Mariangel193
Usuario (Serbia)

Al parecer, los genes que predisponen a la gente a alcanzar niveles más altos de educación están en declive desde los últimos 80 años. Tanto es así que algunos investigadores sugieren que actualmente, estos genes están bajo selección negativa, algo que podría tener un gran impacto en nuestra especie en los próximos siglos. Un estudio que involucró a más de 100.000 personas en Islandia encontró que aquellas personas que poseen ciertos genes relacionados con un periodo más largo de educación son menos propensos a formar una familia numerosa, lo que significa que las personas más inteligentes contribuyen menos al fondo genético islandés. “Como cualquier especie estamos definidos por la capacidad de nuestros cerebros, la educación es el entrenamiento y perfeccionamiento de nuestras capacidades mentales”, dijo Kari Stefansson, director general de la firma islandesa de genética deCODE que dirigió el estudio. “Por lo tanto, es fascinante a la vez que alarmante descubrir que los factores genéticos relacionados con un mayor tiempo dedicado a la educación son cada vez más raros entre las personas”. Esto no significa necesariamente que los humanos nos estemos volviendo más tontos, es necesario que tengamos más pruebas feacientes para llegar a una conclusión como tal. También existe el hecho de que cada vez más personas tienen acceso a la educación, por lo que incluso si las personas menos educadas tienen más hijos, factores no genéticos como una mayor escolarización podrían contrarrestar e incluso eclipsar esta tendencia negativa. Sin embargo, si proyectamos esta tendencia a lo largo de los siglos, obviando la proliferación de escuelas y la mejora del acceso a la formación, los investigadores afirman que este hecho podría tener un efecto significativo en nuestra especie a largo plazo. “En nuestra línea evolutiva, esto no es más que un instante, un parpadeo, pero si esta tendencia persiste durante muchos siglos, el impacto en nuestra especia podría ser bastante significativo”. Los investigadores analizaron la tasa de natalidad de 129.808 individuos nacidos en Islandia entre 1910 y 1990, los cuales tuvieron su genoma secuenciado de manera que pudiesen compararlo con sus respectivos niveles de educación. De esta manera observaron que había un factor genético relacionado con la probabilidad de que una persona asistiese a la escuela durante un tiempo prolongado. Como señala el equipo, nadie conoce la interacción exacta entre factores genéticos y ambientales que afectan al nivel de educación de alguien, pero algunos estudios previos han estimado que el componente genético puede representar hasta el 40%. Entonces, teniendo en cuenta la genética y factores como el nivel de educación, la fertilidad y la natalidad, los investigadores observaron que aquellas personas con una mayor propensión genética hacia una educación duradera tendían a tener menos hijos. Según afirmaba Ian Sample para The Guardian, el equipo encontró una caída en el coeficiente intelectual de alrededor de 0,04 puntos por década, aunque si se tuvieran en cuenta todos los factores genéticos que podrían estar vinculados a la educación, esa cifra aumentaría a 0,3 puntos por década. Curiosamente, el vínculo entre una mayor propensión hacia una educación más duradera y tener menos hijos no tiene nada que ver con la posibilidad con el hecho de que ir a la universidad es algo difícil y que puede quitar tiempo para estar con la familia o con la pareja, el equipo sugiere que los genes implicados en la educación también pueden afectar a la fertilidad a nivel biológico. Incluso aquellas personas con los genes perfectos para una educación más duradera y que aún así no recibieron educación, seguían teniendo menos progenie de media respecto a aquellos que no poseían el factor genético favorable. Todo esto es simple especulación, el estudio sólo se realizó en un país, y es increíblemente difícil predecir lo que le sucederá a la especie humana en un futuro tan lejano. Sin embargo, es algo que deberíamos de tener en cuenta, y en todo caso, podemos sacar en claro la importancia de hacer un esfuerzo continuo para asegurar que cada ser humano tenga acceso a la educación, porque eso puede anular la selección negativa que parece estar apareciendo.
Muchas personas disfrutan relajándose mientras se toman una copa de vino tras un largo día de trabajo. Lo que quizás no sepan es que, sin darse cuenta, están beneficiándose de algunas propiedades realmente curiosas que nos aporta ese dulce néctar. Aunque solo se recomienda su consumo de manera moderada, el vino pude incluirse en cualquier dieta saludable y es totalmente compatible con una dieta equilibrada y sana. Se asocia con una vida más longeva Un estudio realizado por la Escuela de Medicina de Harvard concluyo que el resveratrol, uno de los compuestos más característicos del vino tinto, ayuda enormemente a prevenir y a tratar aquellas enfermedades relacionadas con el envejecimiento. Sorprendentemente, el estudio demostró que el resveratrol realmente prolongaba la vida en ratones. Actualmente se siguen realizando investigaciones para conocer en mayor medida como esta característica se puede aplicar convenientemente en los seres humanos. Mejora el rendimiento físico de forma natural Aunque parezca un poco contradictorio, según un estudio realizado por la Universidad de Alberta, se ha descubierto que el resveratrol mejora el rendimiento de nuestro cuerpo durante la práctica de ejercicio físico gracias a la activación cardíaca y muscular que produce en nuestro cuerpo. Por supuesto, los atletas no deben beber vino antes de hacer ejercicio, sin embargo, incluirlo de forma moderada en la dieta puede tener un efecto positivo en su rendimiento. Contribuye a mantener el hígado saludable Aunque un consumo excesivo de alcohol es muy perjudicial para el hígado, los investigadores de la Universidad de California han descubierto que beber un vaso de vino al día disminuye el riesgo de sufrir enfermedades hepáticas que no estén relacionadas con el alcohol. Combate las bacterias y los microbios que causan el acné El vino tiene propiedades antimicrobianas útiles en la lucha contra el acné según un estudio publicado en Dermatología y Terapia. Tal y como se expone en el estudio, el acné es la respuesta de nuestro sistema inmune a las bacterias, por lo que las características antimicrobianas del vino tinto combaten el acné directamente desde la raíz. Protege nuestra dentadura de las bacterias Aunque aquellas personas que consumen vino se quejan de las manchas que producen en los dientes, seguro que cambian de opinión al conocer las propiedades antimicrobianas que mantendrán su boca saludable y libre de bacterias. Mejora nuestra salud cardíaca El vino es bueno para el corazón, y no precisamente porque hagas que te enamores con más facilidad. Existen varios estudios que demuestran cómo un consumo moderado de vino tinto se relaciona con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y ataques al corazón. Mejora la agilidad mental The Washington Post publicó un estudio donde se demostraba que las mujeres de edad avanzada que bebían de forma moderada vino tinto tenían una mayor agilidad mental en comparación con las mujeres que no lo tomaron. Los investigadores explicaban que el alcohol protege el cerebro, mejorando el flujo de sangre y por consiguiente, reduciendo el riesgo de sufrir enfermedades cerebrales. Previene la depresión Un estudio español demostró que las personas que beben entre dos y siete vasos de tinto a la semana son menos propensos a sufrir depresión. El estudio advierte que superar los siete vasos máximos de vino a la semana puede tener un efecto contrario y aumentar las posibilidades de sufrir esta enfermedad.