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Primer post: 12 ene 2015Último post: 12 ene 2015
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Los Hoteles más Raros del Mundo
Los Hoteles más Raros del Mundo
InfoporAnónimo1/12/2015

En un avión, a varios metros bajo el agua o dentro de un ataúd, hospedarse en un lugar nunca había sido tan excéntrico. Magic Mountain Hotel (Chile) Los visitantes del hotel están completamente rodeados por la naturaleza, con la posibilidad de cazar o ir de pesca a la cercana reserva natural de Hulio Hulio, como así también observar a las águilas o a los pumas, que merodean cerca del hotel. El hotel lleva su nombre por una antigua leyenda que hablaba sobre una montaña mágica que concedía deseos y obraba milagros, y realmente, el lugar es mágico. Poseidón Undersea Hotel (Islas Fiji) El primer y único hotel bajo el agua, y es que es evidente la larga lista de espera que hay para entrar en él, ya que permite ver las profundidades del mar e incluso poder darle de comer a los peces, prácticamente sin levantarte de la cama. Ice Hotel (Canadá) Un grandioso hotel construido enteramente de hielo en el que podrás pasar unas noches realmente inolvidables, ya que es una auténtica joya de la arquitectura, por lo que los varios grados bajo cero, y el que cuando llegan las temperaturas cálidas se derrita la mayor parte del hotel, seguro que esta compensado. Luna Salada (Bolivia) Es el único hotel que está completamente construido en sal, desde el suelo hasta los muebles. Al estar ubicado en la región boliviana de Potosí, Luna salada está azotado por climas tremendamente fríos, que alcanzan algunas veces los diez grados bajo cero. Pero el hotel ha previsto este problema, y su estructura arquitectónica está planeada para brindar calidez a sus huéspedes. Hotel de Arena (Inglaterra) Está en Dorset, Inglaterra y se utilizaron unas 1000 toneladas de arena en su construcción que fue construido en una semana por un equipo de cuatro escultores trabajando 14 horas diarias. La construcción se realizó para celebrar el constante incremento en el número de turistas que se acercan a las costas británicas; ya que según estudios, alrededor de 37 millones de personas (aproximadamente) las visitan cada verano. Hotel Cueva Gamirasu (Turquía) Es un conjunto de siete casas antiguas con 18 habitaciones, de las cuales 9 son estándar, 4 de lujo, 2 cuevas suites, 2 suites y 1 familia superior suite. Algunas de las habitaciones eran en realidad células monje, muy utilizadas por los monjes cristianos, hasta hace poco. Hotel Arlanda-Jumbo Stay  (Suecia) Ofrece un alojamiento único dentro de un jumbo jet modelo 747-200 construido en 1996 y que fue operado por una compañía aérea sueca. El avión-hotel se encuentra en el aeropuerto de Estocolmo Arlanda (a 42 kilómetros del centro de la ciudad). Una de las habitaciones “estrella” es la que está en la propia cabina del avión, que es en suite y posee amplias vistas a las pistas del aeropuerto. Hotel Cárcel (Alemania) Un inodoro al lado de una estrecha cama, fuertes barrotes de acero y un pijama a rayas son algunas de las cosas que hay en el Hotel Alcatraz, en Kaiserslautern, al oeste de Alemania. Un hotel rodeado por alambres de púas, barras en las ventanas, o ventanucos y con un curioso servicio de transporte. El hotel Alcatraz es el único hotel en el que será usted recibido como todo un delincuente, y en el que quedará condenado a disfrutar de una copa entre rejas. Hotel Woodpecker (Suecia) Se encuentra a nada menos que 13 metros sobre el suelo, en la copa de un árbol. El hotel solo tiene una habitación, la cual cuenta con biblioteca, cocina, calefacción y baño, por lo que nos preguntamos el donde irán a parar los desechos del mismo. Hamster Villa (Francia) Es el único del mundo que ofrece a sus clientes la sensación de vivir como un auténtico hamster cuidando hasta el más mínimo detalle. Hay de todo, desde camas de heno, hasta buffet libre de granos de arroz servidos en cuencos, sin poder faltar por supuesto una enorme rueda para poder ejercitarse. Pero esto no es todo, ya que los viajeros al pasar por recepción deberán disfrazarse de hamster. Fin del post, espero les haya sido interesante.

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Burbujas de Jabón bajo cero
InfoporAnónimo1/12/2015

Las bajas temperaturas del invierno (en otra parte del mundo) logra congelar burbujas de jabón en los -33 grados F (-36°C). La sensación térmica Si en una mañana de invierno la temperatura es de 0 ºC y existen condiciones de calma (sin viento), si estamos normalmente abrigados no sentimos frío. Pero a la misma temperatura y con viento de 40 Km/h, la sensación térmica equivale a una temperatura de -15ºC (15ºC bajo cero). En la siguiente tabla puedes calcular la sensación térmica por efecto del viento. En el verano el elemento que aumenta la sensación de bochorno es la humedad. Cuando la humedad es elevada, el valor de la sensación térmica es superior al de la temperatura del aire. En este caso la sensación térmica refleja la dificultad que el organismo encuentra para disipar el calor producido por el metabolismo interno y nos sentimos incómodos. Si en el verano la humedad es baja, la sensación térmica es menor que la temperatura real del aire. En este caso notamos una sensación de bienestar, porque la piel se enfría más debido a una mayor evaporación de la transpiración. Cuando la temperatura del aire es menor que 32ºC (temperatura de la piel), el viento disminuye la sensación térmica. En cambio si la temperatura supera los 32ºC la aumenta. Fin del post, espero les haya sido útil e informativo!

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Italia en la segunda guerra mundial.
InfoporAnónimo1/12/2015

Desde que empezó la guerra en setiembre de 1939, Italia se mantuvo neutral, a pesar de la presión que ejerció Alemania para que cumpliera lo estipulado oportunamente en el Pacto de Acero. Mussolini , maestro en el terreno de las palabras, definió su actitud declarándose no beligerante, fórmula ambigua y dilatoria que encerraba todos sus temores e incertezas en ese momento crucial de Europa y del fascismo. Italia no estaba preparada para la guerra y sus ocho millones de bayonetas eran un bluff que le sirvió en los años de entre guerras pero que ahora se le volvía en contra. Nunca antes en la historia de la humanidad un ejército ficticio cumplió un rol protagónico como el ejército fantasma que Mussolini inventó con su poder de seducción e inventiva. El gran periodista en su rol de estadista, en vez de diagramar sensacionales primeras planas en los diarios, convenció al mundo político de que Italia era una superpotencia militar capaz de despertar en cualquier momento. Paradójicamente el único que estaba al tanto de esta gran mentira era su aliado Hitler, bien informado por sus servicios de inteligencia. Sin embargo, era tanta la admiración que el Führer profesaba por su amigo italiano, que en cierta forma lo acompañó en ese juego y nunca lo abandonó, ni aún después de los desastres militares italianos en Grecia y África. Cuando sus planes de guerra se vieron afectados por los desatinos de su aliado latino, en vez de abrirse, salió en su ayuda pagando un precio que más tarde se revelaría altísimo… La intervención de Italia en la Segunda Guerra Mundial Mussolini, por su parte, desconfiaba de Hitler. Luego esa desconfianza se transformó en miedo a ser invadido desde la frontera austríaca por lo que ordenó fortificar toda la frontera italo-alemana hacia finales del año 1939. El gran error de Mussolini, como por otra parte de Chamberlain y Daladier, fue ceder sumisamente a las pretensiones de Hitler entre 1935 y 1939, sin imponer un límite cuando todavía podía hacerlo a nivel militar. La anexión de Austria en marzo de 1938 tuvo consecuencias gravísimas para Italia que a partir de entonces quedó expuesta en su flanco norte a la prepotencia alemana. Si Mussolini se hubiese demostrado firme como lo hizo en 1934, Hitler no habría ocupado Austria sin evitar una guerra para la cual aún no estaba preparado. La conferencia de Munich en septiembre de ese mismo año terminó sellando la suerte de Mussolini mucho antes de que Italia entrase en guerra. El 18 de marzo de 1940, Mussolini y Hitler se encontraron en el Brennero pero el Duce siguió sin definirse. Por otro lado, Roosvelt y Churchill lo presionaban para que se mantuviera neutral. Evidentemente estaba en una encrucijada con un panorama sombrío ante sus ojos. Si se mantenía neutral, sabía que Hitler en algún momento se cansaría de esperar e invadiría Italia de la noche a la mañana. Si se pronunciaba a favor de los aliados, la venganza alemana hubiera sido igualmente terrible, considerando que su capacidad defensiva era prácticamente nula. Además Mussolini sabía perfectamente que no podía contar con el apoyo de Inglaterra y los Estados Unidos, sobre todo, después de ver cómo éstas habían abandonado a su suerte, primero a Polonia y luego a Francia. Contra la creencia general que condena a Mussolini por su decisión de entrar en la guerra en 1940, personalmente considero que la caída del fascismo quedó sentenciada entre los años 1936 y 1938, a raíz de una política exterior desacertada, conducida por un personaje inepto como el conde Galeazzo Ciano, cuyo único mérito era ser yerno de Mussolini. La guerra en Etiopía tuvo un alto costo de vidas humanas y recursos financieros que no justificaron la empresa; la pasividad ante el expansionismo alemán fue sencillamente suicida para un país que terminó siendo satélite de su “aliado del norte”; la asistencia militar a las fuerzas de Franco durante la guerra civil española provocó un descalabro financiero que a Italia no le reportó ningún beneficio; y las leyes raciales establecidas en Italia en 1938, dictadas para congraciarse con el régimen nazi, no solo representaron una vergonzosa sumisión a la prepotencia alemana sino que marcaron un quiebre entre la sociedad y el régimen fascista, porque los italianos nunca aceptaron una ideología racial que hasta el propio Mussolini descalificó como un absurdo científico en la famosa entrevista con el periodista Emil Ludwig, apenas seis años antes de su dictado. Tantas incoherencias y cesiones gratuitas desembocaron en la situación de 1940 cuando Italia ya no tenía ninguna posibilidad de elegir su destino. En diciembre de 1939, Mussolini le confesó a Dino Grandi que si Alemania ganaba la guerra, el destino de Italia sería en el mejor de los casos el de una colonia al servicio del imperio alemán. Por el contrario, si Alemania perdía la guerra, a él lo colgarían e Italia quedaría sujeta a las peores humillaciones. Hoy a la luz de los hechos resulta fácil condenar su decisión de entrar en guerra al lado de Alemania, pero en junio de 1940 sólo un demente podía pensar que Alemania iba a perder la guerra. Por entonces gran parte de Europa se hallaba bajo el dominio alemán y acababa de caer una potencia milenaria como Francia que ciertamente no era la república de San Marino, como algunos historiadores quieren hacer creer para agigantar los errores del Duce. En una de esas conversaciones que Mussolini y Hitler mantuvieron pocos días antes del ingreso de Italia en la guerra, éste último persuadió a su amigo italiano con un lenguaje descaradamente sincero. En aquella oportunidad le dijo textualmente: “Duce, usted sabe cuánto lo admiro, pero es mi deber advertirle que si me entero que Italia me traiciona le envidiará el destino a Polonia porque al menos los polacos no me traicionaron…”. En Italia, además, los grandes diarios e incluso el rey que antes había apoyado la neutralidad, presionaron a Mussolini para que interviniera al lado de Alemania. Hasta los grandes industriales y destacados intelectuales dijeron que se trataba de una ocasión irrepetible y que era imperdonable no aprovecharla. Todas estos altos exponentes de la vida italiana, después de la guerra, sufrieron una amnesia general y culparon a Mussolini por haber arrastrado a Italia a una guerra que nadie quería. Por suerte los medios gráficos y escritos de la época perduran en los archivos para desmentir esta farsa construida durante la posguerra. Muchas veces, para ilustrar la actitud de Mussolini en esos días, se pone el ejemplo de Francisco Franco que se mantuvo neutral a pesar de las presiones recibidas en sentido contrario. Se trata de un ejemplo equivocado, teniendo en cuenta que España es un país periférico sin demasiada incidencia en el Mediterráneo. Italia, en cambio, ocupa un lugar estratégico en el mapa europeo que ni los aliados ni los alemanes podían darse el lujo de ignorar. Franco pudo elegir, Mussolini en cambio no tuvo alternativas. Volviendo al 10 de junio de 1940, ese día desde el balcón de Palazzo Venezia, Mussolini anunció su declaración de guerra contra Francia e Inglaterra. A partir de ese día Italia dejaba de ser dueña de sus actos y unía su destino al de Alemania. El plan de guerra de los italianos era un gran secreto y nadie sabía cuáles serían las primeras acciones de Mussolini. Los servicios de inteligencia alemana pronto descubrieron que ese gran secreto no se debía a la discreción del alto mando italiano sino a la ausencia de plan alguno. Las hostilidades se iniciaron con un traicionero ataque a Francia en el sector de los Alpes occidentales, en lugar de ocupar Malta, un error estratégico que el Eje pagaría muy caro en su guerra africana. El ejército italiano, sin preparación alguna, estaba guiado por el príncipe de Saboya, acompañado de condes, duques, marqueses y jerarcas del partido fascista que buscaban la gloria personal en una aventura que recrearía las experiencias de Etiopía. En fin de cuentas, Mussolini les había asegurado que se trataba de un paseo triunfal, un simple trámite en vistas de las futuras conversaciones tras la caída de Francia. “Necesito unos cuantos miles de muertos en el campo de batalla para sentarme en la mesa de negociaciones”, resumió Mussolini con un increíble desprecio por la vida de sus hombres. Muy pronto, sin embargo, el paseo se transformó en pesadilla y a pesar de que Francia estaba siendo desmembrada por los alemanes, las tropas francesas se enfrentaron heroicamente al invasor italiano provocándole cuantiosos daños y bajas. Afortunadamente para los italianos, el día 24 de junio cesaba la guerra en el frente occidental. Francia se había rendido a los alemanes y ahora era el turno de recoger una porción de la torta. Al menos eso es lo que pensaba Mussolini que pretendía Córcega, Túnez, Avignon, Valenza, Lyon, Casablanca y otras franjas de ocupación a lo largo del Rodes. Hitler, con su habitual diplomacia se encargó de hacer aterrizar a Mussolini, explicándole que las condiciones del armisticio las iba a dictar él. Mussolini, furioso y humillado en su orgullo, regresó cabizbajo a Roma donde firma un armisticio menor que debía entrar en vigor a la vez que el franco-alemán. Allí se estipula la desmilitarización de una franja de 50 kms de anchura en la frontera ítalo-francesa y en la libio-tunecina, así como la utilización del puerto de Djibuti y del ferrocarril de Addis Abeba. Demasiado poco para las aspiraciones iniciales de un hombre que se creyó a la par de los alemanes por haber librado una batalla de 5 días con los franceses ya derrotados. Y para finalizar les dejo una curiosidad... Se dice que los tanques italianos avanzaban 60 kilómetros en una semana para llegar al campo de batalla y al encontrarse con el ejército inglés, se dice que podían replegarse esos mismos 60 kilómetros en solo un día.

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