NachiiTTow
Usuario (Argentina)
HOLA GENTE COMO ESTÁN? ACÁ POR FIN TRAIGO LA 3RA Y ÚLTIMA PARTE DEL CREEPYPASTA. NADIE COMENTÓ NI NADA PERO BUE.. PARTE 1:http://www.taringa.net/posts/offtopic/16039436/Creepypasta-Equot_Mientras-agonizoEquot_.html PARTE 2:http://www.taringa.net/posts/offtopic/16042433/Creepypasta-Equot_Mientras-agonizoEquot_-Parte-2.html Muerto y agonizando Parte 3 …Sonreí abiertamente, aceptando el futuro, cualquiera que fuese, abrí los ojos de nuevo, ahí estaban, impacientes mirando fijamente hacia mí. Vi cómo se abalanzaron, los tres al mismo tiempo, como si fuesen una misma entidad, por instinto me alejé… Y caía… Sentía el aire girando a mí alrededor, oponiendo resistencia, abrí los ojos, alguien me tomaba fuertemente por la muñeca, desperté de repente, entre una brumosa mezcla de realidad y tres rostros tatuados para siempre en mis recuerdos, aún acomodada en la sala, en aquel enorme sillón, Andrew me sacudía bruscamente, las luces apagadas y el fuego extinto no podían darme gran información. Escuchaba fuertes golpes, rasguños y gritos, unos agudos, otros guturales. Me senté de un golpe y automáticamente corrí hacia la mesa al lado de la chimenea, en donde estaban todas las armas. En un momento deja-vú tomé una desert Eagle y una colt pyhton, y colgué una larga catana a mi espalda, miré a mí alrededor, guiándome solo por el tenue resplandor plateado del que la luna bañaba a la noche. Jared y Némesis estaban fuertemente armados en las ventanas de los costados de la gran puerta principal, cargué mis armas rápidamente, y corrí al lado de Jared, arrodillándome silenciosamente a su espalda. –¿Qué pasa? –Le pregunté algo exaltada, aunque me daba una idea de la situación. –Hay personas ahí afuera, creo –Dijo con un tono grave –Las escuchamos, pero venían seguidos de monstruos, de muchos de ellos… –Andrew, a la cuenta de tres enciendes las luces de esta habitación y las de afuera, prepárense todos, ya sabrán a quienes disparar –Dijo Némesis mientras le hacía una señal a Jared con la cabeza, para que lo ayudara a abrir las puertas. –Ustedes dos –Nos miró a Andrew y a mí –Siempre detrás nuestro –Le lanzó una mirada a Jared, ambos asintieron a la vez, escuché como Andrew lanzaba un ligero resoplido, la idea de ir detrás no le agradaba. –Uno –Me levanté del piso, me alejé un par de pasos, y apunté mis armas hacia la puerta quedé exactamente a la misma distancia de mis tres compañeros. –Dos –Todos nos tensamos en nuestros lugares, entrecerré los ojos- –¡Tres! –Jared y Némesis abrieron las puertas de golpe, mientras las potentes luces instaladas en la fachada de la casa, lastimaban mis ojos como frías navajas, luché por no cerrarlos, me horrorizó lo que capté en el primer segundo, todo pasó como si de repente el tiempo se hubiese detenido… Alrededor de cincuenta personas, entre malditos y sanos se movían frenéticamente de un lado para otro en nuestro patio, luchando entre ellos, había tantos monstruos que resultaba abrumador, solo había tres o cuatro personas sin síntomas, y otras cuantas regadas por el piso, vueltas mil pedazos y grandes manchas de sangre grumosa salpicada con trozos de carne e intestinos. Nuestras luces enceguecieron a los sanos, y enfurecieron a los monstruos. Al dejarlos completamente sin defensas, esa fue la prioridad: Proteger. Némesis y Jared cerraron filas frente a mí, me acerqué lo más que pude a ellos, sin interponerme en su camino, Andrew hizo lo mismo. Me concentré en disparar a aquellos monstruos que estaban demasiado cerca de las personas, Némesis disparaba a los más lejanos, los que apenas se aproximaban, al igual que Jared, trabajando hombro con hombro. Vi de reojo como Andrew arremetía físicamente contra algunas criaturas alejadas, golpeándolos brutalmente con un bate, incluso alcancé a ver cómo le arrancaba a uno la cabeza de un duro y certero golpe. Dirigí mi mirada hacia un pequeño grupo de malditos, estaban alrededor de una chica, completamente enceguecida que se cubría los ojos y estaba doblada a la mitad sobre sí misma, disparé dos veces mientras me acercaba a grandes zancadas, dando justo en la cabeza de dos de ellos, esparciendo pedazos de carne grisácea y putrefacta por todos lados, al estar a un par de metros de distancia, enfundé una de mis armas y con la otra acerté un disparo más, mientras desenfundaba la Catana de mi espalda, ataqué con ella y le arranqué la cabeza a uno, y corté a la mitad al restante, los vi desplomarse flácidamente sobre el piso, con un sonido asqueroso y un penetrante olor nauseabundo. Tomé a la chica por el brazo, esto la asustó muchísimo, se estremeció fuertemente y dio un grito muy agudo que lastimó mis oídos, intentó defenderse con las manos, asestándome un certero puñetazo en la mitad de la boca. “¡Tranquila!” Grité algo exasperada, comencé a sentir el ferroso sabor de la sangre, la vi entreabrir los ojos, llenos de lágrimas, mientras la dirigía al interior de la casa. “Detrás de nosotros” Fue todo cuanto le dije. Vi a Andrew dirigir a un chico al mismo punto que yo acababa de dejar, cruzamos una mirada fugaz y me dio una media sonrisa, en señal de que todo estaba bien. Al voltear, de lo primero que me percaté fue de que Némesis y Jared no estaban, se habían alejado un poco de la casa, cazando a aquellos zombis que se habían esparcido alrededor de ésta. En el centro del patio, había dos hombres, ambos luchando fieramente y a mano limpia contra un grupo de alrededor de 8 infectados, clavé mi catana en el piso y desenfundé mi otra arma de nuevo, apenas lo hacía vi como un zombi se desplomó en el piso con un enorme agujero en toda la mitad derecha del cuerpo, Jared se había percatado de la situación y atacaba. Disparé 1… 2… 3 veces, acabamos con ese pequeño grupo, vi a Jared dirigirme un guiño, una ligera sonrisa se extendió por mi rostro, fui hacia los dos chicos, estaban exhaustos, jadeantes con los puños y brazos ensangrentados. –Síganme… ¿Alguno los mordió? –No –Respondió el más alto de ellos, con una profunda voz. –No les dimos la oportunidad. Asentí una vez con la cabeza y dejé que ellos pasaran frente a mí, dirigiéndolos hacia el interior de la casa, dejé que avanzaran. Los siguientes segundos fueron confusos y algo lentos, tuvieron mucho de caóticos. Escuché como alguien gritaba mi nombre, volteé y vi a Andrew, apuntando su bereta hacia mí, como si no pudiera decidirse a dispararme o no, esto me sorprendió mucho, dirigí mi mirada hacia el lado contrario y vi a solo unos centímetros, un cráneo putrefacto, dirigiendo sus amarillentas garras afiladas hacia mí. No habría tenido tiempo ni de cerrar los ojos, de no ser por los fuertes brazos que aferraron a la criatura, alejándola; Némesis, de un fuerte y certero movimiento, le arrancó por completo la cabeza, en el segundo en el que hacía esto, vi como un segundo zombi apareció detrás de él, por instinto me alejé, dando un par de pasos hacia atrás, tropezando con un cuerpo tendido sobre el piso, lo que provocó que cayera bruscamente sobre mi espalda. Escuché un salvaje grito de dolor, o al menos fue lo primero que asimilé, pues nunca había quitado la mirada de Némesis, de sus manos luchando, de sus fundas vacías, de los altamente infecciosos dientes incrustados en su hombro… Con un ágil movimiento, Némesis tomo al maldito y lo lanzó sobre el piso frente a él, tomo mi Catana que seguía incrustada en el piso y separó de un golpe el cuerpo de la criatura en dos. Sentí como un par de manos me aferraron por los hombros, obligándome a levantarme, era Andrew, que veía fijamente a Némesis, el cual lentamente se ponía de pie, aferrando su hombro sangrante, y dibujando una seca sonrisa en su rostro, completamente carente de todo humor. Sus ojos eran dos pozos impenetrables, estaba consciente de lo que pasaba. Jared llegó un segundo después, con el rostro bañado en sudor, contempló la escena por un segundo y entonces fue al lado de Némesis, el cual, solo rechazó su cercanía sutilmente, negando con la cabeza. “Estaré bien” dijo con un lúgubre tono. Vi hacia los recién llegados, al lado de la chica que yo había ayudado, había una nueva mujer, supuse que Némesis la había rescatado. Todos nos miraban fijamente, paralizados, los dos más cercanos a nosotros, veían a Némesis con precaución, como si en cualquier momento pudiera saltar sobre ellos… cosa que, de cierta forma, podía pasar. –Todo está bajo control, -Dijo Jared con una voz rasposa dirigiéndose a los recién llegados. –No hay más criaturas. Ustedes –Nos vio a Andrew y a mí –Vayan con ellos. –Vi como Andrew asintió y comenzó a dirigirse hacia allá, aun sosteniendo mis hombros. –No –Dije suavemente, volteé a ver a Andrew. –Ve tú, te alcanzo en un momento. –Sam –Dijeron al unísono Jared, y Andrew, vi como Némesis se alejaba lentamente de nosotros, encendiendo un cigarrillo con una mano temblorosa. –He dicho que no. –Los miré a ambos durante un momento. Jared asintió con la cabeza hacia Andrew, éste me soltó y comenzó a andar hacia la puerta. Me quedé viendo fijamente su espalda, hasta que pasó entre las puertas aún abiertas, y lentamente las cerró. –Jared –Dije mientras me dirigía hacia él. –Lo han mordido –Dirigí una mirada hacia Némesis, que se sentaba lentamente en el pasto, con su cigarrillo balanceándose entre sus labios. –Sí, Lo sé. –Fue todo cuanto obtuve por respuesta. –¿Lo sabes? ¡Hay que hacer algo! –Jared me tomó por los hombros, y me vio fijamente a los ojos, de aquella forma tan intensa que solía dejarme sin respiración. –Ya no hay nada que hacer, Sam. –Soltó mis hombros y se dirigió hacia él, dejándome ahí, de pie, en medio del caos de mi mente. Esto era mi culpa, todos siempre arriesgándose, por mí. Ahora podía estar orgullosa, mi estupidez había cobrado su segunda víctima… –¡Sam! ¡Ayúdame! –¡Daphne! ¿En dónde estás? –¡Aquí! ¡Aquí! ¡Auxilio! La noche cerrada, sin luna dentro del bosque que circundaba la ciudad, era fría, recorría cada rincón del lugar con la mirada, ahí estaba ella, en el piso, con su pie atorado en una raíz. Hacía un par de horas, estábamos todos los amigos de siempre, sentados alrededor de un vivo fuego, haciendo bromas y contando historias de terror. Escuchamos en la radio una historia extraña y retorcida, creímos que era un juego, alguna bizarra versión moderna de “La guerra de los mundos” de Orson Welles, y suponiendo esto no le dimos demasiada importancia. “Una cepa de rabia modificada genéticamente se ha esparcido por todo el país. Se advierte a los ciudadanos que eviten salir de sus casas en medida de lo posible, el gobierno está trabajando para mantener todo bajo control. En caso de presentar cualquiera de los síntomas indicativos de esta enfermedad, acuda rápidamente a su centro de salud más cercano. Extremen precauciones. Repito. Extremen precauciones”. Esto sonaba demasiado real para nosotros. Si una especie de súper-rabia mutante se le hubiese escapado al gobierno, no expandirían el pánico, lo mantendrían en el más profundo secreto hasta que todo se arreglara… O todos murieran. Una hora después todos corríamos, huyendo de aquellas criaturas infernales que se habían aparecido de repente ante nosotros, vestidos de campistas, con sus quijadas desencajadas y ojos inyectados en sangre. Habían atacado y asesinado ante nuestros ojos a tres de nuestros amigos. Pudimos haber estado corriendo toda la noche, o toda la vida, era difícil saber, sentía que corríamos en círculos, cada claro al que entrabamos era idéntico el anterior, muchos habían cedido al cansancio y al miedo, habían decidido esperar pacientes por su muerte en medio de una epidemia que carecía de sentido y de control. Al emerger de golpe de entre los árboles, a un gran claro, bañado de lleno con la plateada luz de la luna llena de media noche, surcado a la mitad por un riachuelo de agua cristalina, nos sentíamos agotados. Nos miramos unos a otros, cinco personas, bañadas en sudor, tan sucios como era posible imaginarse, con grandes ojos aterrorizados, expectantes. Escuchamos sonidos a nuestro alrededor, de hojas moviéndose, de ramas romperse, nos apretamos los unos contra los otros, está en la naturaleza sentirse seguro en grupos; tomé a Daphne y a Jared de la mano, sentí las manos de Némesis y Gabrielle en mi espalda. De un segundo a otro, sin darnos tiempo siquiera de entrar en pánico, dos, de los tres campistas infectados que habían irrumpido en nuestro campamento, salieron de entre los árboles, corriendo pesadamente hacia nosotros, con los rostros y cuerpos llenos de sangre. Némesis, que ya había matado a uno de ellos se puso frente a nosotros, en posición defensiva, acompañado por Jared, dejándonos a las tres mujeres a sus espaldas, corrieron hacia ellos y se encontraron en la mitad del camino. Ellos golpeaban, atacaban a la cara, a la cabeza, pero los monstruos eran demasiado fuertes, lanzaban mordidas y apresaban con sus fuertes manos. Mis amigos eran técnicos y hábiles, las bestias eran brutales. Me pare ahí, observando como daban la vida por nosotras, como luchaban, como su espíritu no se rendía. En un segundo mi corazón se detuvo, al ver a Jared desplomarse sobre el piso, inconsciente, y a la bestia contra la que peleaba inclinarse sobre él, casi saboreándolo. Vi como todo a mí alrededor se tornó más brillante, tanto que una ligera niebla blanca se interponía en mi visión. Esperaba sentir el impacto contra el suelo, o por lo menos esa sensación de ligera y progresiva inconsciencia cuando sabes que te vas a desmayar. Al contrario de mis expectativas, mis pies avanzaban agrandes zancadas, frenéticos, sentía mis músculos prepararse, mis sentidos se agudizaban, corría hacia aquella bestia inclinada sobre él. Al estar a menos de un metro, me lancé sobre el infectado, que tocaba el rostro de Jared, alejándolo de él, tirándolo sobre el piso, golpeándolo con toda mi alma, mis manos comenzaban a sangrar, pero no importaba, no me dolía. Volteé un segundo hacia atrás, buscaba a mi hermana, sólo vi a Gabrielle, ayudando a incorporarse lentamente a Jared, el cual sangraba copiosamente de una herida abierta en su mejilla, y a Némesis, completamente dueño de la situación. Éste pequeño descuido me costó un fuerte golpe de parte de la bestia, lanzándome a un metro de él, para después levantarse y abalanzarse sobre mí, con los dientes descubiertos, preparándose para morder, para comer. No supe de donde vino, y creo que nunca lo averiguaré, peor en un segundo, mi hermana estaba sobre la bestia, alejándola con todas sus fuerzas, desviándola hacia otro lugar, lejos de mí. Lo siguiente fue confuso, y algo al estilo “En cámara rápida” La bestia tomó a mi hermana, apresándola por las muñecas, y la mordió profundamente en un brazo, Daphne gritó de dolor, e intentó alejarse, provocando que la bestia le arrancara la parte que estaba mordiendo. Comenzó a sangrar a mareas, se alejaba lo más rápido que podía, entre tropezones y espasmos provocados por el dolor. Corrió directo hacia Jared y Gabrielle, presionando su herida, con los ojos llenos de lágrimas. De repente ella cayó, a solo unos centímetros de mis demás amigos, y la bestia se abalanzó sobre los tres. Tomó a Gabrielle, que era la única de pie, no le dio tiempo a nadie, ni siquiera de pensar. En mi mente dos cosas estarán siempre claras: El momento justo en el que Némesis se percataba de lo que estaba a punto de pasarle a su esposa, haciéndolo tomar a la bestia contra la que luchaba y partirla literalmente en dos. Y el Justo momento en el que el zombi restante, tomó el frágil cuerpo de Gabrielle entre sus garras y mordió su garganta, de una forma en la que no podía defenderse. Todos sólo observábamos, impotentes, incapaces. Némesis corría hacia ahí, su rostro reflejaba toda la furia del infierno. Él corría y la bestia mordía. Paso – Mordida – Paso – Mordida. Cuando, después de lo que pareció una eternidad, Némesis alcanzó el lugar, tomó al maldito por el cuello, y le arrancó la cabeza solo con la ayuda de sus manos, lanzándola lejos del cuerpo de su amada. Gabrielle sólo se desplomó, sobre el delgado riachuelo, pintando el agua de rojo lentamente. Ella aún vivía, lo sabíamos por el movimiento de sus ojos, por la sensación de desesperación, de dolor que en ellos se reflejaba. Némesis se arrodilló a su lado, la sangre salía a borbotones del cercenado cuello de ella, él, sin saber realmente que hacer, se acercó y tomó su mano “Gabrielle” susurraba, y delgadas líneas de lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos. Esa fue la única vez que lo había visto llorar. Escuché un profundo sonido, en algún lugar a mi izquierda, me di cuenta de que seguía tirada en el piso, me levanté entornando la mirada, el sonido me intrigaba. Parecía que no había sido la única en escucharlo, Jared se notaba alerta también, a pesar de estar un poco aturdido aún. Vi a Daphne, y mi corazón se detuvo; analicé su postura, estaba sentada sobre el piso, doblada sobre sí misma, apretando con fuerza su hombro que ya no sangraba más, se retorcía, sollozaba; el sonido que había escuchado lo había hecho ella. Levantó la mirada, sentí como la sangre huía veloz de mi rostro. Sus grandes ojos verdes, lentamente se tornaban de un profundo negro, y se inyectaban en un rojo profundo, como si estuviese a punto de sangrar por ellos, por instinto corrí hacia ella, necesitaba ayudarla como fuera. Estaba a punto de tocarla, y Jared me detuvo, apretándome por la cintura, traté de librarme de la presa de sus brazos, me retorcí e incluso lo golpeé, pero él, impasible, me alejaba. En el caos escuchaba un sonido, agudo, perturbador, me llenaba de angustia, quería que cesara. Sentí un par de nuevas manos a mi alrededor, Némesis, con su rostro aún surcado por las lágrimas, me alejaba también de mi hermana. Vi un momento a Gabrielle, con una larga estela de sangre y agua que se arrastraba a su lado, con ojos inexpresivos, mirando en blanco al cielo, su cabello castaño ondulaba a su alrededor. Aún muerta era preciosa. Vi a Daphne levantarse, sentí aún más la urgencia de acercarme, y el sonido aumentó. Sentí como mis pies se despegaban del piso, me levantaban, y me llevaban lejos del lugar en el que estábamos. Me percaté de que aquel sonido, lo provocaba yo, eran mis gritos de terror y desesperación los que me lastimaban, me sentía luchar en contra de las manos de mis salvadores, aún en contra de toda lógica, me negaba a creer lo que veía. Mi hermana dio un par de pasos tambaleantes hacia nosotros, se detuvo un momento y se percató de Gabrielle, escuché uno sollozo salir de los labios de Némesis. Ya nos internábamos de nuevo en el bosque. La última imagen que alcancé a captar, fue mi hermana abalanzándose sobre el cuerpo de Gabrielle. Solo fui consciente del momento en el que dejé de gritar, cuando el terror fue tan abrumador que mi cuerpo ni siquiera respondía para eso. Yo lo había perdido todo en ese bosque, pero no era la única con pérdidas. Al llegar a sus respectivos hogares: Las hijas de Némesis, los padres y hermanos de Jared, todos muertos, todos infectados. Ésta era la descripción del infierno. Sólo nos teníamos a nosotros. Y así seguimos, durante todo este tiempo, con nuestros desacuerdos, pero siempre protegiéndonos, éramos nuestra familia, y ahora, parada frente a nuestro hogar, con las manos vacías y un profundo hueco en el corazón todo se desmoronaba lentamente a mí alrededor. Vi hacia donde Némesis estaba, consciente de lo que podía suceder en cualquier momento, sosteniendo su cigarrillo en sus labios entre abiertos, con los ojos cerrados, Jared a su lado, con la preocupación tatuada en la mirada, caminé despacio hacia ellos, con el sentimiento de culpa creciendo cada vez más. Me paré a un metro de ellos, desenfundé una de mis armas, la cargué lentamente, alargando los segundos lo más que podía. Jared solo me observaba, incrédulo, terminé de cargar, y Némesis sonrió. Ambos se pusieron de pie, Jared estiró su mano, pidiendo mi arma, solo negué levemente con la cabeza. Ellos se dirigieron una mirada, se dieron la mano y se abrazaron, en el más impenetrable silencio, Némesis dirigió sus ojos hacia mí, castaños, profundos, sería la última vez que los vería, apreté los dientes para contener el llanto. Me acerqué a él y lo abracé sobre los hombros, poniéndome de puntitas, besé su mejilla, y susurré un “te quiero” a su oído. Me alejé y levanté mi arma, dejándola justo frente a sus ojos. “Cuídense” Nos dijo, mientras cerraba los ojos, despacio. “Por fin las veré” susurró muy despacio, apenas audible, tomé la mano de Jared, desesperada, ahora quería arrepentirme, pero no más. Nunca más sería cobarde, nunca más nadie moriría por mi culpa, sentí como sus dedos apretaron alrededor de los míos, cerré los ojos, dejando que las lágrimas brotaran, y apreté el gatillo… RECESO(? …Vi los primeros rayos de sol asomándose por el horizonte, pintando el cielo de un tenue color rosáceo, busqué a Jared con la mirada, era hora. Habíamos pasado toda la noche haciendo esto, lo mejor que pudimos. Justo en el centro del jardín trasero de la casa, se alzaba una pila de maderos, dispuestos de la manera más alineada posible. Tomamos el cuerpo de Némesis, y entre ambos logramos subirlo a éste montículo fúnebre. Las sábanas manchadas de rojo dejaban ver su silueta, quise llorar, pero no me quedaban más lágrimas. Toqué un momento su pecho, casi esperaba sentir sus latidos, pero ya no había nada ahí, todo permaneció quieto, frío. Retiré mi mano y me aparté un par de pasos. Jared se acercó a mí y tomó fuertemente mi mano. -¿Lista? –Me dijo con un dulce tono de voz, como si le preguntase a una niña pequeña si quiere subirse de nuevo al carrusel. Solo asentí una vez con la cabeza, no podía mirarlo a los ojos. –Hay actos heroicos –Comenzó Jared. –Que dejan sin palabras. Tú fuiste un héroe, y de los más grandes. Hoy te despedimos, con dolor en nuestro corazón, y silencio en nuestros labios. Buen viaje, Némesis. Te extrañaremos. –Se adelantó un paso, sacó un encendedor de su bolsillo y encendió un minúsculo fuego en la parte más baja del montículo. Unos momentos después, grandes llamaradas se alzaban hacia el cielo, esparciendo cenizas por todo el lugar, me obligué a observar fijamente, en mi mente solo flotaban imágenes del pasado. Los juegos, los consejos, su rostro sonriente, siempre protector. Me senté despacio en el pasto, sin soltar la mano de Jared, quién se sentó a mi lado. Unos momentos después, llegó Andrew, enjugando sus lágrimas, sentándose también, tomó mi mano. El calor que el enorme fuego irradiaba era inmenso, pero no compensaba para nada el frío que sentía en mi interior. El tiempo siguió su curso. Poco a poco el tamaño de la pila frente a nosotros aminoraba. Sentía miradas detrás de nosotros. Los recién llegados, los intrusos, los desalmados que trajeron muerte a un lugar en el que ya había demasiada. Ellos también tuvieron pérdidas, lo sabía, pero ninguna como la nuestra, o al menos eso era lo que mi furia quería hacerme creer. Me acurruqué en los brazos de Jared, el cansancio comenzaba a pasarme factura, pero no quería dormir, tenía miedo de lo que vería si cerraba los ojos. Vi fijamente al cielo, observé las nubes que lentamente se reunían sobre nosotros, ganándole en rapidez al sol, evitando que sus rayos llegaran a nosotros, dejé mi mente viajar al pasado, me permití recordar los tiempos en los que recién comenzaba a sentir el dolor. No sabía porque hacía esto. ¿Será que un pellizco te distrae de una mordida? Podría ser. -Los monstruos no existen, hermanita –Le dije mientras subía las mantas hasta su barbilla, sus enormes ojos verdes me veían, llorosos en la tenue luz de la lámpara de escritorio. -Pero si existen, Sam. Hay uno bajo la cama. - Y uno en el armario, ¿No? –Le dije sonriéndole, ella subió las mantas hasta el borde de sus ojos, dando un respingo e inhalando de golpe. –Daphne, tranquila. Mira –Me levanté y abrí la puerta del armario, encendí el bombillo que pendía tambaleante de un cable, el cual me cegó por un momento, voltee a verla -¿Ves que aquí no hay monstruos, cariño? –Tomé una gran lámpara de mano del estante superior y vi si encendía; Lo hizo a la primera. –Ahora –Me dirigí hacia su cama, levanté el edredón que arrastraba ligeramente sobre el piso y apunté la luz hacia el fondo, la parte más oscura. –Daphne, ven. Quiero que veas con tus propios ojos que aquí no hay nada. -No quiero. –Escuché la réplica asustada y algo sofocada – Tengo miedo, Sam. –Me levanté del piso y la vi fijamente, o al menos los mechones rubios que sobresalían de entre las mantas temblorosas. -A ver, linda. Dime una cosa –Retiré los cobertores de su rostro. -¿Confías en mi? –Ella me dio una rara mirada, como si se cuestionara algo importante. -¡Claro que sí, Sam! –Me observó con una mirada de reproche, que me hizo reír un poco. -Bien, entonces escucha atentamente lo que te voy a decir –Le ofrecí mi mano y esperé a que la tomara. –Daphne, yo te prometo que no hay nada en este mundo a lo que le puedas temer. Porque no hay absolutamente nada a lo que no me enfrentaría, para defenderte, preciosa. –Vi sus ojos humedecerse lentamente. -Es fácil para ti decir esas cosas, tú ya eres grande, no le temes a nada. –Me dijo con su tintineante voz tambaleando en los finales. -No, no le temo a nada. –Asentí con la cabeza y me forcé a sonreír, tenía que ser convincente, con esa pequeña mentira. -Eso es porque eres vieja –Soltó una ligera carcajada. -17 años no son demasiados. -Pero son más que 9. Hubo un ligero momento de silencio, la vi, ella y mi madre eran todo o que yo tenía y la había prometido a mi padre cuidarlas. Habría dado mi propia vida por ellas, de ser necesario. -Bueno, vamos a terminar esto, que mañana hay que levantarse temprano, pequeña. –Tomé de nuevo la lámpara y me puse de rodillas sobre el suelo, apuntando hacia la oscuridad. –Ven a ver, aquí está completamente vacío. –Vi como su cabecita sobresalía del borde de la cama. –Y algo sucio –reí mientras ella se colgaba de cabeza sobre la cama, con los ojos entrecerrados, como si aún tuviera miedo de encontrarse con algo allí debajo. – ¿Ves que no hay nada? –Hice una pausa- Bueno, hay calcetines, ¿Le temes a los calcetines? –La vi con mis ojos muy abiertos, fingiendo sorpresa. -¡Claro que no! -Entonces, no hay nada a que tenerle miedo –Sonreí. –Caso cerrado, a dormir, princesa. –Me puse de pié y esperé a que ella se acurrucara de nuevo, la envolví firmemente y le sonreí. Tomé la lámpara y la puse de nuevo en el armario, apagué el bombillo y cerré cuidadosamente la puerta. Me dirigí hacia su cama. –Duerme bien, descansa, y no temas –Besé su mejilla y me alejé, cerrando la puerta detrás de mí. Camino a mi habitación, pasé frente a la puerta entreabierta de mi madre, escuché sus sollozos ahogados por la almohada. No quería que Daphne la escuchara, cerré silenciosamente su puerta, y seguí mi camino a mi cuarto. Había sido un día muy largo, el funeral había sido abrumador. Estaba bastante perturbada, mi viejo ya no estaba, mi familia partida y destrozada yacía en pedazos sobre el suelo, sin su núcleo y mi alma no se había dignado a derramar una sola lágrima, a pesar de que sentía que mi mundo dividido se venía abajo con cada respiración mis ojos permanecieron secos. Tal vez ahora que estaba sola, podía despedazarme a mis anchas. Me recosté en la cama y me aovillé, cubriéndome por completo con las sábanas. “Te prometo que no hay nada en este mundo a lo que le puedas temer. Porque no hay absolutamente nada a lo que no me enfrentaría, para defenderte.” Mis propias palabras daban vuelta en mi cabeza, y entonces las lágrimas comenzaron a surgir, dejé que la oscuridad y el silencio lentamente me tomaran entre sus brazos, y me deslicé despacio hacia la indolora inconciencia que tanto había anhelado. “No prometas lo que no vas a cumplir.” Me dije a mi misma. Éste no era el momento, quería dormir. Comencé a sentir ese ligero sopor, el desprendimiento pegajoso de la conciencia dando paso al inconsciente, la pequeña transición, me confundía, me agradaba. Escuché una risa rasposa y profunda, y sentí un par de frías manos sostener mis mejillas en medio de la oscuridad. “¿Revisaste debajo de tu cama?”. Y caí en un profundo pozo de sueños dolorosos, que el tiempo me ayudó a olvidar. Sentí las primeras gotas de lluvia caer sobre mi rostro. Era difícil saber cuánto tiempo habíamos pasado ahí. Frente a nosotros, una pila humeante de cenizas comenzaba a humedecerse, el cielo lloraba sobre nosotros, haciendo un retrato perfecto de mi alma. Me levanté despacio, un poco entumecida, le dirigí una mirada a Andrew, una más a Jared, y emprendí mi camino hacia la casa, necesitaba asearme y dormir, si mis sueños iban a atacarme, que lo hicieran de una vez. Entré por la puerta de la cocina, miré con sorpresa los platos en el lavavajillas, las sillas acomodadas de cualquier manera alrededor de la mesa, el lugar se notaba extrañamente vivo, se notaba el paso reciente de personas por ahí. Seguí mi camino, y pasé por el pasillo que daba al gran Hall, sólo esperando poder subir las escaleras y destrozarme en soledad, estaba fría hasta los huesos, sólo mis manos se sentían cálidas. Pensé en Jared por un segundo, algo en mi interior se removió, como un ligero vuelco en mi corazón. Será que estaba… Sentí sus miradas repentinamente sobre mí, y un momento después se levantaron de sus lugares, cerrándose a mí alrededor, me sentía acorralada. Todos hablaban, no entendía nada, atrapaba frases al azar, parecía que me agradecían al borde del llanto. Quería taparme los oídos y tararear, no quería escucharlos más. Una parte de mi –Mi parte menos noble– Aún los culpaba por lo que acababa de pasar, aunque sabía que ellos eran inocentes. Levanté mis manos a la altura de mi cabeza, apretando los ojos, todos callaron a la vez. Escuché los pasos de alguien que se aproximaba detrás de mí, y posó sus manos suavemente sobre mis hombros. -Éste no es el mejor momento. Creo que podrían esperar –Abrí los ojos y observé como todos se veían entre sí, y se retiraban lentamente en silencio. -Gracias –Susurré. -Vamos –Jared bajó sus manos de mis hombros posándolas sobre mi cintura, y avanzó a mi lado hacia las escaleras. Al llegar a la base de éstas, se detuvo. –Ve, descansa, te necesito bien –Volteé y vi sus ojos, llenos de tristeza, de luto, y una tenue sonrisa en sus labios, tratando de animarme, vi a Andrew pasar por el pasillo, dirigiéndose hacia los nuevos, me dirigió un asentimiento con la cabeza, quise sonreírle, pero no me sentí capaz, solo aparté la mirada, abracé a Jared sobre los hombros y sentí como puso sus manos sobre mi espalda, apretando ligeramente; era ese tipo de abrazo que dice “Lo siento” por todas partes. Me di la vuelta y subí las escaleras, despacio, sintiendo como el cansancio ganaba lugar poco a poco. Veía el agua sucia corriendo por el blanco azulejo. Despacio mis manos y mi rostro volvían a ser blancos, el agua caliente me relajaba, pero no apartaba de mí los pensamientos. Hace sólo unas cuantas horas, estábamos todos juntos, era tan feliz en este mundo perdido, lleno de desgracias y soledad. Tenía todo lo que necesitaba, y a todos. Y ahora había un hueco. Me vestí con la ropa más cómoda y suave que tenía, me recosté con el cabello húmedo, me preparaba mentalmente para todos los posibles escenarios que mi subconsciente había preparado para mí, como siempre en una versión súper realista y clara. Cerré los ojos. Para mi sorpresa, desperté, muchas horas después, muriendo de sed y sin haber tenido un solo sueño. Salí despacio de la cama y fui hacia una ventana, aparté las cortinas y vi que afuera estaba oscureciendo. Había dormido todo el día. Después de asearme y vestirme, bajé las escaleras, me sentía descansada y relajada, pero algo entumecida… Los acontecimientos recientes me parecían atenuados, como si los viese a través de una ventana, u ocultos detrás de la niebla, el dolor en cambio, parecía haberse acrecentado. Al llegar a la sala, vi a seis personas reunidas en la sala, con toda la gama de emociones en sus rostros; fijé mi mirada en Jared, que les hablaba a todos sin parar, al parecer las visitas traían consigo nueva información. -¿Cuántas personas vienen hacia acá? –Le preguntaba Jared a uno de los chicos nuevos, alto y pálido, de cabello oscuro- -No podemos saberlo, muchos los han visto, armados y organizados… No somos los únicos que quieren sobrevivir, y al parecer ustedes tienen todas las posibilidades –Se detuvo un segundo y miró a su alrededor percatándose de mi presencia, lo vi un segundo y agaché la mirada, apreté mis brazos alrededor de mi cintura, bajo mi pecho y caminé –casi corrí- hacia la cocina, no me detuve a esperar impresiones. Tomé un vaso y lo llené con agua, agudizando lo más que podía mí oído, lo que había captado me interesaba por sobremanera, venía más gente hacia acá… Más sobrevivientes… Casi no podía creerlo. -¿Y por qué no se unieron a ustedes? –La voz de Jared llegaba atenuada desde la sala. -Por que grupos grandes atraen más a las bestias –Respingué, recordé a mi Daphne… “Bestias”… -Ustedes eran ocho -No, éramos los cinco que ves, los otros tres venían tras de nosotros, habían sido descuidados, fueron ellos quienes atrajeron a todos los muertos. -Me parecía muy extraño que no tuvieran mayor reacción a su muerte. -No los conocíamos. –“No los conocíamos” ¿Es ése motivo para no sentir la perdida de una vida humana, quedando tan pocos de nosotros? Dejé mi vaso sobre la mesa, y avancé lentamente hacia la puerta, entrelacé mis manos, se sentían frías… Al salir todos dirigieron sus miradas hacia mí, me sentí de nuevo acorralada. Al menos esta vez no corrieron hacia mi. Jared siguió la mirada de todos y se levantó, caminó a mi lado me abrazó sobre los hombros, me dio un ligero beso en la comisura de los labios, tomo mis manos y me llevó despacio al centro de la sala, colocándome a su lado, sin soltar mis manos. Sentía mis mejillas sonrojadas, y mi corazón latía más rápido; no comprendía del todo que pasaba conmigo. Guardé silencio. -Ella es Samantha. Sam, para usos prácticos –Dijo Andrew que estaba parado casualmente al lado de la chimenea, sonriéndome. -Mucho gusto, Sam, ellos son Demian –Señaló al hombre que había estado luchando a su lado contra aquel pequeño grupo de zombis, era rubio, de ojos castaños, tenía una complexión fuerte y una postura pacífica, la espesa barba oscura contrastaba con su piel. –Lucy –Señaló a una chica que estaba sentada en uno de los sillones, con las piernas y los brazos cruzados, veía hacia todos lados con un par de enormes ojos negros, que hacían juego con su piel olivácea. –Billy –Señaló a un lado de la chimenea, era un adolescente, casi un niño, no tendría más de 15 años, observaba ávidamente nuestras armas, con un brillo frenético en los ojos. –Rose –Observé a la chica sentada al lado de Lucy, tenía piernas y brazos bien unidos al cuerpo, y no dejaba de mirar sus manos, apenas y me dirigió una mirada cuando la mencionaron, parecía nerviosa, o avergonzada. Me percaté de su vestimenta completamente negra, y de su maquillaje algo extravagante “¿Quién tiene tiempo (O ganas) De maquillarse en una situación como ésta?” pensé. Era muy pálida, la más pálida de todos los presentes, y sus enormes ojos azules la hacían ver preciosa, vi cómo observó por más de un segundo a Jared, me tensé ligeramente. –Y yo soy Alexel, mucho gusto –Dijo el chico parado frente a mí. -Mucho gusto –Estiré la mano derecha hacia él, mientras sostenía la de Jared en la izquierda, nos dimos un ligero apretón, y regresé mi mano bajo la de Jared. -Les agradecemos mucho su ayuda, y el que nos permitan quedarnos –Pronunciaba éstas palabras despacio y forzosamente, como si no estuviese acostumbrado a agradecer –Les seremos de toda la ayuda posible, en el presente y cuando lleguen los otros –“Los otros” La idea retumbó en mi cabeza, había más personas allá afuera, viniendo hacia acá. Vida en el valle de la sombra de muerte… Y aunque ande en valle de sombre de muerte no temeré mal alguno, porque sólo tu señor me haces sentir confiado. Confianza en el desastre, en la pérdida, en la nada. Sabía quién era mi Dios, sus manos eran tibias. -No hay nada que agradecer –Le dije mientras forzosamente sonreía –Ésta es su casa. Creen que podamos arreglar casas aledañas, para las personas que lleguen después. -Claro –Dijo Jared, notoriamente emocionado, comenzó a hablar de sistemas eléctricos, de talleres de reparación, de equipos de búsqueda. Yo sólo lo escuchaba, y me perdía en su mirada a veces comprendía lo que decía, a veces no, al final sólo me acurruqué en sus brazos, mientras todos seguían hablando entre sí. Tuvimos una cena larga, amena, llena de vida, de risas y de planes. Una semana después de la llegada de éste grupo, comenzaron a llegar más personas. Parejas, grupos pequeños y, para ésta situación, enormes grupos de hasta diez personas. En menos de 3 semanas ya éramos mas de 200 personas. 200 sobrevivientes. Avanzábamos rápido como comunidad, en sólo un par de días habíamos reparado las centrales eléctricas y provisto a la ciudad de agua potable, estábamos en proceso de restablecer las comunicaciones. Entre nosotros había arquitectos, ingenieros, un par de militares y policías, doctores y enfermeras, e incluso un par de sobrevivientes del accidente principal, los que estuvieron en el núcleo de la infección. -Todos los inmunes al virus inicial, tienen un 50% de probabilidad de ser inmunes a las mordidas –Le decía un hombre moreno a Alexel y a Jared, en un tono profundo, serio. -¿Y cómo podemos saber quiénes son inmunes a las mordidas? -Todos los que estamos en esta comunidad somos potencialmente inmunes, los que estamos aquí fuimos inmunes al virus inicial… Aunque la respuesta directa a su pregunta es que no hay forma de saberlo, si no hasta que la persona es mordida. Si no se es inmune, los cambios comienzan a ser visibles poco después de tres minutos del contacto infeccioso. También, como creo que se habrán dado cuenta, las personas que fueron infectadas mueren después de un tiempo, pero esto pasa con aquellos que fueron infectados por mordedura, los infectados con la cepa original, no mueren… Jamás. –Sentí como Jared se tensó, y me medio ocultó detrás de su cuerpo, en un gesto protector. Vi a mi alrededor, vi a los pocos niños que había con nosotros, a las mujeres embarazadas, tanta vida potencial, tanto tiempo… -Se trabajaba en un antídoto –Dijo el hombre moreno viendo hacia el cielo –En el núcleo mismo de la organización. Según lo que escuché, estaba casi listo para su administración a humanos, había mostrado excelentes resultados en las pruebas… -En dónde se encuentra ésa organización –Preguntó Jared, emocionado. De alguna manera veía una luz al final del camino. -No está muy lejos de aquí –Respondió el hombre, cerrando los ojos al dar un rayo de sol en su rostro, parecía disfrutarlo. –A un par de días caminando. -¿Podrías llevarnos hasta ahí? –El hombre abrió los ojos de repente, su cabello negro con unos cuantos mechones canosos onduló ente la brisa fresca. -Ése lugar está lleno de peligro, hay cientos de enfermedades almacenadas en pequeñas y mortíferas botellitas que podrían matar a los pocos que quedamos, con sólo un descuido, y no creo que sea necesario hablarte de las personas que quedaron atrapadas en la emergencia… Te aseguro que siguen ahí, esperando. -Hemos tratado con ellos antes –Dijo Alexel mostrando una arrogante sonrisa. -Todos lo hemos hecho, pero te estoy hablando de cientos, tal vez miles encerrados en un mismo lugar… Abrir las puertas de ése edificio será como abrir las puertas del infierno… Sus palabras quedaron flotando entre nosotros, era casi como si ocupasen su propio lugar físicamente, el ambiente soleado y brillante que reinaba a nuestro alrededor, se ensombreció, a pesar de que en el cielo de un fuerte color azul no se asomaba ni una sola nube. Eran nuestras esperanzas de sobrevivir a éste mundo las que, al verse opacadas, nublaban nuestra visión. Todos nos vimos entre nosotros, casi pude ver las palabras en la mirada de Jared “Rendirse o luchar”… BUENO HASTA ACA LLEGA ESTE CREEPYPASTA. LA VERDAD A MI ME GUSTO MUCHO ESTA BASTANTE INTERESANTE Y COMPLEJO. POR FAVOR COMENTEN QUE LES PARECIO Y AHI DEJE LOS LINKS A LAS OTRAS 2 PARTES POR SI NO LAS VIERON. SALUDOS

HOLA GENTE COMO ESTÁN? ACÁ TRAIGO UN POCO DE HUMOR PARA LA NOCHE. YAPA BUENO ESO ES TODO. HASTA LA PROXIMA