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Lord_Lorincz

Usuario (Argentina)

Primer post: 6 mar 2013Último post: 9 mar 2013
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Ventajas y desventajas de Facebook
Ventajas y desventajas de Facebook
InfoporAnónimo3/9/2013

Buenos días estimados taringueros, en este post con colaboración de @Facundooo1 os enseñaremos las ventajas y desventajas de una de las redes sociales más grandes, Facebook. Para empezar, ¿qué es Facebook? Facebook es una empresa creada por Mark Zuckerberg y fundada junto a Eduardo Saverin, Chris Hughes y Dustin Moskovitz consistente en un sitio web de redes sociales. Originalmente era un sitio para estudiantes de la Universidad de Harvard, pero actualmente está abierto a cualquier persona que tenga una cuenta de correo electrónico. Los usuarios pueden participar en una o más redes sociales, en relación con su situación académica, su lugar de trabajo o región geográfica. Ha recibido mucha atención en la blogosfera y en los medios de comunicación al convertirse en una plataforma sobre la que terceros pueden desarrollar aplicaciones y hacer negocio a partir de la red social. A mediados de 2007 lanzó las versiones en francés, alemán y español traducidas por usuarios de manera no remunerada,6 principalmente para impulsar su expansión fuera de Estados Unidos, ya que sus usuarios se concentran en Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. Facebook cuenta con más de 900 millones de miembros, y traducciones a 70 idiomas.7 8 En octubre de 2012, Facebook llegó a los 1,000 millones de usuarios, de los cuáles hay más de 600 millones de usuarios móviles. Brasil, India, Indonesia, México y Estados Unidos son los países con el mayor número de usuarios.9 Su infraestructura principal está formada por una red de más de 50 000 servidores que usan distribuciones del sistema operativo GNU/Linux usando LAMP. El 9 de abril de 2012, se anunció que Facebook adquirió Instagram por mil millones de dólares. Fuente: Wikipedia.org Su creador: Mark Elliot Zuckerberg (White Plains, Estados Unidos, 14 de mayo de 1984), es un programador y empresario estadounidense conocido por ser el creador de Facebook. Para desarrollar la red, Zuckerberg contó con el apoyo de sus compañeros de Harvard, el coordinador de Ciencias de la computación y sus compañeros de habitación Eduardo Saverin, Dustin Moskovitz y Chris Hughes. Actualmente es el personaje más joven que aparece en la lista anual de milmillonarios de la revista Forbes con una fortuna valorada en más de 9.400 millones de dólares. Fue nombrado como Persona del Año en 2010 por la publicación estadounidense Time Magazine. Fuente: Wikipedia.org Sus ventajas: Bueno, las ventajas de tener un Facebook son: -Se puede interacuar con familiares, amigos, gente que conoces -Las distancias desaparecen -Te puedes comunicar no solo por escrito si no también con una coversación, puedes comunicarte por Video-Cam -Sirve como una distracción cuando estas al pedo Sus desventajas: Y bueno, sus desventajas son: -Robo de información -Te pueden engañar para secuestrarte -Pedofilia -Puede convertirse en un vicio peligroso, tu vida puede resumirse a píxeles

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La medicina en la Grecia antigua
Apuntes Y MonografiasporAnónimo3/6/2013

La medicina en la Grecia antigua Fue en Grecia donde, a partir de la actividad de Hipócrates, la medicina comenzó la búsqueda de una explicación racional de las enfermedades, atendiendo a sus síntomas para formular un diagnóstico y ofrecer el tratamiento más adecuado Macaón y Podalirio, que atienden a los heridos griegos en la guerra de Troya, son los dos primeros médicos griegos cuyo nombre conocemos. La Ilíada los recuerda como «dos buenos médicos» en el ejército del rey Agamenón. Son hijos del famoso Asclepio (en latín Esculapio), más tarde venerado como dios de la medicina, y héroes muy apreciados tanto por su valor guerrero como por su servicial saber quirúrgico. El médico, llamado iatrós en griego, es, en efecto, según Homero, «un hombre que vale por muchos» (Ilíada, XI, 514), y está calificado socialmente como demioergós, «servidor público», al igual que el adivino, el maestro carpintero o el recitador de poemas. Se trata de un oficio acreditado y sabemos que médicos itinerantes circulaban por la Grecia arcaica. Ya en pleno siglo VI a.C. conocemos el nombre de un famoso médico viajero, Demócedes de Crotona, que, según cuenta Heródoto, acabó sus días en la corte del rey persa Darío I. Pero la figura que marca con su magisterio y sus escritos la etapa que llamamos «técnica» o «científica» de la medicina griega es la de Hipócrates, que vivió más o menos entre 440 y 360 a.C. En su isla natal de Cos fundó la escuela profesional que llevaría su nombre y donde compuso los primeros «tratados hipocráticos», que son el origen del Corpus hipocrático, una variada colección de casi sesenta textos médicos que formaron una biblioteca pionera especializada en la teoría y la práctica de la curación. Medicina racional y milagrosa El Corpus recoge y examina, con una perspectiva metódica y racional, numerosos datos sobre enfermedades y aspectos varios del arte médico: anatomía, fisiología, ginecología, patología, epidemiología y cirugía. En ellos se pone énfasis en la observación minuciosa de los enfermos y sus dolencias, y se atiende mucho a la dieta y el régimen, lo que no es sorprendente en una ciencia en la que la farmacología es muy elemental y la cirugía interna desempeña un papel muy limitado. Es importante la atención a lo que llamaríamos medicina preventiva y, sobre todo, a la evolución del proceso enfermizo, a los síntomas que permitan conocer sus crisis, dar un pronóstico y orientar la mejoría. Esa concepción de la physis o naturaleza como un conjunto de fenómenos que el estudio debe explicar mediante razones y experimentos es común a los primeros filósofos, los sofistas y los discípulos de Hipócrates. Por ello escriben esos textos en prosa clara y sencilla, contando sus experiencias e interpretando los hechos según una teoría crítica que los abarca y explica, sujeta a discusión científica. El médico intenta curar tomando conciencia de las causas de la enfermedad y expone el método efectivo para enfrentarse a ella. Aquí surge una medicina empírica y racional, sin ningún elemento mágico ni lastre religioso, en claro contraste con tradiciones médicas mucho más antiguas, como la china o la egipcia. Si es muy difícil valorar con criterio actual el nivel científico de esta medicina –que ignora los microbios, la circulación de la sangre o la química moderna–, no deja de ser ejemplar la orientación metódica y objetiva que caracteriza a esta téchne iatriké, el oficio de la curación. Frente a esta terapéutica metódica y racional (la de escuelas médicas como la de la isla de Cos; la de la costa de Cnido, en Asia Menor, o la de Crotona, en la península Itálica) aparecen en Grecia otros lugares donde se practica una medicina religiosa en torno a los santuarios del divinizado Asclepio. Allí se promete a los enfermos un tipo distinto de curación, que actúa milagrosamente por la intervención del dios sanador. Impulsados por su fe, los enfermos acudían a los santuarios y se sometían a ciertos cuidados y ritos purificatorios, que solían incluir baños y rezos, y especialmente la incubatio, es decir, el dormir de noche sobre el suelo del recinto sagrado, donde les llegaba, en sueños, la voz divina que los aconsejaba o sanaba. Es asombrosa la fama del culto de Asclepio y de sus santuarios –en Cos, Epidauro, Atenas y otras ciudades– desarrollada a partir del siglo V a.C. y aumentada en época helenística. Asclepio, hijo de Apolo, era un dios benévolo y de aire compasivo. Las ruinas de algunos santuarios atestiguan su prestigio y su riqueza, como sucede con el de Epidauro, con su magnífico teatro. Por otra parte, las inscripciones conservadas en forma de breves exvotos de los enfermos agradecidos, como los llamados iámata de Epidauro, testimonian múltiples y pintorescas «curaciones» milagrosas del dios. Parece que los sacerdotes de esos templos de Asclepio se llevaban muy bien con los médicos hipocráticos, y puede que algunos les enviaran a pacientes que creían incurables. En cambio, algunos hipocráticos –como el autor de La enfermedad sagrada, sobre la epilepsia– rechazan rotundamente por charlatanes e impostores a curanderos, magos y brujos que se ofrecían como portadores de remedios mágicos. La ética profesional El aprendizaje de la técnica médica estaba ligado a un estrecho vínculo personal entre discípulos y maestros, tanto en las escuelas como en la vida profesional. De ahí el interés histórico de un documento como el denominado «juramento hipocrático», que precisa los deberes del médico para con su maestro y su familia, y, por otro lado, los del médico con los enfermos. El futuro médico jura solemnemente –por Asclepio y sus hijas Higiea y Panacea– «respetar a su maestro como a su padre, compartir con él sus bienes, atender a su familia y enseñar a sus hijos la medicina, si quieren aprenderla, así como a otros discípulos, y a nadie más». Por otro lado, se compromete a ejercer el oficio guardando las normas: no dar veneno ni remedios abortivos –ni aunque lo soliciten los pacientes–, no revelar secretos de los enfermos, abstenerse de relaciones sexuales en las casas que se visiten, no hacer operaciones quirúrgicas si no son especialistas... Los hipocráticos cuidan mucho la relación de los médicos con los enfermos; consideran que la buena disposición anímica del paciente ayuda a su pronta curación. Les importa mucho el prestigio propio, esa buena fama que el juramento menciona como premio de los cumplidores, frente al castigo de infamia de los otros. Recordemos que quienes practicaban la medicina no tenían un título oficial, sino que debían ganarse la estima de sus clientes –los médicos son los únicos extraños que penetran en los hogares ajenos–, y la confianza era fundamental a la hora de fijar sus honorarios. Algún texto aconseja no comprometerse tratando a enfermos desahuciados, de muerte segura. El médico trata a personas libres y a los esclavos por igual. Sólo en un pasaje Platón advierte que el médico debe explicar bien las causas de sus males a los libres, lo que no es preciso con los esclavos: a éstos basta darles las órdenes y las medicinas, sin explicación. Hipócrates no dejó su firma en ninguna de las obras del Corpus, aunque muchas llevan el sello de la escuela de Cos. El único texto del que conocemos a su autor es el titulado Sobre la naturaleza del hombre, que escribió Pólibo, yerno de Hipócrates. Este tratado es famoso por una teoría que se suele atribuir a toda la escuela hipocrática: la de los cuatro humores. Se trata de cuatro líquidos presentes en el cuerpo: sangre, bilis, bilis negra y flema, cuyo exceso o falta determina la salud. Unos pocos textos del Corpus se escribieron en la isla vecina de Cnido, donde existió una escuela médica rival. Acaso, como es frecuente en escuelas científicas, se trabajaba en equipo y los asociados no se preocupaban por dejar su firma en los respectivos textos. De Alejandría a Roma Algo después, la tradición médica cobró una nueva perspectiva en Alejandría. Allí, en el Museo, destacaron Herófilo de Calcedonia y Erasístrato de Ceos, que progresaron en los conocimientos de la anatomía y el sistema nervioso, influidos por estudios del filósofo Aristóteles (inventor de la anatomía comparada) y por sus propios análisis, ya que en Alejandría se practicaron disecciones de cuerpos humanos. En Grecia no se hacían, por respeto a prejuicios religiosos. Los griegos diseccionaban sólo animales, especialmente cerdos y monos, pero allí diseccionaron cuerpos vivos de condenados a muerte, para observar mejor el funcionamiento de la sangre y los órganos internos. En Alejandría y en Roma hubo diversas corrientes médicas, con distintas bases filosóficas: metódicos, empíricos, neumáticos, eclécticos. Pero todas quedaron superadas por la amplia obra y fama de Galeno de Pérgamo, que vivió en el siglo II d.C. Galeno escribió muchísimos libros, tuvo una carrera de inmenso éxito y fue médico de varios emperadores romanos, de Marco Aurelio a Septimio Severo. Sus obras fueron copiadas y comentadas durante siglos por griegos, romanos, árabes y cristianos, y el nombre de Galeno ha quedado como sinónimo del médico por antonomasia. Los grandes avances de la ciencia médica a partir del siglo XVI, especialmente en los dos últimos siglos, merced al desarrollo de la química y de la farmacia, hacen que la antigua medicina helénica nos parezca muy alejada de la actual. Y, sin embargo, esa concepción racional de la medicina representa una hazaña de indudable valor en la historia de las ciencias, y en el tratamiento y cuidado del ser humano.

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Corsarios de Argel
Corsarios de Argel
Apuntes Y MonografiasporAnónimo3/7/2013

Durante el siglo XVI, los corsarios berberiscos establecidos en Argel sembraron el terror en las costas españolas, donde capturaron decenas de miles de personas que vendían como esclavos y que liberaban a cambio de exorbitantes sumas de dinero El 9 de noviembre de 1540, una flota compuesta de dieciséis naves –entre galeras, galeotas, fustas y bergantines– tomó tierra en Gibraltar, en un punto denominado La Caleta (hoy Catalan Bay). A bordo iban más de mil cristianos, obligados a servir como remeros, y unos dos mil musulmanes, entre marineros y soldados. Procedían de Argel y formaban una expedición de corsarios berberiscos que llegaban con el propósito de saquear la ciudad que Isabel la Católica llamó la llave de España. Entre los asaltantes había un número considerable de renegados –personas nacidas como cristianas que, por diversas circunstancias, se habían convertido al Islam– así como moriscos, musulmanes españoles que habían huido del acoso que sufrían en la Península. Una avanzadilla entró en Gibraltar; iban vestidos como cristianos y pasearon tranquilamente por las calles de la villa, compraron en el mercado... En realidad, su propósito era auscultar el estado de las defensas de la ciudad. Luego, volvieron a las naves con el mensaje que todos esperaban: Gibraltar no se encontraba en alerta. Mientras tanto, los guardas del Peñón habían descubierto la enorme flota, pero cuando preguntaron quién va, unos renegados españoles les respondieron en perfecto castellano que pertenecían a la tripulación de las galeras de España que protegían la costa. Los guardas les creyeron sin sospechar nada. Al día siguiente, al amanecer, todos los corsarios se lanzaron sobre la ciudad por sorpresa. Cuando las autoridades los descubrieron y llamaron a rebato mediante el tañer de campanas, cientos de piratas recorrían ya las calles de Gibraltar saqueando y secuestrando. Los cronistas narran la «cabalgada» –así se denominaban los ataques corsarios contra ciudades de la costa– como un rosario de pequeñas escaramuzas. Una vez las fuerzas españolas se reorganizaron, los corsarios no se enfrentaron directamente a ellas. Nunca lo hacían. Permanecieron en la ciudad cuatro horas, robaron con tranquilidad en decenas de casas y secuestraron a setenta personas, casi todas mujeres y niños. Habían conseguido su objetivo. Incidentes como éste fueron habituales en la costa española durante todo el siglo XVI, paradójicamente el siglo de mayor poder militar y político de la monarquía hispánica. Tales episodios eran la consecuencia de la existencia de varias ciudades corsarias en Berbería, la región del norte de África que hoy denominamos Magreb. Como dijo Cervantes en La ilustre fregona en relación a un pueblo gaditano, Zahara: «Toda esta dulzura que he pintado tiene un amargo acíbar que la amarga, y es no poder dormir sueño seguro sin el temor de que los trasladen en un instante de Zahara a Berbería». La plaga de los corsarios Los historiadores seguramente no han tenido en cuenta lo suficiente las consecuencias de estos saqueos corsarios, porque estas guerras de «baja intensidad» suelen ocupar las acotaciones al margen de los manuales. Pero el cronista Francisco López de Gómara opinaba de otra manera, precisamente en esta década de 1540: «Menos sangre española vertieron los árabes en la destrucción de toda España cuando por fuerza de armas la ganaron, que los corsarios que en nuestros tristes tiempos han robado nuestros mares; más prisioneros y más cautivos han llevado de nuestra España los corsarios de cuarenta años a esta parte que en ochocientos años antes». Aunque muchas ciudades norteafricanas contribuyeron a este estado de cosas, la más destacada de todas fue sin duda Argel, no sólo por el gran número de corsarios que acogió y su enorme actividad a lo largo de casi tres siglos, sino también por el modelo de sociedad que forjó. El comienzo de ese curioso experimento histórico se sitúa en 1516, cuando, a la muerte de Fernando el Católico, las autoridades de Argel creyeron llegado el momento de sacudirse el yugo de la Corona española, de la que eran vasallos, y para ello llamaron a Oruch Barbarroja, un pirata de origen griego-turco que desde hacía años operaba en el Mediterráneo occidental. Barbarroja no era un cualquiera: disponía de una importante flota y había protagonizado abundantes hazañas; en una ocasión capturó incluso una flota pontificia. Llegado a Argel, Oruch no sólo expulsó a los españoles, sino que mató al jeque argelino (según algunos, con sus propias manos) y se apoderó de la ciudad. En el ambiente de anarquía e inestabilidad característico de Berbería, aquel golpe de Estado podía haber supuesto una conjura de palacio más. Pero la aventura de los Barbarroja tuvo éxito y un largo recorrido. Aunque Oruch murió en uno de los contraataques de los españoles por recuperar Argel, su hermano Hayreddín terminó el trabajo. Primero se sometió al vasallaje del Imperio otomano, con lo que logró la protección del sultán frente al emperador Carlos V. Luego extendió su poder por la costa en torno a Argel y por el interior, para dominar a las tribus bereberes. De este modo, gracias a su labor y a la de sus sucesores, se configuró un verdadero reino, origen de la moderna Argelia. Ello plantea la pregunta de cómo fue posible que un puñado de aventureros, con una flotilla menor en el contexto europeo, consiguieran consolidar un Estado a las puertas de la misma España en la época de su máximo poder, y se convirtieran en una auténtica pesadilla para sus barcos y sus costas durante los siglos XVI y XVII. Porque, además, Turquía nunca defendió activamente a su supuesta vasalla, que durante la mayor parte de su historia gozó de una gran autonomía interior y también exterior. Podría decirse que tres fueron las razones principales del éxito de Argel: la actividad de sus corsarios, la presencia de los jenízaros y el protagonismo de una casta peculiar: los renegados cristianos convertidos al Islam. Jenízaros y renegados Consciente de su inferioridad frente a España, lo primero que solicitó Hayreddín a la Sublime Puerta en el momento en que le rindió vasallaje fue una partida de sus soldados de élite: los jenízaros. Este cuerpo militar con fama de invencible estaba compuesto por los niños que los países cristianos ocupados por los otomano debían entregar anualmente como impuesto. Estos niños se educaban en la más absoluta lealtad al sultán y la mayoría, aunque no todos, seguían la carrera de las armas. Eran, pues, un instrumento militar de confianza para los sultanes. Los jenízaros enviados a Argel consiguieron durante los primeros años someter a los habitantes bereberes autóctonos, llamados en las fuentes moros. A partir de 1560, los arráeces argelinos –capitanes de barco o rais– aceptaron que participaran en las expediciones corsarias, a las que aportaron una fuerza decisiva en todas las batallas cuerpo a cuerpo. Con el tiempo, el cuerpo de jenízaros de Argel dejó de provenir del impuesto turco en niños y se aceptaron adultos autóctonos, aunque mantuvieron siempre sus hábitos de austeridad y disciplina, y, con ello, toda su eficacia guerrera. Sin embargo, el grupo social más original del reino corsario de Argel, el que constituyó su raíz, su naturaleza y la razón de sus éxitos, fue el de los renegados: personas nacidas como cristianos y convertidas al Islam. Los renegados fueron la casta dominante de Argel, por encima de los turcos de la metrópoli, los llamados chacales, y, desde luego, de los moros autóctonos, que se veían discriminados. Su origen era diverso. Hubo algunos aventureros de religión protestante u ortodoxa que, siendo ya adultos, se convirtieron al Islam por pura ambición, atraídos por las oportunidades del reino corsario. Pero esto no fue lo normal. La mayor parte de renegados la formaron los propios cristianos capturados y esclavizados por los corsarios en sus razias; cautivos que, al renegar del cristianismo, buscaban obtener un mejor trato y evitar que los condenaran a servir como galeotes. Muchos de ellos, con el tiempo, lograron ganar la libertad e integrarse en la sociedad argelina como uno más de sus miembros. Aun así, la fuente más eficaz de sangre nueva en el mundo corsario fueron los niños capturados en alguna de las «cabalgadas» en las costas cristianas, a los que se convertía al Islam y luego se los educaba, igual que a los jenízaros, en la obediencia a su captor, que se convertía en un auténtico padre y patrón. La educación consistía en una rápida islamización y en la instrucción en los oficios a los que se les quisiera destinar. Si sus «padres» eran corsarios, ellos también lo serían. Por eso venían a trabajar a los barcos, en los que pasaban por todos los grados de formación hasta convertirse, cuando reunían los méritos suficientes, en arráeces. Era éste un instrumento humano perfecto para el corso. La eficacia corsaria Los renegados fueron el alma de Argel, y también su principal ventaja. Si se habían convertido cuando eran adultos, conocían a la perfección sus países y sus costas de origen, hablaban la lengua local y, como hemos visto en Gibraltar, contribuían como nadie en los ataques a las poblaciones cristianas. Los que habían sido capturados en su infancia, por su parte, habían sido educados desde tierna edad para su cometido y se habían seleccionado cuidadosamente entre los más aptos. En una sociedad de oportunidades como Argel sólo los mejores escalaban a los puestos más altos. Otro elemento que explica el éxito de la actividad corsaria de los marinos de Argel son sus naves. Mientras que las galeras cristianas tendieron a hacerse más grandes y a llevar una artillería cada vez más poderosa, hasta convertirse en verdaderas fortalezas flotantes, las galeotas argelinas siguieron una evolución contraria: eran pequeñas en comparación con las galeras cristianas, destacaban por su maniobrabilidad y ligereza, y prescindieron de la ornamentación innecesaria y también de la artillería, pues rara vez cargaron con poco más que un falconete en proa. Esto último es típico de los piratas de toda época y lugar, pues la artillería hunde un barco cuando el fin del pirata es capturarlo. Los corsarios usaban sólo fusiles o armas blancas, y buscaban la sorpresa y las tretas de toda índole: disfraces, falsas banderas, emboscadas… Trucos éstos en los que la doble naturaleza de los renegados funcionaba a las mil maravillas. Pero el mayor impacto de los piratas berberiscos sobre la España del siglo XVI no se registró en el mar abierto, sino en sus costas. Una de las ventajas de las galeotas frente a los barcos del tipo nao estribaba en su capacidad de alcanzar fácil y rápidamente las playas. Su escaso calado les permitía acercarse hasta la misma arena sin necesidad de utilizar esquifes, o botes de aproximación; podían, así, desembarcar con celeridad y luego embarcar después de un ataque con igual o mayor rapidez, escapando a la probable persecución de varias poblaciones puestas en pie de guerra. Los cautivos, principal botín El principal objetivo de los corsarios berberiscos eran los cautivos. Sus expediciones rara vez se ensañaban con las víctimas (aunque se dieron casos) porque se orientaban al secuestro y a la obtención de un rescate. Los corsarios solían cobrar los rescates en la misma costa española, unos pocos días más tarde del asalto. Si la negociación tenía éxito, unos recuperaban la libertad y los otros se iban con el dinero. Pero si no se llegaba a un acuerdo, entonces los cautivos eran llevados a los famosos «baños» de Argel, los presidios a los que, entre muchos otros, fue arrojado Miguel de Cervantes en 1575. Allí esperaban a que vinieran a pagar su rescate o los vendieran en el mercado de esclavos. Los precios variaban según la clase y los posibles de los familiares, pero también según la edad o el sexo. Los niños rara vez se canjeaban, pues ya hemos visto el interés de los corsarios en la reproducción de su sistema; representaban una inversión y una importante garantía de futuro para el corsario y, si se vendían, era a unos precios exorbitantes. Resultaba aún más difícil que se vendiera a las mujeres, sobre todo si eran jóvenes. Decididos a quedarse con ellas, los corsarios las trataban siempre exquisitamente, hasta el punto de que los tripulantes de un navío cristiano a punto de ser asaltado les rogaban que guardaran sus alhajas entre sus ropas. La razón de este comportamiento no era tanto sexual como racial: los corsarios renegados argelinos odiaban a las moras, a las que a lo sumo aceptaban como concubinas, porque socialmente sólo se aceptaba el casamiento con renegadas y, a ser posible, de su mismo país. No es de extrañar que durante el siglo XVI se prohibiera incluso la venta de mujeres y, cuando ésta se permitió, que su precio fuera aún más elevado que el de los niños. El final de la piratería En el siglo XVII cambiaron mucho las cosas. El Mediterráneo dejó de ser el centro del mundo, y el eje de la riqueza y el poder fue basculando hacia el mar del Norte. A resultas de esto, los corsarios también llevaron progresivamente su campo de operaciones hacia el Atlántico. Ello trajo consigo otros cambios. Para empezar se abandonó prácticamente el barco tipo galera y se optó por el de alto bordo, más apto para hacer frente a las tormentas del Atlántico. Esta elección debilitó la capacidad de los corsarios argelinos para invadir las poblaciones costeras, por lo que los pueblos españoles sufrieron mucho menos. En cambio, los barcos pasaron a ser la presa preferida de los corsarios. También cambió la composición nacional de los renegados, que de ahora en adelante se enriqueció con gentes procedentes del norte de Europa. No deja de ser curioso que por aquella época no pocos corsarios argelinos fueran de origen y aspecto germánico, como ingleses u holandeses. En el siglo XVIII se produjo una rápida decadencia de la piratería berberisca. Apartada España de la primera fila del tablero mundial, los argelinos resultaron bastante molestos para todos, un residuo de otra época en la que habían resultado útiles a diversas potencias –turcos, franceses, ingleses y holandeses– como contrapeso del poder español. Ahora ya no eran sino una molestia y sufrieron un acoso cada vez más duro. Pero resistieron mal que bien todavía durante décadas, hasta que Francia decidió ocupar el país en 1830.

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La bebida para detener el desarrollo del cáncer
La bebida para detener el desarrollo del cáncer
Salud BienestarporAnónimo3/8/2013

Seguramente este post será borrado por conveniencia hacia los grandes farmacéuticos, pero esta bebida milagrosa es la cura para las personas con cáncer poco desarrollado: Sí, simplemente compuesto de remolacha, zanahoria y manzana, esta bebida no solo ayuda a detener el cáncer, también ayuda a: 1) Para prevenir el Cáncer de las células por desarrollar y refrenar que células de cáncer crezcan. 2) Para Prevenir enfermedades a) del hígado b) del riñón c) del páncreas d) la úlcera también. 3) Para Fortalecer y prevenir : a) los pulmones b) un ataque cardíaco y la presión arterial alta. 4) Para Fortalecer el sistema inmunológico. 5) Es buena para: a) la vista b) eliminar ojos rojos y cansados ó resequedad en los ojos 6) Para Ayudar a eliminar el dolor de: a) entrenamiento físico b) dolor muscular. 7) Para Desintoxicar; a) ayuda a defecar b) eliminar el estreñimiento. (Por lo tanto, hará que la piel se vea sana y radiante). c) Ayuda en el problema de acné. 8) Para Mejorar y eliminar: a) el mal aliento debido a la indigestión b) la infección en la garganta. 9) Para Disminuir el dolor menstrual. 10) Para Ayudar a quitar la fiebre del heno . Si tu objetivo es tener una excelente salud y un cuerpo lleno de vitalidad... tome nota!!!! Esta bebida milagrosa ha existido desde hace mucho tiempo ya que originalmente los médicos naturistas de China la recomendaban a los enfermos. La conocemos gracias al Sr. Seto, quien no es una celebridad pública, es un hombre normal como tu y yo, que comprobó los resultados de ella puesto que se curó de su enfermedad. El Sr. Seto que tenía Cáncer del pulmón comenta que esta bebida se la recomendó a él un famoso herbolario de China. Él la tomó diligentemente durante 3 meses y ahora su salud se restablece asombrosamente, tanto es así, que por eso quiso hacerlo público para dar a conocer las maravillas de una alimentación sana. La formula es muy simple, usted necesita solamente: 1 Remolacha 2 Zanahorias 1 Manzana

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