Mazito3
Usuario (Argentina)
Las líneas de Nasca revelan sus espíritus Foto de Robert Clark Las líneas de Nasca revelan sus espíritus Por Stephen S. Hall Desde las alturas, era difícil ver las líneas que marcan el suelo desértico. Mientras nuestro piloto volaba en círculos sobre una árida meseta del sur de Perú, al norte de la población de Nasca, apenas podía distinguir una serie de figuras bellamente realizadas. “¡Orca!”, gritó el arqueólogo peruano Johny Isla, tratando de hacerse oír sobre el estruendo del motor y señalando la silueta de una ballena asesina bajo nosotros. “¡Mono!”, anunció momentos después, cuando el famoso mono de Nasca se reveló ante nuestra mirada. “¡Colibrí!”. Desde que alcanzaron enorme reconocimiento a finales de los años veinte, cuando comenzó la aviación comercial entre Lima y la austral ciudad peruana de Arequipa, los misteriosos dibujos del desierto, conocidos como líneas de Nasca, han intrigado a arqueólogos, antropólogos y cualquier interesado en las culturas antiguas del continente americano; y casi durante ese mismo lapso, infinidad de científicos y aficionados han hecho interpretaciones personales de las líneas. Así, en distintos momentos las han caracterizado como caminos incas, proyectos de irrigación, imágenes que podían apreciarse sólo desde primitivos globos de aire caliente y, la más risible de todas, pistas de aterrizaje para naves extraterrestres. Al concluir la Segunda Guerra Mundial, una maestra alemana de nombre Maria Reiche realizó los primeros estudios formales de las líneas y figuras, llamadas geoglifos, que yacen en las afueras de Nasca y la cercana población de Palpa. Durante medio siglo y hasta su muerte, en 1998, Reiche desempeñó un papel determinante en la conservación de esos trazos. La ferocidad con que protegió aquellas líneas de la intervención extranjera ha sido adoptada por los cuidadores de la actualidad, de suerte que hasta los científicos más serios tienen dificultades para acceder a las figuras zoomorfas más famosas de la pampa que se extiende inmediatamente al noroeste de Nasca. Sin embargo, desde 1997 una importante investigación peruano-alemana ha trabajado cerca de la ciudad de Palpa, un poco más al norte. Bajo la dirección de Isla y Markus Reindel, miembro del Instituto Arqueológico de Alemania, el Proyecto Nasca-Palpa ha realizado un estudio sistemático y multidisciplinario de los antiguos pueblos de la región. Sueños de Shanghái Foto de Fritz Hoffmann Sueños de Shanghái La ciudad global de China intenta recuperar las glorias de su pasado; esta vez, en sus propios términos. Por Brook Larmer El mundo secreto del viejo búnker de Shanghái parece existir en un universo paralelo. Arriba, en la calle salpicada de sol, trabajadores migrantes sorben almuerzos de arroz y tofu, mientras grupúsculos de oficinistas en impecables camisas blancas pasan frente al pequeño señalamiento en la acera. En la entrada oscura, una joven baja una escalera hacia un sitio que conoce solamente como “0093”. La mujer –Sheng Jiahui, de 22 años, quien se hace llamar Sammy– pasa un par de puertas de metal contra explosiones y se adentra en pasillos mal iluminados. El refugio irradia una tonalidad verde artificial. En su penumbra perpetua, el 0093 aún evoca la claustrofobia opresiva de la guerra y la revolución comunista que extinguió los buenos tiempos de Shanghái, cuando la mezcla entre Oriente y Occidente transformó la ciudad en el París del Este. Una puerta cruje al abrirse y la explosión sonora de una guitarra eléctrica irrumpe en el pasillo. Bajo un póster de la leyenda de la guitarra Jimi Hendrix, cuatro jóvenes shanghainesas –las otras integrantes del grupo de punk rock de Sammy, Black Luna– empiezan a ensayar. El búnker, una vez símbolo de una sociedad herida y encogida por el miedo, se ha convertido en terreno fértil para la escena musical de Shanghái. Los estudios para ensayar en el 0093 han ayudado a incubar más de 100 bandas locales, revitalizando una cultura que hoy, al igual que antes, desdibuja la división Oriente-Occidente. Sammy se deshace de su chaqueta y el grupo toca fuerte. Orange, de 20 años, golpea la batería; Juice, de 23, rasga cuerdas a la velocidad del tren de levitación magnética de la ciudad. Sammy canta y sus flequillos suben y bajan en doppio movimento. “Somos aves recién nacidas, pero nuestros sueños son grandes –grita Sammy–. Que el mundo entero nos escuche cantar”. [...] Plantas asesinas Foto de Helene Schmitz Atracción fatal Seducen a los insectos hacia sus trampas mortales y luego devoran su carne. ¿Es la manera como debe comportarse una planta? Por Carl Zimmer Una mosca se lanza entre los pinos en Carolina del Norte. Atraída por lo que parece el aroma de néctar de una mancha escarlata en forma de flor sobre el suelo se posa sobre la acolchada superficie de una hoja rojiza. Toma un sorbo del líquido dulce que rezuma de la hoja, rozando con la pata un pelo diminuto y luego otro. De pronto, se encuentra rodeada por paredes. Ambos lados de la hoja se están cerrando y las espinas en sus bordes se entrelazan como dientes de una mandíbula. Mientras la mosca lucha por escapar, la trampa se aprieta hasta cerrarse. Ahora, en vez de ofrecer néctar dulce, la hoja libera enzimas que corroen gradualmente las entrañas de la mosca hasta convertirlas en una sustancia pegajosa. La mosca ha sufrido la máxima humillación para un animal: la mató una planta. La pantanosa sabana de pinos en un radio de 140 kilómetros en Wilmington, Carolina del Norte, es el único lugar donde las Venus atrapamoscas son autóctonas. También es hogar de otras especies de plantas carnívoras, menos famosas y más extendidas pero no menos extrañas. Se pueden encontrar plantas insectívoras con hojas como copas de champaña, en las que los insectos (y a veces animales más grandes) se pierden y mueren. Las droseras envuelven a sus víctimas en un abrazo pegajoso. En estanques y arroyos crecen utricularias, que succionan su presa como si fueran aspiradoras submarinas. Hay algo maravillosamente inquietante en una planta que devora animales. Quizá la manera en que echa por tierra todas las expectativas. Carlos Linneo, el naturalista sueco del siglo XVIII que concibió el sistema para clasificar la vida, se oponía a esta idea. Si las Venus atrapamoscas en efecto comieran insectos, declaró, eso iría “contra el orden de la naturaleza como Dios quiere”. Charles Darwin fue más listo y lo cautivaron los modos desordenados de las plantas carnívoras. En 1860, poco después de su primer encuentro con una de estas –una drosera– en un brezal inglés, el autor de El origen de las especies escribió: “Me importa más la drosera que el origen de todas las especies en el mundo”. Pasó meses haciendo experimentos con las plantas. Ponía moscas en sus hojas y observaba cómo cerraban lentamente sus pegajosos tentáculos sobre su presa. Las excitaba con pedazos de carne cruda y yema de huevo. Lo maravillaba cómo el peso de sólo un cabello humano era suficiente para iniciar una respuesta. Sin embargo, las droseras ignoraron las gotas de agua, incluso las que caían de una altura. Pensó entonces que obviamente reaccionar a la falsa alarma de un baño de lluvia sería un “gran mal” para la planta. No se trataba de un accidente. Era adaptación. [...] Tribus cambiantes Foto de Randy Olson La última frontera de África El valle del Omo, en Etiopía, sigue siendo un lugar gobernado por los rituales y la venganza. Sin embargo, se aproximan cambios que vienen de río arriba. Por Neil Shea Dunga Nakuwa se acuna el rostro con las manos y recuerda la voz de su madre. Ella murió hace casi dos años, pero para la tribu de Dunga los muertos nunca están muy lejos. En las aldeas se les entierra apenas debajo de las chozas de los vivos, separados de hogares y pieles para dormir por algunos centímetros de suelo seco y empobrecido. También permanecen en la mente de las personas. Por ello, Dunga sigue oyendo a su madre: “¿Cuándo vengarás el asesinato de tu hermano?”. Cuando estaba viva en ocasiones le preguntaba esto y, cada vez que lo hacía, daba nueva vida a la vendetta, justo cuando Dunga intentaba escapar de ella. Se había convertido en el hijo mayor después de que su hermano, Kornan, fuera asesinado por un miembro de una tribu enemiga. Se trató de una emboscada, una ejecución coreografiada. El padre de Dunga también había sido asesinado por un guerrero de la misma tribu, y el deber de la venganza había recaído primero en su hermano mayor. Sin embargo, después del asesinato de Kornan, el doble peso recayó en Dunga. Los hombres de esta tribu, kara, son francotiradores reconocidos. Han resistido invasiones de la tribu nyangatom, mucho mayor en número y mejor armada. En las dos tribus, el hombre que mata a un enemigo es condecorado con cicatrices especiales cinceladas en los músculos del hombro o abdomen. Al afrontar el asesinato de un familiar, un hombre exigiría venganza. De modo que en la pregunta de su madre Dunga escucha otra: “¿Cuándo te convertirás por fin en un hombre?”. [...]