Mily51
Usuario (Argentina)
Hombres y mujeres, ¡tan diferentes y tan complementarios! No tendré que insistir en que estas diferencias no son de altura, de nivel o calidad. Ni el hombre ni la mujer son superiores el uno al otro. Son diversos. Un hombre tiene su energía vital concentrada mientras la mujer la tiene mucho más dispersa. El hombre funciona por sacudidas, la mujer por constancia. Así un hombre podrá cambiar en una mañana todos los muebles de una casa para, a continuación, sentarse a leer el periódico sin que nadie ose molestarle. Una mujer puede estarse doce o quince horas con pequeñas ocupaciones sin darse un respiro. El hombre hace una cosa detrás de la otra y la mujer es capaz de hacer cinco cosas a la vez, con el riesgo de dar tanta importancia a los detalles que pierde lo esencial. Para la mujer todo es urgente y muy pocas cosas son importantes. Nadie como ella es capaz de resolver los acontecimientos imprevistos. Así son ellos: El hombre es más cerebral. Su pensamiento discierne de forma lineal planteándose unas premisas y llegando a sus conclusiones. No sabe mover un dedo sin saber porqué. Le interesan los datos escuetos con el menor número de adornos. Se siente atraído por las ideas. Son su motor. No obstante, como se maneja muy bien en ese mundo de las abstracciones, puede confundir a veces ideas y realidad. Así son ellas La mujer es eminentemente intuitiva. Ve las cosas y las personas desde el interior. Piensa con el corazón, eso la lleva a comprender a los demás sabiendo captar los sentimientos y deseos. Sabe buscar a las personas que hay detrás de cada hecho. Pregunta antes quién se ha caído, que qué se ha hecho. Su viva imaginación le permite reconstruir escenas y situaciones ante los acontecimientos con gran penetración y golpe de vista. Esa imaginación la lleva a valorar los hechos según la resonancia interior que le producen y a proyectarse en ellos. La herida del golpe del niño le duele a ella. Más sobre el hombre El hombre se siente atraído por la magnificencia, por la causa que es preciso servir. La realidad inmediata le sirve menos que las grandes corrientes de pensamiento y las perspectivas de futuro. Aunque no tenga una actividad intelectual, desea conocer por dónde va el mundo. La mujer quizá no lee todos los días el periódico, pero hace la historia. Precisamente porque la vida es primariamente vida cotidiana y sobre ese fondo acontece todo lo demás, ha podido decir Julián Marías que la historia tiene coherencia, no es un disparate, porque la mujer durante milenios ha restablecido la normalidad. El hombre difícilmente modifica una decisión después de tomarla. Se fija más bien en las tareas que en las personas y por ello defiende con tenacidad sus puntos de vista. El hombre es agresivo, arrollador, tajante. Intenta vencer sin convencer. Sabe menos de tácticas y estrategias, cuando busca algo traza la línea recta como la más corta entre dos puntos. No sabe triangular. La mujer es más refinada, más acogedora y, en definitiva, más hábil. Conoce sus fuerzas, calcula sus oportunidades. El hombre trata de vencer y la mujer trata de agradar. La mujer es más cambiante, más rica en matices, más adaptable a las circunstancias. La técnica del camaleón la utiliza con habilidad y certeza. De aquí que sea tan importante en el hombre escuchar más que hablar y traducir más que escuchar. Es de la máxima utilidad para el hombre que se elabore a lo largo de los años un buen diccionario. Necesitará recurrir a él para traducir que, cuando su mujer se desvanece con un suspiro de cansancio por el ajetreo de un día muy cargado, aquella fatiga no se resuelve con una cómoda tertulia después de la cena, sino con una salida a cenar a un restaurante que se encuentra a veinte kilómetros. El hombre alcanzando un éxito profesional se asegura, se llena de fuerza y le desborda la satisfacción. Lo da todo por lograr una meta, por el triunfo sobre una dificultad. A la mujer le hace feliz la satisfacción que su trabajo produce en los demás. El trabajo mecánico le deprime y todo lo que significa relación con las personas le atrae. Pero ella sabe poner ilusión en lo pequeño, mientras que el hombre no ha descubierto que también lo menudo es hermoso. Cuando una mujer se queja de que el hombre no cuenta en casa sus problemas profesionales no ha caído en la cuenta de que ése es un comportamiento estanco para él. Además no sabe expresarse, habla con monosílabos o frases sin sentido concreto. La mujer necesita hablar de lo que ha hecho. Sea cual sea el precio de las tarifas telefónicas, es comunicativa y expresiva. Está deseando que el marido llegue a casa para contarle las cosas de los niños, de los vecinos, de los parientes. Le gustaría que su marido expresase más satisfacción por esa comida, aquella flor y traduce con un mal diccionario la falta de delicadeza como la falta de cariño.