JoseManuelLopez4
Usuario (México)
UN FASCINANTE RECORRIDO POR LOS PASOS PARA TRANSFORMAR NUESTRA PERCEPCIÓN DEL MUNDO Y CONQUISTAR LA LIBERTAD ESPIRITUAL Y DE PENSAMIENTO Hablar de Friedrich Nietzsche es invocar forzosamente en la memoria su obra más popular: Así habló Zaratustra, donde desarrolla su más memorable teoría: la del superhombre. En las traducciones inglesas de esta obra se solía utilizar, para la palabra alemana Übermensch, dos términos, en su momento casi indiferenciados: Superman y Overman. Sin embargo, el peso en la cultural popular del famoso cómic de Jerry Siegel, Superman, nacido en la década de los 30, obligó a usar el término Overman para, así, evitar confusiones (o memes). Por suerte, para los hablantes de español esta ambigüedad es prácticamente inexistente y apenas visible. Quizá sólo para los países en mayor contacto con Estados Unidos como México. El superhombre de Nietzsche concentra la concepción del filósofo alemán de un hombre de trascendencia, que se supera a sí mismo y a la naturaleza humana. En esencia, un superhombre es aquel que ha superado la esclavitud de la condición humana y ha alcanzado un verdadero estado de libertad: de libre juego y creatividad. En este estado, de pureza individual, el individuo se ha descargado y se ha deshecho de todas las influencias: autoridades sociales, eclesiásticas, literarias, doctrinales, etc.; también de la influencia de cualquier persona. Aquel que busque el estado de pureza querrá construir su propio destino, inventar sus propios valores y bailar el juego de la vida al ritmo de su propio espíritu. Nietzsche describe que para alcanzar el estado del superhombre, el individuo debe sufrir tres metamorfosis del espíritu. Estas transformaciones son de naturaleza prescriptiva y deben ser vistas como una suerte de guía para convertirse en superhombre, o para la liberación del espíritu: Primera metamorfosis: el camello ¿Qué pesado?, así pregunta el espíritu de carga, y se arrodilla, igual que un camello y quiere que lo carguen bien. ¿Qué es lo más pesado, oh héroes, pregunta el espíritu de carga, para que yo cargue con ello y mi fortaleza se regocije? Después de este pasaje, Nietzsche enlista varios aspectos que pueden ser considerados entre los más pesados o difíciles de la vida. Señala que el camello debe invitar a estos pesos. Y continúa: ¿o acaso es: amar a quienes nos desprecian y tender la mano al fantasma que nos amedrentaría? Lo que Nietzsche quiere decir es que antes de que uno pueda convertirse en superhombre, primero deberá soportar grandes cargas. Luchar con el miedo, el amor, la confianza, la muerte, la confusión, la sed de conocimiento y todos los otros aspectos de la existencia humana. El camello abraza estos retos en el nombre del deber y la nobleza. Visto de otro modo, el camello no huye ni se distrae de la vida: la saluda de frente y abraza los retos que presenta con un alto sentido del deber. Hecho esto, el camello se ve humillado y fortalecido. Sólo mediante el sufrimiento, el camello obtendrá la fuerza y la resilencia necesarias para alcanzar el siguiente nivel de transformación espiritual. Segunda metamorfosis: el león Nietzsche describe cómo el Camello entra, finalmente, al “desierto más solitario” antes de convertirse en león. La metáfora del desierto solitario puede interpretarse de la siguiente manera: el camello ha buscado, invitado y envestido las batallas que la vida le ofrece. Pero eso mismo lo ha vuelto una especie de alienado. Se ha diferenciado de los demás y de la sociedad que los produce. La duda se le ha incrustado y cuestiona todo, desde su mismo valor hasta el valor de sus búsquedas. El desierto es el lugar de la crisis existencial, donde el Camello pondera la existencia de cualquier ley o virtud universal, y si están allí por o para guiarlo a sus propósitos. Para Nietzsche no existen las virtudes universales ni los propósitos absolutos. El camello se ve forzado a plantearse esta posibilidad, sólo así podrá convertirse en león. Así lo describe el filósofo: Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa y ser señor en su propio desierto. Aquí busca a su último amo: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, con el gran dragón quiere pelear para conseguir la victoria. ¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios? "Tú debes" se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice Yo quiero. "Tú debes" le cierra el paso, brilla como el oro, es un animal escamoso y en cada una de sus escamas brilla áureamente "¡Tú debes!". Valores milenarios brillan en esas escamas, el más poderoso de todos los dragones habla así: “todos los valores de las cosas brillan en mí”. “Todos los valores han sido ya creados y yo soy todos los valores creados. ¡En verdad, no debe seguir habiendo ningún Yo quiero!” Así habla el dragón. Hermanos míos, ¿para qué se precisa que haya el león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa? Crear valores nuevos -tampoco el león es aún capaz de hacerlo: mas crearse libertad para un nuevo crear -eso sí es capaz de hacerlo el poder del león. Crearse libertad y un NO, santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león. Tomarse el derecho de nuevos valores, eso es lo más horrible para un espíritu de carga y respetuoso. En la cita anterior se encuentra la clave de este texto. Cuando el camello descubre que la virtud y la verdad universal podrían no existir, sólo puede tomar dos caminos: o rechaza la vida por no tener sentido y se suicida, o reclama su propia libertad y crea su propio significado y su propia virtud. Para convertirse en superhombre es claro que sólo la segunda opción es correcta; ella le llevará al siguiente nivel. Para llegar a él, el camello deberá destruir el más alto muro que lo separa de la verdadera libertad: el deber y la virtud impuestos por la tradición y la sociedad: esto es lo que el gran dragón de Nietzsche representa. El camello ha sido su esclavo y el dragón lo ha invitado a tomar retos vitales, siempre y cuando estén en concordancia con los valores impuestos desde el exterior. Podemos ver al dragón como la simple representación de todo aquel que intenta decirnos cómo vivir. El camello deberá rechazar al dragón de tradición y mandamientos, pero no podrá hacerlo en su actual forma de camello, amante de los deberes. Para ello deberá transformarse. Sus anteriores pruebas le han permitido alcanzar la suficiente fuerza para convertirse en el león: símbolo de coraje, tenacidad, desilusión e incluso rabia. Sólo en este estado el espíritu es capaz de pronunciar un NO rotundo. Este NO representa el rechazo absoluto a cualquier control externo y a todos los valores tradicionales. Toda cosa impuesta por otros individuos, sociedades, iglesias, gobiernos, estados, familias, así como toda forma de propaganda deben ser expulsadas con un empoderado/poderoso rugido. Esto no quiere decir que el león crea que las virtudes y los valores impuestos por aquellas entidades son malvados o corruptos. De hecho, podrían ser buenas y útiles. Sin embargo, también es un hecho que devienen de una autoridad externa y por ello se requiere su expulsión. El superhombre es el individuo absoluto y por lo tanto debe inventarse sus propios valores, en sus propios términos. Tercera metamorfosis: El Niño Después de que el león ha pronunciado el sagrado NO, el espíritu deberá experimentar una transformación más en el camino del superhombre: Pero decídme, hermanos míos, ¿qué puede hacer el niño que ni siquiera el león puede? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño? El niño es inocencia y olvido, recomienzo y juego, una rueda que gira por sí misma, un primer movimiento, un sagrado SÍ. Para el juego de la creación, hermanos míos, un santo SÍ es necesario. Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir SÍ: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo. Entonces, Nietzsche sostiene que el león deberá transformarse una vez más para olvidar. El espíritu ha sufrido mucha confusión y confinamiento, pero es necesario que vacíe su mente del pasado. Pronunciando un sagrado SÍ el niño afirma el momento, afirma sin certeza y afirma, sobre todo, el flujo de la vida. El niño se convierte en una rueda que se impulsa a sí misma, tal como la vida. El niño elige rodar con la vida: bailar y tocar con ella. Finalmente, para Nietzsche la creación pura emerge en este estado de juego. Cuando una persona puede alcanzar un entendimiento infantil, una mente inmersa en el momento y llena de maravilla y regocijo, esta persona podrá asirse a su propia voluntad, crear su propia virtud y, así, inventar su propia realidad. En el proceso de esta última metamorfosis el espíritu deviene en sí mismo, conquista su mundo y alcanza el estado de superhombre. El espíritu alcanza su liberación. Objeciones al superhombre Existen, con razón, objeciones convincentes al concepto de superhombre de Nietzsche y sus afirmaciones nihilistas acerca de la moral. Si los valores universales no existen y uno es libre de crear los suyos propios, ¿cómo determino si actos atroces, como el asesinato, la violación o la tortura, son justificados? Nietzsche era muy consciente de esta posibilidad e incluso predijo que sus ideas podrían ser utilizadas como justificación de atrocidades. Tenía razón: algunos especulan que sus ideas fueron la base e influencia de la ideología nazi, y en 1924 un par de estudiantes de clase alta de la Universidad de Chicago, quienes habían bebido de la influencia de la teoría del superhombre de Nietzsche, asesinaron a un niño de 14 años. Lo remarcable es que, como la mayoría de los filósofos, Nietzsche era un voraz buscador de verdades. La objeción del párrafo anterior surge de una lectura utilitarista y consecuencialista de la teoría de Nietzsche. Es decir, una lectura desde la perspectiva de que sólo podremos actuar si y sólo si nuestras acciones dan como resultado el mayor beneficio para el mayor número de personas. Pero, para Nietzsche, esta objeción era sólo otra manera en que la humanidad intentaba imponer sus arbitrarias reglas morales en un universo donde, objetivamente, nada existe. El interés de Nietzsche no era tanto por elucubrar sobre los imaginarios constructos morales de que la humanidad se servía para reducir el sufrimiento, sino por descubrir la verdad de la existencia. Aunque esto podría parecerte una razón para creer que Nietzsche era un canalla, hay que darle crédito por no comprometer jamás sus ideas por el mero hecho de ser impopulares. Además, él se volvió loco intentando salvar a un caballo de ser apaleado y pasó la última década de su vida en una condición más bien miserable. O sea, deberíamos darle una oportunidad y reconocer que, al menos, poseía una buena parte de compasión. No es que se deba estar de acuerdo con todos sus puntos de vista, sino con su obstinación. El solo hecho de que el superhombre pueda resultar ser una persona horrible no descarta su teoría. Es más, tenemos muy pocas razones para creer que el hipotético superhombre no tiene valores compasivos; de hecho, existe un argumento para pensar que es bastante probable que él o ella pudieran tenerlos. Es posible ver en el niño de Nietzsche a un ser juguetón en total contacto con su naturaleza profunda, acaso similar a la de un taoísta o budista zen que se ha realizado. Hay un dicho zen: “Nada te queda en este momento sino tener una buena risa”; es decir, el momento en que uno ha alcanzado el satori (la iluminación) es similar al momento en que se ha alcanzado el estado de “niñez”. En el zen y en el taoísmo, así como en la obra de Nietzsche, cuando alguien alcanza este estado de liberación, descubre la compasión natural por todos los seres sensibles, no como una ley moral sino como la consecuencia natural e intuitiva de que todos los seres son “cortados por la misma tijera”. Es agradable pensar que el verdadero superhombre compartiría esta realización, pero Nietzsche jamás lo hace explícito. Si esto te parece una distorsión de la teoría de Nietzsche, entonces llamémosle superhombre 2.0. Utilidad del superhombre Muchos han desestimado la teoría del superhombre por parecerles una suerte de idealización inalcanzable. Pero desestimarla es signo de miopía. De ella podemos al menos extraer varios axiomas de gran utilidad e importancia: 1) El dolor es necesario para la transformación positiva y debe ser abrazado Básicamente, el dolor (físico, emocional, existencial, etc.) es un aspecto inalienable de la vida. La mayoría de nosotros dejamos que se vuelva la fuente de ansiedad o tristeza más hondas porque sentimos frustración y nos preguntamos su por qué, en lugar de comprender que a través de las experiencias difíciles nos convertimos en seres resilientes y más perceptivos con la vida. Es por eso que, en cambio, deberíamos aceptar el infranqueable dolor, abrazarlo y observarle con calma. 2) Para liberarnos debemos combatir todo control que provenga de autoridades externas Si nuestro actos y pensamientos son dictados por entidades exteriores, no podremos conocernos a nosotros mismos, evitando que vivamos una vida auténtica. Las ideas de otros pueden inspirar e influir en las nuestras, sin embargo, la clave es asumir ciegamente que nuestro saber (o el de otros) es absoluto. Debemos desarrollar la habilidad de entender cualquier idea sin necesidad de aceptarla permitiendo que aquellas partes resonantes de verdad se fundan en nuestra cosmovisión única y siempre cambiante. Debemos apropiarnos de cada idea alterándola y entendiéndola en lo específico de nuestro espíritu. 3) Cultivar coraje, fuerza y audacia para cortar los hilos que nos manipulan Hay una razón por la que la mayoría de las personas andan ciegamente por la vida: les aterroriza perseguir otras alternativas. Corretear la verdad y la libertad por sobre todas las cosas conlleva una existencia dolorosa y, a menudo, solitaria. Las recompensas son, sin embargo, galácticas en su grandeza. El sentido de libertad, poder, unicidad y amor que se pueden alcanzar en la búsqueda de una existencia superior son joyas indescriptibles e inconmensurables de la experiencia humana. Debemos hallar en nosotros mismos ese lugar de respuestas y audacia sin igual, que nos eleve por sobre aquellos que nos deseen controlar. 4) Afirmar la vida y bailar con ella para jugar e inventar El niño no sólo acepta la vida, la exalta toda. Su espíritu infantil reconoce que sus propios pensamientos y expectativas son la fuente de su experiencia, sea ésta positiva o negativa. Entonces, escoge vivir en la espontaneidad, relajado y en estado de celebración perpetua. Logrado esto, le es permitido fluir con la corriente en lugar de nadar en contra. Se vuelve capaz de crear con pureza porque vive de manera auténtica haciendo uso de la infinita imaginación del universo… y nosotros debemos aspirar también a ello.
¿Por qué la Coca-Cola es más adictiva que la cocaína? ¿Por qué el flúor de Colgate es cancerígeno? ¿Por qué el maíz de Kellogg’s es inorgánico? ¿Por qué la gente engorda con las hamburguesas de McDonald’s? ¿Por qué el pan Bimbo no huele a pan? Todos sabemos que vamos a morir, pero nunca preguntamos cuándo vamos a morir. Hay muchas interrogantes que fácilmente tienen sus respuestas, pero sentimos miedo de aplicar el rigor de la capciosidad, en las decisiones cotidianas que definen nuestro presente. ¿Por qué la Coca-Cola es más adictiva que la cocaína? ¿Por qué el flúor de Colgate es cancerígeno? ¿Por qué el maíz de Kellogg’s es inorgánico? ¿Por qué la gente engorda con las hamburguesas de McDonald’s? ¿Por qué Monsanto sigue siendo Monsanto? ¿Por qué el pan Bimbo no huele a pan? ¿Por qué la aspirina Bayer es un placebo farmacéutico? ¿Por qué Nestlé falsifica los valores nutricionales de sus productos? Engañar es un arte tan brillante, como idiotizar la vida de los Seres Humanos. No es necesario morder una mazorca del maizal para despertar del fatídico letargo, porque es más divertido que todos los animales fumen cigarrillos, beban cervezas y griten obscenidades. Según las sagradas páginas del diccionario, la palabra Veneno se define como la sustancia nociva para la salud, capaz de producir graves alteraciones en los seres vivos, e incluso ocasionar la abrupta muerte. Todas las preguntas se responden con ácido ortofosfórico, tartrazina, aspartamo, fluoruro de sodio, bisfenol A, carragenina, fructosa, arsénico, hidróxido de amonio, glutamato monosódico, sal yodada, sucralosa, goma xantana, dióxido de titanio, metanol, carboximetilcelulosa, acesulfame potásico, fenilalanina, acetaminofén, plomo, y demás componentes primordiales de la artillería química. Todas las respuestas se enferman con obesidad, diabetes, gastritis, estreñimiento, migraña, caries, artritis, disfunción eréctil, bronquitis, isquemia, derrames cerebrales, osteoporosis, hiperactividad, insuficiencia renal crónica, cirrosis hepática, tumores, somnolencia, infartos, y demás sufrimientos causados por la artillería química. Te ofrecemos una maravillosa orgía de espesantes, colorantes, edulcorantes, acidulantes, enturbiantes, emulsificantes, estabilizantes, gelificantes y retardadores, para que el sabor de todas las preguntas y de todas las respuestas, jamás pueda distinguir el encanto natural de la avena, del trigo y del ajonjolí. Nos dejamos influir y arrastrar por la corriente, porque es el camino más fácil de caminar, porque es el camino más simple de transitar, y porque es el único camino que aprendimos a caminar. De hecho, si le preguntamos tres veces al espejo la fecha de nuestra muerte, seguro que obtendremos la página del obituario por adelantado. Pero si le preguntas al espejo cuántas calorías te acabas de comer, seguro que romperás los siete añitos de la malísima mala suerte. Jugar con el destino, jugar con la suerte y jugar con la salud, son peligrosísimas equivocaciones que cometemos diariamente, y que tienen un precio tan mortal como los números de las tarjetas de crédito. Los delitos sociales, culturales y ecológicos, que vienen edificando las transnacionales del siglo XXI, reflejan el poderío del gran adoctrinamiento de masas, que nos convierte en figuritas canjeables por la mejor oferta, por la mayor demanda y por la peor trampa. Todos los años se expanden las gigantescas fronteras agrícolas, para aumentar la agresiva tasa de deforestación global, para robarles el techo y el sustento a los valientes campesinos, para saquear las tierras ancestrales de las comunidades indígenas, para ensuciar la belleza de los recursos naturales foráneos, para matar de soledad a las especies de fauna autóctona, y para derramar la miel del neoliberalismo imperialista. No podemos diferenciar la verdad de la mentira, no podemos clarificar la ficción de la realidad, y no podemos endiosar la sabiduría de la ignorancia, porque es muchísimo más sencillo comprar la lógica del supermercado, comprar la ciencia de las farmacias, y comprar el billete del banco. Desde que cepillamos nuestros dientes en el hermoso amanecer, pasando por el fin de la jornada laboral en el ocaso del atardecer, y cerrando los ojos del cansancio en el triste anochecer, siempre recorremos un nefasto estilo de vida supeditado al control psicosocial, que ejercen las transnacionales en el espíritu vacío y viciado del pueblo. Necesitamos con desesperación que toda la artillería externa, controle el tiempo interno de nuestro reloj biológico. Qué comer, qué beber, qué vestir, qué soñar, qué odiar y qué amar. No somos responsables de lo que decimos, no somos dueños de lo que pensamos, y no somos conscientes de lo que comemos. Un minuto perdido, y llegamos tarde a la rutinaria oficina. Un segundo perdido, y llegamos tarde a la clase en la universidad. Un suspiro perdido, y llegamos tarde a la cita con el ataúd. Por eso dicen que el cerebro es como un semáforo. Cuando prende la luz verde, piensa. Cuando prende la luz amarilla, olvida. Y cuando prende la luz roja, muere. Vemos que la ciudadanía vive paralizada en una avasallante luz roja, que carcome la divina razón y corrompe el corazón del prójimo. Somos los esclavos más esclavizados por las grandes transnacionales, que todos los días nos roban el sagrado dinerito del bolsillo, vendiéndonos toda la basura incomestible de sus fábricas a nuestra boca. Según las sagradas páginas del diccionario, la palabra Alimento se define como el poder nutritivo presente en una o más sustancias, que los seres vivos comen o beben para nutrirse y preservar su existencia. La basura incomestible no puede llamarse alimento procesado, porque ni siquiera procesa la digestión gástrica. No puede llamarse alimento transgénico, porque ni siquiera transforma la flora intestinal. Y no puede llamarse alimento concentrado, porque ni siquiera concentra la constipación emocional. No podemos llamar Alimento a una serie de compuestos químicos, que descalcifican los huesos, que deshidratan las venas, y que disfrazan las moléculas del genocidio. Pese a que se comercializan como alimentos 100% saludables, realmente son terribles inventos que no pasan de moda, y que se elaboran en los laboratorios más clandestinos del planeta Tierra. Por décadas se han utilizado a las ratas, a los conejos y a los monos, como los mejores aliados para que los científicos realicen sus pruebas de calidad, y puedan determinar si la piel del animalito se sonrojará o se enrojecerá, después de inyectar los venenosos polvos en la sangre carnívora. Pero ahora los Seres Humanos se convirtieron en los mejores conejillos de Indias, porque siempre compran, cocinan y glorifican la basura incomestible de las transnacionales. Ya no se necesitan los exhaustivos controles sanitarios, para evaluar el posible suministro de los venenos a la colectividad, porque los nuevos animales afeitados y en dos patas son más fáciles de cazar, son más baratos de obtener, y son más dóciles de convencer. El descarado irrespeto a la vida y a la salud humana, demuestra el éxito de la arquitectura socio-económica establecida por la Sociedad Moderna, que se acostumbró a vivir en grandes jaulas simétricas de cemento urbanizado, donde se degrada el poder de la voluntad, se denigra el poder de la dignidad, y se destila el poder de la sobriedad. No es casualidad que la mortífera Cultura de la Muerte, impuesta por las famosas transnacionales del sector alimenticio, se fundamenta en cinco efectivas estrategias de ataque, para garantizar el expendio de todos sus clásicos venenos. En primer lugar, las transnacionales compran el silencio de los entes nacionales y extranjeros, que aunque deberían prohibir la libre comercialización de su basura incomestible, se quedan calladitos e impacientes por recibir más recompensas monetarias. La jugosa corrupción que soborna a la Organización Mundial de la Salud (OMS), que trafica con los gubernamentales Ministerios de Salud, y que financia a las Asociaciones de Protección al Consumidor, permite que se autorice la libre distribución de todo el portafolio corporativo, sin sentir remordimiento por el daño a la salud que provocarán en los individuos. Nos duele reconocer que hasta la todopoderosa Iglesia Católica, que es una transnacional religiosa con gran reputación en el planeta Tierra, y que tiene un alto poder de convencimiento entre sus millones de feligreses, pues tampoco denuncia que sus fanáticos se enferman con Pepsi-Cola, Cargill, Red-Bull, Maggi, McCormick, Marlboro, Lucky Strike, Frito-Lay, Kraft, Budweiser, y demás marcas dedicadas a corromper los siete potajes. En segundo lugar, las transnacionales despliegan una colosal guerra publicitaria en los medios de comunicación social, que obliga a idolatrar el veneno empaquetado o embotellado, para que los potenciales clientes no duden en codiciar, en pagar y en comprar el producto ofertado. La insaciable contaminación mental producida por el huracán capitalista, se puede hallar en la televisión, en la radio, en los periódicos, en las calles y en la Web. Hay un festival proteínico de jingles, colores, mujeres, pistolas, sonrisas, aplausos, burbujas, drogas y licores. Es imposible escapar de tanta tentación comercial, que se repite durante las 24 horas del día, y que va bloqueando el discernir de las inocentes víctimas. En tercer lugar, las transnacionales generan la adicción al consumo en todos sus consumidores, porque no es suficiente comprar y probar una sola vez la basura incomestible, ya que lo importante es aumentar el nivel de las ventas y certificar el margen de la ganancia. En la mayoría de los contenidos publicitarios, se utiliza la hipnosis audiovisual, la programación neurolingüística y los mensajes subliminales, buscando que las personas se confundan y asocien la basura con sensaciones de felicidad, de euforia, de relajación y de paz. Se exhiben estereotipos de la vida mundana, que pretenden simbolizar la fuerza, la belleza y la independencia, para crearte la necesidad de ser lo que no eres. En cuarto lugar, las transnacionales generan la enfermedad en los consumidores, porque sus queridas empresas farmacéuticas deben vender la explosión de pastillas, de cápsulas, de antibióticos, de tabletas masticables y de sedantes, que la genial medicina moderna y sus doctores propagandísticos, necesitan promocionar y vendernos al pie de la letra. La gente nunca reconoce que sus enfermedades, son causadas por los malos hábitos alimenticios. Siempre se atribuye la desgracia a la tómbola, a la edad o a la cadena hereditaria. Pero jamás se culpa a la sabrosa basurita incomestible, por todos esos dolorosos quebrantos que van de mal en peor. En quinto lugar, las transnacionales generan la cultura del descarte en sus consumidores, porque cuando los enfermos finalmente descubrieron la perversa verdad, ya se encontraban sepultados e incapaces de revelar la lista negra de los venenos, siendo necesario atraer y atrapar a nuevos rostros juveniles, que reiniciarán el proceso homeostático y apoyarán el progreso de la bestialidad humana. Vimos que pasaron los años en blanco, y el semáforo sigue iluminando la luz roja, gracias a la entrada de los agrotóxicos, de las malformaciones genéticas, de las semillas patentadas y de los saborizantes artificiales. El rugiente marketing de Chester Cheetos es más desgarrador, que alimentar a un millón de cerdos con la punta de un iceberg, porque el condimento perfecto es la industrialización de la Naturaleza, porque el ingrediente secreto es el borreguismo de los consumidores, y porque la última rebanada del salado pastel, va por cuenta de la casa. El pobre coeficiente intelectual de los compradores, no les permite leer y comprender la explícita información nutricional, que se describe en toda la basura incomestible adquirida a diario. Ellos no pueden metabolizar el grosor de la apetitosa torpeza, por lo que caen en el pecado de la omisión, en el pecado de la negación, y en el salvaje pecado de la gula. Hoy en día, las transnacionales se burlan de los tontos consumidores, afirmando que sus venenos son legales, ligeros, artesanales, integrales y naturales. También se están empleando falsas iconografías ecológicas, en las etiquetas frontales y dorsales de los productos, para que la gente piense que la enfermedad es una fuente de respeto ambiental, y no se preocupen por los altos niveles de colesterol, por la agitada presión arterial, y por el implacable osteosarcoma. Pero lamentablemente, la basura incomestible no solo destruye el cuerpo humano, sino también deteriora los ecosistemas del Medio Ambiente, ya que el longevo consumismo se paga con las toneladas de plástico, cartón, papel, vidrio y metales, que se desechan con violencia en las principales calles de nuestros países latinoamericanos, generando un foco de permanente contaminación que acrecienta la desidia ambiental. Nos preguntamos ¿Qué tan cerca estamos de desayunar con tostadas de Roundup? ¿Qué tan cerca estamos de almorzar con un litro de Castrol? ¿Qué tan cerca estamos de cenar con una dosis de DDT? ¿Qué tan lejos estamos de comernos el picantísimo Semáforo? No hay duda que los hombres y las mujeres comen alimentos saludables, para elevar las vitaminas, las endorfinas y las alegrías. Mientras que los chatarreros y las chatarreras comen comida chatarra, para elevar las grasas saturadas, las flatulencias y las úlceras estomacales. La mesa está servida para disfrutar de legumbres, hortalizas y frutas, que nos ayudarán a desintoxicar el cuerpo y el alma, con todas sus propiedades energéticas, antioxidantes y curativas, que permitirán fortalecer el delicado sistema inmunológico, reducir los problemas cardiovasculares, mejorar la circulación sanguínea, purificar el tracto urinario, combatir los rayos ultravioletas, y multiplicar las bendiciones del organismo. Recordemos que cada 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación, para que las personas reflexionen sobre sus erráticos hábitos alimenticios, y se vuelvan solidarios con los hermanos y hermanas que sufren de hambre y sed, por la exagerada porción de indiferencia que padecemos en el Mundo. Usted no debe continuar siendo un parásito masoquista, que se dedica a capitalizar el porvenir de las grandes transnacionales, a cambio de malograr los riñones, el hígado, los pulmones, el páncreas, la garganta, las neuronas y su agonizante cerebro. Hoy más que nunca seamos jueces de lo que pensamos, seamos coherentes en lo que decimos, y seamos conscientes de lo que comemos.

¿Por qué la Coca-Cola es más adictiva que la cocaína? ¿Por qué el flúor de Colgate es cancerígeno? ¿Por qué el maíz de Kellogg’s es inorgánico? ¿Por qué la gente engorda con las hamburguesas de McDonald’s? ¿Por qué el pan Bimbo no huele a pan? Todos sabemos que vamos a morir, pero nunca preguntamos cuándo vamos a morir. Hay muchas interrogantes que fácilmente tienen sus respuestas, pero sentimos miedo de aplicar el rigor de la capciosidad, en las decisiones cotidianas que definen nuestro presente. ¿Por qué la Coca-Cola es más adictiva que la cocaína? ¿Por qué el flúor de Colgate es cancerígeno? ¿Por qué el maíz de Kellogg’s es inorgánico? ¿Por qué la gente engorda con las hamburguesas de McDonald’s? ¿Por qué Monsanto sigue siendo Monsanto? ¿Por qué el pan Bimbo no huele a pan? ¿Por qué la aspirina Bayer es un placebo farmacéutico? ¿Por qué Nestlé falsifica los valores nutricionales de sus productos? Engañar es un arte tan brillante, como idiotizar la vida de los Seres Humanos. No es necesario morder una mazorca del maizal para despertar del fatídico letargo, porque es más divertido que todos los animales fumen cigarrillos, beban cervezas y griten obscenidades. Según las sagradas páginas del diccionario, la palabra Veneno se define como la sustancia nociva para la salud, capaz de producir graves alteraciones en los seres vivos, e incluso ocasionar la abrupta muerte. Todas las preguntas se responden con ácido ortofosfórico, tartrazina, aspartamo, fluoruro de sodio, bisfenol A, carragenina, fructosa, arsénico, hidróxido de amonio, glutamato monosódico, sal yodada, sucralosa, goma xantana, dióxido de titanio, metanol, carboximetilcelulosa, acesulfame potásico, fenilalanina, acetaminofén, plomo, y demás componentes primordiales de la artillería química. Todas las respuestas se enferman con obesidad, diabetes, gastritis, estreñimiento, migraña, caries, artritis, disfunción eréctil, bronquitis, isquemia, derrames cerebrales, osteoporosis, hiperactividad, insuficiencia renal crónica, cirrosis hepática, tumores, somnolencia, infartos, y demás sufrimientos causados por la artillería química. Te ofrecemos una maravillosa orgía de espesantes, colorantes, edulcorantes, acidulantes, enturbiantes, emulsificantes, estabilizantes, gelificantes y retardadores, para que el sabor de todas las preguntas y de todas las respuestas, jamás pueda distinguir el encanto natural de la avena, del trigo y del ajonjolí. Nos dejamos influir y arrastrar por la corriente, porque es el camino más fácil de caminar, porque es el camino más simple de transitar, y porque es el único camino que aprendimos a caminar. De hecho, si le preguntamos tres veces al espejo la fecha de nuestra muerte, seguro que obtendremos la página del obituario por adelantado. Pero si le preguntas al espejo cuántas calorías te acabas de comer, seguro que romperás los siete añitos de la malísima mala suerte. Jugar con el destino, jugar con la suerte y jugar con la salud, son peligrosísimas equivocaciones que cometemos diariamente, y que tienen un precio tan mortal como los números de las tarjetas de crédito. Los delitos sociales, culturales y ecológicos, que vienen edificando las transnacionales del siglo XXI, reflejan el poderío del gran adoctrinamiento de masas, que nos convierte en figuritas canjeables por la mejor oferta, por la mayor demanda y por la peor trampa. Todos los años se expanden las gigantescas fronteras agrícolas, para aumentar la agresiva tasa de deforestación global, para robarles el techo y el sustento a los valientes campesinos, para saquear las tierras ancestrales de las comunidades indígenas, para ensuciar la belleza de los recursos naturales foráneos, para matar de soledad a las especies de fauna autóctona, y para derramar la miel del neoliberalismo imperialista. No podemos diferenciar la verdad de la mentira, no podemos clarificar la ficción de la realidad, y no podemos endiosar la sabiduría de la ignorancia, porque es muchísimo más sencillo comprar la lógica del supermercado, comprar la ciencia de las farmacias, y comprar el billete del banco. Desde que cepillamos nuestros dientes en el hermoso amanecer, pasando por el fin de la jornada laboral en el ocaso del atardecer, y cerrando los ojos del cansancio en el triste anochecer, siempre recorremos un nefasto estilo de vida supeditado al control psicosocial, que ejercen las transnacionales en el espíritu vacío y viciado del pueblo. Necesitamos con desesperación que toda la artillería externa, controle el tiempo interno de nuestro reloj biológico. Qué comer, qué beber, qué vestir, qué soñar, qué odiar y qué amar. No somos responsables de lo que decimos, no somos dueños de lo que pensamos, y no somos conscientes de lo que comemos. Un minuto perdido, y llegamos tarde a la rutinaria oficina. Un segundo perdido, y llegamos tarde a la clase en la universidad. Un suspiro perdido, y llegamos tarde a la cita con el ataúd. Por eso dicen que el cerebro es como un semáforo. Cuando prende la luz verde, piensa. Cuando prende la luz amarilla, olvida. Y cuando prende la luz roja, muere. Vemos que la ciudadanía vive paralizada en una avasallante luz roja, que carcome la divina razón y corrompe el corazón del prójimo. Somos los esclavos más esclavizados por las grandes transnacionales, que todos los días nos roban el sagrado dinerito del bolsillo, vendiéndonos toda la basura incomestible de sus fábricas a nuestra boca. Según las sagradas páginas del diccionario, la palabra Alimento se define como el poder nutritivo presente en una o más sustancias, que los seres vivos comen o beben para nutrirse y preservar su existencia. La basura incomestible no puede llamarse alimento procesado, porque ni siquiera procesa la digestión gástrica. No puede llamarse alimento transgénico, porque ni siquiera transforma la flora intestinal. Y no puede llamarse alimento concentrado, porque ni siquiera concentra la constipación emocional. No podemos llamar Alimento a una serie de compuestos químicos, que descalcifican los huesos, que deshidratan las venas, y que disfrazan las moléculas del genocidio. Pese a que se comercializan como alimentos 100% saludables, realmente son terribles inventos que no pasan de moda, y que se elaboran en los laboratorios más clandestinos del planeta Tierra. Por décadas se han utilizado a las ratas, a los conejos y a los monos, como los mejores aliados para que los científicos realicen sus pruebas de calidad, y puedan determinar si la piel del animalito se sonrojará o se enrojecerá, después de inyectar los venenosos polvos en la sangre carnívora. Pero ahora los Seres Humanos se convirtieron en los mejores conejillos de Indias, porque siempre compran, cocinan y glorifican la basura incomestible de las transnacionales. Ya no se necesitan los exhaustivos controles sanitarios, para evaluar el posible suministro de los venenos a la colectividad, porque los nuevos animales afeitados y en dos patas son más fáciles de cazar, son más baratos de obtener, y son más dóciles de convencer. El descarado irrespeto a la vida y a la salud humana, demuestra el éxito de la arquitectura socio-económica establecida por la Sociedad Moderna, que se acostumbró a vivir en grandes jaulas simétricas de cemento urbanizado, donde se degrada el poder de la voluntad, se denigra el poder de la dignidad, y se destila el poder de la sobriedad. No es casualidad que la mortífera Cultura de la Muerte, impuesta por las famosas transnacionales del sector alimenticio, se fundamenta en cinco efectivas estrategias de ataque, para garantizar el expendio de todos sus clásicos venenos. En primer lugar, las transnacionales compran el silencio de los entes nacionales y extranjeros, que aunque deberían prohibir la libre comercialización de su basura incomestible, se quedan calladitos e impacientes por recibir más recompensas monetarias. La jugosa corrupción que soborna a la Organización Mundial de la Salud (OMS), que trafica con los gubernamentales Ministerios de Salud, y que financia a las Asociaciones de Protección al Consumidor, permite que se autorice la libre distribución de todo el portafolio corporativo, sin sentir remordimiento por el daño a la salud que provocarán en los individuos. Nos duele reconocer que hasta la todopoderosa Iglesia Católica, que es una transnacional religiosa con gran reputación en el planeta Tierra, y que tiene un alto poder de convencimiento entre sus millones de feligreses, pues tampoco denuncia que sus fanáticos se enferman con Pepsi-Cola, Cargill, Red-Bull, Maggi, McCormick, Marlboro, Lucky Strike, Frito-Lay, Kraft, Budweiser, y demás marcas dedicadas a corromper los siete potajes. En segundo lugar, las transnacionales despliegan una colosal guerra publicitaria en los medios de comunicación social, que obliga a idolatrar el veneno empaquetado o embotellado, para que los potenciales clientes no duden en codiciar, en pagar y en comprar el producto ofertado. La insaciable contaminación mental producida por el huracán capitalista, se puede hallar en la televisión, en la radio, en los periódicos, en las calles y en la Web. Hay un festival proteínico de jingles, colores, mujeres, pistolas, sonrisas, aplausos, burbujas, drogas y licores. Es imposible escapar de tanta tentación comercial, que se repite durante las 24 horas del día, y que va bloqueando el discernir de las inocentes víctimas. En tercer lugar, las transnacionales generan la adicción al consumo en todos sus consumidores, porque no es suficiente comprar y probar una sola vez la basura incomestible, ya que lo importante es aumentar el nivel de las ventas y certificar el margen de la ganancia. En la mayoría de los contenidos publicitarios, se utiliza la hipnosis audiovisual, la programación neurolingüística y los mensajes subliminales, buscando que las personas se confundan y asocien la basura con sensaciones de felicidad, de euforia, de relajación y de paz. Se exhiben estereotipos de la vida mundana, que pretenden simbolizar la fuerza, la belleza y la independencia, para crearte la necesidad de ser lo que no eres. En cuarto lugar, las transnacionales generan la enfermedad en los consumidores, porque sus queridas empresas farmacéuticas deben vender la explosión de pastillas, de cápsulas, de antibióticos, de tabletas masticables y de sedantes, que la genial medicina moderna y sus doctores propagandísticos, necesitan promocionar y vendernos al pie de la letra. La gente nunca reconoce que sus enfermedades, son causadas por los malos hábitos alimenticios. Siempre se atribuye la desgracia a la tómbola, a la edad o a la cadena hereditaria. Pero jamás se culpa a la sabrosa basurita incomestible, por todos esos dolorosos quebrantos que van de mal en peor. En quinto lugar, las transnacionales generan la cultura del descarte en sus consumidores, porque cuando los enfermos finalmente descubrieron la perversa verdad, ya se encontraban sepultados e incapaces de revelar la lista negra de los venenos, siendo necesario atraer y atrapar a nuevos rostros juveniles, que reiniciarán el proceso homeostático y apoyarán el progreso de la bestialidad humana. Vimos que pasaron los años en blanco, y el semáforo sigue iluminando la luz roja, gracias a la entrada de los agrotóxicos, de las malformaciones genéticas, de las semillas patentadas y de los saborizantes artificiales. El rugiente marketing de Chester Cheetos es más desgarrador, que alimentar a un millón de cerdos con la punta de un iceberg, porque el condimento perfecto es la industrialización de la Naturaleza, porque el ingrediente secreto es el borreguismo de los consumidores, y porque la última rebanada del salado pastel, va por cuenta de la casa. El pobre coeficiente intelectual de los compradores, no les permite leer y comprender la explícita información nutricional, que se describe en toda la basura incomestible adquirida a diario. Ellos no pueden metabolizar el grosor de la apetitosa torpeza, por lo que caen en el pecado de la omisión, en el pecado de la negación, y en el salvaje pecado de la gula. Hoy en día, las transnacionales se burlan de los tontos consumidores, afirmando que sus venenos son legales, ligeros, artesanales, integrales y naturales. También se están empleando falsas iconografías ecológicas, en las etiquetas frontales y dorsales de los productos, para que la gente piense que la enfermedad es una fuente de respeto ambiental, y no se preocupen por los altos niveles de colesterol, por la agitada presión arterial, y por el implacable osteosarcoma. Pero lamentablemente, la basura incomestible no solo destruye el cuerpo humano, sino también deteriora los ecosistemas del Medio Ambiente, ya que el longevo consumismo se paga con las toneladas de plástico, cartón, papel, vidrio y metales, que se desechan con violencia en las principales calles de nuestros países latinoamericanos, generando un foco de permanente contaminación que acrecienta la desidia ambiental. Nos preguntamos ¿Qué tan cerca estamos de desayunar con tostadas de Roundup? ¿Qué tan cerca estamos de almorzar con un litro de Castrol? ¿Qué tan cerca estamos de cenar con una dosis de DDT? ¿Qué tan lejos estamos de comernos el picantísimo Semáforo? No hay duda que los hombres y las mujeres comen alimentos saludables, para elevar las vitaminas, las endorfinas y las alegrías. Mientras que los chatarreros y las chatarreras comen comida chatarra, para elevar las grasas saturadas, las flatulencias y las úlceras estomacales. La mesa está servida para disfrutar de legumbres, hortalizas y frutas, que nos ayudarán a desintoxicar el cuerpo y el alma, con todas sus propiedades energéticas, antioxidantes y curativas, que permitirán fortalecer el delicado sistema inmunológico, reducir los problemas cardiovasculares, mejorar la circulación sanguínea, purificar el tracto urinario, combatir los rayos ultravioletas, y multiplicar las bendiciones del organismo. Recordemos que cada 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación, para que las personas reflexionen sobre sus erráticos hábitos alimenticios, y se vuelvan solidarios con los hermanos y hermanas que sufren de hambre y sed, por la exagerada porción de indiferencia que padecemos en el Mundo. Usted no debe continuar siendo un parásito masoquista, que se dedica a capitalizar el porvenir de las grandes transnacionales, a cambio de malograr los riñones, el hígado, los pulmones, el páncreas, la garganta, las neuronas y su agonizante cerebro. Hoy más que nunca seamos jueces de lo que pensamos, seamos coherentes en lo que decimos, y seamos conscientes de lo que comemos.
Beati hispani, qvibvs vivere bibere est “Dichosos los hispanos, para los que vivir es beber”. Aprender idiomas es una herramienta que nos permite conocer otras culturas y formas de pensamiento. Los idiomas nos llevan a distintos litorales y abren nuestra mente, pero existen muchos lenguajes más con los que nos podemos comunicar, como las etimologías grecolatinas. Esas frases que quizá durante un año nos hicieron aprender en la preparatoria y bien terminado el año escolar olvidamos poco a poco, o simplemente fuimos perdiendo la practica en la expresión de grandes ideas por medio de una lengua cuya enseñanza ha decaído en los últimos cincuenta años. Personajes como Benjamin Franklin, Thomas Jefferson y Theodore Roosevelt tenían algo en común, todos eran versados en latín. La enseñanza de esta lengua fue obligatoria para todos los que recibieran una educación formal desde la Edad Media, y en algunos lugares prevaleció hasta mediados del siglo XX. El conocimiento del latín solía abrir las puertas a otras ramas del conocimiento como la ciencia, la religión, el derecho y la filosofía, pues todo el conocimiento hasta el siglo XVI fue escrito en este idioma en gran parte de Europa. El latín era parte central de la educación en occidente, junto a la retórica y la gramática. Por medio de ella los hombres aprendían a comunicarse, pensar y hablar. Con el paso del tiempo, la educación comenzó a dar paso a otro tipo de materias, la introducción de la aritmética fue inevitable y el pensamiento humanístico aprendió a coexistir con otro tipo de formación académica. Durante el siglo XIX, la gente priorizó una educación alternativa, enfocada en los negocios y el pensamiento matemático, y poco a poco el latín perdió su importancia, sin embargo la gente lo aprendía durante toda su formación estudiantil. Fue hasta los años sesenta del siglo pasado que los estudiantes pidieron un cambio en la estructura académica que les permitiera establecer las clases que querían tomar, por lo que el latín prácticamente desapareció de la educación occidental. Sin embargo, no debemos dejar que siglos de tradición se pierdan. Aprender latín demuestra un conocimiento invaluable en tiempos modernos, aprender esta lengua expande nuestra cultura y nos ayuda a prepararnos para aprender otros idiomas, pues muchos surgieron del latín y del latín vulgar. Las siguientes frases en latín son algunas que aún hoy podemos usar para referirnos a alguna circunstancia o problema, para expresar alegría, resignación y muchos sentimientos más que amplían su significado al expresarlos de esta forma. Adhuc Stantes – Todavía en píe Abyssus abyssum invocat – Un abismo convoca otro abismo. (Un pecado incita a otro pecado) Aequam memento rebus in arduis servare mentem – Recuerda conservar la mente serena en los momentos difíciles Alea iacta est – La suerte está echada Amor Omnia Vincit – El amor todo lo vence Ars longa, vita brevis – El arte es largo, la vida es corta Bene curris, sed extra vium – Corres bien, pero por el camino equivocado Carpe Diem, tempus fugit – Aprovecha el día, el tiempo se va Cogito ergo sum – Pienso, entonces existo De nihilo nihilum – De la nada, nada puede salir Divide et vinces – Divide y vencerás Fiat iustitia et pereat mundus – Haz justicia aunque para ello se destruya el mundo Forsan et haec olim meminisse juvabit – Tal vez, algún día, aún a esto lo avivará el recuerdo Homo homini lupus est – El hombre es un lobo para el hombre In medio, virtus – En el medio (está) la virtud nlitteratum plausum non desidero – No deseo el aplauso de los ignorantes Intelligenti pauca – Al inteligente, pocas (razones) Ipso facto – Por el mismo hecho Natura omnes homines aequales genuit – La naturaleza engendró iguales a todos los hombres Non metuit mortem qui scit contemnere vitam. – No teme la muerte el que sabe despreciar la vida Nunc est bibendum – Ahora, bebamos Para bellum – Preparense para la Guerra Requiescat in pace – Descanse en paz Res, non verba – Hechos, no palabras Veritas filia temporis – La verdad es hija del tiempo Vanitas vanitatum et omnia vanitas – Vanidad de vanidades, todo es vanidad Veni, vidi, vici – Vine, vi, vencí Vox populi, vox dei – La voz del pueblo es la voz de Dios