JoaquiinEscobar
Usuario (Argentina)
Julio Victorio de Rissio, mejor conocido como el doctor Tangalanga, fallecio a los 97 años el 26 de diciembre de 2013 Doctor Tangalanga, el humorista que se dedicaba a las bromas telefónicas, un pasatiempo de chicos que logró convertir en su metier artístico a fuerza de ingenio y repentismo, murió ayer a los 97 años en el sanatorio Otamendi, como consecuencia de diversos problemas de salud, según informaron voceros de ese centro. Su nombre verdadero era Julio Victorio De Rissio y había nacido en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1916. Su carrera como humorista comenzó accidentalmente en 1964, cuando comenzó a grabar sus bromas telefónicas para divertir a un amigo enfermo. Luego de la muerte de su amigo, en 1965, dejó de hacer llamadas, pero en 1980, cuando debió pasar largas horas en cama, convaleciente de una hepatitis, retomó su hobby a instancias de sus amigos, que lo convencieron para que volviera a discar números al azar para hablar con desconocidos como forma de entretenimiento. Los casetes grabados con esas conversaciones se fueron pasando de mano en mano, ampliando así la cantidad de seguidores. A partir de 1989, sus grabaciones se empezaron a comercializar y, desde entonces hasta hoy se vendieron más de 250.000 copias. A través de este sistema de boca en boca su fama trascendió las fronteras del país y llegó a ser conocido en Chile, México, Uruguay e incluso los Estados Unidos. La identidad de ese individuo al que nadie había visto era un misterio bien guardado hasta que alguna nota periodística -cuya foto escamoteaba sus facciones- y la convocatoria de Jorge Guinzburg para que actuara en Peor es nada , en 1994, dieron algún indicio. En TV, Tangalanga apareció como un señor mayor, bastante atildado, aunque sus rasgos estaban ocultos por un bigote y una barba postiza, además de una gorra con visera, elementos que nunca abandonó en público. Ese programa fue el espaldarazo para su fama, que se extendió al ciclo de Susana Giménez y a su única incursión cinematográfica, el largo de animación argentino El sol (2009), de Ayar Blasco, visto en el Malba, donde su voz se escuchaba junto a las de otros actores. Su humor fue muy bien recibido en el mundo del rock y consiguió grandes amigos y seguidores entre los músicos, entre los que se puede nombrar a Luis Alberto Spinetta, Ricardo Mollo, Diego Arnedo y David Lebón. En 2006, se celebró su cumpleaños número 90 en La Trastienda, donde los tres primeros subieron al escenario a rendirle homenaje. Sus llamadas solían seguir estructuras inalterables: en unos casos, llamar a una empresa para consultar sobre un producto o servicio, primero amablemente y al rato lanzar un insulto al interlocutor, creando un intercambio de exabruptos. En otros, era un reclamo ficticio y ridículo en nombre de un pariente o amigo que vive en otra ciudad. Invariablemente, para confundir a su interlocutor, Tangalanga solía dar nombres falsos que se prestaban al doble sentido, números de teléfono imposibles y direcciones inexistentes como "Cochabamba 1614, segundo piso, corredor cuatro, fila 17, del lado de la sombra". A mediados de 2007, tras sufrir varios problemas en las piernas y haberse sometido a varias cirugías, anunció su retiro y al mismo tiempo lanzó Te sobra un número , su trabajo discográfico número 37. A fines de ese año, su salud mejoró notablemente y lanzó su siguiente grabación, Me puedo tomar confianza. En 2011 presentaría su último álbum: Dr. Tangalanga:Tejemanejes. Había nacido el 10 de noviembre de 1916 y fue una de las figuras públicas cuya muerte se anunció repetidas veces, rigurosamente desmentidas por el propio interesado, aunque en esta ocasión los entuertos telefónicos parecen haber cesado para siempre. Tangalanga falleció hoy a los 97 años en el Sanatorio Otamendi, donde había sido internado ayer como consecuencia de diversos problemas de salud, informaron voceros de ese centro médico. Sus bromas pesadas comenzaron a ser conocidas a fines de la década del `80, a través de casetes grabados que circulaban de mano en mano, aunque según sus recuerdos su actividad había comenzado en los `60, cuando decidió divertir a su amigo Sixto, que convalecía de una operación. El método era simple: llamaba por teléfono a un número dado y tomaba "de punto" a sus interlocutores, que poco a poco iban entrando en cólera hasta estallar en toda clase de epítetos soeces que Tangalanga sabía contestar con una calma admirable, que provocaba la hilaridad del escucha. Por lo general, sus víctimas eran pequeños comerciantes, dueños de gimnasios, fábricas de pastas, farmacéuticos, masajistas, a los que reclamaba con amabilidad por algún servicio fallido, aunque en algún momento colocaba un término fuerte que conducía la conversación al caos y al absurdo Tenía algunas rutinas que divertían a sus admiradores, como referir a un sobrino suyo o a un tío de Bahía Blanca como damnificados en alguna transacción y desafiar al interlocutor a una pelea a golpes de puño en alguna dirección precisa. Muchas veces ponía en duda la catadura moral del que estaba del otro lado del aparato y deslizaba acusaciones como que en alguna cancha de papi fútbol los chicos eran "acariciados" por los responsables del lugar, lo que enardecía más al antagonista. Se identificaba con diversos nombres y cuando debía revelar su número telefónico comenzaba con dígitos normales para luego pasar al disparate agregando números infinitos e incluso restas y divisiones. La identidad de ese individuo al que nadie había visto el rostro era un misterio bien guardado, hasta que alguna nota periodística -cuya foto escamoteaba sus facciones- y la convocatoria de Jorge Guinzburg para que actuara en "Peor es nada", en 1994, dieron algún indicio. En TV, Tangalanga apareció como un señor mayor, bastante atildado aunque sus rasgos estaban ocultos por un bigote y una barba postiza, además de un gorro con visera, elementos que nunca abandonó en su actividad pública.