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Albert Einstein: Alrededor de 400 cartas escritas por Albert Einstein (1879-1955) fueron halladas en 1986 en la bóbeda de un banco de California. Formaban parte de uno de los manuscritos que el genio escribió durante el desarrollo de la Teoría de la Relatividad, y que luego fueron protegidos en el Museo de Israel en Jerusalén. Lo polémico era su contenido, la supuesta prueba de que el científico más grande del siglo XX había sido un esposo cruel, un mal padre y un adúltero. Algunos de estos aspectos ya habían sido publicados por sus biógrafos. Suprimer matrimonio fué con Mileva Maric, matemática serbia y la única mujer que estudiaba física en el Instituto Politécnico de Zurich, donde se conocieron. En 1903 se casaron y tuvieron dos hijos: Hans Albert y Eduard, quien era esquizofrénico. En 1912, el científico inició un romance con su prima Elsa , lo que le causó problemas con su esposa. En una de esas epístolas el físico le advertía a Mileva que si quería mantener el matrimonio, debía aceptar un acuerdo en el cual ella tenía que servirle tres comidas, renunciar a tener relaciones íntimas y no esperar afecto de su parte. En 1919, se divorciaron y él se casó con su prima. Cuando su esposa murió en 1948, Einstein escribió sobre su hijo: "Lo peor es que Eduard está ahí solo, sin una mano caritativa, en su miserable situación. Si tan solo hubiera sabido, él nunca habría venido a este mundo". El mal concepto de físico cambió cuando la Universidad Hebrea de Jerusalén reveló, en 2006, el contenido de otras 1.300 cartas que habían sido protegidas a petición de de Margot-la hija de la segunda esposa de Einstein-. La nueva evidencia demostró que el científico fué un padre devoto, que había estado pendiente de sus hijos y se sentía gratificado cuando Eduard le enviaba fotos y poemas. Confimó que, aunque su primer matrimonio fue difícil, otorgó parte del dinero de su premio Nobel a su exesposa e hijos, y el resto a despifarros y malas inversiones. También reveló que mantuvo una relación abierta con su prima Elsa, puesto que le escribía acerca de sus relaciones extramaritales (en algunas cartas mecionó a mujeres llamadas: Margarete, Estella, Toni y Ethel).

Las Dictadoras: La historia de los grandes dictadores del siglo XX ya es más que conocida, y ha sido abordada en películas, documentales e infinita cantidad de libros. Hombres como Iósof Stalin, Adolf Hitler, y Francisco Franco fueron estudiados como esas grandes figuras masculinas que cambiaron para siempre el destino de sus respectivos países. Pero, ¿qué pasó con las damas que los acompañaron? Dicen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, y ellos no fueron la excepción. En el libro de Rosa Montero se encuentran inmortalizadas estas mujeres que amaron a los hombres más despiadados des mundo. Eva Braun, la mujer de Hitler Aventuras del zar rojo Iósif Stalin fue el líder del régimen comunista ruso durante casi 30 años, creando una de las dictaduras más feroces de la historia. Al analizar su personalidad, puede decirse que la primera mujer importante en su vida fue su madre: Yekaterina, muy religiosa y de carácter fortísimo. Cuenta la historia que Stalin creció en un ambiente de violencia permanente, con un padre borracho y golpeador. Fue por eso que a sus 16 partió de su casa para estudiar en un seminario, pero lo expulsaron a los 5 años de estar allí. Yekaterina Geladze, la madre de Satlin. Luego de ese episodio decidió entrar en el Partido Socialdemócrata de los Trabajadores, en la rama bolchevique. Quienes lo conocían en esa época decían que ya tenía las características que lo acompañarían toda su vida, al parecer heredadas de su madre: férrea voluntad, inteligencia natural, fanatismo agudo y gran violencia. En esa época de juventud Stalin tuvo varias amantes, con quienes concibió muchos hijos que quedaron desperdigados. Destaca Ludmila Stal, una revolucionaria 6 años mayor, calificada por la policía zarista como una “bolchevique peligrosa”. De hecho, él tomó su nombre de ella: “Stal” significa acero en ruso, y “Stalin” es el hombre de acero. Sin embargo, la mujer más importante del zar rojo fue Ekaterina Svanidze, su primera esposa. Ella murió muy joven y él cayó en una profunda depresión, llegando a decir: “Esta pobre criatura ablandó mi corazón de piedra. Ahora ha muerto. Mueren con ella los últimos sentimientos cálidos que tenía hacia la humanidad”. Ekaterina "Kato" Svanidze, su primera esposa. Rosa Montero explica en su libro que “en esa época las mujeres no tenían la posibilidad de cultivarse o realizar sus aspiraciones, por eso muchas de ellas elegían acercarse a la luz de un gran hombre, para vivir estas experiencias a través de ellos”. Luego se casó con Nadezhda Alliluyeva (Nadia), una mujer fuerte que siempre estuvo abocada a la causa revolucionaria y que se sentía mortificada por el papel femenino que le había dado Stalin. “Fue la única que lo podía contradecir, que velaba por su propia identidad”, cuenta en Dictadoras Olga Romanovna Trifonova, directora del Museo Casa del Malecón. Nadezhda Alliluyeva. Sin embargo, Stalin la humillaba mucho, sobre todo en las fiestas cuando se emborrachaba. En 1932 –luego de 13 años de matrimonio– cansada de las infidelidades, Nadia le escribió una carta a Stalin y luego se pegó un tiro en el pecho. El dictador volvió a caer en una profunda depresión, al punto de que los familiares de Nadia tuvieron que acompañarlo para que no se matara. La mujer que estuvo con él hasta su muerte, ocurrida en 1953, fue Valentina Istomina : una criada sin formación, que lo atendía y que no le daba problemas. Valentina Istomina, años después de su relación con Stalin. Muchos otros escritores dejaron salir a la luz el lado de Stalin que representaba sus deseos personales además de su ambición para con el pueblo ruso. Algunos historiadores califican a Stalin como "Un verdugo que amaba a las jovencitas". Hitler, el de corazón frío Aunque cueste creerlo, el principal ideólogo del nazismo y el Holocausto –con su saldo de 6 millones de muertos– fue amado por miles de mujeres. A medida que su poder aumentaba, lo admiraban más por su nacionalismo, su soledad, su excentricidad y su aparente indefensión. Y él se aprovechaba de eso. Durante sus años de juventud tuvo algunos amores, aunque ninguno muy trascendente. Una figura importante fue la de Geli Raubal, su sobrina, que vivió con él desde 1923. Ella se sentía muy oprimida con su tío, ya que la controlaba demasiado y no la dejaba hacer su vida. En 1931 Hitler parte de viaje y Geli aprovecha su partida para matarse de un tiro en el corazón. Fue uno de los golpes más duros para Hitler. Gerli, su sobrina y Hitler. El gran dictador tuvo otros amores reales e idílicos, como el caso de la inglesa Unity Mitford o Magda, la esposa de su fiel amigo Joseph Goebbels. Pero sin duda, la mujer más importante de Hitler fue Eva Braun, con quien se conoció en 1929 y se hicieron amantes en 1932. Eva tenía 20 años y Hitler 43. Ella era la asistente de Heinrich Hoffman, el fotógrafo oficial de Hitler. Era temida y odiada a la vez. El final, ya es más que conocido: ambos terminaron su vida de un disparo el 30 de abril de 1945, en el búnker subterráneo de Hitler en Berlín. Eva Braun. Franco, el hombre fiel. A diferencia de los otros dictadores, a Francisco Franco no lo adoraban las mujeres. El poder que tuvo este caudillo, que ejerció una fuerte dictadura en España desde 1936 hasta 1975, no trajo admiradoras. La primera mujer fue su madre, Pilar, una dama buenísima, conservadora, sumisa, con un marido maltratador. Luego, la única en la vida de Franco fue Carmen Polo, a quien conoció cuando ella estudiaba en una escuela de monjas y con quien se casó en 1923 hasta la muerte de Franco. “Era un poco la imagen de la beata que no se metía en nada, pero creo que cuando cerraba la puerta era una gran influencia, la que le ayudó a arrancar algo que él ni siquiera se había planteado. El nunca pensó que iba a llegar a ser lo que era”, cuenta la escritora Carmen Domingo en Dictadoras. Esta gran influencia de su mujer se evidencia incluso en el final del régimen franquista, ya que a pesar de su gran deterioro, la corte seguía impulsada por Carmen . Carmen Polo. “Ella fue, a mi entender, la única que influyó y mucho en su marido, probablemente contribuyendo de manera decisiva en que se convirtiera en dictador. Las demás mujeres de los dictadores fueron manipuladas por ellos, eran figuras más o menos cautivas, adoradoras cautivas del egocentrismo de los dictadores”, finaliza Rosa Montero.

Esta es la segunda parte y la continuación de la "serie" sobre la vida privada de los científicos más famosos, y otros que no lo son tanto. Marie Curie: entre el luto y el amor. Marya Salome Sklodowska (1867-1934) conoció a Pierre Curie en 1894. La personalidad de ella, nacida en Polonia, había enamorado al francés: Era una mujer seria, autosuficiente, fierme con su ideología de libertad nacional, no se dejaba someter y enaltecía su pasión por la ciencia. El matrimonio Currie. En 1895, Pierre contrajo matrimonio con Marya, quien después adoptó el nombre de Marie Curie. Trabajaron juntos en el descubrimiento del radio, el polonio en incursionaron en el nuevo campo de la física: la radioactividad. Ambos tuvieron dos hijas, Irene y Eva. Eva e Irene. En Abril de 1906, el físico sufrió un accidente fatal. Mientras cruzaba la calle, una carreta de seis toneladas lo atropelló. Marie Curie, devastada por la tragedia, permaneció de luto cuatro años hasta que conoció al destacado físico francés Paul Langevin. Su amistad inicial pronto se convirtió en un romance. Se veían de manera cladestina, porque el estaba casado, y se escribían cartas. Sus amigos sospechaban un amorío, que se confirmó cuando la esposa de Paul encontró la correspondencia en uno de los cajones del físico. Paul Langevin. En 1911, apareció un artículo en el diario Le Journal que daba cuenta de la relación entre Marie y Paul. Se desató un polémica después de la publicación de la noticia, porque lejos de solo exponer a los amantes, la situación tuvo tientes nacionalistas. Portada de Excelsior Journal. Algunos acusaban a la polaca de destruir una familia francesa con cuatro hijos. Los parisinos parecían haberse dividido en dos bandos, según su postura en el romance público. Pocos días después, Marie recibió la noticia de que había ganado el premio Nobel de Química, pero debido al escándalo público, las autoridades del Nobel sugirieron a la científica no acudir a la ceremonia, pero ella se negó y con sus hijas viajó para recibir el premio. Argumentó que un problema personal no podía interferir con su trayectoria profesional. Marie en su laboratorio. Después de que se resolvió el problema, Marie y Paul dejaron de verse como amantes y mantuvieron una estrecha amistad. No querían que sus hijos sufrieran las consecuencias en un futuro. Madame Curie falleció y fue enterrda en el Panteón Nacional junto con los restos de Pierre. Y para los que no crean en las casualidades, Helene Joliot-Cuerie, nieta de Marie se casó con Michel Langevin, uno de los nietos de Paul.