LeandroLuf
Usuario (Argentina)

En los últimos años entre los usuarios activos de las redes sociales y foros de discusión se ha difundido un cómic con una sonrisa maliciosa, el popular “Trollface” (originalmente llamado Coolface). Pero la gran mayoría no conoce el terrible secreto que se esconde tras esta cara de apariencia inofensiva. Todo comenzó en 2008, cuando el usuario Whynne publicó en en deviantart un divertido comic sobre el trolleo en Internet. El dibujo fue hecho en el editor gráfico de Microsoft Paint. Fue aceptado rápidamente en la red y se pronto se convirtió en un meme. Pero no todo el mundo sabe que este es el verdadero autor de este personaje. Artículo publicado en Marcianos.com.mx: La verdad sobre Trollface http://marcianos.com.mx/la-verdad-sobre-trollface/ Henry Lee Lucas – un pedófilo estadounidense y famoso asesino en serie, a quien se le probaron al menos 11 asesinatos. Comenzó su carrera delictiva con su madre, quien murió en 1960, la asesinó con un cuchillo de cocina. Por ese crimen el tipo cumplió una sentencia de 15 años, incluyendo 4.5 años en una clínica psiquiátrica. Después de su liberación, comenzó laa masacre. Tras su detención confesó estar satisfecho de 300 asesinatos, de los cuales sólo 213 pudieron considerarse como más o menos plausible. El número exacto de víctimas de Lucas es aún desconocido. Se hizo popular en la sociedad estadounidense y con su historia se filmaron tres películas. El tribunal mostró solo 11 casos de violencia y asesinato, y Henry fue condenado a muerte, pero más tarde la sentencia fue sustituida por cadena perpetua, y a los 64 años de edad, murió en la cárcel de un ataque al corazón. Su habilidad para pintar al moderno trollface es apreciada hasta nuestros días. Quizá no tenga nada que ver con el asesinato. Pero como dicen los psicólogos, es una descripción de un estado de ánimo en el momento de la violencia, expresada en una sonrisa de malévola astucia, con el ceño fruncido. Esta es la pintura encontrada en el sótano, donde la niña de siete años fue violada. Más tarde, la misma imagen apareció en su celda, donde estaba cumpliendo una sentencia de cadena perpetua. Como se mencionó anteriormente Whynne reprodujo esta figura, pero no se sabe exactamente en dónde la encontró. Hay una versión que dice que Whynne la descubrió durante una excursión al trabajo de su padre (un oficial del departamento de policía de Texas). En otra versión se dice que encontró la imagen entre documentos de un secta que consideraban a Henry Lee Lucas una deidad. Cualquiera que sea su origen, la popular imagen tiene una historia muy siniestra a sus espaldas.
Giovanni Papini Giovanni Papini (Florencia, 9 de enero de 1881 - íd. 8 de julio de 1956) fue un escritor italiano. Inicialmente escéptico, posteriormente pasó a ser un fervoroso católico. Fue hijo de un modesto comerciante de muebles en Borgo degli cosh. Lo bautizaron a escondidas para soslayar el fuerte ateísmo de su padre. Fue un niño precoz, introvertido y falto de cariño. Adoptó desde niño un talante escéptico, pero lleno de curiosidad por las diversas doctrinas y religiones. Una de sus ilusiones tempranas, nunca abandonada, era escribir una enciclopedia que resumiera todas las culturas. Nacido en Florencia en 1881, y fallecido en 1956 fue escritor y poeta. Fue uno de los animadores más activos de la renovación cultural y literaria que se produjo en su país a principios del siglo XX, destacando por su desenvoltura a la hora de abordar argumentos de crítica literaria y de filosofía, de religión y de política. Nacido en una familia de condiciones humildes y de formación autodidacta, fue desde muy joven un infatigable lector de libros de todo género y asiduo visitante de las bibliotecas públicas, donde pudo saciar su enorme sed de conocimientos. Obtuvo el título de maestro y trabajó como bibliotecario en el Museo de Antropología de Florencia, pero a partir de 1903, año en que fundó la revista Leonardo, se volcó con polémico entusiasmo en el periodismo. Esta publicación se convirtió enseguida en un instrumento de lucha contra el positivismo que imperaba en el pensamiento filosófico italiano y, al mismo tiempo, contribuyó a difundir el pragmatismo. Ese mismo año se convirtió en redactor jefe del diario nacionalista Regno, mientras que en 1908, finalizada ya la andadura de Leonardo, empezó a colaborar activamente en La Voce, convirtiéndose en uno de los representantes más inquietos y ruidosos del movimiento filosófico y político que surgió en Florencia alrededor de esa revista. Más tarde fundó también Anima (1911) y Lacerba (1913), de orientación más literaria y donde durante un tiempo defendió las tendencias futuristas de Tommaso Marinetti. Agnóstico, anticlerical, pero no obstante siempre abierto a nuevas experiencias espirituales, su actividad periodística le permitió dar rienda suelta a su afición de sorprender y escandalizar a los lectores y de arremeter contra personajes más o menos famosos. OBRAS: Su obra El diablo fue objeto de grandes discusiones y controversias. La crítica europea considera que su mejor obra es Gog, una colección de relatos filosóficos, escritos en un estilo brillante y satírico. Entre sus obras religiosas están La Historia de Cristo, Cartas al Papa Celestino VI, y El Juicio Final. Escribió varios libros de crítica política y eclesiástica, entre los que destacan El libro negro y, especialmente, Un hombre acabado, a la que muchos consideran como su obra maestra. En palabras de Jorge Luis Borges, "Si alguien en este siglo es equiparable al egipcio Proteo, ese alguien es Giovanni Papini, que alguna vez firmara Gian Falco, historiador de la literatura y poeta, pragmatista y romántico, ateo y después teólogo". El propio Borges dice que "hay estilos que no permiten al autor hablar en voz baja. Papini, en la polémica, solía ser sonoro y enfático" diavolo es una de las últimas obras de Papini. En ésta, Papini explica cómo el amor de Dios al ser tan grande y magnífico, al llegar el Juicio Final, se compadecerá de todos los sufrientes, cerrará el infierno y redimirá a todos los pecadores, lo cual es incompatible con la doctrina de la Iglesia católica. algunas de sus frases: Hay quien tiene el deseo de amar, pero no la capacidad de amar. El destino no reina sin la complicidad secreta del instinto y de la voluntad. El amor no es capaz de ver los lados malos de un ser; el odio no es capaz de ver los lados buenos. Quiero saberlo todo. Y siempre me encuentro como antes, triste como la vida y resignado como la sabiduría. El amor es como el fuego, que si no se comunica se apaga. Una salud demasiado espléndida es inquietante, pues su vecina, la enfermedad, está presta siempre a abatirla. Si un hombre cualquiera, incluso vulgar, supiera narrar su propia vida, escribiría una de las más grandes novelas que jamás se haya escrito. 1881-1956. Escritor italiano.

Himno Nacional Argentino El 24 de mayo de 1812 se presentaba en la Casa de Comedia una pieza, “El 25 de Mayo”, de Luis Ambrosio Morante, que terminaba con un himno coreado por los actores. Un espectador, Vicente López y Planes, se sintió inspirado y compuso esa noche la primera estrofa de un himno para reemplazar el de Morante, al que Blas Parera había puesto música. La letra era inflamadamente independentista, como correspondía al espíritu de la época. Tiempo más tarde la Asamblea del alo XIII pide un “arreglo” acorde con los nuevos vientos que soplan: Inglaterra se opone vigorosamente a todo arresto de autonomía en las colonias de España, su aliad en la guerra contra Napoleón. El embajador británico lord Strangford hace saber al gobierno de Buenos Aires “lo loco y peligroso de toda declaración de independencia prematura”. Desaparecen entonces estrofas que anunciaban que “se levanta a la faz de la Tierra una nueva y gloriosa Nación”. Se infiltran, en cambio, conceptos monárquicos tan en boga entonces, cuando nuestros prohombres parecían competir en candidaturas de príncipes europeos para gobernarnos. Portugués, francés, italiano... No extraña entonces el “ved en tono a la noble igualdad”, afrancesamiento relacionado con el propósito de coronar al duque de Orleáns. O “sobre alas de gloria alza el pueblo, trono digno a su Gran Majestad”, estrofa desaparecida en la versión definitiva. O “ya su tono dignísimo abrieron, las Provincias Unidas del Sur”, texto del que nos ocuparemos más adelante. El Himno sufrió en 1860 otra lamentable modificación encomendada a Juan Pablo Esnaola: la marcha vibrante y guerrera se transformó en una pieza pretenciosamente majestuosa, tan estirada que va en camino de convencernos de que nuestra canción patria consta solamente de su introducción, que es lo que habitualmente se ejecuta. Para colmo de males, por razones diplomáticas, el texto fue mutilado devastadoramente durante la segunda presidencia de Roca, suprimiendo las estrofas denigrantes a España. Se evaporaron así marciales referencias a “los bravos que unidos juraron su feliz libertad sostener, a esos tigres sedientos de sangre fuertes pechos sabrán oponer”. Tampoco cantaremos: “son letreros eternos que dicen: aquí el brazo argentino triunfó, aquí el fiero opresor de la Patria su cerviz orgullosa doblo”. De allí en más los escasos retazos sobrevivientes nos harán repetir absurdamente hasta tres veces “y los libres del mundo responden...” . Fuente : armando Alonso Piñeiro, La historia Argentina que muchos argentinos no conocen, Bs As, 1992. Y acá agrego la letra original del Himno (resaltado lo que nos quedo): ¡Ya su trono dignísimo abrieron Las provincias unidas del Sud! Y los libres del mundo responden: ¡Al Gran Pueblo Argentino Salud! Se levanta la faz de la tierra Una nueva y gloriosa Nación: Coronada su sien de laureles Y a sus plantas rendido un León Sean eternos los laureles Que supimos conseguir. Coronados de gloria vivamos O juremos con gloria morir. De los nuevos campeones los rostros Marte mismo parece animar; la grandeza se anida en sus pechos, A su marcha todo hace temblar. Se conmueven del Inca las tumbas Y en sus huesos revive el ardor, Lo que ve renovando a sus hijos De la Patria el antiguo esplendor. Sean eternos los laureles Que supimos conseguir. Coronados de gloria vivamos O juremos con gloria morir. Pero sierras y muros se sienten Retumbar con horrible fragor: Todo el País se conturba por gritos De venganza, de guerra y furor. En los fieros tiranos la envidia Escupió su pestífera hiel, Su estandarte sangriento levantan Provocando a la lid más cruel. Sean eternos los laureles Que supimos conseguir. Coronados de gloria vivamos O juremos con gloria morir. ¡No lo véis sobre Méjico y Quito Arrojarse con saña tenaz, Y cuál lloran bañados en sangre Potosí, Cochabamba y la Paz! ¡No lo véis sobre el triste Caracas Luto y llantos y muerte esparcir! ¡No lo véis devorando cual fieras Todo pueblo que logran rendir! Sean eternos los laureles Que supimos conseguir. Coronados de gloria vivamos O juremos con gloria morir. A vosotros se atreve ¡Argentinos! El orgullo del vil invasor, Vuestros campos ya pisa contando Tantas glorias hollar vencedor. Mas los bravos que unidos juraron Su feliz libertad sostener, A esos tigres sedientos de sangre Fuertes pechos sabrán oponer. Sean eternos los laureles Que supimos conseguir. Coronados de gloria vivamos O juremos con gloria morir. El valiente argentino a las armas Corre ardiendo con brío y valor, El clarín de la guerra cual trueno En los campos del Sud resonó, Buenos Aires se pone a la frente De los pueblos de la ínclita Unión, Y con brazos robustos desgarran Al ibérico altivo León. Sean eternos los laureles Que supimos conseguir. Coronados de gloria vivamos O juremos con gloria morir. San José, San Lorenzo, Suipacha, Ambas Piedras, Salta y Tucumán, La Colonia y las mismas murallas Del tirano en la Banda Oriental; Son letreros eternos que dicen: Aquí el brazo argentino triunfó Aquí el fiero opresor de la Patria Su cerviz orgullosa dobló. Sean eternos los laureles Que supimos conseguir. Coronados de gloria vivamos O juremos con gloria morir. La victoria al guerrero argentino Con sus alas brillantes cubrió Y azorado a su vista el tirano, Con infamia a la fuga se dió; Sus banderas, sus armas se rinden Por trofeos a la Libertad, Y sobre alas de gloria alza el pueblo Trono digno a su gran majestad. Sean eternos los laureles Que supimos conseguir. Coronados de gloria vivamos O juremos con gloria morir. Desde un polo hasta el otro resuena De la fama el sonoro clarín, Y de América el nombre enseñando, Les repite: ¡Mortales! Oid: ¡Ya su trono dignísimo abrieron Las provincias unidas del Sud! Y los libres del mundo responden: ¡Al Gran Pueblo Argentino Salud! AGUANTE ARGENTINA CARAJO !
