Lorestf
Usuario (Argentina)
Primero de todo, les quiero pedir que no isulten ni digan groserías. Ojalá lo disfruten tanto como yo disfruté hacerlo. Esto va dedicado a Jimee, una amiga que conocí en clash of clans. Prologo Creo que siempre supe cómo iba a terminar toda esta historia, con migo contra la pared, esperando la hora de mi muerte, sin más esperanza, solo, me quede mirando a mi traidor, que estaba a punto de matarme, con esa Luger 08, con su mira apuntando entre mis cejas. Esperé el disparo de mi muerte, solo quería que esto ya acabara. Deseaba reencontrarme con mis padres tan queridos, que me esperaban en el segundo mundo. También anhelaba que la guerra terminara, pero sé que el Füher no terminará con esta guerra hasta que no hayan muerto uno por uno sus soldados. Esperaba el disparo de Alger, mi coronel a cargo, pero no fue eso lo que ocurrió. Capítulo 1 Era un día soleado en Kronberg1, el pueblo donde vivo, los pájaros cantaban, los ancianos comían brezels2, los niños jugaban, todo parecía normal. Todo cambió cuando la gente empezó a leer los diarios. Ese 1 de Septiembre de 1939, todos quedaron con un gran temor hacia lo ocurrido. Algunos se preguntaron qué ocurría, ya que cual era la causa del inicio de esto. El diario decía: Explotó la Guerra (…) La invasión alemana a Polonia, el primer paso bélico de la Alemania nazi en su pretensión de fundar un gran imperio en Europa, que produjo la inmediata declaración de guerra de Francia y la mayor parte de los países del Imperio Británico contra Tercer Reich. La invasión de Polonia encaminada a usurpar el territorio polaco. La invasión de Polonia fue la primera de las agresiones bélicas que la Alemania de Hitler emprenderá. El ejército polaco fue fácilmente derrotado, al no poder hacer frente a las superiores tropas germanas que estaban usando su famosa técnica llamada Blitzcrieg (guerra relámpago), basada en el movimiento rápido de los blindados y la máxima potencia de fuego brutalmente aplicada. (…)El ejército alemán estará llamando a todos los hombres mayores de 16 para batallar o mantener a los prisioneros de guerra encerrados. (…) Yo tenía 19, faltaban 3 semanas para mi cumpleaños. Cuando mis padres me dijeron que tendría que ir a la milicia yo me puse pálido. Además que no tenía ninguna experiencia con armas más que con mis tiras chinas. Yo les supliqué que no me enviaran a la milicia, pero mi padre me obligó ya que él estuvo en la 1era Guerra Mundial y sabía que eso me volvería (si es que sobrevivía) más fuerte y serio, ya que yo era todavía “todo un adolecente” según mi padre, pero, qué podría hacer, si soy menor que él. Una semana después, luego de despedirme de mis padres, mis dos hermanas y mis otros familiares, partí rumbo a Berlín. Mi madre lloraba, mi padre estaba orgulloso de mi, (aunque yo no esté orgulloso de el por haberme enviado aunque yo no quisiera) mis hermanas estaban tristes y a la vez felices, ya que tendrían nuestra habitación solo para ellas dos, pero yo sé que en el fondo ellas me iban a extrañar. Solo espero alguna vez poder volver a mi pueblo querido y reencontrarme con mi familia. En el tren me encontré con mi amigo, Adler, hijo de uno de los grandes amigos de mi padre, un gran comerciante del pueblo y, igual que mi padre, excombatiente de la 1era Guerra Mundial. En el viaje estuvimos hablando de las cosas que habíamos hecho en las últimas vacaciones. Me impresionó que hubiera ido a Italia con sus padres. También comentó que, igual que a mí, esta información sobre la milicia obligada lo desesperó y estuvo muy deprimido unos cuantos días pero dice que su padre lo animó y le dijo que iba a ser una gran experiencia para él, y que si tenía suerte no pisaría el campo de batalla. Yo sentí que su padre le estaba dando falsas esperanzas, pero no se lo dije para no desilusionarlo. Su padre es una persona muy amable, siempre buscará el lado positivo de las cosas para que tu día sea feliz. Cuando nos dimos cuenta el tren ya estaba empezando a moverse, saqué la cabeza y el brazo derecho por la ventanilla y saludé a mis padres por última vez. Cuando ya perdí no pude distinguirlos de entre toda esa multitud, salí de la ventanilla y empecé a hablar con Adler sobre temas cotidianos entre amigos, como como les fueron las vacaciones en Italia, como estaba sus familiares y todas esas cosas. Me entretuve mucho al escuchar todas las historias que me conto el sobre su padre cuando estuvo en la Guerra, y lo que más me impresionó fue esto: “(…) desde hace 4 días que no veía la luz del sol, mis ojos ardían a causa del polvo que caía del techo, no sentía más mis piernas, tampoco mi brazo izquierdo, quería salir de estos túneles de mina abandonados, pero sabía que si salía podría morir en menos de 5 segundos, a causa de las ametralladoras francesas o el bombardeo constante de las avionetas. Doscientos soldados de mi pelotón habían salido, ninguno volvió. Quedamos 376 sin contar a los 3 sargentos al mando de nosotros. El sargento mayor decidió que todos salgamos a batallar pase lo que pase en defensa de nuestro país. Aunque la mitad del pelotón estaba en contra de él, teníamos que obedecerlo o seríamos sentenciados a muerte por traición a Alemania. Todos salimos pensando que nadie saldría vivo de esta, pero, cuando estábamos sacando los rifles de las esquinas de la mina y subiendo las escaleras a la superficie, los sargentos, que fueron los primeros en subir, vieron a los tanques aliados combatiendo a los franceses con gran eficacia. Salimos vivos, solo tuvimos 7 bajas y 3 heridos graves de esos 376 soldados que salimos. Los franceses se retiraron de esa batalla, me salve gracias a Dios, y salimos victoriosos y orgullosos de ahí.” Yo le pregunté si el quedó impresionado con esa historia, y rápidamente me dijo que sí, al igual que yo. Todavía, en estos momentos esa historia me impresiona y me pregunto si saldremos, al igual que él, victorioso. Seguramente algún día tendremos hijos y le contaremos nuestras historias sobre héroes, generales miedosos, amigos muertos y valientes bombarderos. Hemos llegado a nuestro destino, a la milicia del Tercer Reich, que está en las afueras de Berlín. Cuando llegamos nos revisaron los bolsos en busca de armas u otros objetos similares. En la entrada había un cartel que decía “Régimen y disciplina”. Eso significaría, basta de juegos, basta de charlas, solo trabajar como un esclavo lavando platos, y entrenando. Solo trabajo forzado. Con Adler estábamos pensando en escaparnos porque no vamos a sobrevivir ni un día aquí. Es el segundo día, ayer estuvimos ejercitando cuatro horas seguidas sin descanso. Solo queríamos volver a nuestras casas y a nuestras calientes camas. Conocimos a un chico de 19 años, es un poco bobo, pero es una buena persona, su nombre es Alphonse. Es de la capital de Alemania, Berlín. Nos contó un poco de su vida, como que sus madre murió tres días después de que el nació y su padre se suicidó luego de la muerte de su madre. No conoció a sus padres ni a sus abuelos de parte materna. Fue criado por sus tíos hasta que estos se fueron a vivir a Estados Unidos a causa de los problemas económicos que tenían, entonces fue trasladado a vivir con sus abuelos paternos hasta el día 8 de Septiembre, cuando lo enviaron allí. También conocimos a Heinz, pero como no era de hablar mucho, no nos contó casi nada, solo que era de Bremen, un pintoresco pueblo al norte de Alemania. En los pabellones por suerte me tocó dormir con Adler. Nuestro Sgto. Gustav Risov nos trata horrible, nos obliga a limpiar el baño con un cepillo, armar las camas en 30 segundos y hacer la pista de ejercicios de 1,5 kilómetros en 15 minutos. El que no hace todo esto a la perfección se quedaba sin cena. Tuvo tolerancia este día, pero seguramente la próxima no tendrá piedad. Esa noche creí que me moriría de frío a causa de que un idiota dejo abierta la ventana toda la noche. Además mis sábanas tenían chinches y mal olor. Nuestro Sargento durmió con nosotros esa noche, ya que algunas personas estuvieron hablando. A la otra mañana a causa de lo que hicieron esa noche tuvimos que limpiar todos los pabellones con los mismos cepillos putrefactos con los que limpiamos los baños. Solo quiero volver a mi casa para estar con mi familia. Ese día me llegó una carta de ellos diciéndome que pasaron nuestros tanques por el pueblo, y estaban buscando a los judíos por todas partes para llevarlos a los centros de concentración. Estuve rezando para que mis padres no tuvieran ningún percance. Pero cuando leí la parte trasera de la nota decía: Querido hijo: Tenemos que confesarte tu madre y yo que tenemos alojado a esa persona en nuestro hogar que me salvó la vida a tu padre en la gran guerra. Esa persona en medio de la guerra me había salvado la vida ya que me habían disparado en la pierna y no podía moverme, así que esta persona con su navaja me sacó la bala. Como le debo la vida lo estamos alojando en el sótano. Te amamos. Tus padres. Cuando terminé de leer la carta de mi padre, me angustié. Estaba muy pálido y tenía el corazón en la garganta. Pensé ¿Justo en el momento que está la guerra, mi padre se le daba por invitar a un judío a refugiarse? Bueno, esto es tema para pensar mañana, dije. Y como ya eran las 9 me fui a dormir. Esta noche nadie hablo por miedo al Sargento a que nos haga trabajos forzados de nuevo. Capítulo 2 Hoy tuvimos un gran día, ya que nuestro general se enfermó. Por lo tanto solo tuvimos que limpiar la vereda entre 13 personas. Luego, fuimos a almorzar. Nuestro pelotón era el único que no tenía un general. Obvio que todo esto quedó en el olvido cuando llegó un general de remplazo. Este era peor que el nuestro, nos obligó a paleando todo el día y tapar los pozos que los practicantes de bombarderos hicieron cuando disparaban. No entiendo porque lo hacemos, ya que mañana volverán para hacer nuevos huecos. Cuando terminamos, todos los otros pelotones ya habían cenado y estaban por irse a dormir. Cuando llegamos a los pabellones, todos se nos rieron por estar sucia. Los malditos se habían gastado toda el agua caliente, por lo tanto tuvimos que aguantar el agua fría. Fue la vez que más rápido nos bañamos en todo el tiempo que estuvimos en ese horrible lugar. Nos bañamos todos en menos de 45 segundos, aunque las duchas de batalla duran 90 segundos. Mientras nos vestíamos titiritando los otros pelotones se reían entre susurros de bromas. Ojalá hubiera estado un general para escucharlos, los hubiera echo hacer trabajos forzados a cada uno de ellos. Ya nos avisaron que tendremos a nuestro general oficial mañana. Gracias a dios, no quería tener otro segundo más con ese idiota del remplazante del general. Mientras dormía, a las 5.30 más o menos, cuando me fui a bañar, escuche que dos cadetes estaban hablando fuera de los pabellones. -Hoy le pregunte al comandante Rasnovich que pasaría con este pabellón de cabos, adivina lo que me dijo. Serán enviados a las fronteras de Polonia para poder seguir enfrentando a los polacos, en las últimas zonas todavía pobladas por sus militares. - Eso no les caerá muy bien. Mejor mañana le decimos a los cocineros que cocinen algo delicioso y mientras coman, les diremos las noticias así no les cae tan mal. Mañana tendrán que aprender a usar los k98k3, unos rifles no muy avanzados pero son lo que tenemos acá. Y también les daremos algunas granadas para practicar -Bueno, a 17 cabos los dejaremos con Razein y a los otros 21 los tendré yo. Desde ese momento no los escuche más ya que se fueron alejando mientras hablaban. No se los voy a decir a los chicos para que no se asusten, si no les frustraría todo el día dejándolos pensando en que los enviaran a la guerra. Cuando fuimos a la zona de práctica, yo sentía miedo de las balas y los disparos, siempre les tuve miedo, desde pequeño cuando mi padre a los 12 años me contaba las historias de la guerra, el frío, las balas que te sobrepasaban la cabeza, y demás. Lo primero que hicimos fue aprender a estar cuerpo a tierra y subir muros, no se para que ya que en la guerra lo único que vamos a hacer es estar tirados en una trinchera con el arma en el pecho con miedo a que nos tiren una granada y nos mate a todos. K98k3: Arma utilizada por los alemanes en la 2da guerra mundial. Cuando terminamos de aprender a tirarnos cuerpo a tierra y subir muros de madera, nos llevaron a la zona de práctica de tiro. Era como un bunker, pero sobre la tierra, como si fuera que emergió, porque tiene las paredes muy gruesas y se podían ver hierros que salían de las paredes. Esto era para que desde afuera no se puedan escuchar los disparos ni las explosiones. Primero empezó el grupo de 17, en ese estaba yo, entramos, nos dieron un rifle a cada uno y nos enviaron a casillas de tiro, cada una separada con una pared de cemento de 5 centímetros de la otra. Nuestro general nos iba diciendo como disparar, recargar, apuntar, etc. Yo disparaba con poco pulso, ya que sabía que nos estaban por enviar a la guerra. Trate de que nuestro general no se enojara con migo y me enviase a hacer trabajos forzosos como el primer día que estuvimos acá. Entonces disparaba lo mejor que podía. Le acerté al blanco 8 de 15 veces que dispara, quede 8avo entre los 17 que éramos. El general felicitó a todos menos a Alphonse que trabó un rifle tratando de recargarlo. Luego llegó el otro grupo a practicar, mientras nosotros esperábamos afuera a que ellos terminaran. Mientras estábamos afuera, dentro se escuchó un grito de dolor y 30 segundos después salió un chico gritando de dolor con su general al lado en dirección a la enfermería. Cuando salieron uno de los chicos que salió, Edgar, que me dijo que una bala reboto en el blanco de metal y le pego en el brazo a uno de los cabos del pabellón. Nadie dijo quien fue, entonces, cuando terminaran de practicar a lanzar granadas todo el pelotón irá a hacer trabajos forzosos, excepto al que le llegó la bala, ya que él no podría haber sido. Luego todos fuimos a aprender a comer lanzar granadas de la manera correcta. Nos dijeron que primero teníamos que sacar el seguro, y rápidamente tapar la zona donde estaba el seguro, mantenerlo un rato si es que queríamos que explote instantáneamente o si queríamos que explote luego de un tiempo tirar en el momento que sacamos el seguro. Por precaución a la zona de lanzamiento de granada solo iba una persona por ves. A mí me toco cuarto, lancé todas bien, entonces el general me felicitó. No nos permitieron usar granadas de fragmentación por el miedo a que exploten y se nos incrusten esquirlas. Cuando todos terminamos, nos enviaron al comedor. Yo tenía tanto miedo que no pude comer mucho. Ya sabía que nos iban a mandar a la guerra. Yo no quería, quería volver a mi pueblo, con mi familia, con mis amigos, con mis vecinos, solo quería volver. De comida había un muy bien cocinado Kassler4 con un buen puré de papas. Cuando todos terminamos de comer, nuestros respectivos generales nos dijeron que los planes se adelantaron y nos enviaran a la guerra antes. Nos dijeron nuestros puestos y niveles militares. Yo ahora soy cadete y estoy en la 2da línea, no como a Adler y Alphonse que los colocaron en la primera línea. Seguramente luego de la guerra no los vuelva a ver más. Kassler4: Comida tradicional alemana que consta de un filete de carne de cerdo ahumada y salada. Capítulo 3 Terminamos de comer, fuimos a cambiarnos de ropa en nuestros pabellones, nos colocamos ropa cómoda, para poder estar más tranquilos luego de esta noticia tan frustrante, que nos golpeó a todos. Seguramente no estemos en los mismos batallones entre mis amigos y yo, tendré que hacer nuevos amigos. Hoy a las 5 llegó un camión que nos llevará a un campo de concentración para estar un tiempo como guardias de esa zona. Yo pensé que nos iban a enviar directamente a la guerra, pero no debo haber escuchado toda la conversación entre los generales en el campo de práctica. A mí me enviaron a cuidar de un grupo de 19 judíos. A veces los veo y me dan lástima, no les dan mucho de comer, están desabrigados, no le dan casi nunca ropa de su talle y a algunos los llevan a trabajar y nunca vuelven. No sé qué harán con ellos, seguramente debe ser algo horrible. Hoy a la mañana desperté y me encontré con que un judío estaba buscando comida en la pieza de los generales. Cuando lo vi, hice e menor ruido posible para no levantar a los generales, lo agarré del brazo, lo lancé afuera silenciosamente. Apenas lo saqué afuera me suplicó: -Por favor, no me envíes con los generales, me enviarán a los hornos. Yo quede un poco desconcertado y le pregunte: -¿Qué hornos? ¿Qué hacen, te envían a cocinar? Eso no es muy malo. El, con miedo, me dijo: ¿Qué, no lo sabes? –Trago saliva con alivio prosiguió- A los viejos y niños enfermos los envían a los hornos o a las cámaras de gas para que mueran. Me lo contó un amigo, por eso para que no se sepa entre nosotros lo enviaron a los hornos. –Con asco me dijo- Se dice que se hace jabón con los cuerpos. Yo rápidamente le dije: - Por favor, cállate, si no me quedaré con pesadillas toda la vida. – Me dio tanta lástima que le dije que me espere. Fui adentro a por una hogaza de pan, todo a oscuras para que los generales no despertaran y me vieran ayudando a un judío. Eso estaba prohibido. Salí afuera, se la regalé y le dije que se valla corriendo antes de que amaneciera y lo vieran los guardias. Todavía me pregunto como hizo para que los guardias no lo detectaran.