MelodyNavarro
Usuario (Argentina)
La casa abandonada se veía realmente atractiva. En especial para los jóvenes que buscaban lugares solitarios para estar a solas. Los niños, tocaban el timbre desgastado que parecía gritarle al aire mismo que ya no podía mas, que lo dejaran de molestar. Pero la casa estaba vieja y desabrida. Las enredaderas crecían adentrándose en las los ladrillos quebrantados por los fuertes golpes que le dieron en el pasado. Antes vivía gente, y la casa se llenaba de vida por los gritos provenientes de la misma, pero todo cambio cuando paso eso. Un terremoto. Los dueños de la vivienda simplemente huyeron entre el cúmulo de personas que se estaba formando. Porque ninguno permanecía en su casa sin entrar en el más recóndito de los pánicos que se habrían imaginado jamás. Pero el matrimonio, lo había tomado muy bien, he incluso resistieron en la casa. Pero todo paso demasiado rápido, y la morada mas afectada fue esa casa, la casa de los sueños perdidos, de las ilusiones rotas, de las miradas perdidas de dolor y angustia que pedían socorro a cada segundo de lo que quedaba de su existencia, las vidas de Ana y Bruno. Ellos murieron en esa casa. La amaban, cuidaban cada milímetro contado de esa casa. Aun recuerdo sus gritos pidiendo ayuda, cuando era sabido que nadie iba a hacerlo. Solo se limitaban a oír sus gemidos, mientras la vida se escapaba en cada palabra que podía expedir su garganta totalmente alterada, cuando sus almas no estaban preparadas para irse, daban a voz los pocos minutos de vida que les quedaba para conseguir que alguien se compadeciese, y les tendiera una mano. Pero nadie lo izo, estaban demasiado ocupados en salvarse a si mismos como para atender a unos extraños que estaba a punto de morir. El primero en morir fue Bruno. Ya me lo imagino, aun la escena y todo lo demás. Me imagino a Ana, tratando de mantener vivo a Bruno mientras este estaba agonizando, y pidiendo perdón si alguna vez la hirió en alguna forma. El ventilador de techo atravesaba a Bruno produciéndole un dolor inconsolable y a la misma vez robándole la vida. Dicen que Ana tomo sus manos entre las suyas y no dejo de mirar sus ojos hasta que la luz se fue de su contemplación, refregándole que solo quedaba ella. Ella no podía levantarse, y estaba consiente que quedaría paraláctica todo su vida porque no podía moverse en absoluto, y porque podía ver a los huesos abriéndose paso a través de su piel. Ana se suicido. Suponiendo el dolor que sentía en ese momento, el pensar lo que seria su futuro en esos instantes... no la hizo resistir mucho más y se dejo morir. Según recuerdo, decían que habían oído a los médicos hablando sobre Ana. Que se habría arrancado un hueso de su propia pierna, y se lo clavo en el corazón, pero no sin antes abrazar a Bruno. Los enterraron juntos en un cementerio de Washington. No se si alguna persona sentirá algo relacionado a ‘’culpa’’. Lo cierto es que ya han pasado nueve años. Yo… aun lo recuerdo. Tenía 6 años, pero aun recuerdo. Nunca me atreví a jugar con algo relacionado a esa casa, no podía y no debía. Tengo demasiado respeto a aquella casa. Pero muchas veces me invade la curiosidad, y mis impulsos intentan someterme a toda costa. ¿Respecto a que se preguntaran? Tengo ansias insostenibles, que me carcomen el alma a medida trato de ignorar mis deseos más profundos de conocer lo irreconocible. Necesito entrar a esa casa. No puedo frenarme, y entonces comienzo a planear como adentrarme por la noche he investigarla a fondo. Voy a sosegar los impulsos más contenidos en mi corazón. Ellos por fin van a poder ser saciados, y voy a estar excelente por lo menos durante un tiempo. Bien… no va a ser del todo difícil poder escapar de casa de noche. Vivo con mi abuela y a ella no hay quien la despierte una vez que pega un ojo. Estoy de vacaciones y al único lugar que he podido ir con consentimiento adulto fue a la exposición de del nuevo libro que exponía mi autor favorito. Y eso quedaba a mitad de cuadra, así que realmente no fue gran cosa. Necesito algo emocionante, y es esa casa. Y no, no puedo acompañarme de ningún amigo porque sinceramente no los tengo. Y mi mejor amiga esta demasiado ocupada en sus propios asuntos como para prestarle atención a ‘’ mis cosas de niña inmadura’’ como siempre dice. Y eso sin contar que vive bastante lejos y solo nos vemos en época escolar. Estoy sola y se lidiar perfectamente con eso. Pero no todo es soledad, tengo al mejor amigo del Hombre, un perro. Bueno, una perra quise decir y su nombre es Molita. Un día entre tantos ayee un cachorrito completamente maltratado entre dos gatos que intentaban darle su merecido como venganza por tantos años de estar bajo sus patas, dicho de una manera. Supongo que no podría ser por nada más, aunque también solo por molestar y pasar el rato. Lo libre de su futuro destino lleno de trampas a medida que creciera, y le propuse hacerme compañía y el recibiría todo lo necesario y más a recompensa. Pero ella no lo veía de esa manera. Ella me quería, y no solo por el hecho de rescatarla de una vida sin sentido, si no porque tan solo me quería. Su cariño era mucho mas grande del que había recibido por cualquier otra persona. Incluso casi como el de mi abuela. Pero Molita era diferente a los demás perros, algunas veces podría haber jurado que la vi sonreír. Su altura era muy prometedora, es decir, ella creció más rápido que yo hasta que llego mi turno. Hoy llega hasta mis rodillas, quizás un poquito más, y cumplió los 6 años. Era a ella a quien iba a escoger para explorar aquel lugar, lleno de misterio por descubrir y explorar. Me encontraba recostaba en mi cama, pero no me había colocado el piyama para dormir. Abuela Niara paso enfrente a mi cuarto y dio las buenas noches. Yo le respondí amablemente y me eche en la cama a fingir que entre al mas profundo de los sueños. Prendí la pequeña luz que proporcionaba mi reloj, y observar hasta que fueran las once de la noche. La hora llego, y proseguí a continuar con mi plan. A paso sigiloso y ágil, entre abrí la puerta que daba a la recamara de mi abuela, y sonreí. La volví a cerrar lentamente. Ya afuera, cerré la puerta con las llaves que me había concedido la abuela. Buscando a tientas a Molita, ice sonar un chasquido de dedos que Molita respondió casi al instante y sacudiendo su rabo a favor mio. - Ven Molita, tengo un presentimiento. Creo que esta va a ser la noche más emocionante de nuestras vidas. Vamos, y aceme el favor de no despegarte de mí ni un segundo. Podría haber ratas del tamaño de tu cabeza. Una risa contenida escapo de mi garganta. Podía divisar la casa a lo lejos. Y su aspecto en la oscuridad era realmente escalofriante. Pero parecía llamarme a gritos. O más bien podrían ser los fantasmas de Ana y Bruno. Bianca se alejaba de su casa como el sol se aleja del cielo al llegar el atardecer. Acompañada por su perra Molita, sostenía en la mano izquierda un celular para usarlo como linterna. El viento soplaba desde el sur, y sacudía los cabellos de Bianca adjuntados en una sola colita. La luna parecía observar cada movimiento realizado esa noche, e parecía intentar detenerla cuando algunas nubes la cubrían para no dar luz alguna a la chica y su perra. Pero ella no se acobardaba, mas seguía adelante para satisfacer los anhelos de su corazón.