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Primer post: 16 ene 2009Último post: 23 sept 2011
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2009: The Movie (Martín Caparrós)
OfftopicporAnónimo1/30/2009

Registrate y eliminá la publicidad! 2009 The Movie va a ser más brutal que 24, más complicada que Memento, más lloradora que Celeste: un hombre que fue potente lucha contra el cerco que lo va acorralando día tras día. Por Martín Caparrós. Si uno pudiera llamar al chino, pedir delivery, prender la tele y sentarse a disfrutar de la película, pocas la empardarían. 2009 The Movie va a ser más brutal que 24, más complicada que Memento, más lloradora que Celeste: un hombre que fue potente lucha contra el cerco que lo va acorralando día tras día. El hombre todavía tiene poder y la batalla es hercúlea; todos sabemos que no puede ganarla –y ciertas cosas que dice nos hacen pensar que él también lo sabe–, pero tampoco puede no pelear. Hay pocos temas más atractivos para un relato que el condenado que no abandona su combate inútil. La película –crisis mediante– no incluye muchas escenas colectivas; por momentos tiene un aire La Ciénaga de decadencia turbia, calurosa –pero con menos talento–, y está contada muy personal, mucha secuencia en interiores, muchos encuentros del hombre con sus más cercanos. Su mujer y coprotagonista, por supuesto, tiene un rol principal: ella ha tomado las riendas de algunos de sus negocios porque él se lo pidió, y por momentos tiene la impresión –ella tiene la impresión y él no consigue disuadirla– de que no está a la altura, que las cosas no le salen como estaba previsto y que, con sus fallos, está acelerando la caída de los dos. Hay discusiones, que tampoco terminamos de entender: una de las astucias de 2009 es que las palabras de sus protagonistas nos llegan con una ligera distorsión, y nunca sabemos exactamente qué nos están diciendo –así que tenemos que imaginarlo, completar sus textos con nuestras propias impresiones o suposiciones. Mientras tanto aparecen flash backs muy breves que van contando la historia del ascenso durísimo del hombre que no le hizo asco a nada para construir su poder –que ejecutó a deudores en problemas, que halagó a los peores, que reescribió su historia, que pactó con quien fuera necesario– y que consiguió, en su momento de gloria, borrar de la memoria de los otros aquellas taras que ahora, poco a poco, regresan al recuerdo. Usando el viejo truco del documental falso, que siempre abarata y permite contar cuestiones complejas, las imágenes muestran esas escenas antiguas de frío y muy pocos amigos y las contraponen con unas tomas generales de los grandes momentos: su llegada a la gerencia general, sus encuentros con otros hombres poderosos, sus empleados vivándolo o explicándolo o escribiendo textos halagadores, su desdén por los que fue dejando en el camino, derrotados. –Ése es un lúser. Cuando quiera que venga y yo le explico. Otro tipo de escenas va puntuando 2009: son tomas del protagonista en charlas con sus colaboradores. En las primeras, los laderos son todo sonrisa, carcajada, asentimiento; después los vemos más serios o, incluso, discutiendo las afirmaciones de su jefe; hacia el final vemos al hombre solo, esperando interlocutores que no llegan, aburriéndose, desesperando, preguntando a su secretaria por el intercomunicador qué pasó con mengano. El tipo sabe que están haciendo contra él lo que él siempre hizo contra los otros: conoce cada truco pero ha perdido la posibilidad de aplicarlos y sabe, porque los sabe, que van a funcionar. Entonces la película se desvía para mostrarnos a ésos que lo van abandonando, los que descubren de pronto que no era el que decían hace quince días, los que todavía están con él pero ya buscan otros destinos de reemplazo, los que se encuentran para inventarse otros negocios y convencerse mutuamente de que en realidad nunca lo apoyaron: las infinitas variantes de la traición. –Y lo peor es que yo los entiendo. Murmura el hombre, lo escuchamos. –Yo sé que están haciendo lo que tienen que hacer. Entonces vemos, como un contraste, a los pocos incondicionales que saben que no tienen cómo despegarse del protagonista –que los va a arrastrar en su caída– y se devanan los sesos pensando cómo equivarán la desgracia y, eventualmente, la cárcel si todo se complica mucho. Tras la última de estas escenas –una cena sombría, cuatro hombres que hablan en voz baja– volvemos al jefe: por lo que dice entendemos que lo que más le pesa es no entender por qué lo abandonó la suerte que siempre lo había acompañado, por qué ahora le tocan todas malas: la crisis mundial, la caída de la producción, los aumentos de los servicios, y encima –éramos pocos y parió la abuela– la sequía, que le va a complicar cada negocio. Y encima tiene que seguir ocupándose de la empresa, tomando medidas, decisiones –que le salen cada vez más confusas, como esas películas que parecen hechas de trozos de películas viejas. Una penúltima secuencia lo muestra cansado, demacrado, la sonrisa hecha mueca en un intento por recuperar su viejo gesto, mientras habla con su mujer. Una vez más, no conseguimos entender claramente sus palabras pero nos damos cuenta de que hablan de la ingratitud, de la incredulidad ante la noticia de que fulano también los abandonó, de la posibilidad de la venganza y de la duda sobre su utilidad o, incluso, su placer. Entonces pareciera que ella le dice que no es para tanto, que todavía están ahí, que no han perdido todo, que sus enemigos son una manga de inútiles, que de hecho conservan poder en la empresa y pueden hacer algo, y él la mira raro y parece que pensara que sí, que quizá sí, que no tiene que dejarse llevar por la desilusión y seguir intentando. –Ahora van a ver estos hijos de puta. El espectador, entonces, se da cuenta de que se prepara el clímax final, la última batalla –y que su destino sólo puede ser uno, pero el camino hasta él puede variar tanto. Lo cual ya está planteado en esos planos que se fueron intercalando, con su aire de amenaza: imágenes oscuras, difíciles de ver, que se van precisando poco a poco. En lugares barrosos, rincones de la empresa, oficinas perdidas, personas imprecisas murmuran y gritan y se reúnen y se oye, aquí y allá, como en sordina, la pregunta hasta cuándo o, quizás, hasta cuándo podemos aguantar. Ahora, ya cerca del final, estas escenas se van haciendo más largas, más fuertes, más presentes, y se mezclan con las reuniones de los ex amigos del protagonista en un montaje que acelera un crescendo levemente fallido, como mal hecho, que va a culminar en una pantalla negra con un gran signo de interrogación –un recurso berreta. Desde el cual se pasa a una última escena del protagonista y su mujer: avejentados, los maquillajes y los gestos exagerados por el tiempo y el uso, charlan sin entusiasmo en una mesa tipo jardín, al aire libre. Se ve que tienen frío. Él le dice –parece que le dice– que todavía no puede entender qué les pasó, ella le dice que el problema fue que nunca supieron bien qué estaban haciendo ahí, que si hubieran tenido una meta, un objetivo, él le dice que sí, que tenían, ella le sonríe con ese cariño que se tiene por los viejos y le dice –parece que le dice– que lo que pasó fue que subieron más de lo que podían, que hicieron lo que se habían prometido no hacer nunca: que se la creyeron –y le dice algo más, que no entendemos. Entonces él la mira con odio, ella le agarra la mano, él la retira, sube la música, los títulos bajan; el locutor anuncia que el próximo episodio va a contar con más detalle la carrera de las ratas que dejaron el barco y pelearon a mordiscones por la herencia. El locutor promete excitación e indignación en proporciones tornadizas y nosotros le creemos, porque es exactamente lo que acaban de darnos. Ay, si sólo pudiéramos llamar al chino, pedir delivery, prender la tele y disfrutar de 2009. Si no fuera que en esa batalla roedora nos va la vida a todos –y, cuando termine, muchos ni siquiera van a poder llamar al chino. Si hubiera un modo de apagar la tele y tratar de hacer algo. Si sólo pudiéramos encontrar el puto control. FUENTE

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Facebook y el fin de los "ex"
Facebook y el fin de los "ex"
OfftopicporAnónimo10/18/2010

Facebook y el fin de los "ex" Por Carolina Aguirre Hace poco, dos amigos se divorciaron. Me lo contó una conocida en común y lo confirmé por Facebook cuando vi que en donde antes decía "casado" ahora no había nada. Como se consideraban dos personas sabias y tenían dos hijos en común, decidieron seguir siendo "amigos" y tomarse la ruptura no como una pelea sino como "una bifurcación en sus caminos". O algo así le dijeron a todo el mundo. Unos meses después, sin embargo, él empezó a salir con otra chica. Por discreción no habló del tema ni siquiera con su familia, pero su nueva novia (que también estaba en Facebook) subió las fotos de su cumpleaños, lo etiquetó en eventos a los que fueron juntos, habló de él en su timeline de Twitter, e incluso puso una foto de ella sentada a upa de él en su perfil. Desde entonces, mi amiga pudo seguir toda la nueva vida de su ex marido como si la estuviera viendo en la tele. Aunque no lo buscara, su ex se le aparecía en las actualizaciones de Facebook todos los días. Leía los mensajes de sus colegas emocionados con la nueva pareja, los de la chica comentando lo que habían visto juntos en el cine, o de los parientes que él le había presentado el fin de semana anterior. Cada vez que la nueva novia lo etiquetaba en algo, automáticamente salía en su perfil: " Nueva novia etiquetó a Ex marido en una foto", " Nueva novia dice que le gusta esto", " Ex marido dice que le gusta lo otro", " Nueva novia es una gata. ¿Qué clase de animal serías tú?" Podría haber cerrado su cuenta, es verdad, pero la tentación de hacer click y mirar era tan grande como la angustia que venía después. Tampoco tenía muchas alternativas. Quedaba mal bloquear al padre de sus hijos (¡que también tenían perfil de Facebook!) y no tenía ganas de ser una ex mujer despechada, así que se aguantó en silencio verlos besarse en el cumpleaños, leer los comentarios románticos de ella, y ser testigo de todas las salidas que registraban en foto. Con el tiempo, mi amiga empezó a pasar noches enteras frente a la notebook, con una copa de vino en la mano, recorriendo las mismas fotos en busca de detalles para hacerse malasangre. Fueron de camping. De viaje a Colonia en fin de semana. La ayudó a mudarse. Le llevó el desayuno a la cama el Día de la Traductora. Todo, en su cara, todos los días, como una trompada en loop que no terminaba nunca. Facebook es, no sólo una red social, sino una máquina del tiempo. Podés viajar a tu infancia y ver lo hecho bolsa está tu primer novio, comprobar si fracasaron los matoncitos de la secundaria, recuperar parientes lejanos, o adelantarte y averiguar datos sobre una persona que van a presentarte el próximo fin de semana para salir. Facebook está sólo en presente. Las ex parejas, los ex jefes, los ex amigos están siempre ahí, saludando en las fotos, en los eventos a los que estás invitado, en los muros de tus conocidos. Como Terminator, no desaparecen, no se los traga la tierra, no dan nunca el portazo. Viven volviendo, siendo, existiendo detrás de cada aplicación, de cada click, de cada juego, aunque afuera de la computadora ya no estén. Las redes sociales hicieron el "hasta nunca" imposible. ¿Cómo no desterrar de tu vida a alguien que tiene tus mismos contactos si ellos le hablan todo el tiempo? ¿Cómo dejar atrás los recuerdos de un ex que coincide en todas tus preferencias, que se suscribe a las mismas páginas de música, que dice cosas inteligentes en su perfil? ¡Si está ahí, a uno o dos clicks de distancia, en el muro de un viejo amigo en común! Afuera, en el mundo real, quizás la gente se separe y nunca vuelva a verse. El novio que te deja para irse a vivir afuera no existe más. Se sube a un avión y está en otro país, hablando otra lengua, a quince mil quilómetros de distancia, con otro número de teléfono, otra dirección, otros conocidos. Adentro de Facebook, para bien o para mal, ese novio viajero es tu vecino para siempre. FUENTE

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Gadgets outdoor
OfftopicporAnónimo4/20/2009

Gadgets outdoor Cinco objetos tecno pensados para usar al aire libre. Sumá confort y estilo a la vida de camping; ¡opiná! USB Power Shaver Ideal para mantener una barba prolija en todo viaje, esta afeitadora USB se puede recargar desde una laptop. Compacta y liviana, la USB Power Shaver se mantiene cargada por 7 horas. LightCap 300 Una lámpara solar en una botella plástica para contener agua. Con 4 LEDs, tiene un sensor que activa la luz de manera autómatica con la llegada de la noche. Pesa tan sólo 138 gramos. Katadyn Exstream Purifier Water Bottle Una botella con un purificador de agua incluido. De diseño similar a las botellas que usan los ciclistas, la Katadyn cuenta con 3 filtros que eliminan bacterias, virus, sedimentos y olores. Coleman Camping Coffeemaker Esta cafetera permite disfrutar del mismo café que tomamos en casa en el medio de un bosque. Con un filtro especial, funciona con dos pequeñas garrafas de camping. Además, permite preparar chocolate caliente y sopas. Fadisol Solar Panel C0011 Un panel solar enrollable que puede trasladarse fácilmente. Ligero y compacto, es ideal para alimentar equipos electrónicos durante excursiones. El Fasidol C0011 es resistente a la intemperie y puede utilizarse en ambientes de entre -20 y 60°C de temperatura. ¿Su peso? Tan sólo 1,1 Kg. FUENTE

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Más rápidos que la luz
Más rápidos que la luz
Ciencia EducacionporAnónimo9/23/2011

Einstein en duda: hallaron una partícula que viajaría más rápido que la luzSon los neutrinos, una partícula subatómica. El Centro Europeo de Investigación Nuclear los hizo recorrer 730 kilómetros en 60 nanosegundos menos que la luz. Por las implicancias del hallazgo, sus propios descubridores pidieron prudencia.En 1905, Albert Einstein enunció la teoría de la relatividad en la que expuso, entre otras cosas, que no hay materia que viaje a una velocidad superior a la de la luz. Más de un siglo más tarde, un hallazgo del Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN) parece poner en duda al científico más famoso del siglo XX: según las pruebas europeas, los neutrinos, una partícula subatómica, podrían viajar más rápido que la luz.Hoy se dieron a conocer en París los primeros resultados avanzados de la experiencia internacional OPERA: desde las instalaciones del CERN en Ginebra, con el lanzamiento de neutrinos, partículas subatómicas, disparadas hacia un laboratorio italiano a 730 kilómetros de distancia en Gran Sasso, Italia.Los neutrinos llegaron a su destino 60 nanosegundos más rápido que la luz, que cubre esa distancia en 2,4 milisegundos, explicó Dario Autiero, director del equipo e investigador en el Centro Francés de Investigaciones Científicas (CNRS). "Estas mediciones presentan escasas dudas y una estadística tal que concedemos una gran confianza a nuestros resultados", afirmó el científico. Los resultados se basaron en la observación de más de 15.000 neutrinos.Aunque los investigadores advirtieron que todavía hacen falta "mediciones independientes para que el efecto observado pueda ser refutado o formalmente confirmado", el CNRS también resaltó que si se comprobara que la velocidad de la luz (299.792 kilómetros por segundo) no es un límite infranqueable –como se creía hasta ahora-, se abrirían "perspectivas teóricas completamente nuevas".En el laboratorio de física más grande del mundo se trabaja desde hace años para tratar de averiguar si es posible registrar velocidades superiores a la de la luz -299.792 kilómetros por segundo-, lo que va en contra de un pilar teórico de la física. Los resultados eran presentados hoy por el CERN a la comunidad científica en un seminario especializado.El director general del Centro, Rolf Heuer, pidió prudencia ante el hallazgo y llamó a la comunidad científica a relizar nuevos experimentos sobre el tema. El investigador indicó que un estudio realizado en los Estados Unidos mostró resultados que van "en la misma dirección", aunque matizó que los mismos tienen con una menor resolución.Heuer especificó, además, que el descubrimiento no supone necesariamente que la teoría de Einstein sea errónea, porque, dijo, pueden existir diferentes interpretaciones sobre el hallazgo. Y dijo que ahora es momento de que los teóricos se "coman la cabeza" para explicar este hallazgo que revolucionaría la forma de entender el universo.

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Todo Apesta - novela - cap. 6
Todo Apesta - novela - cap. 6
ArteporAnónimo8/29/2009

TODO APESTA novela Comparto con ustedes esta novela escrita por Kawak, amigo mío que ha trabajado en cuentos cortos y guiones para cine y TV. Este libro está siendo publicado en su blog: TODO APESTA - novela. Si no leíste el primer capítulo: hacé click acá Si no leíste el segundo capítulo: hacé click acá Si no leíste el tercer capítulo: hacé click acá Si no leíste el cuarto capítulo: hacé click acá Si no leíste el quinto capítulo: hacé click acá 6. Juegos -Pasame el whisky, Martino. -Ahí va. Estamos tomando una botella de Vat 69 de 750ml., nada mal si se tiene en cuenta que somos cuatro, que ya tomamos tres cervezas de litro, y que nos fumamos el último caño que nos quedaba. Todavía no es medianoche, siquiera. El televisor de Andy muestra una porno de mala calidad, tanto por los tipos y las minas que se revuelcan mal y aburridos al borde de una pileta, sobre el césped (lo mejor del video), como por la baja definición de la imagen electrónica. El Guillo apaga el aparato infernal. -Bue, qué hacemos -mastica Andy-. ¿Vos, Luigi, que querés hacer? -No sé, qué sé yo... Creo que tenía que hacer algo, pero no me acuerdo. -Juguemos a las cartas -propongo-. Al truco. Somos cuatro. -Sí, dale -apoya el Guillo sin mucha convicción-. Yo las busco. No, mejor fijate vos dónde están, Andy. -Uf -y Andy sale del living en busca del mazo. Corte a 23:42 hs., Andy vuelve con las cartas y más hielo para el whisky y mezcla y reparte, jugamos Luigi y yo contra los otros dos, miro lo que me tocó, epa, estaré tan colgado: siete de espadas, cinco de espadas, ancho de bastos. -¡Me acordé! -salta Luigi antes de que pueda coordinar alguna seña, antes siquiera de que levante mi vista para mirarlo-. ¡La tengo que llamar a Lorena! -¿Eh? -no puedo creer en la infalibilidad de la Ley de Murphy. -Bue, la mano se da de vuelta -dice Andy y tira sus cartas en el mazo. -Sí, va de nuevo -se apresura el Guillo y mezcla las suyas. -¡La puta madre, Luigi! ¿A esta hora vas a llamar a tu novia? ¡No seas tan pelotudo! -no llego a tapar mis excelentes barajas y Andy me las saca y se las muestra al Guillo y se me ríen en la cara, los muy idiotas. -Hola, ¿estaría Lorena? -A Luigi le importa un carajo haber perdido una mano tan buena-. Ah, sos vos... Unos chillidos como de hamster proceden del otro lado de la línea. -Sí, ya sé que te tenía que llamar antes, pero... Sí, estoy con los chicos. Sí, pero... Ah, era hoy... Sí, sí, cómo no iba a acordarme. -¿Y si traigo los dados? -pregunta Andy-. Aunque sea para después. -Sí, no, pero sí, mi amor, yo también... Sí, no seas boluda, perdón, ¡no, no te lo dije mal! En serio, perdoname. Bueno, sí, bueno, eh... ¿Seguro que no querés que pase a buscarte? -Qué colgado este Luigi -me dice el Guillo y se sirve un vaso grande, antisolidario para con nosotros de tan enorme que es-. Hoy a la tarde me había dicho que cumplía diez meses con la novia. -Ah -digo, sin poder dejar de mirar el vaso del Guillo: lo comparo con el mío-. ¿Me alcanzás la botella? -Bueno, Lore, pero... Sí, tenés razón, ya te lo dije, ¿qué más querés? Bueeeno... Sí, sí, chau, mañana te llamo, eh... Chau, un beso, ey, ¡me cortó! -¿Y? -hace como que se interesa Andy. -Están todas locas, pero ésta está re-loca, especialmente demente. (Suspira). Que se mate. Corte a 00:51 hs. Terminamos el partido de truco y nos disponemos a jugar a la mosca, también con cartas, disciplina menos complicada pero más ágil. -Puf, no nos queda más faso -Andy está desconsolado; dentro de un rato, según lo dicta la experiencia, su estado de ánimo virará sin pasos intermedios a la mala onda. -¿No quedó una tuca en algún cenicero? -pretende animarnos el Guillo-. A ver, busquemos. Nada, nada, nada, ¡ah! ¡Acá hay algo! Es una tuca chiquita, que podría servir para uno o a lo sumo dos de nosotros: bien mirada, siendo objetivo, llego a la conclusión de que es una verdadera MIERDITA. Sin inmutarse, el Guillo la enciende haciendo malabares. Mezclo las cartas, Andy corta, reparto cinco para cada uno y doy vuelta la última que me toca en suerte: un dos de oros. Bueno, esto va para largo. -Tomá, Martino -el Guillo me pasa la tuca-. Paulista, ep, que no alcanza. Y le doy una única seca, lo más profunda y discretamente que puedo para no enardecer ni a Andy ni a Luigi, y la paso. Es una suerte que tengamos la tuquera de madera: es mejor que usar papel metálico, porque deja feo gusto en la boca, y mucho mejor que usar la bombilla del mate, porque directamente te la podés tragar entera (la tuca, no la bombilla) y, lo que es peor, encendida. Hay que ser realmente imbécil para que eso pase pero, bueno, de un tiempo a esta parte somos varios los que llenamos los requisitos para recibirnos de Tarados Nacionales. -¡AH-AJ-AHJ-COJ-COJ-COJ! -hace Andy. -¡Qué retardado mental! ¡Se tragó la tuca! -se enfurece Luigi, el único que quedó sin recibir su puchito de Mary Jane. -¿Cómo hizo? -pregunta el Guillo mientras mantiene el humo verde en sus pulmotores-. Hay que ser, ep, nabo. -Ep, es que Andy, up, lo es -remato, feliz de tener una buena porción de angelitos revoloteando dentro mío. Luigi, enojado, se sirve un vasote de Vat 69 y se lo manda de un trago; toma aire, se estabiliza, se recupera, vuelve a meter hielo y whisky hasta acabarlo. -Ahora sí -dice, colorado, sacándose la remera-. Juguemos esa mosca. Corte a 01:33 hs. Estamos todos hartos de las cartas. Andy trae los dados y el cubilete: tira un par de veces, sólo por gusto, o por disgusto. Luigi y el Guillo salen en busca de más cerveza y de algo para picar, papas fritas o algo así. Gracias a Buda por las estaciones de servicio. Hojeo una Playboy vieja, de mediados de los ochenta, ningún artículo, ninguna foto, nada me interesa. La dejo encima de televisor, voy al baño. Meo sin ganas, por obligación fisiológica, me mojo la cara, el pelo, me miro al espejo: no tengo sueño, ni tampoco parezco tener sueño. Vida de vampiros. Eso es bueno, pero no estamos en el fin de semana. Poca caza. Ah. Se me está pasando el cuelgue, ya ni creo en mis propios chistes. Media vuelta, eso, estoy de vuelta en el living, Andy que puso otra vez la porno. Puf. -Puaj -hace Andy. Vuelven los chicos con las cervezas y una bolsa de papas y otra de palitos. -¡Qué sed, viejo! -se me escapa-. ¡Destapen eso ya! -Mientras, vamos tirando unos dados -propone Luigi. -Me voy a hacer un café -Andy se levanta para después preguntar, muy de compromiso-: ¿Alguien quiere? -Yo quiero uno -digo, sólo para molestarlo. Me molesta que esté molesto; sé que se va a poner más y más denso con el paso de los minutos, pero tenemos varias cervezas por delante, y todavía no es hora de irse. A jugar dados, a la generala, al diez mil, a lo que mierda sea. Corte a 02:24 hs. No more dados. No more beer. Ahora sí que la noche carece de sentido. El Guillo enciende su enésimo Marlboro, Luigi uno de sus Camels, Andy el último de los suyos. -¿No querés hacerte otro café, Andy? -lo alienta Luigi, chupaculos como sólo él puede hacerlo cuando quiere. -No, no quiero hacer nada. Vos ya sabés dónde está todo, así que andá y hacé lo que se te cante. -Eh, bueno, qué carácter del orto que tenés. No sabemos bien qué hacer, pero estamos seguros de no tener tanto sueño como para irnos y arriesgarnos cada uno por su cuenta a caer en las garras del insomnio. El insomnio es horrible. -Tenemos que conseguir caño mañana mismo -Andy se concentra-. Quién... Ya sé. (Hacia nosotros, apremiante). ¿Tienen plata? Dudo un instante; el Guillo, bonachón como un tío con su primer sobrino, se me adelanta: -Sí, querido amigo, sí. Siempre hay para las cosas importantes. -Bueno, es un alivio -dice Andy y parece realmente estar mejor-. ¿Jugamos un T.E.G. y nos vamos a dormir? T.E.G.: Plan Táctico y Estratégico de la Guerra. Luigi vuelve con su taza de café. Desplegamos el mapa. Repartimos las fichas y las tarjetas de objetivos. Nos repartimos los países del planeta. El Guillo ataca con los ejércitos negros. China versus Kamchatka. Defiende Andy con los verdes. China comienza a conquistar Asia. Ataco con mis ejércitos, los blancos. Desde Nueva York busco invadir Terranova, Groenlandia, Canadá, todo junto. Pierdo. Luigi toma su café con dos cucharadas de azúcar. Se reagrupan las fichas, se cuentan los países, se planean nuevos ataques. Una cucaracha cruza corriendo debajo de la mesa. Alemania contra Italia. Egipto contra Sudán. Argentina contra todos. Un dado cae al piso. Rebota varias veces. Busco agua y hielo. Se enciende un cigarrillo. Se apagan dos cigarrillos. Se oye el gotear de la canilla de la cocina. Oceanía contra Asia. Europa contra América del Norte. Nadie quiere ir a poner música. El juego quiere terminarse. No se acaba. La Playboy de los ochenta en la mesa. Los ceniceros llenos. Humo. Un bostezo. Todos contra todos. Por el mundo. Otro bostezo. La guerra se suspende vencida por algo parecido al sueño. Es hora. -Bue, chau, chicos -nos saluda Andy y cierra la puerta. Corte a 03:58 hs. Por el Boulevard Rondeau pasa un auto, en silencio. © Kawak Cabrejos Weiser

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Todo Apesta - novela - cap. 12
Todo Apesta - novela - cap. 12
ArteporAnónimo11/12/2009

TODO APESTA novela Comparto con ustedes esta novela escrita por Kawak, amigo mío que ha trabajado en cuentos cortos y guiones para cine y TV. Este libro está siendo publicado en su blog: TODO APESTA - novela. Si no leíste el primer capítulo: hacé click acá Si no leíste el segundo capítulo: hacé click acá Si no leíste el tercer capítulo: hacé click acá Si no leíste el cuarto capítulo: hacé click acá Si no leíste el quinto capítulo: hacé click acá Si no leíste el sexto capítulo: hacé click acá Si no leíste el séptimo capítulo: hacé click acá Si no leíste el octavo capítulo: hacé click acá Si no leíste el noveno capítulo: hacé click acá Si no leíste el décimo capítulo: hacé click acá Si no leíste el décimoprimer capítulo: hacé click acá 12. El Clásico Con Luigi tenemos que bajarnos del taxi unas tres cuadras antes de llegar al parque Independencia, porque está hecho un quilombo de autos y de hinchas que van y vienen y gritan y cantan, tipos desaforados de domingo seminublado que ni promete ni deja de prometer nada. -¿Tenés las entradas? -Sí -le respondo. Caminamos hasta llegar al parque, racimos de cuerpos con banderas rojinegras buscando llegar a la cancha, al Coloso. Saco el porro que armamos en casa hace un rato y lo enciendo mientras Luigi hace lo mismo con un Camel, para no bardear tanto. La experiencia y la muchedumbre y la lejanía de los policías nos permite fumar sin preocuparnos, y en el momento justo, es decir media hora antes de que empiece el partido. ¿Habrán llegado ya Andy y el Guillo? Seguro que sí, y seguro que estarán haciendo lo mismo que nosotros, pero del otro lado del estadio, junto con las gentes de su horda. Ellos son de Central. Una lástima. Le paso el caño a Luigi, me da el Camel, doy unas pitadas sin entusiasmo, con más de disimulo que de otra cosa. Ahhh... Lindo día, me percato poco a poco. Hay olor a choripán. -¿Y si hacemos un chori antes de entrar? -¡No seas, ep, colgado, Martino! -y agrega-: Fumá que se nos hace retarde. Le doy el Camel, me pasa el fasito, ya por la mitad. Cómo está fumando este hijo de puta. Me está agarrando el hambre. No importa, adentro ya consumiremos algo, después. -¡Aguante la lepra, vieja! Me, nos dice un energúmeno de pocos dientes y pelo largo retorcido en dreadlocks de dudosa factura. -Sí, aguante -contesta Luigi. El tipejo nos mira, sin moverse. Tiene puesta una camiseta de Newell's bastante desactualizada, con una publicidad que hace años que el equipo no usa, y completa su atuendo con una bandera a rayas rojas y a rayas negras y, me fijo hacia abajo, unos pantalones de jean cortados agujereados y aceitosos de tanto pasarle las manos que, veo, están embadurnadas de algo oscuro y aceitoso y, sigo, que también mancha sus zapatillas Topper clásicas que alguna vez fueron blancas. Ahora, no. -Me das una seca, fiera. Me, nos dice, me dice a mí. Lo miro a los ojos turbios. Recién ahora reparo en que todavía tengo el caño en mis manos, mi mano derecha. Si bien la maría juana me está poniendo muy bien, la situación no deja de incomodarme. Busco los ojos de mi amigo, y el paneo se detiene a medio camino, porque detrás del espécimen veo, a unos seis o siete pasos, a un grupo de humanoides muy parecidos a él -borrosos, ahora en foco, ahora fuera de foco- que parecen estar a la expectativa. Antes de que pueda decir nada: -Dale, Martino, todo bien con el flaco. No, no sé, me parece que no está todo bien. Le acerco el tucón al tipo, que lo aferra con notable familiaridad y se lo lleva a los labios de mojarrón. Le da tremenda seca, se revienta los pulmones de verde. Apenas se retira el cigarrito de la boca, Luigi se lo saca y se pone a fumar con ganas, como siempre. Miro. Detrás del fierita. Sus amigoides se acercaron, ya. -Eh, vieja. -Eh, fiera. -Dame una seca, bolú. -Eh, ej, sput. El Luigi da otra aspirada y me mira, no me consulta, me mira. Sin prestarles atención a los buitres me pasa la tuca, porque a esta altura queda una tuca, respetable, sí, pero tuca al fin; una sobra de calidad, podría decir. La sangre me corre por todos lados, golpea con ganas en mis manos y en la punta de los dedos, yeaaahhh! La onda se pone densa, creo, se hace tarde, se escuchan los gritos de las masas en el circus del fútbol finis seculorum, mi latín es patético, tric tric tric fumo, fumo fumo al ritmo de los gritos de los saltos de la hinchada de El Glorioso Newell's Old Boys. -¡Eh, vieja, dame una seca, bolú! Gargajea uno grandote de rulos mota. Uf, esto no da para más. -No, pará. Ya le dimos a tu amigo. Ahora fumo yo, y después hagan lo que se les cante con la tuca. ¡EPA! Luigi ha hablado, Senatum Populus Que Romanorum, con una claridad, apostura y elocuencia que, veo, consigue que los tipos estén sorprendidos y dudando el tiempo suficiente para que mi amiguillo me saque el cáñamo y le dé una nobilísima pitada, la aspire con deleite, slow motion publicidad y colores de 35mm para la nueva campaña de cigarros Tucorde High, ahhh, hace, y le deja la miserable puntita de porro al grandote mota, y. -Vamos, Martino, ¡vamos la lepra, todavía! Y ya no estamos ahí. -Entradas en la mano. Entradas en la mano. Entradas en la mano. Dice un policía gordo como un cebú y sudoroso como un cebú, supongo, pero creo que los cebús no tienen la culpa, el género bovino no tiene a su alcance la nueva línea de desodorantes Rexona Que No Te Abandona. A nuestra izquierda está la cola de las mujeres, ¿por qué ellas pagan menos? No termino de entenderlo. Para las populares pagan menos, al igual que los jubilados. Menores de doce años, gratis. Pero la igualdad de derechos está marcada en las plateas. Si no tenés guita, no hay asiento, no hay platea. -Dale, Martino, no te pierdas. No te cuelgues, querido. Y Luigi se ríe. Estamos a punto de pasar por los molinetes, cuando se nos acercan (estoy un poquito paranoico, lo sé) tres canas con sus perros. Uy, serán los antidrogas, pienso. No creo, éstos son doberman, los pichichos de los rati son comunardos, o eso creo. Los doberman, dos negros y uno marrón, canela oscura, están mansitos, tranquilos con los bozales en su lugar. Se nos acercan, te digo. Estamos a punto de pasar los molinetes. -WAFARFGUAUWAF! Hacen de repente los putos bichos. Por completo sorprendido, me quedo helado, colgado, mirando a los canes infernales. Luigi, detrás mío, me patea un tobillo. Uno de los botones me mira desde detrás de su casco anti-cascotes. -¡SILENCIO, MIERDA! Ladra el que parece estar al mando al tiempo que le pega furioso tirón a la correa de su doberman. El perro hace: -WAfgh! Y se queda mosca. Los tres animales se aterran un poco; el poder de la mente superior. Ya pasamos los molinetes. Ésta va a ser una tarde larga, larga como el hocico de ese doberman puto que me sigue mirando. -¡QUE VAMOS A SALIR CAMPEÓN! Pega un alarido un infradotado saltarín justo al lado mío, dejándome aturdido. Pienso: la próxima vez vamos a la platea. Pienso: pero si lo que a mí me gusta es, justamente, el descontrol que se arma en la popu. Pienso: la platea es para viejos chotos. Concluyo: está todo bien, a ponerse las pilas. -Está todo bien con la popular, ¿no, Luigi? -De una -afirma-. Y metele, que vamos a ver el partido desde afuera, si no nos apuramos. Uhhh estoy a punto, como una buena tira de asado, ni jugosa ni cocida. Qué hambre, carajo. -Tengo hambre. -No jodas, Martino. -Tengo hambre, qué querés. -Aguantate. Atravesamos el portal que nos lleva a la esquina oeste de la popular, ¿esquina oeste? ¿Dónde está, el Sol? -Lo que daría por una pizza. -¡Cómo rompés las pelotas! -Una pizza de muzzarella con rodajas de tomate y aceitunas negras y un poquito así (gesto) de aceite de oliva. A veces me divierte torturar a las personas. Este caso se me hace particularmente interesante. -Hijo de puta. Me hacés tener hambre a mí. Callate. -Non calentarum, Luis Brett. Subimos diez, doce escalones, ¿gradas?, primero pasamos entre viejos con sus radios portátiles a cuestas, después entre no tan viejos, diez escalones más, cada vez más gente, llegamos hasta donde podemos, no nos dejan avanzar, la barra brava, los tipos pesados están unos veinte metros a nuestra izquierda. Pero no parece estar toda la barra brava; por lo general entran faltando diez, quince minutos para que empiece el partido, y todos juntos y haciendo bardo y alarde de su PODER. Porque en la cancha, cuando el equipo juega de local, durante el partido (más unas horas antes, más un par de horas después), tienen poder. Como un mutante de los X-Men, pienso. Eso, así se manifiestan los poderes de los super-héroes-mutantes-argentos: desarrollan su máxima fuerza durante los actos futbolísticos. En la cancha están los fotógrafos, policías, los alcanzapelotas, los perros policías, algunos bomberos. Salen el árbitro y sus ayudantes. -¡CUERVO HIJO DE PUTA! -¡A VER SI COBRÁS BIEN, HOY! -¡REFERÍ Y LA CONCHA DE TU MADRE! Enfrente nuestro, atravesando todo el largo del campo verde-marihuana, están los de Central, cantando boludeces y tirando serpentinas sin abrir lo más cerca posible de la cabeza de cualquier humano que pase cerca de su territorio. Se les hace difícil: los alambrados son muy altos. Estoy aturdido, bombas de estruendo. Petardos. "Tres tiros". Un "tres tiros" le explota en la mano a un gordo de rulos, cerca nuestro, y el tipo grita y grita y grita: -¡AH! ¡AY PUTA! ¡AH! ¡AY PUTA! Y se lo llevan unos que parecen ser sus amigos. Tiene una mano hecha bolsa, veo, bien llena de sangre y echando humo y teñida de negro. Qué bueno: de rojo y negro; eso es ser hincha hasta la médula. Huelo: a quemado, a carne y grasita quemada. Me da más hambre. Entra la barra brava de Newell's, todos juntos y haciendo bardo y alarde de su poder. Los hinchas más comunes, como siempre, se sonríen estúpidamente y hasta festejan el ingreso de la masa. Huelo: a miedo. Trescientos, cuatrocientos monos de lo más pesado, con sus banderas y etcéteras. Aguante. -¡AGUANTE, CARAJO! Grita alguno. -¡AGUANTE! Responden otros. -¡LEPROSO, HIJO DE PUTA, LA PUTA, QUE TE PARIÓ! Ah, no, esto no puede ser. De pronto se me pasa el hambre, y grito, gritamos todos, algo desenfrenados. Contestando. -¡CANALLA, HIJO DE PUTA, LAPUTAQUETEPARIÓ! Ahora me siento mejor. Qué lindo es el fútbol. Si hasta está saliendo el solcito. -¡Atenti que sale Ñubel! Avisa un viejo despeluchado que tiene una radio con audífono (no confundir con los auriculares, no), seguramente a válvulas, y que disfruta de la importancia de su rol en este momento especial del encuentro. Síndrome del Microprotagonismo Efímero, que le dicen. Alguien reparte papelitos. Luigi agarra un buen montón y me pasa la mitad. A nuestra derecha, no, a nuestra izquierda, están las plateas visitantes. Miro y llego a ver, entre la multitud (cancha llena, 40.000 tipos), a Andy y al Guillo que tropiezan consigo mismos y con una gorda que parece les está ocupando sus preciadas plateas. Le veo poco futuro, a la gorda. Andy hace amenazante ademán. -¡SALE ÑUBEL! -¡AAARRRGGGHHHHHH! -¡GRAAARRRGGGHHHH! -¡Y DALE, Y DALE, Y DALE ÑUBEL DALE! -¡Y DALE, Y DALE, Y DALE ÑUBEL DALE! -¡Y dale, y dale, y dale Ñubbb... Y aplausos. Y los canallas que chiflan y putean y carajean. Recién ahora, entre los papelitos que caen y el humo, dos tremendas columnas de humo rojo y negro que se alzan un centenar de metros hacia el cielo que, me parece, se está despejando, recién ahora vuelvo a ver a Andy y al Guillo que acaban de desalojar a la gorda y que se sientan y encienden unos cigarrillos y llaman al cocacolero, o al heladero. Seguro que al cocacolero; el faso les está dando sed. Yo tengo sed. -Che, Luigi, hagamos una Coca, querés. -¿Qué hacés con los papelitos en la mano? Miro mi mano: qué colgado, Dios mío. -Los tiro cuando empiece el segundo tiempo. -Bah, mejor hagamos una Sprite, o una Sevená. Se esfuerza en decir sevená para causarme gracia, y me río lo mejor que puedo, ya que no insiste en certificar mi colgadez con respecto a lo de los papelitos. Me río bastante bien. Busco muy ansioso a un vendedor, tengo mucha sed y la saliva se me pegotea en las fauces. Aparece alguien con una bandeja en alto, pero éste vende semillitas de girasol, maní con chocolate, boludeces. No me sirve. -Ja, mirálo a Pijuí. Dice un gordo ojeroso que está al lado mío. Huelo: a chorizo berreta, a carbón con asado de hace unas horas. Las imágenes odoríferas se desprenden de sus ojeras y sobacos y se proyectan casi en 3D justo enfrente y arriba de mis ojos. Qué bueno. -Sí, ja, es Pijuí. Responde, avispado, un petiso pelado de barba color sorete que está a su lado. No se conocen, seguro, pero ya han entablado una de esas amistades que duran lo que el partido, con quien tengan al lado. Tipos que van solos a la cancha y le hablan al primero que encuentran y que se toma el laburo de responderles; no es difícil, tipos de éstos sobran. Siempre sobraron. -¡Eh, Pijuí! Lo llama alguien con vocecita de pito, desde algún incierto lugar. -Ya lo atiendo, caballero, enseguida estoy con usted. Pijuí tiene anteojos de culo de botella, el pelo duro y pajizo, la nariz grande; y a pesar de eso se la aguanta y le da para adelante lo mejor que puede, haciéndose el boludo frente a las cargadas de tipos que se creen que no son boludos y que intentan demostrarlo para sus congéneres, la gilada. Cuando yo fui chico, y veníamos a la cancha con los de la secundaria, siempre, siempre lo cargábamos, a Pijuí. -¡Che, Pijuí, dame semillitas de sandía! -No tengo, caballero. Pienso, me pregunto: ¿por qué le dirán Pijuí? -Pijuí, ¿tenés caramelos de zapallo? -No me han llegado, señor. Repienso, asocio. Hay una cierta paloma que se llama, o se le dice -¿es lo mismo?- picuí. -Pijuí, por favor, una porción de queso para untar. -No he recibido, esta semana. Ah. Paloma, palomo, boludo. Picuí, Pijuí. Pensar me da sed. El ingenio criollo. Casi le pido una Coca, a Pijuí, por reflejo de Pavlov. Qué colgado. Tengo sed. -Ahí hay uno que vende Cocas, Martino, llamalo. Hasta que un tipo se apiada del punto y lo llama y le compra unas semillitas. Tengo una sed. -Che, querido, estás muy colgueti, vos. ¡Coca! -llama. -Ah, perdón. ¡Coca! -llamo. El vendedor nos ve, está a unos diez tipos de distancia y le quedarán unas tres, cuatro Cocas. -¡Atenti que sale Central! Uh, no. -¡SALE CENTRAL! -¡CANALLA, COMPADRE, LA CONCHA DE TU MADRE! La creatividad está ausente, hoy, en el parque. -¡LACADÉ, LACADÉ, VOSODELABÉ! No será creativo, pero que les duele, les duele. Veo que también ellos tiran gruesas nubes de humo azul y amarillo, que se elevan, se elevan y se van... -Che, querido, ¿y la Coca, qué? Uh. Busco al vendedor: está a unos cinco, cuatro tipos de distancia, ¡y le queda sólo una preciosa, excelente Coca-Cola! -¡Acá! Me desespero. -¡Acá! Hace alguien y le saca la Coca de la bandeja y le pone un billete en la mano y, no, no hay Coca para mi sed. El cocacolero se pone la bandeja vacía y sucia y mojada debajo del brazo y se va en busca de más vasitos plásticos. Mierda. Y encima hace calor, con todos estos tipos alrededor. Qué manera de sufrir. Ser hincha es un sacerdocio. Pero el fútbol siempre da revancha. Qué consuelo. -Bah. Luigi, dame un pucho. Para disimular la impaciencia. Lo enciendo, doy una buena pitada. La baba espesa se mezcla con el humo del tabaco. Y apesta. El árbitro sortea qué arco ocupará cada equipo. Ajá. El arquero de Central se viene para donde estamos nosotros, qué bueno. -¡Cornudo! Empieza uno. Me siento mejor, más contenido y a la vez liberado que cuando iba al psicólogo que me pagaban mis viejos. Y me divierto mucho más. -¡CORNUDO HIJO DE PUTA! Corrige otro. Tirado en el diván me aburría como una ostra sordomuda, y tenía que inventar perversiones y neurosis a cada rato para confundir al pelotudo ese y poder jugar con sus reacciones. -¡CORNUDO HIJO DE REMIL PUTAS! Aumenta otro. Llegué a lograr que les recomendara a mis viejos que me internaran; por mi parte, convencí a mi madre y a mi abuela de que el causante y agravante de mis problemas era el analista, que además era un barbudo chupavergas (les aseguré que había insistido en mamarme el choto) y un ateo anticatólico terrible, cosa que sacó de quicio a la abu. Le iniciaron una demanda. -¡PUTO REPUTO RECULEADO! -¡ARQUERO DE LA B, HOY TE HACEMOS CINCO, TE HACEMOS! Terminan de agregar, otros. El psicólogo terminó con una depresión aguda y apenas consiguió detener el juicio al darles unos cuantos miles de mangos a mis viejos. Y todos contentos. -Empieza -dice Luigi-. Que ganemos, que ganemos... Tenemos que ganar. El referí hace prriiit y sacan los canallas. Debajo mío, un pelado narigón de barba grita: -¡Dale Ñubel, daaale Ñubel! Y se calla. Muchos gritan alguna cosa al empezar el partido, y después ni mu. Qué raro, pienso. Tengo una sed de locos. Tiro el cigarrillo y lo piso. Las hinchadas cantan, se putean, saltan. Busco con la mirada a Andy y al Guillo: están muy cómodos en sus asientos, con una sonrisa en los labios y una Coca en cada mano. No puede ser. Me muero de sed. -Gol de Racing -avisa el viejo despeluchado-. Lo hizo Sórchez. ¿A quién le importa, Racing? -¿Contra quién juega? -le da pie un pelotudo de los que nunca faltan. El viejo se infla, agarrando con fuerza su radio del año del orto. -Contra Colón -afirma, tratando de parecer aplomado-. En cancha de Colón -agrega, y nota que ya nadie lo escucha-. En el Cementerio de los Elefantes -viejo decrépito, ya sabemos que se le dice el Cementerio de los Elefantes. Ahora callate. La sed me enloquece, todo me da vueltas, me desmayo. -¡Coca, acá, eh! -¡hace Luigi al lado mío! ¡Milagro, milagro! -Pedile dos -lo apuro-. Dale, tomá la plata, dale, dale. No lo puedo creer. Destapo el vaso lo más rápido que puedo, le doy un furibundo sorbo, está helada, es perfecta, le doy un segundo trago, cerrando los ojos y alargando el momento, qué bueno, y un tercer trago, ahhh, está un poco aguachenta pero no importa, es algo frío y dulce, ah, me vuelve el alma al cuerpo. -¡GOL! -¡¡¡GOOOOOOOOOLLLLLLLLL!!! NO-NO-NO-NO alguien me empuja y me abraza y me tira el vaso a la mierda. Todos están festejando, totalmente locos. Miro a la cancha, y casi todo Newell´s se amontona en una pila humana. La puta madre, me perdí el gol. Se me cayó la vida, quiero decir la bebida. Por lo menos ya no tengo tanta sed. Le pido otro faso a Luigi. -Uh, che, se me mojaron con la Coca. A mí también se me cayó. Bue. Eufóricos, todos cantan y aplauden y se entusiasman. No importa, a la noche lo veo por televisión. No, sí importa, me cago en todo. Bue, basta. -¡HIJOS NUESTROS, HIJOS NUESTROS! Gritan los barrabravas, a pesar de que en el historial los canallas nos llevan cuatro partidos de ventaja. -¡PECHOS FRÍOS, PECHOS FRÍOS! Se enardecen un ratito los de enfrente. Luigi me da un codazo y me muestra a Andy y al Guillo que están con cara de culo. De golpe, Andy hace un brevísimo movimiento y su vaso (tapado y bastante lleno, calculo por la aceleración que toma) vuela y aterriza en la nuca de un ovejero de la policía. El perro se bambolea medio segundo y retrocede y cae, se desploma en el foso que separa los bancos de suplentes de las plateas. El foso está vacío, porque en still de tres segundos se oye un tunc! asordinado, que indica que el pichicho no encontró ningún colchón de agua para recibirlo. Andy se ríe un poco, llama al heladero, se compra un palito de frutilla, lo chupa, se calza sus anteojos oscuros, ¡sigue el partido! En la cancha, todo se me aparece confuso. No hay buenas jugadas, nadie pisa la pelota, empiezan los primeros foules violentos. Amarilla para uno de Central. Corner para Ñuls. No pasa nada. Luigi consigue una Fanta limón. No me gusta pero la tomo igual. Amarilla para otro de Central. ¿Cómo va River? El despeluchado dice: cero a cero. River va puntero delante de Colón y el Glorioso Newell´s Old Boys. Dura patada de uno de La Lepra. Amarilla para él. El gordo ojeroso socarrón dice: El Show de las Amarillas. El petiso pelado barba de sorete le festeja: jajajá. Andy y el Guillo comen helados. Corner para Central. Un policía mira dentro del foso. El despeluchado informa: penal para Colón. Luigi consigue un cigarrillo. La hinchada de Ñubel canta vamolalepraquetenemoqueganar. El despeluchado acota: gol de Colón. El gordo ojeroso experimentado comenta: es el Cementerio de los Elefantes. Me estoy cansando de estar parado. Ya falta poco para que termine el primer tiempo. Varios policías miran dentro del foso y hacen gestos agresivos y bardean con sus escopetas Bantam. Roja para uno de Central. Lo festejamos. Rebotes en el área chica y gol de Ñubel. Gol de Ñubel. Gol de Ñubel. Todos gritan... Luigi y yo gritamos... El árbitro lo termina con un prit! Me siento donde puedo, como sardina enlatada. Pero me siento. Entretiempo. Luigi y yo fumamos el cigarrillo a medias. La hinchada de Central tira petardos y montones de bombas de estruendo que al explotar levantan panes enteros de césped. Si parecen granadas. También tiran monedas, pilas, ¡piedras!, ¿de dónde sacaron piedras? Los bomberos se acercan lo más que pueden y largan chorros de agua a alta presión, para bajar a los tipos que están subidos a los alambrados. Ninguno cae. No, uno resbala con los caños ahora húmedos y se enreda en los alambres de púa y parece que grita, parece que lo está pasando mal. Que se joda. Los bomberos le siguen tirando agua. El tipo se zafa pero cae varios metros hasta dar con las cabezas de sus compadres. Algo brillante y alargado vuela, con mayor precisión que todos los otros proyectiles, y le da a uno de los bomberos, que hace grandes aspavientos y corre sin dirección, escapando. Los policías se ponen en fila india (serán veinte, treinta, todos con cascos y escudos y bastones y un par con escopetas y uno con un rifle lanzagases) y se posicionan enfrentados a la brava de Central. Divertido. -Dame una seca -le digo a Luigi. -Esos están muy de la cabeza -me comenta. -Ajá, sí. -Má sí. -Gol de Colón -se anota el despelucheitor-. Justo cuando termina el primer tiempo -reinforma. -¿Y los otros partidos? -se malengancha el barbita de sorongo. -Todos cero a cero. -Ah. -Mirá vos. -Eh... -Ah... -Qué bien que estamos jugando al orsai, ¿no? Corte a dos canas que están tirando de una soga y levantan y sacan lo mejor que pueden al perro que había caído al foso; el ovejero parece bastante machucado. Le hago señas a Andy; no me ve; el Guillo duerme, o hace que duerme una siestita. Vuelvo a hacer señas: nothing. Corte a granada de gas lacrimógeno que cae en el medio de la bandeja baja popular de los canallas. Al principio se desbandan, pero enseguida un grandote de pelo rubión y enrulado, lleno de tatuajes, agarra la granada y -tremenda sangre fría, me doy cuenta- hasta se toma el tiempo necesario para apuntar, y cuando encuentra un blanco la devuelve a los policías, justo a los pocos que no tienen puestas las máscaras antigás. Corte a los dos equipos que prriit! hace el referí y vuelven a castigar la redonda. Sin embargo, ya los ánimos están más que caldeados, recalientes, y a una patada de uno de los nuestros el de los otros responde con otra y se agarran a piñas y roja para los dos, afuera. Todo mal. -Acá se arma, che. -Sí, querido, así que vayamos pensando en cómo vamos a salir. -Bue. Tiro libre para Central, entonces. La acomoda el Negro Palma. La veo jodida. Patea, el arquero mira, la pelota se duerme en el ángulo más alejado. Uh, no. Los canallones gritan y hacen quilombo y recién pasaron dos, tres minutos desde que empezó el segundo tiempo. -Qué manera de sufrir -el gordo de las ojeras. Nadie le responde. -Gol de Colón -avisa nuestro corresponsal particular, Josef Despeluchenko. El cielo se está nublando. Siguen las patadas, los foules, los pelotazos a cualquier lado, este partido es un bajón; todos los clásicos son así, prácticamente: lo único que importa es ganar. Veo que Andy y el Guillo, junto con otros de su sector, hacen gestos de "les vamos a romper el culo" hacia donde estamos nosotros; sin embargo, estoy seguro de que no nos vieron, todavía. Sí, el cielo se está nublando, mientras cae la tarde. Huelo: el aire. El aire está... Tenso. Siento, experimento, veo: todo se detiene, todo se silencia. Caras. Desencajadas. La de los policías. Los bomberos. Los jugadores de Central. El árbitro. Los jugadores de Newell's. Los hinchas de Central. Andy. Los perros doberman. Luigi. Los hinchas de Newell's. El Guillo. El gordo ojeroso, el barbeta de caca, el cocacolero y su sudor. Mi cara. Mi cara. Mi cara. -¡GOL DE COLÓN! Dios. -¿Cómo van? -Colón cuatro a uno a Racing. -Tenemos que ganar. -¡HUEVOS, ÑUBEL, HUEVOS! -Hay que ganar, como sea. -¡OOOHHHH, VAMOLACADÉ! -¡Tiro libre, carajo, vamos todavía! -¿Quién patea? -El Negro Zamora. -¡Vamos negrito querido! -¡Ahí va! -¡GOOOOLLLLLLLLLLL! Cierro los ojos. Me duele la cabeza, mucho. Un zumbido, increíble, torturante. Abro los ojos. ¿Penal para Central? Lo hace Palma. -¡GOOOOLLLLLLLLLLL! Media barra brava de Central se cuelga de los alambrados. La de Ñubel hace lo mismo, pero en plan romper todo. Los tejidos de metal ceden. El cielo está nublado. Se oyen tiros, gritos, gente/masa que corre, huelo: el gas, los jugadores corren hacia los túneles, alguien tropieza y rueda y se lamenta y el alarido se pierde en ningún lado, corro, delante mío la remera de Luigi, huelo: el pánico. -Gol de Colón -creo escuchar, entre tantos sonidos. Corte al living de Andy, en la casa de Andy, que, que está lamiendo una chala larga y consistente. Nadie habla, alguno murmura, alguno. -Dale, encendé -apura el Guillo. -Tengo sed -digo. -Despacito despacito despacito -empieza un canto Luigi-, les rompimos, el. -Cerrá el culo. Ladra Andy, un doberman, y enciende. © Kawak Cabrejos Weiser

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Todo Apesta - novela - cap. 3
ArteporAnónimo8/12/2009

TODO APESTA novela Comparto con ustedes esta novela escrita por Kawak, amigo mío que ha trabajado en cuentos cortos y guiones para cine y TV. Este libro está siendo publicado en su blog: TODO APESTA - novela. Si no leíste el primer capítulo: hacé click acá Si no leíste el segundo capítulo: hacé click acá 3. Maravillosos toons El estómago me advierte que no piensa volver a digerir los fideos con tuco más ajo más perejil que me introduje ya tres horas antes. -Burp -comento. Andy, anfitrión como muchas veces, repta un poco la pared que da al río y, en pleno bajón mental, vuelve a adueñarse del control remoto. Zip. -¿Qué dijo Luigi? -pregunta al azar el Guillo. -Burc -hago una pausa obligada-. Viene dentro de un rato. En la pantalla de cuarenta pulgadas aparecen unos periodistas que relatan no sé qué masacre en algún lugar del África. Uganda. No: Ruanda. Hutus y tutsis. Too much blood. -¿Qué es un rato? -el Guillo se impacienta-. ¿Eh? Es un colgado. (Pausa breve.) Y tiene todo nuestro faso. (Nueva pausa para tomar aire). Un veinticinco entero. (Minipausa). ¿Y si se lo fuma él solo? ¿Y si se lo vende a esos giles de su barrio? -Bue, basta -Andy hace zap zap zap, deporte de su preferencia. Pasan ESPN, la CNN, Channel 26, Discovery, Todo Noticias, HBO Olé, Cinemax, la RAI, un canal chileno, un canal peruano, Rede O Globo, canal 13 de Buenos Aires, América 2, TV Kosher, otro canal de noticias, otro de deportes, otro de, de. -¡Basta vos! ¡Ponete las pilas y dejá un canal! -realmente detesto el zapping, que ejercido por Andy asume proporciones demoníacas y desgraciadas. Sobre todo si ninguno de nosotros (sobre todo yo, sobre todo Andy) no fumó una miserable tuca en lo que va del día. Y ya son más de las seis de la tarde, y encima de todo el puto verano que se niega a terminar. El verano en Rosario es lo peor: humedad y un calor que aplasta y ni un soplo de ningún viento y humedad y chicharras de mierda que gritan de mañana y de tarde y ni siquiera fútbol y humedad y, sorpresa, Andy reacciona y clava un canal. -Oh, ¡qué bueno! -festeja el Guillo. Y es que se aparecen Ren & Stimpy, lo mejor en dibujos animados. "¡Hump!, grita Stimpy, ¡Te has comido mi ensalada de bolas de pelo con aderezo de jugos gástricos!" Y Ren hace desorbitar sus ojos y se le llenan de venas de todas las formas concebibles y muestra los dientes y la lengua se le escapa y le cuelga hasta las patitas enclenques y, ja, abofetea a Stimpy con todas sus fuerzas hasta que, sin poder contenerse, vomita sobre él entre arcadas y lágrimas. -¿Qué hace este pelotudo que no viene, digo yo? -Andy amaga cambiar de canal, pero finalmente se encoge de hombros y tira el control hacia un destino incierto. -Ya va a llegar, che. Mirá qué bueno este capítulo, jo, después a Stimpy le crecen tentáculos en lugar de piernas y Ren se llena de verrugas y granos de pus y un montón de cosas más. -Y el Guillo se concentra del todo en la tele. Busco animar a mi buen amigo Andy: -¿Cómo va lo del recital de tu banda en, eh, bueno, donde sea? -Para el reverendo culo -resopla sin mirarme-. El dueño del bar quiere que paguemos nosotros el sonido y las luces. -Ah, eh... -dudo entre intentar continuar la conversación o no. -Esta ciudad es una mierda -Andy encuentra con qué descargar la bronca que le produce la demora de Luigi y su cargamento de faso-. No se respeta a los artistas, no se respeta a los que hacemos algo, no se respeta una mierda. Termina el capítulo de Ren & Stimpy, para colmo de males. Pero... ¡Increíble! ¡Un estreno de Los Simpsons! Decido hacer como el Guillo y prestar mi atención sólo a la pantalla. -Y claro, si es una ciudad de gente de trabajo, como dijo, eh -Andy resopla un poco-, bueno, no importa. Lo que importa es que hace cinco años que me vengo rompiendo el culo para pegarla con mi banda o solo o como sea y... Marge saca a Maggie de dentro del lavarropas: parece que Bart se olvidó de cuidarla, o hizo como que se había olvidado. El Guillo está a punto de quedarse dormido. -...los hijos de puta de los dueños de los boliches se cagan en los músicos y los ratones que son, que, bueno, somos los rosarinos, no quieren pagar la entrada y te la regatean y después adentro del bar se chupan litros de cerveza y hasta se morfan una pizza los muy... Homero se toma un barril entero de Duff sabor cemento y queda delirando, colgando desnudo desde lo alto de una montaña rusa en un parque de diversiones de esos que parece que hay sólo en Estados Unidos, claro, hay que ser pelotudo para divertirse en uno de esos parques de diversiones, corte a Andy en off que la sigue: -...de plata, ya se sabe, ¿quién va a invertir un peso en gente de su propia ciudad? Todos, cualquiera, la puta madre, en Buenos Aires se cansan de sacar bandas de mierda, bueno, alguna zafa, pero la mayoría son bandas que no existen y que se acaban al segundo disco, disco que, claro, no se lo venden ni a los negros... Corte a The Critic, el dibujo animado que más le gusta al Guillo. Es que hay que saber de actores y de películas para cazar todas las ironías que se manda el gordito, pero me divierte bastante, además no podría cambiar de canal, Guillermo me mata y tampoco sé dónde está el control remoto y Andy que busca un disco que sacó hace un par de años: en realidad es un tema que grabó junto a otro montón de bandas que a su vez. -...ganar espacios, eso hay que hacer. Un día me pongo las pilas y hago ese programa de FM que pensamos con Luigi, lo juro, voy a pasar todo el tiempo música de Rosario y voy a invitar también a gente que haga cine y video y fotografía como vos, Martino, o vos, Guillo, pero, claro, ni las fotos ni los videos se pueden explicar muy bien por radio... Termina, también, The Critic. Cae la tarde y junto con la noche vienen unas terribles ganas de fumar: ni los Camels ni los Marlboros alcanzan. Queremos de esa nueva marca, Joints. El Guillo encontró el remoto y zap cambia y Andy que no para y, Buda, Krishna y Mahoma, qué mierda vamos a hacer, los canales pasan y pasan y pasan, 28, 29, 30, suena el timbre, 31, es Luigi, en la tele asoman sus carotas Beavis y Butt-Head, asoma su carota Luigi y Andy y el Guillo se le tiran encima y, ja, me veo a mí mismo sonriendo desde el enjambre de pixels. El porro ha dejado de ser tal y se, ep, convierte en una tuca y, uhhh, la tuquita se convierte en, en, bueno. -Hu-hum-ha-ha -comenta Beavis desde el interior de un linfocito. -Yeah-yeah -nos aprueba Butt-Head. © Kawak Cabrejos Weiser

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Todo Apesta - novela - cap. 8
Todo Apesta - novela - cap. 8
ArteporAnónimo9/23/2009

TODO APESTA novela Comparto con ustedes esta novela escrita por Kawak, amigo mío que ha trabajado en cuentos cortos y guiones para cine y TV. Este libro está siendo publicado en su blog: TODO APESTA - novela. Si no leíste el primer capítulo: hacé click acá Si no leíste el segundo capítulo: hacé click acá Si no leíste el tercer capítulo: hacé click acá Si no leíste el cuarto capítulo: hacé click acá Si no leíste el quinto capítulo: hacé click acá Si no leíste el sexto capítulo: hacé click acá Si no leíste el séptimo capítulo: hacé click acá 8. Molotov Encuadre: primer plano inclinado de Andy que agarra su micrófono y cierra los ojos y se dispone a aullar. Conozco bien este tema. Tengo cargado un rollo T-Max de 800 ASA, porque decidí sacar un rollo sin flash y otro con. Intento y consigo que entre en cuadro un enorme cartel que dice: HOY en MOLOTOV Bar - E.C.D.O. - en vivo. Hay un contraluz casi perfecto que aclara la mollera de Andy. Perfecto, perfecto, vamos. -¡AAARRGGGHH! Clic. -¡Yeahhhh! Clic, clic. -All right! Cómo jode, con el inglés. Clic. Miro el contador. Cuatro, a lo sumo cinco exposiciones más. Miro hacia la puerta del bar: el Guillo, asumiendo no sé qué papel de manager cortaboletos, regatea el precio de la entrada con un grupito de nenes entre darks y punks, onda The Cure en los ochenta pero con un golpe de lavandina. El Guillo está demasiado fumado y borracho, y veo cómo los cuatro o cinco adolescentes se le mandan por un costado, dejando apenas un billete y algunas monedas. De todos modos, el lugar está bien lleno. Cien, ciento veinte personas, calculo al voleo. Ubico a Luigi: en una mesa, muy cómodo, muy colgado, con un par de minitas de esas que nunca faltan a un recital, y con un flaco que no reconozco. Vuelvo a concentrarme en la banda: el escenario no es gran cosa -ni siquiera es un escenario, apenas un lugar para las cajas de sonido y los monitores y los músicos, alumbrado con cuatro luces de mierda-, y ya tengo fotos básicas en cantidad; dudo. Tengo sed. Busco mi botellita de agua mineral sin gas. No la encuentro. Nunca tomo alcohol ni me drogo cuando trabajo, pero creo que por esta noche ya está bien. Además, todos están disfrutando del recital, hasta el sonidista que está apretando con una morocha espectacular, quizás con una apariencia de puta que la sobrepasa. Encuadro. Clic, será, no será puta, opto por esperar el instante en que parezca muy puta. Otro clic, más cercano a la bombacha que le parte la concha: una foto para los amigos. -Gracias -oigo que dice Andy. También se oyen aplausos, algunos gritos y chiflidos. Todo va bien, por suerte. Clic en primer plano el público, detrás los músicos. Faltarán tres temas, quiero creer. A Huevo, el violero, se le cortó una cuerda; busca cambiarla al mismo tiempo que el bajista -el Polaco- le da de beber de una botella de cerveza de litro. Bien, bien, zoom, bien, clic, ahí va, clic, ¡crac! El blanco y negro ya fue. Descargo la máquina y le pongo un Kodak Pro Color de 100 ASA, busco mi mochila, saco el flash, lo calzo y lo enciendo. Al final le hice caso al Guillo, y entonces uso el color, a pesar de que las luces del Molotov son una reverenda bazofia y todo lo tiñen -fotográficamente- de verde-azulado, pero mal, muy mal. Habrá que compensar con la potencia del flash. Andy se toma un bourbon, el muy hijo de puta. Jack Daniel's. Flash! Huevo se atraganta y escupe espuma. Flash! Pilas nuevas, tiempo de recarga óptimo. Flash! Estoy harto, out. Flash! Se me disparó sin querer, así que pienso ya es suficiente por hoy. -El último... No, ¡el penúltimo tema! -grita Andy, saltando de lo borracho que está. Flash! Buena imagen, todo bien. Huevo termina de reponer la cuerda y se pone a afinarla. Flash! En la batería, el Gordo transpira y mira a ningún lado, abrumado de cansancio. Zoom. Flash! Flash! Para molestarlo al sonidista, nada más. Después le voy a cobrar la foto. Basta. Me abro paso entre las mesas y pelotudos que me dicen, me increpan "¡eh, acá, una foto, eh!", llego a la puerta, el Guillo tiene un vaso de trago largo con algo rojo y tibio. -¿Qué es? -Je, vos probá, Martino. Pruebo. Apesta. Es muy fuerte. -¿Qué tal las fotitos? Hago una mueca de asco. Por la mezcla. -¿Qué tal las entradas? Mira la caja de zapatos -Timberland, pero igual de patética- que hace las veces de registradora. -Bien... Creo. -Y empieza a ordenar los billetes y a contar las monedas-. Sí, bastante bien. -Mejor. Ah, se te acaba de colar una pareja, Guillo. -Y bueno... No problem. Ya se termina todo. -Me voy a dar una vuelta, ¿venís? Duda, me mira, mira su trago, la caja de zapatos. -¿No podés esperar un rato? -No, ni ahí. Después nos vemos. -Uh, loco -se apura a contar la plata de la recaudación: el veinte para el bar, el ochenta para la banda. El sonido, en Molotov, lo tiene que pagar el grupo que toca. Mal negocio. Salgo, voy hasta el Mégane de mi viejo, entro y desarmo la cámara y el flash y lo guardo en mi mochila; saco el medio porro que guardo desde ayer y enciendo el auto. Mejor el movimiento. Arranco, pongo primera, segunda, me detiene un semáforo. Miro para todos lados: apenas montones de pendejos que están dando vueltas sin rumbo fijo, como hicimos todos cuando éramos pendejos y no tuvimos ni auto ni plata, ni siquiera un poco de onda, creo recordar. Prendo un cigarrillo -compré un Lucky Strike 10 hoy a la tarde, por las dudas, a pesar de que casi no fumo tabaco, pero-, para despistar. El otro semáforo se pone en amarillo. Con el Lucky le doy fuego a la tuca, al tucón. El humo del cigarrillo me hace mal, lo noto horrible. Pero es sólo un instante, un ínfimo sacrificio. Tengo luz verde, me doy cuenta, por fin. Arranco, pongo primera, segunda, tercera, llego a la esquina de Maipú y doblo a la izquierda sin hacer ningún rebaje, este auto es de lo mejor, fumo a todo lo que doy, bajo un poco la ventanilla para que corra el aire, por la bocacalle -estará a unos sesenta, cincuenta, cuarenta metros- cruza, a paso de hombre (actitud de mierda, pésima), una camioneta de la policía; desacelero pero apenas, sin hacer bardo; cambio de manos el Lucky y el porrito va a descansar -sin apagarlo, no hay necesidad- al cenicero; treinta metros, veinte, subo la ventanilla, desacelero un poco más, diez metros, los canas terminan de pasar, cruzo detrás de ellos, incluso mirándolos como al descuido mientras le doy una pitada al tabaco rubio/marrón. Ya está, vuelvo a hacer un rápido pase de hechicero, como en "Las manos mágicas", y todo vuelve a su lugar. Terminé de fumar, tiré el Lucky por la borda, vuelvo al bar. Mo-lo-tov. Buen nombre, lástima los ventanales que dan a la calle, las mesas berretas, de cuarta categoría, el piso, qué se yo. Estaciono lo mejor que puedo en el mismo lugar de antes (estoy con suerte, no lo ocuparon), bajo, respiro hondo, vuelvo a entrar. ¿Habré cerrado bien el auto? Vuelvo sobre mis pasos. Uhhh... Sí, todo bien. Ahora sí. -No, no es así la cosa -le dice Andy al Nene, el chancho barbudo que hace de dueño del Molotov. Noto que el Guillo está a un costado y atrás de Andy -que parece bastante enojado-, y que tiene cara de esto-me-supera. Ubico a Luigi que se acerca con un vaso de medio litro de cerveza en una mano y una chica en la otra. La mina es Lorena, su novia ex-novia transa, qué se yo. -Qué querés que haga, ustedes me habían dicho que iban a llenar, pero los números no me cierran -dice el chancho-Nene, Nene-chancho. -Mirá, nosotros pagamos el sonido y encima te damos parte de la entrada -Andy estará borracho, sí, pero también muy cabrón, y eso compensa la desventaja. -Es lo menos que pueden hacer. Yo pongo el bar, hago los carteles... -Bueno, yo no tengo la culpa de que la gente no tome lo suficiente. -Hagamos cincuenta y cincuenta con las entradas, y arreglamos. -¿Por qué? No, ni a palos. -Además, al sonidista lo llamo yo... -Y te quedás con tu mordida, Nene. -...las luces también las pongo yo... -...las luces también son una mierda... Acabo de decir, desde la claridad de mi cuelgue. -¿Y vos qué sabés? -Algo sé, de luces. Y éstas no existen. O a lo mejor, si no existieran, todo estaría más pasable. La mugre se vería menos. -Mirá, pendejo. -No, mirá vos -lo frena Andy, lo deja seco-. Te vamos a dar lo que habíamos dicho, y punto. -¿Qué te pasa? Si seguís jodiendo, ni vos ni tu banda tocan más en Molotov -y remarca Molotov como para hacer creer que estamos en el Whisky A Go-Go de Los Angeles, o algo así. -Qué bien, qué bien -y Andy se hace a un lado para dejar pasar al Gordo y sus amigos, que cargan las últimas partes de la batería y los equipos en el flete de siempre. Esta mala onda hace que el efecto del caño empiece a disiparse. Todo mal. -¿Entonces? -apura el chancho, y veo el sudor que le brota de los poros de la cara y que se hace un engrudo con la grasa que es pasta base de su piel. -Entonces, un carajo. No te damos un mango. Nos vamos. -¡Estás loco, vos! ¡Pará! Y hace un mal dibujado ademán de ponerle una mano en el cuello a Andy. Luigi lo intercepta y le tira el vaso lleno a la jeta. Muy divertido. El chancho no reacciona y aprovechamos para desparramarnos por la cantidad de vehículos que tenemos esta noche. Todo bien, entro al Mégane, lo enciendo, arranco, pongo primera, segunda. -Qué quilombo -dice alguien, al lado mío. Es Luigi. ¿No estaba con una chica, Luigi? -¿No estabas con una chica, vos? -Ah, Lorena, sí. La perdí, parece. Llego otra vez a Maipú, no sé si doblar o seguir hasta Laprida, o incluso hasta más adelante; podría doblar más adelante, multiplicidad de opciones, qué se yo. -Lástima la cerveza -se lamenta Luigi. -Pero valió la pena -lo consuelo yo. Y pongo cuarta velocidad, por fin. © Kawak Cabrejos Weiser

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Gordito? Forrate las tripas
Salud BienestarporAnónimo2/4/2009

Registrate y eliminá la publicidad! Nuevo recurso para el descenso de peso: el "preservativo gástrico" Sería más económico que las cirugías para adelgazar y puede extraerse fácilmente Peter Aldhous - New Scientist LONDRES.- La cirugía gástrica es el último recurso para ayudar a las personas peligrosamente obesas. Sin embargo, pronto existiría una alternativa menos invasiva: un dispositivo que se coloca por la boca, tapiza el intestino y se extrae fácilmente . El llamado EndoBarrier fue desarrollado por la empresa GI Dynamics, de Lexington, Massachusetts, y es un "preservativo" impermeable que ocupa los primeros 60 centímetros del intestino delgado. En ensayos con animales y estudios preliminares sobre seres humanos, el dispositivo demostró que permite adelgazar y controlar rápido la diabetes tipo 2. Debido al aumento de la obesidad en el mundo, el desarrollo de nuevos tratamientos se ha convertido en una prioridad de salud pública. Sólo en los Estados Unidos, por ejemplo, más de 15 millones de adultos reúnen los requisitos para una cirugía gástrica: un índice de masa corporal (IMC) superior a 40 o de 35 más otro factor de riesgo, como la diabetes. Mientras que las cirugías producen un descenso de peso significativo y sostenido, sus altos costos económicos y el temor al riesgo de morir en el quirófano hacen que apenas un pequeño porcentaje de los pacientes que las necesitan realmente accedan a ellas. Según la Sociedad Estadounidense de Cirugía Metabólica y Bariátrica, en 2008 sólo unos 220.000 pacientes de ese país se operaron. GI Dynamics no es la única empresa que está desarrollando este tipo de alternativas para tratar la obesidad mórbida, pero su enfoque terapéutico seduce por su simplicidad y su bajo costo. El dispositivo, que se introduce encapsulado, se coloca por la boca con un endoscopio. Una vez en su lugar, debajo de la base del estómago, la cápsula libera una pelotita que, con ayuda de un catéter, despliega en el intestino una manga flexible de un polímero deslizante similar al polietileno, llamado politetrafluoretileno. Luego, se extrae la pelota y se fija la manga con un accesorio de sujeción con extremos en punta fabricado con una aleación de metal con memoria de forma llamado nitinol. Todo ese proceso dura menos de media hora y la endobarrera se puede extraer en menos de diez minutos con solo tirar de un cordón para "desinflar" el accesorio de sujeción. La manga se extrae por la boca. En el Hospital General de Massachusetts, en Boston, un equipo dirigido por el gastroenterólogo Lee Kaplan demostró en ratas y con una versión en miniatura de la manga su efectividad para lograr un descenso de peso equivalente al que se obtiene con una cirugía gástrica popular en los seres humanos, como la banda ajustable que se coloca alrededor del extremo superior del estómago para reducir el consumo de alimentos. "No le estamos produciendo ningún daño al estómago, de modo que el paciente puede seguir comiendo normalmente", dijo Stuart Randle, presidente de GI Dynamics. Randle opina también que algunos pacientes a los que se les colocó la banda gástrica encuentran cómo satisfacer sus deseos de consumir más calorías. "Son capaces de hacer las cosas más creativas; básicamente, ponen toda la comida en la licuadora", explica. El equipo de Kaplan observó también que el uso del nuevo dispositivo también revertía rápidamente la diabetes tipo 2, aun antes de que el usuario comenzara a adelgazar, por lo que ese efecto podría atribuirse a una modificación de las señales neuronales y hormonales enviadas desde el intestino. Esto también ocurre en los pacientes a los que se les realizó el bypass gástrico, una cirugía en la que se "reconecta" el intestino para prescindir de gran parte del estómago y una porción del intestino delgado. Según Kaplan, el descenso de peso que se logra con este "preservativo" intestinal es mayor que el que podría explicarse a través de la disminución de la absorción de nutrientes. Influirían también, en gran parte, los cambios en la fisiología intestinal. Hasta ahora, unas 150 personas probaron el dispositivo con los mismos resultados observados en ratas. Randle opinó que el costo total del EndoBarrier, incluidas la colocación y la extracción, será de unos 7500 dólares, a diferencia de los 15.000 dólares o más que cuesta la banda gástrica o los 20.000 dólares que se pueden pagar por un bypass gástrico. David Flum, que analiza los efectos de la cirugía gástrica en la Universidad de Washington, en Seattle, señaló que aún se necesitan más estudios para garantizar que el uso prolongado del dispositivo es seguro. "Todavía no conocemos cuál será su alcance", dice. Pero si esos estudios son exitosos, muchos más obesos accederían a ese tratamiento para adelgazar que mejora la calidad de vida. Un problema de difícil solución * En la Argentina el 48% de la población tiene sobrepeso u obesidad, según la encuesta de factores de riesgo de 2006. Se calcula que entre un 20 y un 30% de los obesos mórbidos necesitan una cirugía bariátrica, ya que en estos casos está demostrado que no hay otro tratamiento que tenga resultados positivos. Actualmente, en el país estas cirugías cuestan alrededor de 10.000 dólares. FUENTE Si te interesó: Acá un video: http://www.newscientist.com/articlevideo/mg20126936.300/9316822001-gastric-condoms-could-help-obese-avoid-surgery.html Para más datos: http://www.newscientist.com/article/mg20126936.300-gastric-condoms-could-help-obese-avoid-surgery.html http://www.gidynamics.com/endobarrier_technology

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Marihuana y cáncer de testículos
Salud BienestarporAnónimo2/9/2009

La marihuana favorece el cáncer de testículos Un estudio realizado en Estados Unidos reveló que quienes fuman regularmente tienen más posibilidades de padecer un tumor no seminoma El consumo de marihuana aumenta de forma importante el riesgo de padecer un agresivo tumor de testículos, el no seminoma, sobre todo en aquellos hombres que fuman cannabis de forma regular o lo han hecho durante un largo periodo de tiempo. Así lo afirma hoy un equipo de investigadores del Fred Hutchinson Cancer Research Center (Estados Unidos) en la revista científica "Cáncer". El tipo de cáncer no seminoma, que representa un 40 por ciento de los casos de tumores testiculares, tiene un rápido crecimiento y afecta principalmente a hombres de entre 20 y 30 años. Según los investigadores, los hombres que consumen marihuana tienen un 70 por ciento más de probabilidad de padecer ese tumor que los individuos que no lo hacen. En el caso de los fumadores habituales de cannabis o las personas que han estado expuestas a esa sustancia durante un largo periodo de tiempo –sobre todo desde la adolescencia–, el riesgo de padecer el cáncer testicular del tipo no seminoma es del doble. Los investigadores llegaron a esta conclusión tras estudiar los casos de 369 enfermos de cáncer testicular de entre 18 y 44 años e interrogar sobre sus hábitos a 979 individuos sanos. Ya se sabía que los antecedentes familiares, el desarrollo testicular anormal y tener testículos no descendidos son factores de riesgo en los tumores testiculares. Desde los años 50 del siglo pasado, la incidencia de los cánceres del tipo seminoma y no seminoma ha aumentado de un 3 a un 6 por ciento en Europa, Canadá, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. En el mismo periodo de tiempo, el consumo de marihuana ha subido de forma paralela en esos lugares. Este dato llevó a los investigadores a plantear su hipótesis de que el cannabis puede estar relacionado con un incremento del riesgo de padecer tumor testicular. La exposición crónica a la marihuana tiene múltiples efectos adversos en los sistemas endocrino y reproductivo: disminuye la calidad del esperma, contribuye a la impotencia masculina y hace decrecer los niveles de testosterona. La infertilidad y una pobre calidad del esperma son factores a su vez relacionados con el riesgo de padecer cáncer de testículos. Los investigadores tienen que responder ahora, entre otras, a la pregunta de cómo el cannabis fomenta el desarrollo del tumor testicular, pero sospechan que puede deberse a que destruye el efecto anticancerígeno de una sustancia química que el hombre produce de forma natural. En próximos estudios deberá profundizarse en cuestiones como la asociación entre marihuana y un único tipo de tumor testicular, el impacto de los genes en la relación de cannabis y cáncer y los mecanismos químicos que desencadenan el desarrollo de la enfermedad. Se piensa que el tumor testicular puede comenzar en el útero materno, cuando algunas células fetales germinales, aquellas que serán las responsables de la formación del esperma, no tienen un desarrollo adecuado. Cuando el individuo llega a la adolescencia, el contacto de esas células con las hormonas sexuales masculinas y otros factores ambientales puede hacer que aquéllas se vuelvan cancerosas. Esto concuerda con los hallazgos del estudio, que asocian intensamente el riesgo de cáncer del tipo no seminoma con el consumo de marihuana antes de los 18 años.

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