JhoonCL
Usuario (Colombia)
Taringueros sigo aportando más aunque el tema sea genere controversia. Todo lo que está escrito a continuación está basado en los estudios que he realizado. CUALQUIER COMENTARIO OFENSIVO O QUE GENERE FOROBARDO SERÁ ELIMINADO Como todos sabemos, todas las drogas en el sistema nerviosos actúan alterando la comunicación del cerebro. El buen funcionamiento del cerebro se basa en diálogo incesante entre nuestras cien mil millones de células nerviosas, conocidas como neuronas. Para hacer que dicha información circule las neuronas envían mensajeros químicos a los que llamamos neurotransmisores, ya sea dolor, placer o el ritmo de los intercambios de información, los neurotransmisores regulan un equilibrio sutil y complejo del que depende el conjunto de funciones de nuestro organismo. Entre cada neurona hay un pequeño espacio donde se desarrolla una intensa actividad, es aquí en la sinapsis donde actúa los neurotransmisores que se ajustan en los receptores que le corresponden para hacer que circule información de una neurona a otra. Hacia a principios de los años 90, algunos investigadores se percataron que la cannabis se ajusta a algunos de estos receptores, esto quiere decir que nuestro cerebro fabrica moléculas semejantes a la cannabis, estas moléculas y sus receptores el conocido sistema cannabinoide endógeno, nombre dado por el especialista farmacólogo Rafael Maldonado. Todo esto quiere decir que nuestro organismo está preparado para recibir los cannabinoides, hay que saber que si nuestro organismo tiene receptores de proteínas específicas para fijar los cannabinoides no es para sentir los efectos de la marihuana o el hachís, sino porque tenemos un sistema cannabinoide endógeno. Y para tener una idea de la importancia de este sistema primero debemos remarcar que la cantidad de receptores cannabinoides es mucho más importante que la cantidad de receptores de cualquier otro neurotransmisor clásico. En algunas zonas del cerebro, esta cantidad es mayor 5 veces y hasta 12 veces mayor a la de los receptores para los neurotransmisores fundamentales como la dopamina. En el cerebro el sistema cannabinoide actúa sobretodo en el cerebelo, que se encarga la coordinación de movimientos; el tallo cerebral, que regula las funciones vitales; el cuerpo estriado, el hipocampo y la amígdala, encargados de los movimientos reflejos de la memoria y la ansiedad. Una vez ubicados estos receptores, los científicos emprendieron una investigación de estas moléculas semejante a la cannabis que produce nuestro organismo. En 1992, lograron hallar la primera molécula cannabinoide, la anandamida, su nombre proviene de la palabra ananda que significa felicidad en sánscrito; cuatro años después, los científicos piensan que tal vez se puedan hallar diez en total. Estas investigaciones resultaron tarde todo porque los científicos no tenía una imagen clara, ya que sólo buscaban neurotransmisores clásicos, a los que los cannabinoides no se parecen en absoluto. Como ejemplo veamos la dopamina, un neurotransmisor que espera que le pidan que actúe en la primera neurona, entonces es liberado en la sinapsis y se fijará en los receptores de la neurona siguiente. Los cannabinoides no existen como tales, cuando el cerebro los necesita estos se auto-fabrican utilizando las grasas de las neuronas. Luego, se pasean en la sinapsis y pueden estimular sus receptores en cualquier neurona. Hace mucho tiempo, se viene estudiando el efecto activo de la molécula de la cannabis, el delta 9 tetrahidrocannabinol (THC), y según farmacólogos franceses, el cerebro fabrica moléculas que son vecinas de las drogas, y la diferencia que podemos hallar entre la droga externa e interna, es la cantidad del producto que se toma con el tetrahidrocannabinol o el opio, no tiene ninguna medida en común con el que se libera en el cerebro. La segunda diferencia es la ubicación, es decir, en el cerebro la molécula se libera en un lugar muy preciso al nivel de la sinapsis y al nivel de una zona que tiene una dimensión pequeña; así que cuando se consume el producto, el efecto surge en todas las zonas del cerebro de forma estimulante. El único efecto de la marihuana en el cerebro es que induce a la activación del sistema cannabinoide endógeno, de modo de que todas las respuestas que este sistema controla serán activadas. Por eso que al momento de que es consumida la marihuana, algunas personas se tornan eufóricas, algunos dolores y angustias se disipan, la sensibilidad a los colores y a los sonidos se agudiza, la memoria de los acontecimientos recientes se aminora, los movimientos se tornan lentos y el apetito se estimula, efectos cuya intensidad no se compara con los de la cocaína o el de la heroína, y que le concede el calificativo a la cannabis de droga suave. Con el cannabis no hay un efecto físico grave, lo que hace que muchos digan que no es tan grave. Existe un efecto psicotrópico que tampoco es dramático, así que puede haber defensores y atacantes de la cannabis. La marihuana posee algo en común con las demás drogas, provoca en el cerebro la elevación de la dopamina, un neurotransmisor que está involucrado con la sensación del placer. Al parecer, la perspectiva de tomar drogas cannabinoides estimula las células que secretan dopamina, las terminales que llegan al núcleo accumbens ocasiona que se libere la dopamina. Esto es importante, ya que el núcleo accumbens es una región del cerebro que participa en la canalización de nuestro deseo de comer o de consumir drogas. La estimulación de dopamina en esa área, la activación de los receptores de dopamina podría estimular el deseo a la droga. El farmacólogo Rafael Maldonado, en sus laboratorio probó las propiedades de refuerzo en los ratones, y con esto claramente se puede saber si a estos roedores le gusta la cannabis y si puede crear dependencia. El estudio fue hecho en cuatro ratones separados uno del otro, y se basa en un compartimiento que consta de dos zonas, una negra y una blanca, en el primer día dejan que los ratones exploren toda la zona y se nota que no tienen preferencia por alguno de los dos. Si la droga a sido reforzante, el ratón pasará mayor tiempo en la zona negra; cuando les inyectan el cannabis a los roedores, estos pasan mayor tiempo en el compartimiento negro, esto quiere decir que les gusta. Pero para medir el nivel de dependencia en los humanos, los médicos e investigadores se remiten al manual de dependencia para diagnosticar los problemas mentales, el DSM-IV. El sistema de DSM-IV, permitirá definir criterios para saber si la persona tiene un proceso de ansiedad de depresión, de esquizofrenia, o de alguna dependencia. Si estos criterios se usan de una manera estricta, se puede decir que el cannabis sí tiene los criterios para inducir a la dependencia, pero si podemos analizar si la cannabis crea una dependencia física está claro que el consumo induce a una dependencia física en el sentido en el que dejar de consumirla no conlleva un problema físico importante, por lo tanto no crea dependencia física; pero sí puede a inducir a un consumo abusivo y a una pérdida de control de consumo. Sólo los fumadores crónicos poseen de problemas síquicos cuando dejan de fumar cannabis, estas señales se deben a las modificaciones de los receptores cannabinoides, modificaciones que son reversibles. Si una persona a fumado marihuana en dosis grandes durante varios años y deja de consumirla de a golpe, durante varias semanas y meses de haberla dejado, esta persona sufrirá de depresión, ansiedad, falta de apetito e irritabilidad. Un estudio demuestra que si a estas personas se le da un poco de THC, sólo un poco del principio activo, no de la droga, se elimina casi todos los síntomas. Esto indica que el cuerpo se ha adaptado a este alto nivel de marihuana al restringir su propio sistema y ahora necesita mantenerse en ese nivel. Los adolescentes tienden a parecer adultos en muchos sentidos. Tienen la estatura de un adulto, con frecuencia se dejan barba, tienen un compartimiento sexual, tienen todo lo que tiene un adulto pero hay una cosa que los adultos pierden que es la enorme curiosidad, la gran apertura a las cosas, el interés por todo. La razón de esto es que los sistemas cerebrales, como el sistema de dopamina, involucrados en el sistema de búsqueda de comportamiento investigativo de la curiosidad, se desarrollan alrededor de esa edad. De modo que si se activan esos sistemas de una forma poco adecuada cuando están en desarrollo el tipo de problemas que genera más adelante es considerable. Evidentemente, quienes consumen cannabis en principio son los jóvenes que están en una situación de adolescentes y que por lo tanto se presentan ante una modificación de definir su personalidad en función de su medio y la cannabis, cuando la fuman, les permitirá el tiempo que actúe tomar cierta distancia en relación a esa molestia que consiste en adaptarse a un medio y a definir su personalidad. Puede ser una ventaja si el consumo es moderado, ya que permite “descansar”, pero si se consume de manera regular esta confrontación obligatoria para convertirse en adulto es ahuyentada, incluso deformada por el cannabis. Hay un momento en el que los jóvenes toman decisiones que forjarán su futuro. Quienes se vuelven dependiente de la marihuana, dependen de un escape que hace que lo irreal parezca hermoso y la realidad innecesaria. El límite para un adolescente, sería a partir del momento que el joven empieza a fumar en la mañana, ya que es un momento donde la persona se va a enfrentar a diversos acontecimientos. A partir de ese momento, se puede decir que hay un peligro y habría que colocar atención. La mejor forma es hablándoles a los hijos, pero si le dice que la marihuana lo convertirá en dependiente y que esto le llevará a consumir heroína u otra droga, esto es totalmente falso. Y si establecemos con el público en general para convencerlos de no fumar no sólo lo dejarán de hacer sino que tendrá un efecto paradójico. En altas dosis la cannabis puede causar una dependencia sicológica mas no una dependencia física, entonces ¿cómo hacer prevención de una droga cuyos efectos no son graves según los científicos?, está bien que se consuma el cannabis, sin embargo, hay que realizarlo con prudencia y que hay que tomar en cuenta que hay un 50% de adolescentes que la toman mas no hay una 50% de adolescentes que tengan grandes problemas con la cannabis. La mejor manera es no mentirle al sujeto al cual nos dirigimos, y no creer en las políticas públicas, ni mucho menos explotar hechos científicos falsos. Al decir que sólo los adolescentes son los únicos que fuman, se exagera. A pesar de todo, es la realidad epidemiológica, es decir, hay un consumo que aumenta para algunos a los 13 o 14 años, que aumentará hasta los 18, 19 y 20 años, pero después de los 20 años hay una baja más rápida del consumo de cannabis. Es una prueba de que el cannabis en sí no es un producto muy adictivo porque vemos que se puede dejar sin dificultad alguna. Con frecuencia, a partir del momento en el que los adultos entran en una vida laboral relativamente regular dejan de consumir, o consumen de forma recreativa y sin importancia. Sin embargo, se ha acusado a esta droga suave de ser capaz de desatar un gran problema psiquiátrico, la esquizofrenia. Esta enfermedad se presenta justamente al final de la adolescencia o al principio de la edad adulta, se traduce en una pérdida del contacto con la realidad, una desintegración de la personalidad y alucinaciones. Sin embargo, en sujetos con cuadro de esquizofrenia y dependencia de la cannabis cuando estudian su historia cronológica, los médicos se dan cuenta que antes de la cannabis ya había algunos elementos que eran señales precoces que los psiquiatras han aprendido a reconocer, problemas psicóticos en la evolución del sujeto. La cannabis tiene un papel de amplificación de un fenómenos preexistente. Al parecer tomaron el papel al revés de la esquizofrenia y la cannabis, en efecto, los esquizofrénicos están expuestos a la toxicomanía, además de las dificultades con el alcohol y el tabaco, muchos consumen cannabis. Muchos de los esquizofrénicos consumen cannabis por razones bien estudiadas, como el hecho de que le permite reencontrar un sentimiento no de euforia sino de placer, ya que uno de los síntomas de la esquizofrenia es la pérdida de la capacidad de sentir placer, la cannabis le permite farmacológicamente; y como segunda instancia, en el proceso de buscar el producto de una sociabilización, ya que el aislamiento de el esquizofrénico es uno de los síntomas de la enfermedad. De modo de que una manera demasiada esquemática podemos imaginar que el uso de la cannabis en un esquizofrénico tiene efectos benéficos que lucha contra su enfermedad. Los esquizofrénicos de algún modo realizan una consumo terapéutico. Hay que darse cuenta de que existen sustancias que a muchas personas inducen a un consumo abusivo, pero por ejemplo hay sustancias aplicadas que pueden traer beneficios como los opioides, que pueden ser peligrosos en el uso recreativo pero desde el punto de vista médico podemos reconocer la utilidad de la morfina para tratar el dolor en ciertas condiciones, lo mismo sucede con los cannabinoides. El problema de la cannabis es que invade todo el cerebro y estimula todos los receptores sin ninguna discriminación, por lo tanto, no es la cannabis como tal lo que le interesa a los investigadores, ya que también existen receptores cannabinoides fuera del cerebro, en el sistema digestivo, en los órganos genitales, en los músculos pero también en las fibras nerviosas que regulan el dolor. Los investigadores buscan atacar directamente y de una manera muy enfocada a estos receptores e intervienen en el índice de endocannabinoides, por ejemplo, la anandamida. Daniele Piomelli desarrolló un medicamento contra el dolor que actúa en estos receptores a nivel local. Para probar su eficacia tuvo que ligar el nervio ciático de ratas de laboratorio, dicha rata sin recibir algún tratamiento y paralizada por el dolor casi no puede moverse. La rata tratada se comporta como si tuviese una salud perfecta, este tipo de cremas podría tratar diversos tipos de dolores que ningún medicamento lograr calmar en la actualidad. Otras de las condiciones importantes que se podría tratar con los cannabinoides es la ansiedad y la depresión. El trabajo en animales ha demostrado que si se bloquea la desactivación de la anandamida, el conducto que produce la anandamida sea destruida por las neuronas, y se aumentan los niveles de anandamida en vez de tener los mismos efectos cuando se activan los receptores cannabinoides, sólo se dan efectos muy selectos como un efecto profundo contra la ansiedad de los animales. Cuando la anandamida ha logrado su misión en la sinapsis vuelve a la neurona, entonces es eliminada por otras moléculas; si un medicamento impidiera esta destrucción, la anandamida podría actuar por mucho más tiempo. Esto no significa que se dé en los humanos de la misma manera, pero a partir de esta se pueden desarrollar nuevos compuestos que eviten la ansiedad en los humanos, aunque la creación de antidepresivos o ansiolíticos con base en el sistema cannabinoide sea fácil de realizarlo. Lo más sorprendente es el descubrimiento que algunas enfermedades que surgen en el humano podrían deberse a desordenes del sistema cannabinoide; en el cerebro, el hipotálamo participa en la regulación del apetito, los científicos han demostrado que los endocannabinoides podrían actuar en esta región, esta propiedad puede servir para curar la obesidad. Deformado durante mucho tiempo por argumentos puramente políticos, el debate sobre la cannabis no puede ocultar los hechos científicos. El trabajo de los laboratorios que es poco conocido por la mayoría de personas, podía cambiar nuestra visión sobre la cannabis. Los científicos realizan progresos sobre la comprensión de los efectos de la cannabis, su descripción de nuestra mecánica cerebral, abre nuevas perspectivas sobre futuros tratamientos.

Taringueros éste post no lo hago como apología a la marihuana, es sólo información para que nos demos cuenta cómo trabajo un campesino bajo el narcotráfico. CUALQUIER COMENTARIO QUE OFENDA O CON INTENCIÓN DE FOROBARDO SERÁ ELIMINADO Hace apenas unos meses, los californianos tuvieron un plebiscito para legalizar el consumo de la marihuana, el sí estuvo lejos de ganar, pero el tema es cada vez más recurrente y polémico en los Estados Unidos y en el resto del mundo, mientras tanto, los campesinos colombianos la cultivan y la venden en paquetes artesanales y les dan las semillas a sus gallinas. Este es un viaje al corazón de la principal zona de producción de cannabis en Colombia. Marihuana ciento por ciento campesina. No conocía el olor del cannabis silvestre hasta que una ráfaga de viento me trajo su aroma dulzón mezclado con el de la selva húmeda. La mata de marihuana en esta parte del país es más alta que los palos de café, y su fragancia, más intensa que la de cualquier otra planta. La brisa delata cada uno de los cultivos que hay al lado del camino. Vamos en tres motos, adelante, marcha el guía, un hombre blanco de 25 años, atrás el fotógrafo y en la cola de la caravana voy yo. Avanzamos a más de 60 kilómetros por hora a través de una trocha fangosa y serpenteante que se extiende desde El Palo, corregimiento de Caloto en el norte del Cauca, hasta Tacueyó. Después de media hora de recorrido abandonamos las motos en el alero de la única casa que se encuentra en esa parte del camino y nos internamos a pie por un lodazal sembrado de platanales, maíz, café y coca. Los tres caminamos en silencio mientras escuchamos el sonido cada vez más cercano de una quebrada. -Oigan muchachos -nos dice el guía- alístense que los voy a secuestrar. El día anterior, cuando aún conservábamos el frío bogotano y mientras nos tomábamos un tinto sentados en una acera de El Palo, un joven típico de la región -moreno, de baja estatura y con unos bigoticos menudos- nos dijo que arriba estaban esperándonos. La orden era perentoria. "Arriba" es el monte; "arriba" significa guerrilla. Como los guerrilleros son la ley en las montañas y toca obedecer, como dijo nuestro guía, abandonamos el tinto y nos subimos en dos motos AKT 125 que nos llevaron cuesta "arriba". El paisaje de la cordillera Central era un aliciente para la incertidumbre. Sus ondulaciones estaban bañadas con la última luz del atardecer, esa luz que se extiende como un manto dorado. El trayecto duró poco, unos veinte minutos. Estacionamos las motos en una casa que parecía haber sido desocupada especialmente para la reunión. El joven que nos alertó en El Palo se dirigió hacia la parte trasera de la casa y volvió a aparecer un instante después dándonos la señal de que siguiéramos. Bajo una enramada estaba un hombre grueso, vestido con una camiseta blanca y limpia y un bluyín. Sus ojos azules tenían esa mirada de quien ha perdido con las armas el sentido de la lástima y la compasión. No se presentó. No venía para ser entrevistado sino para interrogar. Después nos enteramos de que es jefe de milicia, un rango superior al de guerrillero raso. Nos preguntó quiénes éramos, por qué veníamos, le dijimos que éramos periodistas y que queríamos ir a los cultivos de marihuana y conocer la gente que la siembra. Después de cada una de nuestras respuestas nos miraba a los ojos para confirmar si estábamos diciendo la verdad. Después de varias preguntas, bajó la guardia. El interrogatorio se tornó en conversación. -Pobres campesinos -dijo-, ellos hacen lo que pueden. Nosotros no nos metemos con ellos ni ellos con nosotros. Luego de una pausa continuó: -A veces mediamos en las disputas, pero eso es porque el Estado dejó abandonada está región por mucho tiempo y nos tocó asumir la autoridad. El interrogatorio fue corto, quizá un cuarto de hora. El hombre se quedó en la silla esperando el momento de nuestra partida. Y ahora -24 horas después- nos iban a secuestrar. El guía soltó una carcajada cuando vio nuestras caras. Aquí -nos dijo- no entra cualquiera, es tierra indígena y campesina, pero los guerrilleros vigilan todo y no les gustan los extraños. -La gente tiene que obedecer. Ellos son los que representan la ley en las montañas. Continuamos la marcha por el lodazal, cruzamos la quebrada que oímos desde el inicio del camino y descubrimos, en medio de ese follaje espeso, dos mil plantas de marihuana tipo "corinto" o "corintiana" que alcanzaban los tres metros de altura. En Colombia crecen diversos tipos de cannabis, los más conocidos son: Santa Marta Golden, que se cultiva en los departamentos de Magdalena y Cesar desde la bonanza marimbera de los años setenta; y "corinto", que se produce en el Cauca. Se diferencian por el contenido de tetrahidrocannabinol -THC-, el compuesto psicoactivo que genera en los consumidores una sensación de placidez. Según Martín Sepúlveda, ingeniero químico de la Universidad Nacional, la marihuana que crece en el norte del país tiene un porcentaje de 1,0 a 1,5 de THC. Y la que se produce en el Cauca tiene 2,0%. En la jerarquía marihuanera, la Santa Marta Golden y la "corinto" ocupan el último eslabón por debajo de 80 variedades más existentes en el mundo y que son conocidas como "cripi". Estas variedades surgen de alteraciones en las semillas y solo crecen en invernaderos. Tienen mayor cantidad de THC, hasta 18%. Bajo los inmensos matorrales de hierba "corintiana" aparece la figura de Carmen, la dueña de la quebrada, de los platanales y, por supuesto, de la marihuana. Ella saluda con ese respeto propio de los indígenas, sin tutear, bajando los ojos ante una mirada desconocida y con una sonrisa tímida. Carmen tiene cuarenta y un años, es morena, de pelo negro y ojos oscuros e ingenuos que contrastan con sus manos gruesas y envejecidas. Hace tres años llegó un holandés a este mismo lugar. Al ver sus plantas se cogió la cabeza y literalmente perdió la cordura. Se botó encima de las plantas, corrió en medio de ellas y se restregó sus hojas en los brazos, en el rostro y en las piernas. Carmen se ríe al recordar a ese hombre que parecía haber encontrado el Edén en su propia finca. -Por poco y se embute las matas -recuerda. Imito al holandés -en una escala bastante inferior-, y arrancó una hoja verde y lanceolada que me restriego en la mano para conservar el perfume de esta hoja prohibida y tan famosa como los avisos de Coca-Cola. Solo en Estados Unidos se calcula que hay 28,5 millones de personas que consumen o que han consumido marihuana. La cifra global alcanza los 200 millones sin contar los que prefieren fumar callados. -¿Usted ha fumado marihuana? -le pregunto. La campesina suelta una risa inocente como la que suelta un niño al hablarle de cosas de adultos. En medio de esa risita contesta que "no", un "no" prolongado. Los indígenas y campesinos saben cómo se siembran las semillas, saben cómo se seca, prensa y vende, pero no saben cómo se arma un "bareto", y mucho menos conocen la sensación de una "traba". Los que fuman son los colonos. Carmen viste una falda blanca sin adornos y una camisa rosada sin estampados. No tiene aretes ni cadenas, el pelo lo lleva recogido con la licra de una media velada. Dice que no posee carro ni moto, que lo único lujoso es su televisor que ni siquiera es de pantalla plana y un marido que la trata bien. Carmen se vuelve a reír. Los maridos de esa parte del Cauca son fieles porque les toca. Así como la guerrilla soluciona problemas de plata entre los cultivadores y los "traquetos", también se involucra en líos de faldas, no porque sean conservadores, sino para evitar espectáculos de arañazos y jalones de pelo entre las mujeres engañadas, o riñas a machete entre los hombres. Luego de hablar de las bondades conyugales en esa zona, dice que si no fuera por la marihuana ya se habría ido con una pancarta de desplazada a Cali, y de paso correría el riesgo de perder a su marido. -Si voy a vender mi plátano me toca pagar un transporte que me vale 20.000 pesos hasta Santander de Quilichao (a dos horas de distancia), si logro vender cinco palos de plátano me dan 7.000 pesos, si no logro venderlos me toca botarlos. Con la marihuana vienen los compradores, pagan chan con chan (de contado) y se van sin preguntar nada. De cada planta se obtienen 350 gramos aproximadamente. Sumando las 2.000 plantas da un total de 700.000 gramos, que en libras significan 1.400, y en arrobas 56. En la región el precio actual por arroba es de 170.000 pesos. En un mes, cuando Carmen coseche, seque, desmoñe y venda, va a cobrar 9'520.000 pesos que son repartidos en partes iguales entre ella y su socio, otro campesino. El tiempo que demora la hierba en germinar, crecer y "enmoñar" o florecer es de seis meses. Los 4'760.000 pesos que le corresponden de la mitad de la venta, es todo el dinero que tiene mientras sale otra cosecha: aproximadamente 793.000 pesos mensuales. Para iniciar un nuevo cultivo tiene que devastar toda la tierra, comprar una libra de semilla que cuesta 10.000 pesos, e invertir un millón de pesos en insumos y en el sueldo de tres trabajadores que le ayudan a desprender los moños después de que las hojas ya están secas. Cada uno cobra 20.000 pesos por jornada de 12 horas y trabajan durante una semana. Después de abandonar la plantación de Carmen, reiniciamos la marcha para ir a Tacueyó, municipio ubicado a una hora en moto desde El Palo. Tacueyó es un pueblo indígena, resguardo de la comunidad nasa. Al llegar, lo primero que se ve es una iglesia evangélica y un hombre vestido de paño repartiendo volantes con frases que pretenden reclutar feligreses hablando de los pecados del alma y los sufrimientos del infierno. A cinco kilómetros del pueblo indígena, escondido entre las montañas -como todas las cosas ilegales de Colombia-, se encuentra uno de los más de cien invernaderos que hay en la región. Está construido con lona verde y un techo de plástico transparente. El dueño del cultivo, un hombre blanco con acento paisa, aprovecha el encierro y prende un bareto o cigarro de marihuana. En las ciudades de Colombia, un bareto de cripi puede costar 10.000 pesos, en Estados Unidos hasta 60 dólares. Mientras aspira bocanadas y bocanadas, muestra con orgullo sus 200 plantas que ya alcanzan el metro de altura y que están bajo unos bombillos encendidos de 15 vatios. -Las de esta mitad son "white widow", las otras son "skunk #11" -lo dice como si toda la humanidad supiera de lo que está hablando, como si fuera un conocimiento básico y general. La "white widow" y "skunk #11" son dos de las treinta variedades de cripi que crecen en el país; otras son "super star", "fulanita", "wi-wi", "american golden", "purple #1" y "blueberry". El precio por un sobre de cinco semillas varía entre 50.000 y 250.000 pesos, un precio muy superior a una libra de "corintiana" que, con más de cien simientes, cuesta 10.000 pesos. La ventaja del cripi está en que se cosecha en menor tiempo, cuatro meses, y la arroba se vende a 6'250.000 pesos a los comerciantes, casi cuarenta veces más que el cannabis común. Las semillas de cripi surgen de manipulaciones genéticas en laboratorios europeos, especialmente de Holanda y España, y llegan al país empacadas en ollas, juguetes, televisores y en cualquier objeto donde puedan esconderse. En la web hay más de un centenar de sitios dedicados al comercio de la hierba como lahuertadejuanvaldes.com, semillasdemarihuana.es, growshop.es, cannabislandia.com y seedsamerica.com. -El cultivo de semillas importadas es costumbre de blancos -dice Don Gustavo, un agricultor, dueño de 5.000 plantas de marihuana "corinto". Don Gustavo vive en un villorrio de 26 casas, oculto entre un laberinto de caminos. Tiene tres hijos y una nieta de cuatro años que cuenta los números del uno al cinco en inglés y que aún no sabe qué es la marihuana y para qué sirve. Eduardo, el hijo mayor del agricultor quiere estudiar ingeniería civil, pero mientras consigue la plata para estudiar en Cali se encarga del negocio familiar. El hijo recuerda que hace un año le encargaron llevar veinte arrobas de hierba al municipio de Corinto, ubicado a una hora en carro, para venderlas a un cliente que venía de Medellín. Con Luz Ángela, su madre, empacaron la mercancía en la parte trasera del vehículo y en la silla delantera haciendo esfuerzos para que no se quedara nada por fuera. Ante el exceso de arrobas, el muchacho, que en ese entonces tenía 17 años, tuvo que irse colgado de la ventana del puesto del copiloto. -Nos fuimos con el celular prendido y cada cinco minutos llamábamos a conocidos que vivían en la vía para que nos avisaran si había soldados. Cuando faltaba poco para llegar, se perdió la señal y solo quedaba encomendarnos a la Virgen. Mi mamá, como cosa rara, manejaba callada como si presintiera algo. En una curva vimos una brigada de infantería que estaba descargando maletas al lado de la vía, "¡jueputa!" dijo ella, "jueputa" pensé yo, "nos cogieron los chulos". Mientras Eduardo relata la historia, Luz Ángela se persigna dándole gracias a Dios por estar vivos. "Mi mamá siguió manejando sin cambiar la velocidad. Uno de los soldados extendió el brazo y estiró la mano indicándonos que paráramos. Cuando ya estábamos al lado del "chulo", mi mamá aceleró. Empezamos a escuchar plomo, no solo de atrás, sino de las montañas, de todos lados, yo me metí como pude y cerré los ojos". -¿Y no han venido soldados? -Claro, pero se les pasa la liga (dinero) o se les da una libra de marihuana seca, pero ese día no podíamos sobornarlos porque eran muchos y cuando están en patota no se puede hacer nada. En la mitad de un campo de fútbol, un par de hombres extienden sobre el pasto una lona donde ponen a secar varios ramilletes de hierba seca. En el interior de una casa, una mujer con siete meses de embarazo corta con tijeras centenares de moños secos que se esparcen en el suelo sepultando sus pies. Lleva seis horas cortando y le duele la columna por el peso de la barriga. Sus dedos están cubiertos de una resina negra y pegajosa, esa resina es el hachís, y se vende a 400 pesos el gramo. Una niña de doce años despliega su falda de uniforme bajo los pies de la embarazada y con sus dedos limpios escarba las ramas para sacar semillas. -¿Y tú sabes para qué se usa la marihuana? -pregunto mirando a la niña. -Para la gripa, y las pepas son para dárselas a las gallinas. La Organización Mundial de la Salud -OMS- desde 1948 considera el cannabis como una droga perjudicial para el ser humano. En 1997, un artículo publicado en la revista especializada New England Journal of Medicine expuso una serie de virtudes medicinales que desmienten la teoría de la OMS. Según la publicación, la planta de Cannabis sativa alivia las náuseas, los vómitos y la pérdida de apetito en los enfermos de cáncer, también previene ataques de epilepsia, calma dolores articulares, neuronales y musculares y destapa las vías respiratorias. La compañía inglesa GW Pharmaceuticals, con un producto en el mercado llamado Sativex, corrobora las conclusiones de la revista con pruebas realizadas en los últimos años en América Latina y Europa. En las montañas los habitantes conocen las virtudes curativas de la marihuana por experiencia propia. Un grupo de seis indígenas, liderado por químicos de la Universidad del Valle, en Cali, procesan la planta y hacen pomadas especiales para aliviar la tos, reumatismos, neuralgias y dolores musculares. Aparte de la pomada para uso terapéutico, también se están elaborando productos cosméticos como esencias, perfumes y jabones. Debido a la ilegalidad de la marihuana, los artículos son comercializados dentro de la misma zona. -Si hay gente que inhala gasolina y bóxer, por qué no los prohíben. El alcohol y el cigarrillo son más dañinos, pero todo eso mueve mucha plata -dice don Gustavo en un tono alterado. Cuando logra calmarse, ve a un personaje blanco, afeitado y con sombrero de gamuza que lo espera en la entrada de la casa. Don Gustavo se encamina a la puerta y luego desaparece con el recién llegado. Al volver dice que tiene un encargo para prensar y empacar 25 arrobas para el día siguiente. La prensadora es un gato hidráulico sobre una caja de hierro. La marihuana se pone dentro de la caja con una tabla encima, y se prensa con el gato. Preparar cada arroba toma diez minutos. La hierba sale compacta, totalmente cuadrada, y lista para ser empacada en una bolsa negra, que se cubre con cinta por todos lados para no soltar ese aroma dulzón que huelen los perros de los policías en los retenes. Al dueño de la prensadora le pagan 5.000 por arroba, a la semana alcanza a empacar hasta 70. Los traficantes que llegan a la región, pagan un impuesto a la guerrilla de 18.000 pesos por arroba. El grupo armado no les cobra ninguna comisión a los campesinos por los cultivos. Semanalmente salen del norte del Cauca hasta 30 toneladas para ser distribuidas por todo el país. Una libra de cripi, que en la región cuesta 250.000 pesos, se vende en Bogotá por 700.000 pesos y en España por 3.000 dólares. El precio se encarece por la cantidad de dinero que se da en sobornos a los policías que custodian las carreteras y a funcionarios de la Aduana en Buenaventura. Del puerto en el sur del país se lleva la droga en contenedores por vía marítima hasta Panamá, y de ahí a Europa. Antes del medio día las arrobas están empacadas, selladas y organizadas en un rincón del patio. Don Gustavo tiene el brazo adolorido y se sienta sobre una de las arrobas. Frente a él hay tres gallinas picoteando el suelo en busca de semillas. Después de horas enteras de estar picoteando y llenándose con semillas no tienen los ojillos rojos, no intentan volar, no cacarean, y tampoco se estrellan contra el piso o las paredes. El THC se activa con el calor y por esa razón las gallinas no están "trabadas", "turras" o "groggys". Después de diez días de estar en el Edén de los marihuaneros, volvemos a Bogotá. Tenemos la ropa impregnada con ese olor dulzón de la hierba y en la maleta guardo una pomada de marihuana para aliviar la tos de mi hija. En el avión pienso que detrás de un porro hay una señora con siete meses de embarazo que le duele la columna, una indígena que no conoce la malicia, un joven que se salvó de las balas de los soldados y una niña que cree que la marihuana solo sirve para la gripa y alimentar gallinas. De esas vidas está hecho el humo del cannabis que se extiende en todas las ciudades y que se fuma en todos los idiomas. FUENTE: Revista Don Juan.