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Jorge_Crapencio

Usuario (Argentina)

Primer post: 24 jul 2015Último post: 24 jul 2015
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Mi primer post: Duro de matar, el Martin Fierro Yankee
Mi primer post: Duro de matar, el Martin Fierro Yankee
InfoporAnónimo7/24/2015

"El Martín Fierro de ellos" Por Juan Sklar Siguiendo la clasificación de Lugones, ‘Duro de matar’ es el poema épico que cristaliza la esencia del ser nacional estadounidense. En mayo de 1913, veinticinco años antes de suicidarse con una medida de cianuro y whisky, y diez años antes de arengar al fascismo cantando las alabanzas de “La hora de la espada”, Leopoldo Lugones dio una serie de conferencias llamadas El payador. Se presentó a sala llena en el Teatro Odeón frente al presidente Roque Sáenz Peña y todo su gabinete de ministros, con el objetivo de sostener la siguiente tesis: El gaucho Martín Fierro de José Hernández es el libro nacional de los argentinos, el poema épico que cristaliza la esencia del ser nacional. El gaucho es el héroe de nuestro pueblo, síntesis de los valores de la verdadera argentinidad. Las conferencias luego se publicaron en el diario La Nación y finalmente en forma de libro. Aunque podemos discutir al infinito el valor literario y la importancia del Martín Fierro, algo no se puede cuestionar: la operación crítica de Lugones tuvo un éxito rotundo y el poema de José Hernández se consagró, incluso para aquellos que nunca lo leyeron, como el libro nacional de los argentinos. En palabras de Oscar Terán: “La interpretación lugoniana de la identidad nacional se inscribió vigorosamente desde el poder en el amplio arco de la querella por la nacionalidad”. Lugones presenta siete características que una obra tiene que tener para poder ser considerada como el poema épico de una nación. La quinta es la que más me interesa. El poema épico, dice Lugones, tiene que ser popular. Si solo es leído por los eruditos, queda afuera de la discusión. Más de cien años después de las conferencias en el Odeón, ¿dónde están los poemas épicos nacionales? John McClane es un policía de Nueva York. Su esposa, Holly, trabaja para una corporación japonesa que le dio un ascenso y la transfirió a Los Ángeles. John se niega a acompañarla a la Costa Oeste, donde ella vive con los hijos de ambos. Su excusa es que tiene muchos ladrones que atrapar en Nueva York, pero la verdad es que no quiere subordinarse a los planes de su mujer. En vísperas de Navidad, viaja a Los Ángeles para pasar las fiestas con su familia. Quiere reconciliarse con Holly y convencerla de que vuelva. Pero cuando llega a las oficinas de la Nakatomi Trading Corporation se encuentra con que un comando terrorista tiene secuestrados a todos los presentes, incluyendo a Holly. Tiros, explosiones, piñas y un poco de ingenio, y al final John logra rescatar a los rehenes y arruinar los planes de los terroristas, que en realidad eran una banda de ladrones. El secuestro era solo una pantalla para engañar y utilizar al FBI mientras robaban la bóveda del Nakatomi Plaza. Estados Unidos es una nación fundada por la revuelta de las Trece Colonias (el territorio de la Costa Este que va desde Massachusetts hasta Georgia) contra la Corona Británica. La expansión territorial subsiguiente se da desde el Este hacia el Oeste (la llamada westward expansion), por la adquisición o conquista militar de territorios sobre los habitantes originarios u otras potencias, coloniales o americanas. Los territorios no organizados al oeste de la proclamation line pasaron todos por algún momento de caos legal y vacío de poder. En ese contexto nace el western. A grandes rasgos: un género de historias en la cual un cowboy viene a imponer, a los tiros, la ley y el orden. Después de derrotar al representante de la anomia en un duelo al atardecer, el cowboy logra instalar la paz. Duro de matar es un western en un contexto moderno y urbano. La ley de las Trece Colonias del este viaja a California a imponer su orden a los tiros. El enfrentamiento final, el duelo, entre John McClane y Hans, el líder de los outlaws, se da en un atardecer ficticio, producido por la luz naranja del fuego, donde gana el que saca su arma más rápido. El film termina con miles de hojas de papel cayendo desde el cielo mientras se escucha a Vaughn Monroe cantar “Let It Snow”. Nunca nieva en California. Los falsos copos cayendo desde el Nakatomi Plaza anuncian que John McClane ha llevado al oeste la Navidad de las Trece Colonias. Sin embargo, en Duro de matar no hay outlaws ni indios a los que ajusticiar. Hay europeos. Los antagonistas son más que nada europeos, a juzgar por las etiquetas de su ropa y sus cigarrillos. Son educados, políglotas y bien vestidos. John apenas habla inglés y no sabe nada más que lo que le enseñó la cultura popular de su país. El cowboy, entonces, se enfrenta a otro enemigo: el desprecio del europeo educado hacia la cultura de masas norteamericana. Este duelo se materializa en las charlas entre John McClane y Hans Gruber. Gruber: (…) ¿Quién sos? ¿Solo otro norteamericano que vio demasiadas películas de chico? ¿Otro huérano de una cultura en bancarrota que se cree John Wayne? ¿Rambo? ¿Marshal Dillon? McClane: Siempre me gustó Roy Rogers, la verdad. (…) Gruber: ¿En serio creés que tenés una oportunidad contra nosotros, Míster Cowboy? Después de lo cual, John dice, por primera vez en toda la serie, la frase cowboy que lo caracteriza: McClane: Yippee-ki-yay, motherfucker. Minutos más tarde, John asume abiertamente su identidad cowboy. En un descanso del enfrentamiento, habla por handy con Al, el policía de Los Ángeles con miedo a disparar. Al: Bueno, ¿cómo debería llamarte? McClane: Llamame… Roy. Así McClane se identifica con una de las estrellas de radio, cine y televisión western más populares de la historia de los Estados Unidos. Para reforzar el carácter europeo del antagonista de Duro de matar, el director John McTiernan elige acompañar cada una de sus apariciones con alguna versión del cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven: el himno de la Unión Europea. Duro de matar se estrenó en 1988: según datos del Banco Mundial, el PBI japonés era de 3.015 mil millones de dólares y venía creciendo ininterrumpidamente desde los años de postguerra (146 mil millones en 1968). Ese crecimiento empezaba a hacerle sombra a los Estados Unidos: Japón pasó de producir diez a cuarenta centavos por cada dólar norteamericano (de 1950 a 1988), y su PBI pasó de ser el 3% al 8% de la economía global. En menos de cuarenta años, Japón había ido de la ruina absoluta a ser la segunda economía del mundo. Nada de lo cual podría haberse logrado sin la asistencia financiera y comercial de Estados Unidos, cuyo interés era detener el avance comunista en la cuenca del Pacífico. Si el todo es representado por la parte, y en Duro de matar la Nakatomi Trading Corporation es Japón, el film es claro: la riqueza nipona sigue dependiendo de Estados Unidos para su protección y seguridad. Duro de matar viene a sanar el ego herido del cowboy y a recordarle a Japón que nadie tiene poder real, salvo quien porta las armas. “Debido al legado de codicia alrededor del globo de la Nakatomi Corporation, están a punto de recibir una lección en el uso real del poder”, dice Hans Gruber cuando irrumpe en la oficinas del Nakatomi Plaza, sabiendo que es más fuerte que los japonenes, pero ignorando que John McClane está en el edificio. Frente a los ladrones europeos, el cowboy no solo se muestra fuerte, sino también rico. Lo que vienen a robar de la bóveda japonesa son bonos al portador emitidos por el Tesoro Norteamericano. Están en manos japonesas, es verdad, pero en el fondo le pertenecen al cowboy. El presidente de la Nakatomi Trading es Mr. Takagi. Joseph Yoshinobu Takagi, nacido en Kyoto en 1937, llegado a California en 1939 e internado en Manzanar entre 1942 y 1943. Célebremente ignorado por la filmografía norteamericana, Manzanar es uno de los diez campos de concentración que los Estados Unidos organizó durante la Segunda Guerra Mundial para encarcelar a más de 120.000 ciudadanos norteamericanos de ascendencia japonesa. Dos bombas nucleares, diez campos de concentración, un país obligado durante años a no tener fuerzas armadas. No hay suficientes Suzukis, ni Toyotas, ni Yamahas, ni Hondas que den vuelta la tortilla del poder real. Duro de matar es la historia de cómo la ley de las Trece Colonias viaja al oeste para poner orden y detener a los ladrones europeos, que vienen a robar el oro cowboy, temporariamente en manos de los ricos pero débiles japoneses. Así, el film retoma dos de los relatos épicos más significativos de la narrativa norteamericana: el western, triunfo de la ley sobre el caos, y la Segunda Guerra, el triunfo de la libertad sobre el fascismo. Duro de matar combina ambos relatos para levantar su pancarta nacionalista: la riqueza que parecen disputarse europeos y japoneses siempre fue estadounidense, y en última instancia, todo se dirime en el conflicto físico. Ahí no hay discusión, el cowboy manda. La lectura metafórica de Duro de matar demuestra que el film cumple con el segundo requisito que Leopoldo Lugones le exige a una obra para consagrarla como el poema épico de una nación: ser inevitablemente nacional. Todos los poemas épicos narran la aventura de un héroe que lucha por la justicia y la libertad (esta es la primera característica de Lugones) pero los poemas nacionales le cantan a la justicia y la libertad de un pueblo determinado. Duro de matar levanta la bandera de una justicia y una libertad yanqui, para yanquis, en términos yanquis. De eso no hay ninguna duda. Las siete características del poema épico nacional las extrae Lugones de aquellos ejemplos incuestionables como La chanson de Roland para la nacionalidad francesa, o la Eneida para la estirpe romana. En El payador propone el siguiente argumento: si el Martín Fierro cumple con todas estas características entonces podrá erigirse como poema épico de la nación argentina. La tercera característica dice que el poema nacional debe tener inspiración religiosa, que debe cantar la búsqueda de lo sagrado. Más allá de que la esposa de McClane se llame Holly (literalmente, Sagrada), lo que es indiscutible es que lo verdaderamente sagrado para la cosmovisión norteamericana es lo material. El dinero, los bearer bonds del Tesoro que McClane ayuda a proteger, constituyen el arca sagrada de los Estados Unidos. ¿Qué más podrían llevarse los europeos que realmente hiera los sentimientos del pueblo norteamericano? El cuarto punto dice que el poema deber cristalizar lo bueno, lo bello y lo verdadero para una cultura determinada. Es decir, debe fomentar los sentimientos nobles para la moral de esa nación, debe tener un encanto eminentemente nacional y debe sostener un verosímil que se adecúe a esa cultura en particular. Duro de matar cumple todas estas características sin discusión. Valores yanquis y encanto yanqui en una forma sensible (el cine de acción) profundamente yanqui. Una puesta yanqui, actuaciones yanquis y final yanqui. El quinto punto, antes mencionado, es que debe ser popular. Duro de matar recaudó, solo en Estados Unidos, 83 millones de dólares (quedó tercera en 1988 dentro de las películas calificadas R solo después de la ganadora del Oscar Rain Man y de la comedia con Eddie Murphy Un príncipe en Nueva York). No existen cifras para las ventas de VHS, de DVD ni de servicios de streaming, pero la serie entera de cinco películas ya recaudó en el mundo, solo en entradas de cine y ajustando por inflación, más de 2 mil millones de dólares. Sexto punto: el acto heroico es logrado por un héroe “fuera de sí”. Un policía de Nueva York contra quince terroristas con ametralladoras. Él empieza descalzo y con solo una pistola. Termina matando a todos. Fin del argumento. Séptimo punto: el poema épico se ve elevado por el humor. Lugones aplica acá la máxima latina, ridendo corrigo mores. Hacer reír modifica las costumbres. El humor es “un don de los dioses homéricos”. John McClane no es solo un demente armado. También hace chistes. Baste como prueba el modo en que decide comunicarle a sus adversarios que él también está en la lucha: manda el cadáver de un terrorista con una inscripción en su ropa que dice “jo, jo, jo, ahora tengo una metralleta”. No intento cuestionar al Martín Fierro como poema épico de la nacionalidad argentina. Solo digo que si aceptamos la argumentación de Lugones, también deberíamos aceptar que Duro de matar es el poema épico de la nacionalidad norteamericana en su versión audiovisual y moderna. Lugones escribe en un mundo sin películas. El lugar que él le da a la poesía hoy lo ocupa la cinematografía. El cine es el arte más poderoso de nuestra época y si existe la posibilidad de una épica nacional, está en sus manos. Al mismo tiempo, quiero llamar la atención sobre ciertos elementos metafóricos que en el cine de acción suelen pasarse por alto. Es muy fácil identificar tesis políticas en una película sobre la guerra de Malvinas, o sobre la última dictadura militar. Es fácil también subestimar el impacto del cine popular sobre el inconsciente del espectador. ¿Qué siente un niño de Ohio sobre su país y su cultura cuando ve Duro de matar? ¿Qué tipo de cine es más poderoso para comunicar una idea? No cualquier tipo de espectador puede articular las tesis subyacentes en Duro de matar, pero todos los espectadores se llevan en la piel la sensación de que los europeos son ladrones educados y los japoneses empresarios indefensos, que el verdadero dinero es de los Estados Unidos y que un héroe popular, el cowboy, es el único capaz de defenderlo. Duro de matar es políticamente poderosa porque aunque parece mero entretenimiento, no lo es. Afecta los cuerpos como lo hacen los poemas, en silencio.

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