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Primer post: 16 jul 2012Último post: 25 jul 2012
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Túpac Amaru, Rebelión Indígena por la Libertad de America
Apuntes Y MonografiasporAnónimo7/24/2012

José Gabriel Condorcanqui Noguera (Tinta, Virreinato del Perú, 19 de marzo de 1738 - Cuzco, 18 de mayo de 1781), mayormente conocido como Túpac Amaru II, fue un caudillo indígena líder de la mayor rebelión anticolonial que se dio en América durante el siglo XVIII. La Gesta Revolucionaria De Túpac Amaru El 4 de noviembre de 1780 se produjo el primer acto de la rebelión indígena y campesina que conmovió hasta la raíz el imperio español. Constituyó uno de los mayores levantamientos sociales en la historia del continente. A diferencia de los alzamientos producidos en los cincuenta años previos, la rebelión liderada por Túpac Amaru planteó un programa de independencia del dominio político español y de ruptura del régimen de opresión de las masas campesinas e indígenas. Cuatro años antes del alzamiento de Túpac Amaru, en 1776, salía a luz la “Declaración unánime de los trece estados de América” punto de partida de la independencia de EEUU y de una revolución que, para algunos autores, provocó un profundo cambio de conciencia en las clases opuestas al imperio y fue un factor en la agitación social generalizada en los centros de Latinoamérica en esos años. El alzamiento campesino indígena tuvo su corazón en el Cuzco pero se extendió de Venezuela y Colombia hasta las provincias argentinas del norte y Cuyo. En su alcance y profundidad intervinieron una serie de procesos que tendieron a confluir en las últimas décadas del siglo XVIII. A partir de las “reformas borbónicas”, impulsadas por el atrasado imperio español en su competencia con el occidente europeo, el peso de los impuestos coloniales sobre los grupos locales (criollos en gran medida) se multiplicó y se tornó particularmente crítico en zonas antes florecientes, como los yacimientos mineros en fase de agotamiento en el virreinato del Perú. El papel clave de la explotación indígena Hacia 1780, el sistema colonial español se asentaba en la brutal explotación de la masa indígena. Los indígenas de 18 a 50 años estaban obligados a pagar un tributo a la Corona, y debían cumplir con la mita, régimen de trabajo obligatorio en obras de “utilidad pública”, en particular en las minas de Potosí. Las minas y los obrajes, especie de primitivas fábricas textiles, fueron el centro del odio indígena por la feroz explotación de su mano de obra. En el siglo XVII va a ser introducido el régimen de “repartimiento de efectos”, un intento de imponer por la fuerza la integración de indígenas y mestizos a la economía de mercado y conseguir una mano de obra segura. Para imponerlo se reforzó el papel de los corregidores, cabeza del poder colonial en las provincias. El funcionario imponía a los indios (y a los mestizos) la compra arbitraria y obligatoria de mercancías cuyo uso con frecuencia desconocían, disponía de la fuerza pública para la recaudación de las deudas y era, a la vez, el juez que decidía los pleitos de los nativos con el poder. Con el reparto forzoso de mercancías se quebraba el régimen de auto subsistencia de los productores, quienes tenían que aceptar los productos que les vendían y entregar fuerza de trabajo para poder pagar las mercancías que se les habían repartido. “El volumen de repartimientos se triplicó entre los años 1754 y 1780, pasando de 1.224.198 pesos a 3.672.324 pesos”2. Esta inmensa confiscación valorizó como nunca el papel de los corregidores. El valor de estos cargos, que se compraban desde antes de los “repartimientos”, se multiplicó por cuatro entre principios y fines del siglo XVIII. Los grandes comerciantes de Lima, que eran proveedores de las mercancías que se les imponían a los indios, prestaban a los corregidores los fondos necesarios para comprar sus cargos y financiaban sus adquisiciones. Los españoles impusieron la localización forzada de las comunidades indígenas en pueblos que llamaron “reducciones”. El objetivo era facilitar la explotación y la regimentación social y, a la vez, apropiarse de las dilatadas tierras indios que habían escapado al despojo inicial. Todo el edificio del régimen colonial se asentó en esta explotación, y todas las clases y sectores sociales –hacendados, comerciantes, curas– disputaban el excedente producido por la gran masa indígena. Para mantener el sometimiento de esa masa de explotados, los españoles adoptaron la antigua organización incaica en su escalón inferior, preservando el ayllu – una comunidad de familias, de veinte a cuarenta– y su gobierno, a cargo de un cacique (o curaca) que aceptara convertirse en auxiliar de la autoridad hispana, colaborador en el cobro de los tributos y en los “repartos”. Por esta razón, los caciques estaban eximidos del tributo y de la mita, recibían instrucción y se les reconocía el derecho de petición en nombre de su comunidad. Por esa razón, a la vez, existía una diferenciación social entre el indígena y el cacique sólo atenuada por el hecho de que éste, fuera de la comunidad, era un escalón inferior de la sociedad colonial. El alzamiento acaudillado por Túpac Amaru sumó fuerzas de los artesanos, pequeños comerciantes y arrieros, en gran parte mestizos, que constituían la masa plebeya de las ciudades de entonces (el mestizo, mezcla de indio y blanco, tenía vedado el acceso a la enseñanza, a los empleos públicos, al sacerdocio y al uso de armas) además de las capas indígenas que se encontraban en la periferia de las grandes ciudades. La rebelión y su programa El alzamiento indígena y campesino tuvo una larga preparación. Hubo una sucesión creciente de alzamientos que alcanzó su punto más alto con la rebelión de Túpac – once de 1750 a 1759, veinte entre 1760 y 1769 y sesenta y seis de 1770 a 17793. Los movimientos de rebeldía, sobre todo los últimos, estuvieron animados por un planteo de retorno al imperio incaico. Los centros de esta tendencia nacionalista inca fueron las escuelas de caciques de Lima y Cuzco y fue en esta última donde Túpac fue influido vivamente por la obra del inca Garcilaso de la Vega y su interpretación utópica y embellecida del imperio de los incas, en relación con las características feroces de explotación de castas y pueblos que significó el Incario. Este planteo “constituyó el elemento de unidad ideológica entre desiguales aliados de la rebelión: caciques y campesinos”2. La rebelión indígena tuvo de este modo un planteo programático: el retorno al incanato, que su líder desenvolvió tenazmente. Gabriel Condorcanqui –éste era el nombre original del caudillo rebelde– adoptó el nombre de Túpac Amaru como homenaje al inca que había encabezado, en el siglo XVI, la rebelión contra los españoles en la zona de Vilcambamba. Descendiente de soberanos incas, reclamó el reconocimiento oficial de este título, a sabiendas de su peso en la masa indígena. A fines de 1777 presentó un alegato al virrey, suscripto por un conjunto de caciques, reclamando la derogación de la mita en las provincias a su cargo y en el que se detallaba minuciosamente la explotación y los vejámenes a que era sometida la masa indígena. El alzamiento fue producto de una vasta tarea conspirativa en un terreno absolutamente fértil a la rebelión, desde el momento que las masas indígenas habían madurado a partir de una constatación inapelable: “Contra todos los reproches que – en el nombre de conceptos liberales, esto es modernos, de libertad y justicia– que se pueden hacer al imperio incaico, está el hecho histórico – positivo, material– de que aseguraba la subsistencia y el crecimiento de una población que, cuando arribaron al Perú los conquistadores, ascendía a diez millones y que, en tres siglos de dominio español, descendió a un millón… el coloniaje, impotente para organizar en el Perú al menos una economía feudal, injertó en éste elementos de economía esclavista”4. El programa en acción La rebelión tuvo características profundamente revolucionarias. En la plaza de Tungasuca, poblado cercano al Cuzco, Túpac, junto a Micaela Bastidas, mucho más que una compañera en la vida y en la lucha, ordenó el apresamiento del odiado corregidor de la provincia (Tinta), Antonio Arriaga, le hizo escribir una carta ordenando al cajero colonial la entrega de fondos y de armas y llamó a hacer lo mismo al resto de caciques partícipes de la rebelión. Luego, ordenó su ejecución. Una semana después, Túpac hizo abrir el siniestro obraje de Pomacanchi, ordenó que se abonara a los operarios lo que se les adeudaba y repartió los bienes restantes entre los indígenas. Lo mismo hizo en otros obrajes. En una carta a un cacique delineó en parte su programa: “Que no haya más corregidores en adelante, como también con totalidad se quiten mitas en Potosí, alcabalas, aduanas y otras muchas introducciones perniciosas”1. Entre éstas, en primer lugar los obrajes, las cárceles para indígenas y el “repartimiento”. En otros documentos se pronuncia en contra de las exacciones destinadas al clero. En un bando dirigido a la población de Cuzco, en 1780, proclama la libertad de los esclavos: “quedarán libres de la servidumbre y esclavitud”5. El 17 de noviembre de 1780, trece días después del alzamiento, logró derrotar en Sangarará a un ejército de más de 600 españoles. A esta altura la rebelión se extendía en forma vertiginosa a todo el Alto Perú y a las regiones del norte argentino. A partir de aquí el movimiento adquiere un carácter político: Túpac se proclamó rey de Perú, Chile, Quito y Tucumán, un planteo separatista respecto de la metrópoli española, “razón por la cual no resulta extraño que los ingleses se interesaran por el destino de este movimiento”6. “El separatismo de Túpac Amaru se declara casi abiertamente cuando obtiene éxitos militares. Entonces, en un edicto a ‘sus fieles vasallos de Arequipa’ fechado el 23 de diciembre de 1780, se refiere a las ‘amenazas hechas por el reino de Europa’ y les promete que ‘en breve se verán libres del todo’. Esto lo dice a los arequipeños que a comienzo del año se habían mostrado desafectos a España, en su condición de ‘Inca, descendiente del Rey Natural de este Reino del Perú, principal y único señor de él’”7. En este programa existe una ausencia: la cuestión de la tierra. Túpac no reclama la devolución de las haciendas agrícolas confiscadas a las masas indígenas durante siglos, un punto clave para solidificar la rebelión e incluso ganar a las capas desposeídas. La vacilación del líder rebelde se explica por su política de acercamiento a los propietarios criollos. Toda su prédica está dirigida a atacar a los españoles europeos y a los funcionarios coloniales en función de ganarse a los americanos. Por eso plantea, respecto de los criollos: “Ha sido mi ánimo que no se les siga ningún perjuicio, sino que vivamos como hermanos y congregados en un cuerpo, destruyendo a los europeos”2. Exigir la restitución de las tierras llevaba a un choque con el poderoso sector terrateniente, en gran medida de propietarios criollos. Es la frontera que la dirección de la rebelión no cruza, ni siquiera para plantear la confiscación de los europeos. “Queda, sin embargo, en la incógnita un problema: el de las haciendas agrícolas. Este problema era muy complicado, porque la capa pudiente de los españoles americanos podía verse afectada por las medidas contra las haciendas de los europeos”1. Luego de la enorme victoria de Sangarará, Túpac no marcha hacia el Cuzco, como le proponía Micaela Bastidas (una operación militarmente posible) y prefirió regresar a Tangasuca llevándose el armamento conquistado. Las vacilaciones del líder rebelde fueron una consecuencia de su política, dirigida a ganarse el apoyo de los dirigentes criollos, a los que buscó unirse a través de distintas proclamas, planteando la perspectiva de un frente con criollos y mestizos sobre la base del rechazo a las medidas de la administración colonial, los “repartimientos” y el aumento de las alcabalas. La gran incógnita de si el movimiento en desarrollo de indígenas y campesinos por un lado, y de criollos por el otro, confluía contra el enemigo común hispano en base a un programa de reorganización social y política, se zanjó provisoriamente. La masa de propietarios y comerciantes que era el núcleo de la clase criolla llegó a protagonizar movimientos de lucha en el marco de la rebelión pero retrocedió sobre sus pasos. Oruro y… El 10 de febrero de 1781, en plena rebelión, las masas empobrecidas se levantaron en Oruro, un centro minero en decadencia, contra los españoles, a quienes ejecutaron y confiscaron bienes. Colocaron como Justicia Mayor y gobierno de la ciudad al criollo Jacinto Rodríguez, el más importante propietario minero de de la zona, quien recibió el apoyo de la masa indígena que bajó a la ciudad para apuntalarlo en su lucha contra los españoles. Esa masa planteó sus reclamos: eliminación de los españoles, sustento a cargo de los pudientes y, sobre todo, tierras. Luego de fingir su entrega para desalojar la ciudad, los criollos se aliaron a los españoles para aplastar a los indígenas y lo lograron, luego de un baño de sangre. Desde un primer momento Rodríguez buscó la confirmación de su cargo por parte de las autoridades “legales”, el Cabildo, y luego llamó a devolver lo saqueado a los “chapetones” (españoles). En muchos casos, un ala de la comunidad criolla prestó oídos al llamado de los jefes indígenas empeñados en conquistarlos para la rebelión. Ocurrió en Nueva Granada, en Quito y en Tupiza, donde un ala de luchadores criollos reivindicó, se sintió parte y hasta fue más lejos que la rebelión indígena campesina. Pero, de conjunto, “los españoles nacidos en América, actuando con mentalidad inconfundible de latifundistas dieron muestras inequívocas de que comprendían con claridad que un movimiento indígena autónomo o dirigido por ellos no podría menos que concluir arrancando por la fuerza la tierra usurpada por los criollos”8. En este período comenzó a operarse una diferenciación dentro de un movimiento dominado por los intereses de la burguesía comercial y propietaria criolla que tendría su mayor expresión treinta años después. La derrota de la rebelión Desde la victoria en Sangarará hasta el inicio del combate por la ocupación del Cuzco (8 de enero 1781) pasaron casi tres meses, decisivos para la contraofensiva. El clero, por lejos la vanguardia militante contra el alzamiento indígena, hizo pública la excomunión de Túpac y convirtió a las iglesias en centros de prédica y organización contra él (a pesar de la política del líder rebelde de no chocar con la Iglesia para ganar al menos su neutralidad). Desde Lima, el virrey envió un ejército de 17.000 hombres, dotados de un poder de fuego inmensamente superior al de la tropa indígena. Luego del alzamiento, la Junta de Guerra del Cuzco, aterrorizada, había resuelto la abolición de los “repartimientos”, el perdón a todas las deudas, la extinción de la aduana y la eliminación del diezmo. Luego de varios días de batalla, el ejército de Túpac, derrotado, abandonó el Cuzco. El 8 de abril de 1781 sufrió otra derrota decisiva en Tinta y, por la traición de uno de sus allegados, fue detenido con parte de su familia y de sus jefes militares. Llevado al Cuzco, fue sometido a una parodia de juicio, tormentos y una ejecución que ha pasado a la historia por sus características horrendas. La rebelión siguió en pie durante mucho tiempo, se prolongó en acciones militares importantes (doble sitio a La Paz, toma de Soraya), tomó la forma de guerra de guerrillas y alzamientos desde Panamá al norte de Argentina. Bajo una conducción cuyas cabezas fueron Diego Cristóbal Túpac Amaru –hermano de José Gabriel– sus sobrinos Andrés Mendigure y Miguel Bastidas, la agitación tuvo su epicentro en el Alto Perú. Allí descolló Julián Apaza (Túpac Catari), uno de los más grandes líderes de la rebelión. Fue derrotado en octubre de 1781, cuando las autoridades ofrecían a Diego Cristóbal un falso plan de paz, prometiendo el fin de los “requerimientos” y de los corregidores. Una vez logrado el armisticio y desarmados los indios, los españoles se dedicaron a una caza impiadosa de todos los miembros de las familias de Túpac Amaru, Túpac Catari y demás líderes rebeldes. Los que cayeron fueron ejecutados o enviados a Europa como reos de por vida. La Independencia y la tierra La rebelión abrió un nuevo escenario social y político en la colonia. Sacó a luz el conjunto de oposiciones a la Corona, puso a prueba el apoyo del movimiento criollo progresista de los centros urbanos, consumó las primeras derrotas militares de los ejércitos de la corona (a pesar de la inmensa debilidad en organización y armamento), enarboló un programa social y de independencia del dominio político español. La conmoción política producida en el Alto Perú se hizo sentir en las aulas de la Universidad de Chuquisaca, e influyó en la conciencia de los más importantes líderes de la independencia de las provincias del Río de la Plata9. Pero el grueso de la burguesía criolla le dio la espalda, en la medida en que sus intereses estaban profundamente ligados al régimen de explotación de la masa indígena. Más aún, recién cuando se ha producido el aplastamiento brutal de la rebelión, con más de cien mil indígenas muertos, es cuando la clase de los propietarios y comerciantes criollos se atreve a tomar la iniciativa en el proceso de emancipación americana. Contradictoriamente, la masa campesina e indígena, duramente golpeada, va a entrar en un período de reflujo y desconfianza frente a la elite criolla que llegó a coquetear con ella pero fue parte del bloque que la sometió. Es lo que lleva a decir a Tulio Halperín Donghi que “más que ofrecer un antecedente para las luchas de la independencia, estos alzamientos parecen proporcionar una de las claves para entender la obstinación con que esta área iba a apegarse a la causa del rey”9. Para la corriente “liberal” la rebelión de Túpac Amaru tuvo el carácter de un levantamiento “étnico” desgajado del proceso de emancipación. El PC, en su momento, caracterizó por boca de uno de sus teóricos, que los alzamientos “no fueron progresistas, sino retrógrados”10. Aunque el proceso político y social no quedó congelado en el punto de la derrota de la rebelión indígena y campesina, y se abrió un inmenso proceso de lucha y diferenciación política que volvería a poner al rojo vivo el contenido social de la gesta emancipadora, en relación con el problema agrario y los límites de la burguesía naciente frente a las tareas de la revolución democrática, la derrota de la gesta de Túpac Amaru trazó un límite al desarrollo posterior. Frustró la lucha contra el latifundio y tendió a borrar el reclamo vital de la tierra del programa de los insurrectos por la independencia. Como plantea, una vez más, Mariátegui: “Para que la revolución demo liberal haya tenido estos efectos, dos premisas han sido necesarias: la existencia de una burguesía consciente de los fines y los intereses de su acción y la existencia de un estado de ánimo revolucionario en la clase campesina y, sobre todo, su reivindicación del derecho a la tierra en términos incompatibles con el poder de la aristocracia terrateniente. En el Perú, menos todavía que en otros países de América, la revolución de la independencia no respondía a estas premisas…” (4, ídem anterior). Notas 1. Lewin, Boleslao: La rebelión de Túpac Amaru, Hachette, 1957. 2. Golte, Jurgen: Repartos y rebeliones, Instituto de Estudios Peruanos, 1980. 3. O. Phelan, Scarlet: Túpac Amaru y las sublevaciones del siglo XVIII, Lima, 1976. 4. Mariátegui, José Carlos: Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Amauta, 1976. 5. De Angelis, Pedro: Obras y documentos para la historia de las provincias del Río de la Plata, Buenos Aires, 1836, reproducido en La rebelión… de Boleslao Lewin. 6. Vitale, Luis: Historia General de América Latina, Santiago de Chile, 2001. 7. Lora, Guillermo: El movimiento campesino del siglo XVIII, America India no. 1, enero 1972. 8. Moreno, Mariano: Plan revolucionario y otros escritos, en particular: “Sobre el servicio personal de los indios en general”, Biblioteca Bicentenario, Emece, 2009. 9. Halperín Donghi, Tulio: Historia Contemporánea de América Latina, varias ediciones. 10. Puiggrós, Rodolfo: De la Colonia a la Revolución, Ediciones Cepe, 1940. Christian Rath Fuente: Revista En Defenza del Marxismo Nº 37.

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Stephen Hawking, Dios y la Política
Ciencia EducacionporAnónimo7/16/2012

Stephen Hawking, el más prestigioso físico contemporáneo, planteó que la explicación del origen del universo “excluye a Dios”: basta para esto con apelar a las leyes de su propia disciplina, la física. Lo hizo al lanzar su último libro, El Gran Designio. El planteo no es novedoso. Dos siglos atrás, Napoleón interrogó a otro gran físico de su época -Pierre Laplace- sobre el lugar de Dios en el modelo cósmico que acababa de exponerle, basado en el descubrimiento de la ley de la gravedad. La respuesta fue: “Señor, no he necesitado de tal hipótesis”. En aquel entonces, ninguna providencia celestial era necesaria para explicar el movimiento del Universo, aunque el propio Newton reservaba a Dios un lugar único en el diseño original del cosmos. La afirmación de Hawking fue destacada por la prensa mundial porque reconsidera su planteo previo, que suponía conciliar la teoría del origen del universo con la versión religiosa. Es así que Hawking accedió entonces a exponer su tesis ante la Academia Pontificia en el Vaticano. Otros importantes hombres de la ciencia moderna y notables divulgadores (Jay Gould, Fred Hoyle, Paul Davies, entre otros) adhirieron, con matices diversos, al planteo de que ciencia y religión podían convivir en áreas “no interferentes”, reservando a esta última las respuestas a las preguntas que la primera no alcanzaba a responder. Nunca se explicó, sin embargo, por qué el campo de lo todavía no explicado debía adjudicarse como privilegio a la elaboración mística, metafísica o caprichosa de lo sobrenatural. Esta suerte de agnosticismo complaciente habilitaba una suerte de “modus vivendi” entre la ciencia y el establishment, naturalmente hostil a toda forma de ateísmo militante. Ya no. Desde hace algún tiempo se desarrolla un movimiento de reivindicación del ateismo que manifiesta, al mismo tiempo, su adhesión al orden establecido y a causas tan poco nobles como las guerras en el Medio Oriente. El pretexto es avanzar contra el fundamentalismo religioso. Lo mismo ocurre con la aparición de movimientos laicos que apoyan la persecución a los musulmanes en Europa y la deportación de gitanos. Richard Dawkins y Christopher Hitchens, dos intelectuales con acceso privilegiado a los medios, aparecen empeñados en una combativa reivindicación de la lucha antirreligiosa que reivindica el legado darwinista. Ambos son ahora figuras destacadas en un proceso judicial ante los tribunales anglosajones, en el que se reclama la extradición del Papa para que sea juzgado por cómplice de los crímenes de pedofilia. Ambos señalan también la necesidad de acabar con la tolerancia de los científicos con el oscurantismo religioso. Dawkins, que se reivindica de la tradición del conservadurismo ilustrado inglés, considera, sin embargo, al marxismo como una doctrina “fundamentalista”. Hitchens considera como un progreso la aventura bélica del imperialismo en Afganistán y en Irak, a la que le adjudica la finalidad, no de apoderarse de los recursos petroleros, extender la dominación imperialista al Asia ex soviética y reforzar la opresión de los pueblos de Afganistán y Pakistán, o preparar el ataque nuclear a Irán, sino acabar con el “fundamentalismo” musulmán. El ateísmo, en este caso, está al servicio de una causa ultrarreaccionaria. La idea de estos individuos de que el ser humano alcanzaría su auténtica emancipación liberándose de la religión tampoco es novedosa. La lucha contra la religión jugó un importante papel, incluso revolucionario, cuando la sociedad burguesa ajustaba sus cuentas con el “viejo régimen” de la nobleza y el clero. Pasaba por alto, sin embargo, el hecho de que la alienación religiosa encuentra sus fundamentos en la alienación de la vida real, o sea en la explotación del hombre por el hombre. La lucha contra la enajenación religiosa sólo puede ser en nuestra época anticapitalista, y debe partir del carácter histórico transitorio del capitalismo y de toda forma social basada en la explotación humana. El ateísmo es reaccionario cuando se toma como excusa para el sojuzgamiento de los pueblos y naciones. Al igual que antes se justificaba en nombre de Dios, ahora se hace en nombre de su negación. Leon Trotsky, revolucionario ruso quién ademas era ateo, en cambio, recordaba la benevolencia con la cual los bolcheviques respondían a la demanda de nacionalidades muy primitivas que reivindicaban el derecho a elegir sus propios sacerdotes contra las prohibiciones y la opresión del nacionalismo gran ruso y su bota zarista. Históricamente, además, no debe olvidarse que el “antivaticanismo” de origen burgués ha sido un instrumento del capital anglosajón contra la Europa “cristiana”. Dios no existe y la ciencia no debe declararse neutral frente al mito religioso. Pero la lucha contra la religión y a favor de la ciencia debe ser abordada como una lucha por la transformación social. No es en nombre de la denuncia de la infame lapidación de las mujeres de los gobiernos capitalistas musulmanes que dejaremos de defender al pueblo musulmán contra la barbarie imperialista. Ni a sus mujeres y sus velos cuando algún sátrapa francés pretende usar el “laicismo” para avanzar en una suerte de limpieza “étnica”. El velo que opaca la realidad debe ser descubierto por una auténtica política socialista. Pablo Rieznik es licenciado en Economía y profesor titular de esa especialidad en las facultades de Ciencias Sociales y Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

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La Partícula de Dios y la Iglesia.
Ciencia EducacionporAnónimo7/20/2012

El bosón de Higgs es la partícula que permitiría dar sentido a la Física tal y como la conocemos. La física actual no eson capaz de responder a todas las preguntas que plantea la realidad del universo. En particular, ¿Por qué la mayoría de las partículas elementales tiene masa?. Si no la tuvieran, la realidad sería muy diferente. Si los electrones no tuvieran masa, no habría átomos. Y sin ellos no existiría la materia que conocemos, la que nos forma como seres humanos. No habría química, no habría biología y no habría humanidad. Las partículas no pesarían nada y circularían por el universo a una velocidad cercana a la de la luz. En 1964, el físico Peter Higgs describió las ecuaciones que predicen la existencia de una partícula nunca vista, pero necesaria para que funcione el modelo sobre el que se basa toda la física actual: el bosón de Higgs, que explica porque las partículas tienen masa. El mecanismo de Higgs se puede describir como un campo invisible presente en todos y cada uno de los rincones del universo. Y es ese campo precisamente el que hace que las partículas que atraviesan el campo tengan masa. El bosón de Higgs es el componente fundamental de ese campo, de la misma manera que el fotón es el componente fundamental de la luz. Es el intermediario presente en todas partes del universo que hace que las partículas tengan masa. Por ese motivo, el premio Nobel Sheldon Glashow la apodó como 'the God particle' , 'la partícula Dios' (aunque popularmente se ha traducido como 'la partícula de Dios'). Pero el mecanismo de Higgs no predice la masa exacta que debe tener la partícula, sólo aporta un rango de masas. El bosón es demasiado inestable como para ser visto directamente. No obstante, el bosón de Higgs debería dejar una serie de huellas de su presencia que pueden ser percibidas por los detectores del LHC. Si se encontrase la partícula daría lugar a una nueva física que iría más allá del Modelo Estándar, como las superpartículas o la materia oscura. Pero si no se encontrase y se demostrase que no existe la partícula Dios, los pilares sobre los que se asienta la física actual quedarían invalidados. La Particula de Dios contra la Iglesia. Las evidencias de la existencia de una partícula que la ciencia viene buscando hace décadas han conmocionado no sólo el ambiente científico. La comprobación en términos empíricos de la existencia del bosón de Higgs significa un paso importantísimo para desentrañar las leyes que gobiernan el funcionamiento del universo, los enigmas que encierra la materia y, en particular, el mundo subatómico. Entre quienes se han sumado a la catarata de elogios y muestras de reconocimiento, encontramos a la Iglesia. El portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Juan Antonio Martínez Camino, celebró: “bienvenida la ‘partícula de Dios’”; y aseguró que “la teología no se va a derrumbar si se encuentra o no el bosón de Higgs” (Europa Press). “Llama la atención -agregó- que los físicos hablen mucho de Dios -cuando se refieren a la ‘partícula de Dios’- al tiempo que algunos dicen que en la ciencia no hay lugar para Dios”. No obstante, la física -según sus palabras- “nunca” podrá dar una respuesta “del todo terminada” a la pregunta de por qué existe algo en vez de nada, porque “no tiene instrumentos para ello”. La partícula “maldita” La euforia de la jerarquía eclesiástica, tiene, sin embargo, patas cortas. El propio Higgs, a quien le molesta que la partícula lleve su nombre -pues en su descripción participaron otros científicos- “tampoco está de acuerdo que le llamen ‘partícula de Dios’, como es popularmente conocida, debido a que se declara ateo” (El Pais, 5/7). Esta denominación tampoco es aceptada entre los científicos. Por ejemplo, Pauline Gagnon -miembro del equipo de Atlas del Cern- dijo a la agencia Reuters: “el bosón de Higgs no está dotado de un significado religioso. Es ridículo llamarlo así”. El científico Oliver Buchmueller, en tanto, es categórico al señalar que llamarlo de esta manera “es completamente inadecuado… No tiene nada que ver con Dios” (idem). La denominación, como se la identifica en la actualidad, proviene los años 90, cuando Leo Lederman, un premio Nobel, decidió escribir un libro de divulgación sobre la física de partículas. En el texto, Lederman se refería al bosón de Higgs como “The Goddamn Particle” (“La partícula maldita”), a raíz de lo difícil que resultaba detectarla. El editor del libro, en un desastroso arranque de originalidad, decidió cambiar el término “The Goddamn Particle” por “The God Particle”; de ese modo, “La partícula maldita” se convirtió en “La partícula de Dios”. Oportunidad y antecedentes No es la primera vez que la Iglesia apela a algún artilugio para tratar de levantar su imagen, en momentos de crisis como la actual. Uno de los antecedentes de esta “lavada de cara” tuvo como protagonista a Stephen Hawking, el más prominente físico vivo contemporáneo. En la búsqueda de presentarse con una actitud “abierta” -un aggiornamiento a los nuevos tiempos-, el Vaticano, bajo el entonces Papa Juan Pablo II, había decidido invitar en 1981 a un grupo de expertos para que la asesorasen sobre cosmología. Dicha iniciativa coincidía con el “mea culpa” de la Iglesia por la persecución despiadada de la que había sido blanco Galileo Galilei -arrepentimiento que llegaba, agreguemos, 300 años después de ocurrido el hecho (el cardenal Roberto Belarmino llamado "el martillo de los herejes" hace quemar vivo al astrónomo Giordano Bruno en la hoguera, posteriormente, dirige un proceso similar contra Galileo). Al final de la conferencia, los participantes concurrieron a una audiencia con el Papa quien dijo que estaba bien estudiar la evolución del universo después del Big Bang, pero que no se debía indagar en el Big Bang mismo, porque se trataba “del momento de la Creación y por tanto de la obra de Dios”. En otras palabras, el Papa pretendía establecer una suerte de división de funciones y, al mismo tiempo, de complementariedad entre el mundo científico y el clero. Al primero le estaba asignado la tarea de explicar la evolución del universo del Bing Bang en adelante, mientras que a la Iglesia le estaba reservada la explicación del origen, del estallido original, del momento del nacimiento del universo, lo cual sería el resultado de una voluntad y decisión divinas. Lo que omitía o desconocía el Papa es que en la teoría física moderna, que tiene mayor consenso entre los investigadores actuales -y de la cual uno de sus artífices es, precisamente, el propio Stephen Hawking-, se prescinde del concepto de principio. Según palabras de Hawking, dicha interpretación teórica sostiene “la posibilidad de que el espacio-tiempo fuese finito, pero no tuviese ninguna frontera, lo que significaría que no hubo ningún principio, ningún momento de la Creación” (extraído “Historia del tiempo”). La ciencia se ha encargado de ir haciendo caer cada una de las barreras y tabúes en lo que respecta al funcionamiento de la naturaleza. En esos límites se atrincheró la Iglesia, el principal bastión ideológico de la reacción y del oscurantismo a lo largo de la historia. Precisamente, la teoría del Bing Bang termina por tirar abajo uno de los últimos reductos históricos del pensamiento clerical que hunde sus raíces en la escolástica y la lógica aristotélica, que plantea la existencia de una causa última -o “primera “, según el pensador griego-, que explicaría los movimientos posteriores y que la Iglesia se encargó de asociar con la mano de Dios. Del mismo modo, las evidencias sobre la existencia de la partícula de Higgs plantean que no hay que recurrir a ninguna fuerza exterior para explicar la materia que nos rodea y de la que también estamos constituidos y somos parte. La hipótesis de Higgs consiste en la presencia de un “campo” que penetra todo el espacio -el universo- con el que interaccionan casi todas las partículas elementales. “Aquellas partículas que experimenten una interacción intensa con este campo serán partículas muy masivas, mientras las que lo hagan levemente serán ligeras” (El País, ídem). El grado de interacción explicaría la gran disparidad en la masa que se ha constatado en las diferentes clases de partículas elementales que se ha ido identificando en las últimas décadas. A los fines de hacer más accesible una comprensión, podríamos imaginar este campo como una gelatina de forma apenas perceptible. Este campo que, como dijimos, invade todo el espacio, resulta prácticamente indetectable. Sin embargo, el modelo de Higgs predice que si lo agitamos con suficiente fuerza podemos producir perturbaciones en este, que serían detectables. Esas perturbaciones son la partícula de Higgs. Aunque se vista de seda… No hay “lavada de cara” que pueda disimular el carácter y la función de la Iglesia. Si hay alguien que no se engañaba al respecto era el propio Hawkings quien se refiere en forma irónica al discurso del Papa que comentamos: “me alegré entonces de que no conociese el tema de la charla que yo acababa de dar en la conferencia. ¡Yo no tenía ningún deseo de compartir el destino de Galileo, con quien me siento fuertemente identificado, en parte por la coincidencia de haber nacido exactamente 300 años después de su muerte!” (ídem). El rol reaccionario de la Iglesia se potencia en las actuales condiciones de bancarrota capitalista. El capital en quiebra no puede prescindir del concurso de la institución clerical, para someter ideológica y socialmente a los trabajadores. Pablo Heller Pablo Heller es profesor de sistemas económicos de la fac. de filosofía y letras, autor de "tasa de ganancia y descomposición capitalista", dirigente del Partido Obrero.

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El Origen de los Zombies y su Guerra.
El Origen de los Zombies y su Guerra.
OfftopicporAnónimo7/25/2012

El origen del vudú se remonta a los tiempos en los que Haití era colonia francesa; esta religión es traída por los esclavos negros procedentes de Dahomey (actualmente la República de Benín). El actual territorio ocupado por Haití en un principio fue colonia española desde 1492 hasta 1697; fecha en la que España cede esta área al imperio francés mediante el tratado Ryswick. A finales del siglo XVII, la principal actividad económica de los Dahomey era el comercio de esclavos. Realizaban sus incursiones entre las poblaciones vecinas, capturando personas que vendían como esclavos a los tratantes europeos. A lo largo del siglo XVIII, se calcula que aproximadamente estaban vendiéndose unos 20.000 esclavos al año, sobre todo de Gran Ardra y Ouidah, localizada en lo que se llamó la Costa de los Esclavos. El Vudú subsistió entre los contingentes negros traídos a América y sus descendientes debido al desinterés por evangelizar a los esclavos por parte de los colonizadores y la vinculación del vudú como símbolo de pertenencia a Africa y al mismo tiempo sirvió como elemento de agrupación política de todos los esclavos negros en Haití. El Vudú reconoce un solo Dios, Bondye o Gran Met. Sin embargo, hay una multitud de espíritus o deidades llamados loa que actúan como intermediarios entre los seres humanos y Dios. El loa, a diferencia de los ángeles cristianas o demonios, tienen poderes significativos relativamente independientes de Dios. Además del loa, Voodoo reconoce los espíritus de los antepasados, Les Mots y el Marasa, los gemelos. Cada persona tiene un cuerpo vivo y dos fuerzas interiores, el ti-bon-ange, tipo de alma universal en la persona y la ange gwo-bon, un alma personal. La persona es inmortal. Los Zombies: De acuerdo con la creencia, un houngan, bokor o hechicero vudú sería capaz mediante un ritual de resucitar a un muerto, que quedaría sin embargo sometido en adelante a la voluntad de la persona que le devuelve a la vida. Estos muertos vivientes son llamados zombis. La palabra podría tener relación con el nombre de una serpiente divina que es objeto de culto en las regiones de lenguas niger-congo (también adorada en el vudú bajo el nombre de Damballa, y que está emparentada con el término kikongo nzambi, que significa dios. Historia y los orígenes de Vudú. Parte de la defensa colonial de esclavitud fue la obligación de los europeos para convertir a los "salvajes infieles" al cristianismo de acuerddo a la óptica católica. En consecuencia, se esperaba que los propietarios de esclavos impartieran formación religiosa cristiana a los esclavos. El origen de los negros trasladados a Haití vienen de tribus asentadas a lo largo del eío Niger, tal como los que llevaron a Cuba y a Brasil, donde se formó el culto de la santería y la macumba respectivamente. De esta manera la mayoría de los esclavos fueron introducidos a los elementos básicos del cristianismo. Sin embargo, los propietarios de esclavos temían a sus esclavos, y temían porciones del mensaje cristiano que trata de la dignidad humana y el valor individual. Los propietarios vieron un peligro revolucionario en su propio cristianismo. En consecuencia, los sacerdotes generalmente tenían prohibidos enseñar a los esclavos más que los rudimentos de la religión cristiana. La leyenda dice que en 1791, un esclavo negro y brujo, llamado Boukman, reconocido lider por la independencia de Haití, condujo a los esclavos en un ritual vudú. Sacrificaron un cerdo y tomaron su sangre, de manera de hacer un pacto con el diablo, mediante el cual ellos convinieron en adorar y servir a los espíritus de la isla por 200 años, a cambio de liberarse de Francia. La rebelión de los esclavos comenzó el 22 de agosto de 1791, y después de 13 años de conflicto, los esclavos ganaron su independencia. El primero de enero de 1804, ellos declararon a Haití la primera república negra independiente del mundo. En la capital Puerto Prícipe se erigió una estatua de un cerdo de hierro, para conmemorar el Contartao Boukman, . Lo cierto es que la influencia del Vudú en la lucha por la libertad, agitaba a los negros al ritmo frenético de tambores. danzas convulsivas. Cantos y letanías que suenan a tierras de África, exaltando su acometividad y audacia por medio de amuletos y objetos religiosos. Peleaban por la libertad, los que caían en los combates, morían sin pensar, con la esperanza de revivir en Africa.. Persecución del Vudú El Vudú, a través de sus concreciones sincretistas, fue un medio de resistencia de los negros a la explotación, facilitando la creación de sociedades secretas cuyas reuniones se hacían en el fondo de los bosques. Sin duda, esas reuniones tomaron con el tiempo un carácter francamente político, pero puede asegurarse que fueron ante todo culturales. Por eso, el Vudú fue perseguido tenazmente por la administración colonial Tras la independencia de Haití en 1804, el Vaticano rompió relaciones con Haití hasta 1860. Durante este período pocos sacerdotes católicos vivieron en Haití y se consolidó el capítulo final del sincretismo de las dos tradiciones religiosas. Tras el regreso del catolicismo romano a Haití en 1860 la Iglesia comenzó una campaña contra el Vudú, culminando en una nueva guerra. Desde los años 50 , especialmente después de la segunda Guerra Mundial, el Consejo del Vaticano, la Iglesia Católica ha incorporado músicaVoodoo , tambores y danza en la liturgia católica para ganarse adeptos del Vudú. Cada vez más, desde 1970, denominaciones protestantes fundamentalistas, casi exclusivamente de los Estados Unidos, han asumido la fuerte batalla contra el Vudú, acusándolos de culto al diablo. El Polvo Zombi Si bien es cierto que es necesaria la cultura vudú para lograr un buen zombi, igualmente es cierto que en Haití el antropólogo Roland Littlewood y el doctor Chavannes Douyon de la Policlínica en Puerto Príncipe han concluido que muchos de los denominados zombis son individuos con desordenes psiquiátricos o con daño cerebral. Según la investigación, este tipo de daño pudo ser producido por epilepsia, falta de oxigenación en el cerebro o trastornos causados por alcohol durante la etapa fetal. Pero hay otro investigador llamado Wade Davis quien viajó a Haití y logró conseguir muestras del polvo utilizado por los Bokores para realizar la zombificación. Este polvo fue posteriormente analizado y se encontraron varios tipos de neurotóxicos como tetradotoxina, datura metel, datura stramonium y ducuna pruriens. El primero de ellos, la tetradotoxina, es encontrada en el hígado de algunas especies de pez globo. Este químico es un potente bloqueador de la actividad nerviosa y administrado en muy pequeñas dosis puede provocar un estado de catalepsia: una muerte simulada. Por desgracia, el efecto solo es sobre los estímulos nerviosos, y la víctima está en todo momento consciente de lo que sucede a su alrededor. Y sí, la persona ve como es enterrada viva. Los otros dos componentes (datura metel y datura stramonium) son plantas que tienen un efecto alucinógeno además de provocar amnesia en el individuo. Por último la Mucuna pruriens es un planta con componentes psicomiméticos y que pueden tener actividad alucinógena. Y por si no fuera poco, una vez desenterrado el prospecto de zombi éste es alimentado con una pasta de atropina y escopolamina, que son disociadores alucinógenos que impactan sobre los neurotransmisores y las endomorfinas del cerebro. Visiten mi post sobre Haití y como este pequeño pais ayudó a la lucha por la independencia del resto de Latinoamérica, brindando no solo armas sino hombres, su lucha por la libertad contra las potencias colonialistas y esclavistas. Los Esclavos Negros de Haiti - Primer Pais Libre de America.

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