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Muchacho_T

Usuario (Argentina)

Primer post: 22 mar 2010Último post: 22 mar 2010
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Apuntes Y MonografiasporAnónimo3/22/2010

Mi primer post y quiero hacerlo lo mas prolijo posible... Muahahaa Leyendas Urbanas [Hechos Reales] El término Leyenda urbana apareció hacia los años 80 en Estados Unidos (Urban Legend). Las leyendas urbanas son narraciones fantásticas pero contadas como si fueran reales, se cree que las leyendas siempre tienen un origen real y que han ido modelándose de boca en boca hasta formar historias convertidas en rumores y bulos posiblemente reales. te invito a que lo pases de miedo con nuestras leyendas urbanas llegadas desde todos los rincones hasta nuestra redacción para que las leas y comentes. ¿Te atreves?. Carolina y veronica Carolina y Verónica se habían enamorado perdidamente de aquél chico tan atractivo que llegara tan solo una semana antes al convento. Las dos muchachas, novicias, habían convenido en su día convertirse en religiosas, motivo de una promesa tal vez no demasiado meditada, y que las había arrastrado de forma irremediable hacia una vida, en realidad, de ninguna de las maneras deseada. Pero, lejos de profundizar en su religión, habían terminado por sucumbir ante el agradable semblante del muchacho de una de las congregaciones llegadas para participar en la convivencia religiosa, organizada por el convento. La amistad entre ellas surgió cuando ambas eran aún muy pequeñas. Carolina, que tenía 17 años, era tres años mayor que Verónica, que sólo contaba con 14. Los padres de las muchachas, tras su matrimonio, fueron a residir justo en la misma calle, una casa enfrente de la otra. Durante su infancia, habían sido inseparables, y su amistad realmente parecía algo especial. Rara era la vez que terminaba el día sin que hubieran consumado alguna de sus travesuras. Aunque Carolina era la mayor, y se suponía debía tener la voz cantante, no era sino Verónica quien casi siempre convencía a su amiga para hacer realidad todas las barrabasadas que se les ocurrían. A tanto llegaron, que, sin pensárselo dos veces, a Verónica se le cruzó por la cabeza, en una de aquellas alocadas mañanas infantiles, una de sus innumerables ideas perversas: Si Carolina llegaba a cumplir 17 años sin haberse enamorado de ningún chico, era porque sin duda tenía alma de monja y tenía que ingresar en un convento. Por supuesto, las mismas condiciones valían para Verónica, pero para entonces ésta aún tendría tres años más para derribar la apuesta. Así que la decisión final fue que, si al cumplir 17 años Verónica, ninguna de las dos había logrado enamorarse, ambas entrarían en el convento el mismo día, cosa que finalmente, sucedió. Sin notificar nada a sus padres, la misma noche en que Verónica alcanzó la edad, ambas llamaron a la puerta del convento, cerrándose tras de sí el mundo exterior. Al principio fue divertido. Cada una pugnaba por demostrar a la otra que podía ser mejor monja, y las religiosas más veteranas no notaban nada extraño en ellas, salvo un par de chiquillas que deseaban reconocer en sus corazones el amor a Dios. Pero poco a poco fueron cambiando, según pasaba el tiempo, hasta volverse algo rebeldes y díscolas. La gota que colmó el vaso fue la llegada de aquel muchachito de ojos azules, llegado en una de las congregaciones, donde había sido desde muy pequeño criado por los monjes al ser abandonado por su madre, cosa harto habitual en aquellos tiempos. Desde su llegada al convento, Carolina perdió totalmente la razón por aquél muchacho, cuyo nombre era Álvaro. Por su parte, ocurría que Verónica también se había enamorado de él, lo que podría redundar en un desagradable enfrentamiento entre ambas amigas. Carolina asediaba continuamente a Álvaro, por todos los rincones, por los pasillos. Y a pesar de que el muchacho intentaba zafarse de todos sus arrebatos, en el fondo algo debía sentir también por ella, porque ambos terminaban besándose siempre y prometiéndose estar juntos a la menor ocasión. Carolina le había hecho saber a su amiga el amor que sentía por Álvaro, decidiendo Verónica desde aquel momento mantener en secreto sus sentimientos hacia el joven. Sin embargo, ésta última, bastante más avispada que su amiga, supo encandilar con mayor rapidez a su amado, y quiso la fatalidad que, encontrándose en la habitación de Álvaro ambos jóvenes haciendo el amor, fuesen sorprendidos por Carolina, quien después de buscar a Verónica por todas partes sin hallarla, se le había ocurrido preguntar al muchacho por ella acudiendo directamente a sus aposentos. La reacción de Carolina no se hizo esperar, dando gritos y haciendo aspavientos, sin dejar de amenazar a su, hasta aquel momento, amiga del alma. En vano Verónica pudo explicarle a su amiga, quien había finalmente abandonado la habitación corriendo sin mirar hacia atrás, su intención de renunciar a la vida religiosa y casarse con Álvaro en cuanto fuese posible, a pesar de su corta edad. Al comprobar que resultaba imposible hacer entrar en razón a Carolina, decidió regresar a su habitación y hablar con ella a la mañana siguiente. Aunque esa mañana.... jamás llegaría para Verónica... Así pues, mientras Verónica dormía plácidamente esa misma noche, aquella en la que fuera sorprendida por su amiga, tramaba ésta su perdición, al precio que fuese. Cogiendo unas tijeras de costura, que curiosamente estaban atadas a un lazo rojo, para que pudiesen permanecer colgadas del cuello sin posibilidad de pérdida, Carolina estaba más que dispuesta a terminar con la vida de Verónica, cosa que sin lugar a dudas, haría sin remedio. Después de entrar en su habitación y comprobar que ésta se encontraba dormida, levantando las tijeras, totalmente fuera de si, las clavó en el corazón de la muchacha mientras gritaba con furia: “Verónica”, “Verónica”, “Verónicaaaaa”. Aún pasarían unos minutos antes de que Carolina reparara en lo que había sido capaz de hacer. Al levantar la mirada y comprobar que había matado a su amiga, dio un leve respingo, asustada, sollozando amargamente a partir de aquel instante. Una vez medianamente respuesta, resolvió que lo único que podía hacer era enterrarla en los alrededores del convento, y de forma tan atropellada lo hizo que incluso bajo tierra acabó dejándola con las tijeras clavadas en su pecho. Un año transcurrió después de aquel suceso, y Carolina seguía en el convento, como si nada hubiera pasado. Ahora, con 18 años, había dejado su tono rebelde, para convertirse en una futura sierva de Dios. Al menos, lo intentaba, quizá queriendo olvidar algo imposible, el asesinato de su amiga por sus propias manos. En el convento todos creían que Verónica finalmente se había marchado junto a Álvaro al terminar la convivencia religiosa, y para nada podían sospechar su trágico final. La muchacha, un día antes de su muerte, se había preocupado de notificar a la madre superiora del convento su intención de abandonar la orden y casarse con Álvaro, algo que, por descontado, no acababa de aprobar la suprema devota, con lo cual, a nadie habría sorprendido la probable fuga de la muchacha. Y entonces, llegada la noche del aniversario del asesinato de Verónica, sonidos y voces extrañas empezaron a oírse por todos los recovecos del convento, espeluznantes y lastimeros a la vez. Difícil saber como tomarían el asunto las religiosas de la orden, si estaban acostumbradas a sucesos semejantes, dadas las leyendas en torno a los conventos y monasterios más antiguos, o bien caerían todas al suelo dispuestas a rezar sin fin, hasta la desaparición de algo tan tenebroso como aquello. Lo verdaderamente cierto fue la reacción de Carolina, quien, acurrucada en su cama, y sabiendo el día en que se encontraba, muerta de terror se hallaba. Incapaz de abrir los ojos, pegadas sus pestañas, podía escuchar como unos leves pasos en el corredor se abrían paso hacia su habitación, hasta que, tras un estremecimiento de miedo que le recorría por toda la espina dorsal y que le hizo abrir los ojos totalmente desorbitados, vio aparecer el corrompido cuerpo de su amiga Verónica, la cual, sujetando entre sus manos las tijeras con su lazo rojo, y antes de que Carolina pudiese ni siquiera reaccionar, consumó aquella su venganza, clavando las tijeras en el corazón de su amiga y causándole la muerte de forma irremediable. Aún los gritos de Carolina, antes de morir, se fundieron con aquellos estertores venidos del “Mas allá”, y no fue hasta el día siguiente cuando las hermanas de la orden encontraron a la joven yaciendo en la cama, con las tijeras del lazo rojo incrustadas en su corazón, y en sus manos una Biblia con las tapas de color rojo, en cuyo interior de ellas Carolina dejó relatado el asesinato de su amiga por ella cometido, a causa de sus descontrolados celos. Aún hoy se dice que el espíritu de Verónica sigue vagando continuamente, sin sentirse del todo saciada de su venganza, en constante acecho en busca de víctimas... “Todos aquellos que se atrevan a invocarla, nombrándola tres veces durante tres veces, con unas tijeras sujetas por un lazo rojo, una Biblia abierta por el centro y en plena noche, allí donde se reflejen sus rostros o sus cuerpos, en una habitación amparada como toda luz solo por dos sencillas velas...”, puede que reciban su visita, y eso significaría, una muerte cierta... Muchos han sido los que la han desafiado desde entonces, y no pocos los sucumbidos. Aquellos cuya alma esté corrompida, y prueben a tentarla, que Dios los ampare... Enterrada Viva Mi madre jura que esto que os voy a contar es cierto: Mi tatarabuela, venía arrastrando durante algún tiempo una horrible enfermedad que finalmente, y a pesar de su fortaleza, le logró arrebatar la vida después de un intenso coma de varios días. Mi tatarabuelo, se sintió vacío, ni sus creencias lograron mantenerle firme en sus convicciones. Después de 50 años de matrimonio, su verdadero amor le había sido arrebatado. Aquella mujer que miró una vez pareciendo que se conocieran desde siempre se había ido para siempre. Con sólo mirarse a los ojos era suficiente para saber que pasaba por la cabeza del otro. Después de que el médico pronunciara la palabra muerta, mi tatarabuelo insistía una y otra vez que no lo era. Tuvieron que apartarlo del cuerpo de su esposa para iniciar los preparativos de su entierro. Aquellos días fueron especialmente duros para la familia, especialmente para mi tatarabuelo, tuvieron que retrasar los preparativos hasta tener un lugar donde dar descanso al cuerpo en el cementerio, y mientras, para interrumpir la descomposición del cadáver tuvieron que drenar los fluidos corporales y así mantener el cuerpo materialmente fresco. Durante este desagradable proceso mi tatarabuelo protestó tan ferozmente que tuvieron que sedarlo y acostarlo en cama. Ese mismo día enterraron a su esposa. Aquella noche se despertó de una horrible pesadilla, la escalofriante visión en la que aparecía su mujer, histérica, tratando de salir del ataúd lo levantó de la cama. Llamó inmediatamente al médico y le pidió que el cuerpo de su esposa fuera exhumado inmediatamente. El médico se negó. Esta pesadilla perseguía noche tras noche a mi tatarabuelo, durante una semana sufría la misma visión. Por fin, y después de muchos ruegos, el médico cedió y juntamente con las autoridades locales exhumaron el cuerpo. Al abrir el ataúd, el horror se apoderó de todos los allí presentes. Los dedos de las manos de mi tatarabuela ya no tenían uñas, se las había arrancado intentando salir de la caja, en el interior de la tapa podían verse las marcas de los arañazos. Entonces creyeron a mi tatarabuelo. Tenía razón… La llamada Domingo alrededor de las dos y media de la tarde. A Juan y Teresa se les presentaba un bonito día al levantar las persianas de salón de su casa baja, situada a las afueras de una ciudad mediana, cuando vieron aquel sol tan reluciente. La pareja había estado cenando con unos amigos la noche anterior y se habían levantado de la cama muy tarde. Teresa deambuló por la casa sin rumbo fijo hasta despabilarse un poco y fue entonces cuando su estómago dijo: ¡hambre!, ¡comer! Se dirigió a la nevera inmediatamente y enseguida vio algo precocinado y algunas sobras de la comida del sábado. Llamó a Juan, que estaba mirando la televisión en el saloncito, y le apremió a que viniera. Teresa cayó en la cuenta de que lo único que faltaba para aplacar su apetito era el pan, así es que mandó a su marido para comprarlo. Juan, a regañadientes, se puso el pantalón del chandal, una camiseta y su reloj y salió en su busca. Juan era un tipo alto, delgado, más bien desaliñado, con gafas y de unos treintaytantos. Caminaba calle abajo a velocidad de crucero (para cualquiera de los demás mortales a paso rápido) y ya llevaría unos diez minutos así, cuando se dio cuenta que no sabía, con las prisas de su salida, a ciencia cierta que tipo de barra y cuantas debía comprar. Así que pensó en llamar a su mujer y confirmarlo para no meter la pata ni en un solo detalle ya que llevaban una temporada en que las cosas entre ellos andaban un poco tensas y saltaban chispas por cualquier tontería. Juan, buscó inmediatamente en los dos únicos bolsillos que llevaba el chándal pero no llevaba el móvil, algo raro en el, ya que nunca se separaba del cacharro sobre todo por cuestiones de trabajo. El domingo, la juerga de la noche anterior y las prisas jugaron en su contra. Alzó la vista y a poca distancia vio la plaza cuasi circular en la que había unos bancos para sentarse a descansar, árboles y dos o tres personas deambulando por allí. Además vio una cabina telefónica. Inmediatamente pensó en llamar a Teresa para que le confirmara el tema. Metió la mano en su bolsillo derecho otra vez y saco su contenido: tres euros, lo cual era suficiente para el pan fuera cual fuese y también para la llamada. Se acercó a la puerta de la antigua cabina telefónica, abrió la perta y de repente, como surgiendo de la nada y a galope tendido, se introdujo, sin mas, en la misma un animal enorme que, inmediatamente se sentó como pudo pegado a el. Era una bestia de unos 50 kilos. Negro zaino y de una raza que identificó enseguida como un inconfundible Rottweiler. Justo al mismo tiempo, ante la estupefacción y sorpresa del hombre por el acontecimiento, la puerta de la cabina se cerró para siempre. Juan estaba desconcertado, pasaron unos tensos y angustiosos segundos y comenzó a reaccionar (o eso pensaba). Comenzó, como poseído a dar golpes a los cristales de la cabina, a gritar, a chillar…pero en rápidamente observó con pavor que no había ni un alma en la plazuela. Miró su reloj y eran las tres. Hora de comer y mas en domingo. Pero ¿y el dueño del perro? ¿De donde ha salido este animal? ¿Porqué ha entrado aquí?...estas cuestiones agobiantes pasaron en un segundo alrededor de su cabeza sin encontrar sentido ninguno ni respuesta alguna. Entre tanto, el perro se mostraba cada vez más inquieto e impaciente a medida que Juan se alteraba cada vez mas y mas, era como si contagiara al animal su nerviosismo y desesperación por triplicado, hasta el punto en que se irguió sobre sus patas y le lanzó una mirada amenazante o tal vez de idéntica desesperación y confusión a Juan, al tiempo que enseñaba sus tremendos colmillos. Esto causó pavor en el hombre, que ál tiempo de comprender en cierto modo el comportamiento del animal, decidió calmarse un poco e intentar reflexionar. Así el Rottweiler se fue relajando poco a poco, hasta que por fin retornó a su posición original. A los pocos segundos la lógica le indicó que introdujese la maldita moneda para llamar a su mujer. Pero no para consultar acerca del pan, sino para pedir ayuda. Marcó el número fijo de su casa porque no se acordaba del móvil de Teresa con los nervios y en pocos segundos esta contestó. ¿Si? —dijo ella— ¿Tere?, soy yo, soy yo (repitió), escúchame bien y no hables —contesto nervioso Juan— No te lo vas a creer, pero estoy atrapado en la cabina de la plaza, ¡no puedo salir! Y dentro tengo un perro enorme mirándome…Tere, no preguntes y llama a los bomberos, a la policía y a la perrera…¡corre por Dios!...no preguntes nada, ¡hazlo! —finalizó casi colgado ya el auricular— ¡Estoy alucinando Juan!, ¿Estas bien?...¿Oye?...¿Juan? Había colgado el teléfono. Teresa, después de un momento de vacilación, no lo pensó más e hizo lo que su marido le dijo y exactamente por ese orden. Mientras, Juan, pegaba su cara contra el cristal de la cabina dando la espalda al animal, deseoso y desesperado por sentir la llegada de los bomberos. Se giró un cuarto de vuelta y miro al perro, el cual no le quitaba ojo, y le dijo pausadamente; —Tranquilo chico, pronto nos sacarán de aquí—. Ante lo cual el bicho pareció, tal vez, comprender en parte la angustiosa situación de impotencia por parte de ambos y agachó las orejas en señal de asentimiento. Pasaron 10 minutos de tensa espera y de repente el Rottweiler comenzó a inquietarse. Al principio era solo un ligero movimiento de cabeza y una inusitada atención dirigida hacia una dirección concreta. Instantes después se incorporó como pudo, casi aplastando a Juan contra el cristal y comenzó a gruñir y a ensenar sus incisivos mirando al hombre a los ojos. Juan no comprendía este cambio de actitud tan repentino y aparentemente violento del animal. El perro alzaba su enorme cabeza y estiraba sus orejas con el paso de los segundos. En un minuto Juan comenzó a escuchar una sirena, sin duda de los bomberos, aún en la lejanía. ¡Se trata de la maldita sirena! —masculló Juan para sus adentros!...¡que la apaguen por Dios! ¡O este perro…!— Aproximadamente 2 ó 3 calles después y en unas décimas de segundo, la bestia negra se levantó sobre sus patas y de un pequeño impulso se elevó sobre si mismo, mordiéndole con inusitada rabia y furia su delgado cuello. Jamás le soltó. Exactamente 3 minutos después llegaron los bomberos. El siniestro final de la abuela. Una familia normal y corriente decide, como tantas otras, marcharse de vacaciones en verano a un pequeño pueblecito perdido en la montaña (Huesca). Para no dejarla sola todo el mes, la familia se lleva a la abuela con ellos, que además desde que se quedó viuda está muy triste y a ver si con los nietos se anima un poco Todo transcurre sin problemas durante la mayor parte de la estancia: los niños disfrutando del aire libre, los padres de la tranquilidad y la abuelita de sus paseos a la puesta del sol; pero un mal día, a pocas fechas de la vuelta, la abuela no se levantó de la cama porque la pobre había pasado a mejor vida. Como enviar un coche funerario a recoger el cadáver a un pueblo perdido de la mano de Dios les iba a salir por un ojo de la cara, decidieron buscarse la vida para trasladar a la abuela de vuelta a la ciudad hasta su última morada. Por supuesto los niños no debían enterarse de nada hasta que no fuera el momento, así que en un principio pensaron en llevar a la pobre mujer en el asiento de detrás y decirles a los hijos que estaba durmiendo. Pero luego pensaron que al enterarse de la noticia, el hecho de haber viajado juento a su abuela fallecida podría provocarles un terrible trauma, así que ni cortos ni perezosos decidieron envolverla en unas mantas, subirla a la baca del coche y llevarla atada con unas cuerdas todo el viaje. A los niños les contaron que la abuela se había quedado a pasar el resto del verano con unas amigas nuevas que había hecho en el pueblo, así que no sospecharon nada en absoluto. Parecía que todo iba a salir sin mayores complicaciones hasta que tuvieron que parar en una gasolinera para echar gasolina, tomar unos refrescos y vaciar sus vejigas. El caso es que tardaron bastante en regresar al automóvil y se dan cuenta horrorizados de que ¡Les han robado a la abuela! Imaginad la cara de los incautos ladrones que, esperando encontrar el equipaje de la familia repleto de cosas de valor se encuentran con el "regalito". El susto tuvo que ser de los que hacen afición. Por supuesto la policía tuvo que tomar cartas en el asunto, porque la desaparición de un cadáver es un tema serio, y el asunto está ahora mismo en manos de los tribunales http://i41.***/fthimd.png The Torture, una leyenda de Espiritus. Cuenta una vieja leyenda urbana la existencia de un espíritu violento, al que años de apariciones lo han bautizado como The Tortured (El Torturado), y según dicen, se trata del espíritu de un asesino que, atrapado en los tiempos de los reyes católicos, fue quemado vivo en la hoguera por la mismísima inquisición tras varios días de intensa tortura, prometiendo venganza contra todos aquellos que profesaran la religión católica. Todo signo religioso cristiano, especialmente imágenes o figuras de Jesús, es susceptible de atraer la atención de este peligroso ente hasta tu misma casa, donde permanecerá por el periodo de un mes, ni un día mas, ni un menos. La indicación de que el torturado ha entrado en tu casa es que los símbolos religiosos como cruces o imágenes de santos temblaran de forma extraña como si hubiera un pequeño terremoto, pero el resto de la casa apenas se moverá. hay que tener claro que el torturado no es un espíritu amistoso, y de ninguna manera se debe retarle a manifestarse o provocarle, lo mejor que puede hacerse es ignorarlo hasta que se marche, aunque eso no siempre es fácil. Durante el mes completo que el torturado pasara recorriendo tus pasillos notaras un frió extraño cada vez que entres o salgas de una habitación, y sentirás como una presencia agobiarte te vigila sin descanso. Por la noche, cuando estés acostado oirás en ocasiones campanas similares a las de las de una iglesia, y no podrás dormir aunque estés muy cansado, con lo que la situación empeorará cada vez más. Nunca, bajo ningún concepto se te ocurra recurrir a la ouija para contactar con este espíritu, o puedes salir muy malparado, ya que el torturado es un asesino, y no dudara en matarte si intentas invocarle. Tras aguantar como puedas durante esos días interminables el torturado se ira, pero no sin antes presentarte sus respetos. La ultima noche que el espíritu pase en tu casa te sumirás en un profundo sueño, un sueño que poco a poco derivara en una espantosa pesadilla de la que despertaras de golpe, encontrándote frente al torvo rostro calcinado del psicópata, para después caer en un profundo sueño y despertar a la mañana siguiente con varios símbolos religiosos rotos, pero libre de la presencia del espectro. El Verdadero origen de la Llorona. Sin duda una de las historias de miedo mas antigua y popular en México es la leyenda de La Llorona, la cual habla de una mujer de blanco que pasea por las calles de la ciudad exclamando ¡Ayyyyy Mis hijos! Tristemente el folclor y la historia en si, se han ido perdiendo con el tiempo a tal grado que llegan a contarla o platicarla de manera lacónica y en menos de 1 minuto como yo lo hice en las primeras letras de este escrito. Incluso en Internet es difícil encontrar información completa de esta leyenda, una de las páginas con mayor información (www.lallorona.com) esta en ingles (irónico ¿verdad?). Sin embargo existen tantas y tan ricas variaciones de la leyenda que me he propuesto recopilarlas con la intención que no queden en el olvido. Pasemos pues a la Leyenda. En la época del Ahuizotl (aproximadamente en el año 1502) se avistaba en el lago de Texcoco una figura blanca, casi espectral la cual daba tremendos gritos y lamentos que se extendían en el agua, y se escuchaban en los templos, asi como en el Teocali palacio del emperador Moctezuma o Montezuma: Los cuatros sacerdotes aguardaban espectrantes. Sus ojillos vivaces iban del cielo estrellado en donde señoreaba la gran luna blanca, al espejo argentino del lago de Texcoco, en donde las bandadas de patos silenciosos bajaban en busca de los gordos ajolotes. Después confrontaban el movimiento de las constelaciones estelares para determinar la hora, con sus profundos conocimientos de la astronomía. De pronto estalló el grito....Era un alarido lastimoso, hiriente, sobrecogedor. Un sonido agudo como escapado de la garganta de una mujer en agonía. El grito se fue extendiendo sobre el agua, rebotando contra los montes y enroscándose en las alfardas y en los taludes de los templos, rebotó en el Gran Teocali dedicado al Dios Huitzilopochtli, que comenzara a construir Tizoc en 1481 para terminarlo Ahuizotl en 1502 si las crónicas antiguas han sido bien interpretadas y parecio quedar flotando en el maravilloso palacio del entonces Emperador Moctezuma Xocoyótzin. Es Cihuacoatl! exclamó el más viejo de los cuatro sacerdotes que aguardaban el portento. La Diosa ha salido de las aguas y bajado de la montaña para prevenirnos nuevamente , agregó el otro interrogador de las estrellas y la noche. Subieron al lugar más alto del templo y pudieron ver hacia el oriente una figura blanca, con el pelo peinado de tal modo que parecía llevar en la frente dos pequeños cornezuelos, arrastrando o flotando una cauda de tela tan vaporosa que jugueteaba con el fresco de la noche plenilunar. Cuando se hubo opacado el grito y sus ecos se perdieron a lo lejos, por el rumbo del señorío de Texcocan todo quedó en silencio, sombras ominosas huyeron hacias las aguas hasta que el pavor fue roto por algo que los sacerdotes primero y después Fray Bernandino de Sahagún interpretaron de este modo: "...Hijos míos... amados hijos del Anáhuac, vuestra destrucción está próxima...." Venía otra sarta de lamentos igualmente dolorosos y conmovedores, para decir, cuando ya se alejaba hacia la colina que cubría las faldas de los montes: "...A dónde iréis.... a dónde os podré llevar para que escapéis a tan funesto destino.... hijos míos, estáis a punto de perderos..." Al oir estas palabras que más tarde comprobaron los augures, los cuatro sacerdotes estuvieron de acuerdo en que aquella fantasmal aparición que llenaba de terror a las gentes de la gran Tenochtitlán, era la misma Diosa Cihuacoatl, la deidad protectora de la raza, aquella buena madre que había heredado a los dioses para finalmentente depositar su poder y sabiduría en Tilpotoncátzin en ese tiempo poseedor de su dignidad sacerdotal. El emperador Moctezuma Xocoyótzin se atuzó el bigote ralo que parecía escurrirle por la comisura de sus labios, se alisó con una mano la barba de pelos escasos y entrecanos y clavó sus ojillos vivaces aunque tímidos, en el viejo códice dibujado sobre la atezada superficie de amatl y que se guardaba en los archivos del imperio tal vez desde los tiempos de Itzcoatl y Tlacaelel. El emperador Moctezuma, como todos los que no están iniciados en el conocimiento de la hierática escritura, sólo miraba con asombro los códices multicolores, hasta que los sacerdotes, después de hacer una reverencia, le interpretaron lo allí escrito. Señor, le dijeron , estos viejos anuales nos hablan de que la Diosa Cihuacoatl aparecerá según el sexto pronóstico de los agoreros, para anunciarnos la destrucción de vuestro imperio. Dicen aquí los sabios más sabios y más antiguos que nosotros, que hombres extraños vendrán por el Oriente y sojuzgarán a tu pueblo y a ti mismo y tú y los tuyos serán de muchos lloros y grandes penas y que tu raza desaparecerá devorada y nuestros dioses humillados por otros dioses más poderosos. Dioses más poderosos que nuestro Dios Huitzilopochtli, y que el Gran Destructor Tezcatlipoca y que nuestros formidables dioses de la guerra y de la sangre? preguntó Moctezuma bajando la cabeza con temor y humildad. Así lo dicen los sabios y los sacerdotes más sabios y más viejos que nosotros, señor. Por eso la Diosa Cihuacoatl vaga por el anáhuac lanzando lloros y arrastrando penas, gritando para que oigan quienes sepan oír, las desdichas que han de llegar muy pronto a vuestro Imperio. Moctezuma guardó silencio y se quedó pensativo, hundido en su gran trono de alabastro y esmeraldas; entonces los cuatro sacerdotes volvieron a doblar los pasmosos códices y se retiraron también en silencio, para ir a depositar de nuevo en los archivos imperiales, aquello que dejaron escrito los más sabios y más viejos. Aquellos hombres de Oriente no eran mas que los españoles dirigidos por Hernan Cortez y despues de la caída de Tenochtitlán tanto aztecas como los pueblos subyugados por ellos sufrirían las mas grandes atrocidades jamas vistas. Las mujeres serían violadas, los hombres asesinados y sus dioses olvidados a excepción de La llorona... El llanto del niño Hace algunos años solía ir a caminar nocturnamente, cosa que me era de sumo agrado. El doctor me lo había recomendado ya que entonces era una persona obesa y mis problemas de salud solían ser grabes. Una noche como todas me encamine hacia la ruta (lugar por donde siempre transitaba). Ese día hacia bastante frió y lloviznaba de a ratos, yo llevaba entonces un piloto que mi mujer me había regalado. Seguí caminando y en la mitad del trayecto siento llantos… deduje que seria de algún bebé abandonado por lo que me acerqué hacia el sonido. Busque y busque hasta que al fin lo encontré, su cara era tierna, no parecía ser recién nacido. Lo mire y el me sonrió, luego recorrí con un vistazo el alrededor. Volví a mirarlo, el me sonrió nuevamente, salvo que esta vez su sonrisa era diabólica y sus ojos abrillantados… me miro un tiempo y lanzo algunas carcajadas espectrales, como si se burlara de mi. Yo quede impactado, lo volví a dejar en el suelo y empecé a correr. Solo me iluminaba la luna, corrí y corrí pero aunque me alejara las risas seguían taladrando mis oídos. Crucé la estación del pueblo y cuando volteé para mirar estaba parado detrás de mí. No se imaginan el terror que sentí en ese momento… Como les decía seguí corriendo hasta llegar a casa, cuando entre todo cesó. Esa noche nunca la olvidare… ya que ese niño perturba mi sueño cada noche. Hay veces que hasta siento como llora… El espera que alguien más lo vuelva a recoger. Los jugetes se prenden Mi tía cuidaba de su hijo que tenía en aquel entonces 1 año, y se llamaba Diego. Compró algunos juguetes para el bebé: un piano, un muñeco que hablaba, una grabadora, unas maracas con sonido, un peluche que emite canciones y otras cosas más. Cuando Diego comenzó a jugar con ellos durante más de un mes, ellos comenzaban a sonar solos. Mi tía pensaba que era por la deficiencia del juguete que pasaba esto pero no era así. Mi primo comenzó a jugar con el piano, mi tía lo encendió y comenzó a darle a las teclas. Diego se quedó dormido no muy cerca del piano pero el piano seguía reproduciendo cada tecla, y mi tía que estaba en la cocina pensó que el piano tal vez no servía y estaba algo loquito, lo apagó, llevó a mi primo a la cama y se fue a sus deberes. De repente un ruido muy fuerte y alto se escucha, mi tía se asustó y se dirigio a la sala donde estaba el piano y todos los juguetes, emitiendo cada uno sonidos. El peluche cantaba, el piano emitía las teclas como loco ( y apagado!!), el muñeco hablaba y caminaba (cosa que no podía hacer, ya que se suponia que solo hablaba) y la grabadora empezaba reproducir todas las cosas grabadas mi tía estaba aterrada, todos sonaban al mismo tiempo, entonces le quitó las pilas y las tiró por la ventana. Se fue a acostar y en poquitos segundos el sonido comenzó una vez mas, cada uno al mismo tiempo. La mujer ya estaba traumatizada, fue a la cocina y exploró la casa, pero no había nadie ni en la bañera. Entonces fue hacía los juguetes y revisó las pilas, estaban allí de nuevo. Mi tía rompió los juguetes con una piedra y los metió en una bolsa. En la noche contó todo a mi tío, y el la calmó y logró acostarla. El otro día mi tía despertó como a las 10:00 pues el niño comenzó a llorar. Fue a buscar el tetero y vió de nuevo los juguetes pero esta vez como nuevos como si ella no los hubiese roto. Entonces los quemó metió las cenizas en una caja y ésta fue tirada por el bajante. los juguetes no volvieron a molestar más aunque mi primo, aunque se inventa un amigo imaginario. Quedará algo de aquellos juguetes? Estan Cerca, Detras de ti. Están muy cerca, puedo oírlos gemir atrás en el patio, son una amenaza necesito ayuda, se que ansían mi carne, les gusta la carne fresca, la ciudad esta devastada estoy con Alfonso, mi mejor amigo desde la primaria, estamos ocultos en mi ático, de cinco que éramos ahora somos dos, Gabriel y Alejandro fueron brutalmente heridos, al paso de los minutas nos comenzaron a asustar y Gabriel nos ataco no tuvimos remedio y lo matamos. No pudo creer esto somos los únicos en todo México, apenas ayer todo era normal, aburrido, hasta que encontramos ese maldito libro. No nos queda mucho tiempo, puedo oír como golpean la puerta……. Encontramos el diario de un tal Miguel Sánchez que dice así: 25/septiembre/1998 Hoy lo logre, mi gran suceso, se ahora como levantar a los muertos, al parecer mi sujeto de prueba no esta muy cómodo, digo usted no estaría cómodo si tuviera un cuchillo en el corazón. 26/septiembre/1998 No lo creo, me acaba de morder mi propia creación no se por que, me siento muy raro, siento como si me estuviera trastornando, no puedo mas la abominación que cree a salido a la ciudad, es la perdición del planeta no lo puedo creer y es mi culpa. Las demás hojas están cubiertas de sangre lo que decía el diario es verdad es....la perdición del planeta. El niño LLoron Giovanni Bragolin alias Bruno Amadio es un pintor que murió hace algunos años. Es conocido basicamente por una peculiar pintura conocida como “El Niño Llorón”. Cuenta la historia que en él retrató a un niño de un orfanato. Años mas tarde el orfanato se incendió y el espiritu del niño quedo atrapado en la pintura. Desde entonces, se dice que quienes poseen el cuadro sufren desgracias y muertes, pues el cuadro esta maldito.Cuenta la historia que este cuadro fue pintado por un artista español a un niño en un orfanato. Años más tarde este orfanato se incendio y el espíritu del niño quedó atrapado en esta pintura. Este fue el cuadro del que mas copias se reproducieron en España y se distribuyeron al mundo. En los cinquenta se dieron muchos casos de casas incendiadas donde todo se encontraba destrozado y quemado, cadáveres carbonizados y lo curioso de todo esto es que el cuadro permanecía colgado en la pared sin un solo rasguño. Los psicólogos no hallaron una explicación a este fenómeno, solo lo llamaron ¿ La maldición del niño llorón?. Se dice que al ver el cuadro, uno siente como el niño de ojos llorosos y mirada tierna te sigue con la mirada, se siente un ambiente que te pone los pelos de punta. Mucha gente posee este cuadro, pero dice que solo ataca a aquellos que descubren que el cuadro esta encantado, en la noche se escuchan lamentos lejanos, el niño sale del cuadro sube a tu habitación y te quita la vida, si es que no mueres antes de la impresión al ver su rostro endemoniado .Luego incendia la casa con todos adentro y borra así la evidencia de su crimen. Verdad, mito? Saquen sus conclusiones. El loco Los padres de Marta y Maria van a una cena de negocios y las dos tienen que quedarse solas en su casa. Están aburridas, no hay nada en la tele y deciden poner la radio: interrumpimos la emisión para ofrecerles un boletín informativo de última hora: un psicópata se ha escapado del manicomio. Es muy peligroso, así que les recomendamos que tomen precauciones. Marta y Maria, ya cansadas, se van a dormir, pero se olvidan de algo muy importante: cerrar muy bien las ventanas. Se van a la cama sin ninguna preocupación, puesto que no le hicieron mucho caso a las noticias. Por la noche las despertó un suave golpeo, pero no le dieron mucha importancia. Se pusieron a leer y el ruido se hacia cada vez mas fuerte. De repente, Maria oyó un fuerte grito en la habitación de marta y el ruido desapareció a lo lejos. Maria se acerco a ver que pasaba y encontró a su hermana pequeña degollada debajo de la cama con una nota que decía: si se hubiese subido al armario no le habría pasado nada. Desde entonces se dice, o por lo menos eso he oído, que el loco sigue suelto buscando la siguiente victima. Tengan cuidado!! Que sueñen con los angelitos..... Si es que pueden Fuente: http://www.pasarmiedo.com

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