Nacotina
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Aprende a aprovechar el tiempo, cuyo valor es tanto más estimable cuanto más se comprende su importancia en la vida. Procura que tu tiempo sea rico en rendimiento. En todo momento, y especialmente después de tus tareas habituales, piensa, como lo tengo yo por costumbre, en lo que harás al día siguiente; y hazlo con método, de modo que por las mañanas, al comenzar tu labor, estén tus pensamientos listos para el trabajo. Verás que esto hará tu labor más liviana y hasta deliciosa, al sentir que tus pensamientos están dispuestos a colaborar contigo en la tarea que vas a iniciar. Si yo no lo hiciera así, si no pensara al acostarme en lo que haré al día siguiente, tendría que perder mucho tiempo cada mañana esperando que mis pensamientos se desperecen y pierdan su somnolencia. Nunca des lugar a ello, porque aun podría suceder que tus pensamientos, contagiándote el sueño, te volvieran de nuevo a la cama. Eso no es conveniente. Duérmete por las noches con ellos, mas al levantarte haz que despierten contigo. Sigue, pues, mi costumbre, para que cada día, al comenzar tu trabajo, encuentres a tus pensamientos ágiles y despejados. Cuando ellos se habitúan a esta disciplina se sienten felices. Tú mismo comprobarás cómo se encargan de despertarte temprano invitándote a la actividad. Te daré a conocer otra de las fórmulas que suelo emplear para el mejor aprovechamiento de mi tiempo. Ello me ha permitido a menudo hacer de una hora dos, y aún más. Me dispongo, por ejemplo, a escribir, llevando cuenta del tiempo que empleo en esa tarea. Cuando han transcurrido cuatro horas, supongamos, observo el rendimiento de mi trabajo. Si en cuatro horas he escrito veinticuatro carillas, me propongo entonces escribir la vez siguiente el mismo número de páginas en dos horas. Me quedarán libres, por consiguiente dos horas de las cuatro que antes ocupaba. Concentrando todavía más mi tiempo podré intentar hacer mi trabajo en una hora, con lo cual dispondré de tres horas libres en vez de dos. He aplicado este procedimiento, con éxito también, en otros aspectos de mi labor. Ensáyalo tú y verás cuánto bien te reporta, aun cuando no obtengas tan exactos resultados. ( Fragmento del libro. " Bases para tu conducta" de Carlos Bernardo González Pecotche.
Registrate y eliminá la publicidad! Logosofía práctica ¿A que se llama libertad de pensar? No nos referimos a la libertad de emitir opiniones, consagrada por nuestras leyes, sino a la libertad de pensar, en su íntimo sentido: la posibilidad de reflexionar y obrar, en todo momento, con independencia de prejuicios, de ideas ajenas, del qué dirán", etc., y asimismo, no hacer, pensar, ni decir lo que no debemos. En este sentido, ¿quién se supone ampliamente libre? En diversas oportunidades hicimos notar que casi todos creemos obrar conforme a nuestra voluntad y ser dueños de nuestra mente, sin advertir que tercian en tal circunstancia factores que son ajenos a nuestro propósito –algunos de ellos del más dudoso origen–, cuales serían los muchos pensamientos que suelen adueñarse de la mente y obran burlando el control del hombre. Observe el lector a esas personas cuya vida es el reflejo del torbellino psicológico que reina en su mente. Cambian sin cesar de dirección, de ruta, de propósito; jamás se sienten seguras de nada; aquí y allá, tratan de adquirir, prestada, la convicción o la certeza que nunca pueden lograr por sí mismas. Hoy le piden a un libro, mañana a un conferencista, después a una ideología, a una religión, a un partido, etc. ¿Tienen estas personas libertad de pensamiento? ¿Piensan obran de acuerdo a su voluntad? Fácil es la respuesta: la voluntad se encuentra, en ellas dominada por conciliábulos de pensamientos ajenos que, a cierta altura de la vida, llegan a serles tan necesarios como el alcaloide al toxicómano. "No puedo darle mi opinión sobre este punto; todavía no he leído los diarios..." Esta sutileza de Bernard Shaw encierra, desgraciadamente, una verdad común. Y obsérvese también el caso de aquellos que están absorbidos por un pensamiento, en forma que llega casi a constituir su obsesión. En circunstancias como ésta, el individuo termina muchas veces, por adquirir las características del pensamiento que lo embarga, y hasta su nombre; se dice, “fulano es un bebedor”, “es un maniático”, “es un amargado” En el primero de los ejemplos que hemos expuesto, es decir, cuando los pensamientos se suceden sin orden ni concierto en la mente, hablar de la libertad que se tiene para satisfacer los de seos, es un contrasentido. Estas personas no hacen lo que “quieren” sino lo que "pueden"; lo poco que pueden alcanzar entre los vaivenes y los tumbos que les produce la heterogénea mezcla de pensamientos que llevan en su interior. En el segundo ejemplo, es bien claro que no es la voluntad de la persona la que actúa, sino el pensamiento que lo obsesiona. El gobierno del individuo está ejercido –dictatorialmente– por uno o varios pensamientos que forman un deseo, el cual instiga a los instintos hasta obligarlos a satisfacer las exigencias de los mismos. Mientras el ser viva ajeno por completo a cuanto ocurre en su región mental y no conozca la clave mediante la cual pueda obtener un severo control sobre ella, no podrá jamás alegar que es dueño de si mismo y por tanto, no podrá pensar libremente. Carlos Bernardo González Pecotche. Artículo de Revista de Logosofía. http://www.logosofia.org http://www.logosofia.info http://www.fundacionlogosofica.org.ar