Kurotxy
Usuario (Chile)
Esta primera versión de Ridoru incluye tres historias, creadas completamente por mí. Se advierte que en la última historia, Leax, las descripciones son algo fuertes. Es sólo para avisarles que su contenido es explícito, sin "censura", por así decirlo. 『Escuridao』 A los trece años; tres meses antes de mi cumpleaños; mientras caminaba sobre un puente, fui víctima de un accidente de motocicleta durante el atardecer. El puente era antiguo y de madera, las barandillas de ambos lados estaban caídas y no servían para su función. El motociclista estaba ebrio, mientras que se supone yo estaba adentrado en una pequeña tableta de juegos. Pocos metros de mí el conductor intentó frenar al notar que se acercaba demasiado, eso es lo que se supone cuando se vieron las marcas de neumáticos, pero a la velocidad que tenía, los frenos no fueron capaces de detener la motocicleta antes de chocar contra mí y una chica que estaba cerca mía. Los tres fuimos lanzados hacia el río seco junto a la motocicleta y unos restos del borde de madrera. Al despertar estaba en un cuarto completamente gris a excepción de las cortinas azules corridas para dejar entrar la luz de un atardecer casi terminado a través de una ventana a la derecha. La cama también era gris, mientras que mi ropa, que no era más que una bata, era celeste. Al intentar levantarme sentí una gran punzada en todo mi cuerpo, en especial en mi cabeza. Al resignarme, empecé a mirar más profundamente el lugar evitando mover mucho el cuello y el cráneo. Junto a la cama, al lado derecho, había una mesilla gris con un jarrón transparente, donde posaban unas cuantas flores azules. Frente a la cama había una gran cortina gris que separaba la habitación y me impedía ver más allá. Al lado izquierdo de la cama había una maquina que hacía un pequeño sonido cada uno o dos segundos, poseía una pantalla negra donde se veían líneas de diferentes colores subiendo y bajando, y al lado de éstas habían algunas letras y números que no entendía. En ese momento no sabía que sucedía, sólo podía pensar en el accidente. No sé qué estaba haciendo en ese momento, pero por el rabillo del ojo lograba ver a una persona junto a mí, mis oídos empezaron a escuchar un motor cada vez más cerca. Y cuando lo había notado, ya estaba en el aire con un gran dolor atravesando mi cuerpo cuando logré ver a una motocicleta frente a mí, a un hombre joven y a una chica, mayores que yo. Todo el resto del recuerdo era negro. Cuando terminé de recordar, empecé a dormirme rápidamente por el cansancio que sentía en ese momento. Pasaron los días en el hospital y mi cuerpo empezó a responderme correctamente. Ya había descubierto, antes de pasada una semana, que sufría de amnesia, la cual, dicen los médicos, fue producto del accidente. No era capaz de recordar nada más atrás en el tiempo desde el accidente. Los médicos, a mediados de la tercera semana en el hospital, me permitieron salir de la habitación. Mis piernas estaban en buen estado y consideraron seguro el caminar. Finalmente fui dado de alta casi al mes de ser ingresado en el hospital. Mi escuela era grande, poseía primaria, secundaria inferior y superior. Primaria poseía cinco grados, secundaria inferior tenía cuatro, mientras que la superior sólo tres. Cada grado tenía más de cuatro cursos, sin contar laboratorios, talleres y muchas otras salas para las materias correspondientes de cada grado. Me habían explicado la distribución, pero al ver el gran edificio frente a mí el lunes por la mañana, me sentí envuelto en temor. Sin darme cuenta del tiempo, ya estaba frente a una puerta azul, no había ventanas a mi altura y no podía ver el interior. A la izquierda de la puerta posaba un cartel blanco, que contrastaba levemente el gris del muro, donde estaba colocado un número y dos letras. El sistema de cursos funcionaba de manera que primero se nombraba grado y la letra distintiva, y en caso de estar en secundaria superior, se colocaba una S; pero en caso de no serlo, simplemente se repetía la letra del curso. A mi izquierda estaba la profesora Martínez, su cabello era castaño claro, tenía pendientes blancos, circulares, llevaba maquillaje pálido y sus labios mostraban su pintura extrema roja fácilmente. Abre la puerta, que a diferencia de las de casa, ésta se desplaza en horizontal, en vez de girar. Tiene el mismo tipo de pomo que las puertas de casa, pero su forma de abrir es distinta, sencillamente fascinante. Pero no es momento para examinar la entrada, debía presentarme, volver a presentarme, a mi curso. Apenas traspaso la entrada, muevo mis ojos rápidamente para ver a mis compañeros, nuevos o viejos según se mire. Mi cabeza me empieza a doler, mi visión se emborrona, escucho gritos amortiguados, estoy por perder la consciencia. Intento mantenerme despierto, pero me resulta imposible: Una leve canción empiezo a escuchar en mi mente, me estaba atrayendo contra mi voluntad. Mi visión se vuelve negra, ya no escucho nada más que la canción. Siento nostalgia, pero la letra no tenía sentido, tal vez estaba en otro idioma. Termino siendo absorbido por la música y la letra deja de escucharse. Y finalmente, silencio absoluto... Nada se escucha... ni lo hará... 『Raito: Saisho』 -Sólo calma, necesitamos calmarnos. -Lo sé, lo sé, sólo... sólo... -Tranquilo, podemos superar ésto. Sólo necesitamos entrar en calma, pensemos en algo bueno. Piensa en Rile, imagina todas las veces que nos hemos divertido los dos juntos. -Sí... puede que eso merezca la pena... Pero... -Entiendo que no podamos centrarnos, pero debemos esforzarnos por hacerlo. Por nosotros y por Rile. -¿Cómo vamos a aprobar el colegio?, no soy capaz de iniciar las tareas... -Lo sé, es difícil... por eso hay que aprobar las pruebas, sé que podemos lograrlo sin casi esfuerzo, sólo repasar en casa, sé que no podremos estudiar. Por eso... por eso tendremos que esforzarnos en entender la clase y rezar que no tengamos que estudiar en casa para aprender. -No, eso es imposible. Nos irá pésimo. No podré confesarme a Rile. ¿Por qué debo seguir en este maldito mundo? -Rile llorará nuestra pérdida. No podemos ser tan egoístas como para hacerle sufrir. -¿Cómo lo sabes?, ¿Cómo sabes que nos aprecia? -Pues entonces nuestra madre. -No, no nombres a madre. Ella no es más que un fracaso. Ella no merece mi lástima. -Entonces en padre. -Él tampoco. Puede que la merezca un poco, pero tampoco me defiende de madre. Sus lazos biológicos no significan nada, absolutamente nada. Unos verdaderos padres deben de criarme, no avasallarme. Unos verdaderos padres deben construir a un hijo que crea en sí mismo. Los padres falsos sólo te destruyen y al público le muestran al hijo de perfil, evitando que se vean los problemas. -Piensa en nuestra hermanita, Saly. No soporto dejarla con esos monstruos de padres. -Ella crecerá bien, no sufrió igual que yo a su edad. Pude evitarlo. Ella... -¡Para!, ¡Deja de crear escusas!, ¡Ambos sabemos que no podemos dejarla sola! -Rile la cuidará, estará bien. -En caso de que Rile la cuide, tendría que sufrir a manos de madre. Si logra superarla, lo único que estará en su mente seguramente sea proteger a la hermana de su mejor amigo. -No, no sabemos si ella me considera como amigo, tal vez me esté utilizando para algún propósito que desconocemos. -¡No puedo discutir contigo!, ¡Lo único que haces es crear barreras para que nadie pueda ayudarnos! -Sólo cállate... estoy cansado de escucharte todo el tiempo. En las pesadillas, al despertar, al comer, al acostarme, al caminar... Eres sólo una molestia. -Intento ayudarte. Tú me creaste para que yo tomara control de la situación, ¿Por qué no quieres ahora que lo haga? -Eres un maldito fallo. Al crearte, en algún momento hubo un fallo. No puedes ayudar en nada. -He podido hacer fallar todos tus intentos de suicidio. Puedo evitar éste también. Eso es ayuda. -No, tú no puedes controlarme. Las otras veces sólo fue que bajé la guardia. Esta vez no permitiré que vuelvas a controlarme. -Por favor, sólo para. Intenta crear a otro que pueda manejar la situación, a alguien que pueda sobrevivir en este mundo. -¿Para qué?, ¿Y qué sucedería conmigo?, mi cuerpo sufriría, el que tenga mi cuerpo sufrirá. Este mundo no nos necesita para nada. No le interesará nuestra muerte. -No tenemos por qué ver a nuestro cuerpo sufrir. Sólo vayamos a algún sitio de nuestra mente y quedémonos ahí. No notaremos nada. Incluso podríamos luego volver a controlar a este cuerpo. -Si creo a otro, tú desaparecerás, eso es lo que mi mente puede hacer, es lo máximo que puede hacer. ¿Desaparecerías sólo por mí? -Por supuesto, yo soy tú, y quiero lo mejor para ti, lo que provoca... -Silencio, no quiero filosofía, por favor... -¿Entonces?, ¿Lo harás? -¿Qué cosa podría salir mal?, ¿Por qué no intentarlo?, a fin de cuentas si fallo, simplemente mi vida desaparecerá cuando me suicide. -Espero que nos veamos cuando seamos ancianos. No quiero que nos suicidemos. -Vale, sólo espero que puedas ver al ente nuevo empezando a controlar mi cuerpo. 『Leax』El aurora de rosados dedos parecía estar apareciendo en el horizonte. Nile no podía estar más excitado: Violarse a la chica más guapa de la clase, luego comérsela de a trozos y continuar con la violación luego de que su víctima hubiese muerto. Todo empezó en una discoteca en la noche anterior. Ambos habían participado en un pequeño grupo de la clase que visitaron la discoteca. Ella se había emborrachado y desaparecido rápidamente entre la multitud. Nile la encontró perdida en sus ilusiones, a causa de esa droga líquida, desplomaba y consciente en la entrada al edificio. Ayudó a levantarla y decidió llevarla a su departamento. No sabía donde la chica vivía y no parecía poder descubrirlo con el estado de su dueña. Solían caerse a menudo durante el trayecto. El frío de la noche provocaba la aparición del vaho. Ambas respiraciones eran pesadas: Ella respiraba sin saber como medir su fuerza y él respiraba congelándose, ya que decidió darle sus prendas más gruesas a la chica para que se protegiera del frío. Llegaron al apartamento donde él vivía, solo, teniendo, al igual que ella, simplemente diecisiete años. Ella apenas sintió el tibio aire del pequeño sitio, se desplomó en el suelo, causando que Nile cayera también. Su maquillaje camuflaba el rubor del alcohol en sus mejillas. Nile cayó sobre ella y pudo centrar su mirada en su rostro. Nile la miraba con unos ojos confundidos, que rápidamente se convirtieron en los de un pervertido, y prontamente en los de un psicópata. Empezó a desnudarla, le amarró los brazos y las piernas con lo que pudo: Alambres, cuerdas, cintas, cables eléctricos y muchas otras cosas más. Estaba excitado: Tendría sexo con una bella chica, además de perder la virginidad. Del bolsillo de su abrigo extrajo una pequeña pastilla y algo de polvillo blanco en una bolsa cerrada transparente. Se tragó la pildor e ingirió el polvillo a través de su nariz. Empezó a violarla lentamente, descubriendo la virginidad de la muchacha. Pronto lo hizo más fuerte, haciéndola sangrar y chillar del dolor. Una loca idea le pasó por la cabeza apenas acabó dentro de ella: ¿Cómo sabrá la carne humana?. Ella ya había dejado los efectos del alcohol e intentó gritar, cuando descubrió que su boca había sido amordazada. Con su miembro aún erecto, Nile se dirigió a la cocina, extrajo un cuchillo y volvió con la joven. Ella se movía bastante, seguramente sabía lo que haría Nile. Lo primero que cortó fue todo el dedo índice de la mano izquierda. Pero no lo comió, sino que lo adentró en el trasero de la muchacha. Luego cortó un trozo profundo de mejilla, y en esta ocasión si se lo tragó. Así prosiguió toda la madrugada. Lo que tuviera huesos, los dejaba dentro de la chica, mientras que si sólo era carne, lo comía. "Dulce, es dulce" decía cada vez que ella chillaba como bebé cuando le extraían una parte de su cuerpo. En sus últimos respiros, en sus últimas convulsiones, Nile le acuchilló el ojo diestro y lo comió sin cuidado de destruir el globo ocular. Ella ya había dejado de luchar, así que Nile le quitó la cinta adhesiva de sus labios. Abrió su mandíbula, o más bien la destrozó, para dejar a la vista clara su lengua cubierta de la sangre que debería de haber expulsado por las convulsiones. Con el borde afilado, agarró la lengua en lo más profundo que pudo, y cortó de un tajo, soltando la lengua a la boca del violador, que sin dudarlo lo comió como si de un trozo de sandía en la playa se tratara. A pesar de haber muerto la jovencita, Nile continuó con su rutina, e incluso siguió eyaculando en su vagina cada vez que podía.
Capitulo 1 Era una mañana tranquila, los niños y niñas jugaban en el patio, primer piso, con entusiasmo y felicidad. Un poco antes, los del segundo piso habían abandonado la segunda planta por ordenes del director, que había anunciado hace pocas horas. Los discapacitados, los que no podían mover sus piernas, bajaban gracias al nuevo ascensor, financiado por la municipalidad. En el salón de profesores, el nuevo profesor de Filosofía había salido en dirección al patio. El segundo piso fue lentamente quedando en un profundo silencio de tranquilidad, al contrario del primer piso, repleto de alumnos y profesores. En el segundo piso a veces se escuchaban gotas caen y chocar contra el piso, leves chillidos de las ruedas de algún mecanismo, seguramente alguna camilla o silla. El bullicio del patio se vio interrumpido bruscamente por la aterradora escena. Los más cercanos, al suceso, fueron marcados con la viscosa, helada y oscura sangre de los restos de una chica. Capítulo 2 El silencio de terror fue rápidamente concluido con los chillones y poderosos gritos de miedo de los niños. La policía había llegado luego de veinte minutos desde ocurrida la escena. Los niños estaban traumatizados, sus ojos estaban abiertos en gran medida, no pestañeaban, en especial los manchados de sangre, que se mantuvieron en silencio e inmóviles, incapaces de lograr gritar de terror o de moverse siquiera, buscando protección, en un shock completo. No reaccionaron hasta que descubrieron su estancia en una sala, sentados en un banco con respaldo, habían sido bañados y limpiados, y frente a ellos, una mesa gris, y al otro lado de ésta, una chica, al parecer una policía, estaba preocupada, no lograba expresarse de una buena manera frente a niños y niñas, de diversas edades, testigos de un crimen sangriento, intentaba sacar una palabra, al menos, de su boca, pero no lo conseguía, en su interior sentía tristeza, y a la vez rabia, estas personas pueden tener información relevante sobre el caso, pero no lograba comunicarse con ellos, evitando forzarlos, pero tampoco lograba encontrar palabras que no los forzara en cierta manera. La escena del crimen había reunido rápidamente algunos datos clave, mientras los testigos no entregaban su declaración, ésto podía guiar la investigación. La distancia de repulsión de sangre desde el cuerpo desvelaba que la víctima habría caído desde una altura de cinco metros. La sangre ya ha sido mandada a procesar. Capítulo 3 La autopsia había iniciado minutos tarde de lo esperado, lo primero que se realizó fue concluir la identidad de la víctima. El cuerpo se estrelló contra el suelo con la cabeza algo levantada, provocando que la mandíbula fuera destrozada por el cemento. Los ojos estallaron por el impacto. Los dientes se soltaron y clavaron en diversas zonas del cráneo. La zona del útero tenía varias cortadas, la mayoría eran profundas, usando la técnica de la silicona, se determinó que el arma de las cortadas, que no eran motivo para desangramiento, fue un cuchillo de cocina, las cortadas tenían cierta inclinación hacia arriba y hacia la izquierda en el lado izquierdo, y hacia la derecha en el lado derecho, en vista desde la chica. Los pezones y la vagina no tenían rastro de violación, pero la vagina no estaba intacta, lo que significaba que no era virgen. Al abrir el cuerpo por la zona estomacal, un líquido burbujeante verde, gracias al contacto con los diversos elementos del aire, empieza a derroer rápidamente la carne, haciendo desaparecer potenciales pistas. Con gran agilidad, logran extraer el líquido, guardarlo y enviarlo a analizar. Capítulo 4 Mientras la autopsia continuaba, la joven policía había recibido los resultados de la sangre, descubriendo al menos el nombre de la víctima. Llenándose de valor, empieza a hablar. — Por favor, para hacer esto más sencillo y que no tengan que estar tiempo innecesario aquí, necesito que me digan si vieron algo en el segundo piso. Un niño, que seguramente tuviera pocos años, por el sonido de su voz, empezó a sollozar. La joven se acercó cuidadosamente al pequeño y le intentó acurrucar. El pequeño, al percatarse de que la mujer se había acercado, se lanzó levemente hacia atrás, evitando que la mujer lo tocara. La mujer acercó su suave mano al pequeño, pero éste gritó, con una voz muy aguda, por unos segundos. La joven tuvo un sobresalto tras el grito y se alejó un poco. Y con voz tierna, empezó a hablarle. — Ya... ya, tranquilo —con una, leve, sonrisa hizo que el niño levantara la mirada y le observaba a los ojos— ¿Conocías a Alice Prim? El niño asintió con la cabeza, muy levemente. La mujer, un poco más confiada, acerca lentamente su mano al niño. Éste se lanza muy levemente hacia atrás, pero no lo suficiente como para que la mujer no le acariciara el hombro. Con ojos tiernos y con una leve sonrisa, la mujer empieza a interrogarlo. — ¿Cómo la conociste? —al decir eso, sintió que había utilizado mal las palabras, pues el niño empezó a llorar— Ya, tranquilo. Tras el fracaso casi total de la interrogación, la joven analiza los datos de la víctima. Alice Prim, una chica de quince años, de altura 1,63 metros, sin antecedentes policiales. Hija del director de su colegio, Alexander Prim, de cuarenta y tres años, y de Anggela Rose, de treinta y siete años, iniciada hace pocos años en la carrera de medicina en el Hospital Tree. Tiene dos hermanos gemelos, de seis años, uno de ellos era el pequeño que la mujer interrogó. Capítulo 5 Revisados los papeles de la chica Prim, la joven policía se levanta de su silla, se acerca a la puerta, la abre y sale. Encontrándose en el pasillo, se dirige hasta la sala de la compañera que realizó la autopsia a Alice. Toca la puerta, pasan unos segundos y no recibe respuesta alguna. Vuelve a golpear y repentinamente la puerta se abre antes de lograr tocar siquiera con la punta de la piel de los nudillos. Ese momento de vergüenza, ese momento de silencio por ese leve error significativo, ese segundo que siempre recuerdas luego de unos años y te ríes de la nada; ese momento fue el que le ha pasado, muchas veces y ésta vez. Ya pasado un rato hablando de cosas de relevancia nula para ambas, empiezan a hablar del caso asignado. — Aún están investigando la escena del crimen. Sobre la autopsia; la chica tenía marcas de cuchillo en su útero. Al abrir el cuerpo, una sustancia empezó a derroer la carne, que seguramente tuviera pistas potenciales. Además de derroer algo de carne, al buscar en el útero, logré extraer un feto de cuatro meses, tenía marcas del cuchillo. Las apuñaladas fueron minutos antes de caer. Tiene un golpe de algo grueso, una tubería de metal, en la nuca. El cuerpo fue congelado antes de morir, pero lo suficiente para alterar la facilidad de saber cuando murió, ahora está un compañero realizando esa operación. He logrado obtener datos de la escena, suponiendo que la chica murió de la caída—saca un mapa del segundo piso del colegio—la chica sale de "Sala 9" dejando mucha sangre, luego se va arrastrándose y dejando una marca de sangre, sostenida de la pared con su mano derecha, limpia, hasta "Pasillo". En "Sala 6" alguien le golpea en la nuca, cae al suelo y recibe las apuñaladas. Le colocan el cuchillo en su pantalón, la arrastran hasta el "Pasillo" y la chica es lanzada, con una inclinación con la cabeza que destroza los ojos. Ese relato era el que mejor se ha podido hacer con las pocas pistas que se han obtenido, el cuchillo sólo tiene las huellas de Alice. Capítulo 6 Dentro de la casa, de alta clase, con vidrieras sirviendo de paredes y cortinas de gran valor impidiendo la vista hacia el interior, reinaba una desolación infinita, todo estaba en perfecto silencio, excepto en esa dulce habitación, con carteles de hombres y mujeres en las paredes, de un magenta verdoso, la familia estaba reunida, los gemelos, junto a su madre y con sus cabezas recostadas en las piernas de ella, sentados en la cama violeta con un violín dibujado, lloraban desconsolados, mientras el padre, con sus dedos rasposos, miraba y acariciaba una imagen de su pequeña princesa, que ahora recorre los dulces pastos del lujoso castillo de su nunca concebido príncipe azul, danzando al son de la tranquilizante música de su artista preferido, ella misma, tocando a la perfección ese resplandeciente violín que su padre, el antiguo rey, le hubo comprado a los nueve años, mientras bailaba, girando cada vez más rápido, alrededor de su copia exacta, vestida de limpias y largas prendas de un costo sentimental enorme, que nunca se hubiese podido comprar con ningún tipo de materia. Cuando de repente, algo parece destruirse en su corazón, cae al suelo, abraza con todas sus fuerzas la fotografía de su bebé y empieza a llorar fuerte y ruidosamente. Causando una tristeza en sus acompañantes, esposa e hijos, provocando que, tras estar recomponiéndose de la pena, vuelvan a llorar. El reloj giraba su palillo delgado y largo, lentamente, alrededor de su punto medio, tras dar la vuelta completa, el siguiente palillo, de su misma largura, pero más grueso, avanza muy poco, y así, hasta que ese palillo largo y grueso diera la vuelta entera, donde el palillo pequeño y más grueso de todos, completara su correspondiente proceso. El día fue perdiendo poco a poco la luz del tibio sol, amigo cercano de todo aquel en profunda depresión o en infinita alegría. El cuarto fue dejado muy lentamente, con pesados y dolorosos pasos de llanto, hasta quedar otra vez en un silencio decente, escuchando aún en la lejanía, detrás de la puerta, cómo la madre caía al suelo y gritaba y lloraba de tristeza. Capítulo 7 Estaba ahí, camuflándose como inocente, pero cometió un error, que, gracias a su cómplice, logró esconder. Sus ojos color césped lo vieron, esa leve luz, la de un encendedor, esa débil llama, logrando hacer visible su cara. A punto de declarar en la comisaría, recordó su conversación. Sus ojos se llenaron de lágrimas, la mujer se acercó y él se lanzó hacia atrás, la mujer siguió con su manía y el chico lanzó un grito muy agudo. La mujer, sobresaltada, le empezó a hablar con voz tierna. — Ya... ya, tranquilo — con una, leve, sonrisa hizo que el niño levantara la mirada y le observara a los ojos — ¿Conocías a Alice Prim? El chico movió la cabeza de forma afirmativa, estaba a punto de decir su relación con ella cuando recordó el resto de su conversación con el cómplice de la persona asesina. — Niño, por favor, no te haré daño, sólo sal de dónde estés y te dejaré ir sin problemas — el chico no era para nada un tonto, sabía que si salía de su escondite, lo asesinaría a sangre fría — Por favor, no querrás que te saque de aquí de la mala manera — se escucha el movimiento de recarga de la pistola. El chico, con la mirada fija en la persona, que lograba ver a través de un hueco, estaba inmóvil, cuando de repente una moneda cae de su bolsillo izquierdo y resuena en el suelo. La mujer se gira hacia el escondite y dispara tres veces el arma, aunque se atasca milagrosamente. — Ésto es lo que pasa cuando desobedeces, Matías — su mirada estaba llena de odio, Matías no lograba reconocer a su ser más amado, cambiada por el dinero, por una fuerte suma de dinero. La mujer, un poco más confiada, acerca lentamente su mano al niño. Éste se lanza muy levemente hacia atrás, pero no lo suficiente como para que la mujer no le acariciara el hombro. Con ojos tiernos y con una leve sonrisa, la mujer empieza a interrogarlo. — ¿Cómo la conociste? — al decir eso, sintió que había utilizado mal las palabras, pues el niño empezó a llorar — Ya, tranquilo. Capítulo 8 El sol desaparecía y su luz le seguía. Poco a poco la luz dejaba de entrar por la ventana. Matías, oculto bajo las sábanas de su cama, observaba, miedoso, la puerta que daba al corredor. Su hermano, Samy, acostado a la izquierda de Matías, que se había despertado por alguna razón, observó sus ojos y giró su vista en la dirección de éstos. Su mirada se volteó hasta su hermano y su expresión era de enojo. Levantó el colchón levemente y con la mano derecha sacó de debajo de éste un objeto envuelto con una pequeña sábana negra. El sol empezaba a asomarse por la ventana. La luz dejaba al descubierto el cuerpo, con un disparo en el pecho. Estaba en pijama, envuelto en sábanas, todo repleto de sangre. El arma no era encontrada. El cadáver tenía signos de lucha, al parecer alguien estaba peleando con la víctima y el arma fue disparada por error. El hermano gemelo había desaparecido, la ventana estaba abierta y había rastros de sangre que salían por ésta hasta el patio. Y siguiendo el rastro de sangre, se llevaba hasta unos arbustos donde estaban unos ropajes de pijama del tamaño de la víctima. Los padres, aún en pijama miraban la escena con terror, la madre estaba en el borde de derrumbarse y caer, su cabeza se posaba en el hombro de su marido, ninguno de los dos lograba ocultar su tristeza a través de las lágrimas. La madre estaba destrozada por la muerte de su hijo, pero al recordar la desaparición del otro, su cara se llenó de furia. Capítulo 9 El colegio volvía a funcionar normalmente, las salas se llenaban pesadamente, ambas pérdidas y el desaparecido, la tristeza sucumbía en el silencio, que únicamente era terminado por el profesor. Algunos tenían en su rostro aún la cara de terror, aún temblaban, tenían la sensación de que ésto no acabaría nunca, que, uno por uno, iban a irse de la peor forma posible. Y no se equivocaban, pues uno que otro inteligente ensamblaba el rompecabezas y terminaba como ella, Alice Prim. Los días pasaban, y cada poco, un nuevo caso de asesinato de un alumno del colegio aparecía. Todas las sospechas recaían en el único desaparecido, Matías Prim, declarado como una criatura psicópata, pues, gracias a un soborno, se ha determinado que la muerte de Samy fue premeditada. No podía confiar en su padre, si su madre fue cambiada por dinero, puede que su padre también. Su hermano gemelo era cómplice e intentó matarle. Su hermana descubrió algo muy importante, pero fue silenciada antes de anunciar su descubrimiento. Él aún no logra descubrir esa información que produjo la muerte de sus hermanos y el drástico cambio de su madre, que quiera matar a su propio hijo. Su única esperanza era contactar con la mujer encargada del caso de su hermana. Y en caso de que fuera partícipe del criminal que asesinó a Alice, tendría que... La tentación lo orientaba al segundo plan, pero no podía dejar que el criminal quedara impune, no tras lo que Alice le hizo a Matías. Capítulo 10: El paso del tiempo - Reviviendo el pasado El tiempo pasaba, el invierno estaba por amanecer, las hojas de los árboles ya estaban completamente en el suelo. Un joven, de trece o catorce años, con una ropa desgastada café y gris, un gran chaleco, pantalones gruesos, bufanda, gorro y zapatos, con el rostro cubierto por la bufanda, ambulaba lentamente por la plaza, pisando sin cuidado las hojas del suelo. Los ojos se mostraban furiosos, como si estuviese esperando el momento perfecto para una venganza. Cuando, llamado por detrás por la voz de su hermana mayor, Loreto, toda sensación de odio desapareció. El joven corrió feliz hacia su hermana. Al llegar, ella le dice algo. — Vamos —dijo— Mamá ya debe tener la cena lista —el chico parecía haberse quedado en una profunda depresión, otra vez. Loreto le abraza— Ya, tranquilo, sé que es difícil olvidar algo como eso, en especial para un chico que apenas tenía seis o siete años de vida —el joven parecía reincorporarse— Vamos, Luis. Luis, Luis, ese nombre, ese nombre fue gracias al sacrificio de su padre, sus contactos le sirvieron para mantener a salvo al único hijo que seguía vivo, esas dos pérdidas fueron impactantes, Alice y Samy. Pero él hizo todo lo posible para mantener seguro a Matías, tanto, como para morir en el intento. Desde que tenía apenas siete años, Luis, ese era el nuevo nombre que había obtenido. Bajó la vista que con tanto esfuerzo había levantado, apretó sus puños de impotencia, y de sus, tiernos y adoloridos, ojos, cayeron abundantes lágrimas de tristeza. Loreto le tomó de la mano fuertemente y empezó a caminar en dirección de un pequeño barrio, a paso firme y rápido. No podía permitir que su hermanastro siguiera teniendo dolorosas depresiones, no, no otra vez, no quería que hiciera un acto de locura, con uno el mes pasado fue suficiente, si no fuera por ella, él ahora estaría a diez metros bajo tierra atravesado por una gran roca puntiaguda. No, tenía que hacer todo lo posible para que no le pasara nada, al principio sólo lo hacía por ordenes de sus padres, pero poco a poco le acogió cariño a ese niño atormentado. No, no volvería a perder a otro hermano, no como su hermano mayor. Rápidamente Luis reaccionó a la fuerza de su hermana, le miró y parecía ser Alice, aunque en apariencia y edad eran completamente distintas, ese bondadoso corazón le hizo recordar ese día de lluvia en otoño, justamente el mismo día en que estaba ahora, y el mismo día en que murió. Si no fuera por ella, Matías nunca hubiera salido de esa situación. Las grandes deducciones de Alice evitaron que se cometiera la muerte de Matías y de muchas más personas cuando tomaron de rehenes a toda la ciudad con atentados terroristas con el uso de bombas. El terrorista era muy cruel, hacía que no desactivaran la bomba, pues, tres segundos antes de explotar, se indicaba donde estaba otra bomba, y si se desactivaba, el mensaje no aparecía. Pero ella, con su gran inteligencia, logró descubrir el mensaje y evitar que la bomba explotara. Pero nadie se salvaba de la muerte, Alice siguió investigando a los fugitivos terroristas, pues nunca se les había logrado siquiera ver, hasta dar con el paradero con el jefe de la organización terrorista, y terminó muerta. Otro hermano no, Loreto no lo iba a permitir, no otro suicidio que no había logrado evitar, no, no descansará hasta estar segura de la vida de Luis... Capítulo 11: Cuando te persiguen sin descanso Ya en la puerta del vecindario, junto a una pequeña tienda, Loreto pide cariñosamente a Luis que le espere, que va a comprar algo de comida para los días siguientes. Luis acepta sin tardanza un leve movimiento de cráneo. Loreto va con paso tranquilo a la tienda, al llegar habla en voz alta para llamar al vendedor, que en ese momento estaba ausente. El vendedor aparece en un punto muerto desde la vista de Luis, y Loreto se dirige hacia esa zona, hasta desaparecer de la vista de Luis completamente. El tiempo pasaba lentamente, y los recuerdos encerrados en jaulas de neuronas en la mente de Luis, escapan de imprevisto. El primero, la muerte de la amiga de su hermana Alice. Su inteligencia era tal como para compararla con Alice, ambas se autodenominaban "Las Reinas de la Deducción", se apoyaban mutuamente y a veces se retaban una a la otra a ver quién de las dos resolvía un caso primero. Ella se llamaba Claudia, y a pesar de su gran inteligencia, siempre pasaba detalles por alto, mientras que Alice, con su gran memoria fotográfica, recordaba cada cosa que había visto. Claudia había seguido la pista de la muerte de Alice, se llegó a entrometer en los archivos privados de la policía sin ser detectada, entrar a la escena del crimen y observar con detenimiento el cadáver. Lo había descubierto, había descubierto al criminal, pero su miedo la llevó al silencio. Un día se llenó de valor, y le pidió al criminal verse en la casa de éste. Luis le había seguido a escondidas todo ese tiempo, hasta ver cómo el criminal sujetaba a sangre fría un arma de fuego con silenciador, pues al disparar a Claudia, justo en el centro del cuello, el arma no produjo ruido alguno. El cuerpo fue dejado horas después en el congelador de la cocina del colegio de Claudia y Alice, no sin antes borrar toda pista con el mayor cuidado posible. Pero se había dejado algo, una nota de Claudia sobre el criminal que asesinó a Alice, esa nota, que, tiempo después, Matías había logrado obtener, le confirmó sus sospechas. El segundo, ese chico que el día de su cumpleaños número dieciocho, también perteneciente al colegio, fue estrangulado por Anggela. El chico, de nombre Tomás, había obtenido contacto con Matías, pues había dado con su pista al examinar la escena de la muerte de Samy. También era un gran detective, incluso llegaba a superar a Alice, pero su amor por Claudia le llevó a hacer algo precipitado, decirle a Matías su encuentro con el criminal de la muerte de Alice, pero para su sorpresa, se encontraría con Anggela y aparecería muerto en su propio colegio colgado al techo con una cuerda y una mesa bajo éste. El tercero, una gran amiga de Matías, a pesar de su gran diferencia de edad, Sera, una chica de la edad de Tomás, secretamente enamorado de éste. Cuando Alice murió, empezó a ayudar en lo posible a Claudia, pues ésta tenía contacto continuo con Tomás. Al morir Claudia, Tomás se tomó ésto como algo de importancia mayor a su vida y obtuvo un acercamiento hasta Sera por el caso, pero al morir Tomás, Sera se derrumbó, y sus sentimientos de cariño hacia el resto del mundo se vieron reducidos a simple ceniza, mientras que su odio y rencor se vieron liberados de sus cadenas de una vez por todas, a excepción de Matías, quien le hacía mantener su cordura, pero un día se escapó de la vista de ese niño, y con el vehículo de su madre, intentó atropellar al criminal de la muerte de Tomás. Pero la gran agilidad de Anggela le hizo posible esquivar el intento de asesinato, y que el coche chocara contra un robusto edificio, provocando un incendio gracias a una avería en el tanque de combustible. Sera no pudo salir de esa. El cuarto, la muerte de Samy. Esa oscura noche, Samy se levantó de la cama con un arma con silenciador, acto seguido le disparó, con una mano, a Matías a quemarropa. Anggela le había enseñado en el extranjero el uso de armas de diverso calibre. A fortuna de Matías, éste se lanzó hacia atrás, y la bala quedó incrustada en el colchón de la cama. Samy volvió a apuntar, esta vez con las dos manos en el arma, pero la agilidad de Matías le salvó de otra posible muerte. Matías se lanzó contra Samy y el arma quedó en un punto donde cualquiera podría resultar herido de muerte, levantada hacia arriba, entre los cuerpos de Samy y Matías con el gatillo a casi apretar por el dedo de Samy. Y el disparo fue incrustado en el pequeño cuerpo de Samy. Muchos otros recuerdos atemorizaban a Luis, pero Loreto ya había tomado de la mano a Luis y se habían comenzado a dirigir hasta su casa. Capítulo 12: A Reign of Terror rising from The Ashes El viento chocaba contra las suaves pieles y ropajes de ambos. Caminaban a paso tranquilo y rápido. Cuando, de imprevisto, una onda de fuerte aire y un atronador ruido les lanza hacia delante y caen al suelo, con variadas quemaduras muy leves y con una sordera momentánea. Se levantan con bastante esfuerza y se giran hacia el suceso. Se escuchaban gritos y gritos de personas aterrorizadas y adoloridas. Gritaban con un dolor inmenso varios nombres. Al girarse vieron cómo se acercaba una nube oscura a unos pocos metros del suelo, a paso veloz y casi instantáneo. Un gran edificio caía en pedazos y el terror movilizaba la zona. Las personas salían de sus casas con gran miedo por lo sucedido, hasta quedar en shock por el derrumbe, la explosión y la gente corriendo despavorida. Los cercanos al suceso, o corrían por protección, o se acercaban a las ruinas, de lo que una vez fue un edificio, para sacar a sus seres queridos de éstas. El lugar fue prontamente rellenado de lágrimas, policías de diversas brigadas, ambulancias en gran cantidad y variados reporteros de canales de televisión. Todo indicaba sólo una cosa, el terror sucumbió en todas las estaciones de policía tras el anuncio. Volvía el miedo y la serie de explosiones, Anne Bonnie había vuelto. Loreto se agachó y habló con Luis, tras pedirle que volviera a casa, ella se dirigió al incidente. El ambiente era triste, una inmensidad de heridos de diversas categorías de éstas, todo parecía indicar que había vuelto, su sangre fría, la Organización Terrorista, o como prefieren llamarse, Anne Bonnie. Loreto se acercó a un compañero de su misma brigada, la Brigada de Artífices y preguntó por el mecanismo, cuando de inesperado Luis interrumpió su conversación y miró a Loreto asustado. La Organización Terrorista había vuelto, éste puede ser el momento oportuno para vengar a Alice, y a todos los muertos. Momento para conseguir pruebas contra el asesino de Alice, aunque no fueran los mismos delitos en el juicio... Capítulo 13: Jugando al escondite No lograba distinguir si lo que me sucedía era Hipotermia o Hipertermia, o siquiera alguna cuestión similar. No podía abrir los ojos, o simplemente no notaba que estuvieran abiertos. Mi cuerpo no era capaz de diferenciar si llevaba o no algún tipo de vestuario. Intentaba recordar, pero al igual que mi cuerpo, mi mente no trabajaba. Sólo lograba razonar que algo estaba sucediendo, no entendía si era bueno, o, al contrario, algo malo. Sentía desesperación profunda y anhelada paz. Una desesperación que una persona común no podría soportar, y una paz que toda persona sueña alcanzar, sacrificando todo lo que tiene, sin descubrir, hasta que sea demasiado tarde, que ha caído en esa desesperación que no lograría superar al ser alguien con una mente normal. Siempre creí que mi vida era la de un adolescente común. Tenía amigos fieles, tenía amigos que sólo existían para burlarse de mí, y otros que me odiaban por mis calificaciones. Luego de olvidar a esos supuestos amigos sólo me quedé con seis. No sentía dolor alguno por esos anteriores y aprovechadores amigos. Estaba feliz, feliz de descubrir quienes sí me apoyarían en situaciones difíciles, los cuales yo también apoyaría en sus propios conflictos. Pero un día volvió a suceder lo que había pasado hace ya cinco años, cuando ninguno de ellos me conocía ni yo a ellos. Mi mente había encarcelado y sellado mis verdaderos recuerdos en el rincón más profundo de la memoria. El mismo golpe, en la misma zona craneal, a la misma hora, minuto y segundo, el mismo día, frente a las mismas personas y en el mismo lugar, pero en distinto año y distinta madurez psicológica y física. El impacto liberó mis recuerdos, cuales mi familia ocultó e ignoró tras el suceso. Descubrí toda la verdad, o al menos parte de ella. No, en ese instante no había descubierto siquiera una décima parte de la verdad, y tal parece que, en caso de que me suceda lo que creo que sucederá, no superaré esa décima parte. Capítulo 14: Listo o no... Delante de mí, un chico silencioso llegaba todos los días a la misma hora, entraba por la puerta y llegaba hasta su asiento sin mirar hacia absolutamente nadie. Yo había sido transferido hace pocos días y no conocía a ningún compañero. Siempre miraba hacia el chico que se sentaba frente a mí, eramos muy parecidos. Antes de iniciar la primera clase nadie se acercaba a él, desconocía el por qué. Cuando ésta finalizaba algunos compañeros de clase se le acercaban y ellos comenzaban a hablar y salían hablando a descanso, pero cuando el descanso acababa, todos se alejan de él, parecían tenerle miedo cuando los descansos terminaban. Pero en una ocasión ese chico faltó toda la semana al colegio por un viaje al extranjero. Y desde el momento en que pasaba la hora de su llegada, los murmullos en su contra se dispersaban a velocidades impensadas. Al regresar la semana siguiente fue la primera vez que hablamos. La sala estaba más tranquila que de costumbre, pero él no pareció sumarle importancia, hasta llegar a su pupitre, en vez de sentarse permaneció quieto con su cuerpo mirando la pared de atrás, entonces sorpresivamente volteó sus ojos hacia los míos, en un primer segundo me miró con seriedad, y casi al instante me miró con más tranquilidad. Levanta la vista y mira hacia delante, donde se encuentra una chica con la que se solía reunir. — Es de mala educación hablar mal de alguien cuando no se puede defender —dice con voz tierna, al terminar de hablar muestra una sonrisa. Se gira hacia mí y me estira la mano sin mucha violencia pero con seguridad, con una leve sonrisa pura en sus labios — Me llamo Luis. Capítulo 15: Llamas submarinas Era interesante sentarse y observar a ese par de adolescentes jugar en el parque. Lorena estaba bajo un árbol, descansando, viendo a Luis y a su amigo hacer rebotar una pelota en sus rodillas: Tres Luis, tres su amigo, y tres nuevamente Luis. Su nombre era Tlape, iba a la misma clase de Luis y se habían hecho buenos amigos hace algunos meses. Tlape tenía hermanos, dos gemelas que eran dos años mayor que él, y un hermano menor de cuatro años. Sus padres estaba de viaje y habían pedido a la familia de Lorena el cuidar de los menores durante su ausencia. Las gemelas eran Yanete y Karle, el infante se llamaba Phoenix; los tres estaban durmiendo dentro de casa, a unas cuadras de Lorena. Por coincidencia, los padres de Lorena tuvieron que viajar a otra ciudad por su trabajo, mucho más estricto que el de la hija, quien justamente estaba de descanso de sus labores. De repente cerró los ojos y cuando los volvió a abrir, ya era de tarde y los chicos estaban, sudados, durmiendo junto a ella. Como el sol se estaba ya ocultando en el horizonte, decide levantar a los jóvenes y dirigirse a casa para preparar la cena. En el camino de regreso, Lorena cae en la tentación de comprar una novela llamada Llamas Submarinas, tratándose de una joven bipolar que debe enfrentarse a una guerra y a la pena capital por matar en defensa propia a un soldado de su país. Decide leer el primer capítulo; de treinta y seis; de camino a casa. De repente Lorena recibe en su mejilla derecha un fuerte golpe, de la pelota que lanzó Luis y que Tlape no logró atajar. El libro se le cayó de las manos y la portada se rompió. Lorena decide quitarles la pelota al par de torpes y guardar su libro en su bolso para que estuviera mejor protegido.