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Lord_Asdarel

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Primer post: 1 jun 2011Último post: 1 jun 2011
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[Poesía] Edgar Allan Poe (Castellano)
[Poesía] Edgar Allan Poe (Castellano)
ArteporAnónimo6/1/2011

[Poesía] Edgar Allan Poe (Castellano) Hola, hoy les traigo unos cuantos poemas de Edgar Allan Poe, el padre de la literatura gótica. Antes de empezar, una breve biografía de él: Escritor, poeta y crítico estadounidense, mundialmente conocido como el maestro del relato corto, de terror y misterio, nació en la ciudad de Boston, el 19 de enero de 1809. Sus padres eran actores de teatro. Su madre trabajó sobre el escenario representando a Ofelia y Cordelia de Shakespeare, hasta pocos días antes de dar a luz. Fue abandonado a los nueve meses por su padre y a los dos años quedó huérfano de madre. Edgar Allan Poe fue educado por Frances y John Allan, un acaudalado hombre de negocios de Richmond (Virginia), que fue su padrino, de 1815 a 1820 vivió con él y su esposa en el Reino Unido, donde comenzó su educación en un internado privado. En su infancia, Edgar Allan Poe inventaba fantásticas historias que mostraban ya su particular pensamiento. A los cuatro años, deleitaba a las visitas con apasionadas recitaciones de largos poemas de Walter Scott y otros autores de moda. Su educación fue cuidadosa y típicamente sureña. Aprendió de los negros, el valor del ritmo, que haría mágica su poesía, y las leyendas del mar que escuchaba en los relatos de los marinos que negociaban con su padre. Durante su adolescencia ya escribía poemas con influencias de Byron. Al regresar a Estados Unidos en el año 1820 estudió en centros privados y asistió a la Universidad de Virginia durante un año. Dominaba a la perfección las lenguas clásicas, su inteligencia le permitía estudiar mientras escuchaba una conversación y leía mucho sobre historia, naturaleza, matemáticas, astronomía y mucha literatura. En 1827 su afición al juego y a la bebida le acarreó la expulsión y su padre adoptivo se negó a pagar sus deudas y le obligó a trabajar como empleado. Abandonó poco después su trabajo y viajó a Boston, donde publicó anónimamente su primer libro, Tamerlán y otros poemas Se alistó en el ejército, en el que permaneció dos años. En 1829 apareció su segundo libro de poemas, Al Aaraf, y se reconcilió con su padre adoptivo, que le consiguió un cargo en la Academia Militar de West Point, de la que a los pocos meses fue expulsado por negligencia en el cumplimiento del deber. En 1832, y después de la publicación de su tercer libro, “Poemas”, partió a Baltimore, donde vivió con su tía y una sobrina de 11 años, Virginia Clemm. En 1832, su cuento “Manuscrito” encontrado en una botella ganó un concurso patrocinado por el Baltimore Saturday Visitor. En 1836 contrajo matrimonio con su joven sobrina, de tan sólo catorce años de edad. Por esta época entró como redactor en el periódico Southern Baltimore Messenger, y más tarde en varias revistas en Filadelfia y Nueva York, ciudad en la que se había instalado con su esposa en 1837. Entre la producción poética de Poe destacan una docena de poemas por su impecable construcción literaria y por sus ritmos y temas obsesivos: “El cuervo” (1845), “Las campanas” (1849), un poema que evoca el repique de los instrumentos metálicos, y “El durmiente” (1831), que produce un estado de somnolencia. Escribió además “Lenore” (1831) y “Annabel Lee” (1849). Su obra poética refleja la influencia de poetas ingleses como Milton, Shelley y Coleridge. Su trabajo como redactor consistió en buena parte en reseñar libros, escribiendo un significativo número de críticas. Uno de sus relatos más famosos es “El escarabajo de oro” (1843). Fue autor además de “Los crímenes de la calle Morgue” (1841), “El misterio de Marie Rogêt” (1842-1843) y “La carta robada” (1844) considerados como los predecesores de la moderna novela de misterio o policíaca. Entre sus cuentos sobresalen “La caída de la casa Usher” (1839), “El pozo y el péndulo” (1842), “El corazón delator” (1843) y “El barril de amontillado” (1846). En el año 1847 falleció su mujer y él enfermó. Su adicción al alcohol y las drogas contribuyeron a su temprana muerte. Falleció el 7 de octubre de 1849 en la ciudad estadounidense de Baltimore. Ahora sí, unos cuantos poemas: Annabel Lee Muchos, muchos años atrás, en un reino junto al mar turquí vivía una doncella a quien quizá conozcáis, llamada Annabel Lee, que tenía en la vida un único afán: amarme y ser amada por mí. Aunque no éramos más que niños, en el reino junto al mar turquí, nos amábamos con un amor tan pleno, yo y mi Annabel Lee, que los alados serafines del cielo lo codiciaban para si. Fue por esta razón que, tiempo atrás, en el reino junto al mar turquí de una nube sopló un viento que heló a mi hermosa Annabel Lee. Entonces llegó su patricio tutor y la separó de mí para encerrarla en un sepulcro en el reino junto al mar turquí. Los ángeles, infelices en el cielo ulterior; nos envidiaban a ella y a mí, y fue por eso (como saben todos en el reino junto al mar turquí) que de esa nube nocturna un viento sopló hasta helar a mi Annabel Lee. Pero era tanto más fuerte nuestro joven amor que el de toda la gente de allí, que el de gente mayor y más sabia, ¡oh, sí! que ni los ángeles del cielo ulterior ni los demonios bajo el mar turquí podrán separar mi alma del alma de la hermosa Annabel Lee. Pues la luna, al brillar; me invita a soñar en la hermosa Annabel Lee; y al salir los luceros veo los ojos certeros de la hermosa Annabel Lee; y así paso, tendido a su lado, las noches, velando a mi amada, mi amor; mi consorte, en su sepulcro junto al mar turquí, el mar que ruge por ella y por mi. Un Sueño En visiones de la oscura noche he soñado en el gozo ya ido; pero un sueño de luz y de vida ha dejado transido mi pecho. Mas, ¿qué importa que sueñe de día aquel ser cuyos ojos despiden sobre todas las cosas de en torno un destello que vuelve al pasado? Este sueño, este sueño bendito, cuando el mundo discute y pelea, me ha llenado de paz, como el rayo que es el guía de las almas solas. Y aunque cruce es luz la tormenta y la noche, y titile a lo lejos, ¿puede haber un destello tan puro cual la estrella de la Realidad? Un Sueño Dentro De Un Sueño ¡Recibe en la frente este beso! Y, por librarme de un peso antes de partir, confieso que acertaste si creías que han sido un sueño mis días; ¿Pero es acaso menos grave que la esperanza se acabe de noche o a pleno sol, con o sin una visión? Hasta nuestro último empeño es sólo un sueño dentro de un sueno. Frente a la mar rugiente que castiga esta rompiente tengo en la palma apretada granos de arena dorada. ¡Son pocos! Y en un momento se me escurren y yo siento surgir en mí este lamento: ¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo retenerlos en mis dedos? ¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera salvar uno de la marea! ¿Hasta nuestro último empeño es sólo un sueño dentro de un sueño? El Cuervo Una vez, al filo de una lúgubre media noche, mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido, inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia, cabeceando, casi dormido, oyóse de súbito un leve golpe, como si suavemente tocaran, tocaran a la puerta de mi cuarto. “Es —dije musitando— un visitante tocando quedo a la puerta de mi cuarto. Eso es todo, y nada más.” ¡Ah! aquel lúcido recuerdo de un gélido diciembre; espectros de brasas moribundas reflejadas en el suelo; angustia del deseo del nuevo día; en vano encareciendo a mis libros dieran tregua a mi dolor. Dolor por la pérdida de Leonora, la única, virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada. Aquí ya sin nombre, para siempre. Y el crujir triste, vago, escalofriante de la seda de las cortinas rojas llenábame de fantásticos terrores jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie, acallando el latido de mi corazón, vuelvo a repetir: “Es un visitante a la puerta de mi cuarto queriendo entrar. Algún visitante que a deshora a mi cuarto quiere entrar. Eso es todo, y nada más.” Ahora, mi ánimo cobraba bríos, y ya sin titubeos: “Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón imploro, mas el caso es que, adormilado cuando vinisteis a tocar quedamente, tan quedo vinisteis a llamar, a llamar a la puerta de mi cuarto, que apenas pude creer que os oía.” Y entonces abrí de par en par la puerta: Oscuridad, y nada más. Escrutando hondo en aquella negrura permanecí largo rato, atónito, temeroso, dudando, soñando sueños que ningún mortal se haya atrevido jamás a soñar. Mas en el silencio insondable la quietud callaba, y la única palabra ahí proferida era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?” Lo pronuncié en un susurro, y el eco lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!” Apenas esto fue, y nada más. Vuelto a mi cuarto, mi alma toda, toda mi alma abrasándose dentro de mí, no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza. “Ciertamente —me dije—, ciertamente algo sucede en la reja de mi ventana. Dejad, pues, que vea lo que sucede allí, y así penetrar pueda en el misterio. Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio, y así penetrar pueda en el misterio.” ¡Es el viento, y nada más! De un golpe abrí la puerta, y con suave batir de alas, entró un majestuoso cuervo de los santos días idos. Sin asomos de reverencia, ni un instante quedo; y con aires de gran señor o de gran dama fue a posarse en el busto de Palas, sobre el dintel de mi puerta. Posado, inmóvil, y nada más. Entonces, este pájaro de ébano cambió mis tristes fantasías en una sonrisa con el grave y severo decoro del aspecto de que se revestía. “Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—, no serás un cobarde, hórrido cuervo vetusto y amenazador. Evadido de la ribera nocturna. ¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!” Y el Cuervo dijo: “Nunca más.” Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado pudiera hablar tan claramente; aunque poco significaba su respuesta. Poco pertinente era. Pues no podemos sino concordar en que ningún ser humano ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro posado sobre el dintel de su puerta, pájaro o bestia, posado en el busto esculpido de Palas en el dintel de su puerta con semejante nombre: “Nunca más.” Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto. las palabras pronunció, como virtiendo su alma sólo en esas palabras. Nada más dijo entonces; no movió ni una pluma. Y entonces yo me dije, apenas murmurando: “Otros amigos se han ido antes; mañana él también me dejará, como me abandonaron mis esperanzas.” Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.” Sobrecogido al romper el silencio tan idóneas palabras, “sin duda —pensé—, sin duda lo que dice es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido de un amo infortunado a quien desastre impío persiguió, acosó sin dar tregua hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido, hasta que las endechas de su esperanza llevaron sólo esa carga melancólica de ‘Nunca, nunca más’.” Mas el Cuervo arrancó todavía de mis tristes fantasías una sonrisa; acerqué un mullido asiento frente al pájaro, el busto y la puerta; y entonces, hundiéndome en el terciopelo, empecé a enlazar una fantasía con otra, pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño, lo que este torvo, desgarbado, hórrido, flaco y ominoso pájaro de antaño quería decir granzando: “Nunca más.” En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra, frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos, quemaban hasta el fondo de mi pecho. Esto y más, sentado, adivinaba, con la cabeza reclinada en el aterciopelado forro del cojín acariciado por la luz de la lámpara; en el forro de terciopelo violeta acariciado por la luz de la lámpara ¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más! Entonces me pareció que el aire se tornaba más denso, perfumado por invisible incensario mecido por serafines cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado. “¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido, por estos ángeles te ha otorgado una tregua, tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora! ¡Apura, oh, apura este dulce nepente y olvida a tu ausente Leonora!” Y el Cuervo dijo: “Nunca más.” “¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio enviado por el Tentador, o arrojado por la tempestad a este refugio desolado e impávido, a esta desértica tierra encantada, a este hogar hechizado por el horror! Profeta, dime, en verdad te lo imploro, ¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad? ¡Dime, dime, te imploro!” Y el cuervo dijo: “Nunca más.” “¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio! ¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas, ese Dios que adoramos tú y yo, dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén tendrá en sus brazos a una santa doncella llamada por los ángeles Leonora, tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen llamada por los ángeles Leonora!” Y el cuervo dijo: “Nunca más.” “¡Sea esa palabra nuestra señal de partida pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso. ¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica. No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira que profirió tu espíritu! Deja mi soledad intacta. Abandona el busto del dintel de mi puerta. Aparta tu pico de mi corazón y tu figura del dintel de mi puerta. Y el Cuervo dijo: “Nunca más.” Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo. Aún sigue posado, aún sigue posado en el pálido busto de Palas. en el dintel de la puerta de mi cuarto. Y sus ojos tienen la apariencia de los de un demonio que está soñando. Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama tiende en el suelo su sombra. Y mi alma, del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo, no podrá liberarse. ¡Nunca más! Eso es todo, espero hayan disfrutado el post. No olviden seguirme, pues voy a subir más poemas de más autores. Ah, y no olvides visitar mi otro post de Poe en inglés.

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