LG2892
Usuario (Venezuela)

NOTA: originalmente este artículo lo escribí como una nota para Facebook, y puede que muchos lectores no-venezolanos no entiendan cierto vocabulario que aquí utilizaré. Si no entiendes algún término, dilo en los comentarios y te lo definiré según el argot de Venezuela. Si hay alguien que compra lo que no necesita con el dinero que no tiene para mostrárselo -como si se tratase de una necesidad biológica- a quien no le interesa, es el venezolano. No hay que ser un sociólogo Cum Laude para dar testimonio de una de las características más resaltantes de nuestro gentilicio: el pantallerismo. Y llevado a su peor y más bajo nivel: el pantallerismo absurdo y banal. Si eres un bodrio sin vida social, que se queda todo el día viendo anime en casa y no conoces la jerga venezolana, a pesar de que naciste en estas tierras, te comunico que además careces de comprensión lectora, porque la definición debiste haberla captado leyendo el primer párrafo. Y tal vez, algunos sí tengan el dinero suficiente para comprarse eso que no necesitan, y esto es más triste, pues esa gente nos sugiere que no administran sus recursos; no porque no sepan cómo hacerlo, sino porque la evolución no ha sido congraciada con ellos y los ha ubicado en la escala inmediatamente inferior al humano promedio. Pero si vives en una casa, cuyos papeles de propiedad están doblados y guardados bajo el colchón de la cama, y le temes a cada lluvia que se asome porque solo dios sabe en qué momento esos ladrillos amontonados cedan sobre tu cabeza… ¿qué coño haces con un BlackBerry en tu bolsillo? Y no es que esté criticando solamente la pertenencia de un aparato como este, porque, para variar, estas personas suelen tener toda clase de artefactos electrodomésticos de última generación en su casa. Lo que da náuseas y mareo al ver un Blu-ray sobre un televisor de 40 pulgadas en tremendo mueble y, como tapiz de fondo, una pared sin frisar y, si alzamos un poco la vista, un techo de zinc con sombras proyectadas de toda clase de basura y palomas anidando encima. Si yo fuera un habitante de esos suburbios, donde no falta casa por la que se asome una antena de DirecTV desde la ventana, trabajaría para hacer las maletas e irme lo antes posible de allí. Aspiraría a un apartamento, una quinta o una casa rodante, no importa, con tal que ese televisor y todo cuanto se conecte a un tomacorriente esté en un entorno que armonice con ello. Lo importante es que, si voy a pantallear, lo haga con clase, con etiqueta, y no al modo marginal-barriobajero como el venezolano está acostumbrado a hacer (así sea de clase alta, lo marginal-barriobajero está en la cabeza). Por eso el pobre es pobre: porque se gasta la plata en huevonadas… y después aparecen en una marcha chavista quejándose del Imperio y el capitalismo. O, si no es chavista, de lo dura que es la vida y lo rápido que se esfuma el dinero. ¡Ay qué bonito! Un BlackBerry al celular común es lo que una Mac a la PC. Los segundos cubren la inmensa mayoría de las necesidades del público en general, son más baratos y -según el modelo y software que traiga o le adiciones- llegan a ser aparatos muy interesantes. Los primeros tienen más de lo que una persona pueda necesitar, sus repuestos son más caros y su precio es tan alto que vale preguntarse si merece la pena gastar tanto dinero en un celular para empresarios, altos ejecutivos, accionistas, NO para ti. Pero aquí todo el mundo quiere ser cool, diferente, tener lo más fine y lo más in y eso los lleva no solo a comprarse un BlackBerry que, en el fondo de su alma, saben que no van a necesitar (pero sí a lucir), sino que además dejan de complacer al estómago por adquirir un Torch. Los BB Torch son los más arrechos… y los más caros. Lo que el empleado de clase media necesita es todo menos un BlackBerry Torch, un Bold, un Javelin… ¿qué interesa el modelo? Lo que esta gente precisa no es un PIN ni la bolita homosexual esa, necesitan un coñazo bien dado en la cabeza para que despierten y se den cuenta de lo superficiales y tragaleches que fueron. Y lo peor es que todo el que cae bajo mi pregunta ¿Qué tiene el BlackBerry? Responde con la misma respuesta genérica, que pareciera ser insertada en un chip dentro de su cerebro al momento de comprar uno: uff hace de todo. Para nutrir este artículo, me tomé la molestia de saber algo más sobre el BB. Pero el vendedor es un maleducado y haciendo gala de sus modales me respondió con un “no gracias”. La gente que usa BlackBerry le da exactamente el mismo uso que a un celular normal: llama, envía mensajes (si acaso…), usa el Bluetooth, toma fotos y graba vídeos, juega… exactamente lo mismo, con la distinción que usan el PIN (como si la diferencia con los SMS fuera abismal). En cambio, sus funciones son muy variadas: * GPS * Wi-Fi * Push mail * Backup de datos * Una suite ofimática * Sincronización con Mac * Conexiones encriptadas * Establecer chats de videoconferencia * Comprar acciones en la bolsa de valores * Agenda, libreta de notas y tareas… muy avanzadas * Acceso corporativos a bases de datos de tu empresa * Excelente e implacable imán para los amigos de lo ajeno * Tiene una bolita que debería estar prohibida Si tienes un BB y al contrario de la masa, conoces y usas aunque sea la mitad de sus funciones, te felicito. Pero, si por el contrario, creías que lo más avanzado que tenía era la aplicación para el Twitter, te digo, con la mano en el corazón y la mirada bien en alto: das pena. Mike Lazaridis, el hombre tras los BB. Ahí se está riendo de los venezolanos. Entonces, ¿por qué se compran un bicho como este? Existen otras marcas con celulares que ofrecen una mejor relación calidad-precio y no tienen nada que envidiarle al bendito BB. Yo sé por qué lo compran. La respuesta se nos presenta con la simplicidad que una palabra de cuatro letras nos puede ofrecer, para que hasta la lerda que solo habla de pintura de uñas y Victoria Secret’s entienda: MODA. No hay mejor manera de demostrar que no se tiene personalidad ni voluntad propia cuando se siguen los estándares de la moda, sin que medie razón. No existe opción para decir que eres un inválido mental cuando te dio por comprar un BlackBerry porque querías saber cómo era eso del PIN (porque, a decir verdad, por esto es que la mayoría de la gente lo compra). Me voy a reír el día que la moda pase, que la fiebre se acabe… el día que todos esos proletarios, sifrinos de rancho y auténticos pierdan interés en un aparato que nunca les sirvió de nada (si comparamos sus prestaciones) y caminen con aptitud mecánica a la tienda de celulares más cercana a adquirir el nuevo grito de la tecnología móvil, ya sea un RedOrange, un GPhone, Nokia ACM1PT. Sí, me voy a reír con fuerza titánica, y será mi risa de burla cuando vea al Presidente ya no con un BlackBerry, sino también con el nuevo aparatico, aun instando a los demás a comprarse el Vergatario. Y allí es cuando los pocos chavistas de coeficiente aceptable se darán cuenta de porqué son incapaces de acabar con el concepto capitalista: porque son unos parásitos que viven de él, pero que no pelan chance para hablar paja para hacerse notar. Fiesta de BlackBerries. Si no tienes uno, no entras. Nótese los brazos de beisbolista de la de vestido blanco. Pero claro que no hay verdades absolutas: conozco gente que, incluso, está en mis amigos de Facebook, que usa el 25% de su BlackBerry (lo que es bastante en comparación) y a estas personas también las felicito porque mantienen sus actividades al nivel del equipo que compran. Respecto a los que poseen uno y jamás tienen saldo, ¡felicidades también! No es fácil perder el sentido del ridículo. Pero bueno, los muchachos de RIM deben estar contentos con Venezuela, porque están haciendo dinero que jode.