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Usuario (Guatemala)
Los valores de una cultura son coherentes con su producción literaria. En 1954, el golpe de Estado comandado por el coronel Carlos Castillo Armas logró derrocar Juan José Arévalo, lo que causó que muchos involucrados con su gobierno revolucionario salieran al exilio, entre ellos José María López Valdizón, autor nacido en Rabinal, Quiché en 1929. Su obra está comprometida con su ideología de tendencias comunistas. Su libro La vida rota fue publicado por Ediciones Casa de las Américas en La Habana, Cuba, en 1960 como reconocimiento al obtener el Premio Hispanoamericano de Cuento con dicho libro inédito. De vuelta en Guatemala, continuó con su lucha; fue uno de los representantes del grupo literario Saker-Ti. En 1975 fue llevado por la fuerza y desaparecido. La vida rota consta de 14 relatos, todos escritos bajo la estética del realismo crítico que propone la percepción y conocimiento de la realidad a través de los sentidos, la crítica social, rebelión del individuo contra su destino, opresión del protagonista por los miembros de su misma clase, y en este caso particular, la voz principal es la de los personajes quienes narran su propia historia. Aunque la producción literaria de López Valdizón, no es amplia sus personajes logran una profundidad sicológica considerable, sin desligarse del ámbito social particular que los victimiza. Los cuentos reflejan el profundo conocimiento del autor de la vida en el área rural. El tema de la muerte es recurrente, pero en Alma en pena se ubica en dos planos, el limbo o el período entre la muerte y lo que está más allá, y su coincidencia con la realidad. La voz principal es la del personaje-progagonista que narra su historia desgarradora por medio de una conversación que adquiere un carácter de cercanía con el lector, reforzada con la dureza de la introspección del personaje en sus recuerdos confusos. Es resaltante la efectividad comunicativa que logra el autor con su propuesta estética, que no sacrifica su sentido humano y social ante un discurso estéticamente elaborado. El relato inicia cuando un hombre de aspecto extraño se aparece de pronto preguntando por Baudilio Bautista. Luego aclara que es él mismo quien se llama de esa manera y explica que fue víctima de una venganza por adulterio, pero no sabe si el muerto es él u otro. Se identifican dos niveles sociolingüísticos en el texto. El protagonista principal es de origen rural, y quienes presencian su aparición parecen ser de un nivel superior, de un ambiente urbano por el apelativo de “paisano”, que le dan a Baudilio. El contenido del texto refleja un dominio de la función conativa, su disposición en diálogos permite al lector acudir como participante silencioso de la conversación. El cuento tiene un tono sombrío y de confusión que se percibe sin excepción en los personajes. La muerte es una situación que escapa al ser humano, por lo que la impotencia es otro aspecto implícito. El tema es la búsqueda de un personaje atrapado entre dos mundos que aún no ha comprendido su nueva condición existencial. Presenta pocas composiciones gramaticales que corresponden a dichos comunes en la variación del habla guatemalteca como “estiró la pata”, “Ni hagan ojo pache” y “Por una cuestión de faldas”. Sin embargo se ubica en el país refiriendo lugares y accidentes geográficos. Los adjetivos están presentes con una función descriptiva simple, pero enfatizan la percepción emocional: “Más, no puede negarse que su semblante enigmático nos pareció raro al extremo de sobrecogernos tremebunda la duda de que fuera un alma en pena”. El relato se inicia con una pregunta directa, luego ubica al lector con una corta descripción sensorial de la situación y pasa al diálogo entre el personaje principal que es Baudilio y uno colectivo que habla en primera persona del plural: - “Nos miramos ciertamente extrañados”, - “Pues, verán, tengo un hermano gemelo”. Las interrupciones en el tono del relato dan con acierto la impresión de que el hablante no domina sus propios sentimientos y se encuentra en un estado de angustia. Los interlocutores reflejan la confusión que presenta la situación. El uso de figuras retóricas se ve disminuido debido a la premisa del autor de reproducir el habla coloquial. Es necesario leer todos los cuentos para tener una opinión certera, pues cada uno de ellos representa un mundo similar, pero particular con una vivencia cruda y descarnada en cada uno. López Valdizón no necesitó de un manifiesto de sus ideas para comunicar al lector la realidad que él veía, ni de adoctrinamientos para despertar la sensibilidad de quien vive en esta sociedad e ignora la realidad del área rural.