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Primer post: 23 abr 2012Último post: 23 ago 2015
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El hombre del bolso verde
InfoporAnónimo8/23/2015

El hombre del bolso verde "Hubo algo que vino a mi mente y no dudé en soltarlo" Así comenzó mi charla con Eugenio Chávez Durán. Según su relato, había pasado los últimos años dando vueltas por cárceles de la provincia de Buenos Aires y parecía ansioso por contar algo anterior a su última aventura. Corría enero (en realidad ya se iba), eran las cinco de la mañana y ya no iba a poder dormirme. Algunos gorriones de voz aguda ayudaron a mi desvelo y bajé a la calle con mate en mano mientras esperaba junto a las aves los primeros rayos de sol. El televisor quedó prendido al igual que alguna luz. Fue en ese momento donde lo vi. Con un bolso verde opaco prominente a cuestas y un muro gigante en sus espaldas, Eugenio se acercaba por la calle empedrada mientras se reía del comentario de un oficial, al que saludó, y dirigió la mirada al portón cerrado sin dejar a un lado su mueca alegre. Por la oscuridad no se podía ver mucho, sólo se distinguía un sombrero panamá y camisa clara, algo manchada, haciendo juego con pantalones tres cuartos de jean. De igual modo, el bolso fue lo que más me llamó la atención. Era enorme. Eugenio venía despacio y llegando a la esquina vio que yo lo miraba sentado desde el cordón pintado de amarillo. Sospecho que se sintió intimidado, ya que fui testigo de su procedencia. Fue así que soltó las primeras palabras de la conversación: -Hubo algo que vino a mi mente y no dudé en soltarlo-, me dijo. Sonreí de compromiso y me paré, casi como un mecanismo de defensa ante un desconocido que venía a hablarme. Me sentí un niño ante la espontaneidad de su frase y su prepotencia, en algún sentido apacible. No emití respuesta, ya que no entendí bien lo que me quiso decir. Pareció una confesión a medias, sin sentido ante la falta de diálogo anterior, como tratando de explicar por qué había cruzado ese portón enorme con ganas de no volverlo a cruzar jamás. Sus párpados arrugados, antesala de gruesas cejas canosas, se cerraban lentamente mientras hablaba, y le hacían compañía a una sonrisa de costado que no se iba de esa cara pálida y única. Dejé de mirarlo. Volví a sentarme, y parecía que ese sujeto extrañamente curioso no tenía ganas de irse. Vivir en la esquina de una prisión te hace presenciar actos que en un barrio convencional de La Plata, de Cuzco o de Toledo tal vez no pasen. Las alarmas suenan a toda hora, seguidas de ambulancias que parecen tener una veintena de años de traslados, saliendo a contramano por las estrechas calles de Villa Elvira. No hay horarios de visita pautados para las excursiones al Hospital San Martín. En los almacenes cercanos se escuchan historias macabras, con utensilios de por medio, y algún arma fabricada cuidadosamente por los "internos"(así los definían, cigarro en boca, los empleados de la penitenciaría que parecían golpearse el pecho con orgullo contando relatos que generalmente terminaban en muerte). Varias veces me topé con muchachos jóvenes perdidos en la esquina de mi casa. Los bolsos en la espalda eran una constante. Pero nunca me había detenido a hablar con alguno como con Eugenio. Salvo cuando a menudo se acercaban y preguntaban dónde pasaba el tren, o algún micro que los dejase en la capital. Indicándoles como podía el camino a la avenida más cercana que los derive a la estación, me despedía de ellos, que por poco corrían para no ver más esas paredes blancas, tan altas como edificios, pintarrajeadas con aerosol y barro. Desde lo más alto del muro, siluetas negras levantaban la mano para saludarlos, o para hacerles algún gesto obsceno. Ninguna situación o encuentro pasó de eso, de un intercambio corto de frases hechas y agradecimientos. Pero este hombre vino directo a mí, a las cinco de la mañana de un veintidós de enero, diciéndome que soltó algo que se le vino a la mente, sin dudar. Seguido de esa frase, y ante mi discreto silencio, se presentó: -Mi nombre es Eugenio Chávez Durán, para servirle.- Soltè otra risa, esta vez un poco más falsa que la primera. Con clara intención de caer bien, preguntó por mi nombre y respondí, al tiempo que le ofrecí un mate. Habrá entendido que le ofrecí sentarse a mi lado, porque así lo hizo, arremangándose los jeans tres cuartos y sosteniendo el gorro con su mano izquierda, la cual lucía un brillante anillo aparentemente bañado en oro. No me molestó que se sentase un rato: mi insomnio se había acentuado en el último mes, y con frecuencia si estaba acompañado olvidaba por qué estaba despierto. Lo que sí me sorprendió fue que contrariamente a los que evitaban mirar para atrás, hacia el gigante conocido que sólo les traía malos recuerdos, Eugenio se acomodó en diagonal al portón, al lado de un desconocido a tomar un mate amargo. -Allá adentro los hacen mejor- Bromeó, acomodando la bombilla. -No se me enoje, ¡eh! Reí nuevamente, pero esta vez con la mirada perdida en el asfalto, pensando en la frase con la que se presentó. Por un momento sentí un deja vù; me convencí que ya lo había escuchado antes y a él también lo había visto, tal vez en un sueño. Lo cierto es que ese sombrero de paja y la frase iban de la mano en un recuerdo que bien podía ser un engaño de mi mente poco lúcida. Me devolvió el mate casi lleno. Realmente no le había gustado. Pasó una hora y Eugenio ya me había contado varias historias acontecidas entre los muros blancos, aunque no pronunciaba palabra sobre su error, sobre el por qué de su estadía en la Unidad. Me contó de Chicho, el "Negro John", Pérez, del "pendejito platense" que caía bien a todos. Un compañero de celda oriundo de la ciudad parecía una rareza, según Chávez Durán. Pero de a poco fui desconfiando hasta de su propio nombre. En dos o tres oportunidades se contradijo con historias cursis y típicas de jaula, casi como de película. Pero yo seguí su juego al ritmo pausado de su discurso. A ese punto quería saber más sobre su historia, por lo que comencé a indagar. Resultó ser que era mexicano de nacimiento, y que a los seis años se vino para la Argentina con su padre, muerto hacía unos diez años. Reacio a desplegar mis antecedentes cotidianos ante un extraño ser, preferí envolverlo en preguntas hasta que se canse de una vez por todas y decida preguntarme al fin dónde quedaba la estación de trenes. Desde dentro del penal, la alarma comenzó a sonar con insistencia, pero no pareció molestarle a Eugenio tanto como a los vecinos linderos que más de uno encendió el velador. Con la chicharra de fondo, ese hombre del bolso verde que se acercó a mí un veintidós de enero contó un par de historias más, eludiendo mis preguntas incómodas y el que se cansó fui yo. -¿A qué se refirió con lo que me dijo al principio?-, pregunté. El portón marrón de la prisión se abrió de repente y el ruido a motores y sirenas se acentuó. - No se de qué me está hablando, patrón.- contestó Eugenio. Lo último que recuerdo es el sonido de una ambulancia y dos faroles a dos metros, mirándome como los ojos cansados de Eugenio, envueltos en incandescencia. Desperté en febrero con una lucidez atípica. Dolores de todo tipo, recuerdos de aquella noche y mi novia sentada a mi lado se mezclaban en una sala blanca, como los muros de la cárcel. Pensé en el pobre mexicano. Ése que no pudo disfrutar ni dos horas de libertad que ya se lo había llevado puesto la realidad. Ella preguntó cómo me sentía, con lágrimas en los ojos. Mis preocupaciones eran otras. -¿Sabés algo de Eugenio Chávez Durán?- Pregunté. -¿De quién? -El mexicano, el que estaba sentado conmigo. -¡Vos estabas solo! Ya tendrás tiempo de explicarme qué hacías sentado en la vereda a las seis de la mañana. Otra vez, mi mente desvelada me había engañado. Las películas de madrugada y el insomnio pueden llevarse peligrosamente bien. por Ignacio Champane

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Cuentos Cortos para Cortar con todo (1)
Cuentos Cortos para Cortar con todo (1)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo9/5/2012

Buenas gente, la verdad que (sin ofender a nadie) después de ver tanto refrite de info, chistes, huevadas que me hacen cagar de risa, decidí que un post que realmente me pondría contento hacer es de este tipo: refritar=compartir Un buen cuento . No voy a poner NOVELAS enormes, tediosas, porque si uno esta en Internet, esta para ver cosas interesantes, pero Cortitas y al pie, por eso voy a arrancar con estos cuentos y si les copa voy a seguir. Los Cuentos que voy a poner son cuentos que a mi me gustan, pero van a estar sujetos a sus próximos pedidos, recomendaciones, etecé. Va el primero!... Es de Juan Rulfo. Ahí tienen los datos del autor, PERO les recomiendo leer primero el Cuento, porque por lo general las vidas de autores tienen mucho que ver con lo que quieren expresar en los escritos.. Ahí va el primer texto... Nos Han Dado La Tierra Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros. Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después; que no se podría encontrar nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Pero sí, hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor del humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza. Pero el pueblo está todavía muy allá. Es el viento el que lo acerca. Hemos venido caminando desde el amanecer. Ahorita son algo así como las cuatro de la tarde. Alguien se asoma al cielo, estira los ojos hacia donde está colgado el sol y dice: -Son como las cuatro de la tarde. Ese alguien es Melitón. Junto con él, vamos Faustino, Esteban y yo. Somos cuatro. Yo los cuento: dos adelante, otros dos atrás. Miro más atrás y no veo a nadie. Entonces me digo: "Somos cuatro." Hace rato, como a eso de las once, éramos veintitantos, pero puñito a puñito se han ido desperdigando hasta quedar nada más que este nudo que somos nosotros. Faustino dice: -Puede que llueva. Todos levantamos la cara y miramos una nube negra y pesada que pasa por encima de nuestras cabezas. Y pensamos: "Puede que sí." No decimos lo que pensamos. Hace ya tiempo que se nos acabaron las ganas de hablar. Se nos acabaron con el calor. Uno platicaría muy a gusto en otra parte, pero aquí cuesta trabajo. Uno platica aquí y las palabras se calientan en la boca con el calor de afuera, y se le resecan a uno en la lengua hasta que acaban con el resuello. Aquí así son las cosas. Por eso a nadie le da por platicar. Cae una gota de agua, grande, gorda, haciendo un agujero en la tierra y dejando una plasta como la de un salivazo. Cae sola. Nosotros esperamos a que sigan cayendo más y las buscamos con los ojos. Pero no hay ninguna más. No llueve. Ahora si se mira el cielo se ve a la nube aguacera corriéndose muy lejos, a toda prisa. El viento que viene del pueblo se le arrima empujándola contra las sombras azules de los cerros. Y a la gota caída por equivocación se la come la tierra y la desaparece en su sed. ¿Quién diablos haría este llano tan grande? ¿Para qué sirve, eh? Hemos vuelto a caminar. Nos habíamos detenido para ver llover. No llovió. Ahora volvemos a caminar. Y a mí se me ocurre que hemos caminado más de lo que llevamos andado. Se me ocurre eso. De haber llovido quizá se me ocurrieran otras cosas. Con todo, yo sé que desde que yo era muchacho, no vi llover nunca sobre el llano, lo que se llama llover. No, el Llano no es cosa que sirva. No hay ni conejos ni pájaros. No hay nada. A no ser unos cuantos huizaches trespeleques y una que otra manchita de zacate con las hojas enroscadas; a no ser eso, no hay nada. Y por aquí vamos nosotros. Los cuatro a pie. Antes andábamos a caballo y traíamos terciada una carabina. Ahora no traemos ni siquiera la carabina. Yo siempre he pensado que en eso de quitarnos la carabina hicieron bien. Por acá resulta peligroso andar armado. Lo matan a uno sin avisarle, viéndolo a toda hora con "la 30" amarrada a las correas. Pero los caballos son otro asunto. De venir a caballo ya hubiéramos probado el agua verde del río, y paseado nuestros estómagos por las calles del pueblo para que se les bajara la comida. Ya lo hubiéramos hecho de tener todos aquellos caballos que teníamos. Pero también nos quitaron los caballos junto con la carabina. Vuelvo hacia todos lados y miro el Llano. Tanta y tamaña tierra para nada. Se le resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga. Sólo unas cuantas lagartijas salen a asomar la cabeza por encima de sus agujeros, y luego que sienten la tatema del sol corren a esconderse en la sombrita de una piedra. Pero nosotros, cuando tengamos que trabajar aquí, ¿qué haremos para enfriarnos del sol, eh? Porque a nosotros nos dieron esta costra de tapetate para que la sembráramos. Nos dijeron: -Del pueblo para acá es de ustedes. Nosotros preguntamos: -¿El Llano? -Sí, el Llano. Todo el Llano Grande. Nosotros paramos la jeta para decir que el Llano no lo queríamos. Que queríamos lo que estaba junto al río. Del río para allá, por las vegas, donde están esos árboles llamados casuarinas y las paraneras y la tierra buena. No este duro pellejo de vaca que se llama Llano. Pero no nos dejaron decir nuestras cosas. El delegado no venía a conversar con nosotros. Nos puso los papeles en la mano y nos dijo: -No se vayan a asustar por tener tanto terreno para ustedes solos. -Es que el Llano, señor delegado... -Son miles y miles de yuntas. -Pero no hay agua. Ni siquiera para hacer un buche hay agua. ¿Y el temporal? Nadie les dijo que se les iba a dotar con tierras de riego. En cuanto allí llueva, se levantará el maíz como si lo estiraran. -Pero, señor delegado, la tierra está deslavada, dura. No creemos que el arado se entierre en esa como cantera que es la tierra del Llano. Habría que hacer agujeros con el azadón para sembrar la semilla y ni aun así es positivo que nazca nada; ni maíz ni nada nacerá. -Eso manifiéstenlo por escrito. Y ahora váyanse. Es al latifundio al que tienen que atacar, no al Gobierno que les da la tierra. -Espérenos usted, señor delegado. Nosotros no hemos dicho nada contra el Centro. Todo es contra el Llano... No se puede contra lo que no se puede. Eso es lo que hemos dicho... Espérenos usted para explicarle. Mire, vamos a comenzar por donde íbamos... Pero él no nos quiso oír. Así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta. Pero nada se levantará de aquí. Ni zopilotes. Uno los ve allá cada y cuando, muy arriba, volando a la carrera; tratando de salir lo más pronto dposible de este blanco terregal endurecido, donde nada se mueve y por donde uno camina como reculando. Melitón dice: -Esta es la tierra que nos han dado. Faustino dice: -¿Qué? Yo no digo nada. Yo pienso: "Melitón no tiene la cabeza en su lugar. Ha de ser el calor el que lo hace hablar así. El calor, que le ha traspasado el sombrero y le ha calentado la cabeza. Y si no, ¿por qué dice lo que dice? ¿Cuál tierra nos han dado, Melitón? Aquí no hay ni la tantita que necesitaría el viento para jugar a los remolinos." Melitón vuelve a decir: -Servirá de algo. Servirá aunque sea para correr yeguas. -¿Cuáles yeguas? -le pregunta Esteban. Yo no me había fijado bien a bien en Esteban. Ahora que habla, me fijo en él. Lleva puesto un gabán que le llega al ombligo, y debajo del gabán saca la cabeza algo así como una gallina. Sí, es una gallina colorada la que lleva Esteban debajo del gabán. Se le ven los ojos dormidos y el pico abierto como si bostezara. Yo le pregunto: -Oye, Teban, ¿de dónde pepenaste esa gallina? -Es la mía- dice él. -No la traías antes. ¿Dónde la mercaste, eh? -No la merque, es la gallina de mi corral. -Entonces te la trajiste de bastimento, ¿no? -No, la traigo para cuidarla. Mi casa se quedó sola y sin nadie para que le diera de comer; por eso me la traje. Siempre que salgo lejos cargo con ella. -Allí escondida se te va a ahogar. Mejor sácala al aire. Él se la acomoda debajo del brazo y le sopla el aire caliente de su boca. Luego dice: -Estamos llegando al derrumbadero. Yo ya no oigo lo que sigue diciendo Esteban. Nos hemos puesto en fila para bajar la barranca y él va mero adelante. Se ve que ha agarrado a la gallina por las patas y la zangolotea a cada rato, para no, golpearle la cabeza contra las piedras. Conforme bajamos, la tierra se hace buena. Sube polvo desde nosotros como si fuera un atajo de mulas lo que bajará por allí; pero nos gusta llenarnos de polvo. Nos gusta. Después de venir durante once horas pisando la dureza del Llano, nos sentimos muy a gusto envueltos en aquella cosa que brinca sobre nosotros y sabe a tierra. Por encima del río, sobre las copas verdes de las casuarinas, vuelan parvadas de chachalacas verdes. Eso también es lo que nos gusta. Ahora los ladridos de los perros se oyen aquí, junto a nosotros, y es que el viento que viene del pueblo retacha en la barranca y la llena de todos sus ruidos. Esteban ha vuelto a abrazar su gallina cuando nos acercamos a las primeras casas. Le desata las patas para desentumecerla, y luego él y su gallina desaparecen detrás de unos tepemezquites. -¡Por aquí arriendo yo! -nos dice Esteban. Nosotros seguimos adelante, más adentro del pueblo. La tierra que nos han dado está allá arriba. Me encanta como escribe el Mejicano este, es un crack.! Si les gustó joya, voy a ir poniendo más, si me quieren seguirr.. Saludos!

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Moria Casan sin pelo bla bla...
Moria Casan sin pelo bla bla...
HumorporAnónimo4/23/2012

Que hacen los pibes? La noticia es que Moria Casan saca un libro: Moria Casán lanzará su biografía dentro de muy poquito. Se trata de meMORIA, el libro que retratará a la vedette de cuerpo entero. La tapa es muy sugestiva. Moria sin pelo (según reveló el encargado de prensa se logró con una máscara de látex y maquillaje). Así, la diva decidió poner en primer lugar su cabeza. De hecho, el resto de su cuerpo no aparece en la portada del libro. "Yo no me hago preguntas porque nunca miro para atrás. Sin embargo, todo aquel que se siente feliz consigo mismo sabe que cada tanto, en nuestra memoria se encuentran algunas respuestas impensadas", escribió la misma Moria en su cuenta de Twitter. "El pasado dice quiénes fuimos y de alguna manera explica por qué estamos donde estamos. Decidí recorrerlo para escribir estas memorias", indica la presentación de la obra. La diva además agrega: “Tuve una vida extraordinariamente intensa y es momento de revelarla". El 6 de mayo el material será lanzado en la Feria del Libro. La Foto de Tapa: Claramente hice todo el post para poner esta foto PERO SI ESTAS IGUAAAL!

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