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MariaMathot

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Primer post: 2 abr 2014Último post: 24 ene 2018
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Egresan 8 mil ingenieros y 34 mil de sociales
InfoporAnónimo1/24/2018

Especialidades como metalúrgica, hidráulica, minera y nuclear no llegan al centenar de egresados. Los alumnos arrastran un muy bajo nivel de la secundaria. Algunas ingenierías clave para el desarrollo nacional apenas reúnen un puñado de graduados: Metalúrgica (13), Petrolera (54), Hidráulica (23), Minera (23), Nuclear (7), Aeronáutica (58), de acuerdo a los últimos datos de la Secretaría de Políticas Universitarias, a los que accedió Infobae. Mientras que en carreras de sociales, abogacía y psicología egresan casi 34.000 alumnos por año. En total, en 2016 se recibieron 8.303 ingenieros; la mayoría en Agronómica, Informática e Industriall. link: https://s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2018/01/24113003/Egresados-en-2016.gif Un informe del Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) perteneciente a la Universidad de Belgrano estipuló que la carrera de psicología acumula más de la mitad de los graduados (5.197) que las 32 ramas de ingeniería juntas. "Se sigue percibiendo la necesidad de ingenieros en el mundo laboral. El desarrollo de un país, en gran parte, depende de ellos. Hay muchas oportunidades en las nuevas tecnologías, en la ingeniería química, en la aeronáutica, el petróleo", dijo a Infobae Alejandro Melamed, experto en recursos humanos. "Hay que abrir la cabeza para pensar que las ingenierías requieren otro tipo de habilidades, más blandas, que desarrollen profesionales integrales", continuó. link: https://s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2018/01/24113014/Egresados-en-ingenieria-20161.gif Las estadísticas son elocuentes. Los intentos oficiales por aumentar las tasas de egreso en las ingenierías no trajeron los resultados esperados. La apuesta era lograr un ingeniero cada 4 mil habitantes por año. Hoy tan solo hay 1 cada 6.300 habitantes cuando países de avanzada como China tienen 1 cada 2.000. El dificultoso paso de secundaria a universidad La principal dificultad radica en la articulación entre la secundaria y la universidad, así quedó plasmado en las pruebas Aprender 2016. Los alumnos del último año de secundario tienen serias dificultades para resolver problemas matemáticos sencillos. En las escuelas públicas, es todavía más alarmante: el 80% está en el nivel básico o por debajo del básico, mientras que en los privados la estadística negativa supera el 50 por ciento. "Entre el primer y segundo año de la carrera se produce una fuerte caída. En parte lo adjudicamos a los problemas que traen de la secundaria", señaló a Infobae Horacio Salgado, decano de la Facultad de Ingeniería de la UBA. Además consideró que se infunde un "temor exagerado". "Es cierto que hay una relación entre las ingenierías y matemática, pero no es verdad que son más difíciles que el resto. En Ciencias Económicas hay muchos más inscriptos y la matemática está en toda la carrera", señaló. Para Salgado, en parte, faltan ingenieros porque "los orientadores terminan desorientando a los chicos que tienen dudas y descartan de raíz la posibilidad de estudiar ingeniería". A diferencia del panorama que se presentó a nivel nacional, en la UBA no hubo una caída en los graduados desde hace años, se mantiene estable entre los 650 y 800 egresados por año. Para este año, esperan un récord de 7 mil inscriptos al CBC, aunque saben que una buena cantidad ni siquiera comienza la carrera. Después, quienes avanzan en sus estudios no supera el 30% y ahí surge otro problema: el de la retención. En total tienen un padrón de 10 mil alumnos; muchos que se convierten en estudiantes crónicos. El CBC de Ingeniería, en los últimos años, ajustó su currícula, agregaron tutores, capacitaciones de estudio y preparación de exámenes. También concentran en una de sus tres sedes, la de Las Heras y Pueyrredón, a todos los estudiantes que residen en Capital y la idea es extenderlo al Gran Buenos Aires para lograr "fidelizar" a los chicos. La UTN, por su parte, reúne el 50% de los estudiantes de ingeniería. En los últimos años, notaron una modificación en la tendencia: cada vez más provienen de colegios privados. Por eso, se acercan a las secundarias públicas y revisan en qué falla la currícula, en qué materias deben trabajar y capacitan a sus docentes para enseñar matemática y física. En el caso del ITBA, el filtro está en el examen de ingreso y después la matrícula no se desgrana tanto. Antes de la evaluación, ofrecen un curso preparatorio de un cuatrimestre o, en algunos casos, de un año que requiere total disponibilidad y no se puede hacer en simultáneo con el secundario. Gracias a ese curso, sortean las falencias que los chicos arrastran del colegio. Permite que ingrese, en promedio, el 56% de los postulantes. Cuando los alumnos desestiman la instancia de preparación, la tasa de ingreso cae a un 15 por ciento. En la búsqueda de fortalecer la articulación, dictan clínicas en la secundaria para aunar criterios. "El ingeniero tiene una cosmovisión que ansía transformar el mundo. A diferencia del científico que también trabaja con exactas, no se conforma con comprender la realidad. Es una persona seteada para llevar adelante una acción transformadora", consideró Nicolás Bacqué, director general de desarrollo institucional del ITBA. "Necesitamos ese tipo de profesionales. Mientras más haya, mejor nos va a ir", agregó.

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Cuando volvimos se nos borró la sonrisa por mucho tiempo
InfoporAnónimo4/2/2014

Experiencias de los veteranos de guerra Jorge Castro y Roberto Peludero son actualmente pensionados de Malvinas, ambos fueron heridos de gravedad en la batalla y las secuelas de esto, les impidió de por vida desarrollar labores con normalidad. Una gran cicatriz en la columna de Jorge da fe en parte de lo que padeció y el visible hundimiento craneal en la cabeza de Roberto lleva pensar que solo un milagro pudo librarlo de las garras de la muerte. Por su parte, Lorenzo Gegena, fue prisionero de guerra y en la actualidad posee una Herrería, aunque su sueño de adolescente era ser jugador de futbol. Los tres relatan en esta nota la conmovedora historia de los difíciles momentos vividos en la guerra y lo duró que fue insertarse en la sociedad cuando regresaron del combate. Jorge Castro comenzó con el relato y recordó "el 23 de abril de 1982 salimos de Córdoba llegamos el 25 y hasta el 12 de junio estuve porque hirieron, es decir que me fui dos días antes de la rendición. Me hirieron con la onda expansiva de una bomba, un año estuve de recuperación, y en el 83 recién salí". En referencia a sí se pudo recuperar bien, explicó "me quedaron secuelas, la pierna izquierda no me funciona bien, me operaron de la columna y tengo esquirlas dentro del cuerpo" Y agregó "cuando nos fuimos pensamos que era norma, no nos dimos cuenta donde íbamos, allá nos dimos cuenta y aunque no sabíamos mucho pusimos lo mejor, aprendimos mucho de todo y de golpe" . "Nos levantábamos pensando en cómo sobrevivir" Es sabido que el ejército de Gran Bretaña superaba al argentino en número, armas, preparación y tecnología. En este sentido, Lorenzo Gegena comentó que "éramos 6 compañeros de pieza y del mismo cañón, dormíamos en el mismo pozo y comíamos casi en el mismo plato, pasamos de todo juntos. Y desde el momento en que llegamos siempre nos cuidábamos entre nosotros". Con respecto a cómo era un día en Malvinas manifestó "nos levantábamos pensando en cómo protegernos para sobrevivir, un día en Malvinas era levantarse temprano para reforzar nuestros pozos que revestíamos con Tepic, era como una tira de hasta un metro de altura que nos cubrían". Y añadió "ese era nuestro refugio, porque estábamos a la intemperie, en la lluvia, en el frío, en todo momento y era muy duro para todos". “Me agarró desesperación, sentía que nos estaban reventando” En cuanto a los momentos más difíciles, Castro señaló que “Peludero y yo fuimos heridos en el mismo momento, la misma bomba nos agarró. La misma onda expansiva. Estábamos trayendo municiones, y nos tiramos al suelo para que no nos agarre la onda expansiva. Cuando pensé que estaba llegando al pozo, me levante cerca del pozo y ahí me agarró la onda expansiva. A mí me agarro en la columna y a Peludero en la cabeza. Él se cayó encima mío, me acuerdo como si fuera ayer”. Además dijo “nosotros calculábamos donde iba a caer la bomba por el silbido que escuchábamos, calculábamos de donde venía el silbido y en base a eso corríamos para un lado o para el otro”. Al respecto, Lorenzo aclaró “era un bombardeo naval, nos sorprendió el bombardeo, la puntería venía diferente, barriendo todo. Estábamos acostumbrados al silbido que venía de arriba y este nos agarró de sorpresa”. “Me acuerdo que Peludero y Castro venían con más municiones, y nosotros estábamos disparando. Cuando salimos del refugio luego del bombardeo, vi que el cabo Aguirre llevaba en su hombro a Peludero y en el suelo tirado estaba Jorge, entonces llamé a otro compañero para que me ayude y llevamos entre los dos a Jorge, hasta la cruz roja” indicó. Y destacó “cuando vi todo eso, la verdad que me agarró desesperación, sentía que nos estaban reventando. Llevamos a nuestros compañeros para que los atiendan pero en verdad pensábamos que estaban muertos porque los dos estaban muy mal. Fue terrible”. “Mucho tiempo después nos enteramos que sobrevivieron. Esa fue una de las experiencias más fuertes que viví, en 1987 más o menos los volví a ver en Córdoba, fue una gran alegría para mí verlos y volver a reunirnos, ahora nos juntamos siempre” aseveró. Yo fui prisionero de los ingleses" Lorenzo Gegena también conto que “yo me quedé hasta los combates finales que terminaron el 14 de junio, cuando nos replegaron en el pueblo. Yo fui prisionero de los ingleses, me acuerdo que nos sacaron todo, desde las armas hasta las frazadas”. Gegena también dijo que “se hizo el reconocimiento de los muertos nuestros y después nos llevaron al barco Camberra, un barco grandísimo. Estuvimos 2 o 3 días ahí, no sabíamos que iba a pasar ahí, pero por suerte nos trataron bien. Nos hicieron bañar y nos pusimos contentos porque hacía más de un mes que no nos bañábamos, nos dieron de comer, y estábamos en un lugar con calefacción”. Y finalizó “después llegamos a Puerto Madryn, de ahí nos trasladaron a Campo de Mayo, donde estuvimos 15 días más o menos, hasta que finalmente nos llevaron a casa, en Córdoba”. “Pizarro murió después de leer la carta que le envió su mamá” Ante la pregunta de si tuvieron compañeros de su grupo que hayan perecido, respondieron que sí, “tuvimos 3 compañeros que perecieron, 2 de la misma clase de nosotros y otro de la clase 62. Y yo el que más sentí fue a Pizarro porque me acuerdo que el día que murió le había llegado la carta de su mamá, ella le mandó una carta y una bufanda y estábamos todos juntos en el comedor cuando leímos la carta con él” recordó Castro. Y añadió “me acuerdo que él estaba feliz con su carta y su bufanda nueva, se las llevó con él y el primer bombardeo siguiente a eso, lo agarró a él y murió. Pizarro murió después de leer la carta que le envió su mamá”. Además expresó “ese día nos quedamos tildados, nadie hablaba, nadie quería hacer nada, él era nuestro compañero de pieza, lo sentimos mucho cuando nos dejó. Las otras dos muertes de chicos que conocíamos ocurrieron por la noche, una era de un chico que estaba en la guardia hablando con su compañero y lo mataron de golpe. Fue muy triste y el otro también fue algo parecido”. “Cuando volvimos se nos borró la sonrisa por mucho tiempo” “Teníamos entre 18 y 19 años, cuando nos llevaron como ayudantes para llevar municiones porque hacía falta gente. Éramos 14 y entre nosotros estaba Norberto Aguirre, que lo pusieron como jefe nuestro. Él era el cabo Aguirre, estuvo con nosotros en todo momento, estábamos en la segunda pieza del grupo B” detallaron los veteranos que llegaron este martes a la Capital del Trabajo. Castro por su parte dijo al respecto “yo era muy joven cuando me fui, y volví arruinado porque me arruiné la columna y nunca más pude hacer nada. Vivía en los hospitales y con contención psicológica. Y tenía mucho rencor en principio, hasta que aprendí que no podía hacer nada y me propuse a superarlo”. En esta línea agregó “pero hay compañeros que no quedaron bien, muchos tienen problemas con el alcoholismo, depresión y demás. A los que estamos mejor, nos ayudó mucho la contención familiar”. Y dijo “pero no fue tarea fácil, nosotros mismos mucho tiempo no pudimos dormir cuando regresamos a nuestras casas. Escuchábamos el ruido de un avión y nos daba miedo, revivíamos con ese sonido el terror que vivimos cuando estuvimos allá. Y así nos pasaba con otros sonidos, acciones o lugares de la ciudad que nos recordaban las batallas”. En tanto que Lorenzo Gegena especificó “yo me fui a Malvinas siendo un chico de 18 años que soñaba con ser deportista, jugador de futbol y cuando volví me sentía al menos de 28 años más, porque fue tanta la madurez que adquirí que fue como crecer de golpe, aprendí a valorar los compañeros, la vida, el árbol frente a mi casa. Pero igual cuando volvimos, se nos borró la sonrisa por mucho tiempo. No fue fácil superar todo lo que vivimos y vimos en la guerra” finalizó. “Miles de tareas hicieron con sacrificio y valor, que ellos no sean olvidados por ese acto de amor” Extraído del poema de Ovidio Bertorello, suboficial mayor de Armas Submarinas.

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