MarioNOB
Usuario (Argentina)

Parece largo pero es muy sencillo y esta resumido Gracias a Taringa! por no censurar La historia del avión Globemaster III de la Fuerza Aérea estadounidense, que fue requisado en Ezeiza cuando venía a impartir cursos sobre manejo de crisis y toma de rehenes al grupo Geopf de la Policía Federal, está llena de misterios. Tuvo que intervenir personalmente el canciller argentino, Héctor Timerman, para ordenar la apertura de una valija que, finalmente, contenía equipos de intercepción, aparatos encriptadores para comunicación y drogas estupefacientes, narcóticas y estimulantes del sistema nervioso. También un sobre verde en cuyo interior se hallaron dos pendrives y un disco rígido rotulados como “Secreto” y códigos de comunicaciones cifradas. En general, el equipamiento para cursos de rescate de rehenes está compuesto por fibras ópticas, scanners, micrófonos ultrasensibles, equipos de visión nocturna, granadas luminosas con efecto paralizante y explosivos para efectuar perforaciones circulares y armas de puño para combate a corta distancia. Nada de eso había en la carga clandestina que representaba un tercio de la carga total destinada al curso. Más que para impartir un curso sobre toma de rehenes, el equipamiento incautado en el C-17 norteamericano es totalmente compatible con el que utilizan las principales agencias de espionaje estadounidenses. Además del tradicional merchandaising de gorras, chalecos y otras chucherías, la entrega de material sensible, como equipos de intercepción telefónica o encriptación, es un método tradicional empleado por las distintas agencias de Estados Unidos –CIA, DEA, FBI, DIA– para reclutar agentes e informantes dentro de las fuerzas de seguridad locales. La organización de cursos de entrenamiento es un método usual de captación de agentes e informantes en puestos clave: quien recibe como obsequio un equipo para realizar escuchas telefónicas ilegales sabe que en el mercado argentino eso es igual o mejor que el dinero en efectivo, sin correr el riesgo de que le detecten una cuenta, un giro o un cheque. Pero paralelamente queda entrampado en una relación de lealtad hacia sus controladores que –más temprano que tarde– le encargarán algún trabajo sensible. Basta revisar la biografía del ex hombre fuerte Manuel Antonio Noriega o de su colega peruano Vladimiro Montesinos, para comprobar que los miembros de fuerzas armadas y de seguridad que durante estos cursos de entrenamiento son reclutados como informantes o agentes de las agencias estadounidenses, suelen también visitar Fort Benning, Georgia, donde se entrenan soldados latinoamericanos en prácticas de represión y torturas, o se los envía a Fort Huachuca, en Arizona, donde se entrenaron los torturadores de la cárcel iraquí de Abbu Graibb. Bajo la excusa de la lucha contra el terrorismo, estos policías –que generalmente escalan posiciones y reciben un sueldo en negro de alguna fuerza de seguridad estadounidense– regresan a sus respectivos países a aplicar técnicas y doctrinas contrainsurgentes similares a las que Estados Unidos impartía en décadas pasadas en la tristemente célebre Escuela de las Américas. Fuentes: http://sur.elargentino.com y rebelion.org