Liberando
Usuario (Argentina)
José Pablo Feinmann: el pseudofilósofo de la podredumbre El furibundo ataque al PO en la contratapa de Página/12 del último domingo (24/10), lleva por título "Sobre el uso político de los muertos". Su autor, José Pablo Feinmann, hasta ese momento no había obtenido de sus mandantes la detención de ningún culpable, pero él ya sabía, no de ahora, sino de hace años, que nosotros instrumentamos la muerte. Estamos ante un canalla. Dicho por un simpatizante de Montoneros, raya simplemente en la sinvergüenza. José Pablo Feinmann sostiene que "los compañeros del PO... no han aprendido (sic, Feinmann ya lo sabía) a ver los matices, las diferenciaciones fundamentales entre las políticas burguesas que llevan en sí la muerte y las que no". El filósofo ni se da cuenta de que está haciendo un alegato de la impunidad, al invitarnos a dejar pasar el asesinato porque fue perpetrado aunque no lleva en si la muerte. Insiste en esto cuando dice que "no es fácil depurar (depurar de dónde sino del aparato oficial) a "esos sectores", en referencia a las patotas, es decir que deberíamos también "aprender" a convivir con ellas como vecinos. Nosotros hemos reclamado al gobierno que asuma la responsabilidad de esclarecer el asesinato y asegurar la cárcel para los culpables, porque tiene los medios para ello, aunque no la voluntad política. Nosotros somos los que estamos exigiendo "al gobierno" que dice "no llevar consigo la muerte", a que no encubra a los que la portan y se entrenan desde hace años. Feinmann dice que "es difícil". ¿Es también él, entonces, parte del encubrimiento? No fuimos nosotros los que reivindicamos a la Juventud Sindical, fue la Presidenta, y fue ella la que expresó con nostalgia no haber marchado junto con esa Juventud en los '70. El oficialismo no llevará en si la muerte, pero almuerza con sus portadores. El uso que hace Feinmann de la distinción entre ‘las políticas burguesas' raya la complicidad con ellas. Esas diferencias no las descubrió él sino el marxismo, que tiene escritas bibliotecas enteras sobre la estructura contradictoria del capital. El las malversa. La distinción es de forma, no de contenido, porque es una distinción dentro del mismo régimen social, no es una distinción relativa a la explotación social y a la represión de la protesta social. Que lo digan, si no, Irigoyen en la Semana Trágica; Perón con la sección especial de la Policía en su primer gobierno y las tres A en el segundo; y hasta el bonachón de Illia. Para abonar su posición, Feinmann retrocede arbitrariamente a 1975. Dice que cuando la huelga de Villa Constitución fue brutalmente aplastada por el gobierno de Isabel Perón, la Triple A y la burocracia sindical de Lorenzo Miguel, la patota sindical "era parte del poder". En cambio ahora, bajo el gobierno K "esta patota, la que asesinó a Mariano Ferreyra, no es parte del poder ni mucho menos del Estado. Ha sido, en principio, enardecida por los medios que hoy se rasgan las vestiduras por la muerte del joven militante del PO. Luego, pertenece a un sector de los ferroviarios. De esos sectores que deben ser urgentemente depurados, Pero ¿alguien cree que esta depuración es fácil?". En la marcha a Plaza de Mayo, sin embargo, no estuvo Clarín ni la oposición destituyente, tampoco Feinmann, pero sí los kirchneristas D'Elía, Forster y Horacio González, y recibimos la solidaridad del ‘Fenix', Abraham Gak. Feinman, ¿tampoco estuvo en River, el viernes previo al crimen, ni conoce la reivindicación que hizo la Presidenta no ya de la Juventud Sindical, en esa ocasión, sino del propio Pedraza al inaugurar una clínica de la UF, a fines de 2009, al cual lo calificó como expresión del sindicalismo que ni "obstruye" ni "destruye" sino que "construye"? Los términos usados reflejan una reivindicación de principios. Del mismo modo, este malversador profesional de la historia y del lenguaje (acaba de escribir que Marx hubiera aprobado la anexión de Cuba por parte de Estados Unidos a principios del 900), elige el año 1975 para evitar referirse al gobierno de Perón, al cual él apoyó, que derrocó al gobernador de la provincia de Buenos Aires gracias a un motín de la burocracia sindical de la UOM, en la persona del vicegobernador, y al gobierno de Córdoba, a través de la policía provincial y luego intervino la provincia con el acuerdo previo de la UCR. La pretensión patológica por la distinción conveniente de los matices lleva a Feinmann a desconocer los colores elementales del arcoiris y a disolver lo concreto en una maraña de abstracciones, o mejor, macaneos. Los hechos también hablan Con este pase de magia, Feinmann ha escrito el guión anticipado de la lo que será la historia oficial del encubrimiento, o de cómo se culpa a un perejil. Al día de hoy la burocracia dispone de la titularidad del PJ de la provincia de Buenos Aires, del monopolio de representación de los sindicatos, de los recursos que le brinda la administración de las obras sociales, de los fondos que obtiene por derecha y por izquierda de los negocios que han pavimentado la relación con el Estado -que han crecido en forma exponencial en los últimos veinte años, y de aquellos que provienen del entronizamiento de la burocracia como capa empresarial privada. Gobierno y burocracia han centrado su defensa del "gremialismo orgánico" en la teoría de la "manzana podrida": los sindicatos no son todos iguales y una cosa es Camioneros (o canillitas o judiciales) y otra la UF, en la que perviven los métodos de los "gordos" asociados a las prácticas de la década de Menem. Olvidan que las 14 tercerizadas existentes en el Ferrocarril Roca -íntimamente vinculadas a las burocracias de las organizaciones del tren- fueron constituidas en 2007, es decir bajo el gobierno "nacional y popular". O la constitución de la Federación del Transporte que une a Pedraza/Moyano/Maturana, la parte "obrera" en el reparto de subsidios del estado y negocios con los pulpos privados. El área de mayor presupuesto del Estado está sometida al control de Schiavi, De Vido, las concesionarias y la burocracia, unidos en la defensa del régimen de explotación y negociados en el transporte y la construcción. La mafia de los medicamentos derivó recursos a la campaña de CFK. ¿Es ésta la batalla "nada fácil" por la "depuración del aparato"? (no hemos incluido en la nómina las empresas adjudicadas al "clan" Moyano). Estatización de los sindicatos Bajo los gobiernos K no fue alterada una coma de la ley de asociaciones profesionales, que sostiene la perpetuación indefinida de la burocracia, el sostenimiento del Estado vía el Ministerio de Trabajo de las reelecciones sucesivas, el régimen de la lista única, la ausencia de la representación proporcional, la negativa a reconocer los sindicatos inscriptos. Es decir, ha sido preservado todo el edificio que sostiene a la burocracia sindical, que no podría mantenerse un minuto frente a la intervención de los trabajadores sin la protección de este entrenado andamiaje. Es decir que no es cierto que "esta patota no sea parte del poder", ni que el poder no sea parte de la patota. Es, en realidad, una condición de su existencia y una capa alimentada desde el estado para que actúe contra la intervención independiente de los trabajadores, como en el Hospital Francés, el Casino, la lucha de los docentes de Santa Cruz y ahora los tercerizados del ferrocarril. Dice Feinmann: "no es lo mismo alguien que te decepciona que un enemigo mortal". Pero Feinmann no parece decepcionado, finge que lo es, o la decepción, al menos, no pasa de un malestar transitorio. El gobierno lo decepciona, pero el partido que lucha contra la burocracia sindical que habría que depurar, aunque es difícil, lo enfurece y encoleriza. Feinmann tiene definidos sus campos. El hombre ni menciona que para Aníbal Fernández, la policia que franqueó la emboscada ha hecho "lo que tenían que hacer". Feinman dice: "lo que tenemos es un gobierno que posiblemente nos haya decepcionado y nos decepcione...". Feinmann extorsiona con el miedo, es cómplice de la política de terror, por eso caracteriza que la perspectiva es "la muerte (que)... empieza a adueñarse de la escena". De ningún modo: es el nuevo comienzo que emprenden los trabajadores argentinos para poner fin a la lacra de la burocracia sindical y a todos sus gobiernos. Christian Rath (28/10/2010) FUENTE La nota por la que surge el debate: "sobre el uso político de los muertos" Otra sobre el análisis general de la realidad J.P. Feinmann: la Filosofía en su miseria José Pablo Feinmann acaba de publicar un extenso comentario referido a José Martí (Página/12, 10/10). Entre otras cosas, el autor asegura ("me atrevo a decir" que "en caso de que Estados Unidos hubiera invadido Cuba en el siglo XIX, en vida de Marx y Engels, éstos habrían aprobado esta invasión porque era la invasión del progreso, del desarrollo capitalista, la invasión de la burguesía que iba a instaurar un moderno sistema de producción del cual surgiría el proletariado que verdaderamente habría de liberar a la isla de Cuba". Los impostores se delatan porque tienden a presentar como original un argumento gastado hasta el infinito. Engels estaba aún vivo cuando se produjo el primer levantamiento nacional contra España, y en ningún momento abogó por una invasión norteamericana; como tampoco lo hizo con las expediciones del pirata norteamericano Walter contra Nicaragua. Ni él ni Marx apoyaron las invasiones inglesas o al capital británico frente a América del sur -por ejemplo criticó a Bolívar, quien en repetidas ocasiones invocó el socorro de Inglaterra. Por el contrario, los dos defendieron el levantamiento de la España de los curas y señoríos contra la invasión de Napoleón. No apoyaron la usurpación México por parte de Carlota y Maximiliano; siempre alertaron contra las aventuras de Napoleón III en Sudamérica. Es cierto que reivindicaron la ocupación de México en la década de los '40 del siglo XIX, pero se trató más que de eso: de una condena a la incapacidad de México para generar un movimiento nacional -la vía alternativa a la expansión norteamericana para el desarrollo de una perspectiva de progreso capitalista. Fue lo que remedió, precisamente, Benito Juárez, un cuarto de siglo más tarde. Pero la posición de Marx sobre México no le da autoridad a las palabras de Feimann sobre la eventual posición de Marx acerca de la ocupación de Cuba por Estados Unidos y de su anexión vía la enmienda Platt. Feinmann, un filósofo de la guitarra, repite el verso del desprecio Marx y Engels por las causas nacionales, cuando, en realidad, son los teóricos irremplazables en la materia, como lo demuestra su posición sobre la unificación nacional de Alemania y de Italia, dos naciones oprimidas hasta los '70 del siglo XIX, y su defensa de la independencia de Irlanda. Mientras Feinmann compra a cualquier chapucero como antiimperialista, por el ejemplo a Barrick Gold K, Marx sabía reconocer cuándo había una causa nacional y cuándo una aventura de corsario. A diferencia del revisionismo histórico criollo, Marx no defendía las causas pre-capitalistas, sino a los movimientos nacionales de masas por su potencial de desarrollo democrático burgués. Marx y Engels apreciaban los fenómenos nacionales como internacionalistas, no como nacionalistas, o sea como factores de aceleración de la revolución proletaria mundial. Es la línea que siguieron Lenín y Trotsky -los más grandes campeones de las causas de los pueblos oprimidos luego de los mencionados. Marx y Engels eran concretos allí donde el filósofo K es un charlatán. La observación del hombre contra Marx y Engels forma parte de la defensa de los K contra la izquierda marxista y revolucionaria. En presencia de un movimiento nacional como el que lideró Martí, Marx hubiera estado al frente de la defensa de Cuba contra los yanquis, como lo estuvieron en defensa de Polonia contra la Rusia zarista. Durante su estadía en Norteamérica, José Martí tuvo la oportunidad de ocupar la tribuna en un acto proletario el 1º de Mayo. Si K hubiera estado vivo en la época, dudamos de lo que hubiera hecho, porque acaba de votar por la presencia de la Colombia de Uribe-Santos para el Consejo de Seguridad de la ONU (con el apoyo de Chávez y Correa y el rechazo de Evo Morales) y participa del contingente imperialista en Haití y de las maniobras del Comando sur en Panamá -además de oficiar de auxiliar en los preparativos del ataque contra Irán. La constitución de la Primera Internacional, en la que tuvieron activa y directa participación Marx y Engels, estuvo signada, entre otras cosas, por la unidad de acción que se forjó entre los obreros ingleses, franceses y del resto de Europa a favor de la independencia polaca contra la usurpación de Rusia, y participó en forma activa de la insurrección polaca. Los obreros ingleses, a su turno, llevaron adelante una campaña contra su propio gobierno, en medio de la guerra civil americana que apoyaba a los esclavistas del sur. Le informamos a Feinmann que Lenin no defendió al zar cuando Rusia fue invadida por Japón; al revés: "deseó" la derrota de su propio país para acelerar la revolución que estallaría enseguida, y fue el teórico de la autodeterminación nacional de los pueblos sometidos por ‘su' imperio. No vio en el zarismo una trinchera del desarrollo nacional, al revés de lo que hubiera ocurrido con Feinmann en las mismas condiciones. Esto sí "nos atrevemos a decirlo". No llama la atención la superficialidad de Feinmann ni los espacios generosos e interesados que le dispensa el puntero intelectual del oficialismo, Página/12. Para los Feinmann, la historia es plana; como no distingue las etapas históricas ni las interrelaciones y combinaciones entre ellas, absolutiza los fenómenos, como cualquier filósofo que se precie de ello. Las posiciones de Marx deben ser caracterizadas históricamente -de lo contrario no se entiende cómo hubiera podido admitir un desarrollo socialista de las comunas de Rusia luego de haber escrito El Capital, ni por qué Lenin refutó la posibilidad entrevista por Marx en su libro sobre el desarrollo del capitalismo en Rusia. La expansión norteamericana al sur -que es anterior al ingreso del capitalismo a su fase imperialista; anterior incluso a la victoria de la burguesía industrial yanqui contra los plantadores esclavistas de algodón y anterior además a la colonización del oeste de Estados Unidos- está determinada por las características de la época, en particular por enfrentar la penetración de Inglaterra. No pretenden convertirse en Biblia. Por último, Feinmann, exhibe una ignorancia sideral sobre Cuba, cuando desconoce la presencia del proletariado. Cuba tuvo desde el inicio de la implantación azucarera un proletariado numeroso y concentrado y, al revés de lo que pretende el filósofo, un campesinado relativamente débil; basta leer La Historia me Absolverá. Cuba tuvo la más intensa historia sindical, luego de Argentina. La revolución cubana comenzó con una huelga general en el oriente, en febrero-marzo de 1957; tuvo otra en abril de 1959 y la final en diciembre del mismo año. Es cierto, sin embargo, que la preeminencia política la tuvo la pequeña burguesía revolucionaria, que se manifestó en Cuba en tres grandes ocasiones históricas: la guerra de independencia, la revolución contra Machado y la guerra contra Batista. El partido de la clase obrera no ocupó ese lugar por las razones que todo el mundo conoce hasta el hartazgo. En definitiva, para luchar contra la izquierda revolucionaria marxista, Feinmann se vale del recurso del macaneador. No recuerda que el peronismo, esa ‘obsesión argentina', apoyó a Batista contra Fidel en una de sus tantas traiciones nacionales. El esfuerzo de Feinmann de darle un envión al nacionalismo burgués es vano y tardío. La nuevas tentativas nacionalistas ya vienen demostrando sus limitaciones insalvables. Los mentideros aseguran, en los últimos días, que los K estarían pidiendo la escupidera a Scioli. Pablo Heller (21/10/2010) FUENTE Esta generación no va ir a la rastra de nadie: generaciones anteriores sufrieron la entrega a la Triple A, la masacre de ezeiza, la contraofensiva, etc... El futuro lo vamos a construir nosotros. Que no te cegue la cortina de humo. Y los que no se banquen discutir sin bardear, pasen de largo