Malena
Usuario (Argentina)

“Médicos y psicólogos deberían trabajar más juntos” Luis Chiozza. Este prestigioso doctor en Medicina funda mucho de su trabajo en el estudio de la psiquis humana. Cuestiona muchas miradas tradicionales que hay sobre la salud y el origen de las enfermedades. Rechaza, además, la supuesta muerte del psicoanálisis y el diálogo de sordos entre los especialistas. Por Ximena Abrevaya* —¿Cuál es hoy la vigencia del psicoanálisis? —Creo que el psicoanálisis tiene una plena vigencia en cuanto a estructura de pensamiento y en cuanto a procedimiento psicoterapéutico profundo. Si por vigencia entendemos pensamiento correcto, tiene plena vigencia; si por vigencia entendemos la aceptación que alcanza en la sociedad, eso varía con las épocas, hay momentos en que el psicoanálisis es visto con mejores ojos y otras donde es visto con peores ojos, eso depende de muchas cuestiones, muchos intereses... —¿Y qué hay de la controversia entre lo que son la psicología y la psiquiatría? —Esto me parece que es una controversia un poco antigua, ¿no?, es decir, no cabe duda de que a lo largo de los años la psiquiatría cada vez adquirió más conocimientos de lo que se pasó a llamar la “psiquiatría dinámica”, en donde se empezaron a juntar conceptos que provenían de la psicología y hasta del psicoanálisis, y todo esto enriqueció mucho a la psiquiatría. La controversia en realidad tiene más bien que ver con otras cuestiones, como es la relación que existe entre la ciencia y la tecnología objetivista, diríamos, y la inclusión del sujeto en el mundo de estudio de la ciencia objetiva, y bueno..., la relación entre el cuerpo y la mente, cómo influye el cuerpo sobre la mente, cómo influye la mente sobre el cuerpo... El tema es largo y debatido, este vínculo que existe entre el cuerpo y la mente, si se lo explora desde el punto de vista físico, no estamos hablando del “puente” y si se lo explora desde el punto de vista psíquico, tampoco. Es decir, el “puente” (entre el cuerpo y la mente) tendría que ser de una tercera naturaleza que no fuera ni física ni psíquica. Y éste es el tipo de pensamiento que obstruyó durante mucho tiempo la comprensión de la relación entre el cuerpo y la mente. Pero hay toda otra corriente, que es la corriente en la cual nos inscribimos, que explora el cuerpo y la mente como dos aspectos de una misma realidad. Es la conciencia que los observa, la que los organiza de una manera o de la otra, la que los pone en un casillero o en el otro. Desde el punto de vista científico, desde el punto de vista vivencial, el hombre no tiene el problema de la relación cuerpo-mente. Si yo le preguntara a una persona: ¿cómo mastica un caramelo, con el cuerpo o con la mente?, se va a dar cuenta de que no tiene ningún problema. Si yo le pregunto a alguien si cuando invita a un amigo a su casa a cenar, invita al “amigo psíquico” o invita al “amigo físico”..., tampoco tiene problema... el problema es una cuestión de categorización científica. —¿Pero entonces para Ud. existe ese “puente” entre el cuerpo y la mente? —Para mí el cuerpo y la mente son dos construcciones de la conciencia, de algo que fuera de la conciencia no sabemos cómo es. Es un tema muy importante este de la relación cuerpo-mente. La psiquiatría al principio estudiaba lo psíquico más bien como el funcionamiento relacionado con el sistema nervioso, con el cerebro, por eso se hablaba de neuropsiquiatría, como si la relación entre el sistema nervioso y la mente fuera mejor comprendida que la relación entre la mente y el corazón o el hígado. Este es un largo problema muy debatido y hay un largo recorrido en este camino... —La psiquiatría en los últimos tiempos incorporó saberes de las neurociencias, ¿no cree que se corre el riesgo de materializar aspectos relacionados con la mente, que es algo que podríamos considerar inmaterial? —Sí, la psiquiatría incorporó conocimientos de las neurociencias, de la inteligencia artificial, de la neurología. La neurofisiología cerebral en los últimos años ha generado muchísimo. Yo creo que lo científico no va sólo a lo material; lo material tiene que ver con lo que se llama “objetivo”, que son objetos que se perciben materialmente, pero en este momento la más objetiva de la ciencias es la ciencia física, que está generando una cantidad de estructuras teóricas que tienen que ver con objetos imperceptibles que son, diríamos, más bien de una formulación matemática. Entonces la epistemología científica está cambiando mucho y no sólo se estudia la mente sino que se cuestiona a veces la división entre sujeto y objeto, y se estudia la experiencia de conocimiento como algo mucho más entero y unitario. —¿Entonces está de acuerdo con este cientificismo? —Con el cientificismo, no, pero con la ciencia, sí. Cuando se deforma el pensamiento científico ya estamos fuera de la ciencia. El problema de los “ismos” es siempre un problema. La palabra “cientificismo” tiene un cierto tono peyorativo de crítica... después depende también de cuál es la definición de ciencia... —Y con respecto a la medicina, donde se considera que los problemas provienen del cuerpo y residen en el cuerpo, ¿qué observaciones tendría para hacer sobre esta forma de encarar la enfermedad? —El asunto es así: están los ingenieros en aeronáutica, están los mecánicos de aviones y están los pilotos de aviones. Los que diseñan los aviones son los ingenieros en aeronáutica, los que los reparan tienen que entender muy bien cómo funcionan, y los que los manejan tienen que saber algunas cosas elementales. En el ejercicio de la medicina pasa lo mismo, está la investigación científica y están los médicos que todos los días tienen que salir a atender pacientes, aunque sea a las tres de la mañana. Entonces hay médicos que se dedican a la investigación y otros se dedican a profundas reflexiones, inclusive teóricas, que sustentan las investigaciones. Pero no todo médico está y se mueve en ese nivel; el médico que ejercita la práctica de la medicina en general confía en lo que dicen los tratados escritos por los médicos que son los profesores, los investigadores y hacen lo que de alguna manera tiene cierto consenso..., y bueno, como siempre pasa, algunas de estas cosas son ciertas y otras sabemos que están equivocadas; mientras tanto, es necesario que existan los dos tipos de médicos. Siempre la investigación va un poco más adelantada de lo que es el ejercicio real de cualquier cosa, pero también habitualmente los resultados de la investigación no se pueden volcar de inmediato en la práctica porque a veces necesitan decantarse un tiempo. —¿Cree que médicos y psicólogos deberían trabajar más en conjunto? —Pienso que deberían trabajar en conjunto siempre que se entiendan; cuando no se entienden es un desastre... En uno de mis libros, en un capítulo especial, hablo de la relación entre médicos y psicólogos y de cómo el paciente los necesita a ambos, pero que en realidad cada uno tiene que respetar el territorio del otro, y además entre los dos tienen que desarrollar algún territorio con un lenguaje en común, si no, es un diálogo de sordos. Esto no es un asunto sencillo. El tema es que los conceptos de la ciencia varían y cuando lo hacen de forma muy brusca, la gente que se ha formado con otras creencias no llega a entender los nuevos lenguajes. —Yendo un poco a la época en que nos toca vivir, ¿qué percibe en cuanto a la epidemiología de la enfermedad psiquiátrica?, Ud. percibe que cambió, que sigue igual... —No, todo cambia..., cambia el clima, cambia la cultura, cambian las distancias..., la distancia entre Buenos Aires y Tokio siempre es la misma, pero es la misma si la mido en kilómetros; si la mido en horas no es la misma, y uno se pregunta ¿por qué la tengo que medir en kilómetros?, la puedo medir en horas... Entonces, cuando uno dice que el mundo se achicó, no está diciendo una cosa irreal, está diciendo una cosa real, el mundo funciona como si fuera más chico. Internet ha cambiado enormemente la relación entre las personas y además ha dado una imagen revolucionaria, porque a Internet no la gobierna nadie, es independiente de todo. Esto es un cambio enorme, nuestros hijos no se educan más en familia, se educan con las “media”, se educan en Internet, y esto cambia enormemente. Del mismo modo, los cuadros epidemiológicos también cambian, por ejemplo también en la medicina, el sida aparece ahora y la pregunta que muchos se hacen es: ¿es que antes existía y no lo diagnosticábamos o es que ahora hay más?; yo creo que no se puede negar que ahora hay más... y que no existía de la manera que hoy lo conocemos..., hay enfermedades como la tuberculosis, que si bien no han desaparecido, han disminuido enormemente, pero hay otras que han aumentado; en fin, la enfermedad tiene que ver tanto con la cultura, con lo psíquico, con las costumbres, que de alguna manera esto es una red compleja, cambia un elemento y cambia todo. —¿Y qué les diría a los médicos? —Lo que vengo diciendo desde hace mucho: que la medicina está sufriendo un cambio fascinante, que es necesario que algunos de nosotros nos ocupemos de los fundamentos teóricos; allí hay cambios muy importantes que han sido dibujados por algunos pioneros como Weizsaecker, un gran médico alemán con una gran cultura filosófica, todo esto abre un campo fascinante que permitirá que la medicina en un futuro próximo resuelva problemas que hoy no resuelve. Y no me refiero sólo a los problemas de las enfermedades graves o a los problemas epidemiológicos, sino a los que tienen que ver con situaciones extremas, que aun sin ser enfermedades graves, estropean la calidad de vida, como por ejemplo las adicciones, enfermedades agudas pero que se presentan frecuentemente, como la gripe, que en una epidemia puede hacer estragos a veces mortales, pero que aun cuando no funciona así, lo hace como una especie de brote en un momento preciso, en el que la población está pasando por circunstancias traumáticas o depresivas y la gente empieza a enfermarse. Hay montones de circunstancias que es importante comprender y hay mucho por hacer en medicina. Estamos asistiendo a una época de mucha convulsión porque hay una crisis de los valores en todo el mundo, ya no se comparten como antes, ahora está todo muy relativizado, hay mucha discusión con respecto a cuáles son los valores, lo que a uno le parece mal a otro le parece bien, y todo esto genera una crisis de desmoralización y desánimo que influye muchísimo en la calidad de vida. Esto, creo yo, que también es importante para los médicos, porque esto también tiene que ver con el “enfermar” y entonces esta cuestión se ha convertido en un objeto de estudio también para la medicina. *Gentileza Intramed. FUENTE

PSICOLOGIA › ACERCA DE LA PAREJA HUMANA El trompo de dos espaldas Por Luis Chiozza* La expresión “formar pareja” señala que a una pareja hay que formarla y, cuando se logra constituirla, cada uno de los dos que la forman transforma en ella su modo de vivir y de sentir la vida. El término “pareja” mantiene una inconveniente ambigüedad, porque alude a la condición de “par” y ocurre que, si en algún sentido una pareja es un par, se trata de un par complementario, que se constituye propiamente en razón de ser dispar. Frente a todo lo que un ser humano tiene en común con otro, esa diferencia podrá verse pequeña, pero sin asumirla plenamente no se puede formar bien una pareja. En cuanto a la cuestión, que en nuestros días despierta polémica, de si es posible constituir una pareja en una relación homosexual, sólo diré que una respuesta afirmativa lleva implícito que sus integrantes participan desde roles que, aunque se ejerzan en forma alternativa, sean complementarios. Hemos visto innumerables veces que la forma en que cada ser humano intenta formar una pareja proviene de la experiencia que ha vivido frente a la pareja de sus padres. Es una influencia inevitable, que hasta se manifiesta a veces en el intento compulsivo de hacer precisamente lo contrario de lo que se ha visto en ellos. Comprender esas primeras experiencias infantiles nos enseña, además, que la pareja no se forma como un vínculo de dos sino de tres, porque ese niño que cada uno fue frente a sus padres, contemplando desde afuera algo que en ese momento sólo ocurre entre otros dos, perdura dentro de nosotros cada vez que nos unimos en pareja. Así se configura en cada pareja, y de modo inconsciente, un vínculo bicorporal pero tripersonal, en el sentido de que dos están allí físicamente mientras que el tercero está siempre implícito en la estructura misma de esa relación. El tercero que amenaza a la pareja, aunque permanezca inconsciente, de algún modo está siempre presente, y mantiene encendida una situación de celos que contribuye al interés erótico. El suelo erótico sobre el cual se apoya una pareja, el sex appeal sobre el que se construye la familiaridad de un vínculo de cariño, se configura con la misma situación continua de celos y excitación que determina su inestabilidad. Es cierto que la pareja pierde uno de sus fundamentos principales si no cree en su propia estabilidad, ya que en su constitución interviene la necesidad de confortar el ánimo al disminuir, o negar, el sentimiento de inseguridad que siempre nos acecha. Sin embargo, en la medida en que no se tiene un cierto grado de conciencia de esa inestabilidad inevitable, es difícil realizar una buena pareja. Del mismo modo que la estabilidad de un trompo que se mantiene erguido apoyado sobre una punta fina depende de la velocidad con la cual gira, la estabilidad de una pareja es un equilibrio dinámico que se mantiene gracias a una cierta plasticidad para el cambio. Sin esa plasticidad la pareja se arruina y, si perdura, carece de la vitalidad necesaria para ser saludable. Una pareja sana evoluciona y cambia, y se mantiene como tal porque se reconstruye cotidianamente; que es como decir que se “recontrata” de un modo permanente. Ti voglio bene Es difícil hablar del amor en la pareja sin producir equívocos, porque con la palabra “amor” se designan tantas cosas, y tan distintas, como para que sea mejor describirlas, en lugar de referirnos a ellas con ese nombre genérico. Hablamos de la amistad y del cariño que se construyen con los años y con los recuerdos compartidos. Hablamos de la familiaridad y de la confianza que genera la convivencia estrecha. Hablamos del compañerismo que surge cuando se tienen las mismas necesidades, intenciones y proyectos. Hablamos de los deseos de una unión genital, y también del deseo de estar cerca, o de ser consolado, acariciado y confortado. Hablamos de los dos grandes afrodisíacos que conducen al orgasmo: el ángel de la ternura y el demonio de las fantasías perversas. Hablamos de las impatía que nace en un instante dado en la ocasión de una mirada, un gesto, una actitud, y de la excitación que se experimenta frente a la desenvoltura de una conducta erótica. Hablamos de la aceptación de nuestra persona, tal cual es, implícita en la sonrisa con la cual nos estiman. ¡Y a toda esa diversidad la llamamos “amor”, con una misma palabra! Digamos, sin ánimo de definición, que el amor adquiere en muchos casos la apariencia de una figura esquiva, inalcanzable, y que en otros se nos presenta como una cierta forma de “iluminación”, momentánea y transitoria. Produce entonces una sensación de curiosidad, respeto y maravilla, que nos lleva a ubicarlo en el lugar de lo sublime. Se suele afirmar que “el amor no dura”, significando con esto que el entusiasmo de un amor apasionado se agota en un vínculo perdurable por obra de un desgaste producido por la familiaridad, el abuso de confianza y el trato cotidiano. La aparente incompatibilidad entre la maravilla del amor, supuestamente dirigido hacia lo excepcional, y la pretendidamente opaca cotidianidad de un matrimonio desaparece cuando se conserva la capacidad de reencontrar lo nuevo en lo habitual. A la inversa, la imposibilidad de reencontrar la curiosidad y el placer en un vínculo que perdura conduce al anhelo de un amor embriagador cuya figura, antítesis precisa de la frustración que se vive, no debe ser confundida con el amor sublime. La palabra “querer” señala, en cambio, un deseo posesivo. Los italianos atemperan este significado utilizando la expresión ti voglio bene, es decir, “te quiero bien”, lo cual revela que hay una forma mala del querer. Lo cierto es que cuando queremos una rosa solemos ponerla en un florero, y que cuando la amamos la dejamos vivir en la planta de la cual forma parte. El que ama con cariño cuida y protege al objeto de su amor. Y puede hacerlo gracias a una experiencia de carencia –actual o pretérita– que le permite identificarse con los sentimientos análogos del prójimo. La imposibilidad de poner fin a las propias carencias suele ser uno de los más fuertes motivos del deseo de ayudar. Por un mecanismo análogo solemos hacer muy buenos regalos en las circunstancias en que, inconscientemente, deseamos recibirlos. No sólo hay en ese gesto de cariño una fantasía mágica de inducir en el otro una conducta análoga (que, por este medio, casi nunca se cumple): hay también capacidad de identificación con el deseo ajeno, ternura, amistad y sublimación. Quién le teme Un matrimonio no sólo se mantiene por vínculos de amor. Un vínculo en el que predomina el odio también puede ser una prestación de servicios: hay parejas que perduran porque cultivan un campo de guerra que les permite descargar el odio recíproco en una magnitud que, fuera de allí, nadie toleraría. Esta circunstancia engendra en tales matrimonios una tolerancia al odio que mantiene el vínculo. Podemos mencionar tres buenos ejemplos: la obra de teatro Quién le teme a Virginia Wolf, la novela de Simenon El gato, llevada al cine con Jean Gabin y Simone Signoret, y la película La guerra de los Roses. El matrimonio es un sacramento que ocurre aun más allá de la doctrina religiosa que lo sustente y de la ceremonia que habitualmente lo celebra. Es un sacramento en tanto constituye una misteriosa transformación irreversible que modifica las almas más allá de un propósito o un compromiso formal. Los cónyuges pueden separarse y el matrimonio se puede arruinar, pero no se puede “deshacer” completamente, ya que sus efectos perduran. Es obvio que, como lo ha señalado Bernard Shaw, la palabra “monogamia” no designa la circunstancia de una sola mujer o un solo hombre en la vida: se trata de sólo una, o sólo uno por vez, en relaciones que se establecen con el ánimo de ser “para siempre”. No es lo mismo sacar de la valija sólo lo imprescindible para pasar la noche en una habitación de hotel, que establecerse, acomodando todo, en una casa nueva, sin perjuicio de que, la experiencia lo muestra, uno pueda mudarse. Que el ánimo de ser “para siempre” se concrete en una buena relación conyugal “para toda la vida” es difícil pero no es insólito. La dificultad no sólo proviene, como se ha señalado, del hecho de que la duración de la vida se ha prolongado en la última centuria, sino, sobre todo, de que en el desarrollo de sus vidas ambos cónyuges suelen evolucionar de maneras muy diferentes. La historia convivida puede funcionar como una argamasa, pero muchos matrimonios perduran gracias a que niegan la parálisis, la dependencia neurótica y el deterioro en que viven inmersos. André Maurois señalaba, de manera un tanto cínica, que un matrimonio vive al nivel del más mediocre de los cónyuges. De la confluencia de las capacidades de ambos cónyuges dependerá en definitiva la vitalidad del vínculo. Un vínculo es vital cuando sus integrantes conservan la capacidad de enriquecerse mutuamente y de encontrar lo nuevo en lo habitual. Si es cierto que, como dice Ortega, el amor se apoya en el interés y en la curiosidad, la permanencia de esas mismas virtudes ha de ser esencial en el amor duradero. Esto no quita su verdad al hecho de que, en el fondo de las tendencias polígamas que operan en otras culturas (y que funcionan gracias a la posibilidad de ¡reencontrar lo habitual en lo nuevo!), operan el interés y la curiosidad. Dado que los cambios son inevitables y continuos, la pareja permanece estable gracias a que cotidianamente se vuelve a suscribir, implícitamente, el contrato que la constituye. Importa destacar que, junto a lo que conscientemente se contrata, existen condiciones inconscientes esenciales que se dan por convenidas. Son precisamente esos convenios implícitos, que sólo se hacen manifiestos cuando no funcionan de acuerdo con lo que se había supuesto, los que llegan a poner en crisis la estabilidad del vínculo. ¿Debemos concluir que una pareja debería constituirse con alguna forma de contrato donde se contemple la mayoría de las vicisitudes posibles? Evidentemente no es posible, pero admitamos que una cosa es ignorar cuál será la posición que adoptará el consorte frente a un determinada circunstancia de la vida, y otra cosa, muy distinta, es saberlo y negarle su importancia, con la esperanza torpe de que, llegado el momento, se logrará torcer su voluntad. Celada La actividad genital gratificante minimiza la antipatía que surge de las diferencias de estilo y constituye un sólido fundamento para la unión de una pareja, pero es necesario comprender que las relaciones genitales “buenas” dependen de una buena elaboración de los celos. Especialmente importante será elaborarlos cuando una pareja se constituye con dos personas que ya han recorrido un trayecto importante de sus vidas y conservan vínculos entrañables con antiguos cónyuges, con hijos, con familiares o con amigos de antaño, ya que una pareja no puede unirse bien cuando alguno de sus integrantes debe omitir manifestar frente al otro una parte importante de sus afectos profundos. Sostuvimos antes que los celos constituyen un ingrediente ubicuo que contribuye a la excitación erótica, pero esos mismos celos, cuando adquieren una determinada intensidad y cualidad, tienden a destruir el vínculo genital. Tal condición destructiva se alcanza cuando los celos dan lugar a un malentendido que configura, en el vínculo, un círculo vicioso de retroalimentación positiva que genera cada vez más de lo mismo. Por ejemplo, cuando un cónyuge se muestra desaprensivamente insensible frente a los celos del otro y hace poco para tratar de evitarlos, es porque sufre por sus propios celos, aunque en su conciencia lo niegue, y porque siente, en el fondo, que es la verdadera víctima. A veces a esto se agrega, iniciando el círculo vicioso, el intento de mantener sus propios celos negados mediante el recurso de hacerse celar, y otras veces se añade como condimento, generalmente inconsciente, el placer de la venganza. Se admite que la envidia suele ser muy daniña, y quien la sufre no suele despertar simpatía; de los celos, en cambio, suele pensarse que son un testimonio del amor, y suelen confundirse con el celo con el cual debe cuidarse todo aquello que se ama. Sin embargo, los celos y la envidia, como dos caras de una misma moneda, comparten una identidad de origen. Los celos parten del sentimiento de que somos incapaces de satisfacer las expectativas de la persona amada y, por tal motivo, se comprende muy bien que no sólo nos torture el temor a perderla, sino que, además, suframos sintiendo que esa persona amada y celada ya no nos satisface como, seguramente, satisfaría a quien, con méritos mejores, nos sustituyera. Y, frecuentemente, el hecho de que, en algunos sectores de la convivencia, podamos satisfacer necesidades importantes de la persona amada, no nos convence de que satisfagamos por ello la parte más importante de sus expectativas. La autoestima dañada reclama entonces un testimonio convincente de que somos casi todo lo que nuestro consorte necesita para disfrutar de la vida, y, cuanto menos confiamos en lograrlo, con mayor insistencia reclamamos. Suele establecerse de este modo, a partir de una extrema dependencia inconsciente, un círculo vicioso de reproches y reclamos que se retroalimenta hasta conducir, si otros factores no lo interrumpen, a la ruptura del vínculo. * Extractado del libro Las cosas de la vida. FUENTE

La Medicina vista por la Filosofía Cuestiones polémicas . ¿Conduce necesariamente la medicina científico-tecnológica a una deshumanización de la medicina? . ¿Conduce inevitablemente la progresiva especialización de la medicina a una pérdida de la visión global del enfermo? . ¿Es la medicina una tecnología o un arte? . ¿Tiene que existir conversación personal entre el médico y el paciente? . ¿Hay alguna relación entre la biografía personal del paciente y el curso de la enfermedad? . ¿Es posible hoy una medicina humanizada? Palabras clave . Medicina científica . Medicina capitalista. . Medicina humanizada . Medicina como arte . Sujeto de la enfermedad . Conversación médico-paciente La constitución histórica de la medicina científica en la sociedad capitalista: deshumanización Cuando hablo en este artículo de filosofía no me refiero a una actividad académica de especialistas sino al espacio público desde el cual la razón crítica establece un diálogo con diferentes discursos y prácticas sociales. El debate con la medicina, cuya influencia social es cada vez más importante, me parece, en este sentido, fundamental. Porque la filosofía no es una simple opinión sino que presenta un rigor conceptual y lógico, una consistencia y un carácter interdisciplinario que le da una perspectiva crítica muy interesante. Pero la tradición filosófica se ha ocupado poco de la medicina y de las nociones de salud y enfermedad. Michael Foucault, uno de los filósofos más potentes del siglo XX es el único que ha trabajado a fondo, histórica y conceptualmente, estos temas. Solo otros pocos filósofos importantes, como H-G. Gadamer, han realizado aportaciones puntuales, sobre el tema. Este artículo establece una primera hipótesis que plantea que la medicina científica se ha ido convirtiendo en una medicina tecnológica que ha olvidado al sujeto portador de la enfermedad hasta convertirlo en un cuerpo-objeto. La segunda hipótesis es que este itinerario es solo uno de los posibles de la medicina científica y que ésta no es incompatible con una relación subjetiva entre médico y paciente. Esta reflexión me parece necesaria y urgente porque un sector importante de los pacientes que recurren a las llamadas medicinas alternativas lo hacen en muchos casos porque encuentran en este ámbito a alguien que les escuche como sujetos enfermos y no como portadores anónimos de una enfermedad. La Medicina científica es la medicina hegemónica de la sociedad moderna y se fundamenta en el paradigma positivista, que considera la ciencia como la única forma válida de conocimiento. Pero también la Medicina, como otras ciencias, construye una historia mítica para darse coherencia y publicidad. Y transforma lo que es un proceso complejo, influenciado por el azar y la lucha de diferentes sectores de la comunidad científica, en una historia lineal de carácter imaginario. En el origen de esta historia se señala a Hipócrates como el fundador de esta Medicina científica, pero en realidad la medicina hipocrática no era muy diferente de otras medicinas tradicionales, como la india o la china, ya que todas tenían un carácter empírico y una racionalidad propia basada en unos principios de carácter especulativo. De esta forma Hipócrates es el mito fundacional a partir del cual se constituye el Orden Médico como un discurso normativo que garantiza un ejercicio de poder. Y esto sucede a partir de la cohesión de una serie de colectivos heterogéneos (algunos filósofos presocráticos, los sacerdotes de Esculapio y los cuidadores de los gimnasios) que pasan a constituir un orden cerrado y jerárquico. Orden con un cierto aire iniciático, ya que a través de un juramento (el hipocrático) se sellará una cohesión interna y una fidelidad que investirá a los médicos de un mandato por encima de las leyes positivas de las sociedades y de los individuos. Hipócrates adquiere así el estatuto de Padre simbólico de la Orden, en la que cualquiera que es investido se inscribe en una línea de filiación que no tiene solo el carácter de transmisión de un saber sino también el de una ética. Este proceso posibilitará también una identificación imaginaria, que es el del mimetismo del iniciado con esta imagen idealizada del médico. La ciencia moderna se constituye en Europa en los siglos XVII-XVIII de la mano de Galileo, Descartes y Newton y sus bases son el lenguaje matemático y el laboratorio. Descartes será un punto de inflexión al formular un discurso dualista sobre el ser humano en el que el alma pierde su antigua concepción de principio vital; éste se entendía como aquel cuya presencia o ausencia marcará la diferencia entre lo vivo y lo muerto. El alma así entendida como principio era fundamental en la medicina hipocrática y era la base de la vis natura medicatrix, el principio autocurativo de la naturaleza que tiene que potenciar la acción médica. Pero con Descartes el alma se identifica con la mente y el cuerpo se entiende como una simple unidad mecánica que se mueve en el espacio, uno de cuyos mecanismos es el que propulsará la vida. A partir de esta concepción, Boyle, Hooke y Borelli plantearán una imagen del cuerpo humano siguiendo el modelo hidráulico e hidrostático de las tuberías, los vasos y los conductos como si fueran palancas, engranajes y poleas. Antonio Damasio, neurocientífico destacado y pensador muy lúcido ya advirtió el error de Descartes y sus consecuencias para la medicina: el olvido de la mente y con ella del ser humano como un todo. Esta visión posibilita la utilización del cadáver como el elemento central para el estudio del ser humano desde el punto de vista médico. Si no hay diferencia ontológica entre un cuerpo vivo y un cuerpo muerto, entonces podemos estudiar cómo funciona uno vivo a partir de otro muerto. La muerte ya no aparece como antagónica de la vida sino como su desviación patológica, perdiendo su sentido trágico: el cadáver se integra en todo el aparato técnico y conceptual de la medicina, como el modelo perfecto para estudiar la vida. Este proceso ha sido estudiado de manera magistral por Michael Foucault al explicar la transformación que sufre la mirada médica a partir del siglo XVIII, desde el que localiza el mal en el cuerpo a partir de una medicina clasificatoria centrada en la anatomía. La mirada médica se va librando de toda la conceptualización anterior (de tipo imaginario y especulativo: esencias, especies, individuos...) y pasa a entender la enfermedad como una entidad depositada en el organismo, en el que sus signos locales son pistas para detectar el trastorno orgánico funcional que la produce. Hay que inducir y deducir a partir de los síntomas localizables donde está la raíz orgánica de la enfermedad, que es el lugar preciso donde se encuentra la anatomía patológica. Percibir la enfermedad es percibir el estado del cuerpo, que es un espacio lleno de órganos internos. Un organismo está enfermo por las influencias nocivas del mundo exterior o por alteraciones fisiológicas o anatómicas internas, pero siempre son los órganos los que sufren el trastorno, aunque sea provocado por agentes externos. Todo esto implica, siguiendo a Foucault, una reestructuración de la mirada entre lo visible y lo invisible, es decir, entre lo que vemos y lo que sabemos. Y esta mirada es la que organiza cada etapa de la medicina, desde el vocabulario utilizado hasta la función del hospital, pasando por la utilización del cadáver. Es en el siglo XIX cuando se constituye el discurso médico como un discurso de la ciencia aplicada dependiente de una ciencia pura que es la biología. Claude Bernard será el auténtico fundador de la medicina científica cuando publica, el año 1865, su Introducción a la medicina experimental, cuya base será el conocimiento fisiopatológico. Introduce también como elemento privilegiado de la experimentación la vivisección de animales. Como ya señalaba Descartes, el cuerpo (del animal en general y del humano en particular) funciona como un autómata; sólo son necesarios el conocimiento de sus piezas y sus mecanismos. Si se ha eliminado la diferencia esencial entre un cuerpo vivo y un cuerpo muerto, ahora se elimina la que hay entre un organismo humano y un organismo animal. Bernard señala también un criterio de normalidad que es el de mantenerse en unos mecanismos de equilibrio interno (dentro de la autonomía que permite el rígido determinismo de las leyes naturales). El autor marca los tres puntales de la medicina científica: la fisiología, la biología y la farmacología. Las primeras son ciencias puras y la tercera es una ciencia aplicada, pero las tres son ciencias experimentales. Es la victoria definitiva del mecanicismo sobre el vitalismo. El organismo aparece entonces como una unidad dominada por factores orgánicos internos y la normalidad se establecerá por las variables estadísticas que marcarán la diferencia entre lo normal y la anormal. La enfermedad se entiende entonces como un desorden cuantitativo, es decir, como una función anormal por un nivel perturbado, exagerado o anulado del órgano. En este proceso los síntomas subjetivos van perdiendo peso delante de los signos objetivos: el laboratorio y el hospital pasan a ser los escenarios centrales del discurso y la práctica médicas, que serán los lugares de observación y control que posibilitarán una práctica sistemática. Pero en el siglo XX, a partir de los descubrimientos de Louis Pasteur (en Francia) y Robert Koch (en Alemania) se establecerán dos cuestiones nuevas que serán determinantes: los agentes patógenos (bacterias y virus ) son los elementos externos de carácter agresivo que perturbarán el funcionamiento orgánico interno normal. El agente curativo son los fármacos (antibióticos y vacunas fundamentalmente). Pero una última fase, a finales del siglo, es el descubrimiento de la de la genética y su incidencia en las enfermedades, que marcará un factor interno frente a la determinación anterior del condicionamiento externo. Paralelamente a este proceso, a partir del siglo XVII tuvo lugar un importante cambio en el interior del Orden médico, que fue el de la incorporación de los cirujanos, ya que hasta entonces el corpus hipocrático consideraba su trabajo (más manual que intelectual) como claramente inferior. Hasta esta época ni siquiera tenían una formación académica y estaban organizados en gremios independientes de los médicos, pero poco a poco fueron adquiriendo una posición elitista en el interior del propio cuerpo médico. El lugar ideológico que ocupa desde entonces la medicina respecto a la ciencia es paradójico: por un lado su carácter aplicado la sitúa en un lugar secundario respecto a las ciencias puras; por otro, dignifica el carácter benéfico y humanitario de la propia ciencia, frente al carácter devastador de la tecnología armamentista química y atómica. Pero todo este proceso se da en un contexto muy preciso, que es el de la sociedad capitalista, en la que todo se valora en función de su carácter mercantil, es decir, del beneficio que puede reportar. De esta forma lo que tenemos es la constitución de una medicina absolutamente rentable basada en el papel predominante de la farmacología y la cirugía. Hay aquí dos elementos clave: En primer lugar la transformación de empresas químicas en las grandes multinacionales farmacéuticas. Es el negocio con más beneficios del mundo, sobre todo por la consecución de patentes, tanto en lo referido a los fármacos como a la biotecnología. En segundo lugar la aparición de una medicina del deseo. El cirujano deja de ser un especialista en la extirpación (que llega a su capacidad máxima con la invención de la anestesia y la desinfección del instrumental), en reparación sustitutiva (prótesis, trasplantes) y más tarde las técnicas de reproducción artificial. Se convierte, por tanto, en un profesional capaz de cambiar el físico o el sexo al ahora llamado cliente (en lugar de paciente). Lo que resulta de todo esto es una medicina rentable, capaz de generar inmensos beneficios en el mercado capitalista. Y esta medicina, centrada en el laboratorio y el hospital tiene unos efectos también paradójicos sobre el paciente: por una parte le despoja de su subjetividad y por otra lo convierte en un consumidor perfecto. En todo este proceso está claro que el médico de cabecera (hoy médico de familia) y la asistencia primaria es lo que resulta menos rentable y por tanto menos interesante para esta medicina capitalista. La deshumanización de la medicina La medicina se convierte en la ciencia de la enfermedad y ésta aparece como una perturbación que hay que combatir. Pero el problema de fondo de todo este proceso es que la constitución de una medicina científica, es decir objetiva, ha llevado a la desaparición del sujeto médico y del sujeto enfermo. El médico deja de entender su trabajo como una maestría, basada en el buen hacer que deriva de su experiencia singular. Pierde la capacidad de “palpar” el cuerpo para descubrir sus tensiones y crispaciones, que puede corregir o confirmar la localización subjetiva que hace el paciente a través del dolor. Y pierde también la capacidad de escuchar la palabra del enfermo, cuando el lenguaje, no lo olvidemos, es lo que nos humaniza. Sin él no hay diferencia entre un médico y un veterinario. El médico pasa a ser entonces un técnico especializado que aplica asépticamente un procedimiento neutro, en el que tanto el diagnóstico como el tratamiento tienen un carácter exclusivamente objetivo. Los médicos tratan de esta manera con enfermedades y no con enfermos, que ya no existen como un discurso biográfico portador de sufrimiento y malestar. La palabra del enfermo no tiene valor, es sólo la expresión molesta del ignorante que debe escuchar y obedecer lo que le dice el único que sabe de lo que habla, que es el médico. Crítica a la medicina tecnológica A partir de los años 60, especialmente por la influencia del libro del inclasificable Ivan Illich titulado Némesis médica, aparece un movimiento crítico hacia la medicina oficial que recogerá, entre otros aspectos, el tema de su deshumanización. Tiene que ver, por ejemplo, con el auge de la homeopatía, que sabe recoger la demanda del enfermo de ser escuchado y atendido en su malestar personal. La cuestión que se plantea es si la enfermedad tiene un significado personal para el enfermo, más allá de su dimensión física. Una propuesta interesante es la del médico y psicoanalista argentino Luis Chiozza, que distingue entre causa y sentido de la enfermedad. A medida que la medicina progresa tecnológicamente, nos dice, va quedando insatisfecha la pregunta con la cual la enfermedad siempre nos enfrenta: ¿porqué ha sucedido? Y aunque tengamos los factores objetivos que la explican, éstos aparecen como necesarios pero no como suficientes y nos conducen a una pregunta más profunda. Y esto nos remite a lo psíquico, entendido como la significación subjetiva que damos a los hechos y a los procesos objetivos que conforman nuestra vida. Y aunque la causa de la enfermedad no sea psíquica tampoco podemos que transcurra independientemente de nuestra historia personal. Y aquí no estamos hablando solo de cuestiones psicosomáticas, en el sentido que una alteración funcional pueda ser provocada por un estado de stress o de tristeza, sino que hablamos de la significación subjetiva de cualquier proceso patológico, aunque éste pueda ser explicado en términos físicos. Recuperar el sujeto en la práctica médica El enfermo es un sujeto que sufre y este sufrimiento está enmarcado en un contexto cultural y personal desde el cual la enfermedad adopta un determinado sentido. Y la propia enfermedad es una historia particular que se enmarca en la historia global del sujeto. En este sentido me parecen interesantes algunas obras literarias en las que se manifiesta esta cuestión, como la novela La hermana del escritor húngaro Sándor Márai. Volviendo a la diferencia que establece Chiozza entre causa y sentido de la enfermedad, lo que éste plantea es que una cosa es la causa (por ejemplo, una infección vírica) y otra es la comprensión de cuál es el estado psíquico en que aparece esta infección y cuáles son las significaciones conscientes e inconscientes que el sujeto le da a la enfermedad. Víctor Van Weizsäker, uno de los grandes médicos humanistas, se preguntaba siempre qué es lo que le dice la enfermedad al enfermo. El médico también debe ayudar al paciente en la reflexión sobre esta cuestión. El médico debe recuperar su papel de contribuir a la salud, entendido como equilibrio psicosomático, y no sólo combatir la enfermedad. Y siempre debe respetar al paciente como sujeto que tiene responsabilidad sobre su vida y su muerte. La conversación entre médico y paciente no puede ser sólo un interrogatorio para la anamnesis, no es sólo un medio para el diagnóstico. La conversación implica diálogo, es decir, dos lógicas que se relacionan, que entran en contacto y, porque no, quizás en conflicto. Luis Chiozza, por ejemplo, nos propone un estudio patográfico del paciente que se construiría en diferentes apartados: . Descubrir si, al margen de la razón consciente, hay un motivo inconsciente para la consulta. . Explicitar cual es la teoría consciente y la fantasía inconsciente que tiene el paciente sobre su enfermedad y posible (o imposible ) curación. . Conocer la biografía del sujeto, con las situaciones dramáticas y las crisis importantes. . Saber el momento personal que coincide con el desencadenamiento de la enfermedad y el papel simbólico que le atribuye el sujeto. Quizás esta última terminología pueda provocar reservas entre algunos médicos porque está muy impregnada de planteamientos psicoanalíticos que algunos pueden cuestionar. Pero en todo caso creo nos da un ejemplo útil, una pista de cómo construir esta historia patográfica y de cómo a partir de ella establecemos un diálogo con el enfermo. Creo que es incuestionable que la actitud del paciente hacia su enfermedad no es independiente del proceso de curación. De lo que se trata, en suma, es de complementar la visión objetiva y científica de la enfermedad con algo que se ha perdido en el proceso, que es la consideración subjetiva del enfermo. Y también recuperar el papel del médico como sujeto que mantiene una conversación con el paciente. Y esto, evidentemente, sólo es posible a partir de la formación global y la potenciación del médico generalista y de la atención primaria. BIBLIOGRAFÍA . Bernard, Claude. Introducción al estudio de la medicina experimental. Editorial Fontanella. Barcelona, 1976. . Canguillhem, G. El conocimiento de la vida. Ed. Anagrama, Barcelona, 1976. . Clavreul, J. El orden médico. Ed. Argot, Barcelona, 1983. . Chiozza, L. ¿Porqué enfermamos? Alianza editorial. Madrid, 1996. . Foucault, M. El nacimiento de la clínica. Ed. S.XXI. México, 1993. . Foucault, M. Estrategias de poder. Ed. Piados. Barcelona, 1999. . Gadamer, H-G. El estado oculto de la salud. Ed. Gedisa. Barcelona,1996. . Illich, I. Némesis médica. Ed. Seix-Barral. Barcelona, 1975. . Langbein, K. y Ehgartner, B. Contra Hipócrates. Ed. Robinbook, 2004. . Porter, R. Breve historia de la Medicina. Ed. Taurus. Madrid, 2003. .Weizsäcker, V. El hombre enfermo Luis Miracle Editor, Barcelona, 1956. Notas CLAVREUL, J. El orden médico. Ed. Argot. Barcelona, 1984. PORTER, R. Breve Historia de la Medicina. Ed. Taurus. Madrid, 2003. DAMASIO, A. El error de Descartes. Ed. Drakontos. Barcelona, 2006. FOUCAULT, M. El nacimiento de la clínica. Ed. SXXI. México, 1993. BERNARD, C. Introducción al estudio de la medicina experimental. Ed. Fontanella. Barcelona, 1976. CANGUILHEM, G. El conocimiento de la vida. Ed. Anagrama. Barcelona, 1976. LANGBEIN, K y EHGARTNER, B. Contra Hipócrates. Ed. Robinbook, 2004. GADAMER, H.G. El estado oculto de la salud. Ed. Gedisa. Barcelona, 1996. ILLICH, I. Némesis médica. Ed. Seix-Barral. Barcelona, 1975. CHIOZZA, L. ¿Porqué enfermamos? Alianza editorial. Madrid, 1996. WEIZSAKER, V. El hombre enfermo. Luis Miracle Editor. Barcelona, 1956. Autor: Luis Roca Jusmet. Filósofo investigador de los conceptos de medicina, salud y enfermedad. Publicado por Isidre Lara i Llobet FUENTE

El cerebro de los músicos y los no-músicos: diferencias en el procesamiento musical Los investigadores se centran en el estudio del procesamiento de tonos, ya sean puros o generados por un instrumento, pero la música es mucho más que eso. Parece lícito pensar que los actuales experimentos que tratan la percepción de dichos tonos nos pueden llegar a informar acerca de las diferencias funcionales entre cerebros de músicos y no-músicos. Sin embargo, la música empieza a llamarse así desde el momento en que se organiza de manera más compleja. Esto conlleva que un conjunto de notas formando acordes, que tienen su ritmo local (distancia temporal entre tonos) y su métrica global, hacen que una pieza suene como una marcha o una polonesa. La pregunta es, ¿hasta qué punto son procesadas estás variables por el ser humano? Cualquiera que haya estudiado música en términos académicos se percatará que toda la enseñanza requiere del lenguaje natural. Esto explica, en parte, la implicación del hemisferio izquierdo por parte de los músicos. Podría decirse que un sujeto “sin escolarizar” escucha la música sin más; presta atención al modo y al tempo, a las notas y su distribución temporal, la emoción que transmite y su relativa consonancia. Así puede configurar una opinión sobre si le gusta o no desde la conciencia. Parece que en los no-músicos estas tareas pertenecen e involucran al hemisferio derecho, desde su holismo y sus componentes emocionales. En los músicos, esa percepción es muy diferente. Ellos perciben que un determinado tema es un adagio compuesto en Re menor (y que por tanto, las probabilidades de que suene melancólico aumentan). Detallan que se trata de una serie de cuartas (Re menor – Sol – Do – Fa – Si bemol – Mi menor – La menor – Re menor) que se distribuyen en un compás de tres por cuatro a un determinado tiempo de negra. Todas estas informaciones y muchas otras, se procesan desde el hemisferio izquierdo de manera automática con intervención del lenguaje natural. Los primeros intentos de modelización ya se han llevado a cabo por Peretz, Champod y Hyde (2003). Las autoras proponen que el input musical se procesa a través de una dimensión melódica definida como “variaciones secuenciales en tono” y que analiza el contorno, la escala y la tonalidad frente a una dimensión temporal definida como “variaciones secuenciales en duración” que se encarga del análisis de la métrica y el ritmo. Ambas rutas, como se observa en la figura 1, envían su output al “repertorio”, concebido como un sistema de representaciones que poseen todos los sujetos. Allí se encuentran almacenadas las piezas musicales que se han oído durante la vida. Puede darse el caso de que se activen las representaciones léxicas de la letra que acompaña a la música (y que ha sido analizada por otro sistema) para que ambos output, el del repertorio y el de las representaciones léxicas, accedan al título de la obra mediante memoria asociativa, consiguiendo así el reconocimiento. También se deja un hueco a la emoción dentro del modelo, dejando que ambas dimensiones (melódica y rítmica) analicen en cada caso el Modo y el Tempo que propicia, según las autoras, un reconocimiento emocional de la obra. En el ámbito biológico, por fenómenos de plasticidad, la práctica reconfigura la anatomía de las áreas cerebrales implicadas. Esto explicaría las diferencias anatómicas tanto en lóbulo temporal, como en áreas motoras, cuerpo calloso y cerebelo. El exhaustivo entrenamiento, continuado en el tiempo desde los cuatro o cinco años hasta la madurez cerebral configura el procesamiento específico que llevan a cabo. Roederer (1929) señaló que todos los indicios apuntan a que los músicos configuran sus cerebros mediante la práctica para percibir la música en relación con sus intervalos. Por otro lado, los no-músicos percibirían más la cualidad de las notas o acordes sueltos que la relación entre ellas. Los actuales hallazgos desde las neurociencias han reabierto el debate sobre las diferencias estructurales y funcionales provocadas por la plasticidad cerebral que están relacionadas con las habilidades musicales. De su análisis, que se expone a continuación, se propondrán mejoras de los escasos modelos propuestos en la literatura como el de Peretz, Champod y Hyde (2003), ya comentado brevemente, y posibles contribuciones futuras a una exhaustiva modelización de la actividad musical humana. ———————– [Continuará] ———————- Puede consultar el artículo completo en: Ruiz Sánchez de León, J. M. y González Marqués, J (2005). Anatomía, funcionalidad y plasticidad cerebral de músicos y no-músicos. Revista de Psicología General y Aplicada, 58(1), 35-49

Alambre González, Gady Pampillón y Daniel Raffo. link: http://www.youtube.com/watch?v=8UFnvgqBYjg Estos tres virtuosos guitarristas de nuestro rock y blues nacional se reunirán en un show íntimo en donde cada uno presentará su material en un set individual, con sus estilos tan personales que los identifica y al final del show se unirán para compartir su pasión por la música, la guitarra, el rock y el blues para cerrar una noche exclusiva para los amantes de estos géneros. GADY PAMPILLON : Guitarrista fundador del grupo Alakrán, integrante de La Torre desde el ´86 , también de Tarzen y Gasolina en los primeros 90's, actualmente se presenta junto a la 4x4 con un repertorio propio de blues y rock con su estilo influenciado por su carrera. link: http://www.youtube.com/watch?v=v_WLQ3_iraE link: http://www.youtube.com/watch?v=KXnw8XDih1o ALAMBRE GONZÁLEZ: Ex MAM, Doble Nelson, y sesionista de infinidad de músicos de primer nivel como por ejemplo Divididos. Considerado "el gran guitarrista" por los críticos y sus pares. link: http://www.youtube.com/watch?v=mP7okvaTu8s link: http://www.youtube.com/watch?v=leFHXUqb5tI DANIEL RAFFO: Bluesmen que se dedica desde hace tres décadas al blues clásico. Fundador de la banda King Size, acompañó a más de 20 músicos de Blues de Chicago y colaboró con todos los músicos de Blues locales . link: http://www.youtube.com/watch?v=Axdlnb3vmg4 link: http://www.youtube.com/watch?v=eCB6N27H1RA HOY los podés escuchar a los tres en el programa REYES DE LA NOCHE por la MEGA 98.3 en tu propia radio, o haciendo click ACÁ

Estos tres virtuosos guitarristas de nuestro rock y blues nacional se reunieron en un show íntimo en una noche exclusiva para los amantes de estos géneros. GADY PAMPILLON : Guitarrista fundador del grupo Alakrán, integrante de La Torre desde el ´86 , también de Tarzen y Gasolina en los primeros 90's, actualmente se presenta junto a la 4x4 con un repertorio propio de blues y rock con su estilo influenciado por su carrera. ALAMBRE GONZÁLEZ: Ex MAM, Doble Nelson, y sesionista de infinidad de músicos de primer nivel como por ejemplo Divididos. Considerado "el gran guitarrista" por los críticos y sus pares. DANIEL RAFFO: Bluesmen que se dedica desde hace tres décadas al blues clásico. Fundador de la banda King Size, acompañó a más de 20 músicos de Blues de Chicago y colaboró con todos los músicos de Blues locales Los tres músicos nos deleitaron con un excelente show en la radio. link: http://www.youtube.com/watch?v=_qW_LzhOH9A No se pierdan este sábado el G3 en el Abasto!!