MotaroKintaro
Usuario (Argentina)
En 1902, Argentina firmó con Chile un tratado de límites que les permitió a ambos países superar el diferendo que casi los lleva a la guerra el año anterior. En 1904, una escultura construida con la fundición del hierro de los cañones del Ejército de los Andes fue emplazada en las alturas de la cordillera mendocina. Desde entonces en su base reza el siguiente lema: Se desplomarán primero estas montañas antes que chilenos y argentinos rompan la paz jurada al pie del Cristo Redentor”. Algo más de dos décadas habían transcurrido desde la llamada Conquista del Desierto, y el teodolito y el catalejo del Perito Moreno podían reemplazar sin sobresaltos a los mauser de Roca en la tarea de extender el dominio efectivo de Buenos Aires sobre la Patagonia. El sur del territorio continental también le era propio a la Argentina de comienzos del Siglo XX, y eso le hacía sentirse segura en materia de fronteras interiores y exteriores. Pero la dinámica del progreso venía dictando desde fines del siglo anterior otros desafíos para la joven república: El Congreso Internacional de Geografía de Londres declaró en 1895 que las regiones antárticas eran “el punto de interés geográfico más importante” que quedaba por emprender. Y en 1899, reunido en Berlín, recomendó las exploraciones científicas de Erich Von Drygalsky, Otto Nordenskjöld, Robert Scott y William S. Bruce. Al contrario de los designios iniciales, que indicaban que Nordenskjöld partiría desde Gran Bretaña con el apoyo de la corona imperial, lo hizo desde Suecia en 1901 a bordo del Antarctic, comandado por el famoso capitán ballenero Carlos Larsen, y sustentándose con aportes económicos recaudados entre algunos comerciantes que a poco de andar se demostraron insuficientes. En diciembre de ese año Nordenskjöld amarró en Buenos Aires traccionado por la conveniente ubicación geográfica de la ciudad –era el último puerto de importancia del Atlántico antes de llegar a la Tierra del Fuego– y también por los antiguos vínculos del Perito Moreno, quien aún podía actuar como un eficaz nexo ante las autoridades gubernamentales. No por nada el entonces por segunda vez presidente de la república, el mismo general tucumano de la lucha contra el indio, Julio Argentino Roca, se había ganado el apodo de “El Zorro”. Nadie podía imaginar las derivaciones que surgirían solamente dos años después; mucho menos las decisiones que él mismo debería tomar, cuando de una expedición el viaje pasó a ser una aventura en tono de tragedia. Roca abonó las condiciones que dieron lugar al protagonismo argentino en un hecho que, si bien no reconocía su inspiración en el país, se proyectaba hacia el futuro con un extraordinario significado estratégico. Apoyó económicamente a Nordenskjöld e hizo incluir en su plana mayor a un joven marino entrerriano especializado en observaciones meteorológicas: José María Sobral. Atrapados en el fin del mundo El documental de Eduardo Sánchez que fue estrenado en el Palais de Glace el 2 de diciembre luego de una gira exitosa por Suecia y Noruega (con funciones a sala llena en Estocolmo, Oslo y Gotemburgo) recupera la epopeya olvidada de veintinueve escandinavos y un argentino durante dos años entre las nieves. Seis de ellos, entre los que se contaban Nordenskjöld y Sobral, permanecieron en la Base Esperanza en una cabaña prefabricada traída desde Suecia. Allí debían pasar un año. Los veinticuatro expedicionarios restantes estaban a bordo del Antarctic, al mando de Larsen, y continuaron el viaje realizando exploraciones científicas y comerciales. Luego volvieron a Ushuaia para reabastecerse y regresaron en la primavera para traer de vuelta a Nordenskjöld y los cinco que habían quedado en la cabaña. Durante el circuito, tres tripulantes descendieron en la Isla Paulet para recoger muestras científicas y los restantes siguieron viaje a bordo del Antarctic con el objetivo de llegar al punto más austral, y si era posible al Polo Sur. Lo inesperado se presenta cuando la nave queda atrapada entre los hielos, impedida de ir en busca de los otros dos grupos. Se viven momentos de extrema zozobra cuando el Antarctic finalmente se hunde, dejándolos aislados y totalmente solos frente a su destino durante otra dura invernada hasta que, por orden del gobierno argentino, el teniente de navío Julián Irizar acude en su auxilio. Atrapados... nos hace ver lo que estamos acostumbrados nada más que a mirar, como ocurre cuando el ritmo afiebrado de Buenos Aires hace que tantas veces pasemos indiferentes frente a la nave del rescate, la Corbeta Uruguay (¡Sí, la que está ahí, en Puerto Madero!) como si se tratara de una leve curiosidad más preparada para el turismo. El filme cuenta la aventura de Sobral como una parábola, y con ella construye uno de sus principales ejes narrativos. Al regreso de la Corbeta Uruguay el joven alférez se convirtió en un verdadero ídolo de la ciudad. Pero las cosas no duraron demasiado tiempo así: la Antártida había sembrado en él un profundo deseo de estudiar geología que no fue comprendido por la Marina. Entonces pidió la baja del arma, estudió en Suecia y cuando estuvo de vuelta en el país, desarrolló durante años una gran actividad científica. Fue difamado y perseguido por los golpistas de 1930. Fue un hombre honesto y abstemio, lo cual no obstó para que lo sumariaran y lo acusaran de corrupto y alcohólico, dos falacias de las que se valieron para quitarle su cargo diplomático. Y cuando esto no resultó suficiente, se le aplicaron las armas más letales con que se puede combatir a un espíritu autónomo: la indiferencia y el olvido. Atrapados en el fin del mundo cuenta las tribulaciones de Sobral preservándose de convertirlo en un personaje de mármol. Del mismo modo que lo hace con todos los protagonistas de la expedición y el principal responsable del rescate: Irizar. Relatada por los propios sobrevivientes, familiares, historiadores e investigadores, la historia del filme no es un todo laudatorio de la gesta heroica sino un mosaico multicolor donde caben también el análisis político; el quehacer científico y sus múltiples consecuencias; la afectación ecológica de la zona, en un momento se alude a la barrera de Larsen que ya no existe, se derritió; la idiosincrasia de los argentinos y una profunda reflexión filosófica acerca del hombre en circunstancias límites. Allí reside un interesante mérito de la obra, dado que el cineasta que adopta este tipo de decisiones lo hace en busca de un espectador activo, capaz de completar con su propio criterio el acto de creación surgido de la imaginación del artista. El día del estreno conversamos con Eduardo y Pablo Wainschenker, investigador histórico del filme junto a Fernando Moyano. ¿Cómo surgió la idea de hacer una película sobre un acontecimiento olvidado que sucedió hace más de 100 años y cuándo comenzaron? Eduardo: La película se empezó a hacer en 1997 y se terminó en 2003; más allá de la investigación tomó un período interesante. En todo el trabajo hubo una máxima presente que fue “vamos a hacer una película para la gente”. No vamos a hacer una película para un grupo de amigos o de visionarios, vamos a contar una historia que es difícil de ser contada y vamos a bajarla a la gente. Por eso buscamos todo el tiempo referencias para saber quién es el entrevistado. Porque el público no se puede acordar de eso; yo los reconozco por la cara, pero al que se sienta a ver una película le importa saber quién le habla y con qué autoridad. Hicimos la película pensando en lo que queríamos contar y que el que lo recibiera lo pudiera entender. Pablo: Encontramos gente tan convencida de que tenía la verdad que a mí me hacía enojar. Por ahí no es políticamente correcto lo que voy a decir, pero encontrarte con un tipo que frente a una pila de recuerdos equis te dice: “mirá, son todos unos giles, yo te voy a decir cómo fue...” Cuando vos te encontrás a uno así decís ¡Fantástico! Pero si encontrás a cinco y los cinco te cuentan cosas distintas... De alguna manera hacer un relato lineal era hacer aquello que nos molestaba. Era decir: ahora que yo investigué durante tres, cuatro años, le voy a enseñar al mundo cómo es la verdad. Nos parecía una estupidez de nuestra parte. Que la historia con sus contradicciones la cuenten los protagonistas. Porque si alguien afirma que Sobral era un fabricante de enemigos no es lo mismo si lo dice un tipo del ejército o su propio hijo. ¡Andá a discutirle al hijo de Sobral! Él dice mi viejo era así; el testimonio es fuerte cuando lo dice el hijo, de otro modo queda como una opinión más. E: O que la convivencia era mala... P: La historia te cuenta que se llevaron bárbaro... E: Si el hijo te dice que la convivencia era realmente mala, no hay más que discutir. La convivencia el primer año fue realmente mala. Lograron sobrevivir a pesar de eso. Bueno, ¿y cómo lo lograron? P: Eso los libros no lo cuentan. Nordenskjöld escribió un libro de 1200 páginas; Sobral escribió un libro un poco más modesto. En ninguno de los dos se habla de manera directa, y cuando se habla de manera indirecta es muy difícil de creer, te dan ganas de decirle: “Sobral, no mientas más. Mirá, esto no se lo cree nadie. ¿Cómo estuvieron ahí dos años y todo fue un lecho de rosas?” Ahora, cuando tenés al hijo de Sobral, que fue asistente de su papá por quince años y lo acompañaba a dar sus charlas, y te dice que la convivencia era realmente mala se te queman todos los libros... O decís: lo muestro de bronce. Ahí está la decisión. ¿Qué hago? Hago el refrito de la historia escrita o.... E: ...Se podía haber hecho también, hagamos una historia Disney, digamos, con sólo la aventura... P: Por ahí habríamos ganado más plata... (risas) ¿Sobral escribía un diario? P: Todos escribían un diario. Hay un trabajo de Mónica (historiadora de Ushuaia que se especializa en historia de la Patagonia y de Tierra del Fuego) sobre el diario de Sobral y de ahí surge que se bañaban cada 15 días, tenían que juntar muchos baldes de nieve para llenar la tina, luego calentar el agua, y el que más nieve juntaba tenía derecho a bañarse primero y los otros cinco que compartían la cabaña lo hacían a continuación con la misma agua. Hay otros aspectos que quedaron fuera de la película con respecto a la explotación de ballenas y de focas que no están en ningún libro porque era un tema tabú, y sí están volcados en los diarios. Esta expedición fue pensada como la primera expedición científica sueca y sin embargo, un investigador de Gotemburgo que trabajó sobre los diarios de los científicos suecos cuestiona el carácter de expedición científica. También hubo un proyecto de explotación comercial, algo que no se podía decir en ese momento y hoy tampoco. Es decir, es muy curioso, aún hoy, a más de cien años, hay ciertos temas que son tabú, de los que absolutamente no se puede hablar, no se puede dudar, porque es tirarte estructuras muy fuertes en contra. Vos no podés decir en Suecia que la expedición era comercial, que iba a cazar focas y ballenas; no podés decir acá que Irizar no era un valiente cuando le da a Nordenskjöld veinticuatro horas, nada más, para encontrar al contingente perdido. Ni que dudó en ir a rescatar a los náufragos del barco aún sabiendo dónde estaban. ¡Cómo vas a decir eso si ahora Irizar es un rompehielos! (Risas) También se puede comprender que Irizar tenía la visión de un militar de carrera, que la Corbeta Uruguay no era un barco preparado para soportar el rigor de los hielos antárticos, que había sido reacondicionada en tiempo record, y que retorna con el doble de la tripulación para la que estaba preparada. E: Sin embargo todo eso flota... P: Así como no hablan de los sentimientos –no sólo los suecos sino también Sobral– son muy metódicos al hablar del equipo. Sabemos que tenían leche condensada Nestlé. Así como dificultó ver la parte humana y los sentimientos, este detallismo fue fabuloso para rastrear otras cosas. Fue todo un mérito de ellos el conservar eso. Por suerte una cámara quedó arriba del barco y es la que saca las fotos del hundimiento. Hay un montón de fotos de ellos en la cabaña y del momento del encuentro con los tres barbudos irreconocibles de la Isla Paulet, ennegrecidos por el humo que echaba el aceite de pingüino que usaban como combustible. Hay fotos reales del Antarctic cuando ellos dicen “esto no da para más, bajemos al témpano, amarremos, porque de acá no vamos a salir”. Amarran la nave al témpano y bajan con un par de botes salvavidas. Los científicos se ven en verdaderos problemas; Skottsberg, el biólogo, lo dice: “los musgos y los líquenes son cosas fáciles de mover, basta con hacer un paquetito”. Los geólogos, en cambio, se veían más en problemas. El barco cobra vida, incluso en inglés el barco es she, es femenino, adquiere una entidad muy fuerte. Eso para alguien que no es del ámbito es muy difícil de entender, es un momento que me pone aún hoy la piel de gallina cuando lo vuelvo a ver. No es que un Exocet lo agujereó y se hundió, no, no, no, ellos ven la agonía de ese barco y están un mes tratando de salvarlo, luego de un mes dicen “esto no va, es un cáncer que el barco tiene”, se bajan, se sientan enfrente y lo ven morir, hay toda una secuencia de fotos del hundimiento. Debe haber sido una cuestión espantosa porque estaban parados en un témpano, lejanos a la isla más cercana, que es diminuta y horrible. ¿Cómo iban a hacer para llegar? No podían remar a pesar de tener los botes porque había bloques de hielo sueltos y ellos estaban sobre un témpano que flotaba y estaba navegando. Armaron una carpa, brindaron y cantaron una canción. Por un lado la muerte, como cuando muere un ser querido después de una agonía muy larga, es una tristeza muy profunda y es una pérdida irreparable, y por otro lado es un alivio, porque más tarde o más temprano iba a morir y te ves liberado de una carga que venías trayendo desde semanas o un mes. Se da esa sensación de mucha tristeza y por otro lado de alivio. Dice uno de los suecos: “habíamos sufrido un mes de depresión psicológica muy fuerte. No era que estábamos locos y que cantábamos porque sí; el Antarctic había muerto y empezábamos otra etapa, desconocida, pero ya estaba, se había muerto. Antes de que el barco muriera, antes de bajar, nos juntamos en el salón, brindamos por él y le agradecimos por el tiempo que nos había dado”. El ánima del barco... P: Algo había ahí que sabían que lo estaban perdiendo. Ese momento es muy fuerte, igual que cuando se les muere Ole Wennersaad, el marinero. Ésa es una historia terrible porque es un chico muy joven que se enferma y se les va muriendo, y en los últimos días ni siquiera sale de la bolsa de dormir. Ellos son veintiuno y saben que un día van a ser veinte; y cuando se muere ni siquiera lo pueden enterrar porque es pleno invierno y lo ponen en uno de los botes salvavidas hasta la primavera. Cargan con el muerto... P: Cargan psicológicamente con el muerto, y también físicamente hasta la primavera para poder hacerle la tumba. A mí me sigue pasando que en partes de la película me pongo a llorar, y ahí no hay bronce. Como cuando se lee la carta de Ole Wennersaad a los padres... P: La carta es más larga y tuvimos un problema al recortarla ¿Qué le sacábamos? Él se la dicta a un compañero, la encontramos a través de la familia del muerto casi cuando la película estaba terminando, por un sobrino nieto de este chico. Cuando la leímos nos puso la piel de gallina. Dice: “me enfrento a la muerte como un alivio, Ustedes no se preocupen, yo voy a estar con Dios, saluden a mis hermanos”. No sé si él era muy religioso antes de ese momento o si se acrecienta su fe y les pide por favor que se porten todos bien para poder reunirse con ellos más tarde; eso es muy fuerte. Era muy joven... P: Eran todos muy jóvenes. El viejo del grupo era Nordenskjöld y tenía treinta y un años. Cuando ves la foto decís: son de 35 para arriba, y no, 19 el cocinero, y el promedio de edad estaba en 22 años; los viejos eran Larsen y Nordenskjöld. Chicos de esa edad: el médico de la expedición era un estudiante, lo mismo que el meteorólogo, y esas cosas hacen que surjan elementos imposibles de ver desde el hoy; lo dice el historiador de la Armada: “Sobral no sabía andar en esquí y se las arreglaron con esos pocos medios”. Eso hace a la historia más valiosa; mostrar estos lados flacos a pesar del resultado, que a pesar de todo eso, o gracias a todo eso, terminó como terminó. La narración deja en el espectador la sensación de que el gobierno de Roca tiene una actitud dual hacia la expedición, y luego impulsa el rescate del Antarctic pero no existe una política de Estado respecto de la Antártida. E: Algo de política de Estado hay, no nos olvidemos que en esos tiempos Argentina estaba cerrando un conflicto limítrofe con Chile. No sé si el hecho se valoró políticamente en lo que podía significar. Algún intento de soberanía hubo, se ordenó el rescate con el propósito de llegar primeros (1). La Antártida suena tan lejana en esa época, es interesante porque geopolíticamente nos conviene pero es tan lejana. P: Hay distintas líneas de análisis. Dentro de Argentina hay distintas lecturas, y fuera de Argentina también; una es la que se hace en Suecia, otra en Noruega, y acá también hay una lectura particular. Dentro del equipo nuestro los tres no coincidíamos en la opinión sobre la cuestión geopolítica.. Con derecho los descendientes de Sobral te cuentan una historia que para ellos es verdadera. La marina tiene una historia que para ellos es verdadera. Los descendientes de Nordenskjöld te cuentan su verdadera historia. La decisión fue entonces hacer una película sobre una historia de diferentes aristas y contar algo sin moraleja. Puede ser entendido que Argentina tuvo una actitud ambigua, también que Argentina tenía un interés por eso los fue a rescatar, y lo hizo, o también que Suecia pidió ayuda Argentina porque había tenido vínculos con el Perito Moreno y había un lazo de cooperación internacional. También podés decir que Nordenskjöld pide ayuda argentina porque no tenía un peso y en Suecia no contó con apoyo del Estado. Son distintas lecturas; todas se basan en hechos reales. El rey le había dicho que no a Nordenskjöld. ¿Porqué Argentina se ve involucrada, porque había un lazo anterior con el Perito Moreno? De hecho lo había. ¿O porque Argentina era el país más cercano, con el puerto de Ushuaia? Las interpretaciones pueden ser múltiples y todas pueden ser valederas. Como si muchas coordenadas en un momento se cruzaran para producir el hecho histórico. P: Exactamente. La película no intenta tener un discurso estructurado desde lo político... E: Pero no quiere decir que no esté... Subyace, es un subtexto, y eso es muy importante porque vivimos aquí en Buenos Aires, cerca de Puerto Madero, donde está la Corbeta Uruguay, podemos entrar en ella, podemos conocer esta historia porque allí la cuentan, pero es contada de un modo discursivo y no se hace nuestra. En cambio ahora, luego de ver el filme de ustedes, la historia se hace nuestra porque los personajes están narrados humanamente. P: Esto con la historia reciente tal vez no suceda porque deja ver más fácilmente los rasgos oscuros de los personajes y la historia argentina es muy clara en ese sentido. La historia de hace más de cien años está toda enchapada en bronce. Si te cuentan la historia de esta expedición en un museo resulta tan de bronce como la de San Martín. Ahora si tenemos la suerte de encontrar una historia vieja pero no tanto, tenés fuentes que no vienen desde las estructuras del Estado sino que vienen desde lo cotidiano, y que te muestran que Sobral no estaba forrado en bronce, que era un tipo con sus miserias, con sus contradicciones, con su valentía, con su heroísmo, con su mal carácter... E: Un carácter podrido... P: Ahí es donde la historia se vuelve más rica. Hay un pudor por mostrar a los héroes con sus lados flacos o con sus momentos de duda. Eran personas normales en circunstancias anormales... Los noruegos y los suecos frente al problema deciden pararse en la solución. Me hizo acordar de los rugbiers uruguayos perdidos en la cordillera, que primero esperaban el rescate hasta que la buena noticia que recibieron fue que nadie los iría a buscar, y recién ahí decidieron ponerse a hacer. Y después la situación nuestra como argentinos, que generalmente frente a un conflicto nos paramos en el problema en vez de en la solución. P: El tema es que en 1902, cuando ellos ven que el verano está terminando y que ningún barco viene en su busca, todo es distinto a los rugbiers porque nadie sabía dónde estaban con exactitud y porque cualquier expedición de rescate que se hiciera no iba a poder llegar hasta el verano siguiente por el mar congelado. Aún hoy ningún rompehielos puede navegar allí en invierno. El año pasado, en agosto, el rompehielos Irizar fue a buscar a los alemanes que estaban varados y no los pudieron sacar. ¡Aguantate hasta la primavera! Entre ellos, en 1902, había gente sin experiencia pero había tripulación de mucha experiencia ártica y antártica. No era cuestión de sentarse a esperar pensando que alguien los vendría a buscar. No, si a fines de febrero por algún motivo un barco no había llegado, en Buenos Aires se iban a enterar recién en marzo e iban a largar una expedición el verano siguiente. Eso ellos lo tenían claro. La cuestión era, bueno, entremos a garrotear pingüinos como dice el biólogo, porque en el invierno los pingüinos migran, no se quedan, y eso también lo sabían. Entonces deciden empezar a pensar del momento a un año vista. Uno de los entrevistados del filme es un especialista en supervivencia noruego que dice que eso para nuestra mentalidad es muy difícil de pensar, pero en esa época se pensó. Digamos, para estar vivos durante el próximo año, tenemos hoy que empezar a hacer algo: reforzar el refugio, matar más focas para sacar la piel, cubrir el techo de la casa y un depósito de víveres porque no vamos a tener una segunda oportunidad. En ese sentido las circunstancias son distintas en cuanto a la actitud personal, sentarse a esperar era sentarse a morir. El experto en supervivencia plantea que desde nuestra perspectiva actual perdemos la visión que tenían ellos en aquel momento. E: Para sobrevivir había que prepararse y eso te corre de la depresión, te obliga a pensar de otra manera. Para nosotros es mucho más fácil caer en la depresión: no me anda el teléfono, me quedé sin batería. Ellos no tenían ninguno de esos problemas, estaban obligados a pensar de otra manera. Eso también los mantiene vivos. La depresión les llega cuando no pueden salir de la cabaña y se tienen que quedar guardados, tapados, quietos para no gastar energía, ni combustible, ni comida, ni enfriarse durante semanas, y la soledad los atrapa. Yo estuve muy poco tiempo y les aseguro que en la Antártida es muy fácil sentirse solo, olvidado. Lo cuentan los psicólogos, la primera reacción es pensar en cómo se olvidan de mí. Cuando los que actualmente están en la Antártida llaman por teléfono a su casa, ahora que hay teléfono, y no hay nadie, se deprimen varios días pensando que los olvidaron. P: Por ahí llaman a las dos de la mañana porque es el momento en que tienen acceso al teléfono y la familia está durmiendo y por eso no los atienden, eso genera grandes angustias. Nos gustaría que nos expliquen el valor de la comida, tan relacionada con el sexo, el amor y la sensualidad en situaciones límites. P: Nos contaban anécdotas de ahora en la Antártida, de situaciones violentas que se generan a partir de la comida. No es algo metafórico cuando el psicólogo dice que parecen situaciones de jardín de infantes y no de hombres que están desafiando a la naturaleza. En ese momento en realidad nos estaba hablando del trabajo de hoy con los equipos. Como ser que alguien tire al piso de una trompada al que tiene enfrente porque le sirvieron una milanesa más grande. Hay en la historia de las expediciones actuales casos de problemas muy serios que impiden el trabajo de la base porque el cocinero es malo, hace el pan feo. Y eso genera conflictos muy serios de convivencia. No sé si tal vez por eso surge ese rigor en especificar que tenían la leche condensada Nestlé, algo que en otras circunstancias no tendría la menor importancia. Algo de eso mueve a Nordenskjöld a poner tan detalladamente en su libro las raciones con las que contaban. E: Mónica lo expresa muy bien: estamos solos, necesitamos comida. Esas dos cosas, alguien que los abrace por un lado, y no tener comida, o sólo pingüino asado, pingüino seco, o pingüino en sopa.... Mónica tiene una teoría muy interesante acerca de porqué lograron sobrevivir. Habla de Sobral en la segunda invernada, que para el grupo se convierte en el proyecto de todos. El proyecto hacia el futuro que los mantiene vivos y que los rescata realmente. Como a todos nos rescatan los proyectos en la vida cotidiana. E: Una de las cosas que tiene de bueno esta historia es que pudieron dar vuelta la situación en que estaban. Nosotros usamos una frase para presentar la película: qué hacer cuando todo sale mal. Ellos encontraron qué hacer cuando todo sale mal. En este caso encontraron un proyecto para seguir adelante cuando el rescate no venía y se les acabaron las provisiones. Para algunos eso fue también el hecho de tener a alguien (Sobral) a quien transmitirle sus conocimientos de idiomas, geología, supervivencia. Para otros era querer volver a sus casas y mantenerse vivos para cuando los vinieran a buscar; para cada uno fue algo distinto, como si dijeran: estamos todos juntos y tenemos que hacer algo para revertir esto, no quedarnos en el lamento. Podían haber muerto congelados tranquilamente y sin opción alternativa, sin embargo lo dieron vuelta. Los tres que quedaron varados en la Isla Paulet casi mueren por congelamiento después de intentar un fallido viaje donde perdieron todo lo que tenían, se quedaron un año en el refugio y volvieron a intentarlo al año siguiente. P: Esta teoría de Mónica es un elemento que nos pareció muy interesante más allá de que no la compartamos totalmente. Mónica es una historiadora muy profesional de Ushuaia que se especializa en historia de la Patagonia y de Tierra del Fuego y tiene trabajos excelentes. Nos encontramos con ese testimonio que otras fuentes nos dijeron que no puede ser cierto. Decidimos ponerlo para demostrar cómo puede haber distintas interpretaciones, aunque en la película no está tan marcado el contrapunto como lo está en la cuestión de los perros (2) donde uno dice hay que matarlos a palos y el otro dice que los perros son amorosos. Pero sí se la puede contraponer con la opinión del hijo de Sobral que dice mi viejo era un fabricante de enemigos y apenas un recolector de amigos. Desde ese punto de vista uno se puede preguntar: ¿Si era tan jodido puede ser que se haya convertido en una figura carismática capaz de haber contribuido a mantenerlos vivos? Decidimos poner las dos cosas. La psicóloga que trabaja con gente que hoy va a la Antártida no dos años, sino seis meses, nos dice que se les hace toda una serie de estudios psicológicos, de entorno laboral y familiar, de expectativas de vida, etc. Nordenskjöld no contó con ese trabajo, él los reclutó, consiguió lo que consiguió y tan mal no les fue. E: Hoy hay quienes con todo esto vuelven quebrados, deprimidos, y a algunos los han tenido que rescatar antes de los seis meses pese al estudio y la preparación. En el viaje encontramos gente que volvía quebrada, mal, gente que no toleraba más la situación, a los que el resto de la base no podía seguir conteniéndolos porque tampoco los toleraban más. Se los retiró antes especialmente por eso. Estamos hablando de Sobral, que estaba un día estudiando y le dijeron mañana te vas a la Antártida y él dice me voy con gusto. ¿Qué hago, cómo me preparo? Lo plantaron ahí, sin ropa. P: Hay una foto que es muy gráfica donde están los seis frente a la casa. Está Nordenskjöld con su abrigo polar, lo mismo que el marinero y el cocinero, y Sobral en tiradores y no es por canchero, sino que tenía solamente las dos frazadas que le había dado su mamá... (ver foto) E: Los otros le enseñaron a coserse la ropa con cuero de foca y a armarse su bolsa de dormir para poder hacer las excursiones. Esto es real y habla de su espíritu y de su valentía. P: Hasta aquí el relato épico. Por eso la última media hora de la película cuenta qué pasó además de la aventura. Qué pasó con Nordenskjöld, que quedó endeudado de por vida para pagar la expedición sueca de rescate que nunca los rescató. La cuestión de que Sobral termina mal y nunca puede volver a la Antártida. E: Pierde su puesto, no su honor pero sí su fama, quedando como un simple jubilado. Él había ido de cónsul a Noruega y le hacen un sumario, esto no lo pudimos comprobar fehacientemente pero no nos importó tanto, porque parece que el sumario fue destruido. Quisimos mostrar todo, contraponerlo con versiones distintas. No importa si Sobral era bueno o malo, contamos un Sobral lo más amplio posible, al que le fue mal. P: Le fue mal, terminó lleno de enemigos. La Armada nunca le perdonó que se retirara para irse a Suecia cuando en realidad el hecho no ocurrió por voluntad propia sino por falta de visión del jefe de ese momento, que lo emplazó a elegir entre ser geólogo o ser militar. Por otro lado la revolución del treinta, y el ejército que lo seguía viendo como un hombre de la armada y también para ellos era un enemigo. E: Y esa pelea todavía existe hoy... P: Y por otro lado, mientras él estudia geología en Suecia aquí se crea la carrera, y él era un enemigo porque cuando vino a trabajar aquí llamó a la gente que conocía en vez de llamar a los recién recibidos argentinos. Los marinos no lo querían, el ejército no lo quería, los geólogos no lo querían... ¿Cómo termina? P: Termina su vida familiar en Belgrano... E: Una vida dignísima pero sin ninguna fama, sin ninguna gloria... P: Sin ninguna fortuna. E: A partir del sesenta se le hacen algunos reconocimientos pero ya es muy tarde... P: Murió a los ochenta y un años; a partir de los sesenta se recupera la historia, se recupera la Uruguay que estaba abandonada en La Boca. E: Se reconstruye y se la convierte en museo; estaba abandonada tras el club de pescadores. Después se hace un viaje a Río Santiago y recién ahí se lo empieza a reconocer y se le devuelve un poco su fama. P: Y se le construye la historia de bronce. Pero hay un testimonio respecto del cual podemos decir que también somos nosotros hablando: es cuando Eugenio Sobral dice que “en este país no importa lo que hagas sino de qué signo político sos”. ¿Quién de Ustedes viajó a la Antártida? E: Los tres, en distintas oportunidades y complementándonos los trabajos que habíamos hecho, pero viajamos los tres. ¿Qué les sucedió a cada uno? E: Yo viajé con Fernando, fuimos a relevar los lugares donde habían estado, a filmar el entorno a bordo del rompehielos Irizar; en ese momento el Irizar dejaba gente en las bases y tomaba gente que estaba allí. Nos tocó ir a la única base donde se llega una vez en el año, con suerte dos, que es Orcadas. Allí durante nueve meses no hay nada. Nos tocó ir con un grupo que iba y volver con uno que regresaba. Empezamos a mamar realmente lo que le pasaba a la gente, a tratar de entender, y empezamos a ver cómo a nosotros nos pasaba algo muy parecido; veinte días de viaje, extrañás mucho más a tu familia, muchísimo más. Tomás conciencia de que nadie te puede ayudar de ninguna manera. El silencio es otra cosa que nos impactó, la real existencia del silencio absoluto. En la Antártida no sopla viento, el agua no se mueve, empezás a hablar en voz más baja porque el silencio te lleva a bajar el tono. La lección es que las cosas no son sólo como uno las ve, que no hay una sola mirada. Cuando fuimos a la isla Paulet, el helicóptero nos bajó lejos del refugio porque no quería parar en la pingüinera y fuimos caminando. Con Fernando nos miramos. “Yo tengo una barra de chocolate”, dijo él. Y yo: “a mí me sobraron unas galletitas del desayuno”, y te vuelve toda esa cosa de si volverán o nos dejarán aquí. Todo bárbaro, nos dijeron que en media hora estaban de vuelta y nosotros a los veinte minutos dijimos: “ya hicimos todo”, y empezamos a preguntarnos: ¿Escuchás algo?, y decíamos: “Hagamos una tomita más pero... ¿No habrá que ir volviendo porque vienen y tocan tierra y...? Te agarra una cosa así. P: En mi caso fue distinto porque yo no fui con el Irizar sino que fui en barcos privados. Hice dos viajes. En el primero fui con los descendientes de Nordenskhöld. En Suecia se organizó un viaje con los descendientes a fines de enero y principios de febrero del 2002, una situación muy particular en la Argentina porque el país estaba en llamas, estábamos todos movilizados fuera de la Antártida. Y por otro lado esta cuestión de compartir, yo fui en un barco que se llama Polar Star, un rompehielos mediano de los que hacen turismo en la Antártida. De los 120 turistas casi 100 eran descendientes directos o indirectos de Nordenskhöld; había nietos, biznietos, son una familia bastante grande, todos conocían la historia, era un viaje histórico que iba a pasar por los tres lugares donde estuvo la expedición para que los descendientes pudieran conocer el lugar en el que había transcurrido esa historia que su mamá o que su abuelo les habían contado. Eventualmente donde su abuelo, o su bisabuelo para la mayoría, se había hecho famoso. Entonces fue muy movilizador desde ese lugar. No desde la soledad de la Antártida como les pasó a Fernando y a Eduardo, que vivieron otro aspecto; yo estaba en un barco, en sandalias, en remerita, no había soledad desde ese punto de vista pero fue muy movilizador desde los sentimientos y desde los recuerdos de las familias. Por otro lado esto sirvió mucho para la película porque fue una manera de empezar contactos y lazos con las familias que de otro modo nos habrían costado mucho más tiempo y más dinero. El tema del dinero fue algo central desde el comienzo hasta el día de hoy. No me pasó de estar aislado como Eduardo. Pero cuando empezó a aparecer la cosa debajo del bronce, y empecé a charlar con los nietos y con los biznietos personalmente, eso me abrió mucho la cabeza. Y al encontrarme con gente que sabía que había uno que se llamaba Sobral y sabía que los habían rescatado los argentinos, ahí dije: acá hay una historia buena.
link: http://www.youtube.com/watch?v=ik_2yUtFXpI
documental sobre artes marciales link: http://www.youtube.com/watch?v=RjCx3RmIAiU