Matheos_tato
Usuario (Argentina)

NO HAY COPLAS PARA SEVERA La de Severa Villafañe es una de aquellas historias que nacieron para ser cantadas: la de una joven hermosa y llena de virtudes que tuvo la desgracia de encender la pacion de un hombre poderoso, que la persiguió pasando sobre su familiares y a travesando las puertas de un convento. Facundo Quiroga, según Sarmiento, Ramos Mejia y otros, hizo victima de sus persecuciones a la famosa Severa De Villafañe. Eduardo Gutierres – Borges amaba sus folletines – cuenta la historia de Aurora Villafañe, que tenia para guardiana a una tia muy fea a la que los pretendientes llamaban, en contraposición a la belleza de la joven, “Doña Ocaso; la buena señora, según las cronicas, mas de una vez debió esconder a la niña en aljibes o sotanos para librarla del capricho de Quiroga, que “queria hacerla suya sin los beneficios del matrimonio”. La firmesa de Aurora (¿o Severa?) se muestra en una frase: “ La muerte mil veces antes que la infamia”. Según Gutierrez, tia y sobrina huyen a Catamarca para refugiarse en un monasterio, pero Facundo, entre dos batallas, decide ir por ella. Interrumpe a la fuerza en los claustros, asusta a las monjas, pone el lugar pata para arriba y encuentra a Severa – uno dice que vestida de monja, otros, disimulada como una imagen en la capilla-, que, al verse descubierta, escapa, perseguida por Quiroga, quien vocifera: “¡Ahora ni el infierno te separara de mi!”. Esta escena atroz debió impresionar a los lectores de Gutierrez – especialmente a las señoras que leían a escondidas-, imaginando a las monjas correr ante los invasores. Ni la madre superiora pudo impedir que el Tigre, con la joven en brazos, intentara llevársela, pero la locura acudió en ayuda de la virtud: Quiroga mudo de espanto al oír “una carcajada que le helo la sangre”. Asi, Aurora – o Severa-, perdida la razón, se libero de su raptor y deambulo por la ciudad sin que nadie se atreviera a socorrerla por temor al Facundo. Dejo tras de si – siempre siguiendo al narrador – a su hermana Maxima, que termino tan loca como ella, y a su tia, a quien, según dice la leyenda, Quiroga mando a matar en su exasperación. Pero ¿ a quien le importa la suerte de una vieja fea y beata, cuando la protagonista del cuento ha encontrado el destino de Ofelia? Esta historia de cantar gotico podria ser real, pero la joven pertenece a aquellas mujeres que se llevaron a la tumba el secreto de si fueron victimas o cómplices de sus raptores. Y digo esto porque uno de los biógrafos de Quiroga, el historiador Pedro de Paoli, reproduce el facsimil de una carta que, según el, estuvo en el poder de la viuda de Quiroga por veinte años, pasando luego a una de sus hijas. Si creemos en la misiva, Severa de Villafañe o bien tenia una relación afectuosa con el general Quiroga, o era complaciente con el y farsante ante doña Maria de los Dolores. La versión familiar es diferente. Gloria de Villafañe, descendiente de aquellos Villafañe, hizo una prolija investigación, recorriendo medio país para hablar con los ancianos de la familia que aun recordaban las historias que le contaron su mayores, que habían vivido en la época en que sucedieron los hechos. Resulta que le nombre elegido por Gutierrez para su protagonista – Aurora – era un nombre comun entre las mujeres Villafañe. La carta, bien examinada, consta de dos letras distintas, una encimada o parchada sobre la otra. El relato familiar confirma que Severa murio, quiza no loca, pero si a consecuencia de un puntapié que le dio en la cabeza Quiroga desde el caballo, cuando intentaba llevársela y ella se resistió. Se cree que la muchacha sobrevivió uno o dos meses, atacada de fuertes dolores que la obligaban a revolcarse en el suelo con la cabeza entre las manos. El Dr. Villafañe Lastra, hizo un estudio, hace cincuenta años, de los síntomas que se detallaban en la cartas familiares y llego a la conclusión de que había muerto de un ataque cerebral como secuela de aquel golpe. Fue su hermana Maxima quien se volvio loca al morir Severa, y falleció accidentalmente, un dia que burlo a los que la cuidaban. Y por ultimo, existe otra versión: la que dice que los primos de Severa, enemigos de Quiroga, usaban a la jovencita para distraerlo mientras preparaban un golpe contra el caudillo. Quizás a ella le pareció una gracia tener medio enamorado a un hombre tan importante mientras los jóvenes intentaban derrocarlo. Justamente, la invasión de Quiroga al convento de Santa Maria sucedió luego de que un grupo de riojanos – entre los que figuraban los Villafañe – llevo a cabo un ataque contra Facundo. Hubo muertos entre los familiares de Severa, y termino justiciada – muerto sin justicia, según constato el cura que le dio sepultura – el joven novio de Severa, que habia sido enredado entre los hombres de su familia y los del clan de los Villafañe. Y Severa paso a ser un acertijo entre la historia y la leyenda. Por el norte dicen que no quedaron coplas, como las de la Delfina Ramírez o la Victoria Peñaloza, para contrar su historia. Yo las sigo buscando… Espero que les guste mi primer posteo y sus comentarios son tomados como agradecimiento para mi.
NO HAY COPLAS PARA SEVERA La de Severa Villafañe es una de aquellas historias que nacieron para ser cantadas: la de una joven hermosa y llena de virtudes que tuvo la desgracia de encender la pacion de un hombre poderoso, que la persiguió pasando sobre su familiares y a travesando las puertas de un convento. Facundo Quiroga, según Sarmiento, Ramos Mejia y otros, hizo victima de sus persecuciones a la famosa Severa De Villafañe. Eduardo Gutierres – Borges amaba sus folletines – cuenta la historia de Aurora Villafañe, que tenia para guardiana a una tia muy fea a la que los pretendientes llamaban, en contraposición a la belleza de la joven, “Doña Ocaso; la buena señora, según las cronicas, mas de una vez debió esconder a la niña en aljibes o sotanos para librarla del capricho de Quiroga, que “queria hacerla suya sin los beneficios del matrimonio”. La firmesa de Aurora (¿o Severa?) se muestra en una frase: “ La muerte mil veces antes que la infamia”. Según Gutierrez, tia y sobrina huyen a Catamarca para refugiarse en un monasterio, pero Facundo, entre dos batallas, decide ir por ella. Interrumpe a la fuerza en los claustros, asusta a las monjas, pone el lugar pata para arriba y encuentra a Severa – uno dice que vestida de monja, otros, disimulada como una imagen en la capilla-, que, al verse descubierta, escapa, perseguida por Quiroga, quien vocifera: “¡Ahora ni el infierno te separara de mi!”. Esta escena atroz debió impresionar a los lectores de Gutierrez – especialmente a las señoras que leían a escondidas-, imaginando a las monjas correr ante los invasores. Ni la madre superiora pudo impedir que el Tigre, con la joven en brazos, intentara llevársela, pero la locura acudió en ayuda de la virtud: Quiroga mudo de espanto al oír “una carcajada que le helo la sangre”. Asi, Aurora – o Severa-, perdida la razón, se libero de su raptor y deambulo por la ciudad sin que nadie se atreviera a socorrerla por temor al Facundo. Dejo tras de si – siempre siguiendo al narrador – a su hermana Maxima, que termino tan loca como ella, y a su tia, a quien, según dice la leyenda, Quiroga mando a matar en su exasperación. Pero ¿ a quien le importa la suerte de una vieja fea y beata, cuando la protagonista del cuento ha encontrado el destino de Ofelia? Esta historia de cantar gotico podria ser real, pero la joven pertenece a aquellas mujeres que se llevaron a la tumba el secreto de si fueron victimas o cómplices de sus raptores. Y digo esto porque uno de los biógrafos de Quiroga, el historiador Pedro de Paoli, reproduce el facsimil de una carta que, según el, estuvo en el poder de la viuda de Quiroga por veinte años, pasando luego a una de sus hijas. Si creemos en la misiva, Severa de Villafañe o bien tenia una relación afectuosa con el general Quiroga, o era complaciente con el y farsante ante doña Maria de los Dolores. La versión familiar es diferente. Gloria de Villafañe, descendiente de aquellos Villafañe, hizo una prolija investigación, recorriendo medio país para hablar con los ancianos de la familia que aun recordaban las historias que le contaron su mayores, que habían vivido en la época en que sucedieron los hechos. Resulta que le nombre elegido por Gutierrez para su protagonista – Aurora – era un nombre comun entre las mujeres Villafañe. La carta, bien examinada, consta de dos letras distintas, una encimada o parchada sobre la otra. El relato familiar confirma que Severa murio, quiza no loca, pero si a consecuencia de un puntapié que le dio en la cabeza Quiroga desde el caballo, cuando intentaba llevársela y ella se resistió. Se cree que la muchacha sobrevivió uno o dos meses, atacada de fuertes dolores que la obligaban a revolcarse en el suelo con la cabeza entre las manos. El Dr. Villafañe Lastra, hizo un estudio, hace cincuenta años, de los síntomas que se detallaban en la cartas familiares y llego a la conclusión de que había muerto de un ataque cerebral como secuela de aquel golpe. Fue su hermana Maxima quien se volvio loca al morir Severa, y falleció accidentalmente, un dia que burlo a los que la cuidaban. Y por ultimo, existe otra versión: la que dice que los primos de Severa, enemigos de Quiroga, usaban a la jovencita para distraerlo mientras preparaban un golpe contra el caudillo. Quizás a ella le pareció una gracia tener medio enamorado a un hombre tan importante mientras los jóvenes intentaban derrocarlo. Justamente, la invasión de Quiroga al convento de Santa Maria sucedió luego de que un grupo de riojanos – entre los que figuraban los Villafañe – llevo a cabo un ataque contra Facundo. Hubo muertos entre los familiares de Severa, y termino justiciada – muerto sin justicia, según constato el cura que le dio sepultura – el joven novio de Severa, que habia sido enredado entre los hombres de su familia y los del clan de los Villafañe. Y Severa paso a ser un acertijo entre la historia y la leyenda. Por el norte dicen que no quedaron coplas, como las de la Delfina Ramírez o la Victoria Peñaloza, para contrar su historia. Yo las sigo buscando… Espero que les guste mi primer posteo y sus comentarios son tomados como agradecimiento para mi.