Jonastock
Usuario (Argentina)

Una bomba de racimo es una bomba de caída libre, o dirigida, lanzada desde el aire o desde la superficie, que al alcanzar una altura concreta, medida por un altímetro, se abre dejando caer CIENTOS! de sub-municiones o bombetas de diversos tipos, de alto poder explosivo, antipista, antipersona, perforantes, incendiarias, etc. Este tipo de municiones se encuentran en los arsenales de la mayoría de los ejércitos. Algunos gobiernos y organizaciones civiles, como Greenpeace, concertaron en mayo de 2008 un acuerdo donde se prohíbe el uso de bombas de racimo, realizado en Dublín por más de cien países, esperando lograr deponer la tendencia de países no firmantes, como Estados Unidos, para respetar la prohibición de esas terribles armas explosivas La «Convención sobre las bombas con submuniciones», dispone que cada Estado firmante «se comprometa a nunca emplear estas armas, bajo ninguna circunstancia». Debido a su amplitud y al gran número de sub-municiones, hasta 300, esta arma es usada para atacar a objetivos militares dispersos, como concentraciones de tropas, columnas de blindados, o para negar el uso de una zona o instalaciones como el caso de aeródromos. Pero también debido a estas características, a menudo hiere y mata a civiles, especialmente cuando es usada en zonas urbanas. --- Bush goza con las bombas de racimo --- Joaquín Rivery Tur. Agencia Cubana de Noticias "¿Por qué no puede ser? Nadie en el mundo hace el esfuerzo de Estados Unidos por construirlas y soltarlas sobre algún país". Ese podría ser el razonamiento de George W. Bush al oponerse de forma tajante a la prohibición de las bombas de racimo o cluster en cualquier campo de batalla. Bush hubiese disfrutado con los relatos trágicos sobre My Lai y habría rabiado por los ataques que expulsaron a los norteamericanos de Vietnam. No tiene nada de extraño que su mente disfrute el efecto de las bombas de racimo, así como debe haber reído por la destrucción causada en el mismo Iraq por los artefactos denominados "cortamargaritas", pues al estallar su combinación explosiva y consumir el oxigeno no dejan ni el pasto sobre la tierra. Él piensa realmente así: "No, no nos pueden prohibir que usemos las bombas de racimo. Pobre del que caiga a su alcance. Y lo mejor viene después, cuando los pequeños creen que la granada sin estallar es un juguete o un refresco y se ponen a manipularla. Un terrorista menos para el futuro". Sus 20 años de alcohólico quizás hacen que todavía su mente esté bajo efectos etílicos torcidos. En Irlanda 111 naciones acaban de aprobar un tratado para prohibir las bombas de racimo por crueles y por constituir una amenaza para la población civil, tanto cuando la lanzan como más tarde, cuando las granadas quedan sin estallar en el suelo. Pero la Casa Blanca y los consorcios productores no pueden admitir que un papelito les prive de las ganancias de mortíferos artefactos como esos. Ya Estados Unidos empleó ese tipo de muerte para lanzarlo sobre Yugoslavia, Afganistán e Iraq. Sobre ese último país, entre Washington y Londres se calcula arrojaron más de un millón. Además, el documento aprobado en Irlanda incluye asistencia a las víctimas de esos engendros. "Yo no atiendo ni a mis veteranos de Iraq", piensa Bush. ¿Sabe usted qué es una bomba de racimo? Se trata de un contenedor que a determinada altura del suelo se abre y dispara cientos de bombas mucho más pequeñas de alto poder explosivo. En teoría, las bombas menores o submuniciones estallan cuando chocan contra el suelo, pero esto no siempre es así. Generalmente, según denuncio la organización Greenpeace, grandes cantidades quedan en tierra sin explotar, y dispuestas a hacerlo cuando una persona o un vehículo las pisa o camina cerca de ellas. Un 98% de sus víctimas son civiles, la mayoría niños, ya que debido a sus colores brillantes y llamativos creen que son juguetes y las toman para jugar. Realmente no hay de qué asombrarse de que Bush y su equipo no quieran firmar un tratado que prohíba las bombas de racimo, que tanto daño hacen a los infantes. En 1989 la ONU aprobó la Convención de los Derechos del Niño y Washington no ha querido firmarla aún. Adiós a las bombas de Racimo el 4 de diciembre de 2008. Más de cien países firmaron en Oslo el Tratado contra las bombas de racimo, un tipo de munición que se ha cobrado más de 100.000 vidas en todo el mundo. La firma de este acuerdo puede ser considerado un acontecimiento histórico, ya que supone uno de los pasos más importantes que ha dado la comunidad internacional en materia humanitaria y de desarme a lo largo de la última década. bomba de dispersióEspaña, por su parte, ha hecho sus deberes, a pesar de que al Gobierno, inicialmente, le costó decidir si era conveniente para los intereses españoles prohibir todas las variantes de estas bombas. Cabe decir que sus representantes diplomáticos defendieron con uñas y dientes la exclusión del Tratado de un tipo de bomba de racimo cuyas características técnicas y virtudes tecnológicas coinciden con la MAT-120, fabricada por una empresa de Zaragoza. Afortunadamente, distintos factores dieron el impulso definitivo para que el Gobierno decidiera sumarse a la pohibición de esta munición. La presión de la sociedad civil y el apoyo que, a última hora, dio Gordon Brown durante la Conferencia de Dublín –en la que se aprobó el texto que se firmará hoy en la capital noruega–, hicieron que el Gobierno español abandonara sus patrióticas pretensiones de salvar alguna de las bombas de racimo nacionales y se decidiera a apoyar el tratado en su totalidad. También hay que felicitar, sin que sirva de precedente, a la ministra de Defensa. Carme Chacón ha sabido aprovechar la oportunidad que este tratado le brindaba para asumir con valentía y decisión su aplicación, incluso antes de su entrada en vigor. Fue realmente positivo que el 11 de julio se aprobara en el Consejo de Ministros una moratoria unilateral para prohibir las bombas de racimo en España. Además, parece que esta disposición no cayó en saco roto, sino que ha seguido su curso. De hecho, con motivo de la firma del Tratado de Oslo, Chacón ha declarado que a mediados de 2009 habremos destruido las más de 5.000 bombas de racimo que hay en los arsenales militares españoles. No obstante, es necesario estar vigilantes con el uso de estos explosivos en operaciones militares conjuntas con otras fuerzas armadas de Estados que no hayan ratificado el tratado. Este es el caso de Estados Unidos. De hecho, es muy probable que militares españoles realicen maniobras conjuntas con tropas norteamericanas en alguno de los conflictos en los que actúan los miembros de la OTAN. Permitir el uso de este tipo de munición que –está comprobado– produce daños inaceptables sobre la población civil es inconcebible. Respecto a la producción de estas bombas, he de mencionar que, en España, las dos empresas que las fabricaban han afrontado de manera muy distinta su prohibición. Expal, que producía la Antipista BME-330, se encargará de aprovechar los 4 millones de euros que el ministerio destinará a su destrucción. Por tanto, Expal ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos, tal y como hizo con las minas antipersona, que primero fabricaba y después desactivaba, aprovechándose del negocio de la guerra hasta el límite. Por su parte, Instalaza, que no puede participar del negocio de la destrucción de las bombas de racimo por no poder hacer frente a la inversión que supondría disponer de la tecnología necesaria para ello, podría enfrentarse a un reto mucho más interesante y humanitario: el de su reconversión en una empresa civil y, por tanto, útil para la sociedad y para la construcción de un mundo en paz. Sin lugar a dudas, toda la experiencia y tecnología desarrollada en la fabricación de bombas de racimo y granadas de mano podría aplicarse a la fabricación de productos que no sirvan para hacer la guerra. Todo es cuestión de imaginación, o de I+D+I, si hablamos en términos empresariales. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, y menos cuando hablamos del gasto militar y del comercio de armas. Aun cuando este año se verá reducida la partida presupuestaria referida a fines militares, observamos que tal reducción, no es de un 3%, como afirma el ministerio de Economía, sino de un 1,61%. Todavía el 5,11% de los Presupuestos Generales del Estado, el 1,64% del PIB español, se destina a estos supuestos. Estos datos son todavía más relevantes cuando somos conscientes de que el gasto militar es cada día superior a 50 millones de euros. E incluso es más preocupante cuando somos conscientes de que, anualmente, cada español está pagando 408 euros para estos menesteres mientras que hay pensiones –con las que malviven demasiadas personas en este país– de poco más de 400 euros mensuales. En definitiva, felicitamos al Gobierno español por la eliminación de una de las bombas que mayor impacto tiene en la población civil, pero no olvidemos que España ha de continuar aunando esfuerzos por la promoción de la paz. Tengamos simplemente en cuenta que España participa en la guerra de Afganistán, una guerra que no está en el marco de actuación de Naciones Unidas, sino de la OTAN y de Estados Unidos. Además, en lo que se refiere al comercio de armas, nuestro país ocupa este año el octavo puesto en el ranking de exportadores de armas. Con o sin bombas de racimo, el gasto militar en el mundo es desmesurado (más de un billón de euros anuales), y también lo es en España (cerca de 19.000 millones de euros planificados para 2009). Las necesidades de las personas son otras, y más en tiempos de crisis. Jordi Calvo Rufanges es Responsable de campañas del Centre d’Estudis per a la Pau JM Delas (Justícia i Pau) Más de 400 millones de personas, amenazadas por las submuniciones sin explotar. La organización Handicap International ha denunciado que 400 millones de personas están amenazadas por millones de submuniciones procedentes de las bombas de racimo que no explotaron cuando fueron lanzadas en algún conflicto. La organización ha presentado en Ginebra el informe "Círculo de impacto: la marca fatal de las bombas de racimo en las personas y sus comunidades". En él se revela que hasta el momento se han utilizado en todo el mundo 360 millones de esas bombas, que pueden liberar hasta 300 submuniciones. Entre el 5 y el 30% (entre 22 y 132 millones) no llegan a explotar, por lo que se convierten en un grave peligro para la población. El informe analiza el impacto socioeconómico en los 25 países y regiones en los que se han usado y que, oficialmente, ha causado 13.306 muertes aunque podrían llegar hasta las 100.000 a causa de la falta de información. CUIDEMOS EL MUNDO, Tenemos uno solo y lo compartimos!