Matax22
Usuario (Argentina)

Las Hitodama son las almas de los recién fallecidos las cuales toman la forma de una esfera flameante azulada o verdusca, muchas veces con una larga estela luminosa. La palabra hitodama es una combinación de las palabras japonesas hito, que significa "humano", y tama (abreviación para tamashii), que significa "alma". También se les llama Onibi (Demonio de Fuego). Muchas se desvanecen o caen al suelo al poco tiempo de ser divisadas, dejando un residuo luminoso donde caen. Se les puede ver cerca de una persona moribunda como una aparición del alma abandonando el cuerpo antes de "cruzar al otro lado". Tradicionalmente se decía además que si uno miraba una Hitodama era la premonición de su propia muerte, por lo que se escribieron varios textos para exorcizarlos. También sucede que pueden perderlo a uno si se les sigue, y es una de sus formas de engañarnos, aunque esto en realidad lo suelen hacer los Kitsunebis (Zorros de Fuego). Por Sekien de la colección Gazu Hyakki Yakō. Por Kunisada. Yurei con dos Hitodamas. También existe un youkai conocido como Hitodama Rusa, la cual se compone de varios hitodamas. Se presenta en momentos de ventiscas, al tiempo que grita "Oroshiya, Oroshiya" (bajenme, bajenme). La razón por la cual se le denomina como rusa, es porque oroshiya suena muy similar a como se solía decir Rusia en japonés. Autor desconocido, del Kaikidan ekotoba
Santuario Fushimi, Kyoto. Los zorros son muy apreciados en Japón, donde se habla que hay dos tipos de zorro, el común y el espiritual. Los zorros rojos "comunes" que encontramos en Japón están distribuidos por todas sus islas, a excepción de Shikoku, de donde se dicen fueron expulsados por Kukai (santo Budista), luego de que un kitsune intentó engañarlo. Según la religión Shinto los kitsunes se rigen bajo el mandato de la kami (diosa) Inari, para la cual hay multitud de santuarios (cerca de 40,000), siendo el más famoso el Santuario de Fushimi en Kyoto. Cada uno de ellos cuenta en sus puertas con un par de estatuas de zorros blancos ya que estos son los sirvientes y mensajeros de Inari, quien es quizá la más ocupada de los kami. Históricamente los japoneses le han ido rezando para prácticamente todo. En un principio se trataba de la diosa del arroz por lo que los granjeros le rezaban, pero luego los samurais, mercaderes y artesanos también le rezaban, y así continuó. Curiosamente parece que el sirviente ha reemplazado a la diosa, ya que la mayoría de las plegarias hoy en día van dirigidas al kitsune, quien luego se las pasa a Inari. A este se le deja tofu frito como ofrenda, ya que se trata de su comida favorita, y si la petición se cumple, se le coloca un pequeño delantal rojo a una de sus estatuas. Ahora bien, el kitsune espiritual del tipo youkai que aquí tratamos no es blanco, es oscuro. Estos pueden transformarse o poseer a una persona y son sumamente traviesos. Este kitsune se asocia más a lo mundano (como casas), que a santuarios. Uno puede saber que tan poderoso y antiguo es un kitsune según su número de colas, ya que por cada cola este cuenta con un siglo de vida. Al llegar a las nueve colas, el nivel máximo, se trata de un ser muy sabio y poderoso. A los kitsunes podemos hallarlos en bosques o sitios abandonados, donde muchas veces los vemos como pequeñas flamas llamadas kitsune-bi (zorro de fuego), de las cuales hay que alejarse porque suelen perderlo a uno. Debido a su naturaleza traviesa muchos se han aprovechado de la cordialidad de las familias japonesas y han decidido irse a vivir bajo las casas, trayéndose consigo a todo su clan (74 kitsunes por lo general). Se dice que los mismos atraerán prosperidad, pero como es de imaginar resultan ser una gran carga económica para la familia ya que se les debe alimentar y tratar muy bien. De no ser así estos atraerán adversidad. Por Gyokuzan. Kitsunetsuki (poseción) Los kitsunes andan siempre buscando con quien divertirse, se pueden ofrecer a ayudarlo pero en realidad solo lo meten a uno en más problemas, por lo que no son de fiar. Cuando estos poseen a alguien (kitsunetsuki), la persona muestra un comportamiento extraño, retorciéndose y ladrando como un zorro, se desgarra la ropa y corre por las calles. Además, hablan en un dialécto desconocido y desarrollan unas ansías desenfrenadas por comer tofu y fideos soba. Cuando esto sucedía se llamaba a un yamabushi (monje asceta) para que exorcisara al kitsune. Una táctica utilizada para que saliera de la persona era ofreciéndole una generosa cantidad de tofu frito, el cual se le dejaría en el santuario Inari más cercano, lo que generalmente funcionaba. Por Ohara Koson. De todas las travesuras la que más disfrutan es engañar a los incautos al cambiar de forma, especialmente en bellas mujeres, colocándose una gran hoja o calavera en la cabeza. Los relatos de hombres que fueron llevados a la ruina por una mujer-zorro abundan. Pero también se da el caso en que la mujer-zorro también se enamora y forma una familia con un humano. Los hijos que nacen de esta relación suelen poseer habilidades extraterrenales, por lo que se cree que muchos hombres que fueron héroes eran hijos de kitsunes. Otro engaño que les fascina es dejar regalos o pagos que en realidad no tienen valor alguno. Por ejemplo, llegan a una tienda en su disfraz de persona (a veces se les puede ver la cola o un abultamiento en la ropa), a comer uno de sus platillos favoritos en grandes cantidades dejando así mucho dinero. A la mañana siguiente las personas se llevan una gran sorpresa al descubrir que el dinero es en realidad un montón de aserrín. Si sucediera el caso de que uno sospeche que un(a) agradable extraño es en realidad un kitsune hay formas de detectarlos. Se le puede llevar a un sitio donde haya agua donde se reflejará su verdadera forma. Si no, podemos traer a un perro, ya que estos no se ven afectados por la ilusión, y este le ladrará eufórico asustando al kitsune. O se puede revisar el dinero con el que haya pagado, puede que este ya se haya transformado en aserrín o cualquier otro objeto. En la actualidad, con las nuevas telecomunicaciones, los japoneses idearon una forma de determinar si quien habla al teléfono es un kitsune al contestar con "moshi, moshi", ya que supuestamente les resulta imposible pronunciarlo. Por Hokusai. Daiji.

Gaki exhalando fuego. Según la mitología budista, se dice que los gaki son fantasmas que deambulan por el mundo perpetuamente sedientos y hambrientos, pero invisibles a nosotros. Se tratan de la reencarnación de aquellas personas que fueron codiciosas durante su vida ya que forman parte de las seis distintas etapas del renacimiento, siendo las otras cinco: divina (Deva), pseudo-divina (Asura), humana, animal y en el infierno. Los gaki renacen como fantasmas famélicos con grandes vientres hinchados completamente vacíos, una pequeña boca fruncida y un delgado cuello por el cual se hace imposible tragar. Debido al mal karma de sus acciones pasadas viven bajo la maldición del hambre insaciable, pero incapaces de alimentarse por sí mismos. Su existencia es entonces muy miserable, merodeando alrededor de las casas, carroñan entre callejones y cementerios en busca de desechos, pero por más que lo intenten no logran ingerir nada. El pecado de la codicia que los condenó a ello se refleja en la obseción de los gaki por ciertos objetos o sustancias, generalmente humillantes, tales como heces o cadaveres humanos que intentan consumir. A pesar de estar en la superficie, estos luego vuelven al infierno donde son acosados por feroces demonios. También pueden haberse convertido en gaki porque sus descendientes no hicieron una ofrenda adecuada a las mismas en los altares familiares o domésticos, siendo que estos quedan atrapados en sus casas. Muchos japoneses budistas realizan una pequeña ofrenda de alimentos para los gaki antes de comenzar su propia comida, ya que esta es la única forma en la que puede alimentarse. En ocasiones, dicha ofrenda puede inclusive llegar a liberar sus almas. Gaki Zoshi Gaki Zoshi Gaki Zoshi