Lealopez
Usuario (Argentina)
Hoy en día no es noticia, o no debería serlo, la sexualidad de cada uno pero en el siglo XIX la sexualidad de Abraham Lincoln, decimosexto Presidente de los Estados Unidos y el primero por el Partido Republicano, hubiese sido un escándalo mayúsculo. Este post no pretende juzgar al Presidente estadounidense, sólo contar ciertas curiosidades y luego que cada uno saque sus propias conclusiones. Según la biografía oficial de Abraham Lincoln, éste se casó con Mary Todd el 4 de noviembre de 1842 y tuvieron 4 hijos (Robert, Edward, William y Thomas), además… Con 28 años de edad, el joven Abraham Lincoln llegó a Springfield (Illinois) para establecerse como abogado. Pronto entabló amistad con un joven apuesto y propietario de una tienda llamado Joshua Fry Speed, seis años menor que él. Como la economía de Lincoln no era muy boyante, Speed le ofreció compartir su casa, situada sobre la tienda, y su única cama. El hecho de compartir cama con otro hombre no implica, y muchos menos en aquella época, ser homosexual. Otra cosa es compartir cama… durante cuatro años. El 1 de enero de 1841, Lincoln se enteró de que Speed lo iba a dejar y volver a Kentucky. Lincoln quedó abatido y cayó en una depresión: "Ahora soy el hombre más infeliz del mundo". Cuando fue nombrado Presidente apareció otro hombre en su vida, el comandante de su guardia personal David V. Derickson. De despachar en alguna ocasión con Lincoln, por su ocupación, pasó a convertirse en un fijo en la rutina diaria del presidente, llegando a compartir la cama. Treinta años más tarde, Thomas Chamberlain, un joven integrante de la guardia personal, recordaba estos hechos: "El capitán Derickson se ganó la confianza del presidente y en ausencia de la señora de Lincoln, que muchas veces pasaba la noche fuera, dormían en la misma cama e incluso usaba el camisón de su Excelencia". Así lo refleja también el diario de Virginia Woodbury Fox, la esposa del subsecretario de la marina de guerra: "Un soldado de la guardia personal del Presidente, le acompaña en todo momento y cuando la señora Lincoln no está en casa, duerme con él ¿Qué cosas?" Y para rematar la faena, la madrastra de Lincoln, Sarah Bush Lincoln, tras su muerte dijo: "Él no era muy aficionado a las chicas". Nunca sabremos a ciencia cierta si era bisexual, pero lo que podemos afirmar es que sentía verdadera pasión por compartir cama con hombres.
Los peligros de utilizar las letrinas públicas en la antigua Roma El agua que llegaba a la ciudad de Roma a través de los acueductos se almacenaba en grandes depósitos desde donde se distribuía a las panaderías, las casas, los baños… Parte del agua sobrante de estos usos prioritarios se destinaba a la red de alcantarillado: la Cloaca Máxima. Iniciada su construcción en el siglo VI a.C. por el rey Tarquinio y ampliada en varias ocasiones en siglos posteriores, recogía las aguas fecales de las casas -lógicamente, esta red no cubría toda Roma y mucho menos las zonas de las clases bajas- y de las letrinas públicas (latrinae publicae) para llevarlas hasta el río Tíber. El problema era cuando las aguas residuales volvían a su origen… por las crecidas del Tíber. En la ciudad de Roma se distribuían estratégicamente decenas de letrinas públicas (en el siglo IV había 144 con más de 4.000 plazas) para satisfacer las necesidades fisiológicas de los ciudadanos. Estas letrinas consistían en un banco de frío mármol con varios agujeros en los que sentarse a evacuar y bajo ellos la corriente de agua que arrastra la materia fecal. A modo de papel higiénico, en las letrinas públicas los romanos utilizaban un palo que llevaba en un extremo una esponja de mar (spongia). Y ahora que nos hacemos uno idea del habitáculo, veremos los peligros de utilizarlas… -Como no había separación entre los agujeros, tenías que compartir aquellos momentos de intimidad con desconocidos y no te digo nada si eran de los que daban conversación. -En teoría, después de usarse la spongia debía enjuagarse y limpiarse para el siguiente, y cada cierto tiempo cambiarse. Sentarse a aliviarse y comprobar que la spongia se debía haber cambiado hace tiempo… -Y la más peligrosa para la integridad física… Existía la graciosa costumbre de algunos de echar una pelota de lana ardiendo en las alcantarillas que si te agarraba con el culo en el agujero… Y si los romanos utilizaron su arte y su talento en la canalización, distribución y uso del agua, también lo hicieron a la hora de reciclarla. En las letrinas que la alta sociedad tenían en sus casas, se reciclaba el agua usada en los baños para los retretes, y en casas no tan pudientes pero que también disponían de letrinas, se situaban cerca de las cocinas para reciclar el agua con la que lavaban los utensilios de cocina.

Hasta en mitad de un sangrienta guerra se puede producir el milagro de la Navidad. Tras el desembarco de Normandía, Operación Overlord, la ofensiva aliada sufrió un importante revés cuando las fuerzas aerotransportadas británicas intentaron tomar el puente de Arnhem (Holanda) un mes más tarde. Hitler decidió lanzar una ofensiva en el Frente Occidental para estabilizarlo y poder centrarse en el Oriental, donde el Ejército Rojo empujaba con mucha fuerza. El mes de diciembre de 1944, los alemanes lanzan la ofensiva de las Árdenas (Bélgica). Los panzer sembraron el caos en las filas aliadas dejando a muchas unidades aisladas en medio de los bosques y capturando a miles de prisioneros. Tres soldados estadounidenses, uno de ellos herido, se encontraron perdidos en medio de un bosque que no conocían, con la nieve hasta las rodillas y sin apenas visibilidad por la niebla. Vagaron durante horas buscando a su Unidad pero lo único que encontraron fue una casita de cuento con la chimenea humeante… era la víspera de la Navidad. En la casa se encontraban un niño de 12 años, Fritz Vincken, y su madre preparando la cena. Les pidieron ayuda y la madre les dejó pasar ofreciéndoles comida y un fuego para calentarse, a sabiendas de que dar cobijo a los aliados estaba penado con el fusilamiento. Cuando la madre estaba curándole las heridas al soldado estadounidense, asaltaron la casa cuatro soldados alemanes. Todos cogieron las armas y comenzaron a gritar, durante unos instantes parecía que aquello sería una matanza a quemarropa… hasta que la madre se interpuso entre los dos grupos y les pidió que bajasen las armas. Hubo unos momentos de silencio e indecisión pero al final todos accedieron. Los alemanes no estaban mucho mejor que los estadounidenses y buscaban un refugio para pasar la gélida noche. Al final, todos compartieron la cena y el calor del hogar. A la mañana siguiente, cuando el herido ya estaba mucho mejor, los soldados alemanes les llevaron hasta las líneas de los aliados y se despidieron. Tras la publicación de la historia de Fritz Vincken en una revista americana y un documental en televisión, la familia de un soldado americano que había luchado en las Árdenas se puso en contacto con el canal de TV… su padre llevaba años contando esa historia. En enero de 1996, Fritz se trasladó hasta Maryland para conocer a Ralph Blank. El encuentro fue muy emotivo… Tu madre me salvó la vida – dijo Ralph Fritz Vincken y Ralph Blank
La perra Judy, un pointer inglés, fue el único perro reconocido como prisionero de guerra y, además, el gobierno británico la condecoró con la Medalla Dickin, que reconoce el mérito de los animales en tiempos de guerra. Judy nació en algún lugar de Shangai y siendo un cachorro fue adoptado como mascota por la tripulación del HMS Gnat de la Royal Navy pasando más tarde al cañonero HMS Grasshopper. En 1942, el cañonero fue torpedeado por los japoneses y quedó muy dañado. Aún así, la tripulación consiguió llegar hasta una isla deshabitada… más de 50 hombres abandonados a su suerte sin apenas comida y sin agua. Después de dos días, apareció Judy y comenzó a escarbar hasta que… encontró agua dulce y les salvó la vida. Consiguieron salir de la isla cuando se hicieron con un junco chino, pero fueron capturados por los japoneses y llevados al campo de prisioneros de Medan en plena selva. Como no querían abandonar a su salvadora, Judy estuvo camuflada durante varios días en un saco de arroz. Ya en el campo, la perrita fue adoptada por el aviador inglés Frank Williams y juntos compartían la escasa ración de comida. Pero Judy no era sólo una mascota, siempre estaba vigilante y avisaba cuando en los barracones entraba alguna serpiente o cuando se acercaban los guardias a los que incluso llegó a atacar -llevándose algún culatazo que otro-. Viendo que aquella actitud hacia peligrar la vida de Judy, Frank logró convencer al oficial de más alta graduación de los prisioneros para que solicitase al comandante japonés que la registrase como prisionero de guerra. Aprovechando un día que el sake corrió por el campo de prisioneros, y ayudado por todo lo que pudieron reunir para sobornarlo, firmó los papeles… Judy se convirtió en el prisionero de guerra 81A. Frank Williams y Judy en el campo de Medan En junio de 1944, los prisioneros fueron trasladados a Singapur pero durante el viaje el barco fue atacado y Frank decidió lanzarla al agua para salvarla de los proyectiles. El barco se hundió y los prisioneros que no murieron durante el ataque fueron capturados. Frank fue llevado a otro campo… pero sin Judy. Conforme iban llegando el resto de prisioneros, llegaban noticias de Judy: había salvado a varios prisioneros acercándoles trozos de madera para que no se ahogasen e incluso llevándolos hasta la orilla… pero pasaban los días y Judy no aparecía. Hasta que un día cuando estaba trabajando en la jungla, un animal salió de entre la espesura y se lanzó a los brazos de Frank… era Judy. Estaba muy delgada, sucia y tenía una herida en una pata con la marca del ataque de un cocodrilo. Aquella inmensa alegría fue un estimulante para todos y un consuelo en aquellas duras jornadas de trabajo, hambre y enfermedades. En 1945, cuando terminó la guerra, los prisioneros fueron liberados y embarcados hacia Liverpool pero… las mascotas no estaban permitidas a bordo. No hubo problema, todos ayudaron a Frank a camuflar a Judy para que les acompañase de regreso a casa. Ya en casa, Frank, acompañado de Judy, se dedicó a visitar a los familiares de los soldados que no habían regresado. Judy fue entrevistada por la BBC con motivo de las celebraciones de la victoria al año siguiente y solamente dijo “guau, guau, guau”. Estuvieron juntos hasta que en 1950, con 13 años, a Judy se le detectó un tumor y Frank tuvo que sacrificarla. El día que recibió la medalla Dickin

En agosto de 1945, el presidente de los EEUU, Harry Truman, ordenaba un ataque nuclear contra Japón: el día 6 lanzaron Little Boy sobre Hiroshima y el 9 Fat Man sobre Nagasaki. El 15 de agosto, Japón anunciaba su rendición incondicional frente a los Aliados… la Segunda Guerra Mundial había terminado. Pero hubo un militar estadounidense que salvó la vida gracias a la bomba que cayó en Nagasaki… el teniente Marcus McDilda. Little Boy Los bombas atómicas fueron determinantes para que Japón tomase esa decisión pero durante varios meses otras muchas ciudades habían sido pasto de los bombardeos de los B-29 incluso después del lanzamiento de Little Boy. El día 7 de agosto, el teniente McDilda, piloto de un caza P-51 Mustang que volaba como escolta de los bombarderos, fue derribado. Lo llevaron a un centro de la policía militar japonesa (Kempeitai) en Osaka para interrogarlo. Los japoneses tenían especial interés en saber todo lo referente a la nueva arma utilizada en Hiroshima, la bomba atómica. Lógicamente, McDilda la única información que tenía era la que circulaba por la base aérea pero nada que pudiera interesar a los japoneses. Así que, negó una y otra vez que supiese algo. De las buenas palabras se pasó a los golpes y el teniente pensó que no saldría vivo de allí. Por la noche, entró un oficial de la Kempeitai en su celda y le puso una katana en la cara, le hizo un pequeño corte y cuando la sangre comenzó a caer sobre su uniforme… Si no hablas, te cortaré el cuello. McDilda decidió darse una oportunidad y si querían que hablase, lo haría. Tirando de lo que había oído por los mentideros del cuartel, de lo que había leído sobre la fisión nuclear y echándole mucha imaginación, les explicó el funcionamiento de la bomba atómica y, además, añadió que los EEUU tenía decenas de bombas de este tipo y que el próximo objetivo sería Tokio. Aquello hizo saltar todas las alarmas, lo pusieron en conocimiento del gobierno y se les ordenó que lo trasladasen a Tokio. Allí, volvió a ser interrogado por un científico que se había formado en los EEUU… lógicamente, descubrió que McDilda no tenía ni idea de lo que decía. Ambos rieron y el teniente se quedó esperando qué decidían hacer con él tras descubrir su engaño. Al día siguiente, los EEUU lanzaban Fat Man sobre Nagasaki. Esto hizo suponer a los japoneses que aunque el prisionero no tenía ni idea sobre la bomba atómica, sí parecía cierto que tenían más bombas atómicas. El resto de los 50 aviadores que estaban prisioneros con el teniente en Osaka habían sido ejecutados el 7 de agosto por la noche… la mentira de Marcus McDilda y el lanzamiento de la bomba le salvaron la vida. Fat Man