del este, derivó en un conflicto armado que hasta el 15 de octubre ha dejado ya 3.707 civiles muertos y 9.075 heridos, según el último balance de la ONU. En septiembre, Kiev y los independentistas pactaron con mediación de Rusia y la OSCE un alto el fuego que se respeta en general, aunque ambos bandos cruzan con frecuencia acusaciones de violarlo.
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández. Introducción 1. A mediados de junio de 2007, Israel intensificó su política de bloqueo sobre la Franja de Gaza como parte del plan puesto en marcha una década antes para dominar y destruir la economía de Gaza y la libertad de movimiento de su pueblo. Debe subrayarse que este es tan solo el último esfuerzo de Israel para imponer una forma de castigo colectivo contra la Franja de Gaza. 2. En 2006, a pesar del Acuerdo sobre Movimiento y Acceso, que entró en vigor el 25 de noviembre de 2005 , Israel continuó estrechando sus restricciones sobre el movimiento de bienes y personas desde y hacia la Franja de Gaza, reforzando aún más una política iniciada en 1991 e incluyendo el cierre del cruce de frontera con Egipto. Estos esfuerzos se intensificaron hasta llegar al cierre total a mediados de junio de 2007; por tanto, desde hace cinco años, es esta forma extremada e inmisericorde de bloqueo la que se ha venido aplicando a la Franja de Gaza, a la que Israel considera como supuesta “entidad hostil”, consiguiendo así aislar del mundo exterior a 1,7 millones de seres. 3. Como parte de esa política de cierre, a los palestinos, por norma, se les impide entrar o salir de la Franja de Gaza, a la vez que se han impuesto severas restricciones sobre la importación y exportación de productos, incluyendo combustibles, alimentos, materiales de construcción y suministros médicos. Las consecuencias provocan: graves carencias de artículos y materiales esenciales, incremento del desempleo, pobreza y dependencia de la ayuda exterior; todo lo cual ha aniquilado cualquier posible desarrollo de la Franja de Gaza. 4. El objetivo de este breve informe es mostrar los continuados efectos del cierre, que no van a disminuir como no se detenga la institucionalización del mismo. Según está la situación en estos momentos, son las organizaciones internacionales las que proporcionan la ayuda necesaria para que el pueblo palestino pueda sobrevivir, a pesar de las obligaciones de Israel como Potencia Ocupante. 5. En el quinto aniversario del ilegal cierre de la Franja de Gaza, está claro que no se puede permitir que Israel continúe imponiendo restricciones al movimiento de productos e individuos. Está claro que la crisis humanitaria en Gaza no ha disminuido a pesar del trabajo de muchas organizaciones internacionales y no gubernamentales. A menos que se levante el cierre, será imposible que los habitantes de Gaza puedan volver a reconstruir sus vidas y conseguir sus derechos humanos fundamentales. Por lo tanto, es una lamentable verdad que los donantes van a seguir financiando el cierre, aliviando a Israel de su responsabilidad como Potencia Ocupante y permitiendo la institucionalización y perpetuación de un régimen de castigo colectivo. Antecedentes del cierre 6. Israel ha encerrado a la Franja de Gaza tras un aparato de seguridad que consiste en una valla, un muro de hormigón e instalaciones militares a lo largo de toda su frontera. En 2007, antes de la imposición del actual régimen de cierres, había cinco cruces de frontera operativos: Erez, Nahal, Karni, Sufa y Karm Abu Salem. Aunque no se dispone de cifras sobre la capacidad total de cuatro de los cruces en el paso de productos, solo el cruce de Karni, que se utilizaba para suministrar el 75% de las necesidades de la Franja, tenía capacidad diaria para 600 camiones transportando productos de importación y 400 camiones para la exportación. A finales de mayo de 2012, solo dos de esos cruces de frontera estaban operativos, uno para productos (Karm Abu Salem) y otro para peatones (Erez) . El cierre de tres de los cruces ha restringido gravemente la cantidad potencial de productos que pueden cruzar la frontera en un solo día. Las autoridades israelíes han restringido aún más el número de camiones a los que se permite cruzar por Karm Abu Salem, lo que significa que está operando a tan solo una fracción de su ya limitada capacidad. 7. Antes del cierre, se necesitaba una media de 570 camiones de carga al día para satisfacer las necesidades básicas de la población, incluyendo materias primas para la reconstrucción de la infraestructura de Gaza, es decir, aproximadamente unos 10.400 al mes. En abril de 2012, solo se permitía que atravesaran el cruce de frontera 149 camiones al día, lo que supone alrededor del 26% de los productos necesarios. Esto representa asimismo, aproximadamente, el 20% del número de los camiones transportando productos que se permitía que entraran en la Franja de Gaza antes de junio de 2007 . Algunos productos entran de contrabando por los túneles excavados por debajo del cruce de frontera de Rafah, entre Egipto y la Franja de Gaza . Israel restringe también la cifra de exportaciones que se permite salgan de la Franja de Gaza. Las cifras de estas exportaciones fluctúan de mes en mes, pero se mantienen en niveles minúsculos. En enero de 2012, la cifra de camiones con productos para la exportación de Gaza a los que se permitió salir fue de alrededor de 2,26 por día, aproximadamente el 3% de los 70 camiones permitidos antes de junio de 2007. Esta cifra se redujo en febrero de 2012, permitiendo tan solo la salida de 0,97 camiones por día, es decir, el 1,28% de las cifras anteriores al cierre. En abril de 2012, hubo otro descenso, con solo 0,60 camiones de media, es decir, el 0,85% de las cifras anteriores . El ligero incremento en las exportaciones en enero de 2012 puede atribuirse a un incremento temporal en las cifras de flores y fresas que se permitió exportar . 8. Aunque puede ser difícil establecer una correlación directa entre el ilegal cierre de la Franja de Gaza y los proyectos de las organizaciones internacionales y no gubernamentales, hay ciertos indicadores que muestran un consistente impacto perjudicial. Específicamente, al analizar las diferentes organizaciones se halla, inter alia, que hay tiempos de espera más largos en la frontera tanto para personas como productos, lo que provoca la degradación de los productos y el aumento de los gastos: Gastos que debe pagar el personal que tiene que negociar con el Estado de Israel para conseguir que apruebe los proyectos o el transporte de productos; incremento del número de nuevos proyectos humanitarios necesarios para abordar la realidad actual de la Franja; y otros gastos diversos que pueden atribuirse a la política de cierre de Israel. 9. El incremento de la cantidad de tiempo relacionada con el cierre que hay que pasar en la frontera esperando poder entrar o salir, tanto personas como productos, tiene tres efectos distintos: Primero, se requiere mucho más tiempo para coordinar los permisos para que el personal internacional cruce a través de Erez, lo que tiene un efecto lesivo en la capacidad de operar de las organizaciones . Segundo, ahora, al haber varios cruces cerrados, es considerablemente más caro que entren productos en la Franja de Gaza. Por ejemplo, la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS, por sus siglas en inglés) informa que las agencias de la ONU están pagando al menos 4 millones de dólares más al año debido al aumento de la distancia para llegar hasta Karm Abu Salen, comparándolo con Karni, el anterior cruce de frontera. Además, los productos tienen que colocarse en pallets en vez de en contenedores, lo que provoca que en cada envío puedan transportarse menos productos a causa del incremento de los costes. Finalmente, la política de cierres de Israel implica que los productos que cruzan son considerablemente más caros que antes, debido al incremento del coste de las tarifas de transporte. Esto es un problema muy serio para las agencias de las Naciones Unidas, que deben esperar que los productos aprobados entren a través de un único cruce fronterizo . 10. El incremento del tiempo y dinero gastado en negociar con el Estado de Israel para conseguir que apruebe los proyectos o el transporte de productos es otro gasto que puede vincularse directamente con el cierre de fronteras de Israel. Dos de las mayores agencias de la ONU en la Franja de Gaza necesitan anualmente ahora 2,3 millones de dólares más debido a la lentitud del proceso de aprobación exigido por Israel, y sus equipos tienen que coordinarse con las autoridades israelíes para conseguir que se aprueben tanto los proyectos como la entrada de productos. Antes de la imposición por Israel de esa política de cierre, esos gastos no se incrementaban. En caso de un proyecto de emergencia, las organizaciones ven limitada su capacidad de respuesta, porque un proyecto individual necesita una media de seis meses para su aprobación. El 19% de los proyectos de las Naciones Unidas presentados ante el Coordinador de las Actividades del Gobierno en los Territorios (COGAT, por sus siglas en inglés) , por un valor estimado en 95,7 millones de dólares, han estado esperando su aprobación durante 17 meses. Además, desde septiembre de 2011, no se ha aprobado ningún proyecto presentado bajo el paraguas de UNOPS, por lo cual es muy difícil poder hacer frente a los desafíos humanitarios de la Franja de Gaza . El Programa Alimentario Mundial también ha subrayado que las dificultades a las que su organización tiene que hacer frente para poder satisfacer las necesidades del pueblo de Gaza se deben exclusivamente a las restricciones logísticas impuestas por el cierre de Israel de la Franja de Gaza . 11. Aunque muchas agencias no tienen registros de si el aumento experimentado en su presupuesto o el aumento del número de proyectos a lo largo de los años están vinculados al cierre de fronteras, el aumento registrado en esos presupuestos puede atribuirse en parte, como poco, al cierre de Israel de las fronteras de Gaza. La UNRWA es una de esas organizaciones que vio como su presupuesto para financiar llamamientos de emergencia aumentaba desde aproximadamente 190 millones de dólares en 2006, a alrededor de 300 millones en 2012, un aumento importante que se corresponde con el cierre de Israel de la Franja de Gaza y la Operación Plomo Fundido . De forma similar, el Comité Internacional de la Cruz Roja tuvo que aumentar su presupuesto para los Territorios Palestinos Ocupados desde aproximadamente 52 millones de dólares en 2006 , a alrededor de 64 millones de dólares en 2010 . La Oficina de las Naciones Unidas para los Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés) vio como su presupuesto para los Territorios Palestinos Ocupados subía de 2,8 millones en 2006 a 7 millones en 2011 . 12. Los niveles de dependencia de la ayuda de la Franja de Gaza siguen estando por encima del 70% , a pesar del hecho de que Gaza tiene infraestructura y recursos humanos para poder sacar adelante una economía sostenible. Se estima que el 42% de la población de la Franja de Gaza está actualmente viviendo bajo el umbral de la pobreza , y que el 63% de los refugiados de Gaza, que constituyen el 83% de su población, dependen de la ayuda humanitaria . El hecho de que el 83% de las fábricas de Gaza estén cerradas o trabajando a menos de la mitad de su capacidad, debido a que no existe mercado para exportar o por dificultades de infraestructura, pone también en evidencia el enorme impacto que el régimen de cierres de Israel tiene sobre la Franja de Gaza . De hecho, el Programa Alimentario Mundial vincula directamente la inseguridad alimentaria del pueblo en los Territorios Palestinos Ocupados con los cierres de Israel .

En la reunión habitual de los domingos del gobierno israelí, el primer ministro Benjamín Netanyahu repitió que, como parte de cualquier futuro acuerdo con los palestinos, Israel mantendrá una “frontera de seguridad” en el valle del Jordán. Ese mismo día, los medios de comunicación israelíes informaron que Netanyahu había ordenado la construcción de una barrera de seguridad en la frontera jordana. Según un periodista israelí, esto “terminaría el cierre total de Cisjordania”. Esta no es la primera vez que Netanyahu ha insistido en su pretensión de apoderarse del valle del Jordán. Por ejemplo, en 2010 dijo al Comité de Defensa y Asuntos Exteriores que “Israel nunca aceptaría retirarse del valle del Jordán en un acuerdo de paz firmado con los palestinos”, mientras que en su discurso de 2011 ante el Congreso, el primer ministro israelí afirmó que “una presencia militar duradera en el valle del Jordán” es “absolutamente vital”. En enero de 2012, Netanyahu dijo a los miembros del Likud que él solo firmaría “un acuerdo permanente si incluye la permanencia de Israel en el valle del Jordán”, afirmación que fue posteriormente matizada por miembros del gobierno, asegurando que solo se refería a una “presencia militar”. El argumento de la seguridad se extiende incluso para justificar la prohibición de construir en la región a los palestinos. Esta misma semana, un miembro del gobierno de Tel Aviv dijo a la BBC que “el valle del Jordán es, en parte, una zona de seguridad sensible”, por lo que “ciertas áreas no son adecuadas para un desarrollo privado”. Sin embargo, al igual que sucede con otras políticas israelíes, como la red de asentamientos de Cisjordania y el muro de separación, los intereses de Israel en el valle del Jordán parecen estar basados más en la colonización y el beneficio económico que en la seguridad. Los desalojos y demoliciones de casas y propiedades palestinas en el valle del Jordán son, tristemente, algo habitual, con estallidos periódicos de expulsiones y demoliciones. Un ejemplo de esto fue la oleada del verano de 2010, cuando varias aldeas, cuya existencia se remontaba a antes de la ocupación de 1967, sufrieron el afán destructor israelí (algo parecido a la fachada “legal” dada a la destrucción de hogares beduinos en el Neguev). Soldados y excavadoras israelíes atacan a los pastores palestinos y sus familias, llegando a destruir los refugios provisionales levantados por cooperantes voluntarios para dar techo a los recién desalojados. Mientras tanto, los asentamientos israelíes en el valle del Jordán siguen floreciendo como parte de lo que ya en 2006 fue descrito como “anexión de facto”, y donde los consejos de asentamientos desempeñan su papel para asegurar que “en la casi totalidad del valle del Jordán, la construcción palestina está prohibida”. Utilizando diferentes métodos, “de un total de 160.000 hectáreas que abarca el valle del Jordán, Israel ya se ha apropiado de 125.000, es decir un 77,5 por ciento, donde los palestinos tienen prohibido entrar”. Como señaló la Autoridad Palestina (AP) en su respuesta a unas recientes declaraciones de Netanyahu, Israel obtiene cientos de millones de dólares de los asentamientos del valle del Jordán, con un 40 por ciento de los dátiles que se exportan a la Unión Europea cultivados en esas colonias. Los mismos palestinos —incluyendo niños— son explotados como mano de obra barata en tierras que son suyas pero que les han sido arrebatadas por los colonos, que son ahora sus patrones. En un caso especialmente grave de este régimen de apartheid, uno de estos asentamientos recibe una cantidad de agua para cultivar bananas equivalente al 25-40 por ciento de la cuota concedida a toda una aldea palestina para las “necesidades de consumo” de todos sus habitantes. Lo que está ocurriendo en la actualidad es una continuación de la limpieza étnica que comenzó tras la Guerra de los Seis Días de 1967. Se suele olvidar la escala de las expulsiones que tuvieron lugar entonces, pero en un corto periodo de tiempo alrededor de 250.000 palestinos huyeron a Jordania, de los cuales solo un 7 por ciento ha podido volver. Los campos de refugiados de los alrededores de Jericó dan cobijo hoy a parte de aquellos expulsados. A finales de junio de 1967, el comisionado general de la UNRWA (agencia de la ONU para los refugiados palestinos) dijo en la Asamblea General que el área de Jericó había sufrido una caída de población del 90 por ciento. Un artículo del New York Times de septiembre de 1968 observó que Israel parecía “haber terminado de expulsar a los árabes de las áreas que consideraban sensibles desde el punto de vista de la seguridad”. El valle del Jordán terminó sufriendo “la pérdida de población más elevada en toda Cisjordania durante la guerra y después”. La realidad actual de la colonización israelí del valle del Jordán y sus efectos en la población palestina indígena ha sido bien documentada por el Departamento de Negociaciones de la OLP, así como por grupos como Oxfam, B’Tselem y la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios. Las declaraciones de Netanyahu sobre la seguridad son patentemente falsas y representan otra indicación más de que el “estado” palestino futuro —si es que llega a existir alguna vez— está destinado a ser un bantustán cercado con vallas.