KASTIEL2
Usuario (Paraguay)
USA, 2012: Jamie Foxx (Django Freeman), Christoph Waltz (Dr. King Schultz), Leonardo DiCaprio (Calvin J. Candie), Kerry Washington (Broomhilda von Shaft), Samuel L. Jackson (Stephen) Director - Quentin Tarantino, Guión - Quentin Tarantino Trama: Norteamérica, 1858. King Schultz es un dentista alemán devenido en cazarrecompensas, y ahora se encuentra detrás de la pista de tres malvivientes por cuyas cabezas la ley le pagará una fortuna. El problema es que casi nadie conoce sus rostros, razón por la cual Schultz decide comprar a Django, un esclavo negro que trabajaba en una plantación en donde los criminales oficiaban como capataces. Sorprendido por el desempeño de Django durante la cacería de los asesinos, Schultz le ofrece la libertad y la posibilidad de ser socios en el oficio; pero Django se encuentra obsesionado con recuperar a Broomhilda, su esposa - de la cual se ha separado durante un fallido intento de escape, y que ahora se encuentra en las manos de Calvin J. Candie, un sádico hacendado de Mississipi -. Accediendo a sus demandas, Schultz decide ayudar a Django y para ello elaboraran un plan para rescatar a la chica... sin saber que Candie es un individuo tan brillante como perverso y ha olfateado sus intenciones apenas ambos cruzaron el umbral de su hacienda. Critica Django Sin Cadenas es la incursión de Quentin Tarantino en el western. Antes que nada, debo admitir dos cosas: una, que no es lo que yo esperaba y dos, que es excesiva y muy indulgente. En las dos horas 45 que dura, hay una hora de glorioso cine, y 105 minutos de relleno de variable calidad, la mayoría del cual bien podría haber terminado en el piso de la sala de edición como para darle agilidad y brevedad a la historia. Django Unchained no es un gran Tarantino, pero sin dudas es mejor (y mas entretenido) que un Tarantino flojo (o mas restringido) como, por ejemplo, Foxy Brown. Cuando escuché hace unos años que Tarantino quería hacer un western, me imaginaba un glorioso homenaje a Sergio Leone y una partitura de fondo compuesta por viejas glorias del Spaghetti. Lamentablemente no es lo que ocurre aquí; durante la primera hora hay unos torpes intentos de imitar un Spaghetti Western - pero no uno de Sergio Leone, sino alguno de los millones de imitadores italianos de segunda línea, del estilo de Sergio Corbucci & Co -, con zooms excesivos al rostro de los protagonistas, algunos flashbacks rodados en celuloide desteñido, y alguna que otra toma de jinetes posteados contra un amanecer / atardecer; pero, en cuanto al resto, Django Sin Cadenas se siente más como un filme blaxploitation que como un western de raza - esto es, melodrama con blancos presionando a negros hasta que éstos explotan y terminan por vengarse, amén de poner al héroe haciendo fanfarronadas diversas cuando las cosas le salen bien -, lo que incluye música negra contemporánea que, por momentos, resulta chocante en vista del contexto. El otro aporte que hace Tarantino son las balaceras, en donde toda esta gente parece estar manipulando cañones en vez de revólveres, razón por la cual los disparos retumban y la gente explota en una lluvia de sangre como si fueran bolsas de consorcio rellenas con jugo de tomate. Por otra parte Tarantino se regodea con escenas innecesarias, como toda la secuencia que transcurre la plantación comandada por Don Johnson, la cual incluye su cuota de perlitas - como la hilarante conferencia de los miembros del Ku Klux Klan, en donde discuten la mala calidad de sus capuchas -, pero que uno siente que no aportan nada al relato. Toda esa subtrama se podría haber resumido en un breve flashback, amén de agilizar la narración hasta llegar al punto en donde la historia se pone realmente interesante. Si durante la primera hora Jamie Foxx es un palurdo sin carisma (y todo parece jugado para que Christoph Walz se la pase robando escenas), cuando llega a la plantación el moreno comienza a emerger con auténtica estatura de héroe. Es que en realidad el núcleo del filme se basa en la entrada de Leonardo DiCaprio y Samuel L. Jackson en el relato, en donde las cosas se ponen realmente espesas. Ahí es cuando Tarantino nos recuerda que tiene talento para rato largo, fundamentalmente porque el tipo se despacha con otra de esas largas y tensas secuencias en donde todo termina para el demonio - ¿se acuerdan el largo monólogo que le disparaba el mismo Walz a un granjero francés al inicio de Bastardos Sin Gloria?; bueno, aquí hay algo equivalente, sólo que ambientado en el lejano oeste -. No sólo DiCaprio exuda maldad por todos sus poros, sino que posee un alarmante nivel de sofisticación, lo que lo convierte en un villano memorable - el tipo ha elaborado una contundente teoría (desde su perspectiva, y fundamentada por abundantes pruebas científicas y filosóficas) sobre el por qué los negros están condenados de por vida a ser esclavos de los blancos -; y, por otra parte, el papel de Samuel L. Jackson es deliciosamente repelente; es un negro más esclavista que su propio dueño y, durante la cena, parece un cuervo montado en el hombro de DiCaprio, dándole pies de conversación para que el hacendado se luzca. Por supuesto este dúo siniestro está rodeado de matones y amorales, todos los cuales terminará recibiendo su merecido tarde o temprano, y a manos del vengativo Foxx. ofertas en software de gestion ERP Sistema Isis - click aqui Mientras que la cena en la hacienda de DiCaprio es de un nivel formidable, por otra parte el filme empieza a presentar los mismos problemas narrativos que Bastardos Sin Gloria a medida que se acerca al final. Esto es: como a Tarantino le gusta voltear las expectativas e ir contra la corriente - sucede lo más impensable en el momento menos esperado -, se manda con un enorme shock... pero, pasado el momento, no sabe cómo terminar de rizar el rizo. En vez de montar un final mas standard - la gran balacera, la consagratoria venganza para el protagonista -, Tarantino se despacha con un rebuscado y estirado final que termina por matar el momentum. ¿Era necesario?. Uno podría decir que Tarantino es un eyaculador precoz, un tipo que se despacha con un climax anticipado en el momento más inadecuado... lo cual sorprende sin dudas, pero degenera en un desesperado intento por seguir manteniendo "firme" el relato cuando lo mejor ya pasó. No era necesario; es un golpe de efecto que sólo arruina la efectividad del final (y le agrega otros innecesarios 30 minutos a la historia). Aún con todas sus desprolijidades, Django Sin Cadenas tiene sus momentos inspirados y disfrutables. Pero hay problemas de tono y el director es muy indulgente consigo mismo. El corazón de la historia es simplemente brutal, y la visión de la esclavitud es tan salvaje como descarnada; pero, por otro lado, toda esa crudeza contrasta con la liviandad de los pasos de comedia. Yo creo que aquí se precisaba un editor con sangre fría, alguien dispuesto a poner a Tarantino en vereda cortándole buena parte de los adornos y apretando los nudos del relato; como ello no ocurre, lo que tenemos es algo muy dispar, que siempre es disfrutable pero que carece de la precisión y efectividad que todos estábamos esperando de un director del calibre de Tarantino.
Director - Jay Oliva, Guión - Heath Corson, basado en la miniserie de la DC Comics Justice League: Origin de Geoff Johns, Jim Lee y Scott WIlliams Trama: Linterna Verde viene persiguiendo a una criatura alienigena a lo largo de toda Ciudad Gótica, hasta que termina por toparse con Batman. Entre ambos paladines intentan doblegar a la bestia, quien decide inmolarse - no sin antes instalar un extraño aparato en las alcantarillas de la ciudad -. Debido a lo criptico de la naturaleza del dispositivo, el encapotado sospecha que las criaturas son la avanzada de una invasión extraterrestre, tras lo cual decide viajar a Metrópolis y contactarse con el más poderoso de los superhéroes: Superman. Entre tanto, otros superhumanos se han acercado al grupo - la amazona Diana, que se encuentra de visita en la Casa Blanca; Flash y el rebelde Shazam -, quienes deciden unir fuerzas ante la llegada masiva de tropas enviadas por Darkseid - el lider de una raza corruptora de mundos -, quien desea asimilar a la Tierra y todos sus integrantes. El problema es que ninguno de los superhéroes quiere dar su brazo a torcer aceptando las órdenes de un líder de grupo... algo que deberán corregir antes que Darkseid absorba al planeta y a toda la humanidad. Critica Yo soy un gran fan del universo animado de la DC Comics. Prácticamente me he devorado cada una de sus entregas y, en el peor de los casos, alguna que otra me ha resultado tibia o apenas digerible. Pero, en vista de su historia y estirpe, Liga de la Justicia: Guerra resulta una abominación imposible de perdonar. Quizás las internas dentro de la DC la han convertido en un campo de batalla, en donde los escritores pugnan por ver sus historias adaptadas en versiones animadas - sin importar la calidad que tengan -, con lo cual van tomando turnos para satisfacer sus excéntricos egos personales. Si ayer le tocó a Perez, hoy debería tocarle a Gonzalez. Pero lo cierto que Justice League: War es una de las peores cosas que haya parido la DC, y las sospechas se reparten entre los autores de la miniserie original, el responsable del libreto, y el director de turno. De algún modo han engendrado algo rebosante de ocurrencias ridículas, parlamentos tan absurdos y juveniles que te hacen crujir los dientes cada vez que uno los escucha... y, lo peor de todo, en labios de algunos de los superhéroes más venerados del panteón de la DC Comics. Justice League: War supone una versión alternativa de la historia de origen de la Liga de la Justicia. En vez del Cazador Marciano - como reclutador y organizador del grupo - tenemos un rejunte más o menos espontáneo en donde aparecen algunos personajes poco habituales del comic, sea Shazam y Cyborg, o versiones alternativas de Superman y la Mujer Maravilla. Todo esto tiene lugar en el universo New 52, el cual es una especie de reboot (de los periódicos en que suele incurrir la DC cada tantos lustros) de historias harto conocidas. En si, Liga de la Justicia: Guerra no deja de ser la típica rutina DC. Se viene un villano masivo - aquí es Darkseid, la versión DC de Galactus el asimilador de mundos de la Marvel, con la diferencia de que posee su propio planeta y ejército -, y los héroes de turno deben unirse para combatirlo. Como el universo New 52 es medio banana, todos los superhéroes tiene trajes mas bonitos y personalidades más fiesteras: la Mujer Maravilla tiene un enterizo azulado, porta una espada y está en visita diplomática en Washington (directo desde la Isla Paraíso), amén de que puede volar (una ocurrencia que siempre me pareció una estupidez); Superman tiene un traje con cuello, el cual se asemeja a las togas romanas; Batman tiene orejitas largas, un traje gris y un murciélago negro en el pecho; y a ellos se suman Linterna Verde, Flash, ese mamotreto llamado Cyborg (un flaco intento de la DC en meter un superhéroe negro, el cual va mucho mejor con los Teen Titans que aquí), y ese baneado invento editorial que es Shazam, un personaje demasiado parecido a Superman y que la DC estuvo intentando enterrarlo durante décadas. Mientras veía a todo este circo en acción, no dejaba de pensar en Justice League: War como la simiente de la inminente Superman vs Batman (la cual se está convrtiendo en un bofe gigantesco cada día que pasa, sumando nuevos caracteres y mutando de manera descontrolada su guión); si van a meter tantos personajes, un Batman con traje nuevo, The Rock en algún papel (¿Cyborg? ¿la versión morena de Linterna Verde?), una Mujer Maravilla con armadura... este script parecería adecuarse a la mayoría de rumores que hay sobre el nuevo filme, algo que todos terminaremos por llorar si mantienen el lamentable enfoque que plasmaron en la cinta de Jay Oliva. Y es que el gran drama con Justice League: War es que todo los personajes, cuando abren la boca, escupen una catarata de estupideces. La Mujer Maravilla, siendo objeto de protestas en Washington, y enlazando a un manifestante con su lazo de la verdad... tras lo cual el tipo admite que le gusta disfrazarse como la amazona todas las noches (wtf!); o amenazando a un heladero con su espada para que le dé otro cucurucho a ella y a la nena que se encontró en el parque; o la patética historia de origen de Cyborg, siendo un deportista despreciado por su padre científico, siendo alcanzado por una explosión cuando las fuerzas de Darkseid irrumpen en el laboratorio, y siendo convertido en un Terminator instantáneo en menos de cinco minutos (luego de perder un ojo, un brazo y una pierna!), tras lo cual sale a pelearse duro y parejo con los monstruos espaciales (wtf!); o la ridícula pelea entre Batman, Linterna Verde y Superman cuando los dos primeros intentan contactar al kriptoniano. No sólo los diálogos son malos sino que el casting vocal es malo; fuerte es el tufo a podrido en Dinamarca cuando uno ve que el grueso de los actores contratados son cómicos. ¿Alan Tudyk como Superman?. ¿Samwise Gamgee es Shazam?. ¡Por favor!!. Todos estos tipos se empeñan en hablar bobadas y, cuando se callan, vienen las típicas rutinas de destrucción masiva, las que - imagino - vienen ahora incentivadas por el éxito alcanzado por El Hombre de Acero y su finale saturado de demoliciones al por mayor. Pero la historia es hueca, los personajes anodinos, y las peleas poco emocionantes. Como siempre, el único que se salva es Batman - quien tiene los mejores parlamentos - pero Linterna Verde y Shazam se merecen la picota. Es difícil recomendar algo tan mal cocinado como Justice League: War. En algún lugar, entre el papel y el celuloide, el diablo metió la mano y degeneró la historia en esta cosa intragable. Es juvenil y boba, llena de chistes malos y fuera de lugar, y carece de tensión o, siquiera, del más mínimo interés. Simplemente es una aventura animada que resulta mejor esquivar antes que verla y luego devanarse los sesos en ver cómo olvidarse de ella.
Director - Robert Kouba, Guión - Robert Kouba, Tasha Lowe-Newsome, Yuell Newsome & Jonathan Peace Trama: Dean Hollister es un joven estudiante de física que, en sus ratos libres, decide colaborar con su mentor - el doctor Gordon - en un proyecto dedicado a monitorear las fallas de la cobertura de los radares a lo largo de todo el territorio de los Estados Unidos. El fenómeno cada vez es más pronunciado y preocupante, pero la madre de Dean piensa que sólo se trata de una bobada científica, e insiste en que el joven abandone todo y venga a ayudarla con la cafetería que regentean. Pero, mientras atienden el establecimiento, la televisión comienza a difundir informes alarmantes diciendo que se han visto grietas en el cielo y en distintas partes del globo, entre las cuales parecen divisarse criaturas enormes observando nuestro planeta. Y las cosas se saldrán de control cuando una de dichas grietas se abra sobre la cafetería de los Hollister... liberando a una horda de seres que no son de esta dimensión, y obligando a los Hollister a luchar por su vida. La Grieta es un cortometraje, y ése es un dato que hay que subrayarlo reiteradamente. Digo esto porque la cinta termina cuando las cosas se ponen realmente buenas, y uno se queda desnudo y a los gritos. En todo caso, el gran pecado de La Grieta es no ser autoconclusiva sino que se siente como un trailer extendido de lo que debía ser una película genial... una historia de la cual nunca podremos llegar a conocer su final. En sí, la trama de La Grieta no es original y tiene una cuota importante de baches de lógica. Hay un estudiante de física que vigila las fallas frecuentes que se producen en el circuito de radares extendido a lo largo de toda Norteamérica, pero el filme jamás termina por dar demasiadas explicaciones sobre esto (¿los agujeros dimensionales en el cielo provocan la caída de los radares?), ni sobre qué tiene que ver que el fenómeno fuera documentado décadas atrás por un científico ruso. Tampoco dice nada sobre un extraño artefacto - parecido al destornillador sónico del Doctor Who - que le da el profesor de física a su estudiante. Todas esas explicaciones deberían aparecer en una versión final del filme que quizás algún día salga a la luz si el director Robert Kouba consigue fondos para financiarlo. Uno supone que el buen maestro no es un ser de este planeta y que el tipo sabía que algo raro estaba por suceder, pero no hay manera de corroborar semejantes teorías. Como sea, todo esto deriva a una versión minimalista de La Niebla - poblada por tres actores y ambientada en una cafetería -, en donde el portal dimensional de turno ha sido sustituído por grietas en el cielo, a través de las cuales los aliens comienzan a invadir el planeta. Debo admitir que la idea de fondo es tan fascinante como estúpida - a veces imagino que la Luna es una especie de mirilla en el cielo, por la cual se asoma de vez en cuando algún ser superior para cogotear y ver lo que estamos haciendo los humanos en la Tierra -, y es la razón principal por la cual funciona el cortometraje. Mientras que las perfomances van de lo ok a lo flojo - el peor caso es el del sicario, disfrazado como una burda caricatura de un mafioso, camisa negra y corbata blanca incluída -, y la historia en sí no tiene mucho sentido - el portal se abre y empieza a absorber autos... pero no destruye ni uno de los vidrios de la cafetería; los bichos se asoman por la grieta y parecen ser tan grandes como la luna.... pero después pasan a tener el tamaño de una persona y son capaces de meterse en la cafetería, generando una escena igualita a la batalla en la cocina con los velocirraptores de Jurassic Park -, La Grieta posee un clima envidiable y el director Robert Kouba se da maña para captar toda nuestra atención y no soltarla nunca - oh, sí, es una mentira idiota, pero contada de gran forma! -. Incluso el climax es intrigante y está bien montado... lástima que al momento de salpimentar las cosas aparecen los titulos finales de crédito. La Grieta provee media hora de buen cine, intenso y apasionante. No es original ni todo lo que dice tiene sentido, pero tiene magnetismo suficiente como para hacerla recomendable, ya que tiene más energía que los últimos 20 filmes que he reseñado. Lástima que se trata de un brillante coitus interruptus, en donde el vuelo del espectador queda cortado en el mejor momento, simplemente porque el presupuesto se ha acabado antes de tiempo.