JULIANPOPEYE
Usuario (Argentina)
Segun En primer lugar, el saber filosófico no es un adorno, una suerte de maquillaje más o menos vistoso que inicial arroja a la psiquiatría a su mayor peligro: limitarse a ser una técnica eficaz, dedicada en lo fundamental sólo a la tarea de elaborar manuales de procedimiento bien avalados y reglados. En segundo término, al entender la esencia de la existencia como Dasein Tellenbach superó el reduccionismo implícito a todos los trabajos empíricos que ingenuamente investigan sobre el "material" humano y el "material" de enfermos de una clínica o de una población (4). Estas antropologías latentes se pueda abandonar a la tesis, o, por el contrario, alcance una síntesis integradora. Al inicio mismo de la obra resalta el tenso arco que moviliza a Hamlet entre los dos polos, el medieval-feudal y el humanista renacentista.inautenticidad (Uneigentlichkeit) de tal agotamiento infructuosamente intenta satisfacer las altas exigencias impuestas por él mismo a su existencia. Hamlet aspira a una nueva fundación de la tradición de su casa real que esté a las alturas de una religiosidad, en la cual el bien sea posible para siempre. Totalmente diferentes sin embargo son sus monólogos atormentados; en lugar de un alternar creativpreparado para tomar y entregarse a la muerte, trasciende de modo parcial hacia el mundo del espíritu cuando se convierte en defensor del honor; "hazme justicia a mí y a mi causa" (V, 2, 341), le pide a Horacio antes del silencio final. Honor, piensa GW. Knight, no es un bien externo, ni oropel ni menos fama bullanguera. Es fe intramundana, igual a la religiosa supramundana, no dependiente de la recompensa o castigo divino, sino acción libre de la criatura humana. Por eso, agrega EE. Stoll, "para ningún otro muerto Shakespeare ha hecho sonar las trompetaagedia de extraordinaria complejidad que no se puede reducir al mito freudiano de incesto y parricidio (36). Allí "se despliegan y, recíprocamente, se condensan todos los elementos de la existencia humana", continúa el español, y enumera no menos de una docena de mitos, entre los que se cuentan el de la hybris o soberbia, la cegueraLo que Tellenbach no consigue mostrar de manera inequívoca es su depresividad o condición depresiva, Schwermut en alemán, forma distinta a las depresiones endógena y neurótica: detención del flujo de la existencia (o parálisis del devenir, según Von Gebsattel) (38), opresión del espíritu (y no del cuerpo, como es característico de la condición endógena) que impide la realización natural de la trascendencia. Creemos más bien que él confunde los niveles ontológico y ónticoonio inesperado de su madre inmediatamente después de la muerte de su padre con su tío y la ascensión de éste al trono son las vivencias de insuficiencia vergonzante que se juntan a la depresión del duelo: circunstancia humillante (Horacio le reafirma: "desde luego, señor, ha seguido muy pronto [la boda al funeral]" (I, 2, 179)) que ofende infinitamente su propia autoestima: no será él